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Una noche en las Cabañas Los Molles, de Cachi.

Durante nuestra última travesía por el noroeste argentino paramos una noche en Cachi, un pueblo que es una de los puntos obligados cuando hacer la recorrida por los Valles Calchaquíes. Por cuestión de disponibilidad de alojamiento (era justo el comienzo de las vacaciones de invierno en la provincia de Salta), y de haber decidido hacer noche también en Molinos (otro pueblo que amerita una visita y del que ya hablamos en el blog), en Cachi nos tocó dormir únicamente una noche, en las cabañas Los Molles.

Construido algo alejado del pueblo, producto del fuerte crecimiento que tuvo en los últimos años y que lo hizo extenderse más allá del río del que la localidad toma su nombre, el complejo Los Molles cuenta con apenas dos cabañas ubicadas en dirección hacia el Nevado de Cachi, y muy cerca del ovnipuerto. 

La cabaña donde dormimos nosotros era lo suficientemente cómoda y estaba bien equipada. A nivel de confort contaba con aire acondicionado frío / calor (única calefacción disponible), TV por cable y wifi, que hay que decirlo, funcionaba muy bien. El detalle: hasta había un matafuegos, elemento poco visto en este tipo de alojamientos pero que, cuando uno lo piensa, hace a la seguridad.

El alojamiento era de dos habitaciones, una matrimonial y otra para los niños con dos camas individuales, en los que el espacio estaba bien, pero no sobraba. La contra: no había placard donde guardar la ropa, pero siendo que pasábamos una sola noche allí no nos hicimos problema y quedó todo guardado en las valijas.

El ambiente central es una amplia cocina comedor que además está bien equipada para un grupo familiar de 4 personas, con ollas, utensilios y demás implementos de cocina. Ni siquiera faltaban los ingredientes básicos para cocinar, como ser el aceite, la sal o el azúcar, que muchas veces uno tiene que salir a comprar de apuro al supermercado.

El baño es pequeño y angosto, al punto de resultar un tanto incómodo, pero termina siendo aceptable aunque habrá que moverse con algo de cuidado. La limpieza y prolijidad, al entrar al alojamiento, es muy buena, tal como se puede ver en las fotos.

Sin grandes lujos, Cabañas Los Molles es una buena opción para alojarse en Cachi. Claro que será necesario estar en auto, ya que de lo contrario la lejanía con el pueblo en sí se puede volver una complicación. Si eso está resuelto, por todo lo demás no hay que preocuparse. Incluso los dueños tiene una despensa que atienden en horario extendido por lo que si te olvidaste de comprar algo para la comida, no tenés que irte lejos para conseguirlo. Así que es cuestión de relajarse, y disfrutar de este hermoso pueblo enclavado entre las montañas salteñas.

El Hotel Camino Real de Antigua Guatemala.

Como parte de una jornada laboral, en febrero pasé una semana en la ciudad de Antigua Guatemala, que por supuesto tendrá sus posts próximamente, y dentro de ella alojándome en el hermoso Hotel Camino Real, un 4 estrellas de estilo colonial ubicado a sólo un par de cuadras de la plaza principal, en una ciudad que amerita ser caminada a pie más que andada en cuatro ruedas.

El hotel en sí, además de su vistosa arquitectura colonial y su larga calle de acceso, tiene una estructura totalmente novedosa. El acceso al área de habitaciones se realiza atravesando una reja que abre únicamente con la llave magnética que te entregan al hacer el checkin. A partir de allí se ingresa a una serie de pasillos y jardines al aire libre, muy bien pensados y cuidados, a lo largo de los cuales están dispuestas las distintas habitaciones. Esto ya le da un aire diferente a la estadía, lejos de los clásicos pasillos alfombrados y a veces mal iluminados que encontramos usualmente en cualquier hotel.

