Archivos Mensuales: septiembre 2017

Navegamos el Río Paraná a bordo del Barco Ciudad de Rosario.

Mientras organizábamos el viaje a Rosario buscábamos actividades diferentes a las habituales. Recorrer la ciudad a pie, visitar el Monumento a  la Bandera y hasta subir a su mirador eran las obvias. En esa búsqueda surgió la idea de salir a navegar por el Paraná, y así encontramos este lindo paseo de dos horas que puede contratarse en el amarradero ubicado en la Costanera, casi frente al mismísimo Monumento.

El barco tiene capacidad para unas 350 personas distribuidas en los dos salones interiores (climatizados) y en las cubiertas exteriores, ideales estas últimas para la toma de fotos. Además cuenta con buffet donde se puede comprar un refrigerio o incluso algo para almorzar, detalle importante si se piensa en los horarios de salida: a las 14:30 y a las 17 hs. El abordaje se habilita a las 12 para los pasajeros del primer turno, y considerando que las ubicaciones las elige uno de acuerdo a lo disponible cuando se llega, para asegurarse un buen lugar es buena idea embarcar temprano y almorzar a bordo.

Igualmente a no volverse locos porque durante la travesía uno puede desplazarse por la embarcación casi sin restricciones, así que si te quedaste adentro podés salir para tomar buenas fotos; y si estás afuera y te agarró frío también podes meterte adentro. Lo único que se pide con insistencia es controlar a los niños, y que estén siempre acompañados de un mayor.

Una vez que zarpa el barco cruza el brazo principal del río con proa hacia las islas, que son territorio entrerriano ya que las boyas apostadas en el canal dividen Santa Fe de su provincia vecina. Una de las primeras islas es la que más llama la atención y obliga a atender a la guía que nos habla por los altavoces: es la Isla del Espinillo, el lugar donde Belgrano apostó la batería Independencia y el punto exacto en donde se izó por primera vez la bandera nacional. Del otro lado del río, sobre las barrancas rosarinas, en donde hoy se encuentra el imponente Monumento a la Bandera, la que se había instalado era la batería Libertad, pero no fue ella la que tuvo el honor que los libros de historia oficiales le adjudican.

El Ciudad de Rosario se interna de a poco en los angostos riachos y la navegación se vuelve un tanto complicada para tan grande embarcación, por lo que el capitán maniobra con cuidado y avanza lentamente. No como las lanchas que con su pequeño porte no tienen mucho problema para pasar zumbando al lado nuestro.

La guía profundiza conceptos a medida que nos adentramos en el delta y así nos enteramos que los movimientos del Paraná son un problema porque carcomen la costa horadando la isla y con el tiempo la hacen peligrar, incluso. Los isleños luchan contra la erosión del agua día a día utilizando diferentes métodos, siendo el más efectivo el aprovechar el punto máximo de las mareas bajas para apostar cubiertas viejas que luego se enredan entre las raíces de los árboles y los fijan al suelo. De esta forma se protege a las plantas más expuestas a ser arrancadas por las furiosas crecidas del río.

Mientras que por un lado el río amenaza con destruir las islas, por el otro también las crea. La corriente va amontonando camalotes en diferentes puntos del cauce donde comienzan a formar una especie de barrera que ayuda a acumular otros elementos, y en los cuales se van depositando semillas que en algún momento se transforman en vegetación. Así, con el correr de los años, nuevas islas se van formando, y el delta se mantiene en constante transformación.

La idea de que las islas desaparezcan de seguro no les causa ninguna gracia a los isleños que viven en ellas, ni tampoco a los rosarinos y entrerrianos que tienen allí sus casas de fin de semana, algunas de ellas con lujosos yates o veleros amarrados al frente.

La travesía alcanza su máxima extensión al llegar al puente Rosario – Victoria, una impresionante obra de infraestructura que une a ambas provincias. Con su tramo principal colgante sobre el río, el puente deja 300 metros libres para la navegación, mientras que a los costados está sostenido por enormes columnas. Su silueta se divisa a lo lejos y es todo un símbolo de la ciudad.

