Archivos Mensuales: julio 2017

Almorzando en El Náutico de Puerto Madryn

Salir a comer afuera es toda una ceremonia, esté donde se esté, pero cuando uno está de vacaciones se convierte en un gusto que siempre hay que darse. Durante mi estadía en Puerto Madryn me encontré que resultó ser un gusto difícil de satisfacer: en general encontré que los precios son altos, o al menos demasiado caros para lo que en servicio y comida se ofrece.

Uno de los pocos lugares que se salieron de esta regla nefasta fue El Náutico, Bistró de Mar. Ubicado sobre la playa, se trata de uno de los paradores más céntricos, y a mi gusto y ojo poco profesional culinariamente hablando, al menos, uno de los mejor puestos.

Los sillones en el lobby al aire libre parecen cómodos, pero el ambiente no lo es tanto al meterse en el interior del local: como suele suceder en estos casos, si bien el lugar es amplio y parece físicamente cómodo, es muy ruidoso, con un murmullo constante que, a mi en particular, me saca. Así que optamos por salir y aprovechar el día soleado en la galería cubierta que tiene detrás, con vista a la playa aunque aislada de la arena por un muy acertado cerramiento de vidrio. Además, el lugar está semi techado así que el sol no molesta demasiado y permite disfrutar del almuerzo.

Si bien alguien que sabe del tema me indicó que la característica de un bistró es su carta acotada, El Naútico destaca por una buena gama de variedades en cuanto a platos se refiere. Por supuesto, los pescados y mariscos son protagonistas y se convierten en muy buenas opciones a degustar. Nuestra elección fue cornalitos de entrada, y pejerrey a la romana de principal.

Los cornalitos nunca los había probado, y puedo decir que estaban exquisitos.

Y el principal tampoco defraudó.

 

Sin sobresalir demasiado el servicio del mozo fue aceptable y se ganó la propina correspondiente. Y ahora vamos a lo que nos interesa: buen servicio, excelente mercadería y a orillas del mar: entonces te sacan la cabeza. No, no es el caso. El almuerzo nos salió en marzo 2017 a razón de $200 por persona, sin vino ni postre, lo cual me parece un precio razonable, y resulta mucho más económico que otros lugares de esta ciudad patagónica.

Una buena alternativa para comer bien y relajado, mirando el mar.

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A 10 años, la muestra rosarina que recuerda al Negro Fontanarrosa.

Quienes pasen por la ciudad de Rosario en estos días aún están a tiempo de visitar la muestra “Fontanarrosa… el mayor de mis afectos”, en el Galpón 13 del Parque Nacional a la Bandera, donde se lo recuerda a diez años de su fallecimiento.

Roberto Fontanarrosa fue uno de los humoristas gráficos más importantes que tuvo la Argentina y sus miticos personajes son parte ya de la cultura popular nacional. El más famoso sea quizá el irreverente gaucho Inodoro Pereyra, siempre acompañado de su perro Mendieta, que por supuesto no podía faltar en el evento conmemorativo.

De hecho Mendieta ha sabido ganarse su lugar propio y tiene al fondo del salón una amplia zona dedicada a sus esculturas, pintadas por diferentes personalidades que han querido participar rindiendo homenaje a su autor.

Así encontramos por ejemplo al “Mendieta rockero”

O a este otro anónimo y pintado con su clásica frase “Qué lo parió!” en un trabajo artístico destacado por el nivel de detalle.

La muestra recorre un poco la vida y obra del Negro Fontanarrosa pero se centra también en el afecto que el público y colegas le tenían. Y es muy recomendable incluso para ir con los chicos, especialmente ahora que están de vacaciones de invierno, porque hay una muy buena cantidad de actividades interactivas para realizar, que de una u otra forma acercarán a los más pequeños a este emblema de las letras y dibujos rosarinos que, lamentablemente, no llegaron a conocer en vida.

