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Buscando escenas en Miniatur Wunderland.

Como ya hemos contado en el blog, el grado de detalle de las maquetas de Miniatur Wunderland es asombroso. Las muestra adquiere gran realismo por el movimiento de vehículos, maquinarias, etc; la iluminación que convierte el día en noche y viceversa, y además es interactiva con algunos comandos que el visitante puede accionar para que distintas actividades tengan lugar.

Otra forma mediante la cual los anfitriones alemanes logran darle otro interés a la muestra es la propuesta de un juego muy sencillo. Junto con la entrada uno recibe un folleto, en el cual hay fotos de diferentes escenas que uno puede encontrar en diversos lugares de la muestra. Escenas particulares que retratan hechos dramáticos, interesantes o, incluso, con humor. Y el juego propuesto es, al mejor estilo de “Encuentra a Wally”, ir recorriendo la muestra entera afinando la mirada al mínimo detalle para tratar de encontrar dónde se encuentra cada una de las fotos del folleto.

Así es como, por ejemplo, se propone ubicar a los bomberos trabajando intensamente en un incendio.

Con tanta autobomba alrededor, esta es una escena relativamente fácil de encontrar, pero considerando lo enorme de la muestra no siempre resulta de esta forma. Las situaciones a ubicar están dispersas por todos lados, incluso en la zona histórica.

En algunas ocasiones incluso pueden estar mostrando un hecho histórico real, como quizá ocurra con este fusilamiento.

Batallas y movimientos de tropas no faltan.

Pero tampoco faltan los enamorados románticos que le llevan flores a su chica.

Y mucho menos los que la estaban pasando bien y son descubiertos por la futura suegra en plena faena, en una escena no apta para menores de 18 años.

Escenas no tan divertidas son las que muestran este asesinato en el puerto.

O a los bomberos trabajando en el río para recuperar el cuerpo sin vida de un hombre que lamentablemente se ha ahogado.

Una nota de color para los argentinos se da en un recital multitudinario, donde no podía faltar la celeste y blanca siendo enarbolada por un fanático argento. Fijate, está justo ahí en el centro.

Y una situación que seguramente en Alemania no se da tanto como en Argentina, simplemente porque acá somos un verdadero desastre cuando nos sentamos detrás del volante, y tenemos un índice de accidente de tránsito que está por las nubes. Pero bueno, en Alemania también hay accidentes, y así te lo muestran en Miniatur Wunderland.

Si vas en grupo, la competencia está garantizada: el que menos escenas encuentra paga la cena!

Miniatur Wunderland es una exposición maravillosa. Un imperdible para todo el que visite Hamburgo. En Ahicito Nomás te lo mostramos en detalle, siendo este el cuarto y último post que le dedicamos. Si te perdiste los otros tres, los encontras en los siguientes links:

Espero que te hayan gustado y te sirvan para decidir cuando estés por allá. Para despedirnos, nos vamos con una escena bien alegre, como lo es toda esta gente disfrutando de un hermoso día de sol a orillas del río.

Te espero en el próximo post de Ahicito!

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Cuatro noches en el hotel Fiesta Inn de Playa del Carmen.

Durante nuestro viaje a México nos escapamos algunos días del frío de la capital para disfrutar del calorcito caribeño de Playa del Carmen. Allí estuvimos alojados en el Hotel Fiesta Inn, que en principio y llegando de noche, nos costó un poco ubicar porque con su iluminación tan especial desde afuera parece un shopping.

De diseño muy moderno tanto en el exterior como en las habitaciones, el Fiesta Inn está muy bien ubicado a apenas una cuadra de la Quinta Avenida, la calle principal de Playa del Carmen que siendo peatonal concentra todo el movimiento turístico, tanto de día como de noche. Pero vamos a lo que nos interesa: el mar. El Fiesta Inn está a 3 cuadras de la Playa Mamitas y su transparente agua azulada.

Es un hotel cómodo, con habitaciones de tamaño aceptable que, al menos en nuestro caso, tenía una enorme cama king size muy confortable. El baño está ubicado apenas se entra, donde uno prácticamente se topa con el lavatorio, emplazado fuera del mismo propiamente dicho.

Como se ve en la foto el baño goza de un diseño ultra moderno destacándose la puerta (y las paredes) de vidrio que aunque no es transparente, tampoco tapa del todo. Tanto esto, como el hecho de que la puerta no tenga traba, quizá pueda resultar incómodo a algún que otro huésped. En todo caso, al general de la gente le parecerá cuando menos, raro.