A partir de aquél punto comienza el regreso, esta vez por la margen del río que corresponde a la provincia de Santa Fé, costeando la ciudad de Rosario y permitiendo por lo tanto una imagen diferente de la misma, vista desde el agua. Se divisan lugares emblemáticos de la ciudad como ser el estadio de Rosario Central, las así llamadas Torres Gemelas, el Parque España, los silos y, por supuesto, el Monumento a la Bandera.

Sin embargo quizá lo más interesante tenga que ver con una boya solitaria en medio del río, identificada con una luz diferente. Esta boya no indica el límite del canal como sucede con las que se encuentran en el amarradero, sino que muestra el lugar donde yace un buque hundido, siendo de vital importancia para la navegación ya que el barco que no se aparte de ella podría terminar accidentado.

Como nosotros nos embarcamos en el primer turno, al llegar al amarradero nos encontramos con un montón de gente esperando para abordar. Los que salen a las 17 no tendrán tanto tiempo para buscar su lugar cómodamente, pero sí gozarán de la ventaja de poder observar el atardecer desde el río. Seguramente sea una experiencia interesante.

Por nuestro lado llegó la hora de bajar del barco y seguir recorriendo la ciudad, esta vez a pie. Y por el de ustedes, este post llega a su fin, pero los espero en el próximo para seguir descubriendo juntos la ciudad de Rosario.

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Gouin, el pueblo rural de los pastelitos en la Provincia de Buenos Aires.

Saliendo de la Ciudad de Buenos Aires por el Acceso Oeste se llega luego de recorrer algo más de 100 kilómetros hasta el Partido de Carmen de Areco, dentro del cual encontramos el pequeño pueblo de Gouin.

Hacia principios del siglo XX la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires llevó adelante un emprendimiento de construcción a través del cual tuvo lugar la inauguración de la estación de tren del pueblo, en 1908. Sin embargo el proyecto no se limitaba únicamente a hacer llegar el ferrocarril hasta estos pagos, sino que la empresa adquirió tierras que fueron loteadas y vendidas en una subasta en el año 1909.

Según se sabe, la convocatoria (que incluía un almuerzo gratuito) atrajo a gran cantidad de gente que se acercó para participar del evento, dejando muy cortos los cálculos de los organizadores, y por ende, la cantidad de provisiones con las que contaban. El resultado era de esperar y no tiene gran diferencia con lo que podría suceder hoy en día ante un escenario así: la gente se ofuscó, y en la desesperación por hacerse de su merecida ración tiraron la carpa abajo, dando rienda suelta a los desmanes.

Más de un siglo después de estos hechos no quedan signos de aquella jornada agitada. Hoy en día Gouin es un pueblo tranquilo, con una pequeña plaza frente a la Capilla San Agustín, donde uno puede sentarse plácidamente a disfrutar de unos buenos mates en una tarde soleada de domingo.

En su interior la capilla es muy simple y amena, casi sin adornos a los que suelen tenernos acostumbradas las iglesias católicas. Igualmente, la imagen de su patrono vista incluso desde el exterior a través de la puerta abierta de par en par, impresiona.

Aquí podemos apreciarla de más cerca.

Dijimos recién que Gouin es un lugar ideal para ir a tomar mates, y si los acompañamos de pastelitos mucho mejor, pues este es el pueblo bonaerense donde cada diciembre se realiza la tradicional Fiesta del Pastelito.

Diferentes maestros pasteleros compiten en esta jornada por el título al mejor pastelito de la provincia. Durante nuestra visita pasamos también por algunos pueblos vecinos, y allí compramos unos pastelitos sin saber al momento de abonarlos que esos mismos habían sido ganadores del certámen en una edición anterior. Al leer la etiqueta, en la mismísima plaza de Gouin, nos dimos cuenta de lo que estábamos degustando, y realmente hay que decir que estaban riquísimos.

