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De tránsito en Miami: Una noche en el Hilton Garden Inn

Con una enorme cantidad de frecuencias diarias operadas por varias líneas aéreas desde Argentina, el Aeropuerto Internacional de Miami es un hub importantísimo para los argentinos que viajen tanto a Estados Unidos como a otros países. Normalmente una hace la espera entre vuelo y vuelo dentro del aeropuerto, pero en ocasiones es necesario (o saludable) salir y pasar la noche afuera, Fue mi caso en el último viaje que hice, donde salí para dormir en el Hilton Garden Inn.

Ubicado en el área del aeropuerto (donde realmente abundan los hoteles) el Hilton Garden Inn es una opción correcta a la hora de pasar una corta estadía. Por supuesto que tiene su servicio de shuttles desde y hasta el aeropuerto, que busca pasajeros de la puerta 6 en adelante. Lo único que hay que hacer es llamar al hotel cuando un llega e indicarle al personal de recepción en dónde se está.

La habitación es amplia y la cama king size es super cómoda. El armario cuenta con tabla y plancha, así que está muy bien para viajes de negocios donde en general es necesario tomarse un tiempo para sacarle las arrugas a las camisas después de desarmar la valija. El punto en contra: no tiene caja fuerte.

En cuanto a confort en la habitación cuenta con cafetera y microondas. La heladera está vacía, así que habrá que aprovisionarse afuera, lo que normalmente resulta bastante más barato que consumir del frigobar. Las aguas son de cortesía.

El escritorio es de tamaño normal tirando a pequeño, pero funcional, con lámpara y toma corrientes al alcance de la mano, que además cuentan con conexión USB por lo que no es necesario ocupar uno convencional para recargar la batería del celular. El servicio de wifi está incluido en la estadía y funciona muy bien.

Por último revisamos el baño, que si bien es chico está muy bien distribuido y resulta cómodo. La ducha funciona muy bien, aunque tiene el detalle de que hay que dejarla correr bastante para que el agua salga caliente. En una sola noche no podría decir demasiado al respecto, pero en líneas generales la limpieza es muy buena.

El hotel cuenta con restaurante que funciona hasta las 10 PM y los que estén de paso y con las horas contadas para recuperar fuerzas antes de emprender el siguiente tramo del viaje lo agradecerán enormemente. En especial si consideramos que la comida es buena y el precio accesible.

Adentrándonos en detalles, una de cal y otra de arena. El punto positivo es la piscina al aire libre, que por supuesto en apenas unas horas no pude aprovechar, pero que se la veía con mucho movimiento. El negativo tiene que ver con el aire acondicionado en la habitación, ya que en Miami es un punto fundamental, y si bien anduvo muy bien tiene la deficiencia de ser muy ruidoso y convertirse en una verdadera molesta para dormir. Si no hace mucho calor, en friar bien la habitación antes y luego directamente apagarlo antes de acostarse será una buena idea.

Y la frutilla del postre es la ubicación del hotel, a sólo 15 minutos del aeropuerto y alineado con una de sus pistas, por lo que los aviones pasan justo encima de uno durante su aproximación, permitiendo sacar fotos como la de arriba. Ideal para spotters escasos de tiempo que no puedan moverse hasta alguno de los puntos más cercanos al aeropuerto, o para quienes gusten seguir gatillando sus cámaras en todo momento, incluso recostados en la cama de su habitación.

Visitamos las impresionantes Pirámides de Teotihuacan, en México.

Un imperdible indiscutible cuando uno está de visita en la Ciudad de México es conocer la Ciudad Prehispánica de Teotihuacán, ubicada a unos 50 kilómetros de la capital, en lo que es el Estado de México.

