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Caminata en el Cerro Aconcagua.

Cuando uno visita la ciudad de Mendoza tiene muchas actividades para hacer, pero hay una que es LA imperdible. Por supuesto, estoy hablando de conocer el Cerro Aconcagua, el más alto del continente americano con sus 6962 m.s.n.m., y el segundo pico del mundo, luego del Monte Everest.

El Parque Provincial Aconcagua, donde se encuentra la montaña que le da nombre, es un área natural protegida a la cual se accede pagando una entrada, dependiendo de la actividad que uno quiera realizar. La más común y apta para todo público es la caminata de la Laguna de Horcones, que se realiza en poco tiempo y sin ninguna dificultad. Para ello la entrada a abonar será de ARS 20 por persona.

En cambio, si uno pretende hacer un trekking más intenso, o incluso llegar a la cima del monte, habrá que pagar el permiso de trekking correspondiente y registrarse. En nuestro caso nos decidimos por hacer la caminata hasta Confluencia, que se realiza en el día sin tener que acampar. El valor actual de esta es de ARS 100 para argentinos, y ARS 300 para extranjeros, y el permiso se adquiere directamente en el Centro de Visitantes que se encuenta a la entrada del parque. Será obligatorio llevar agua (mínimos dos litros por persona, si mal no recuerdo); de lo contrario no se otorgará el permiso. Algo a tener en cuenta es que en el Parque no hay dónde comprar, por lo que hay que llevar la bebida (y comida) adquirida afuera.

En cambio si lo que se quiere hacer son los trekking de tres o siete días, o el ascenso a la cumbre, ya habrá que registrarse en la web del Parque Provincial Aconcagua y abonar los permisos correspondientes, cuyos valores e información actulizada se pueden encontrar en esa web también.

El Parque se encuentra sobre la RN7, camino hacia el cruce fronterizo con Chile, por lo que para llegar será necesario ir en auto, o bien tomar el colectivo de la empresa Buttini. Los horarios de los colectivos se pueden encontrar en la web del parque, pero algo a tener en cuenta para quienes vayan a viajar de esta forma es que el traslado desde la terminal de Mendoza hasta el Parque Aconcagua es de aproximadamente 4 horas. Sin embargo, ojo los que vayan con idea de hacer el trekking de un día, porque el colectivo va parando en el camino, y a mi en particular me pasó que de tanto subir y bajar gente el viaje tardó una hora y media más de lo planeado, lo que resultó ser un problema porque, para evitar la zona de la terminal entrada la noche, el ticket de vuelta lo había comprado para el anteúltimo micro. En definitiva, el tiempo para la caminata me quedó corto y no pude llegar a Confluencia como tenía previsto. Así que mi recomendación es tomar el primer micro de ida, y sacar el regreso para el último (aunque este no para el la puerta del parque, sino que hay que caminar unos kilómetros hasta Puente del Inca).

Si las caminatas por la montaña no son lo tuyo, el viaje hasta el Aconcagua bien vale la pena igual, ya que los paisajes son maravillosos y el cerro en sí, imponente. Siempre puede optarse por admirarlo desde afuera, sin entrar al parque, como hacen las excursiones de Alta Montaña que tienen una parada obligada allí, pero si estás con tiempo y podés, la verdad entrar y caminar un poco aunque sea hasta la Laguna de Horcones es un lindo paseo, y no cuesta prácticamente nada.

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Monumento a un aviador en la Laguna Diamante, en medio de Los Andes.

Y salió nomás el post #avgeek del viaje a Mendoza, más avgeek incluso que los reportes de vuelo. Es que en medio de la más absoluta nada, en plena coordillera de Los Andes, cuando uno está absorto en la contemplación de las montañas y la increíble Laguna del Diamante (de la que ya les hablé en este post que pueden ver clickeando aquí), uno se sorprende con algo totalmente inesperado: en medio del camino, un cartel indica la presencia de un monumento.

En 1930 el aviador francés Henri Guillaumet era piloto de la empresa Aeroposta Argentina, precursora de la actual línea de bandera y subsidiaria de la Compagnie Generale Aeropostale, a cuyo cargo estaba la ruta de correo que unía Santiago de Chile con la capital mendocina. El 13 de junio de aquél año Guillaumet volaba en su ruta habitual con muy mal tiempo, tanto que se vió obligado a aterrizar para no estrellarse contra las montañas. En plena coordillera, el único lugar posible para hacerlo era el paraje de la Laguna Diamante, y allí logró hacer llegar su Potez matriculado F-AJDZ, y hacerlo tocar tierra.