Si bien las habitaciones dan a pasillos y galerías, y por tanto se supone que la iluminación natural debería ser muy buena, el cuarto que me tocó a mí en particular estaba en el extremo de la construcción, en un rincón, por lo que uno podía ver claramente la luz del sol pegando en las plantas del jardín desde la ventana, pero difícilmente esa luz llegaba a ingresar plenamente en la habitación. Por lo tanto, en este caso la iluminación artificial era clave para realzar un cuarto algo oscuro, pero seguramente la situación de habitaciones dispuestas de forma diferente sea otra.

Si hablamos del cuarto en sí tenemos que decir que es espectacular. Increíblemente amplio, con espacio para dos enormes y comodísimas camas matrimoniales (al punto que podría decir que se trata de la cama más cómoda que encontré en toda mi vida en un hotel), aun quedaba lugar una especie de living donde estaban el escritorio (con espejo incluido), dos sillones y una mesita ratona.

Para no desentonar, el baño también es amplio y está diseñado a lo largo, aprovechando toda la profundidad de la habitación. Hacia un costado la ducha está equipada con todo lo necesario, incluyendo las batas con las que podés reemplazar al clásico toallón. La grifería, como se llega a apreciar en la foto, es un detalle de categoría en cuanto a su diseño. En una ubicación un tanto extraña, sobre la mesada del lavabo encontramos también la cafetera, con sus dos tazas.

La limpieza, durante toda la estadía (que fue realmente extensa) fue de 10. Punto alto en ese sentido (y más que importante), como así también en cuanto a servicios: la habitación está equipada con TV por cable y el wifi funciona razonablemente bien y en todo el hotel. Dentro del cuarto hay frigobar pero los consumos allí son algo caros. No hay agua de cortesía ya que la de la canilla es potable (de todas formas recomiendo no tomarla), pero para compensar esto en los pasillos el hotel tiene dispuesto un servicio de cafetería disponible en todo momento, y gratis.

Al jacuzzi (porque es climatizado y hasta puede verse el vapor saliendo del agua) no lo pudimos probar, a pesar de haber pasado una semana alojados allí. Sin embargo estaba tentador…

El desayuno incluido en la estadía puede tomarse desde las 6 am en que abre el salón comedor, y puede ser tanto allí como en la habitación. Es super completo y un área separada del salón está dispuesto para el buffet donde pueden encontrase cosas tan extrañas para desayunar como lentejas, frijoles y los típicos plátanos fritos, tan comunes en Guatemala.

También hay fiambres y cereales, pero yo por supuesto opté por buscar los panificados, ubicados en un mueble exclusivo del otro lado del área. El café te lo sirven en la mesa, y el detalle del autoservicio era una máquina exprimidora de naranjas, que te hacía el jugo ahí en el momento. Más fresco, imposible.

Para relajarte por la noche, el hotel cuenta con un bar donde el White Russian lo preparan genial. La predisposición y cordialidad del personal, tanto del bar, como del restaurante y la recepción, es destacable, pero por lo que pude ver de mi paso por Guatemala esto es una característica del país y su gente, más que un atributo propio del hotel en sí. Sinceramente son unos anfitriones espectaculares!

El Camino Real es una excelente opción para alojarse en Antigua. Lo único quizá criticable pueda ser el hecho de que al ser muy utilizado para eventos (incluyendo casamientos y contingentes corporativos) en ocasiones los huéspedes pueden ser un tanto ruidosos, pero esto dependerá de quién te toque de vecino de cuarto. Por otro lado, habrá que revisar el precio antes de reservar, ya que en principio es un poco más costoso que el promedio de los hoteles, aunque claro está, el servicio y la infraestructura son otra cosa, y bien lo valen.

Una noche en Estancia La Margarita, en Chascomús.

La ciudad de Chascomús es ampliamente conocida, ya sea por ir de paso a la Costa Atlántica (y quizá incluso hacer una parada en el famoso parador Atalaya) o bien por su laguna que ofrece un atractivo para ir a pasar un día al aire libre. Sin embargo, a veces está bueno hacer una pausa más extensa y quedarse aunque sea una noche, para disfrutar más en profundidad. Ubicada “detrás” de la enorme laguna, la Estancia La Margarita es una excelente opción para quién quiera alojarse en esta ciudad.

