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El Museo Regional de Querétaro.

Con sus características paredes color naranja ladrillo combinadas con columnas amarillas, el Museo Regional de Querétaro se ubica en el edificio que alguna vez fuera el antiguo Convento Grande de San Francisco construido en el Siglo XVI, la primera construcción religiosa de la ciudad y que incluso funcionara como catedral de la misma entre los años 1865 y 1922.

Los misioneros que construyeron y habitaron este convento formaban parte de la orden fundada por Francisco de Asís, que los llamaba hermanos menores frailes menores pues su propósito era que dieran ejemplo de humildad y pobreza. Así es como los franciscanos iban de pueblo en pueblo predicando, despojados de todo bien material y pidiendo limosna para garantizar su subsistencia.

El convento, conocido en su momento también como “La Gran Ciudadela” era una construcción realmente enorme, que abarcaba zonas mucho más amplias que las que tiene actualmente. La actual Plaza Constitución era en su momento la huerta, mientras que por su lado el atrio en un momento de la historia se transformó en el Jardín Zenea. Sin embargo, el dato más curioso sea quizá el del Gran Hotel, levantado donde antiguamente se ubicaba el cementerio del convento. Lo curioso es que, según se cuenta, el nuevo dueño del terreno no se molestó en limpiarlo antes de construir el hotel, por lo que el mismo se emplazó directamente encima de las tumbas. No es de extrañar, entonces, que se cuente que por la noche cuesta dormir en aquellas habitaciones debido a los ruidos extraños que se escuchan entrada la noche.

Con el correr del tiempo el edificio tuvo diferentes usos entre los que se destaca el que se le dio durante las Guerras de la Reforma: en aquellas épocas funcionó como cuartel militar. En 1928 el gobierno toma poseción del inmueble para establecer allí el Museo de Arte Religioso Colonial y una Escuela de Artes y Oficios; y finalmente en el año 1935 se lo destina a su uso actual como sede del Museo Regional.

Hoy en día pueden visitarse allí diferentes salas abiertas al público, entre las que se destacan la Sala Querétaro Hispánico con detalles de las culturas precolombinas que habitaron esta zona del territorio mexicano antes de la llegada de los españoles, y la Sala del Sitio, dedicada particularmente al convento que la alberga, contando los detalles de su construcción, su historia y la importancia que tuvo para la ciudad.

Para nuestra visita fue una desilusión que en ese momento no se pudieran visitar las salas dedicadas al Querétaro Virreinal y a la Historia Mexicana, ya que al menos para mi eran de las más interesantes y las que motivaban de alguna forma la visita, pero esos cierres eran temporales por lo que si alguno pasa por el museo seguramente ahora pueda conocer estas salas también.

Lo que sí me hizo agua la boca fue el inventario de la Segunda Librería del convento, expuesta en un cuaderno abierto cuyas páginas registran en letra manuscrita los diferentes libros que había en existencia.

Ubicado en pleno centro histórico de la ciudad, la entrada al museo en su momento costaba MXN 60 por persona, pero entiendo que si todas sus salas están accesibles, bien vale la pena pagar el precio. Se lo puede visitar de martes a domingos, entre las 9 y las 18 horas.

El Hotel Camino Real de Antigua Guatemala.

Como parte de una jornada laboral, en febrero pasé una semana en la ciudad de Antigua Guatemala, que por supuesto tendrá sus posts próximamente, y dentro de ella alojándome en el hermoso Hotel Camino Real, un 4 estrellas de estilo colonial ubicado a sólo un par de cuadras de la plaza principal, en una ciudad que amerita ser caminada a pie más que andada en cuatro ruedas.

El hotel en sí, además de su vistosa arquitectura colonial y su larga calle de acceso, tiene una estructura totalmente novedosa. El acceso al área de habitaciones se realiza atravesando una reja que abre únicamente con la llave magnética que te entregan al hacer el checkin. A partir de allí se ingresa a una serie de pasillos y jardines al aire libre, muy bien pensados y cuidados, a lo largo de los cuales están dispuestas las distintas habitaciones. Esto ya le da un aire diferente a la estadía, lejos de los clásicos pasillos alfombrados y a veces mal iluminados que encontramos usualmente en cualquier hotel.

