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Vuelos de ida y vuelta a San Luis: Reportes de los AR2482 y AR1487

Mis últimas vacaciones transcurrieron en la provincia de San Luis y para llegar hasta allí hubo que madrugar de verdad. Al menos en ese momento (marzo pasado) el único vuelo que llegaba por la mañana era el AR2484 que despegaba de Aeroparque a las 5:25 am. Lo se, es un horario horrible, que prácticamente no te deja dormir, pero a la vez tiene la ventaja de llegar temprano a destino, donde al menos se podrá aprovechar algo del día hasta que el sueño finalmente nos venza.

Normalmente si tengo que despachar equipaje trato de estar en el aeropuerto con la anticipación que corresponde, para el caso de vuelos de cabotaje como este, 2 horas antes del despegue. Pero claro, las partidas de madrugada siempre trastocan un poco los horarios, y más cuando el remisero se queda dormido y te pasa a buscar casi media hora más tarde de lo pactado…

Llegamos a Aeroparque a las 4:25, que es casi el tiempo con el que suelo llegar cuando no viajo por el día, sin equipaje. En el check in de “Destinos Norte” había bastante gente, pero por suerte corría bien, y estuvimos a tiempo.

Luego de pasar por los controles de seguridad sin demora, embarcamos por la puerta 11 desde donde los clásicos colectivos nos llevaron hasta la posición remota donde nos esperaba el Embraer 190 de Austral.

La gran virtud del E-190, a mi entender, es la comodidad para el pasajero. Con sus asientos anchos y mullidos en configuración 2-2 se convierte en un avión realmente confortable, y el pasajero no se siente tan apretado como normalmente pasa en la clase turista de los fuselajes angostos. A pesar de haber elegido otro asiento, en esta ocasión nos asignaron las salidas de emergencia, así que dispusimos de algo de espacio extra para las piernas, y por supuesto recibimos la charla de la TCA con instrucciones específicas, las cuales igualmente están convenientemente pegadas en la mesa rebatible.

El viaje es corto y a esa hora de la mañana cai rendido apenas nos despegamos del piso. Cuando aterrizamos en San Luis el día aún peleaba por ganarle a la noche. El aeropuerto puntano es muy pequeño y no cuenta con mangas. Descendimos por plataforma y retiramos los equipajes en una sala muy pequeña que sólo es apta para atender un vuelo a la vez.

Dos semanas después estábamos de vuelta en LUQ para abordar el vuelo de regreso a Buenos Aires. Ahora sí llegamos con tiempo de sobra, tanto que nos encontramos que en el stand de la rentadora aún no había nadie para devolver el auto alquilado. Esto es algo bastante común en los aeropuertos del interior, donde el personal trabaja en la ciudad y viene hasta aquí únicamente cuando llegan los vuelos. Por supuesto el muchacho llegó a tiempo e hicimos los papeles de devolución sin inconvenientes.

En esta ocasión el equipo asignado era un B737, con mayor capacidad que el E-190. Era domingo, y ese era el único vuelo del día, por lo que era mandatorio poner un avión más grande para atender el total de la demanda. De hecho, a diferencia del E-190 que nos trajo, el Boeing de vuelta voló casi full de pasajeros.

Un detalle importante a mencionar salió a relucir cuando hacíamos la entrega del equipaje en los mostradores de checkin. Allí resultó que la pareja que estaba delante nuestro se encontró con la sorpresa de que su pasaje no incluía el equipaje, por lo que debían pagar con recargo allí mismo, o bien rearmar todo a fin de poder llevarlo en cabina como equipaje acompañado, para lo cual existen restricciones en cuanto a dimensión y peso de los bultos. A pesar de que ya hace un tiempo que Aerolíneas Argentinas adoptó esta modalidad a fin de adaptarse a la nueva realidad del mercado, es evidente que hay gente que aún no tomó nota. Por eso vale la pena recordarlo en este párrafo: al emitir el pasaje revisen con atención las condiciones de equipaje incluidas en la tarifa. Es probable que se deba abonar aparte y en ese caso siempre es mejor hacerlo anticipadamente por internet, tanto porque es más barato como para evitarse dolores de cabeza al momento del embarque.