Hoy refaccionada y convertida en un excelente alojamiento de campo desde el año 2017, La Margarita recibe su nombre de parte de la tatarabuela del actual dueño, Carlos Girado, y supo ser la casa familiar donde pasaron gran parte de su vida. En la actualidad cuenta con diferentes tipo de habitaciones y nosotros optamos por la Suite Superior, la que podemos recomendar ampliamente.

Al entrar a la suite se accede a un importante living dominado por un hogar que, como en ese momento comenzaba a hacer frío, Carlos había ya encendido para que la habitación comenzara a tomar temperatura. Luego correrá por cuenta del visitante ir alimentándolo con la leña para mantener el fuego vivo.

Una puerta separa el living del cuarto en sí, que está equipado con baño en suite. El cuarto es muy amplio también, con piso de madera y está equipado con calefacción a gas. Un antiguo armario ubicado en un rincón sirve para guardar la ropa que no vayas a utilizar en lo inmediato, en caso de que la estadía sea más prolongada.

Cuando hablamos del baño nos toca también hablar de la limpieza del alojamiento, que en este caso es excelente. Super amplio, la ducha funciona de maravillas y allí encontrarás jabón líquido, shampoo y crema de enjuague. El detalle: a la izquierda de la foto se ve la carpetita tapando la toalla de mano, cosa de que no se ensucie por estar colgada allí. El baño también está calefaccionado a través de una placa eléctrica empotrada en la pared, así que no hay riesgo de sentir frío al ducharse, aunque sea pleno invierno.

La Margarita está atentida por Carlos, su esposa Marcela y sus hijos quienes con su trato cordial te hacen sentir como en casa. ¡Y ni hablar cuando te cocinan! Cenar en la estancia es una de las opciones. Para eso habrá que averiguar cuál es el menú que se sirve en el comedor principal. Ahora bien, si estás alojándote en la Suite, como es la única habitación que tiene living, es posible pedir la cena en el cuarto. En nuestro caso fue entrada, canelones de plato principal y postre, todo acompañado por un buen vino tinto, y con la excelente atención de Pedro que iba y venía trayendo las cosas de la cocina.

La estadía tiene incluido el desayuno, que se sirve en el comedor principal y consta de budines, pan que podés tostar, dulces, queso blanco y manteca. Para beber tenés café o té, a los que podés agregarle leche. También hay yogurth con cereales, y jugo de naranja.

En medio del campo, La Margarita transmite mucha paz. Dormir en sus habitaciones es un verdadero placer, lejos de los ruidos molestos de la ciudad. El paisaje que la rodea también ayuda a bajar varios cambios, e invita a salir a caminar los alrededores de la casa para disfrutar del verde, o incluso a tirarse en una de las hamacas paraguayas de la galería y dormir una siesta. Si el día está lindo y la temperatura acompaña, podés usar la pileta. Aunque lo que más llama la atencion, seguramente, es la vida de campo, una experiencia que podés tener hablando con los dueños.

 

 

En la página web encontrarás los datos de contacto. Para el ingreso habrá que tener algo de cuidado, especialmente si llovió recientemente, porque el camino desde la ruta que rodea la laguna es una huella de tierra, por momentos profunda, y con el terreno embarrado puede ser un tanto complicado de transitar. Pero nada que no se supere con algo de cuidado al manejar. El esfuerzo bien valdrá la pena.

Alojamiento en Miami: El excelente Provident Doral at the Blue.

Para el fin de semana que pasé en Miami por mi cuenta tuve que buscar hotel por mi mismo, tarea poco fácil por la gran cantidad de oferta. Lo primero fue definir un tope para el presupuesto que quería gastar y luego, con ese filtro ya realizado, decidir la zona y el tipo de alojamiento que quería: algo céntrico o cercano a las áreas turísticas que me interesaban, o algo más tranquilo, como para relajarme y disfrutar la estadía a pleno, aunque fuera algo más alejado.