Se puede dibujarlo a Mendieta y colocar el resultado en un panel al fondo del área dedicada a sus esculturas; se le puede escribir una carta al Negro, quizá inspirándose en las que le han escrito reconocidos amigos suyos para la ocasión; se puede hacer alusión al artista en el acróstico interactivo; y hasta se puede vivir la pasión del fútbol como él la vivía por su querido Rosario Central.

Pero la actividad que más me impactó fue la que te permite crear una película animada y verla ahí mismo en la computadora. Al que se le ocurrió esto lo aplaudo de pié, porque el interés que vi que generaba y los resultados de las películas son realmente excelentes. Los chicos estaban encantados, y yo también!

La muestra pretende “hacerte vivir Fontanarrosa”, y en mi opinión lo logra. Sus viñetas, diseminadas por todo el predio te sacan más de una sonrisa, sino una carcajada, y el stand que recrea su ámbito de trabajo te deja la sensación de que salís de allí conociéndolo un poco más.

Con una esclerosis diagnosticada unos años antes, en 2006 el Negro hizo el anuncio de que dejaría de dibujar, pues su mano ya no le respondía. Lo hizo a través de una carta dirigida a sus lectores, donde indicaba, fiel a su estilo, que se apoyaría en excelentes artistas que además eran amigos, para proseguir con su obra. Así sus historietas fueron a parar al lápiz de Crist, de quien dice que dibuja mejor que él, y la saga del mítico Inodoro Pereyra quedó a cargo de Oscar Salas.

Pero lo más complicado de emular su estilo sería quizá el trazo en las letras, pues Fontanarrosa escribía con una caligrafía muy particular y característica. El diseñador Eduardo Rodriguez Tunni fue quién dio la solución, ya que al ser férreo seguidor del dibujante había dedicado años a reproducir su tipografía, y así la cedió, bajo el nombre de ANARROSA FONT para que los personajes del Negro siguieran teniendo voz en las manos de Crist y Salas.

Antaño, al Negro Fontanarrosa se lo podía ubicar en el Bar El Cairo de Rosario, del que era habitué y al que convierte en escenario literario en varios de sus cuentos. Hoy una réplica del bar invita a charlas donde diferentes personalidades lo recuerdan en una mesa de café.

La muestra homenaje a Fontanarrosa es un imperdible de Rosario en estos días. En lo que resta de julio se la puede visitar de miércoles a domingos, de 14 a 18 hs. Y durante agosto, en el mismo horario, pero sólo durante los fines de semana.

Una excelente opción para conocer un poco más al Negro y su obra; y recordarlo como corresponde. Desde aquí, una humilde colaboración de Ahicito Nomás para el recuerdo de este querido artista rosarino, con su discurso sobre las malas palabras durante el III Congreso de la Lengua Española, realizado en Rosario en 2004.

Una noche en el Wombat Hostel de Munich, Alemania.

Mi estadía en la ciudad de Munich fue muy acotada, apenas estuve una noche para viajar al día siguiente hacia el vecino pueblo de Miesbach donde me encontraba con un amigo. Sin embargo necesitaba un lugar dónde dormir y como esta parada la definí a último momento y en época de Oktoberfest (fiesta popular más que importante en Alemania), la realidad es que no fue algo simple encontrar alojamiento. Bueno, terminé resolviéndolo de forma simple en realidad, pagando un poco bastante más caro de lo que estoy acostumbrado.

Así encontré finalmente una cama en habitación compartida de seis personas en el Wombat Hostel, al módico precio de EUR 118 por noche. Sí, una pequeña fortuna ya que habitualmente por un monto así duermo en un buen hotel con habitación doble privada, pero estaba en la temporada más alta de Munich, con muy poca disponibilidad de alojamientos, así que me la tuve que aguantar. Claro que investigué precios en hoteles, pero imagínense lo que salían si una simple cama valía más de 100 euros…

Igualmente, nobleza obliga. El precio era alto, pero el hostel bien vale la pena. Se trata de uno de los mejores hostels que haya yo visitado. Como comprobé en otras localidades de Europa, los hostels allá están pensados y construídos para cumplir esa función, y la verdad es que eso hace una diferencia enorme. El Wombat Munich, además, está diseñado de forma tal que uno pueda descansar sin ser molestado, a la vez que quién quiera estar de joda pueda hacerlo también, sin molestar al resto.