Como ya dijimos anteriormente, el Aeropuerto de San Luis es muy pequeño. Eso se ve en su hall y en la diversidad de servicios que tiene para el pasajero: apenas un bar en la punta que sólo está abierto algunas horas antes de la llegada de los vuelos. Una vez pasados los controles de seguridad no hay más nada, con excepción de los baños, así que si quieren comprar algo deben tenerlo en cuenta. (También tienen que recordar que no pueden pasar por los scanners con líquidos, así que lo que compren para tomar en el bar lo tienen que consumir antes de pasar por PSA). En cuanto a comodidad, si bien es pequeña la sala de embarque cuenta con asientos para casi la totalidad de los pasajeros de un B737, así que para el movimiento que tiene el aeropuerto está muy bien.

En el vuelo de regreso no me dormí, así que en la hora y media que dura pude disfrutar del servicio de abordo que es únicamente de bebidas. Recuerden que desde hace bastante Aerolíneas eliminó el serivicio de comidas a bordo para vuelos cortos. Al llegar a Aeroparque desembarcamos por manga, lo que hizo que nos mezcláramos con los pasajeros que aguardaban para abordar su vuelos en la sala de embarque. Siguiendo la cartelería de “Reclamo de Equipajes” se llega hasta las cintas y la salida.

Asi finalizaron las vacaciones en San Luis. Hay mucho material para compartir con todos ustedes sobre Merlo y Potrero de los Funes, las dos localidades en las que hicimos base durante 15 días. Estén atentos, que ya vendrán los posts!

De Aeroparque a Santa Fe con Austral: Reporte del Vuelo AR2712.

Hace unos días atrás madrugué fuerte, aunque  la emoción de tomar un vuelo a un destino que  hasta el momento no conocía amortiguó un poco el malhumor de escuchar el despertador tan temprano. Tenía que tomar el AR2712 que estaba programado para decolar de Aeroparque a las 7:20 de la mañana, así que ya a las 6:15 estaba en el aeropuerto metropolitano. Para mi sorpresa (bueno, no tanto en realidad) yo no era el único levantado a esas horas…

Si bien había recibido el boarding pass por mail y lo tenia en el celuar, como en general me gusta tenerlo en papel me dirigí a las máquinas de autoservicio para imprimirlo. Tipeando el código de la reserva, en un momento ya estaba listo para dirigirme al primer piso para pasar por el control de seguridad. Aunque a esa hora de la mañana lo único que quería era un café antes de abordar, y por lo tanto no me frené a mirar, en el pasillo hacia el preembarque de cabotaje me encontré con una buena iniciativa llamada “Muestrambiente” que resalta el patrimonio faunístico argentino en obras de arte.

Pasé por los scanners de la PSA sin demoras y me dirigí de inmediato hacia el Gate 2 por donde debía abordar. Tenía tiempo suficiente así que en el local frente a la puerta me compré un café con medialunas para desayunar, y aproveché a retratar al Embraer 190 que me llevaría a destino, porque aunque el número de vuelo lleva prefijo AR en realidad es operado por Austral.

El abordaje comenzó en horario y fue bastante ágil y por manga, así que en breves instantes estábamos acomodándonos en los confortables asientos del E-190. Bajo una llovizna persistente el Austral carreteó hasta la cabecera 13 y comenzó la carrera de despegue casi sin detenerse.

Levantamos vuelo hacia un cielo totalmente encapotado que presagiaba turbulencia, pero el aparato siguió ganando pies sin descanso hasta salir de las nubes y allí la noche se convirtió en día con un sol radiante brillando a lo lejos. Para quienes hayan visto la película The Flight, la sensación es justamente esa, aunque sin tanto dramatismo. Ya nivelado, el comandante aprovechó para presentarse y augurar un vuelo tranquilo, con excelentes condiciones climáticas en la ruta.