Como había decidido alquilar auto no me preocupó para nada el tema de la distancia y opté por buscar un alojamiento tranquilo. Doral es una zona residencial de Miami, con mucho verde y canchas de golf. La oferta del Provident Doral at the Blue me parecía muy buena, y en cuanto a precio había una oferta que lo hacía imbatible.

Más que de un hotel se trata de un barrio privado, lindero a un campo de golf. Estos dos factores le dan una amplitud y tranquilidad increíbles. Si lo que buscas es relajarte, indudablemente este lugar en una excelente opción. Para ingresar al predio habrá que pasar por el control de seguridad, como en cualquier country, donde el guardia deja registro de las visitas. Una vez hecho el checkin, en la recepción te entregan un letrero para mantener a la vista dentro del auto, indicando que tenés permitido circular y estacionar en el predio, y las fechas de tu estadía. Luego, cada vez que necesites entrar al complejo, solamente con mostrar el cartel basta.

El primer edificio que se ve al entrar corresponde a la recepción, y más al fondo está el bar donde se puede desayunar, cenar, o incluso tomar algo. Las habitaciones están en los demás edificios, a los que se llega avanzando por la calle interna. Es importante destacar que la mayoría de los cuartos están alejados, así que lo mejor es no olvidar nada en la recepción, y consultar todo lo que se necesite. De última, siempre se podrá llamar por el interno para evitar tener que caminar varias cuadras para saldar una simple duda.

Justo después del edificio central está la piscina. La verdad que se la ve muy bien, pero durante mi estadía estaba clausurada por mantenimiento. Igual le saqué foto, aunque tuviera la faja de peligro, porque la iluminación a la noche bien valía la pena. Pero el Provident Doral no iba a dejar un huesped a gamba, así que en reemplazo de la piscina propia al hacer el check in me entregaron un voucher para hacer uso de la de un hotel cercano.

Pero vamos ahora a lo que nos interesa. Cada uno de los edificios tiene varias habitaciones distribuidas en sus dos pisos. A no preocuparse que están equipados con ascensor para subir y bajar el equipaje, pero luego para el uso diario es más rápido usar las escaleras. Las habitaciones son ENORMES y super amplias. (Sí, tiene que escribirse con mayúsculas). A lo largo se ingresa a un muy pequeño recibidor, al que le sigue la cocina. Luego viene el cuarto en sí y en el mismo ambiente hay un living con comodísimos sillones para tirarte a mirar tele, y una mesita con sillas como para sentarte a comer algo. Por último un muy amplio balcón, dotado también de su mobiliario.

El Provident Doral funciona como una especie de apart hotel, y está equipado por completo. La cocina cuenta con una heladera que debe ser el doble de la que tengo en casa, vajilla, cafetera, microondas y hasta lavavajilla. Los armarios cubren gran parte de la pared, son enormes y dentro uno encuentra tabla de planchar y caja fuerte apta para guardar la laptop. Para el confort hay una tele que es coherente con el tamaño de la habitación y equipo de audio. El wifi es gratis, y funciona de maravilla.

Pasando al baño nos encontramos con dos lavabos en lugar de uno (todavía no entiendo para qué). De un lado está la bañera con hidromasaje, del otro el inodoro y la ducha, ambos cerrados con mampara de vidrio. La ducha es complicada y me llevó un buen rato entender el funcionamiento: no había caso, el agua salía por la manguera en vez de la regadera, hasta que de tanto probar dí con que hay que darla a la canilla sin asco ni temor, casi que parece que la vas a desenroscar y caerá al piso. Y ahí si, una ducha de lujo con semejante regadera. El único problema que le encontré es la incomodidad de no tener dónde colgar el toallón, por lo que termina tirado sobre la puerta de vidrio.

Cuando hablo del baño me gusta aprovechar para comentar algo sobre la limpieza, algo que me parece fundamental, y es lo primero que me fijo en un alojamiento. En el Provident Doral es un 10 felicitado.

