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Navegando el Elba en el ferry de Hamburgo para volver de Airbus.

Como cualquier otra urbe del mundo, Hamburgo ofrece una serie de opciones para trasladarse de un punto al otro a través de la ciudad. Quizá para los argentinos que visitamos Alemania lo primero que nos llame la atención sea el funcionamiento del transporte, justamente por eso: funciona. Y no sólo pasa a horario, sino que además es previsible porque los carteles indicadores te dicen cuánto tenés que esperar. Y podés planificar, porque la ruta y tiempo que te indica el Google Maps es certera. Pero hay otras nacionalidades que también seguramente se sientan asombrados en Hamburgo…

La ciudad no sólo tiene un sistema de transporte público efectivo, sino que además ofrece una amplia gama de opciones. Uno puede elegir viajar en tren, en subte (que paradógicamente corre por rieles aéreos sobre tu cabeza), en bus, o hasta en bicicleta (con un sistema similar al que tenemos en capital federal, aunque en Europa está disponible desde mucho antes). Hasta aquí todo medianamente normal y conocido, pero a todo esto hay que agregarle una alternativa más: el ferry.

Cuando fui a visitar la fábrica de Airbus en esta ciudad alemana (excursión de la cual podés ver el post haciendo click aquí) viajé con una combinación de tren y colectivo. Pero para la vuelta opté por tomar el ferry y vivir la experiencia de navegar el Elba hasta el centro de la ciudad.

Se trata de una embarcación bastante grande, con espacio dentro para llevar una buena cantidad de personas sentadas, y que te permite también acceder a la cubierta para ir al aire libre y disfrutar mejor de la navegación. Aunque era de noche, así lo hice yo porque disfrutar de las luces de la ciudad al atardecer es todo un espectáculo.

Desde el puerto hay siete líneas de ferries que navegan por el Elba transportando pasajeros, identíficándose cada una con un número, a partir del 61. En mi caso, yo me tomé la línea 62 en Finderwerken para viajar hasta Ladungsbrücken en el centro de la ciudad, la estación posterior a Altona donde se realiza la Fischmarkt sobre la que te conté en un post anterior.

En el siguiente mapa se pueden ver las diferentes líneas de ferry y sus recorridos, incluyendo la que tomé yo, muy fácilmente identificable ya que es la cercana al aeropuerto de Airbus.

Como si fuera un tren, el ferry tiene sus estaciones con andenes (o para ser técnicamente correctos, con muelles). Todos perfectamente identificados con el nombre de la estación.

Llegando a destino, los puente grúa del puerto de Hamburgo se ven imponentes a lo lejos.

Una excelente opción para viajar por Hamburgo escapándole al tránsito. Para tenerla en cuenta cuando estés por aquellos pagos, y especialmente, si vas de visita a la planta de Airbus.

Te espero en el próximo post para seguir recorriendo lugares, aunque ya en tierra firme!

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Y un día madrugamos para conocer la tradicional Fischmarkt de Hamburgo.

Cuando uno llega a la ciudad de Hamburgo y pregunta por las cosas que se pueden hacer o visitar, en general hay una respuesta que, independientemente de a quién se le pregunte, está en boca de todos. La tradicional Fischmarkt ( o Feria del Pescado, según su traducción literal) es una de las experiencias imperdibles cuando uno visita esta ciudad alemana.

Surgida hace más de tres siglos, la Fischmarkt no pierde vigencia y se la puede visitar cada domingo, desde bien temprano a la madrugada. Esto tiene que ver con su tradición de antaño, cuando el pescado debía ser vendido muy temprano, antes de que la gente fuera a la iglesia. Así es como aún hoy en día el horario al alba sigue manteniéndose, aunque cambia según la estación. Durante el verano es de 5 de la mañana hasta las 9.30 hs., mientras que por las condiciones meteorológicas (léase frío gélido) esto no es factible durante el invierno, por lo que el horario de arranque se atrasa hasta las 7 am.

