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Volando de Miami a Toronto con Air Canada: Reporte del Vuelo AC1641

Llegado el momento de seguir viaje luego del stop en Miami me tomé el servicio de shuttle del Hilton Garden Inn que en 15 minutos me dejó en el aeropuerto. Este vuelo tenía algo muy particular: era la primera vez que iba a volar con Air Canada, en este caso con los servicios de su filial Rouge.

Si bien ya había chequeado on line como suelo hacer para ahorrar tiempo en el aeropuerto, una vez allí igualmente tuve que utilizar los kioscos para imprimir yo mismo el ticket para el equipaje. Es fácil, pero de todas formas hay personal de la línea que se acerca a ayudarte. Luego de adherir el sticker a la valija pasé a la zona de entrega de equipaje que, al menos en ese momento, estaba prácticamente desierta.

Pasé al checkpoint correspondiente y allí hice seguridad. Había poca gente en los scanners pero como sólo uno estaba en funcionamiento el trámite se demoró un poco más de lo esperado. Igualmente fue para destacar la buena predisposición (y humor) de los agentes de la TSA que indicaban qué dejar dentro del equipaje de mano y qué sacar: En resumen el pasaporte, billetera, celular y cualquier otro papel va dentro; mientras que las laptops y cualquier otro electrónico grande va afuera. Esto último incluye cámaras fotográficas reflex.

En la puerta J5 tuve que esperar a que llegara el avión, lo que me dió oportunidad de registrar su estacionamiento en la plataforma y ver cómo se realizaba el chequeo de control: un técnico de la línea dando vueltas alrededor del avión mirando todo con sumo detalle.

Ya abordo pude mirar en detalle cómo era el A319. Hay que decir que Air Canada Rouge tiene un modelo de negocio híbrido, en el sentido de que la cabina del avión es típicamente low cost (no hay pantallas ni toma corrientes y los asientos son totalmente básicos; además de que el servicio de refrigerio se paga en el momento), pero a pesar de esto el pasaje incluye una pieza de equipaje despachado.

En mi caso no había comido nada en todo el día así que opté por comprar un snack y una cerveza. Pagué todo con la tarjeta de crédito a la primer TCP, mientras que con el ticket que ella me entregó le reclamé la cerveza a la TCP siguiente, cuyo carrito traía las bebidas. Por supuesto también se puede optar por un vaso de agua que, obviamente, no tiene cargo alguno. Lo mismo sucede con el té o el café.

Para que tengan una idea, esta es una foto de la carta.

El vuelo fue tranquilo y el aterrizaje en Toronto muy suave. Antes de ese momento los TCP reparten el formulario de migraciones canadiense que hay que completar para presentar en el aeropuerto.

El trámite migratorio, al menos en mi caso, fue extremadamente simple. El agente escaneó mi pasaporte y me hizo un par de preguntas de rutina: motivo del viaje, qué tipo de negocio iba a realizar, para qué empresa trabajaba y a qué me dedicaba. Satisfecho con mis preguntas, selló mi ingreso y me dió la bienvenida. Así pasé a la zona de reclamo de equipaje, que es impresionante por lo enorme…

Amplias y cómodas, buscar la valija en esas cintas es casi un placer.

Para llegar hasta mi hotel tenía previsto desde un principio utilizar los servicios de UBER, que en Canadá no sólo es legal, sino que el aeropuerto tiene un lugar definido donde operan. Así se lo ve en la cartelería de señalización donde se puede leer “Ride App Pickup”, que vendría a ser la zona de espera para los vehículos contratados por aplicaciones de celular. De hecho al confirmar el pedido, la App te indica dónde esperar: en mi caso fue en la Zona 1.

De esta forma completé mi primer vuelo en Air Canada y mi primer ingreso a Canadá. Más adelante llegarán los posts sobre mi estadía en el gran país del extremo norte de nuestro continente.

De tránsito en Miami: Una noche en el Hilton Garden Inn

Con una enorme cantidad de frecuencias diarias operadas por varias líneas aéreas desde Argentina, el Aeropuerto Internacional de Miami es un hub importantísimo para los argentinos que viajen tanto a Estados Unidos como a otros países. Normalmente una hace la espera entre vuelo y vuelo dentro del aeropuerto, pero en ocasiones es necesario (o saludable) salir y pasar la noche afuera, Fue mi caso en el último viaje que hice, donde salí para dormir en el Hilton Garden Inn.

Ubicado en el área del aeropuerto (donde realmente abundan los hoteles) el Hilton Garden Inn es una opción correcta a la hora de pasar una corta estadía. Por supuesto que tiene su servicio de shuttles desde y hasta el aeropuerto, que busca pasajeros de la puerta 6 en adelante. Lo único que hay que hacer es llamar al hotel cuando un llega e indicarle al personal de recepción en dónde se está.