Si uno gustara de hacerlo también se podría ir a disfrutar un almuerzo en el pueblo de Gouin, ya que hay un par de establecimientos dedicados a ello. El Bar Don Tomás estaba aún con gente cuando llegamos (siendo esto ya entrada la tarde) y también está el restaurant La Estación, emplazado en las instalaciones que en otra época fueran, precisamente, la estación del ferrocarril.

En definitiva, con sus 122 habitantes, Gouin es un lindo pueblo rural para visitar, ideal para esos momentos en que uno quiere escaparse de la gran ciudad, relajarse y disfrutar de un poco de sol y aire libre.

Ya tendremos oportunidad de visitarlo durante alguna de sus fiestas del pastelito. Cuando así sea, se enterarán por este mismo medio.

Visitamos el Ecocentro de Puerto Madryn.

Hacia un extremo de la ciudad de Puerto Madryn, a orillas del mar y cerca del monumento al Indio Tehuelche emplazado en la zona de las Cuevas Históricas de las que te conté en otro post, se encuentra el Ecocentro Puerto Madryn, un lugar que es mucho más que un museo.

Inspirado por su amor al mar, Alfredo Lichter, el naturalista y actual presidente de la Fundación Ecocentro se las arregló para llevar adelante este proyecto con el objetivo de promover en el hombre una actitud más armónica para con el mar. Para eso un simple museo no era suficiente, por lo que Alfredo concibió el Ecocentro como un espacio cultural que estimule la reflexión.

De esta forma, Ecocentro no tiene una simple muestra que te informa sobre la vida en el mar, sino que te lleva a experimentarla, y así busca generar una toma de consciencia más profunda. De alguna forma, busca cerrar el círculo.

La Ballena Franca Austral tiene por supuesto un lugar central en la muestra, que comienza en una sala con información sobre la especie, su forma de vida y las visitas que realizan cada año a la zona de Península Valdés, pero sigue luego de la forma más particular. Uno se adentra primero en una sala oscura donde pantallas simulan ser ventanas de una enorme pecera por las que se puede ver pasar tranquilamente una ballena en tamaño real; mientras que en sala siguiente, también a oscuras, uno puede experimentar en carne propia la comunicación que realizan estos mamíferos en las profundidades del océano a través de los sonidos. Un excelente acercamiento a la realidad diaria de las ballenas.

Otro punto destacado de la muestra es la pileta de invertebrados que simula un pozo de marea natural, en cuyo interior se pueden encontrar diversas especies de invertebrados marinos, tal como uno puede llegar a ver en los pozos formados por las superficies rocosas a orillas del mar. Allí hay, entre otros, estrellas y erizos de mar, que se alimentan principalmente de lo que encuentran en la pileta misma, aunque el personal del Ecocentro refuerza esto con algo de pescado para ciertas especies en particular. Más allá de esa pequeña intervención humana, la pileta de invertebrados se mantiene como si fuera un pozo de marea real, y nos permite observar con detenimiento los diferentes animales y vegetales que allí hay.

Ecocentro da un espacio importante también al arte, siempre relacionándolo con el sentido principal de la muestra. De esta forma diferentes retratos de naturaleza viva pueden encontrarse diseminados por sus pasillos y salas. Cuando pasamos nosotros había fotos realmente fantásticas. Lejos, muy lejos estoy yo de poder retratar algo así con mi cámara, así que de la sana, pero envidia total. ¡Todos los créditos a los autores!

Otro punto destacado del museo es la torre que se alza a modo de faro, desde la cual se tiene una panorámica inmejorable de la costa y el mar.

Al ingresar a la torre uno se encuentra con la réplica de un delfín, con la mitad delantera de cuerpo entero mientras que la mitad posterior muestra únicamente el esqueleto, reconstruido con huesos de un animal real. Esta obra de arte realizada por Luis Benedit busca generar toma de consciencia sobre una problemática puntual: el descarte por parte de buques pesqueros de aquellas especies que quedan atrapadas en sus redes, pero que no tienen finalidad comercial. Así, en general esos animales son devueltos al mar muertos, lo cual es un absoluto sinsentido.

