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Escapada a Puerto Varas y la historia del Vapor Santa Rosa.

Mi último viaje a Chile tuvo mucho de sur, donde abundan paisajes naturales que te dejan con la boca abierta. Uno de esos puntos fue Puerto Montt, desde donde pudimos hacernos una escapada hasta el cercano Puerto Varas para caminar un poco y disfrutar de un buen almuerzo.

Para eso nos embarcamos en el LA257 que partía desde Santiago a las 7:15 horas, con lo cual el despertador sonó pasadas las 4 de la mañana. De este vuelo no habrá post ya que me lo dormí completo, pero no podía dejar de mostrarles la belleza de este lugar que, incluso en un día frío y nublado de otoño tiene magia propia.

Conduciendo desde Puerto Montt no son más de 15 minutos hasta este pintoresco pueblo de raíces marcadamente alemanas, y si se debiera viajar en transporte público la demora no pasa de media hora. Con esto quiero decir que perfectamente se puede ir a pasar el día disfrutando de la impresionante vista del Lago Llanquihue, y el imponente volcán Osorno detrás.

Claro que si podés ir en verano vas a aprovecharlo mucho más. Aquí una muestra de lo que es la vista del volcán en un día de sol estival, foto tomada cuando estuve allí en enero de 2014.

Durante la época de vacaciones de verano Puerto Varas se llena de gente, siendo uno de los centros turísticos más importantes de esta zona de Chile, y con un sin fin de actividades para realizar, desde deportes acuáticos en el lago, hasta caminatas por el volcán, pasando por supuesto por recorrer el centro del  pueblo con su muy linda arquitectura basada en madera. Pero los valientes no le temen al frío y realizan alguna de estas actividades en otoño también, como parece desprenderse de este letrero en la oficina de turismo. Eso sí, fíjense bien el horario y cuídense de la inflación!

Pero este viaje en particular tuvo algo que me llamó la atención, y que no había notado las veces anteriores que estuve allí. Desde el muelle ubicado frente a la oficina de turismo, mientras contemplábamos la belleza del lago cerrándonos los abrigos hasta el cuello para hacer frente al viento frío que llegaba desde el agua, sobre la costa a la altura del casino se divisaba un conjunto de fierros oxidados a los que nunca les había prestado atención.

Nos acercamos remontando la costanera para descubrir un cartel indicando que esos son los restos del Vapor Santa Rosa, un majestuoso buque construido 1902 por la firma Behrens en los astilleros de Valdivia, con el objeto de dedicarse al cabotaje dentro del lago, y destacándose por ser el primer vapor hecho totalmente de fierro. Con 36 metros de eslora (originalmente 28 hasta las reformas que se le realizaron en 1938 y que agregaron siete metros más junto a comodidades para 150 pasajeros) y capacidad para mover 80 toneladas de carga, el Santa Rosa surcó las aguas del Llanquihue hasta la década del 50, transportando a diversas personalidades, entre los que se cuentan presidentes chilenos y extranjeros.

Desde su viaje inaugural en 1903 entre Puerto Varas y Puerto Octay, el Santa Rosa pasó por diversos dueños, hasta su última venta realizada en 1945. La intención era desarmarlo y llevarlo a Puerto Montt, pero este proyecto nunca terminó de completarse, y la embarcación quedó a medio desarmar en las aguas del lago, hasta que un violento temporal terminó por hacerlo pedazos y convertirlo en el amontonamiento de chatarra costera que hoy podemos apreciar.

Otro final triste que no refleja para nada los años de esplendor que supo tener su protagonista.

Si bien era pleno mediodía, estaba nublado y hasta amenazaba lluvia. El viento helado pegaba con fuerza y hacía necesario sentarse en algún lugar calefaccionado y comer algo caliente para combatir las bajas temperaturas del exterior. Así que nos despedimos del Santa Rosa y caminamos hacia el centro, en busca de un lugar donde almorzar.

Así tuvimos un nuevo paso por Puerto Varas, esta vez en época de frío. Un hermoso lugar para visitar. Tendré que volver, incluso con más tiempo, para disfrutar de las excursiones que me quedaron pendientes hace años atrás, y para buscar el museo promocionado en el cartel instalado sobre los fierros del vapor destruído y descubrir si hay más detalles ocultos en la historia de este viejo buque del lago.