Yendo a lo importante, la ducha funcionaba de maravillas, y el jabón era en pan y especialmente diseñado en uno de sus lados para masajearte al enjabonar. Lo malo, como en general pasa en los hoteles, es que había sólo uno en una habitación doble. ¡Vamos muchachos! Si la habitación es para dos personas, los jabones van por dos!

En cuanto a la limpieza, al ingreso la habitación estaba impecable y en general el servicio fue bueno, salvo algunos detalles que terminaron siendo decepcionantes. En principio la silla que se ve en la foto estuvo con arena tres días, sin que la mucama le pasara un trapo siquiera. El jabón de tocador no se repuso nunca y el de la ducha sólo una vez. Se ve que miden al milímetro cuánto queda del pan antes de cambiarlo. Y la que realmente nos llamó la atención: la penúltima noche pedimos servicio de habitación y al volver a la tarde del día siguiente, los vasos sucios con gaseosa habían quedado ahí, tal como los habíamos dejado al irnos por la mañana.

Las amenities del lugar no las usamos, ya que estábamos más de excursión que dentro del hotel, pero recorriéndolas rápidamente se las ve muy bien. En el cuarto piso hay una terraza donde tomar algo y a ambos costados, sendas piscinas para tirarse un chapuzón. Ahí nomás está también el gimnasio para los que prefieran hacer algo de deporte puertas adentro.

Con respecto del desayuno no puedo hablar ya que nuestra estadía no lo incluía. El precio por la habitación era aceptable y agregarle el desayuno lo encarecía sin sentido, ya que por los planes que teníamos íbamos con pocas chances de poder degustarlo. De lo que sí hice uso fue del centro de impresión, desde donde me conecté a internet para hacer el checkin on line para el vuelo de regreso a México, y aboné un fee de $10 por página para imprimir el boarding pass (importante al volar con una low cost). Por último, el wifi en la habitación anduvo muy bien también.

Sacando el disgusto por el mal servicio de la mucama (que suponemos fue algo aislado porque se dió una única vez), el Fiesta Inn nos pareció un lindo hotel, muy bien ubicado y a precio aceptable, en una ciudad donde los alojamientos suben un poco la puntería en cuanto a precio se refiere.

El Aeropuerto más pequeño del mundo: Knuffingen Airport, en Miniatur Wunderland.

La ciudad de Hamburgo ostenta un récord raro, diferente. Alberga el que se podría decir que es el aeropuerto más pequeño del mundo. Con una superficie de apenas 150 m2, dentro de las paredes del fabuloso Miniatur Wunderland del que ya hablamos (link al post) se encuentra el Knuffingen Airport, un modelo a escala basado en el Aeropuerto Internacional de Hamburgo.

Son 52 modelos de avión los que realizan cerca de 250 vuelos por día en este particular aeropuerto alemán, al que cualquiera puede visitar de cerca sin necesidad de tramitar complicadas credenciales con la autoridad aeronaútica. Atentos spotters, ningún policía se acercará mirándolos raro cuando alcen la cámara para fotografiar a este gigante de los cielos, que por supuesto no podía estar ausente.

Como sucede en el resto de la muestra, el nivel de detalle del aeropuerto es realmente increíble. Los visitantes podrán ver cómo es la dinámica de un aeropuerto con total realismo, incluyendo las operaciones en plataforma, carga y descarga de las bodegas del avión, vuelos cargueros, rodaje hasta las cabeceras y el trabajo de los servicios de asistencia.

No solo eso, los alemanes se las ingeniaron para que los modelos de avión… vuelen!!! Así pueden verse los despegues y aterrizajes por la pista activa de Knuffingen.

También presente en el resto de la muestra, los días pasan en este aeropuerto, y la variación de las lucen ayuda a recrear el ambiente tanto del atardecer, como de la noche, el amanecer y la vuelta del pleno día. Y por supuesto, como en todo aeropuerto, aunque caiga la noche la actividad sigue.

No solo en la plataforma y los aviones. En la terminal la actividad también es frenética durante la noche.

Y las aeronaves cuentan todas con su correspondiente iluminación, porque como en todo aeropuerto, la seguridad del vuelo está siempre primero.

En el siguiente video se ve bien la actividad nocturna de Knuffingen. Tan solo escuchen el sonido de esos motores!!!

La utilización de los puntos de espera, la ocupación de cabeceras una vez que la torre da la orden, la espera de la autorización para despegar… Todo está detallado en este excelente modelo, del que todo fanático de la aviación se va a, simplemente, enamorar.