Si bien las habitaciones dan a pasillos y galerías, y por tanto se supone que la iluminación natural debería ser muy buena, el cuarto que me tocó a mí en particular estaba en el extremo de la construcción, en un rincón, por lo que uno podía ver claramente la luz del sol pegando en las plantas del jardín desde la ventana, pero difícilmente esa luz llegaba a ingresar plenamente en la habitación. Por lo tanto, en este caso la iluminación artificial era clave para realzar un cuarto algo oscuro, pero seguramente la situación de habitaciones dispuestas de forma diferente sea otra.

Si hablamos del cuarto en sí tenemos que decir que es espectacular. Increíblemente amplio, con espacio para dos enormes y comodísimas camas matrimoniales (al punto que podría decir que se trata de la cama más cómoda que encontré en toda mi vida en un hotel), aun quedaba lugar una especie de living donde estaban el escritorio (con espejo incluido), dos sillones y una mesita ratona.

Para no desentonar, el baño también es amplio y está diseñado a lo largo, aprovechando toda la profundidad de la habitación. Hacia un costado la ducha está equipada con todo lo necesario, incluyendo las batas con las que podés reemplazar al clásico toallón. La grifería, como se llega a apreciar en la foto, es un detalle de categoría en cuanto a su diseño. En una ubicación un tanto extraña, sobre la mesada del lavabo encontramos también la cafetera, con sus dos tazas.

La limpieza, durante toda la estadía (que fue realmente extensa) fue de 10. Punto alto en ese sentido (y más que importante), como así también en cuanto a servicios: la habitación está equipada con TV por cable y el wifi funciona razonablemente bien y en todo el hotel. Dentro del cuarto hay frigobar pero los consumos allí son algo caros. No hay agua de cortesía ya que la de la canilla es potable (de todas formas recomiendo no tomarla), pero para compensar esto en los pasillos el hotel tiene dispuesto un servicio de cafetería disponible en todo momento, y gratis.

Al jacuzzi (porque es climatizado y hasta puede verse el vapor saliendo del agua) no lo pudimos probar, a pesar de haber pasado una semana alojados allí. Sin embargo estaba tentador…

El desayuno incluido en la estadía puede tomarse desde las 6 am en que abre el salón comedor, y puede ser tanto allí como en la habitación. Es super completo y un área separada del salón está dispuesto para el buffet donde pueden encontrase cosas tan extrañas para desayunar como lentejas, frijoles y los típicos plátanos fritos, tan comunes en Guatemala.

También hay fiambres y cereales, pero yo por supuesto opté por buscar los panificados, ubicados en un mueble exclusivo del otro lado del área. El café te lo sirven en la mesa, y el detalle del autoservicio era una máquina exprimidora de naranjas, que te hacía el jugo ahí en el momento. Más fresco, imposible.

Para relajarte por la noche, el hotel cuenta con un bar donde el White Russian lo preparan genial. La predisposición y cordialidad del personal, tanto del bar, como del restaurante y la recepción, es destacable, pero por lo que pude ver de mi paso por Guatemala esto es una característica del país y su gente, más que un atributo propio del hotel en sí. Sinceramente son unos anfitriones espectaculares!

El Camino Real es una excelente opción para alojarse en Antigua. Lo único quizá criticable pueda ser el hecho de que al ser muy utilizado para eventos (incluyendo casamientos y contingentes corporativos) en ocasiones los huéspedes pueden ser un tanto ruidosos, pero esto dependerá de quién te toque de vecino de cuarto. Por otro lado, habrá que revisar el precio antes de reservar, ya que en principio es un poco más costoso que el promedio de los hoteles, aunque claro está, el servicio y la infraestructura son otra cosa, y bien lo valen.

Cititour Querétaro, última parada: El Acueducto y el Panteón de los Queretanos Ilustres.

La tercer y última parada del Cititour de Querétaro guiado por Luis Molina se dio en la Av. Ejército Republicano donde está emplazado el Panteón de los Queretanos Ilustres. En ese punto estratégico de la ciudad se encuentras los restos de los más importantes ciudadanos que Querétaro dio a través de su rica historia. La más importante de las personalidades aquí homenajeadas sea quizá Josefa Ortiz de Dominguez, mejor conocida como La Corregidora de Querétaro.

Considerando esto podemos decir que este lugar no es solamente importante para la ciudad, sino que es de vital relevancia para todos los mexicanos. Es que con la invasión de Napoleón a España en el año 1808 y la consiguiente “fiebre independentista” desatada en las colonias hispanas en América, fueron varios los alzamientos que se organizaron por todo el territorio de México. Sin embargo, sólo el de Querétaro prosperó, encendiendo la mecha que culminaría con la declaración de la independencia mexicana.