Me di el lujo de probar suerte en el bar restaurante del complejo, The Chophouse 5300. Cuando te chequeas como parte de la bienvenida te dan una tarjeta con descuento del 20% para cenar, así que había que aprovechar a ver cómo era. Si bien me tentaba cenar en las mesas de afuera, con vista a la piscina, el calor y el hecho de que el aire acondicionado estuviera a una temperatura coherente me decidieron por sentarme en el salón. La atención fue excelente, ágil y atenta. La comida muy buena, y se la puede ver en la foto. Y el precio, aún si no tuviera el descuento, para una comida rápida es aceptable considerando el hotel donde estamos alojados.

Otro factor interesante para optar por este hotel es su ubicación: si bien está en una zona residencial, se encuentra muy cerca del Dolphin Mall. Quizá si tu idea es hacer vida de playa te convenga buscar algo más cercano a la arena, pero si lo que querés es relajarte, aprovechá un de los cómodos sillones y disfrutá la estadía.

Una noche en el Rancho de Manolo: Alojamiento en Molinos.

Cuando organizamos cómo realizar el circuito de los Valles Calchaquíes en la provincia de Salta decidimos hacer noche en un punto intermedio entre Cafayate y Cachi, las dos localidades más famosas del recorrido. La intención era hacer el paseo lo más relajadamente posible, disfrutarlo al máximo y conocer pueblos y lugares nuevos. Así es como decidimos pasar una noche en el pueblo de Molinos, que pronto tendrá su post en el blog y en el que recomiendo ampliamente que se alojen si buscan tranquilidad y aire colonial mezclado con historia.

Y en Molinos encontramos el Rancho de Manolo, un modesto pero muy acogedor alojamiento ubicado en el extremo del pueblo, casi ahí donde termina. Si el pueblo en sí es extremadamente tranquilo, la paz en aquél rincón es absoluta.

Sin ningún lujo, la habitación es amplia y bien fresca gracias a sus techos altos. Tanto que, en invierno como fuimos nosotros, es necesario que Manolo pase y encienda la estufa a la tardecita, cuestión que el ambiente se caliente para pasar la noche. La cama es amplia y cómoda, y en una de las mesas de luz hay dos frazadas extras, por si la calefacción no da abasto.

El baño es pequeño, pero aunque ajustado cuenta con el espacio suficiente. La ducha funcionó de forma excelente y el agua caliente sale enseguida. Lo único un tanto raro es la disposición del bidet, que por evidentes cuestiones de falta de espacio queda dentro del área de la ducha.

Además de alojamiento, el Rancho de Manolo es también restaurante. Tuvimos oportunidad de probar los sandwiches de lomito y milanesa, y podemos decir que son excelentes y se venden a muy buen precio. Allí mismo, en los salones del restaurante se sirve el desayuno, en el horario en que uno le pida a Manolo. No son muchas las opciones en cuanto a variedad pero la calidad está más que bien. Se puede elegir entre café o té a los que se le puede agregar leche, y para comer hay pan y facturas con manteca y mermelada. El detalle: acompañan un vacito de jugo de naranja y soda.

El punto en contra del lugar tiene que ver con la escasez de mobiliario ya que no tiene placard ni cajoneras donde guardar la ropa, con lo cual habrá que mantenerla en las mismas valijas, o bien utilizar el generoso perchero a la entrada. Por otro lado los que quieran ver TV se la pierden o tendrán que ir al salón restaurante, ya que en los cuartos no hay.

Todas incomodidades que quedan más que olvidadas por la amabilidad de Manolo y la calidad con que te atienden. Además, el wifi es excelente, incluso de subida, así que no vas a tener problema alguno en compartir tus fotos en las redes sociales ni para comunicarte con tu familia. Y por último, la puerta trasera del alojamiento da a un pequeño parque que se puede utilizar como cochera.

Nada mal para pasar una noche y conocer este alucinante pueblo, que en mi opinión, es una parada tan olvidada como obligada. De todo eso, ya hablaremos más adelante.