El origen de esta sorprendente metrópoli es aún motivo de estudio por parte de los especialistas. Ya al momento en que llegaron los españoles “el lugar donde fueron hechos los dioses” (tal el significado del nombre) había sido abandonada por sus antiguos moradores hacia largo tiempo atrás. Tal es así que, si bien el vocablo Teotihuacán fue utilizado por los mexicas, no se sabe cómo denominaban a la ciudad los pueblos que en su momento la habitaron.

Lo que sí está claro es que con una población de unos 100.000 habitantes en su momento de mayor esplendor esta ciudad supo ser de las más grandes e importantes de la antigüedad. La evidencia encontrada en las excavaciones indican que este era un centro de poder político, económico y religioso, y que incluso realizaba actividades de comercio con puntos lejanos, como ser por ejemplo la Rivera Maya o mismo Tikal, en Guatemala.

Hoy en día los visitantes pueden recorrer las impresionantes estructuras de la ciudad, en las que resaltan la Pirámide del Sol y la de la Luna. Ingresando por La Ciudadela, en el extremo opuesto, se puede acceder a una plaza donde la protagonista es la Pirámide de la Serpiente Emplumada, figura realmente relevante en las culturas prehispánicas americanas como ya vimos en nuestra visita al Museo de Antropología de CDMX.

Luego se podrá transitar la famosa Calzada de los Muertos, la avenida principal de la ciudad que lleva desde un extremo hasta el otro, para desembocar en la Pirámide del Sol. A lo largo de este recorrido se pueden observar diferentes conjuntos de pequeñas construcciones, algunas exhibiendo diferentes pinturas murales en sus paredes. Si bien el gran atractivo está más adelante, es muy recomendable tomarse un momento para conocer un poco más en detalle el complejo de Edificios Superpuestos o la Plaza Oeste con sus piletones, a ambos lados de la calzada.

Finalmente se llega primero a la Pirámide del Sol, hacia la derecha de la Calzada de los Muertos. Se trata del edificio más imponente de la metrópoli y por supuesto el más alto, con sus 63 metros que la hacen identificable incluso a grandes distancias. Debajo de semejante estructura se ha descubierto una gruta que, se cree, podría haber sido una tumba real. Sin embargo, hasta el día de hoy los científicos no han podido dar con el verdadero significado de la pirámide más importante de Teotihuacán.

La Pirámide de la Luna por su parte fue construída en siete etapas y tiene una altura de 45 metros. Debe su nombre a la diosa del agua Chalchiutlicue, íntimamente ligada con la luna, cuya escultura fue hallada al pie de la construcción y a la que se dedicó el templo ubicado en lo alto. Si bien a simple vista parece más alta que su vecina, esto se debe únicamenta a que está construida en un terreno más elevado.

Los visitantes pueden subir a ambas estructuras, lo cual es casi una actividad obligada cuando un está allí. Algo clásico es llegar a la cima de la Pirámide del Sol y sacarse una foto con la de la Luna de fondo, y viceversa. Eso sí, habrá que tener cuidado ya que los escalones son altos y empinados. De gran ayuda será la soga que las autoridades dispusieron a lo largo de la escalinata, especialmente a la hora de bajar.

Finalmente, a un costado de la Plaza de la Luna y tras subir una escalinata uno ingresa en el Palacio de Quezalpapálotl, que se supone era la residencia de los sacerdotes de Teotihuacán. A diferencia del resto de la ciudad, esta construcción presenta vivos colores que llaman la atención, y columnas talladas con formas de plumas de Quetzal que le dan su nombre.

Un detalle con respecto a la visita es que dentro de la ciudad prehispánica, sin llegar a ser una presencia avasallante, hay varios vendedores ambulantes que ofrecen diferentes tipos de recuerdo. Bien vale la pena llevarse alguno de estos artículos de un lugar tan emblemático, pero hay que tener en cuenta que el precio que ofrecen al primer momento no es nunca el real. Es cuestión de negociar y contraofertar hasta llegar a un número definitivo en el arte del regateo.