Cuenta la historia que el éxito de la conspiración queretana se debe al accionar de Josefa, esposa del Corregidor, quién al enterarse de que el alzamiento se había descubierto y dos de los involucrados habían sido identificados, ella se encargó de dar la voz de alarma al resto para que dieran comienzo a las acciones sin más pérdida de tiempo. De esta forma los realistas no pudieron aplacar la revolución a tiempo.

Pero por supuesto no son sólo las cenizas de la Corregidora las que descansan en este lugar. Además de las de su esposo Miguel Dominguez, están también la de otros ciudadanos ilustres entre los que se encuentran algunos conspiradores por la independencia, profesionales, militares y educadores.

En este lugar se encuentra también la Capilla de la Virgen Dolorosa frente a la cual se alza la figura de Juan Antonio de Urrutia y Arana, otro personaje central de la historia queretana y máximo responsable del principal símbolo de la ciudad: el acueducto cuyos arcos se levantan imponentes sobre los edificios y que hoy cumple sólo fines estéticos, aunque en el pasado fue una construcción fundamental para la supervivencia en este lugar.

Durante el Siglo XVII Querétaro tenia un serio problema de abastecimiento de agua potable, ya que la que llegaba naturalmente lo hacía ya en aquella época mas bien contaminada. Era preciso dotar a la ciudad de una fuente de agua limpia, entonces, pero esta obra no se encararía sino hasta luego de fundado el convento de las monjas capuchinas, y responde a una romántica historia de amor prohibido.

Cuenta la leyenda que al encontrarse en esta situación, las monjas recurrieron a su benefactor, el Marqués Juan Antonio de Urrutia y Arana, quién al conocer a la hermosa Sor Marcela se enamoró instantáneamente. La relación entre ellos dos era prohibida no sólo por la condición de monja de la muchacha, sino por el hecho de que ella era a su vez sobrina de la esposa del marqués. Sin embargo esto no logró evitar que la religiosa prometiera entregarle su amor a cambio de dos cosas: que dotara al convento (y por tanto al resto de la población) de agua potable, y que le construyera la casa más bonita de la ciudad.

Flechado por el amor, el Marqués puso manos a la obra y cumplió con sus promesas. Así, nueve años después, terminaba de construir una de las obras hidráulicas más importantes del mundo. Los característicos arcos del acueducto miden 1280 metros de largo y sobre ellos corre un caño de se encargaba de dotar a la ciudad de agua extraída de un manantial ubicado a suficiente altura como para hacer posible que el líquido fluyera únicamente por efecto de la gravedad, gracias a la pendiente de 2 cm. con la que cuenta la construcción. Finalmente, el agua se distribuía por la ciudad a través de fuentes públicas dispuestas a lo largo y ancho de la misma.

El marqués cumplió también con la exigencia de la casa, pero aún así Sor Marcela se negó a entregarse a él, con lo cual luego de tanto esfuerzo y gasto económico, el desdichado marqués se topó con un amor no correspondido. Eso sí, con su obra había hecho posible el desarrollo de la ciudad. Hoy en día los 74 arcos de cantera que aún se encuentran firmes son testigos mudos de aquellos días, y desde el Panteón de los Queretanos Ilustres se tiene su mejor vista panorámica, convirtiéndose en el mirador por excelencia de la ciudad. Imposible visitar Querétaro y no acercarse hasta este lugar para la correspondiente selfie con el acueducto de fondo.

De esta forma concluyó el interesantísimo cititour por la ciudad de Querétaro, una localidad que derrocha historia y leyendas. Totalmente recomendada para visitar si uno viaja a México, en mi opinión particular, se trató sin lugar a dudas del punto más alto del viaje. Espero que ustedes también puedan disfrutarlo, y de ser así, no olviden pasar por el post y dejar su comentario contando sus experiencias.

La crónica del cititour por Querétaro se dividió en tres posts.

Para leer la primer parte del cititour, hacé click acá.

Para leer la segunda parte del cititour, hacé click acá.

 

Cititour Querétaro, Parada II: El Templo de Santa Rosa de Viterbo.

Como ya hemos contado en posts anteriores, México es un país que está lleno de iglesias. Hay ciudades donde uno no puede caminar dos cuadras sin toparse con una. Querétaro, en particuar, cuanta con un templo que resalta sobre el resto: el de Santa Rosa de Viterbo.

