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Trekking a las Cascadas del Río Colorado, en Cafayate.

La actividad más atractiva de la ciudad de Cafayate para los aventureros y los amantes de la naturaleza es, sin lugar a dudas, la caminata por las siete cascadas del Río Colorado. Claro que conocerlas en su totalidad será por demás difícil, en general se llega hasta la segunda o tercer cascada únicamente.

Antes de aventurarse en esta excursión hay que tener en cuenta que es un trekking con alguna dificultad, y además la complejidad aumenta a medida que el recorrido avanza y las cascadas van quedando atrás. El lanzarse en su búsqueda implica cruzar el curso del río varias veces, ida y vuelta, pasar por recovecos y pasadizos estrechos y resbalosos en las rocas, y hasta caminar por la cornisa con la montaña de un lado y el precipicio del otro. No es una excursión apta para niños, ni ancianos, ni personas con alguna dificultad física. Personas con vértigo, abstenerse.

Más allá de estas advertencias, tampoco es necesario ser un profesional o tener un estado físico de atleta, al menos para llegar hasta las primeras caídas de agua. Pero sepan sí que habrá tramos difíciles y peligrosos. Eso sí, si están en condiciones de sortear estos obstáculos, las vistas (y si van en verano, el chapuzón bajo el agua helada) bien valen la pena.

Para comenzar a caminar hacia las cascadas habrá que salirse de los límites de la ciudad y llegarse hasta el paraje conocido como “Divisadero”, desde donde se puede tener una linda vista panorámica de Cafayate. Allí será necesario contratar a alguno de los guías de turismo campesino, que conocen bien la zona, porque hacerlo por cuenta propia no es para nada recomendable. El precio de la excursión no es fijo: depende de la época del año, el tamaño del grupo (en general ponen un precio por persona) y, sobre todo, hasta dónde realmente se llegue, ya que en cualquier momento uno puede decidir que hasta ahí llego y pegarse la media vuelta. Recomendación: intentar llegar a la segunda cascada, si se está en buena condición física, intentar la tercera.

Los guías son lugareños (incluso en algunos casos son niños) que no sólo conocen el camino por llevar a pastar a las cabras (varias de las cuales nos cruzamos nosotros en el camino), sino que además te pueden contar sobre la cultura, la historia y la forma de vida del lugar. Así nos enteramos, por ejemplo, que aquí se da el cruce de dos ríos, uno de los cuales está seco ya que se desvió para el riego de los viñedos cercanos. De hecho, nos cuenta cómo los antiguos dueños de estas tierras fueron engañados, por no tener la cultura suficiente para darse cuenta de lo que valían esas hectáreas, las cuales les fueron compradas por muy poco dinero y hoy son fundamentales para la industria vitivinícola y por lo tanto valen varias veces más que el precio pagado.

En casi todo el recorrido se va siguiendo el curso del río, lo cual suena lógico si lo que uno busca son justamente cascadas, pero a pesar de que el agua es potable nosotros no la podemos tomar. Eso se debe a la gran cantidad de minerales que contiene, lo que provocaría que nos caiga mal. Así que ya saben, lleven consigo agua mineral para la caminata.

No importa la época del año que vayas, las recomendaciones en cuanto al equipo a llevar son las mismas: gorro y protector solar, anteojos oscuros, ropa cómoda incluyendo de ser posible calzado de trekking (si es impermeable mejor) aunque no es excluyente, pero sí asegurate de que sean unas buenas zapatillas que no resbalen. Al hombro mochila con agua, algo de comer (nunca viene mal y hacer un picnic en la olla de una de las cascadas será un recuerdo memorable) y por supuesto, cámara de fotos.

Hasta dónde quieras llegar queda enteramente por tu cuenta. Lo importante es que lo disfrutes, porque el paisaje y la naturaleza de aquél lugar lo ameritan. Yo que vos, no lo dejaría de intentar!

Visita a la Bodega San Pedro de Yacochuya en Cafayate, Salta.