Si bien había logrado toda una hazaña, aún le restaba lo más difícil: había aterrizado en el medio de la nada, y si bien hasta su jefe y amigo personal, el conocidísimo autor del Principito Antoine de Saint-Exupéry sobrevoló el lugar repetidas veces en su búsqueda, el sitio era totamente inaccesible, por lo que Guillaumet no tuvo más remedio que abandonar los restos de su avión y comenzar a caminar hacia territorio argentino.

Luego de algunos días de travesía durante el crudo invierno, Guillaumet fue encontrado por el joven argentino Juan García, quién fuera condecorado en 2001 (con algún retraso, por cierto) con la Legión de Honor por parte del entonces presidente Chirac, por haber salvado al aviador francés.

Realmente se trata de una historia increíble, en un lugar increíble. Y siendo un loco de estos paisajes montañosos, un amante de la historia y a la vez un fanático de la aviación, el sabor de encontrarte con algo así es doble (por no decir triple).

Así que ya sabés, si vas a Mendoza no podés dejar de visitar la Laguna Diamante, y si llegás hasta allí, no dejes de buscar el monumento a Henri Guillaumet e imaginarte lo que debe haber sido un aterrizaje forzoso allí y su posterior hazaña. Te puedo asegurar que no es sólo un pedazo de metal.

PD: Para aquellos fanáticos de los aviones y la historia como yo, les dejo este interesante link, donde se cuenta la historia con más detalle y además, ilustrada con fotos del avión accidentado.

Las Cuevas: Casi un pueblo fantasma al borde de Los Andes.

Si alguno de los lectores es oriundo o vive en el pueblo de Las Cuevas, en Mendoza, posiblemente al leer este post me putee. Es que quizá el mote de “pueblo fantasma” suene mal, a sitio abandonado, sin población estable ni mucho menos servicio alguno, y en este caso eso no se da del todo; pero el primer acercamiento que tuve (incluso antes de viajar) fue el comentario de un amigo “y está el pueblo fantasma justo antes de cruzar la frontera”, y estando allí no pude evitar recordar esas palabras.

Se trata de un muy pequeño pueblo ubicado sobre la Ruta 7, y es justamente el último asentamiento del lado argentino antes de cruzar la frontera hacia Chile por el túnel internacional. Desde allí, además, parte el camino que sube hasta el Cristo Redentor, desde el cual se tiene esta espectacular vista aérea de Las Cuevas.

Este sitio es parte de la excursión de alta montaña con la cual lo visité, ya que es el punto donde, luego de descender del Cristo, paramos a almorzar en un restaurant. Es decir que el pueblo no es tan fantasma, hay lugares donde parar a comer y hasta para pasar la noche, como no podía ser de otra forma si consideramos su ubicación estratégica y los paisajes espectaculares a su alrededor que lo hacen atractivo también para el turismo.

Pero revelde como soy turísticamente hablando, yo no participé del almuerzo en el restaurant, sino que apuré una vianda que me había llevado por mi lado y salí a recorrer el pueblo cámara en mano.

Si bien no encontré datos del censo del 2010 (se cambió la metodología y no pude desglosarlos por localidad), en el censo del 2001 se habían registrado en Las Cuevas apenas 7 habitantes. Enorme diferencia si consideramos que durante el censo anterior, en 1991, el INDEC había contabilizado 56. En el medio, pasó el tren (o mejor dicho, dejó de pasar).

Las Cuevas funcionó como una estación del ferrocarril que cruzaba a Chile hasta el año 1984, y en los datos de los censos se ve claramente cómo las posibilidades dentro del pueblo, una vez cortados los servicios ferroviaros, comenzaron a mermar. Seguramente antes de esa fecha la población era incluso mucho mayor, pero no encontré datos lamentablemente. La migración no sólo se ve en las estadísticas del INDEC, sino que además está patente en los galpones ferroviarios totalmente abandonados, cuyas fotos ilustran este post.

Y este tipo de cosas es algo que a mi me fascina, así que me pasé toda la hora de almuerzo metiéndome en los galpones buscando ángulos para gatillar la cámara.