Y cumplió. Ahí sobre las nubes el vuelo fue muy agradable y el cielo despejado incluso nos permitió ver ese punto blanco que se ve en la cielo de la foto anterior: un tránsito que por unos minutos mantuvo el mismo rumbo que nosotros hasta que viró levemente hacia la izquierda y se perdió de vista. El vuelo no tuvo más novedades ya que al ser corto ni siquiera cuenta con servicio de refrigerio, razón por la cual me autofelicité por haber desayunado en el aeropuerto.

Algo que no dijo el capitán al presentarse fue que, si bien la ruta presentaba excelentes condiciones climáticas, las reinantes en el aeropuerto de destino eran un asco. La niebla, hipercerrada, no dejó ver absolutamente nada una vez que comenzamos el descenso y nos metimos en las nubes. En medio del manto blanco sin visibilidad alguna se escuchó claramente tomar potencia a los motores para hacer alguna corrección en la maniobra de aproximación, y así se mantuvo la niebla hasta que estuvimos a escasos metros de altura.

La magia del ILS (Sistema de Aterrizaje por Instrumentos, por sus siglas en inglés) con el que cuenta el aeropuerto de Santa Fe permitió que tocáramos el suelo sin dificultades, aunque los pilotos no vieran ni lo que tenían delante de sus narices por el parabrisas del avión. La foto cuando el E-190 despeja la pista principal (para lo cual tiene que hacer un giro en 180° y volver hasta prácticamente el centro de la misma) da una idea de lo que era la niebla ese día.

Habíamos llegado entonces a Santa Fe, a horario, sanos y salvos, donde nos esperaría una intensa jornada de trabajo. Todo hecho posible gracias a las obras que permite que Sauce Viejo pueda operar con seguridad en condiciones climáticas adversas. Y por supuesto, la pericia de los pilotos de Austral Líneas Aéreas que hicieron del vuelo una travesía más que agradable.

AR1455: Reporte de un polémico vuelo que despegó por conciliación obligatoria.

Por un momento, el regreso desde el Aeropuerto Internacional de Salta el pasado viernes 13 de julio peligró, ya que varios gremios aeronáuticos anunciaron un paro para ese mismo día, en reclamo por las políticas que está llevando adelante el gobierno nacional en materia de aviación, y puntualmente por el ingreso de las líneas low cost al mercado.

Como de costumbre, la medida de fuerza se disponía justo para el inicio de las vacaciones de invierno en gran parte del país, y por tanto, una vez más los gremialistas pretendían tomar de rehenes a la enorme masa de pasajeros que tenían reserva para volar ese día, haciendo gala de la actitud cuasi patotera que suele caracterizar a los sindicatos de nuestro país. Afortunadamente, el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria, los gremios la acataron y nosotros volamos.

Así, con web checkin hecho previamente, llegamos a la terminal con las debidas dos horas de anticipación que siempre se aconsejan. La entrega de equipaje la realizamos muy tranquilamente, ya que en ese horario aún había poca gente para nuestro vuelo. En ese punto aproveché para comentarle al staff de Aerolíneas que llevaba algunas botellas de vino en el equipaje de mano, a lo cual me confirmaron lo que en principio yo ya tenía entendido: Salta, al ser considerara provincia vitivinícola, tiene una exención a la limitación de 100 ml para líquidos, y siempre y cuando se trate de vino cada pasajero puede embarcar hasta seis botellas en cabina.

Liberados ya de las valijas grandes, esperamos en el hall del aeropuerto a que anunciaran la llegada del avión desde Aeroparque, ya que hasta ese momento el ingreso a la zona de preembarque estaba cerrada. Una vez traspuesto el control de seguridad pasamos a la sala de embarque nacional, la cual es amplia y tiene asientos para atender al menos dos vuelos en simultáneo según mis cálculos, pero que a pesar de los anuncios de refacciones no tiene local gastronómico alguno, ni siquiera un pequeño kiosko. Quizá los anuncios hayan tenido que ver con los gates que sirven a vuelos internacionales, pero si volás en cabotaje tomá la precaución de comprar lo que necesites antes de pasar por los scanners de la PSA.

