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Probamos carne canadiense en Montana’s BBQ & Bar.

La noche que pasé alojado en el Double Tree by Hilton Toronto Airport West tenía que apropicuarme una cena rápida y a no mucha distancia del hotel, por lo que revisando Google Maps encontré que en la esquina siguiente estaba Montana’s con bastantes buenos comentarios.

Se trata de una cadena canadiense de comidas que se especializa en costillas de cerdo a la barbacoa y hamburguesas, con una fachada exterior que luce típicamente norteamericana tanto en diseño como en iluminación. En el interior el ambiente es relajado y la decoración un tanto loca (con por ejemplo un auto colgado del techo) pero sin perder el buen gusto.

Y por supuesto, te dejan claro que acá se come cerdo, así que mejor…

Por mi parte dejé de lado el cerdo y fui con un medallón de carne 100% canadiense acompañado con puré de papas, frijoles y aros de cebolla. La verdad que impecable, excepto los frijoles que con su sabor un tanto dulce no me gustaron, el plato resultó exquisito y muy bien preparado. El punto de la carne, medium, no tenía nada que envidarle a alguna parrilla porteña. La tierno de la carne tampoco.

Con semejante cena no quedó resto para ningún postre, en particular porque se los veía potentes. Lo que sí hay que considerar es que no se trata de un lugar económico, pero tampoco resulta excesivamente caro. Para que tengan una referencia el plato que ves en la foto y una cerveza costaron el equivalmente a USD 39.

Otro punto fuerte de Montana’s tiene que ver con su ambiente familiar y el servicio. Las mesas están muy ingeniosamente cubiertas por un papel madera que hace las veces de mantel, y sobre cada una hay un vacito con crayones. Con ellos el mesero que te toca escribe su nombre, cosa de que no se te olvide, y si fuiste con niños se pueden dedicar a matar el tiempo mientras esperan dibujando a diestra y siniestra sobre la mesa, sin temor a que tengas que pagar por el pulido de la madera.

En mi caso Vid se portó espectacular, siempre muy amable y atento. Lo mismo que el resto de los meseros que rodearon la mesa de al lado y le cantaron un sonoro Feliz Cumpleaños a uno de los comensales, a la vez que le traían una torta para que apagara la velita y lo identificaban claramente como el “homenajeado” poniéndole un ridículo gorro con cuernos de ciervo.

Muy rica la comida, cuando vuelva a Canadá seguramente pase de nuevo, pero dejen que mi cumpleaños lo festejo en casa…

Plaza Premium Lounge USA Transborder: El Salón VIP del Aeropuerto de Toronto.

Cuando llegué al Aeropuerto Internacional Lester B. Pearson de Toronto tenía varias horas por delante antes de poder abordar mi vuelo hacia Miami, con lo cual opté por hacer uso del servicio de Priority Pass y acceder al salón Vip Plaza Premium Lounge ubicado entre las puertas F53 y F55 de la Terminal 1. Presentando únicamente la tarjeta fue suficiente para entrar al vip (no hizo falta ni el boarding pass, ni documento alguno) y el ingreso fue totalmente sin cargo.

Lo primero que uno nota al entrar es que se trata de una sala bastente pequeña. De formato angosto y alargado, apenas uno ingresa se encuentra de frente con la barra donde se puede pedir alguna bebida ya sea para consumir allí mismo, como para llevársela a otra área de la sala. Lo segundo que noté en ese momento es que el vip estaba bastante concurrido, por no decir prácticamente lleno.

Detrás de la barra y hacia la derecha (en el mismo sentido en que entramos) hay un pequeño mostrador con panificados para servirse uno mismo, y hacia un costado está la cocina, donde se pueden pedir platos calientes que el personal prepara y sirve allí mismo.

Más allá de la cocina hay un rincón con una máquina expendedora de gaseosas. Frente a todo este espacio alargado hay un salón angosto donde se disponen varias mesas para degustar todas estas cosas. Al extremo del salón están los baños.

Si vamos hacia el otro lado de la barra (es decir si al ingresar encaramos hacia la izquierda y pasamos más allá de la barra) nos encontramos con otra sala separada, donde en lugar de mesas hay dispuestos unos cubículos individuales con sillones mucho más cómodos, aunque en algún punto te hacen sentir algo encerrado.