Antiguamente se vendía únicamente pescado, razón por la cual la feria lleva ese nombre y se instala aún hoy en las cercanías del puerto, ya que de esta forma el producto se desembarcaba y se ponía a la venta de inmediato. Pero con el correr del tiempo se agregaron nuevos ítems a las ventas de la feria, principalmente frutas, verduras y flores. La tradicional forma de venta es a los gritos, en ocasiones haciendo subastas, y otras veces los comerciantes incluso regalan sus productos para atraer más público. Es un espectáculo digno de verse.

En este video se ve al vendedor de plantas en plena faena.

Actualmente se pueden encontrar en la feria artículos de los más variados, incluyendo quesos, fiambres, souvenirs y prendas de ropa. De hecho yo aproveché para comprar los recuerdos y regalos del viaje. El uniforme de mini marinero hamburgués no tiene desperdicio. Eso sí, siendo tan temprano a los “pancitos de pescado” no me les animé.

Ubicada en la Grosse Elbstrasse 9, llegar a la Fischmarkt en el barrio de Altona es relativamente fácil. Viajando se puede llegar con la línea U3 de subte, o bien con las S1 y S3 de ferrocarril. Las estaciones serán Landungsbrücken Reeperbahn, respectivamente. En cuanto a colectivos, la línea 112 tiene una parada llamada, precisamente, Fischmarkt. Y por supuesto se puede ir en auto, aunque quizá se complique un poco para estacionar…

Vale la pena entonces levantarse temprano y aprovechar la feria. Si tenés oportunidad y parrilla a mano no es mala idea comprar un sabroso pescado para degustarlo esa misma noche. Y sino, es un lindo paseo conociendo una de las tradiciones más características de Hamburgo, y sus simpáticas chicas.

Te espero en los próximos posts para seguir conociendo la hermosa Hamburg!

Conociendo Hamburgo y su fascinante historia con un Walking Tour

En el norte de Alemania, a orillas del río Elba, se encuentra la hermosa Freie und Hansestadt Hamburg, o en español, Ciudad libre y hanseática de Hamburgo, una de las más importantes urbes germanas, y de Europa.

El walking tour, como siempre caracterizado por sus clásicos paraguas de colores, comenzó puntual en la plaza principal, frente al ayuntamiento de Hamburg, que desde 1897 funciona como sede del gobierno. Se trata de un imponente edificio que, incluso cuenta con más habitaciones que el Palacio de Buckingham, cuya fachada está adornada, entre otras cosas, por estatuas que representan a los diferentes Kaisers.

Por supuesto, también reluce en el frente el escudo oficial de Hamburg, donde predomina el castillo que da origen al nombre de la ciudad, ya que allá por el año 808 Carlomagno mandó construir el Hammaburg a orillas del Elba para controlar el paso por el río, significando Burg castillo o fortaleza. Si bien al menos yo en alemán no registro el término, según nuestro guía callejero el término Hamma refería a la ciénaga sobre la cual se había levantado originalmente la ciudad, por lo que el nombre Hamburg correspondería a “fortaleza en la ciénaga”.

El castillo a orillas del río en esa época era una necesidad imperiosa porque las incursiones vikingas eran frecuentes, y entonces la ciudad necesitaba protegerse. Más teniendo en cuenta la importancia que cobró su puerto, especialmente luego de la alianza con la ciudad de Lübeck para formar la famosa y próspera Liga Hanseatica, una especie de gremio de ciudades que se unían para potenciar su comercio y, además, defenderse entre sí. La Liga le dió gran prosperidad a la ciudad de Hamburg, que obtuvo un aire de elite que aún hoy se distingue al caminar por sus calles.

Estamos en un lugar de gran tradición portuaria entonces, y que con plena vigencia ostenta el segundo puerto más grande de Europa, sólo superado por el de Rotterdam. Ya tendremos la oportunidad de navegar por estas aguas, de regreso de la fábrica de Airbus, pero eso será en un próximo post.