Otros consejos importantes a tener en cuenta: la recorrida es larga, hay mucho para caminar, y una buena cantidad de escalinatas para subir y luego volver a bajar. Fundamental llevar calzado y ropa cómoda, apta para este tipo de actividad. Y por supuesto no hay que olvidarse de una gorra para cubrir la cabeza del sol y lentes oscuros.

Y mucha precaución al subir las pirámides.

Por último, para quienes están interesados es recomendable también realizar la visita con la ayuda de un guía del Instituto Nacional de Antropología e Historia que regentea el lugar. De esta forma podrán enterarse de detalles que no están incluidos en la cartelería (que por otro lado es muy poca) y consultar aquellas dudas que les surjan sobre la historia y la vida en esta ciudad de la antigüedad.

El Parque Nacional Tikal: La impresionante ciudad maya de Guatemala.

Las leyendas sobre la “ciudad perdida” siempre habían estado en el saber popular guatemalteco pero fue en febrero de 1848 cuando el gobernador de Petén, Ambrosio Tut, notó lo que le parecieron cúpulas de edificios que sobresalían de la selva. Enseguida corrió a avisarle al corregidor y fue entonces que junto a Modesto Mendez descubrieron oficialmente a Tikal.

La Ciudad de las Voces (tal el significado de su nombre) había permanecido escondida por la selva durante siglos desde que los mayas la abandonaron abruptamente. Hoy sabemos que Tikal es el asentamiento preshispánico más extenso de Guatemala, y habiendo sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, es uno de los puntos turísticos más importantes del país centroamericano, y un imperdible para todo aquél viajero que lo visite.

Ubicado en el municipio de las Flores, departamento de Petén, y a algo más de 500 km desde la Ciudad de Guatemala, el viaje hasta Tikal es largo pero vale la pena. Con una superficie de unos 576 km2, de los cuales se han investigado apenas 16, se trata del sitio arqueológico más grande del continente americano y es absolutamente fascinante. Aun cuando falta mucho por descubrir en este enorme predio y recorrerlo en su totalidad en un sólo día es imposible, puedo decir que nuestra recorrida no estuvo nada mal.

Iniciamos la caminata en el Centro de Visitantes desde donde nos dirigimos hacia la Gran Plaza, el corazón de la ciudad y punto en el que se levantan sus edificios más relevantes. Allí se encuentra el Templo del Gran Jaguar, que con sus 45 metros de altura está orientado hacia el oeste, de cara a la puesta del sol. Al frente, en el extremo opuesto de la plaza, se levanta el Templo II, también conocido como Templo de las Máscaras, construido cerca del año 700 por el gobernante Jasaw Chan K’awiil I, como monumento mortuorio para su esposa. A este templo se puede subir por una escalera instalada en su parte posterior para obtener una espectacular vista aérea de la Gran Plaza.

Si uno se aventura hacia atrás de este edificio rápidamente llegará al Templo del Sacerdote Jaguar, que se supone perteneciente a la última fase de construcción de la ciudad, allá por los alrededores del año 810. Alejándonos en dirección opuesta a la Gran Plaza por la Calzada Tozzer llegaremos finalmente al más cinematográfico de los edificios de Tikal. En un extremo de la metrópoli, el Templo IV, conocido también como el de la Serpiente Bicéfala, fue escenario de la película El Ogro. Sin embargo sería en 1977 cuando le llegaría la fama mundial. Con sus 70 metros de altura, el Templo IV es el más alto de la ciudad y esto permite tener una vista fascinante del resto de las construcciones, con sus cúpulas sobresaliendo de la espesura selvática. Esa misma vista es la que fascinó a George Lucas, y es la que puede admirarse en una de las escenas de Star Wars, Episodio IV (una de las tres películas originales de la trilogía). Quienes la hayan visto, quizá recuerden este escenario.