Como embarcamos por manga no pude sacar una foto limpia del Boeing 737 que nos esperaba. Se trataba del LV-CTB, de casi 17 años de antigüedad, y que no tiene instalado el sistema de entretenimiento por streaming, cosa que lamenté porque esta vez sí me había bajado la aplicación BRAVO al celular, y aún así no pude probarla.

Las refacciones que sí se habían terminado en el Aeropuerto de Salta eran las de las pistas. Durante las semanas que la terminal estuvo cerrada se hicieron trabajos de repavimentación de ambas pistas, y para el momento de este vuelo la principal hacía apenas 48 horas que había vuelto a entrar en servicio. La intersección entre ambas (ahora activas) se pude ver claramente durante la carrera de despegue.

Una vez en el aire, el comandante tomó la palabra por el altoparlante, que sonaba muy mal y prácticamente no se escuchaba nada. Sin embargo, el discurso era evidentemente más largo que lo habitual, y prestando un poco de atención llegaba a entenderse que estaba leyendo una declaración contra la política aerocomercial del gobierno. Con el correr de las horas habría de descubrir que el polémico discurso fue leído en varios vuelos de Aerolíneas Argentinas, como ya salió publicado en todos los medios de comunicación argentinos.

A esta altura seguramente todos los lectores sepan de qué estoy hablando, pero por si acaso les dejo acá el link a uno de los tantos medios de comunicación que difundieron el video y desataron la polémica.

No voy yo a opinar aquí sobre lo acertado o no de la política aerocomercial del gobierno actual, pues no tengo elementos ni conocimientos suficientes para hacer un análisis fehaciente y profundo. Sí voy a decir que, como pasajero, y luego de casi no poder volar por el paro con el que amenazaron los pilotos, este mensaje me cayó muy mal. Está perfecto que informen y opinen, siempre y cuando puedan sustentar las denuncias que hacen, pero la mitad de un vuelo no es la forma, ni el momento, ni el lugar para hacerlo. Incluso, al utilizar el altavoz del avión para hacer política, los pilotos están dejando mal parada a la compañía que dicen defender, ya que da la apariencia de un ataque de la empresa misma contra el ingreso de las líneas low cost que obviamente le van a hacer competencia, y por tanto van a ayudar a bajar los precios de los pasajes, lo cual es una ventaja más que importante para el consumidor. Aerolíneas dejó en claro que como empresa no tuvo nada que ver con el hecho, e incluso anunció medidas disciplinarias, pero el mal sabor ya quedó. Lamentable que ciertos pilotos hayan elegido molestar a los pasajeros (de quienes viven) primero con un paro y luego con estos mensajes, cuando existen medios más apropiados para plantear e incluso informar al público de temas tan delicados como la seguridad operacional y las regulaciones que en la industria de la aviación están para cumplirse, porque sino se paga muy caro. Ojalá recalculen y dejen de lado estas actitudes que indican un trasfondo político más que una verdadera intención de alertar y garantizar que se cumplan las reglas.

Ahora bien, dicho esto, volvemos al servicio a bordo en sí, que en esta ocasión fue similar al vuelo de ida (cuyo post podés leer en este link), salvo que el alfajor fue negro en lugar de blanco.

Ingresamos a Buenos Aires por la zona norte y encaramos ya desde temprano la pista 13 de Aeroparque, en la que tocamos suelo de forma muy suave. Luego de liberarla, el morro del B737 apuntó hacia la plataforma en cuyo ingreso hizo un alto. Como era de esperar, esto solo fue suficiente para que medio avión saliera despedido de sus asientos a buscar sus pertenencias en los portaequipajes; y por supuesto el reto de la tripulación no se hizo esperar: el capitán no había apagado la señal de cinturones, y de hecho restaba un trecho por transitar hasta llegar.

Lo inusual: Aeroparque estaba realmente tranquilo. Llegamos hasta el área de las cintas de equipaje y estaba vacía. Ningún otro vuelo estaba entregando valijas, e incluso tuvimos que esperar unos minutos hasta que el equipaje llegó desde el avión.