Se trata por supuesto de un lugar que transpira historia. Tanto es así que uno se la tropieza a cada paso, como por ejemplo con estas placas fijadas en paredes y en veredas, mostrando los nombres de las personas apresadas o asesinadas por los nazis y que vivían en aquél punto específico de la ciudad. Son placas que te hielan la sangre, como la instalada en la pared del  edificio del Deutsche Bank, que en los tiempos de la Segunda Guerra perteneciera a la firma Tesch & Stabenow, responsable de la fabricación y distribución del gas Zyklon B que se utilizaba en Auschwitz para asesinar judíos principalmente.

Hamburg tiene buena cantidad de iglesias también, y estas no quedaron exentas de las consecuencias de la Guerra. El tour pasó por supuesto por la Iglesia de San Nicolás (o mejor dicho lo que queda de ella), tristemente célebre por ser la protagonista principal de la oscura Operación Gomorra en la que los aliados bombardearon numerosos objetivos en la ciudad durante varios días, sin respiro, matando una enorme cantidad de civiles y casi destruyendo Hambirgo en su totalidad.

Actualmente la Nikolaikirche permanece en ruinas, en conmemoración y recuerdo de aquél bombardeo histórico, y el daño que causó a los hamburgueses. En su momento supo ser el edificio más alto del mundo, y aún hoy, con su aguja intacta (lo único prácticamente que quedó en pie), es la construcción más elevada de la ciudad.

Pero los nefastos acontecimientos de la Segunda Guerra no fueron los primeros en destruir la ciudad. Otro hito histórico de Hamburg es el Gran Incendio, que literalmente la consumió desde la noche del 4 de mayo de 1842 y que duró cuatro días en los que destruyó iglesias, edificios públicos y moradas particulares. Hoy en día los destrozos están reconstruidos, por supuesto, y el punto exacto en que se originó el fuego puede visitarse cuando uno va a tomarse una cerveza al local que, muy atinadamente, se llama Zum Brandanfang (Hacia el Comienzo del Incendio).

Aunque a esa hora de la mañana aún estaba cerrado, desde las ventanas pudimos ver una curiosidad característica de este bar, como son los billetes que cuelgan del techo. Según cuenta la historia, eran pegados allí por los marineros antes de partir, sabiendo entonces que cuando volvieran al frecuentado puerto de Hamburgo tendrían allí en el techo su pequeño ahorro con el que abonar la bien merecida cerveza luego de una dura jornada de trabajo.

Y ya que estamos hablando de tradiciones alegres y cuestiones características raras, podemos nombrar a esta altura a la Chilehaus, con su peculiar forma de proa de buque que se combina muy bien con su estilo típicamente neoyorkino. Actualmente sede de diferentes oficinas, el edificio debe su nombre a su dueño original, un comerciante inglés que hizo su fortuna comerciando salitre chileno. Tan cercano al río, y en una zona propensa a las inundaciones al momento de su construcción, la Chilehaus cuenta con un sótano especialmente sellado donde los equipos de calefacción están dispuestos en un dispositivo especial capaz de flotar, para evitar que se arruinaran en caso de filtraciones de agua.

El tour finaliza en la pintoresca Speicherstadt, o Ciudad de Depósitos según su traducción literal al castellano, y que tiene mucho que ver con sus orígenes. Al mejor estilo del Puerto Madero porteño, estas construcciones se levantaron a principios del 1900 a modo de zona franca en la que se podían transferir bienes sin pagar impuestos a la aduana.

Actualmente se trata de un barrio en pleno crecimiento donde los viejos depósitos han devenido en oficinas e incluso residencias particulares. Aquí mismo se encuentra el famoso y apasionante Miniatur Wunderland que, por supuesto, tendra su post (sino sus posts) más adelante en este mismo blog. Pero antaño hasta aquí llegaban las mercaderías descargadas de los buques de ultramar, a través de los canales que también le dan un aire muy característico a la ciudad.