Y fiel a su estilo, Miniatur Wunderland no deja de incluir algunas perlitas en este sector de la muestra, claro que en este caso son aeronaúticas, como este Lufthansa con delivery retro, similar al que cada tanto podemos ver en el fuselaje del B747-8i que llega a Ezeiza.

O este cuatrimotor con evidentes problemas en su tren delantero!

El característico MD-11 está presenta también, en version “Freighter” de UPS, con su clásico tercer motor instalado en el estabilizador vertical. Un avión que si bien sigue volando está en camino de convertirse en parte de la historia de la aviación a medida que más operadores lo van sacando de servicio.

Y este sí, retro retro, el representante de Lauda Air, la aerolínea austriaca fundada por el emblemático Niki en 1979.

Una foto aparte la merece el enorme hangar de Lufthansa Technik, donde el personal de la línea de bandera alemana realiza el mantenimiento de sus aeronaves.

Si Miniatur Wunderland es un lugar ideal para visitar, la réplica de este aeropuerto en miniatura lo hace aún más imperdible, ya que es poco común, muy bien logrado, y algo que usualmente genera un interés especial no sólo en entusiastas de la industria, sino en el público en general. Los chicos, por supuestos, encantados!

Próximamente seguiremos recorriendo Miniatur Wunderland buscando algunas perlitas distribuidas por la muestra. Pero como nada tiene que ver con aviones, eso queda para otro post!

Recorremos el Centro Histórico de CDMX con un Cititour hop on – hop off.

Con sus 1485 km2 de superficie y sus más de 8 millones de habitantes, Ciudad de México es realmente una urbe enorme. Si le agregamos que tiene muchos lugares interesantes por conocer recorrerla llevará una buena cantidad de tiempo. Una opción para hacerlo son los circuitos turísticos que ofrecen los servicios hop on – hop off, donde con un boleto válido por todo el día se puede subir y bajar del micro cuantas veces uno quiera, e incluso combinar entre los diferentes recorridos.

Por supuesto que el más emblemático y, por supuesto, imperdible, es el circuito del centro histórico. En nuestro caso optamos por hacerlo con Turibus, una de las dos empresas que lo ofrecen en esta modalidad, y que funciona de 9 am a 9 pm.

De pura casualidad, ya que era el punto que nos quedaba más cercano a nuestro alojamiento en Polanco, nosotros lo tomamos en el Auditorio, que es la primer parada. Por supuesto, a pesar del frío nos encaramamos en el segundo piso sin techo, desde donde pudimos tomar buenas fotos de la ciudad, como esta de la Fuente de Cibeles en Colonia Roma.

Y enseguida llegamos a un monumento icónico de CDMX, como es el Ángel de la Independencia que corona una rotonda en la Av. Reforma y está rodeado por altos edificios que muy acertadamente aprovechan a promocionarse con enormes carteles. A este punto es a donde concurren las quinceañeras en particulares limusinas Hammer para tomarse la tradicional sesión de fotos.

Una parada bastante concurrida es la de la calle Londres donde se encuentran el Museo de Cera, con figuras de celebridades talladas en este material, y el extraño Museo Ripley, donde aún sin haber entrado sabemos que se podrán encontrar las cosas más asombrosas.

Previo a llegar a la mitad del recorrido, el Hemiciclo a Juarez destaca con sus columnas erigidas en la Alameda Central, justo frente a la cual se encuentra el Palacio de Bellas Artes, del cual hablaremos en otro post más adelante.

La siguiente parada es la más importante de todo el circuito ya que se trata ni  más ni menos que del Zócalo, es decir la plaza central de Ciudad de México, frente a la Catedral y al Palacio Nacional. Allí, obviamente, hay que bajarse del micro obligadamente y recorrer un poco lo que es el centro de México.

Cuando lo hicimos nosotros estaba vallado ya que trabajaban en un escenario en medio de la Plaza de la Constitución, pero de todas formas ameritó foto, aunque no sea la más linda.

Casi frente al Palacio de Bellas Artes se levanta la Torre Latinoamericana con su mirador, desde el cual dicen que se tiene una hermosa vista aérea de la ciudad. Este lugar merece un comentario aparte ya que me decepcionó, no por la vista en sí, la cual no conozco, sino porque aunque te cobran entrada no te permiten subir con cámaras profesionales. Mi Canon Reflex no hubiera sido considerada como tal en caso de estar equipada con el lente de 55 mm, pero como yo había llevado el de 18-135 mm, no lo podía usar. Obviamente no subí ante la imposibilidad de sacar la foto que quería, y ante la insensatez de la norma en sí, así que del mirador no hay más foto que esta.