Ya la fachada llama la atención desde afuera por sus formas poco habituales en una iglesia católica. De influencias árabes en el exterior, las formas redondeadas de las que sobresalen extrañas caras que adoptan gestos como burlándose de quién camina por la calle hacen que uno se fije en estos detalles arquitectónicos con atención. Según nos cuenta el guía, la iglesia fue levantada en su momento por un joven de 18 años al que nadie le tenía fé de que iba a finalizar la obra, y estas figuras son su respuesta a todos ellos que no creyeron en él.

Otro detalle de importancia es el reloj ubicado en lo alto de la torre del campanario. Si bien no se nota nada puntual a simple vista, se trata del primer reloj a repetición que llegara a América, así que es toda una reliquia.

El interior de la iglesia también es impresionante, con sus enormes retablos recubiertos de oro. En otras épocas esto era algo normal y Querétaro tenía seis iglesias con este tipo de retablos, pero eso es algo que se acabó luego de las Leyes de Reforma dictadas por Benito Juarez con las cuales el flamante presidente pretendía quitarle poder a la iglesia católica. Hoy, en la ciudad apenas quedan 2 iglesias donde aún puede verse oro genuino en las paredes.

Por momentos uno creería ver telas en las paredes, con sus correspondientes pliegues al colgar prolijamente. Sin embargo es tan solo una ilusión óptica creada con técnicas de hiperrealismo utilizadas para tallar la madera. Allí mismo, debajo de una de esas telas de madera, hay una especie de ventana con un vidrio oscuro que parece una figura espectral. Si uno mira con atención puede descubrir los rasgos de Jesús en esa imagen fantasmal.

Y en la parte de atrás del templo hay otra ventana, pero aunque hoy en día podría considerársela absolutamente desubicada, no tiene nada misterioso. Resulta que contiguo al templo está el convento, y desde allí atrás las beatas (ya que aquí no había monjas) podían presenciar la misa. Por esa ventana tomaban la comunión, siempre cubiertas por un velo negro para evitar mirar al sacerdote a los ojos, ya que eso hubiera sido una herejía.

Y hablando de diferencias entre hombres y mujeres, nos enteramos aquí de un detalle interesante en cuanto a la construcción de las iglesias católicas. No tenía yo la más remota idea de que hubiera templos para cada sexo, pero resulta que así es. Los que tienen forma de cruz, con una nave central flanqueada por dos alas, son iglesias construidas para los hombres, donde uno ingresa en dirección al altar. En cambio los templos con forma de caja (sin alas laterales) están dedicados a las mujeres, y en estos casos uno entra de costado, sin poder ver el altar al primer momento, ya que Eva sale justamente de la costilla de Adán.

La curiosa historia del Templo de Santa Rosa de Viterbo comenzó en 1670 de la mano de tres hermanas que decidieron convertirse en monjas, para lo cual construyeron celdas en su propia casa a fin de comenzar a dedicarse a la oración y a ayudar a los niños del lugar. Casi 30 años después lograrían que se construyera una capilla, que sería el primer paso definitivo para llegar, en el año 1752, a terminar la obra que hoy todos podemos visitar.

Eso sí, mejor visitarlo siempre en horas de día, porque según la leyenda por los pasillos de la iglesia y el convento suele caminar el fantasma de la monja blanca, que se baja del cuadro colgado en una de las paredes del convento y puede aparecerse en cualquier momento, justo al lado tuyo.

Por las dudas, luego de contemplar todo con atención, nosotros seguimos viaje hacia la siguiente parada del cititour. Si querés acompañarnos, te esperamos en los próximos posts!

El autor de la foto de portada es AlejandroPZ

Alojamiento en Miami: El excelente Provident Doral at the Blue.

Para el fin de semana que pasé en Miami por mi cuenta tuve que buscar hotel por mi mismo, tarea poco fácil por la gran cantidad de oferta. Lo primero fue definir un tope para el presupuesto que quería gastar y luego, con ese filtro ya realizado, decidir la zona y el tipo de alojamiento que quería: algo céntrico o cercano a las áreas turísticas que me interesaban, o algo más tranquilo, como para relajarme y disfrutar la estadía a pleno, aunque fuera algo más alejado.

Como había decidido alquilar auto no me preocupó para nada el tema de la distancia y opté por buscar un alojamiento tranquilo. Doral es una zona residencial de Miami, con mucho verde y canchas de golf. La oferta del Provident Doral at the Blue me parecía muy buena, y en cuanto a precio había una oferta que lo hacía imbatible.