Así finalizó nuestro vuelo de regreso. Hubo mucho recorrido por el NOA, con mucha historia, novedades, fotos, lugares y hospedajes por mostrar. Todo eso, en los próximos posts!

AR1456: Reporte de un vuelo cancelado por niebla.

Es la noche del sábado 30 de junio y estoy sentado en la butaca del teatro, esperando que se levante el telón y aparezca el groso de Enrique Pinti para hacerme morir de risa (o de llanto tal vez) con su monólogo sobre la actualidad argentina, que bien podría ser también uno sobre historia nacional. Como tengo por costumbre, antes de silenciarlo doy una rápida revisada al celular, para enterarme de la noticia vía el twitter de @diazpez.

Nada que hacer en ese momento, terminada la función vuelvo a la carga y entra la notificación de Tripadvisor. Con el último aliento de esperanza, como queriendo torcer el destino, reviso la web de Aerolíneas Argentinas y me queda claro que mis chances de volar el día siguiente como estaba previsto se habían esfumado. Todos los vuelos hasta las 16 hs del domingo habían sido cancelados por niebla.

Como se pudo ver en todos los noticieros, y como se podía percibir al salir uno mismo a la calle, la niebla era realmente intensa aquella jornada. Con Aeroparque bajo mínimos, obviamente toda la operación aérea queda cancelada, y esto repercute no solo en el momento sino también en los vuelos siguientes.  En primer lugar por el vencimiento de las tripulaciones que deberán tomar su descanso correspondiente; en segundo lugar porque las aeronaves que iban a operar esos vuelos no podían llegar al aeropuerto que permanecía cerrado.

Es importante destacar que el cierre de los aeropuertos por condiciones meteorológicas es ajeno a las líneas aéreas que operan en ellos, y por tanto estos eventos no habilitan a ninguna compensación ni indemnización por parte de las empresas; aunque sí deben disponer de los medios necesarios para informar a sus clientes y asistirlos en reacomodarlos en los próximos vuelos disponibles, lo cual, por supuesto, requiere de una logística importante.

En mi caso intenté constantemente hablar al 0800 que informó Aerolíneas Argentinas en su comunicado oficial, pero sin suerte. Tanto sábado por la noche como domingo todo el día o era imposible ingresar al call center, o cuando lo lograba nadie contestaba el teléfono a pesar de dejarlo sonar durante largos minutos (en una ocasión casi 10). Intenté reprogramar mi vuelo a través del Facebook oficial de la línea vía Messenger, pero al día de hoy la compañía tampoco contestó aquél mensaje. Aplazado entonces para Aerolíneas en materia de comunicación y atención al cliente, que evidentemente es un aspecto en el que deben trabajar fuerte y mejorar.

La información sobre mi nuevo vuelo llegó finalmente vía TripCase, que el amigo Sir Chandler me confirmó que es una aplicación de Sabre, el sistema de reservas que utiliza Aerolíneas Argentinas, por lo cual lo podía tomar como información oficial a pesar de no haberme podido comunicar nunca con la empresa. Dicho y hecho, quedé asignado para el mismo vuelo, pero del día siguiente al previsto, tal cual el mensaje de la aplicación que luego fue reconfirmado vía mail oficial de la línea.

Si bien habíamos hecho el web checkin, eso era válido para el vuelo que nunca salió, por lo que llegamos con tiempo a Aeroparque para ver cómo había quedado todo en el vuelo reasignado. Finalmente, y como era de esperar, nos dieron otros asientos según la disponibilidad que tenía el avión.

Como abordamos por plataforma, mientras subía la escalerilla tuve oportunidad de fotear al ATR de Avianca que taxeaba hacia su posición de estacionamiento.

El LV-GKS que abordamos estaba en excelentes condiciones. Con menos de dos años de antigüedad, está muy cuidado y lucía impecable. Además está provisto del sistema de entretenimiento a bordo por wifi, por lo que lamenté no haber tomado la precaución de descargar la aplicación BRAVO para probarla, pero tomé nota mental de hacerlo antes del vuelo de vuelta.