Por supuesto que los mayas practicaban aquí también sus actividades astronómicas, como ya había quedado patente cuando visitamos la ciudad de Chichén Itza, a cuyo post accedés haciendo click aquí. En el caso de Tikal encontramos a la Gran Pirámide, de aproximadamente 32 metros de altura y fácil acceso por sus escalinatas dispuestas en los cuatro lados. Junto con la Plataforma Este formaba un conjunto de observación astronómica.

También en esta ciudad el juego de pelota era una actividad importante y tenía lugar en la Plaza de los Siete Templos, en cuyo extremo norte había tres patios para practicarlo. Este grupo de estructuras debe su nombre a los siete templos alineados uno detrás del otro, de norte a sur, donde el central es el de mayores dimensiones.

Como  ya hemos dicho, recorrer la ciudad entera llevará más de un día, en particular porque hay puntos que están muy distantes de la Gran Plaza, por lo que llegar hasta ellos requerirá una larga caminata. Por eso, para los que estén interesados y dispongan del tiempo, lo mejor será dividir la visita en dos días. De disponer de sólo uno, como era nuestro caso, lo más recomendable es restringir la recorrida a los puntos mencionados en este post, que son los más interesantes.

Claro que por más restringida que sea la visita, siempre llevará del día completo y habrá que tener algunas precausiones. Fundamental un gorro para cubrir la cabeza, lentes oscuros y protector solar porque el sol pega realmente fuerte. Tampoco hay que olvidar el repelente de insectos y, por supuesto, agua, mucho agua. Si bien hay puntos donde comprar, siempre es bueno llevar una mochila con líquido e incluso, una vianda liviana.

Las ruinas de Tikal son un lugar para disfrutar. Se las puede andar e incluso a las que están habilitadas se puede subir. Una excursión imperdible que te hace volver siglos en el tiempo. ¡A no perderselá!

 

 

La Casa Azul de CDMX: El Museo donde nació y murió Frida Kahlo.

No hace falta ser un amante de la pintura y el arte para saber que una de las figuras más relevantes de México es la pintora Frida Kahlo. Esposa del también genial Diego Rivera, sobre cuyo mural más famoso hablamos en este post al que accedés clickeando este link, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón nació en julio de 1907 y tuvo una vida marcada por el sufrimiento y la tragedia. A la corta edad de 6 años contrajo poliomielitis y cuando tenía 18 sufrió un tremendo accidente que definiría el resto de su vida: El autobús en el que viajaba fue embestido por un tranvía que prácticamente lo destruyó. Frida sufrió múltiples fracturas el la columna vertebral, piernas, costillas y otras partes de su cuerpo, y un pasamanos la atravesó de forma tal que nunca podría concebir un hijo.

Alentada por sus padres, desde pequeña Frida comenzó a pintar, actividad que de seguro fue potenciada cuando comenzó a relacionarse con otros artistas, en especial el ya nombrado Rivera, con quién se casó en 1929. Los temas que inundan su obra artística están íntimamente relacionados con sus experiencias de vida y podrían resumirse en dos palabras: autorretrato e infertilidad. Gran parte de sus pinturas giran en torno a alguna de estas dos temáticas, mezcladas con la gran energía llena de vitalidad que siempre la caracterizó.

Ubicada en Coyoacán, uno de los barrios más antiguos de CDMX, la Casa Azul fue su lugar, allí donde nació y donde murió, ya que a pesar de haber vivido con su marido en varias ciudades (incluidas las de Estados Unidos), Frida siempre volvió a su casa natal, que cuatro años después de su muerte fuera convertida en museo.

Aquí se exhiben, obviamente, obras de Frida, incluyendo una de las más famosas “Viva la Vida”, y algunas inconclusas en las cuales, a pesar de no estar terminadas, uno puede detectar las características de la pintura de Frida. Además se muestran esculturas, fotografías y hasta una colección de vestidos que pertenecieron a la artista.