Estos cubículos simulan un asiento de avión de Business Class y cuentan con una pequeña mesa al mejor estilo pupitre, tomas corrientes normales y con conexión USB y un gancho de donde colgar el saco o abrigo. Espacio dónde dejar el equipaje de mano no hay, así que habrá que ingeniarselas como para no molestar al de al lado, o al que pasa en caso de que no estemos en uno de los extremos de la hilera. Apoyar un vaso de algo y trabajar en una laptop a la vez será realmente una tarea de cuidado (no sea cosa que en un mal movimiento tiremos el vaso sin querer, o pero aun, la computadora termine estrellada en el suelo).

Todos los servicios dentro del VIP son gratis con el acceso de Priority Pass, incluido el wifi, aunque el servicio de free wifi del aeropuerto es tan pero tan bueno que tomarse el trabajo de loguearse en el del Plaza Premium no tiene mucho sentido.

Mi idea era aprovechar el tiempo muerto en el aeropuerto para trabajar un poco y preparar lo que tendría que presentar en las reuniones de Miami, pero siendo sincero la idea de entrar al vip era hacerlo con comodidad. Esto funcionó en cuanto a la tranquilidad del lugar y a poder disfrutar de una cerveza fria sin pagar un peso (ok, un dólar canadiense), pero el espacio es muy reducido y hay que maniobrar con cuidado e incluso así se corre riesgo de patear a algún vecino sin querer, así que lo que se dice comodidad, no es un fuerte de esta sala.

Llegamos al pie de la roca: Conocemos Bernal y su peña.

San Sebastian Bernal es un pequeño pueblo del estado de Querétaro famoso por una particularidad que se puede ver a simple vista y desde bien lejos, incluso kilómetros antes de llegar hasta el poblado…

Con casi 300 metros de altura la peña de Bernal (palabra que quiere decir justamente eso: peñón o piedra grande), resalta a lo lejos y es el símbolo y mayor atractivo de este pintoresco pueblo. Es famoso mundialmente por tratarse del tercer monolito más grande del mundo, después del Peñón de Gibraltar primero, y el Pan de Azucar de Río de Janeiro en Brasil, después.

Por supuesto que semejante formación de piedra es toda una tentación para los aventureros, pero subir hasta su cima no es tarea fácil. Al pie del mismo se puede ascender ya sea en auto o a pie, y a partir de allí se deberá seguir por los senderos, pero la parte difícil viene en los últimos metros, los cuales deben ser escalados y para ello se recomienda el uso de equipamiento acorde, aunque los moradores de este lugar suelen subir sin más ayuda que sus propias manos.

En la punta de la piedra, que no es otra cosa que lava solidificada, se puede observar una cruz que, según creen los locales, los protege de que pase algo. Es por eso que sólo se aventuran a llegar a la cima cuando la cruz está en su lugar, creencia que nació cuando durante un festejo del pueblo se bajó la cruz para realizar la procesión. Con la insignia paseando por las calles un joven se aventuró en la peña y encontró la muerte luego de caer desde lo alto. Hoy en día los lugareños siguen yendo a buscar la cruz para bajarla durante las fechas clave, pero como consecuencia de lo sucedido se ha emplazado a su lado un monolito con una cruz más pequeña. Esta es la que resguarda a la gente mientras la cruz principal está abajo.

Y como siempre que hay piedras, además de treparla se puede jugar a buscar formas en ellas. Así es como están, dependiendo de la hora del día y el lugar desde el que se mire, los que ven a la tortuga o algún otro animal, aunque yo me quedo con el elefante que me parece la geoforma más clara, al menos en el momento de nuestra visita.

Bernal, además de ser un Pueblo Mágico, es extremadamente tranquilo y tamaña piedra levantándose sobre sus techos no le quita serenidad. De tan pequeño se lo puede recorrer fácilmente a pie en un par de horas.

Uno de los puntos que se deben visitar en su centro es el templo de San Sebastián Bernal, ubicado en la plaza principal y construido entre el 1700 y 1725. Las iniciales “TA” en el arco de su puerta remiten a Tiburcio Angeles, quién se convirtiera en su benefactor al cambiarle el techo, entre otras mejoras.