Más que de un hotel se trata de un barrio privado, lindero a un campo de golf. Estos dos factores le dan una amplitud y tranquilidad increíbles. Si lo que buscas es relajarte, indudablemente este lugar en una excelente opción. Para ingresar al predio habrá que pasar por el control de seguridad, como en cualquier country, donde el guardia deja registro de las visitas. Una vez hecho el checkin, en la recepción te entregan un letrero para mantener a la vista dentro del auto, indicando que tenés permitido circular y estacionar en el predio, y las fechas de tu estadía. Luego, cada vez que necesites entrar al complejo, solamente con mostrar el cartel basta.

El primer edificio que se ve al entrar corresponde a la recepción, y más al fondo está el bar donde se puede desayunar, cenar, o incluso tomar algo. Las habitaciones están en los demás edificios, a los que se llega avanzando por la calle interna. Es importante destacar que la mayoría de los cuartos están alejados, así que lo mejor es no olvidar nada en la recepción, y consultar todo lo que se necesite. De última, siempre se podrá llamar por el interno para evitar tener que caminar varias cuadras para saldar una simple duda.

Justo después del edificio central está la piscina. La verdad que se la ve muy bien, pero durante mi estadía estaba clausurada por mantenimiento. Igual le saqué foto, aunque tuviera la faja de peligro, porque la iluminación a la noche bien valía la pena. Pero el Provident Doral no iba a dejar un huesped a gamba, así que en reemplazo de la piscina propia al hacer el check in me entregaron un voucher para hacer uso de la de un hotel cercano.

Pero vamos ahora a lo que nos interesa. Cada uno de los edificios tiene varias habitaciones distribuidas en sus dos pisos. A no preocuparse que están equipados con ascensor para subir y bajar el equipaje, pero luego para el uso diario es más rápido usar las escaleras. Las habitaciones son ENORMES y super amplias. (Sí, tiene que escribirse con mayúsculas). A lo largo se ingresa a un muy pequeño recibidor, al que le sigue la cocina. Luego viene el cuarto en sí y en el mismo ambiente hay un living con comodísimos sillones para tirarte a mirar tele, y una mesita con sillas como para sentarte a comer algo. Por último un muy amplio balcón, dotado también de su mobiliario.

El Provident Doral funciona como una especie de apart hotel, y está equipado por completo. La cocina cuenta con una heladera que debe ser el doble de la que tengo en casa, vajilla, cafetera, microondas y hasta lavavajilla. Los armarios cubren gran parte de la pared, son enormes y dentro uno encuentra tabla de planchar y caja fuerte apta para guardar la laptop. Para el confort hay una tele que es coherente con el tamaño de la habitación y equipo de audio. El wifi es gratis, y funciona de maravilla.

Pasando al baño nos encontramos con dos lavabos en lugar de uno (todavía no entiendo para qué). De un lado está la bañera con hidromasaje, del otro el inodoro y la ducha, ambos cerrados con mampara de vidrio. La ducha es complicada y me llevó un buen rato entender el funcionamiento: no había caso, el agua salía por la manguera en vez de la regadera, hasta que de tanto probar dí con que hay que darla a la canilla sin asco ni temor, casi que parece que la vas a desenroscar y caerá al piso. Y ahí si, una ducha de lujo con semejante regadera. El único problema que le encontré es la incomodidad de no tener dónde colgar el toallón, por lo que termina tirado sobre la puerta de vidrio.

Cuando hablo del baño me gusta aprovechar para comentar algo sobre la limpieza, algo que me parece fundamental, y es lo primero que me fijo en un alojamiento. En el Provident Doral es un 10 felicitado.

Me di el lujo de probar suerte en el bar restaurante del complejo, The Chophouse 5300. Cuando te chequeas como parte de la bienvenida te dan una tarjeta con descuento del 20% para cenar, así que había que aprovechar a ver cómo era. Si bien me tentaba cenar en las mesas de afuera, con vista a la piscina, el calor y el hecho de que el aire acondicionado estuviera a una temperatura coherente me decidieron por sentarme en el salón. La atención fue excelente, ágil y atenta. La comida muy buena, y se la puede ver en la foto. Y el precio, aún si no tuviera el descuento, para una comida rápida es aceptable considerando el hotel donde estamos alojados.

Otro factor interesante para optar por este hotel es su ubicación: si bien está en una zona residencial, se encuentra muy cerca del Dolphin Mall. Quizá si tu idea es hacer vida de playa te convenga buscar algo más cercano a la arena, pero si lo que querés es relajarte, aprovechá un de los cómodos sillones y disfrutá la estadía.