El abandono se ve no sólo en la infraestructura ferroviaria en desuso, sino que también se lo nota si intentamos cargar combustible en el auto…

O si nos metemos en lo que eran las antiguas viviendas de los pobladores, la mayoría de las cuales están totalmente destruídas…

…mientras que otros edificios, si bien no están habitables, aún conservan la forma, aunque sea…

Pero ya lo he dicho, en Las Cuevas aún hay establecimientos que funcionan y la verdad que debe ser toda una experiencia pasar la noche en uno de ellos y poder disfrutar del cielo coordillerano y sus estrellas. ¡Ojalá en algún momento pueda hacerlo!

Así finaliza nuestra rápida recorrida por el pueblo de Las Cuevas. Cuando hagas la excursión de alta montaña tendrás la oportunidad de conocerlo vos mismo, y si te gusta (y te dan los tiempos en caso de que hayas almorzado en el restaurant), te recomiendo aprovechar para caminar un poco y tratar de imaginarte cómo se vivía allí cuando todo eso funcionaba a pleno.

Todos los posts del recorrido de Alta Montaña en Mendoza los encontrás en este link.

¡Hasta la próxima!

Una parada para conocer el Puente del Inca, en Mendoza.

Muy cerca del paso fronterizo con Chile y del ingreso al Parque Provincial Aconcagua, en la ruta hacia Mendoza uno se encuentra con el poblado Puente del Inca, que por supuesto debe su nombre a la famosa y sorprendente formación natural que se halla en aquél lugar.

panoramica-puente

Se trata de una formación rocosa natural en puente de arco de la cual no se sabe con exactitud su origen. Son dos las principales teorías al respecto, diciendo la primera que se trata de un antiguo puente de hielo que se solidificó y perduró en el tiempo; mientras que la segunda alega la posibilidad de que se haya formado a causa de un derrumbe en la pared sur del Aconcagua acontecida hace unos 14.000 años atrás. Sea cual sea la acertada, todas las teorías coinciden en que las sales contenidas en el agua termal que surge en este lugar son la razón de que el puente se haya formado  y perdurado hasta ahora.

acceso

Las aguas termales surgen a la superficie a una temperatura de entre 34ºC y 38ºC y con una gran concentración de sales y de dióxido de carbono. Son conocidas desde tiempos ancestrales por sus poderes curativos, tanto que ya los Incas frecuentaban esta zona atraídos por tales propiedades del agua, y el puente le debe su nombre justamente a esto.

hotel

Posteriormente, en 1917 se construyó aquí un hotel de lujo, propiedad de la inglesa Compañía Hotelera Sudamericana, el cual convirtió este paraje en la estación más importante del Ferrocarril Trasandino dentro de la zona cuyana.

banos

Junto con el hotel se construyeron los pabellones de baños, que se comunicaban con el mismo a través de un túnel subterráneo de cuyas paredes brotaban numerosas vertientes cálidas y frías. En estos baños se trataban males como el reumatismo crónico, la sífilis y enfermedades de la piel entre otras, aprovechando las propiedades naturales del agua termal. Sin embargo en 1965 un alud destruyó gran parte de las instalaciones, las cuales quedaron abandonadas.

tuneles

Antiguamente se podía transitar sobre el puente natural y así llegar hasta el hotel y los baños. Incluso se podía pasar no sólo a pie, sino con vehículos. Sin embargo este uso del puente, como así también el hecho de haber desviado las aguas termales por canales para la fabricación de artesanías, hizo que el puente comenzara a agrietarse al no recibir la cantidad de sales necesarias para su normal preservación, motivo por el cual hoy en día el paso está vedado. Sólo quedará observar desde lejos las estructuras de los baños bajo el puente y los increíbles colores amarillentos en la roca por el flujo de azufre.

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Lo mismo sucederá con la capilla. Toda una frustración para mi, ya que mis viejos habían estado allí hace décadas atrás, e incluso me habían recomendado entrar en la solitaria iglesia para escuchar el particular sonido del viento en su interior.

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No pudo ser, y tuve que contentarme con una foto al máximo zoom disponible.

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Hoy en día se está trabajando en la preservación del lugar y en devolver las aguas a su cauce natural. Los artesanos del lugar ya no pueden venderte objetos petrificados en las aguas termales, pero aún así los vas allí ofreciéndote toda clase de cosas.