Más que formar parte de la Ruta del Vino del Noroeste Argentino, la ciudad de Cafayate es el corazón de la misma. Gran cantidad de bodegas se concentran en esta localidad y sus alrededores. Justamente, saliendo de la misma hacia el lado de La Banda, y desviándose hacia la izquierda de la mítica RN 40 hacia La Banda de Arriba y El Molino, el camino sube hasta desembocar en una de las más destacadas bodegas de la región: San Pedro de Yacochuya.

Ubicada a 7 kilómetros de la ciudad, en lo alto de la cuesta, esta bodega es propiedad de la reconocida familia Echart, quienes vendieron todo lo que tenían (la famosa marca incluída, que ya no les pertenece) para dedicarse a elaborar vino en mucho menor cantidad, pero de la más alta calidad.

Los viñedos de Yacochuya están distribuidos por la zona, a más de 2000 m.s.n.m., siendo una de las bodegas más altas del mundo. En las plantaciones se cosechan diversos tipos de uva, como Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat y un clásico salteño, Torrontés. Dependiendo de su ubicación, el riego se hace por goteo, o bien por aproximación a los canales.

En el proceso de elaboración de vinos, como ya hemos visto también en otros posts, Yacochuya utiliza los tanques de acero inoxidable donde se fermenta la uva. Sin embargo algo que destacó con respecto a otras visitas que hicimos, fue la explicación de que cuando se requiere acelerar el proceso de fermentación, lo que se hace es tomar una parte de mosto  y mezclarla con levadura a fin de provocar que fermente. Luego eso se devuelve al tanque para que el proceso se extienda a todo su contenido.

Luego el ollejo de la uva se desprende y va a parar a una prensa que termina de sacar hasta el último vestigio de vino que queda. Ese producto tendrá por destino un nuevo tanque, o bien, si el enólogo así lo decide, se puede llegar a mezclar con otras uvas para generar un vino diferente. Para añejar sus vinos Yacochuya utiliza barricas de roble que se llenan hasta un máximo de cuatro veces. Pasado ese número se considera que la madera ya no tiene los taninos necesarios para nutrir al vino.

Igualmente, aquí se producen diferentes clases de vino, y los de más baja escala hasta pueden conseguirse en supermercados. En cambio los mejores sólo se distribuyen a través de vinerías, o incluso se exportan a mercados como el norteamericano o el brasileño. Entre los vinos de más nivel destaca el que lleva en la etiqueta la firma del famoso enólogo francés Michel Rolland que lo creó, y cuyo precio no es apto para un bolsillo común y corriente.

La degustación también es costosa, pero aunque no la hagas, si te llegaste hasta aquí (algo que personalmente recomiendo) no podés no llevarte alguno de estos vinos. Será cuestión de elegir el que mejor se adapte a tu presupuesto, y la cepa que más te guste.

Los Increíbles Médanos de Cafayate, última parada de la Quebrada de las Conchas.

Estando en la ciudad de Cafayate habrá quienes pongan en su mochila un par de ojotas o alpargatas y una gorra de visera antes de subirse al auto. No es que se estén yendo a la playa, pero casi, ya que apenas saliendo a la Ruta Nacional 68 se encuentran unos enormes médanos que pueden ser visitados como atracción turística.

Se trata de la última parada de geoformas que pueden conocerse al recorrer la Quebrada de las Conchas, cuyo recorrido podés ver haciendo click aquí. Lo médanos se ven muy parcialmente desde la ruta, ya que están mayormente tapados por la vegetación, pero créanme, están ahí, y hay gente que los visita (y escala), como prueban estas huellas en la arena.

Es un conjunto de dunas realmente enorme, en medio del lugar menos pensado en medio de las montañas. Hoy en día no hay ningún mar cerca, pero hace millones de años aquí se formó un enorme lago que durante milenios concentró sedimentos. Al romperse el dique natural que las contenía, el agua fluyó y el viento amontonó la arena dando origen a estas formaciones.

Son unos 20 km2 de médanos con una altura más que considerable, tanto que escalarlos para llegar a la cima revestirá algún pequeño esfuerzo. Apenas se toma la RN 68 desde Cafayate un cartel marca el camino que se interna en el bosque y da acceso hasta este lugar. Está en bastantes mala condiciones, con lo cual habrá que avanzar con cuidado, e incluso quizá se deba dejar el auto en algún punto cercano a la ruta y seguir a pie, hasta dar con las dunas.