La habitación es amplia y la cama king size es super cómoda. El armario cuenta con tabla y plancha, así que está muy bien para viajes de negocios donde en general es necesario tomarse un tiempo para sacarle las arrugas a las camisas después de desarmar la valija. El punto en contra: no tiene caja fuerte.

En cuanto a confort en la habitación cuenta con cafetera y microondas. La heladera está vacía, así que habrá que aprovisionarse afuera, lo que normalmente resulta bastante más barato que consumir del frigobar. Las aguas son de cortesía.

El escritorio es de tamaño normal tirando a pequeño, pero funcional, con lámpara y toma corrientes al alcance de la mano, que además cuentan con conexión USB por lo que no es necesario ocupar uno convencional para recargar la batería del celular. El servicio de wifi está incluido en la estadía y funciona muy bien.

Por último revisamos el baño, que si bien es chico está muy bien distribuido y resulta cómodo. La ducha funciona muy bien, aunque tiene el detalle de que hay que dejarla correr bastante para que el agua salga caliente. En una sola noche no podría decir demasiado al respecto, pero en líneas generales la limpieza es muy buena.

El hotel cuenta con restaurante que funciona hasta las 10 PM y los que estén de paso y con las horas contadas para recuperar fuerzas antes de emprender el siguiente tramo del viaje lo agradecerán enormemente. En especial si consideramos que la comida es buena y el precio accesible.

Adentrándonos en detalles, una de cal y otra de arena. El punto positivo es la piscina al aire libre, que por supuesto en apenas unas horas no pude aprovechar, pero que se la veía con mucho movimiento. El negativo tiene que ver con el aire acondicionado en la habitación, ya que en Miami es un punto fundamental, y si bien anduvo muy bien tiene la deficiencia de ser muy ruidoso y convertirse en una verdadera molesta para dormir. Si no hace mucho calor, en friar bien la habitación antes y luego directamente apagarlo antes de acostarse será una buena idea.

Y la frutilla del postre es la ubicación del hotel, a sólo 15 minutos del aeropuerto y alineado con una de sus pistas, por lo que los aviones pasan justo encima de uno durante su aproximación, permitiendo sacar fotos como la de arriba. Ideal para spotters escasos de tiempo que no puedan moverse hasta alguno de los puntos más cercanos al aeropuerto, o para quienes gusten seguir gatillando sus cámaras en todo momento, incluso recostados en la cama de su habitación.

Vuelo diurno a Miami y Prueba del servicio de Locker en el Duty Free de Ezeiza.

Para finales de junio pasado Latam Airlines tuvo una particularidad en sus vuelos a Miami: además del tradicional diario directo sin escalas nocturno, hubo uno similar pero diurno. Se trató del vuelo 4M7824 que partía de Ezeiza a las 8:40 de la mañana, y que al momento de escribir este post ya no está disponible.

Si bien este vuelo fue operado con el B767 de siempre y el servicio es el mismo al que Latam nos tiene acostumbrados, me decidí a escribir el reporte para contar una experiencia totalmente nueva que decidí probar en esta ocasión.

Llegué a Ezeiza con 3 horas de anticipación como acostumbro cuando vuelo a Estados Unidos, sabiendo que los controles de seguridad adicionales podrían llegar a demorar el proceso normal de embarque, así que mejor tomar los recaudos del caso. Es decir, me levanté tempranísimo y enfilé hacia el aeropuerto con pocas horas de sueño para encontrarme con un mostrador de checkin bastante solicitado. La gran acumulación de gente y consiguiente demora no tenía que ver con el habitual cuestionario de seguridad que Latam realiza para sus vuelos a Miami (que fue rápido como siempre), sino con que había un solo desk habilitado para la atención al público.

Pasados unos 15 o 20 minutos llegó más personal de la aerolínea y el tema comenzó a agilizarse. Así despaché el equipaje y luego pasé por los scanners de seguridad sin más demora, para encontrarme con la novedad de que Burger King está por abrir su sucursal en la zona de preembarque. Sin embargo una hamburguesa no tenía nada que ver con la experiencia que estaba a punto de probar por primera vez.

En esta ocasión viajaba con la intención definida de comprar alguna bebida de esas que suelen ser más baratas en el free shop que en la plaza local (aunque hoy en día no hay que dar nada por hecho y conviene revisar, comparar y confirmar). Chequeando precios aprovechando que tenía buen tiempo antes de la salida, encontré una muy buena promoción. Pero claro, no me iba a ir de viaje con las botellas a cuestas, así que opté por probar el servicio de retiro de productos al regreso.