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Puente del Inca sigue siendo una parada obligada. Normalmente es parte de las excursiones de alta montaña, cuyos posts podés leer haciendo click acá. Y si lo hacés en auto, no dudes en frenar un rato para contemplar esta maravilla (y rareza) natural.

Subimos hasta el imponente Cristo Redentor, en Mendoza.

Hace algunas semanas atrás te conté sobre la excursión de alta montaña que hicimos en Mendoza y que nos llevó por los innumerables caracoles de Villavicencio. Luego de parar en Uspallata (y fuera de programa, en el Fortín Picheuta para esperarnos), el punto cumbre del paseo es, sin duda alguna, el ascenso hasta el famoso Cristo Redentor.

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Primer plano del Cristo Redentor de Mendoza

Ubicado a 4000 m.s.n.m., prácticamente en la frontera exacta entre Argentina y Chile, el Cristo es un monumento dedicado a la paz y la amistad internacional entre ambas naciones. El símbolo adquiere gran significado por el momento en que fue erigido en aquellos parajes: en mayo de 1902 los presidentes de Argentina y Chile firmaban los Pactos de Mayo dejando la determinación de la frontera bilateral en manos de los británicos y cerraban así un largo capítulo de confrontaciones y rumores de guerra en la zona más austral del continente.

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Vista de los valles de los Andes desde el Monumento al Cristo Redentor.

Son numerosas las placas emplazadas al pie del Cristo que recuerdan estos hechos y sus sucesivos aniversarios, pero esta de Rotary Club es una de las más significativas que encontré, con las palabras del obispo Jara en el discurso de inauguración del monumento.

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El Cristo es una parada obligada en el viaje mendocino y se puede visitar tanto con agencias de turismo que organizan la excursión como por cuenta propia, si uno tiene auto o alquiló uno, algo que puede ser altamente recomendable en Mendoza como te conté en este post. Eso sí, si lo hacés por agencia consultá bien y asegurate de que vayan a hacer el ascenso, ya que se de gente que fue y se quedó en Las Cuevas, sin subir.

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El pueblo de Las Cuevas, visto desde la camioneta, mientras ascendíamos camino al Cristo.

Hacerlo será toda una experiencia, ya que el camino de ripio es sinuoso y muy angosto, al punto de caber por momentos un sólo vehículo. En esos casos, por supuesto, el que sube (y por tanto hace el mayor esfuerzo) es el que tiene prioridad de paso.

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Si bien se dice que el Cristo está forjado con el bronce fundido de los cañones que utilizó el Ejército Libertador durante la guerra de la  independencia, eso no está del todo claro y pareciera ser más un mito que otra cosa. Lo que sí sabemos que no es un mito es que por este preciso lugar marchó la columna al mando del General Las Heras, cuando en 1817 cruzó la coordillera rumbo a Chile.

chile

Hay presencia tanto argentina como chilena en el lugar.

Si uno va a Mendoza con idea de subir al Cristo hay que tener en cuenta la fecha del viaje: durante el invierno la nieve cubre estos lugares y hace imposible el paso, así que la época más recomendable son los meses de verano. En mi caso, lo hice en marzo, y así estaba el paisaje:

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Otro punto a considerar es que se sube mucho, y que allí arriba, por más verano que sea, el viento corre con fuerza y la temperatura baja. Fundamental llevarse un abrigo, que si además es rompevientos, mucho mejor. Pero por más soleado que esté el día no subestimen el frío de la montaña a 4000 metros de altura.

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El viento es muy fuerte y baja considerablemente la temperatura, aún en días de mucho sol.

Y si se animan a desafiar el viento que viene con fuerza en contra y casi no te deja caminar, se pueden mandar a trepar por el costado del monumento hasta el monolito que marca el punto exacto de la frontera entre ambos países, y cuyo cartel indica Argentina de un lado, y Chile del otro.

hito

Allí mismo hay algunos puestos donde uno puede proveerse de un chocolate caliente y algo para comer, nada para despreciar con el frío de esas alturas. Y luego de calentar un poco el cuerpo, ya será hora de emprender el descenso hacia Las Cuevas.

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Del casi pueblo fantasma de Las Cuevas ya hablaremos en un próximo post. Siempre y cuando bajes del cristo con cuidado, porque dicen que es peligroso. aconcagua

Un imperdible de Mendoza, por lo imponente de la estatua, lo magnífico del paisaje, la historia del lugar y lo que representa para argentinos y chilenos.