La torre tiene además un mirador de 360º con sillones donde uno podría sentarse cómodamente a disfrutar de una buena lectura (preferentemente relacionada con el mar, claro), si no hiciera tanto calor generado por la enorme superficie vidriada de sus ventanas. Desde allí se puede contemplar un hermoso atardecer con la ciudad de Puerto Madryn de fondo (por lo que se recomienda ir a última hora de la tarde), o incluso espiar a las parejitas de enamorados que disfrutan del sol en un costado solitario de la playa.

Para grandes y chicos, el Ecocentro de Puerto Madryn será una parada obligada para todo aquél amante de la naturaleza y del océano que pase por esta hermosa ciudad patagónica. Los horarios y los valores actualizados de las entradas pueden consultarse en la página web del Ecocentro.

Una muestra sin desperdicio. Absolutamente recomendable. ¡Espero que la disfrutes tanto como yo!

Arribó a Ezeiza el Antonov AN-124 desde Dakar: Las fotos de la llegada.

El sábado 16 de septiembre pasado arrancó como cualquier otro: nos levantamos temprano y mientras desayunaba el acostumbrado café con galletitas, prendí la computadora para ver las noticias y leer las novedades de los blogs que sigo. En ese momento el día comenzó a tornarse no tan ordinario, pues Desde El Patio había publicado como primicia la llegada del AN124-100 de la compañía rusa Volga-Dnepr.

Enseguida entré a Twitter para tratar de conseguir información de último momento y allí ya se veían algunas capturas de pantalla de Flightradar24 mostando a la bestia rusa con proa hacia nuestro país. Según la información disponible se la esperaba para aterrizar en Ezeiza a las 13:30 hs y haciendo algunos cálculos rápidos estimé que podía llegar a tiempo.

Y efectivamente, así fue. Cuando llegamos a la cabecera de la pista 11 en los bosques de Ezeiza (con alguna duda por la información que indicaba el cierre de la pista programado para las 13:40) tuvimos la suerte de ver al Antonov cruzar alto por sobre el aeropuerto. La bestia había llegado.

Y seguía su vuelo mimetizándose con el blanco de las nubes.

El matriculado RA-82045 se alejaba para iniciar su aproximación final. La incógnita era si la realizaría por pista 11 o si, recién cerrada ésta, giraría para encarar la 17 y privarnos de su majestuosa pasada a baja altura.

Pero pasados unos minutos el imponente ruido de los motores disipó todas las dudas. Y el AN124 emergió desde atrás de los árboles.

A muy baja altura, casi rozando el follaje con su fuselaje.

Inmenso frente a nosotros. 

Trenes abajo y alas extendidas en configuración de aterrizaje.

No sólo los árboles parecían correr peligro, también se estremecen las luminarias de la ruta.

Pero salen indemnes. 

Y el gigante ruso se pierde tras los cables, en final corta hacia cabecera 11 para aterrizar una vez más en suelo argentino. 

Es poco habitual que este tipo de aeronaves de carga lleguen hasta estas latitudes. Por eso su arribo a Ezeiza es todo un evento y si se puede hay que aprovechar para presenciarlo y registrarlo. Así se lo veía luego desde la autopista estacionado frente a la Terminal de Cargas.

El AN124 es una de las aeronaves más grandes del mundo hasta ahora construidas, sólo superada por su hermano AN225 del que por el momento sólo hay un ejemplar. La magnitud de la bestia se puede observar con claridad al comparar su tamaño con los vehículos y aviones a su alrededor.

Con 69 metros de longitud, casi 74 de envergadura y más de 20 de alto, y una impresionante capacidad de carga de 150 toneladas, el AN124 suele transportar cargas que por peso o dimensiones otros aviones no son capaces. En general grandes maquinarias y materiales para enormes proyectos de infraestructura son pasajeros frecuentes de esta mole voladora.

Mi agradecimiento especial para @PabloK75 por la información sobre el inminente arribo y sus actualizaciones por Twitter,  gracias a las cuales pudimos cazar a la bestia. Y ojalá tengamos muchas y más frecuentes oportunidades como esta!