Seguramente el edificio más emblemático del barrio sea la flamante Filarmónica de Hamburgo, que cuando yo estuve allí seguía en construcción y que finalmente se inauguró en enero del 2017, luego de seis años de retraso y escándalo por la enorme cifra por encima del presupuesto que costó su finalización (aproximadamente 10 veces más de lo planificado). Sin embargo, según se dice, especialmente diseñado, este edificio ha de poseer una de las mejores acústicas del mundo, aunque claro, este dato no basta para evitar que los pelos se le pongan de punta a cualquier hamburgues al que se le pregunte por el precio de la obra.

Así finaliza nuestro paseo por la hermosa ciudad de Hamburgo, uno de los lugares más caros para vivir en Alemania. Una ciudad que, por supuesto, no puede faltar en tu recorrida por el país germano.

Si tenés la oportunidad, no te la pierdas. ¡Andá y conocela con tus propios ojos! Eso sí, el ingreso al puente privado es bajo tu propio riesgo…

La Oktoberfest de München en imágenes.

Algo que me gusta mucho cuando visito una ciudad es levantar la cámara y retratar no sólo el lugar en sí, sino momentos y, particularmente, su gente. Las personas hacen al lugar donde viven y son parte fundamental de su ADN, por lo que si fotografío una ciudad sin sus habitantes y los momentos que estos crean y viven, es como que falta algo. ¡Y algo importante!

Sin ser una ciudad, la misma sensación me invadió cuando estuve en la Oktoberfest, en Munich el año pasado. La realidad es que la fiesta no es la bebida, aunque la cerveza sea por supuesto la protagonista. La fiesta la hace la gente, con sus trajes típicos, cantando y bailando y pasando un momento inolvidable. Es por eso que no podía faltar la galería de imágenes de la Oktoberfest, enfocada puntualmente en su gente.

Gente que festeja, bailando sobre los bancos y hasta sobre las mesas, aunque sin hacer desmanes.

Algunos lo hacen en grupo, otros en pareja.

Todo al son de la orquesta.

Y sin ser parte de la orquesta, siempre están los que ponen su cuota para animar la fiesta.

Claro que en la Oktoberfest, la animación está garantizada por un líquido dorado.

Entre tanto jolgorio, las meseras sí que laburan.

Pero también se toman un momento para la buena onda.

Aunque parezca mentira, entre tanta gente siempre hay alguna que otra chica sola.

Están las que aunque presentes, parecieran estar ausentes…

Las que definitivamente están presentes…

Y las que parecen tristes, entre tanta alegría que se ve alrededor.

Por supuesto que, con música y cerveza, es probable que aunque estén solas, se crucen las miradas.

Y al cruzarse las miradas, con chopp en la mano, seguramente amerite un choque de vidrios y un fuerte “Prost!”

El paso siguiente, es salir a bailar.

Personajes hay para todos los gustos.

Con mucho pelo, sin nada de pelo y hasta con gorritos.

Y cómo decirle que no cuando te ofrece un sombrero, no pelado?

A los Prätzel los vende un muchacho, pero igual es difícil decirle que no, aunque en este caso es por lo rico.

“Sí, yo también quiero!!”

No sabemos si es por la cerveza, pero en la Oktoberfest la gente suele estar feliz.

Es escenario de lindos encuentros.

Y de escenas de amistad fraternal.

Una interesante y recomendable experiencia. En este post de la Oktoberfest están los datos de la del 2018 para que puedas anotarte. ¡Ella te invita!

Agradezco la colaboración de mi amigo A.H. ya que algunas de las fotos de este post son de su autoría.

Y vos, no te quedes sólo con las fotos. Organizá el viaje, y viví la próxima Oktoberfest!.