Un paisaje diferente y que sorprende por el lugar donde se encuentra. Y un buen descubrimiento para visitar cuando se pasa por Cafayate.

Conducimos por la Ruta Nacional 68 para conocer las formaciones de La Quebrada de las Conchas.

Argentina en general, y el noroeste de nuestro país en particular, tienen una gran diversidad de paisajes naturales que fascinan cada uno de los sentidos. Uno de ellos está ubicado en la provincia de Salta, entre la ciudad capital y la localidad de Cafayate. Homónima al río que la circunda, la Quebrada de las Conchas se extiende por aproximadamente 85 kilómetros a la vera de la Ruta Nacional 68, lo que la hace muy accesible.

A lo largo del recorrido el paisaje dominado por piedra de color rojizo es de por sí imponente, pero la cercanía de la ruta con las altas montañas hace que cada tanto el visitante pueda adentrarse incluso en el corazón de las mismas y con tan solo apearse del vehículo y caminar unos metros, conocer formaciones asombrosas que en otros lugares no están tan accesibles.

Si bien hay excursiones que visitan la Quebrada y sus geoformas, desde mi punto de vista lo más recomendable es siempre hacer el recorrido en vehículo propio. Siempre se podrá alquilar un auto, como hicimos nosotros, pero esto evitará estar atados a un itinerario con horario fijo, y por tanto podremos parar en donde queramos y pasar allí el tiempo que consideremos necesario, sin que nadie nos apure para sacar la foto.

Eso sí, las geoformas a lo largo de la RN 68 son muchas, así que habrá que estar dispuesto a parar varias veces en el camino, e incluso si uno está acotado de tiempos será recomendable elegir cuáles interesa visitar.

Tanto la Garganta del Diablo como El Anfiteatro, que son de las primeras formaciones que encontramos si venimos desde Salta, luego de pasar Alemanía con dirección a Cafayate, son los IMPERDIBLES. Ambas se generaron por erosión, cuando hace millones de años por allí pasaba un curso de agua que generaba cascadas en estos puntos.

Para llegar a lo más profundo de la Garganta del Diablo habrá que trepar un paredón de piedra donde un cartel prohíbe el paso en ojotas. Recomendación nada despreciable ya que la roca es resbalosa y habrá que subir con cuidado, afirmando bien los pies y manos en los huecos que presenta, y probablemente recibiendo una mano de algún amigo que ya haya logrado un punto más alto.

En el Anfiteatro, en cambio, olvídense de escalar nada. Aquí déjense sorprender por el inmenso hueco formado en la montaña por la sabia naturaleza y la experiencia de estar parado justo en su centro. O mas bien cierren los ojos y disfruten la increíble acústica de este lugar, que junto a su forma circular le vale el nombre, y que no necesita de micrófonos ni amplificadores para ser sencillamente perfecta.

Siempre hay alguien con un instrumento a mano y dispuesto a hacerte experimentar la magia de ese sonido, que se escucha claro y nítido en todos lados, como esta pareja de la foto que cantaba desde el otro lado del anfiteatro y se los escuchaba como si estuvieran al lado.

Pensar que este lugar sirvió de escenario natural para conciertos de grandes artistas consagrados, como Mercedes Sosa…

La siguiente parada obligada será el Mirador Tres Cruces, donde el valle se abre ante nuestros ojos y nos da la imagen que pueden ver arriba de estas palabras. Aquí se rojo de las montañas se combina con el verde de la vegetación, alimentada por el río que corre allá abajo. Para obtener esta vista habrá que estacionar el auto y subir por una escalinata construida en la piedra.

De aquí en más, las formaciones no entran dentro de lo que yo considero como “los imperdibles de la quebrada”, pero estando tan a mano desde la ruta (al punto que ni siquiera tenés que bajar del auto si no querés), bien valen una breve parada en el camino. En orden de aparición, siempre en dirección a Cafayate, están El Sapo, El Fraile, Casa de Loros, El Obelisco, Las Ventanas y Los Castillos, además de alguna que otra que por ahí me pasé de largo, o bien, que tu imaginación pueda inventar con el correr de los kilómetros.