Luego de tomar la merienda en la Casa de los Azulejos como te conté en este post, emprendimos la vuelta, cuando ya caía la noche en CDMX y el frío se hacía intenso. Aunque nos refugiamos adentro del micro, el viento helado no impidió que subiera al techo para sacar algunas tomas nocturas, como la del Museo Nacional de Arte.

O la del Museo Nacional de la Revolución.

El servicio de Turibus para el cititour resulta accesible, considerando que podés aprovechar el pasaje todo el día y en todos los recorridos. Sugerencias válidas son tomarlo temprano para aprovechar a pleno el valor del pasaje paseando todo lo que se pueda, revisar con anterioridad los puntos de interés donde querrás bajarte, y por supuesto, si lo hacés en invierno llevar un abrigo porque lo ideal es hacerlo en el segundo piso.

Eso sí, aunque la empresa lo promociona en su web como disponible en todos sus coches, el wifi abordo es inexistente.

Queda mucho por recorrer de México, un país que me resultó fascinante. Te espero en los próximos posts para ir descubriéndolo juntos!

 

Una merienda en la histórica Casa de los Azulejos, en Ciudad de México.

En la esquina de la Avenida 5 de Mayo y la pequeña y peatonal calle La Condesa, en pleno centro histórico de la Ciudad de México, se alza una particular casa que con sus tonos azulados desentona con el ambiente grisáceo del resto del área céntrica de la ciudad. Se trata de la así llamada “Casa de los Azulejos”, y es un lugar por el que todo turista está obligado a pasar a tomar algo cuando visita esta ciudad.

Este edificio fue célebre desde sus comienzos cuando se lo conocía como El Palacio de los Condes de Orizaba debido a que las dos casas que lo componen pasaron a manos de Luis de Vivero, quien ostentaba este título e incluso tuvo cargos gubernamentales de importancia. Luis ordenó unir ambas propiedades y quizá sea debido a esta peculiaridad que el interior de este café sea tan particular, contando con galerías y patios internos poco habituales en una casa común y corriente.

Sin embargo el concepto actual de la edificación es obra de los hermanos Sanborn, que adquirieron este lugar para establecer quizá la que sea la sucursal más peculiar de su cadena de restaurantes. Así es que en el interior de la Casa de los Azulejos, además de degustar algo en el restaurante, uno podrá recorrer las galerías y comprar algún artículo, como ser electrónicos y joyas, entre otros.

La casa es famosa por su fachada de talavera poblana azul que la distingue de cualquier otra edificación y la hace perdurar en la memoria de todos sus visitantes; pero también tiene particularidades en el interior como ser el salón pequeño donde las mesas y las barras llevan la misma estética azul que la fachada, la fuente que destaca en el salón principal rodeada de llamativos y enormes murales, y el piano, que lamentablemente cuando nosotros estuvimos permanecía cerrado sin dedos virtuosos que lo tocaran.

Una gran escalera lleva desde el salón principal hacia el primer piso, donde se ubican los baños y se tiene acceso a los balcones interiores que permiten la vista del lugar desde otra perspectiva. Desde allí se puede observar con claridad un impresionante mural pintado en 1925 por el artista José Clemente Orozco.

En la Casa de los Azulejos se puede probar comida típica mexicana, pero también hay opciones aptas para todo público, pues si bien es un lugar muy tradicional, a la vez es muy concurrido por los turistas. Así que si lo que buscas es una hamburguesa sin picante, aquí podrás encontrarla. En nuestro caso fuimos de tardecita, momento ideal para degustar un café con una estupenda y más que recomendable porción de “tentación de chocolate”

Particular es también la vestimenta de las meseras, a las que se identifica muy fácilmente por sus polleras coloridas a rayas, como así también algo que he visto en todos los locales gastronómicos de México: una mesa plegable portátil que los mozos y meseras llevan en la mano libre, y sobre la que apoyan las enormes bandejas repletas de cosas ricas al momento de servir.

Un detalle, quizá no menor: normalmente ir al baño en lugares públicos tiene costo en México. Este es el caso de la Casa de los Azulejos, salvo que lleves el ticket de lo que consumiste, ya que para los clientes es gratis.

Ahora sí, cuando andes por el centro histórico de México y te agarre hambre, ya sabés dónde parar!