Sin embargo quizá una de las cuestiones más interesantes sea la posibilidad de entrar en la intimidad de Frida y Diego. Este era el lugar donde vivían y donde creaban, y así puede sentirse al recorrer las habitaciones, entre las cuales se destacan la cocina, las recámaras (casa uno tenía la suya), y el taller donde Frida se abstraía y pintaba. Allí pueden verse aún hoy los elementos que usaba para plasmar sus ideas en un cuadro.

Pero además la Casa Azul guarda historias. Los artistas no siempre estuvieron solos entre estas paredes. Expulsado de la ex URSS por Stalin, quien tomara el poder luego de la muerte de Lenin, el intelectual revolucionario León Trotsky llegó a México en el año 1937 luego de que Diego Rivera intercediera por él ante el presidente Lázaro Cárdenas. Frida y Diego ofrecieron su casa a Trostsky y su esposa, quienes vivieron allí durante 2 años.

Durante años la casa guardó también secretos. Antes de morir Diego le pidió a su amiga Dolores Olmedo, presidente del fideicomiso que administraba el museo, que por un lapso de 15 años no se abrieran ciertos cuartos del inmueble. Sólo con la muerte de Dolores, en 2004 las nuevas autoridades del fideicomiso decidieron abrir los baños y las bodegas que habían permanecido cerrados hasta aquél momento. Así vieron la luz borradores y bocetos de obras de la pareja, y hasta uno de los aros que Pablo Picasso le regalara a Frida, y que se creía perdido.

Para visitar el museo habrá que considerar algunos destalles. Para tomar fotos se requiere un permiso especial que se puede comprar en el lugar. Pero el detalle es que, sindo uno de los museos más visitados de México, las colas en la puerta suelen ser largas, por lo que les recomiendo sacar los tickets por internet con anticipación, ya que además por razones de conservación hay cupos diarios de ingreso.

Y ahora sí, a disfrutar de la obra de Frida, en su propia casa.

Antigua Guatemala, la hermosa ciudad donde el tiempo se detuvo.

Con apenas algo más de 100.000 km2, Guatemala es un país pequeño de Centroamérica, pero la realidad es que lo que tiene de chico lo tiene también de interesante para el turismo internacional. Son muchas las cosas que el visitante puede hacer y conocer, y seguramente una de las más atractivas sea subirse a una máquina del tiempo y viajar hasta Antigua Guatemala.

Y si bien, obviamente, lo de la máquina del tiempo es una metáfora, cuando uno llega parece no distar demasiado de la realidad. Santiago de los Caballeros de Guatemala es una ciudad donde el tiempo parece haberse detenido a juzgar por sus construcciones coloniales del Siglo XVI, algunas de ellas aún en ruinas, lo que le da un inusual aspecto de veracidad. Allí, entre calles empedradas, todo parece autóctono. Y de hecho, lo es.

Fundada el 10 de marzo de 1543 la ciudad fue proclamada capital de la Capitanía General de Guatemala hasta el año 1776, momento en que los terribles terremotos de Santa Marta la destruyeron casi por completo por tercera vez en menos de un siglo. Esto determinó que se decidiera mudar la capital a la actual Ciudad de Guatemala, y que Antigua fuera paulatinamente abandonada por autoridades reales, municipales e incluso por las eclesiásticas.

Hoy en día Antigua Guatemala es la capital del departamento de Sacatepéquez y un destino turístico por excelencia. Se trata de una ciudad renovada en parte (ya que muchos edificios aún se mantienen en ruinas desde aquella época), pero que mantiene sus raices, arquitectura y cultura originales. En pleno siglo XXI allí se respira un aire que parece salido del 1500 y caminar por esas calles causa una sensación particular, difícil de describir en palabras.

Si hablamos de cultura tenemos que tocar el tema de sus leyendas, por supuesto. La ciudad está virtualmente dividida en cuatro áreas, cada una de las cuales es escenario de una historia distinta. En nuestro caso nos tocó estar alojados relativamente cerca del parque Tanque La Unión, con sus piletones donde la gente solía lavar la ropa, y lugar predilecto de La Llorona.