Otra iglesia que se puede visitar es el Templo de la Santa Cruz, de gran importancia ya que es el punto de reunión que convoca a los habitantes de la villa cada 3 de mayo para partir desde allí hasta la pequeña capilla que se encuentra en lo alto de la peña. Pero la más misteriosa sin dudas es la Capilla de las Ánimas, a la que nosotros no pudimos llegar, pero afortunadamente ese no fue el caso de un comerciante que vivió en este lugar en el siglo XVII o el XVIII, quién perseguido por unos ladrones llegó hasta el lugar y se escondió en los arbustos, en una época en la que no había más que eso, y al encomendarse a las almas del purgatorio logró evadir a sus perseguidores. En agradecimiento, luego del evento, este comerciante volvió y levantó la capilla que aún hoy en día se puede visitar.

Por supuesto que siendo el gran atractivo del lugar, la misma peña convoca a gente de otras regiones de México y del mundo entero, en especial a aquellos que gustan de practicar la escalada en roca. Los que quieran subir hasta la cima deben tener en cuenta, por supuesto, llevar calzado cómodo y apto para la actividad, y en segundo lugar que si pretenden llegar a la cima, los últimos metros son de ascenso vertical siendo necesario el equipo y el conocimiento para hacerlo, o bien ir acompañados de un guía.

No estarán demás un par de recomendaciones a la hora de llegar hasta Bernal. Hay que tener en mente que en el pueblo no hay bancos, apenas un sólo cajero automático que probablemente agote su stock de forma rápida. Como no son muchos los comercios que aceptan tarjeta de crédito, esto puede convertirse en un problema. En segundo lugar algo importantísimo: un postre muy tradicional en esta zona es el helado de cactus, así que seguramente esté quién te recomiende la experiencia. Mi opinión, estrictamente personal, es que no es “intomable” pero mejor gastá tus pesos en otro gusto menos autóctono quizá pero con más sabor.

Por último hay que mencionar que hasta este lugar llegamos con la excursión de la Ruta del Vino y del Queso, desde Querétaro. Por ende es una zona de viñedos que por supuesto pueden ser visitados, como es el caso de la Finca Sala Vivé. Es un detalle que los que gusten de los vinos y en particular de degustar nuevas variedades y sabores, no deben perder de vista.

Todo, por supuesto, bajo la celosa mirada de la imponente Peña de Bernal.

Una noche en el Hotel Doble Tree by Hilton Toronto Airport West.

Con sus caracterísiticos dos pinos al frente que hacen honor a su nombre, el Doble Tree by Hilton Toronto Airport West Hotel es un lindo alojamiento cerca del aeropuerto, ideal para hacer una noche antes de emprender el regreso a casa, aunque como suele pasar con los hoteles de aeropuertos es bastante básico.

La habitación es pequeña pero bien organizada y se las arregla para albergar una mesa ratona con un cómodo sillón, un escritorio que a lo largo termina en una cajonera donde se guarda la ropa y sobre la cual hay dispuesta una TV enorme, casi diría desproporcionada. Dentro del armario se encuentra la caja fuerte.

Como se ve en la foto la habitación es realmente muy luminosa, algo que particularmente a mi me encanta. El baño es pequeño aunque uno se puede manejar bien, sin chocarse con las paredes. Un detalle: hay jabón en pan tanto para el lavabo como para la ducha. Con respecto a esta última hay que tener en cuenta que las canillas están marcadas al revés (la fría como caliente y viceversa) y una incomodidad: el gancho para colgar la toalla está en la puerta, con lo cual no hay forma de alcanzarlo sin salir de la ducha. La limpieza, aunque mucho no pueda evaluar en una estadía de apenas una noche, era buena.

El staff del hotel es realmente muy atento y se muestran siempre dispuestos a resolver cualquier inconveniente. Me pasó a mi cuando necesité gestionar un late checkout sin costo, para lo cual no tuve ningún tipo de problema; y le pasó a la señora que estaba ingresando antes que yo, que no se qué cuestión tuvo con la reserva y finalmente, luego de un rato, se lo resolvieron. Mientras tanto yo esperaba detrás, degustando la galletita que me habían convidado en la recepción.

