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Visitamos la Torre de Control del Aeropuerto Internacional de Santiago de Chile.

En realidad, el día que llegamos a Chile para participar de FIDAE estaba planeado para ser muy tranquilo. La idea era llegar, alojarnos, y caminar un poco la ciudad. Pero eso estuvo lejos de la realidad porque, por un lado nos llegó la invitación de Airbus para recibir al A350 que cruzaba la coordillera detrás nuestro, como te conté en este post; y por otro lado, porque también habíamos sido invitados a conocer la torre de control. Claramente, uno de los puntos más altos del viaje (y no por lo elevado de la torre, sino por lo poco habitual de poder hacer una visita allí).

Bandera desde la torre

Una vista inusual: la bandera chilena, pero desde arriba.

Uno de los integrantes del grupo que viajó es controlador aéreo de la torre del Aeroparque Metropolitano, y en contacto con sus colegas chilenos coordinó la visita a la torre trasandina para poder estrechar lazos, empaparse de la forma de trabajo de unos y otros, y en la medida de lo posible generar un vínculo que desemboque en colaboración continua entre los dos países, con el foco puesto en un único punto: la seguridad de las operaciones aéreas. Los otros tres miembros del grupo, simples mortales (léase aquí: spotters, avgeeks, apasionados por la aviación), por supuesto estábamos fascinados con la invitación.

Touchdown Austral

Aterrizaje argento en la 17R: El E-190 de Austral toca tierra en Santiago de Chile.

Llegamos conducidos por nuestra anfitriona chilena, y subimos a la torre para encontrarnos con una gran sala circular con equipos distribuidos a izquierda y derecha, una mesa en el centro y amplios ventanales recubiertos por cortinas para amainar la luz del sol que te encandila.

Controladores

En el centro se descansa. Atrás, a la izquierda se controlan los rodajes, a la derecha los despegues y aterrizajes.

El ambiente de trabajo en la torre es muy sereno y agradable, y si bien en general hay un aire distendido la responsabilidad de los controladores se nota a simple vista. Quienes están «on duty» no se desconcentran de su tarea y se mantienen pendientes de las indicaciones en las pantallas. Las vidas de todos los pasajeros y tripulaciones que llegan y se van de Santiago dependen de ellos. Quienes están en su momento de descanso nos dan una afectuosa bienvenida; pero la disciplina se mantiene: la voz no se eleva, quienes están trabajando deben comunicarse con los aviones en tranquilidad y de forma clara.

Lan y Sky en plataforma

Dos chilenos por excelencia vistos desde la torre: Lan y Sky en plataforma.

Desde la torre se tiene una vista privilegiada de la plataforma y de las dos pistas paralelas, 17-35 L y R, que en general se utilizan una para los despegues y la otra para los aterrizajes. Las diferentes posiciones de trabajo en la torre se corresponden a su vez con los controles que realiza cada uno. Con vista a la plataforma está quién autoriza los movimientos dentro de la misma y controla el parking en los gates y posiciones remotas, mientras que del otro lado de la sala se encuentran los controladores dedicados al rodaje de los aviones a través del aeropuerto, y a autorizar los despegues y aterrizajes, como así también coordinar las esperas. Por último, el día de nuestra visita había una cuarta posición activa, dedicada exclusivamente a las exhibiciones aéreas de FIDAE.

Vista a plataforma

Detrás de las computadoras, los controladores tienen una vista privilegiada de la plataforma.

Al jefe de la torre se lo veía muy ocupado yendo y viniendo con el celular y dándo indicaciones o pidiendo datos a su equipo. Eran días de mucho trabajo, ya que al movimiento habitual del aeropuerto se le sumaba el generado por la exhibición aérea de FIDAE, en un predio de la Fuerza Aérea lindero. Tan relevante resulta esto que, además del controlador exclusivo abocado a los movimientos de la feria, había dos efectivos de la Fuerza Aérea presentes en la torre, cuya tarea era la de coordinar las diferentes pasadas de aviones en exhibición con el movimiento comercial del aeropuerto. Con excepción del F-22 Raptor, cuya pasada se realizaba incluso sobre las pistas del Arturo Merino Benitez (y por lo tanto congelaba sus operaciones momentáneamente) el resto de las exhibiciones se realizaban en simultáneo con los despegues y aterrizajes regulares, requiriendo esto una especial coordinación.

Vista desde la torre

Hacia el otro lado de la torre el hangar de Lan alberga aviones para todos los gustos.

En un momento el jefe se hizo de un espacio para saludarnos y entablar una interesantes conversación con su colega argentino, donde se destacaron las deficiencias en materia de equipamiento y tecnología que tiene nuestro país, contra los inconvenientes de factor humano que se presentan en Chile, donde básicamente casi no existen programas de capacitación para los controladores. Resultan ser necesidades que se complementan, y si bien es difícil que Chile nos ayude a comprar un radar nuevo, sí resulta más factible que instructores argentinos crucen allá para dar los cursos de capacitación que les están faltando. En ese sentido esperemos que las conversaciones lleguen a buen puerto ya que eso redundará en un espacio aéreo más seguro para todos los que nos encanta sentarnos en un avión y volar.

Equipamiento

El complejo y completo equipamiento de la torre de control permite operar los aviones con seguridad.