Según cuenta la leyenda se trató de una mujer de alta sociedad que tuvo un amorío prohibido con un peón de su hacienda, producto del cual nació su hijo ilegítimo. Arrepentida de haber engañado a su marido, la mujer terminó ahogando a su propio hijo en las aguas del río, y por esto fue condenada a vagar por toda la eternidad en las cercanías de los lugares donde hay agua, al grito de “¡Ay, hijo mío!”. La Llorona, vestida de luto o de blanco, se le aparece a los hombres solitarios para quitarles el alma, y la forma de evitarlo es que una mujer te tome de la mano. Se dice que si eschuchás su voz cerca, en realidad La Llorona está lejos, y viceversa. Como sea, si la escuchás corré con todas tus fuerzas para salvar tu alma.

Esta leyenda tiene su contraparte en la del Sombrerón, personaje masculino que camina por los barrios de Antigua Guatemala de noche en busca de jóvenes hermosas de cabello largo a quienes enamorar. Caer rendida ante los encantos del Sombrerón significarán la muerte de la mujer en cuanto el espectro le haga una trenza en el cabello, por lo que cuando uno sospecha de su cercanía, el mejor remedio es cortarle el pelo a la muchacha en cuestión. Además de a las mujeres jóvenes, el Sombrerón suele atacar también a las mulas y caballos, que comienzan a ser agresivos. Si se le encuentran las crines trenzadas, el animal ha sido tomado y ya no sirve más para el trabajo.

No solo de leyendas mitológicas está hecha Antigua Guatemala. Con tantos años encima, incluyendo terremotos y erupciones volcánicas, y habiendo sido capital del país durante más de un siglo, la historia está siempre presente en cada rincón de la ciudad. Son muchos los edificios y lugares que el turista puede visitar, incluidos algunos que están semidestruidos. En especial templos y edificios de índole eclesiástico que en la época de esplendor tenían gran importancia y abundaban en la metrópoli.

Sin lugar a dudas el símbolo por excelencia de la ciudad centenaria es el Arco de Santa Catalina. Este pintoresco puente une el edificio original del Convento de Santa Catalina Mártir con el que se encuentra justamente enfrente, adicionado a la institución ante la necesidad de albergar a más monjas que las originalmente previstas. Como se trataba de un convento de clausura, donde las religiosas no podían tener contacto ni ser vistas desde el exterior, se solicitó autorización para cerrar la calle y así unir los dos edificios, pero por supuesto esto fue denegado por las autoridades de la época. En reemplazo del cierre, se les concedió el permiso para construir un puente sobre la calle, por el cual las religiosas podrían moverse de un lado a otro respetando siempre sus votos.

La calle del arco es también la más transitada de la ciudad y en ella se pueden encontrar gran cantidad de locales de comida, regionales y el mercado de artesanías, muy recomendado para quienes quieran llevarse un recuerdo a casa.

Y por supuesto, un imperdible de Antigua Guatemala es la foto aérea de la ciudad desde el Cerro de la Cruz, al que se puede acceder en auto o incluso a pie. La vista del atardecer en ese lugar debe ser impresionante, pero la verdad es que por cuestiones de seguridad no es aconsejable subir en esas horas en que la luz comienza a irse. La foto de la ciudad a pleno sol es más que suficiente.

Patrimonio Cultural de la Humanidad según la UNESCO desde 1979, Antigua se encuentra a 40 kilómetros de la ciudad capital. Es un punto obligado para visitar cuando uno llega a este cordial país centroamericano y mi sugerencia es que se tomen al menos tres días para recorrerla con tranquilidad, visitando sus lugares históricos y quizá, por qué no, haciendo una excursión a alguno de los volcanes cercanos, entre los que se incluye al temible Volcán de Fuego.