El hotel cuenta con un bar y restaurante, que demás del salón al lado del hall de recepción tiene un lindo patio que en días de sol y calor se puede aprovechar.

La principal ventaja del Double Tree radica sin lugar a dudas en su ubicación con respecto al Aeropuerto Internacional de Toronto, desde y hacia el cual tiene un servicio de shuttle gratuito. Sin embargo si uno pretende visitar la ciudad esto puede convertirse en un problema ya que viajando en transporte público se tarda más de hora y media; y en caso de optar por tomar un Uber el costo ronda los CAD 42 sólo de ida, así que hay que calcular otro tanto para la vuelta. Resulta interesante entonces la opción del estacionamiento con el que cuenta el hotel, ya que quizá alquilar un auto sea buena idea.

Apenas una noche y en inmediaciones del aeropuerto. Aunque me sirvió para spottear (y ya publicaré el post con todas las fotos tomadas en la cabecera de YYZ), me quedó pendiente conocer la ciudad. Excusa más que válida para en algún momento volver a Canadá.

Visitamos la Finca Sala Vive para probar sus espumosos.

La excursión en sí se llama “La Ruta del Vino y del Queso” así que si había algo que estaba claro era que íbamos a probar algo de todo eso. Así salimos a la ruta desde la ciudad de Querétaro para llegarnos hasta la Finca Sala Vive, famosa en todo el mundo por sus espumosos.

De propiedad de la familia Freixenet, esta bodega cercana a San Sebastián Bernal cuenta con 50 hectáreas plantadas en su Viña Doña Dolores donde producen la uva tanto para las variedades blancas como para las tintas. Además cuenta con una enorme cava a 25 metros de profundidad que mantiene las condiciones ideales de temperatura y humedad.

Se trata de una empresa familiar de origen catalán que nació a fines del Siglo XIX por la unión de dos familias íntimamente ligadas a la industria vitivinícola. El casamiento de Pere Ferrer y Dolores Sala marcó el inicio de este emprendimiento que hoy tiene reconocimiento mundial, especialmente por sus espumosos elaborados bajo el método tradicional de la champaña francesa.

La bodega que pudimos visitar en México es una de las 18 que la familia tiene distribuida en 7 países diferentes, y aquí además de los espumantes se producen variedades de vino tinto y blanco.

El establecimiento maneja también diferentes tipos de vinos, como ser los más jóvenes, los que se añejan en barricas y, por supuesto, los espumosos. Lo que se llama la “crianza” de estos vinos se da en la cava subterránea a la que se tiene acceso por una larga y delicadamente iluminada escalera.

Allí abajo, en un ambiente especialmente cuidado, se podrán encontrar tanto barricas como botellas cuidadosamente dispuestas en posición horizontal y alejadas de la cualquier fuente de luz que pudiera influenciarlas nocivamente.

Bajo tierra también se ubica la cava privada de la familia Ferrer que contiene botellas de vinos seleccionados guardadas desde 1996, una por cada año de cosecha. Así como se los ven, cubiertos de polvo y casi abandonados, estos recipientes contienen litros del mejor líquido que la finca haya producido, esperando quizá para ser abiertos en alguna ocasión más que especial.

Vedado tras las rejas, el recinto puede utilizarse también para algún evento de gran importancia.

Pero como decíamos antes, la estrella del lugar es el vino espumoso, elaborado bajo los más estrictos y tradicionales estándares. En realidad no se trata ni más ni menos que de un vino común al que, una vez embotellado, se le agregan levadura y azúcar para lograr una segunda fermentación y la producción de las tan ansiadas burbujas.

Quienes gusten de este tipo de bebidas tendrán que pasar por la Finca Sale Vive casi obligadamente. Si van por su cuenta las visitas pueden agendarse a través de la página web de la bodega, e incluso hay varias opciones de tours para realizar, según el gusto e interés de cada uno, que hasta incluyen la posibilidad de pasear en carruaje por los viñedos.

Y claro que si sólo quieren probar, pueden optar por una degustación. Eso sí, tengan en cuenta que el precio de la visita guiada ya la incluye, y que además te llevás la copa de recuerdo.

Así que, sin mucho más que agregar, ¡Salud!