Y si bien no estoy en tema, uno de los equipos que me llamó la atención es una especie de croquis de la plataforma, las calles de rodaje y las pistas, y en el cual se puede ver la posición exacta de cada aeronave. Desde esa computadora el controlador tiene certeza de dónde están los aviones; de si están cumpliendo sus indicaciones o no; y de esta forma se borra la posibilidad de que vuelva a suceder un accidente como el Los Rodeos, en Tenerife, el peor en la historia de la aviación (si no sabés de qué hablo, y tenés 45 minutos, hacé click acá).

Dreamliner remolcado

El B787 Dreamliner de Lan también es vigilado desde la torre de control mientras es remolcado.

No menos interesante, igualmente, (y menos para un spotter) es la puerta / ventana por la que se accede a la pasarela metálica que rodea la torre por el exterior. Con su piso enrejado a través del cual se ve el suelo 65 metros más abajo, no es apta para los que padecen de vértigo, y a la vez es el sueño de todo spotter. La vista es realmente privilegiada, y allí pasamos un buen rato disparando la cámara. Pero esas fotos son cuestión del post del lunes que viene…

Pasarela

Pasarela para #spotters #avgeeks de la torre de control de SCL, no apta para quienes sufren de vértigo.

El paso por la torre de control de SCL fue un verdadero placer; un sueño impensado, pero cumplido. No tengo más que palabras de agradecimiento para la gente de @ArgIntlSpotters que organizó el viaje, para los controladores chilenos que tan bien nos recibieron, y muy especialmente para @ControllersAep por la gestión y la invitación.

A todos ellos, ¡muchísimas gracias!

Iglesias de Colonia II: Capilla de San Benito, el Santo Negro.

No sabría darte una razón específica, pero visitar la capilla del Santo Negro en Colonia produce una sensación inquietante. Para hacerlo, tendrás que alejarte unos kilómetros del casco urbano de la ciudad para llegarte hasta Real de San Carlos. Si estás con vehículo propio o alquilado, podrás salirte del complejo turístico y tomar  una ruta alternativa a la costanera, para llegar hasta esta iglesia.

Interior con flash

A diferencia de la Basílica de Colonia del Sacramento que, como te conté en el post de la semana pasada, se encuentra en pleno barrio histórico, esta capilla es casi solitaria, a la vera de la ruta, y según me enteré después investigando un poco, antiguamente contaba a su alrededor con un cementerio. Quizá sea ese el motivo del silencio que parece abalanzarse sobre este lugar dándole un aire misterioso. O quizá sea el hecho de que cuando fuimos a visitarla, la capilla estaba en total oscuridad, a no ser por los pocos rayos de sol que entraban por los ventanales. Accionamos las perillas disponibles sin suerte: no había electricidad.

Jesus con imagenes

En el lugar no había nadie más que un perro que descansaba echado en el pasto y nosotros. Llegamos a tiempo para ver cómo un hombre se retiraba en bicicleta, pero la oscuridad de la capilla no invitaba a explorarla. O sí. La verdad que ingresar a una iglesia a oscuras fue una experiencia rara, pero a la vez fascinante, por las imágenes de contraste que se revelaban ante nosotros. Así es como sacamos fotos que de ninguna otra forma podríamos haber logrado, como ser los misteriosos rayos en la aureola de la virgen, que se ven como sombras proyectadas en la pared, sin que la imagen tenga nada que pueda provocar el reflejo en sí.

Virgen con rayos

El santo en sí, en algún punto, es casi perturbador. La imagen parece mirarte fijo con sus ojos blancos que resaltan fuertemente contra el negro de su piel y atuendo, y da la incómoda sensación de que está vigilando cada uno de tus movimientos, sin importar hacia qué rincón te dirijas.

Santo Negro

La capilla se construyó en 1761 por orden de Cevallos para que fuera un soporte espiritual de las tropas españolas que sitiaban a la ciudad de Colonia, por ese entonces en manos de los portugueses. Se llamó primero «Capilla de San Carlos», en honor al rey Carlos III de Borbón, y luego de «San Benito», por San Benito de Palermo, el primer santo negro de la iglesia católica.

Contraste Jesus

La llegada de la imagen a estas latitudes permanece en el misterio, aunque hay varias versiones sobre el hecho. La más cinematográfica de ellas dice que fue recuperada del Río de la Plata, cuando los indígenas identificaron un bulto que pensaron era un mascarón de proa de una embarcación, pero que resultó ser el santo, supuestamente el patrono de algún buque hundido. Otra teoría indica que fue una morena quién donó los terrenos para que se levantara la construcción, y que fue ella quién propuso que San Benito fuera el santo protector, en honor a su raza.

Imagenes del Altar

Según dicen, San Benito operó varios milagros en estas tierras uruguayas, y en épocas de sequía se sacaba su imagen en procesión durante un ritual de llamado a las lluvias en el que hasta se lo podía llegar a enterrar. No sabemos si lo de los milagros es verdad, pero lo cierto es que cuando visitamos el templo a oscuras tuvimos una experiencia casi sobrenatural: mientras recorríamos el edificio cámaras en mano, una de ellas se disparó sin que nadie la accionara. Dos veces. Una de ellas salió la nada misma, pero la primera es  una foto que, aunque un poco movida, bien podría ser la toma de un principiante.

Iglesia Oscura

Por suerte de eso no me enteré hasta que salí de nuevo al exterior. De haberlo sabido antes seguramente no me habría quedado solo para sacar la foto de arriba. Sin mucho más que hacer ni decir, y aún con una sensación extraña encima, nos subimos al carrito de golf y emprendimos el regreso a la ciudad enfilando hacia la costanera.

Y vos espero que la semana que viene emprendas el regreso a Ahicito Nomás para compartir otro post juntos. ¡Hasta entonces!