Al ingresar uno se encuentra con un enorme espacio de recepción / living que sirve como punto de encuentro. Allí, al momento de registrase uno recibe una tarjeta que sirve como suerte de llave maestra. Con esa key card se tiene acceso al interior del hostel con sólo pasarla por el lector de las puertas, como si fueras un agente especial en el cuartel general de la CIA. Esa misma tarjeta, además, es la llave para el locker que te hayan asignado en la habitación. Siendo tan importante, es vital no perder la tarjeta, y el Wombat se asegura tu compromiso al pedirte (y retenerte) tu identificación, la cual te devuelven al hacer el check out y reintegrar la tarjeta. En mi caso, dejé mi DNI tarjeta y me quedé con el pasaporte, por supuesto.

El hostel tiene cinco pisos, y en la planta baja (pero separado de la recepción por una puerta que se abre únicamente con la key card) hay una enorme sala de estar, y más atrás el bar, donde por las noches se arma fiesta con buenos precios en los tragos (al menos mejores que los que vi afuera en la calle), y que por las mañanas sirve como desayunador. Las habitaciones están en los pisos superiores, a los que se accede por un ascensor que te deposita en un hall aislado del área de habitaciones por puertas de blindex. Al bajar del ascensor escuchas la música a todo lo que da del bar, al pasar al pasillo (con ayuda de la key card), la paz es total.

Las habitaciones son amplias, y la limpieza (cuestión primordial) es de lujo, incluso en los baños.

El desayuno (que no está incluido en la tarifa por noche y tenés que pagarlo día a día en la recepción a un costo de EUR 4,50) es muy completo. Tiene la particularidad de que se sirve sobre la mesa de pool que tiene el bar. Allí podés encontrar  diferentes tipos de café, té, jugos y leche para los cereales. Para masticar hay pan con manteca y mermeladas, fiambres, budines y hasta frutas frescas.

Una buena opción para alojarse en Munich, aunque claro, si uno pasa por esta hermosa ciudad alemana con intención de visitar (o en fechas de) la Oktoberfest, será conveniente reservar con tiempo para conseguir un mejor precio.

 

Visitamos el Museo de la Casa Natal de Sarmiento, en San Juan.

Cuando uno llega a la ciudad de San Juan sabe (o debería saber) que está en la cuna del presidente argentino que más hizo por desarrollar la educación y cultura del país. Domingo Faustino Sarmiento nació en la casa que hoy en día se puede visitar pagando un bono de apenas $20 para conocer el museo que profundiza en detalles de su vida.

El edificio es realmente histórico y data del año 1801 en el que Doña Paula de Albarracín, madre del prócer, decidió aún siendo soltera comenzar con la construcción de su morada. Así es que se basó en el solar heredado de sus padres, en el cual se encontraba una higuera bajo la que instaló el telar que le servía de sustento. Tan sólo con ese instrumento Doña Paula producía los hilados cuya venta le proveían el dinero para pagar semanalmente los materiales y el trabajo de los obreros, a los que vigilaba atentamente mientras levantaban su hogar alrededor del árbol.

La higuera histórica tiene peso en sí, ya que fue testigo de la vida familiar desde tiempos muy tempranos, y en particular porque Doña Paula le tenía un afecto muy especial. Tal es así que cuando la familia se agrandó las hijas mayores quisieron remodelar la casa, para lo cual era necesario sacar el árbol. Por mucho tiempo esto fue denegado, y cuando finalmente se avanzó con la obra, el decaimiento de la madre hizo que las hijas dejaran florecer un retoño que había quedado, y que hoy podemos ver bien crecido en el centro del patio principal de la vivienda.