El tema es bastante simple: vas, seleccionás lo que querés comprar y en la caja pedís el servicio de locker para retirar a la vuelta. Pagás en el momento y te piden los datos del vuelo de regreso, con los cuales te emiten un ticket que debés conservar y presentar para retirar luego. Aunque no lo usé aún, ahora también está la opción de reservar los productos on line y retirarlos luego en el aeropuerto el día del vuelo.

Algo a tener en cuenta: al regresar el retiro no se realiza en el free shop de la terminal, sino en una ventanilla que hay en un extremo de las cintas de equipaje. Allí se presenta el ticket y nos entregan los productos tal como si recién los hubiéramos comprado. Esto permite aprovechar la mayor variedad que hay en la tienda de salida, como así también cualquier promoción que esté vigente en ese momento, y que no sabemos si al regreso aún estará disponible. Y por supuesto, con la comodidad de no tener que llevarnos todo eso de paseo por el mundo.

El viaje en sí fue bastante placentero porque tuve la suerte de volar con el asiento de al lado vacío. Se trató del 27L, un clásico ya a esta altura para mi vuelo a Miami con Latam, y por la ventanilla pude registrar la nueva torre de control en construcción bajo la luz de la primera mañana, como así también la espera en cabecera de la pista 11, experiencias casi imposibles al viajar en vuelos nocturnos.

El servicio de abordo no cambia en nada salvo en el orden, obviamente. Al ser diurno, momentos luego del despegue viene el desayuno; y luego cerca ya de Miami se sirve la cena. El contenido y calidad del menú son los acostumbrados.

Y otro detalle del vuelo diurno: a destino se llega también de día, a las 17:10 según el horario del schedule. Y eso hace que se puedan tomar buenas fotos de Miami desde el aire, cosa que arribando antes de las 5 am es bastante difícil.

Afortunadamente se trató de un vuelo sereno y que se realizó tal como programado. Muy puntual el servicio. Mi miedo de llegar en ese horario era la cantidad de gente que podría encontrar haciendo migraciones, pero por suerte no fue para nada grave. Pasé primero por las máquinas automáticas, que ya son obligatorias por lo que pude ver, y luego de contestar el cuestionario, con el ticket en mano enfrenté al oficial de migraciones que no me preguntó nada adicional.

Así de fácil (y de rápido) había ingresado a Estados Unidos una vez más.

 

Una parada en el Parque Estatal de Arrecifes de Coral John Pennekamp.

Todo un nombre para un parque público, no? Pero lo que más llama la atención de este predio ubicado en Cayo Largo, uno de los que se pueden visitar al recorrer la ruta de los cayos al sur de Florida, es la singularidad de tener el único arrecife de coral vivo en los Estados Unidos continentales.

El tan extenso y llamativo nombre se lo debe a la interesante historia de su establecimiento, allá por el año 1960 cuando el presidente Eisenhower definió esta zona como un área de reserva, protagonizada por un científico y un periodista que unieron esfuerzos al luchar por la causa.

Por aquellos años el turismo abundaba en Los Cayos de Florida y las actividades asociadas al mismo se abocaban lisa y llanamente a destruir la naturaleza del lugar. Todo servía para promocionar el turismo y cualquier cosa se tomaba para entregar como souvenirs a los visitantes, sin reparar en el daño que se estaba haciendo a las estructuras de coral al saquearlas de semejante forma. Esto fue detectado por el Dr. Gilbert Voss, un biólogo que estaba estudiando el ecosistema en 1957, y quién recibió un gran apoyo del periodista del Miami Herald, John Pennekamp. Ambos hombres trabajaron codo a codo para organizar una coalición de conservacionistas que se dedicara a proteger los recursos marinos del lugar, y así finalmente llegaron las actuaciones gubernamentales que convertirían el predio en un parque estatal que homenajea a uno de los hombres que lo hizo posible, llevando su nombre.

El parque cubre aproximadamente unas 78 millas cuadradas marinas de arrecife de coral, extendiéndose 3 millas hacia el Océano Atlántico y unas 25 a lo largo de la costa. Hoy puede ser visitado y la concesión a cargo cuenta con varias atracciones como para poder disfrutarlo sin dañar la naturaleza. La más interesante es quizá los paseos en el bote con suelo de cristal que zarpa tres veces al día y realiza tours de 2 horas y media en los que puede apreciarse la belleza del coral y la fauna y flora marina sin mojarse ni un pelo. Para los más aventureros la mejor opción sea quizá el tour de snorkel, donde uno puede nadar en las aguas admirando también el paisaje que el mar ofrece, o directamente salir a bucear.

Otra actividad disponible es el paso en kayak, e incluso el parque tiene un muelle donde se puede atracar el yate propio, ya sea para pasar el día o la noche, y para los que tengan un presupuesto más holgado hasta se pueden alquilar botes. Obviamente también se puede acampar de la forma más tradicional (y barata), pescar (siempre y cuando cuentes con la licencia correspondiente), o simplemente pasar el día tirado en las arenas blancas de la playa. Y por supuesto, allí también podrás admirar algo de la fauna autóctona del lugar!