Con unos pocos minutos de atraso nos dirigimos a la cabecera 13 por donde despegamos. El día aún estaba nublado y el ascenso fue algo movido hasta lograr traspasar el techo de nubes. Cuando el comandante anunció que estábamos a altitud de crucero los TCP comenzaron con los trabajos para preparar el servicio abordo.

Correcto, el mix de frutos secos y el alfajor fueron acompañados por un café con crema. Hay que tener en cuenta que el vuelo a Salta es de aproximadamente dos horas, y por esto se da refrigerio. Desde hace un tiempo Aerolíneas no da servicio a bordo en vuelos de menos de una hora.

El resto del vuelo fue muy tranquilo, y a falta de BRAVO pasé el tiempo sumido en la lectura (siempre embarco con un libro en la mochila) y en la contemplación de los paisajes desde el aire.

Las nubes sobre las montañas son siempre un espectáculo hermoso, pero en este caso pudimos observar además el Dique Cabra Corral desde al aire, ya en aproximación de aterrizaje al aeropuerto de Salta.

El aterrizaje fue muy suave y se dio en la pista secundaria del aeropuerto internacional, ya que la principal aún estaba con trabajos de mantenimiento. A pesar de estar en pleno invierno y haber abandonado Buenos Aires con frío, en Salta la temperatura era de unos agradables 18°C.

Se trata de un aeropuerto pequeño y el acceso al sector de cintas de equipaje se realiza por una muy angosta escalera mecánica, que de hecho complicó a una señora a la que terminé ayudando a bajar. Esto me llamó la atención porque hace unos meses atrás la terminal aérea estuvo cerrada por obras y los vuelos fueron derivados a Jujuy por 3 semanas, pero por lo que pude ver me dio la impresión que no se llevaron adelante las refacciones en el área de pasajeros. De hecho, las cintas son cortas, provocando que la gente se amontone a su alrededor y que el proceso de recupero de valijas se haga bastante lento.

Como estamos habituados, en las salidas del  hall se agolpan las diferentes ofertas de taxis y transportes hasta la ciudad. Para tener de referencia, hasta el centro histórico el precio del viaje en julio 2018 era de ARS 200 aproximadamente.

Así volví una vez más al Noroeste Argentino, un viaje que me debía porque es una zona del país que me sigue fascinando. Pero de eso iremos hablando en los posts que vienen próximamente.

Regreso desde Córdoba con tormenta: Crónica del turbulento vuelo AR1571

Mi último viaje a Córdoba fue un tanto “accidentado” en cuanto a materia de vuelos se refiere. Como ya les conté en la crónica del AR1510 (link al post) el vuelo de ida me lo cancelaron. Y ahora para la vuelta la hora de presentarme en el aeropuerto me agarró finalizando una reunión a varias decenas de kilómetros de la capital cordobesa.

Ese día el viento estaba particularmente fuerte, al punto que los objetos livianos volaban por la calle, y ya en la ruta el polvo que se levantaba complicaba mucho el manejo ya que obstruía considerablemente la visibilidad. Si bien esto obligaba a ser muy cuidadoso al manejar por la posibilidad de un accidente (de hecho nos cruzamos con uno), por otro lado el mal tiempo era mi esperanza de que el vuelo se demorara. Sin embargo al chequear el status en el celular el AR1571 figuraba “on time” así que apretamos los dientes y le pusimos la mejor onda para llegar lo antes posible.

Finalmente llegamos al Taravella a las 19:25 para abordar un vuelo que estaba programado para despegar a las 20:20. En condiciones normales ya tendría prácticamente un pie afuera del avión. Sin embargo respiré cuando al acercarme a los mostradores un empleado de Aerolíneas me pregunta si estoy para el 1571, y me indica que pase: aún estaba a tiempo.