Alojamiento en Santiago de Chile: Hotel Atton Las Condes

Durante mi última estancia en Santiago de Chile estuve alojado cuatro noches en el hotel Atton Las Condes, un lindo 4 estrellas en esta comuna de la capital trasandina, muy cercano al enorme predio de la Escuela Militar.

Las habitaciones son amplias, con una cama doble plaza de buen tamaño y bien cómoda, repleta de diferentes estilos de almohada como para uno elija sobre cuál quiere descansar. Además están equipadas con frigobar con algunas bebidas, siendo un faltante los snacks o dulces que suelen incluirse en este tipo de hoteles.

Para guardar las pertenencias cuenta con un pequeño armario donde se pueden colgar trajes y abrigos, dentro del cual además está la caja fuerte, la plancha y la necesaria tabla para hacer uso de ella, no sea cosa que llegues a las reuniones con las camisas arrugadas después del viaje. Para el resto de la ropa cuenta con cajoneras, que en lo personal no me gustan mucho ya que me resultan incómodas, prefiriendo siempre que haya un armario con estantes, mucho más prácticos para la dinámica de un viaje de trabajo.

La limpieza, tanto a la llegada como durante toda la estadía, fue excelente, y es uno de los puntos relevantes, como así también el baño, muy bien equipado con los elementos de aseo (incluyendo jabón en pan que se repone en cuanto se pone en uso) y gel para la ducha.

La mayor crítica es quizá para el wifi, el cual es gratis y accesible en la habitación, pero que no siempre funciona bien. En mi caso la noche en que llegué no tuve inconvenientes, pero los días subsiguientes estuvo algo lento, o incluso le costaba conectarse.

El desayuno también es otro punto fuerte. Muy completo, se lo sirve en el restaurante y está distribuído en varias mesadas alrededor del mismo, por lo que se complica mostrarlo en una solo foto, pero incluye todo lo que puedas necesitar: panificados incluyendo medialunas al mejor estilo argentino, huevos revueltos, fiambres, budines y yogurht.

En el restaurante también se puede cenar, pero el día que llegué aterricé muy tarde y se me hicieron más de las 23 horas, así que para cuando me registré en el hotel ya estaba cerrado. Y no solo ahí, a esa hora en Santiago ya está prácticamente cerrado, así que no tuve otra opción que pedir servicio a la habitación, que me dejó muy satisfecho.

Otro punto por el que el Atton se destaca es la atención de su personal. Cordiales en todo momento y situación, incluso para los casos donde debíamos tomar vuelos tan temprano que nos perdíamos el desayuno (que comenzaba a las 6:30 hs) nos ofrecieron prepararnos una vianda. Luego eso cambió, y a las 6 de la mañana recibí la llamada de la recepcionista avisándome que en lugar de una vianda habían decidido abrir el desayuno más temprano para nosotros.

Algo interesante que vi en este viaje a Chile es que, al menos en el hotel, la cuenta del restaurante y del servicio de habitación ya viene con una propina sugerida, con lo cual uno marca la opción con la que está de acuerdo y eso es lo que paga. Si bien en algún punto puede digustar que a uno ya lo obliguen de antemano a pagar propina, hay que tener en cuenta que dependiendo del lugar, esto puede a ser “culturalmente obligatorio”. Y que además no en todos lados el monto de propina se calcula igual (como el 10% en nuestro país), por lo que si uno tiene dudas al respecto, está bueno que en la cuenta ya vengan las sugerencias de acuerdo a lo que se estila en el país.

Por último, destacar el toma corriente con formato universal, con lo cual casi no tuve necesidad de utilizar mi adaptador internacional, haciendo las cosas mucho más fáciles realmente. Lo único malo es que el escritorio quedaba lejos de la cabecera de la cama, con lo cual utilizar el celular como despertador y al mismo tiempo dejarlo cargando durante la noche, no era lo más cómodo. Pero en definitiva, sólo un detalle. Tener este tipo de tomas en la habitación simplifica muchas cosas y deja el ambiente más ordenado, sin tanto cablerío.

Así es el Atton Las Condes, con una lista vista de la ciudad, tanto de noche como de día. Una buena opción para alojarse cuando se cruce la cordillera.