El parque abre todos los días del año, desde las 8 de la mañana hasta el atardecer y el acceso tiene un costo módico que depende de la cantidad de personas y cómo lleguen (si en auto, caminando, etc), por lo que lo mejor es revisar la información actualizada en la web.

Y eso sí, cuando vayas, tené cuidado con el cocodrilo!

Una tarde en el Parque Estatal Bahía Honda, en los Cayos, Florida.

Viajando hacia el sur de La Florida por la US1 uno se adentra en Los Cayos, una serie de islas que se internan en el Océano Atlántico unidas por una autopista de la que ya hablamos en un post anterior. Luego de conducir unos 130 millas desde Miami se llega al Bahía Honda State Park, cuyo símbolo es el puente cortado cuya foto me atrapó y me decidió a ir por él.

El lugar debe su nombre a las características de las aguas en esta bahía, que son especialmente profundas. Tanto es así que antiguamente la playa funcionaba como un puerto para las embarcaciones que iban de paso, estando incluso marcada en las cartas de navegación españolas.

Fue en 1905 que el magnate del petróleo Henry Flagler se propuso construir el East Coast Railway, una línea de ferrocarril que uniría los Cayos de Florida. La profundidad del agua en esta zona realmente complicó la consecución del ramal, y la construcción del viejo puente que hoy se ve abandonado fue particularmente difícil. Los pilares centrales sobre los que se levanta la estructura requirieron cantidades inusitadas de material que debieron transportarse en diferentes embarcaciones, y hubo días en los que la jornada de trabajo quedaba reducida a dos turnos de 45 minutos durante los cambios de marea.

Así y todo, en enero de 1912 se inauguró el puente para el servicio ferroviario de pasajeros. Sin embargo 23 años más tarde el terrible Labor Day Hurricane, un tremendo monstruo de categoría 5 (el máximo de la escala) que aún hoy en día es considerado como de los más devastadores del mundo, se encargó de echar el proyecto por tierra y dejar el puente en ruinas.

Cuando se lo reconstruyó, en 1938, ya se lo hizo pensando en una carretera y no más en un ramal ferroviario. De hecho, en contra de lo que muchos creen, el puente nunca se utilizó para los dos medios de transporte en simultáneo. El hecho de que la estructura para el ferrocarril haya quedado “techada” por el asfalto no se debe a que los autos y el tren cruzaran el puente al mismo tiempo, sino simplemente a que el ancho libre entre las vigas no era suficiente para que pasaran los autos, por eso la autopista se terminó construyendo en la cima de la estructura.

Hoy en día el Bahía Honda State Park se puede visitar y es ideal para pasar el día, con playas de aguas claras y muy tranquilas, ideales para ser disfrutadas incluso con niños. El parque cuenta con baños, duchas y hasta unos cambiadores de los que hice uso para vestirme luego de un relajante chapuzón en las cálidas aguas del mar caribe, antes de emprender el regreso a Miami.

Son variadas las actividades que se pueden hacer aquí, y se puede tanto pasar el día como quedarse a acampar, o incluso pernoctar abordo de tu propio bote, amarrado al muelle por cuyo servicio hay que abonar una tasa.

Y por supuesto que se puede subir al viejo puente, idealmente durante el atarceder para ver la puesta del sol, aunque muchos prefieren fotografiarla desde la playa, con la estructura metálica como parte fundamental del paisaje.

El hueco entre los pilares le da un aire especial y lo hace inconfundible. Podría pensarse en un principio que se trata de un vestigio del huracán, pero nada más alejado de la realidad ya que luego de la devastación el puente volvió a construirse. Su abrupto corte, que da la impresión de que en cualquier momento un auto va a precipitarse al mar, se debe a que una vez que se lo dejó de usar por haberse construído el actual puente, se hizo necesario abrir un espacio por el que las embarcaciones pudieran navegar.

Es importante decir que Calusa, la playa desde la cual se ve el viejo puente, no es la única del Bahía Honda Key. De hecho este cayo es famoso por sus hermosas playas, las cuales fueron catalogadas como las mejores de Estados Unidos, así que si se tiene tiempo suficiente, un viaje a este punto bien podría ameritar visitar otras playas, en especial Sandspur Beach.

El parque está abierto al público desde las 8 de la mañana hasta que cae el sol, los 365 días del año. Para averiguar el precio de la entrada, las actividades que se pueden realizar, e incluso para reservar un espacio en el muelle para dormir, lo más aconsejable es chequear la página web a la que accedés desde acá.

Y listo. El resto es relajarse, y disfrutar.