En realidad luego me enteraría de que por la tormenta (que no solo estuvo en Córdoba sino que fue muy fuerte en Buenos Aires) el vuelo se había atrasado en su salida desde Aeroparque, y por lo tanto el avión ni siquiera estaba en plataforma cuando yo llegué al aeropuerto. Sin embargo al momento del check in el personal de Aerolíneas no me aclaró nada de esto, así que hice seguridad e ingresé al área de preembarque apurado.

Con las demoras en los vuelos esa zona del aeropuerto quedó bastante justa. Eran pocos los asientos libres y las colas pagofacileras de quienes querían abordar antes de que el avión atracara en la manga dificultaban el paso de quienes querían ir al baño, en la punta del salón. Por otro lado un único local expende comidas rápidas y bebidas; y no hay siquiera un kiosko. Si uno quiere una golosina tendrá que caer en la muy escueta oferta del free shop. Por mi lado me compré una gaseosa y me senté a dejar pasar el tiempo mirando cómo los vuelos que arribaban a Buenos Aires daban varias vueltas antes de aterrizar. Así hacía espera el vuelo anterior al mio.

Finalmente, con más de una hora de retraso, abordamos el B737-800 a las 21:35, mientras el personal de tierra hacía el reabastecimiento de combustible. Por supuesto, las TCP anunciaron la maniobra e instruyeron a los pasajeros a mantenerse sentados con los cinturones desabrochados y a no utilizar equipos electrónicos, indicación esta última a la que nadie le hizo caso.

El servicio de abordo dejó bastante que desear. No porque sólo sirvieran bebidas (algo ya sabido y aceptado) sino por la calidad de la atención por parte del personal de la aerolínea. La jefa de abordo hacía los anuncios por parlante como si estuviera corriendo una carrera: hablando a mil por hora, se trababa, se equivocaba y corregía sobre la marcha, con el resultado de que se entendía poco y nada. Si no hablabas castellano y tenías que esperar el anuncio en inglés, te la regalo! ¡No tengo idea de dónde aprendió inglés esa chica!

Otro punto que me llamó la atención, y hasta me preocupó un poco, es que nunca pasaron a asegurar la cabina para el aterrizaje. Que no retiraran los vasitos luego del servicio en definitiva termina siendo un detalle menor del servicio, pero habitualmente los TCP hacen el anuncio de que comienza la aproximación al aeropuerto de destino y pasan controlando que los asientos estén en vertical y las mesas rebatidas. Nada de eso pasó en este caso y casa pasajero tocó tierra dispuesto como mejor le vino la gana. Algún lector experto en la materia podrá quizá comentar qué tan importante es asegurar la cabina para el aterrizaje y por tanto, qué tan o poco grave fue esta falta de los TCP del 1571.

Aunque supongo que esto es una falla en la seguridad del vuelo (en cuanto a la integridad física de los pasajeros) no pasó a mayores porque el que sí se lució fue el comandante. El tipo no habló en todo el viaje, que fue bastante movido tanto en el ascenso como en la aproximación, donde se puso realmente difícil con las turbulencias. Los movimientos bruscos del 737 tenía a gran parte del pasaje en estado de tensión (ni les cuento la chica que viajaba al lado mio agarrada al asiento de adelante con las dos manos) y yo de hecho pensé que lo iba a abortar, porque por la ventanilla se notaba cómo el avión se balanceaba de un lado a otro muy cerca del suelo. Pero a pesar del fuerte viento cruzado el comandante lo estabilizó y lo apoyó (no lo tiró , lo apoyó) sobre la pista con una suavidad increíble. Por tema de convicción propia no fui de los que aplaudió, pero bien que si los pilotos salían del cockpit para despedir a los pasajeros iba a buscar felicitarlo.

Para no desentonar, el vuelo finalizó con una importante demora de parte de Aerohandling, la empresa de rampa del Grupo Aerolíneas, que tardó una media hora en acercar la escalerilla hasta el avión, acentuando aún más el atraso que habíamos tenido por la cuestión climática. Igualmente nadie se quejó: todos estaban contentos de haber tocado tierra sanos y salvos.