Claro que la casa no es histórica únicamente por antigua y por su higuera. Aquí fue donde nació el prócer argentino, y además se convirtió en sede de la gobernación cuando Sarmiento fue electo gobernador de la provincia de San Juan, para lo cual se realizaron algunas ampliaciones. Por último, podemos decir que es histórica por tratarse de uno de los pocos edificios de la ciudad que quedaron en pie luego del terrible terremoto de 1944 que arrasó literalmente con todo San Juan. Así, las paredes son originales, aunque el ala norte, la que fue utilizada por Sarmiento para sus funciones ejecutivas, sufrió daños severos por lo que fue necesario reconstruirla.

Hoy en día se puede ingresar y visitar el edificio de estilo colonial, donde la muestra que detalla la vida de Sarmiento se divide en dos: por un lado una zona de la casa habla del “hombre de familia” y da detalles de la vida de los Sarmiento como tales; y por el otro lado está la zona más enfocada al “hombre público” y lo realizado por Domingo Faustino en el ejercicio de los cargos públicos que ostentó durante su vida.

En algún punto es inevitable que ambas se mezclen y que la división pierda algo de sentido, pero al menos la recorrida resulta ordenada para el visitante. Eso sí, habrá que ir con ganas de leer porque hay mucha cartelería con gran cantidad de información. En este punto se podría pensar en hacer algo más interactivo, especialmente para interesar a los más chicos.

Lo que me gustó mucho fue la línea del tiempo, que cuenta la historia del prócer argentino poniéndola en contexto con lo que sucedía en cada uno de esos momentos, tanto en el país como en el exterior.

La casa es grande y sufrió algunas modificaciones según lo dictaran las necesidades familiares. Algo que se entiende bastante cuando uno se entera que los padres de Sarmiento tuvieron nada más y nada menos que 15 hijos, aunque fueron sólo cinco los que alcanzaron la edad adulta. Sin embargo, por más que sea grande, la muestra se recorre bastante rápido, dependiendo por supuesto de cuánto quiera uno detenerse a leer, y el ritmo que le imprima.

La casa natal no es sólo museo, sino que funciona también como biblioteca (nada más atinado, verdad?).

Un dato de color es que la casa fue declarada como Monumento Histórico Nacional por el gobierno nacional en 1910, constituyéndose en el primer edificio en ostentar este título. Un año más tarde comenzaría a funcionar aquí el museo biblioteca.

El museo es una opción obligada para todo aquél que pase por San Juan y está abierto todo el año, de 9 a 20:30 hs. durante la semana, y entre las 10:30 y las 16 hs. los sábados y domingos. Para sacarle mayor provecho se tiene la opción de participar en las visitas guiadas, que tienen horarios establecidos, los cuales se puede consultar en la página web.

Y por último, al salir (o quizá antes de entrar), infaltable la foto sentado junto al prócer que te enseña a diferenciar entre “vaca” y “burro”.

Hay mucho más material sobre el viaje por la provincia de San Juan, así que espero verte por acá disfrutando de los próximos posts.

¡Hasta entonces!

 

Cómo visitar la planta de Airbus en Hamburgo.

Hamburgo es una ciudad hermosa en la que el visitante encontrará cantidad de actividades para realizar y lugares por conocer. Además de ser un lugar donde “sucedió” la historia, con sus canales es una ciudad arquitectónicamente bella, con una interesante movida cultural, amplios parques y mucho atractivo. Y para aquellos a los que nos fascinan los aviones, tiene un detalle #avgeek muy particular: es una de las sedes del constructor europeo Airbus. Por supuesto, apenas llegamos y nos acomodamos en el lugar, lo primero que hicimos fue coordinar nuestra visita a la planta.