 

Oktoberfest München: La verdadera y original Fiesta de la Cerveza.

Durante mi viaje a Alemania en septiembre de 2016 hice una rápida pasada por la hermosa ciudad de München, en el sur del país germano. Tan rápida fue que no pude tomar mucho material para el blog, ya que estuve una sola noche alojado allí en el Wombat Hostel, noche que resultó ser lluviosa y poco apta para salir a caminar la ciudad y sacar fotos.

Esta pasada tenía dos motivos, ambos relacionados entre sí. En realidad fue la escala intermedia para encontrarme con un amigo que estaba parando en un pueblo cercano a la ciudad, pero además me acerqué hasta allí para vivir la fiesta popular más importante de Alemania: la famosa Oktoberfest.

Si bien en la actualidad se lleva a cabo durante el mes de septiembre, la fiesta debe su nombre a los festejos por el casamiento de la princesa Teresa de Sachsen-Hildburghausen con el príncipe Luis de Bayern, en 1810. En ese entonces la fiesta comenzó el 12 de octubre y terminó el 17 de aquel mes con una carrera de caballos. Esta tradición se repitió luego año a año, pero con el tiempo se trasladó al mes de septiembre que tiene mejor clima y permite aprovecharla mejor. Sin embargo, hasta el día de hoy el último fin de semana de la Oktoberfest cae siempre en su mes original: octubre.

Ahora supongo que más de uno estará imaginándose la Oktoberfest de Villa General Belgrano, en Córdoba. A todos ellos debo decirles que no, la versión original de München no tiene nada que ver con la local. Comparten por supuesto el alma de la fiesta: la cerveza; pero la alemana tiene encima toda la tradición arraigada en la cultura germana. El predio de Munich es realmente enorme, y allí se puede encontrar gente de todas las edades (mayores de edad por supueto, aunque los menores pueden entrar y permanecer acompañados hasta las 8 pm), y lejos del descontrol característico del evento cordobés, aquí reina un clima amistoso y de festejo, donde los asistentes suelen estar con ropas típicas de la región y entonan canciones típicas también mientras beben cerveza en cantidades imposibles para cualquier argentino (o casi cualquiera).

Aquí les dejo un video donde se puede apreciar el clima que se vive en München.

El predio en sí está divido en varias carpas donde se puede entrar y consumir tanto cerveza (obvio) como así también platos típicos. Nosotros estuvimos en la carpa de Armbrustschützen donde la bebida que servían era Paulaner y venía en enormes chopps que, cuando están llenos, cuesta levantar con una sola mano. Para cenar probamos el pollo con una excelente ensalada de papas que, en Alemania, les puedo asegurar que tiene un gusto muy especial. Cuando estén por allá recuerden lo que les digo y pídense una Kartoffelsalat!

Claro que las meseras ya están acostumbradas y no tienen drama en llevar los chopps de un lado para el otro, o mejor dicho, uno arriba del otro…

Y otra cosa que se puede degustar son los típicos Pretzel.

Todo al son de la banda.

Una linda experiencia para vivir cuando uno visita el sur de Alemania en estas épocas. Un punto interesante es que la entrada al predio (y hasta a las carpas) es gratuita, y se abona lo que uno consume. Eso sí, es conveniente reservar con anticipación el lugar, ya que aunque se puede ir sin preaviso, el acceso a las carpas se permite hasta que se agota la capacidad de gente. Y con la enorme concurrencia que hay, esto puede darse incluso en horas de la mañana.

Un dato no menor: la fiesta de este año ya pasó, pero la del 2018 ya tiene fecha: arranca el 22 de septiembre y termina el 7 de octubre. Así que si estás planeando viajar a Alemania y te gusta la cerveza, andá marcando estos días en el calendario.

Hay aún mucho para compartir sobre lo que fue la Oktoberfest 2016, así que próximamente el post con todas las fotos que no entraron en este!