Una tarde caminando por Gante, Bélgica. Recorrida Fotográfica.

Cuando organicé el viaje por Europa me las ingenié para meter en un itinerario bastante acotado una ciudad que quería conocer: Bruselas. Un lugar con tanta historia, capital del país del chocolate y la cerveza, y que supo hacerse lugar como centro neurálgico de la Unión Europea, no podía quedarse afuera de la recorrida. Pero como ya conté en este post, mi estadía allí quedó corta, porque una vez arribado uno se encuentra con que no sólo Bruselas es fascinante, sino que sus alrededores también. Es por eso, por falta de tiempo, que este post muestra solamente las imágenes tomadas durante una tarde de caminata por el centro de la hermosa Gante. Es muchísimo menos de lo que me hubiera gustado conocer y mostrarles; y por eso mismo la próxima vez que cruce el Atlántico Bélgica será una parada obligada, para seguir descubriéndola.

Llegamos a esta parte de Bélgica luego de pasar gran parte del día en Brujas, otra fascinante ciudad por la que hay que pasar sin falta y que ya tuvo sus posts en el blog, y eso hizo que en Gante tuviéramos poco tiempo.

La estación de tren está bastante alejada del centro, por lo que habrá que tomar el trolebus o bien, caminar unas buenas cuadras bordeando los canales. Pero bien que tales esfuerzos valdrán la pena!

A medida que nos vamos acercando, la torre del reloj comienza a verse a través de los edificios.

Gante tiene una buena cantidad de canales navegables, por lo que se ve que trasladarse por agua es algo bastante habitual en esta ciudad.

Eso no quita por supuesto que la mayoría opten por la bicicleta (para lo cual tienen bien dispuestas las bicisendas y mejor que no te distraigas y camines por ellas sin darte cuenta porque no van a mostrar muchas intenciones de frenar), o bien por el auto.

¡Aunque algunas calles se compliquen!

La ciudad de Gante es la capital de la provincia de Flandes Oriental y fue hogar de Juana la Loca y su marido, Felipe el Hermoso. La construcción medieval lo retrotrae a uno a esas lejanas épocas, teniendo su punto cúlmine en el Castillo de los Condes, aún rodeado por un foso de agua considerado como uno de los más grandes del mundo.

Construido por Felipe de Alsacia sobre las bases de uno anterior, el Castillo de los Condes se encuentra en pleno centro de la ciudad y es uno de los principales atractivos turísticos ya que puede ser visitado. Pero claro, nosotros habíamos llegado a última hora de la tarde y para ese momento  ya estaba cerrado, por lo cual me tuve que conformar con fotografiarlo desde afuera.

Imaginen la bronca que mastiqué cuando me enteré que en su interior uno puede acceder durante la visita a una sala donde se exponen armas e instrumentos de tortura, de uso tan común en aquellas remotas épocas… Volveré, en horario, eso es seguro. Y luego de la visita cruzaré la calle para tomarme una buena cerveza belga en los bares frente al castillo.

Igualmente, con estos paisajes urbanos cualquier malhumor dura poco.

Al costado de los canales, los jóvenes lugareños aprovechan la tarde veraniega para sentarse en la orilla a charlar y pasar el rato. Si fuera en Argentina, esta foto estaría plagada de termos y mates, como corresponde.

La tarde va cayendo, y algunos edificios de Gante comienzan a iluminarse.

 

En medio de la tranquilidad el sonido de un piano nos llama la atención. Nos acercamos al canal para descubrir un coro cantando en medio de la calle, como para cerrar nuestra recorrida belga de la forma más divertida.

Entre el canto de las chicas y la vista de la ciudad, uno queda hipnotizado y lo que menos quiere es subirse al tren para volver.

Pero cae el atardecer y se hace hora de volver. Habrá que decidir, una vez más, si caminar o subirnos al trole.

Así, muy a nuestro pesar, dejamos atrás el centro de Gante para volver a Bruselas.

Un lugar que hay que ir a conocer. Y cuando lo hagas, andá con tiempo!