El obelisco está muy claro, justo frente a una curva de la RN 68, pero al fraile habrá que esforzarse con la vista para buscarlo e identificarlo contra la piedra.

Para lo último, y ya prácticamente en la entrada a Cafayate, están Los Médanos, que ya en algún momento les mostraré.

La visita a la Quebrada de las Conchas es una excelente forma de pasar el día, conociendo la belleza de estos paisajes que la naturaleza nos regala. Y si estás yendo de viaje, te aseguro que nunca habrás tenido una ruta más divertida que esta, aunque claro, tendrás que sumarle varias horas al tiempo de tránsito que te marque el GPS antes de iniciar la travesía.

Alojamiento de categoría en Cafayate, Salta: El Hotel Portal del Santo.

Casi donde termina el casco urbano de la ciudad de Cafayate y comienza el verde del campo se alza un imponente edificio blanco con aberturas de madera, fácilmente identificable por el solemne aspecto que le dan las columnas que enmarcan su galería. Se trata del hotel Portal del Santo, un excelente 3 estrellas familiar que destaca por la calidad de sus servicios.

Las habitaciones son realmente amplias y muy cómodas, además de contar con todo lo que podés necesitar en tu estadía. En el interior del ropero se encuentra la caja fuerte, y en un rincón junto a la puerta de entrada hay una especia de “área de cocina” equipada con microondas, cafetera y frigobar. Los detalles hacen a las grandes cosas, así que colgadas están las copas y atrás de la cafetera los insumos para prepararte un té.

Y cuando abrís la heladera descubrís gaseosas y cervezas frescas, listas para degustar.

El baño también es amplio, y pegarse una ducha allí después de andar todo el día es un placer aunque sea invierno. Gran parte de esto se debe al detalle del Portal del Santo: el cuarto de baño también está calefaccionado. Cuenta además con secador de pelo, aunque está algo incómodo, ubicado debajo del lavabo.

La puerta de atrás no es únicamente estética para darle más luminosidad a la habitación. Si bien está cerrada con llave, la misma está ahí a mano para poder abrir y salir a la galería de atrás, que da al muy bien mantenido parque, ideal para disfrutar unos mates al atardecer.

Era pleno invierno, pero la piscina daba ganas de meterse. Cuando vaya en verano lo primero que meteré en la valija será el short de baño.

Como se ve en el agua, la limpieza en el Portal del Santo es excelente. Lo mismo ocurre dentro de las habitaciones. Todo muy bien cuidado, lo cual incluye mantener siempre cerrado el portón del fondo por donde se accede a las cocheras. No es por los robos, sino porque si uno lo deja abierto los burros aprovechan para meterse y comerse las plantas.

Que eso sucediera sería un drama, no solo por el aspecto estético, sino porque las mermeladas que se sirven en el desayuno son caseras, y muchas se hacen con la fruta que se saca de esos mismos árboles, entre los que hay romero y quinotos. El desayuno es completo y bien pensado para el turista argentino, con panificados, budines, torta de coco y de Bon o Bon (preparadas por el dueño con sus propias manos) y tostadas para untar con las mermeladas que prepara su madre, entre las que destacan la de malbec, cayote y uva sin semilla).

El lugar está atendido por Cristian, que llegó desde Buenos Aires para ayudar a sus padres con este proyecto. El foco está puesto en el servicio al huesped y eso se nota, y mucho. La atención es excelente y no se limita al hospedaje únicamente, tanto Cristian como su hermano están siempre dispuestos a dar recomendaciones sobre qué lugar visitar, por qué ruta viajar, o a contarte la historia del lugar mientras te calientan el agua para el mate.

Por último, las comodidades del hotel incluyen televisión por cable y wifi, que funciona muy bien para la bajada, aunque es algo lento para la subida a la hora de compartir fotos de las excursiones por ejemplo, siendo este el único punto a mejorar que encontré durante mi estadía.

Portal del Santo es un alojamiento que se disfruta a pleno por sus comodidades, servicio, cordialidad y las amplias áreas verdes. Desde aquí no nos queda más que agradecerles a sus dueños, y saludarlos hasta nuestra próxima visita a Cafayate.