A simple vista llegar desde el centro no parece sencillo, ya que Airbus está ubicada en las afueras, cruzando el Río Elba en la región de Hamburg Finkenwerder donde dispone de un aeropuerto propio. Sin embargo el sistema de transporte público alemán funciona de maravillas, no sólo vas a poder moverte bastante bien, sino que la demora que te indique por ejemplo el Google Maps es lo suficientemente certera como para que puedas calcular bien cuánto vas a tardar. En mi caso viajé en tren hasta la estación Altona y desde allí tomé el colectivo 150 que te deja en la puerta.

Por una cuestión de cupos y de estadía en Hamburgo yo me registré en la última excursión del día. Luego de charlar con otras personas que hicieron la visita la conclusión es que ese horario no es el más recomendable: a última hora de la tarde son pocos los operarios trabajando, por lo que no se ve gran movimiento en la planta. Por otro lado, en la puerta hay un gift shop donde todo #avgeek se va a volver loco, pero al momento en que la última tanda de visitantes sale de la recorrida ya está cerrado, así que uno se queda con las ganas.

Las fotos de la planta y los aviones en ensamble se las debo porque están prohibidas. Uno puede llevar la cámara pero no usarla. Y para asegurarse que todos cumplan las normas cada grupo va acompañado por un guardia de seguridad además del guía. Dentro de la planta nos trasladamos grandes distancias a bordo de los micros de la empresa, pero igualmente luego hay que caminar bastante y subir y bajar escaleras, por lo que la visita no está recomendada para personas con movilidad reducida.

Se comienza viendo un video introducción a lo que es Airbus como empresa, con información muy genérica, luego del cual hay un espacio para una ronda de preguntas al guía. Pero claro, nadie está demasiado interesado en eso: todos queremos entrar en los hangares y ver cómo se construye un avión.

Mientras que las aeronaves se diseñan en Toulouse, Francia, en Hamburgo se realiza el ensamblado y equipamiento de la familia 320, que incluye al avión más vendido en la historia de la compañía, el A320, además del A318, A319 y A321. Claro que los fuselajes que tuvimos oportunidad de ver en los hangares corresponden a la nueva versión A320 NEO (New Engine Option) que son más livianos y mejoran la performance consumiendo menos combustible.

Además Hamburgo funciona como centro de ensamblado de ciertas partes, y de pintura para los A380, e incluso como punto de entrega a los clientes de Europa y Medio Oriente. Así es que en la última parte de la excursión pudimos ver cómo se construye el avión de pasajeros más grande del mundo. Mientras que en el hangar de la familia 320 se trabajaba sobre unos diez aviones, en la bahía del A380 había en construcción dos para Emirates (el principal cliente global de este producto) y uno para Qatar Airways.

Según la explicación del guía, en Hamburgo se opera sobre unos 18 aviones a la vez, y el tiempo de producción de cada uno es de 9 meses aproximadamente. Los compenentes de los aviones vienen de diferentes plantas situadas en Europa, como ser los estabilizadores verticales que llegan desde Stade, Alemania; mientras que las alas llegan desde el Reino Unido y el fuselaje desde Getafe, España. Todo esto implica una logística increíble, que incluye no sólo camiones y buques, sino también barcazas especiales que remontan los ríos con los motores a bordo, y hasta el transporte de partes de fuselaje por avión, en el impresionante carguero A300-600 más conocido como “Beluga” que despega y aterriza en el aeropuerto de la planta, como pudimos apreciar cuando salíamos de la excursión.

La visita a la planta de Airbus es una excursión recomendable para todo el mundo, e imperdible para todo fanático de la aviación. Para realizarla hay que reservar por web indicando día y horario en la página de la Agencia Globetrotter, a la que se puede acceder clickeando aquí. Es sólo con reserva, y es todo muy estricto, así que no olvidar este paso fundamental si no quieren quedarse afuera. El costo es de EUR 23.90 y si estás reservando sobre la fecha, lo podés pagar en el lugar.

Y recordá dentro de lo posible organizarte para reservar un horario durante la mañana, donde seguramente vas a ver la planta en plena actividad.