Archivos Mensuales: enero 2019

Wynwood Walls: De zona de depósitos a galería de arte a cielo abierto.

A través de la historia y las diferentes geografías el ser humano siempre encontró la forma de expresarse a través del arte. Y es bien sabido que hay diferentes clases de arte. Uno de los lugares donde esto se hace patente y palpable es el barrio industrial de Wynwood, en la ciudad de Miami. Allí donde las calles estaban plagadas de depósitos hoy en día puede visitarse una de las “galerías de arte a cielo abierto” más importantes del mundo.

El distrito de Wynwood Walls nació en la mente de Tony Goldman, un empresario de bienes raíces dedicado a renovar y diseñar lugares, que allá por 2009 entendió que aquellas enormes paredes sin ventanas que se distribuían en esa zona de la ciudad eran el elemento ideal que haría posible la creación de una muestra de arte callejero sin precedentes. Básicamente, la idea era utilizar todos esos metros cuadrados de ladrillos como lienzos de pinturas.

La iniciativa convocó no sólo a artistas estadounidenses, sino que participaron personas de todas partes del mundo. Desde los vecinos de México hasta los lejanos Japón y Singapur, pasando por Brasil como representante sudamericano, las contribuciones para lograr que Wynwood Walls fuera lo que hoy puede verse llegaron de todo el globo.

Y lo que se logró es realmente destacable y le da definitivamente otro aspecto a la zona. Mientras uno camina por aquellas calles llenas de colores y expresiones es difícil imaginarse cómo sería el vecindario sin los graffitis que hoy lo decoran por todos lados.

Al 2500 de la NW Avenue se encuentra el epicentro de la muestra: un predio cerrado donde pueden verse varias obras concentradas en un mismo lugar, y donde hay salones con muestras de diferentes artistas, ya más allá del arte del graffiti.

Para el momento de mi visita, el espacio interior estaba reservado a Peter Tunney, un artista norteamericano autor de curiosos cuadros como el WTF, que por su vinculación con el medio aeronáutico mereció tener su foto en el blog.

Y claro, sobre los méritos de esta lámpara no tengo nada que explicarles…

Si no me la traje a Buenos Aires fue porque se me ocurrió que, a la hora de la limpieza, se me iba a complicar un poquitito…

Y allí nomás, en el parque, algo que no terminé de entender qué hace ahí ni qué representa, pero que por supuesto no podía dejar de fotografiar: un avión (o lo que queda de su estructura) y un felino encima suyo.

El distrito cuenta hoy en día con unas 70 galerías de arte en total, y como el público tiene que alimentarse hay buenas y diferentes opciones para comer y tomar algo; desde restaurantes italianos bien puestos hasta los food trucks de la feria.

Por supuesto, es lugar ideal para las selfies y las fotos pensadas. Es sólo cuestión de ser ocurrente y encontrar un hueco o momento sin gente para retratar lo que uno tiene en la mente, y por qué no, por un momento, y de alguna forma, interactuar con la obra y pasar a formar parte de ella.

Llegar a Wynwood Walls no es complicado. A unas 20 cuadras del centro de Miami lo más recomendable será optar por un Uber o taxi, aunque también se puede ir en transporte público ya que hay un colectivo que pasa por el vecindario. Si bien no es necesariamente peligroso,  hay que tener en cuenta que los alrededores de la zona turística de Wynwood Walls pueden no tener el mejor aspecto. La recomendación cuando fui fue evitar ir a pie, porque mejor prevenir que curar.

Así pasamos por este pintoresco vecindario de Miami. Un lindo lugar para recorrer un par de horas, parar a almorzar o a tomar algo, y luego seguir viaje hacia otro punto de la ciudad. Pero de eso hablaremos en un próximo post.

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La Pulpería de Juan Moreira, en Navarro.

Ubicada sobre la calle número 24, llamada ahora Av. Dr. Alfredo Sabate en honor a un reconocido historiador de Navarro, y que antiguamente fuera el Camino Real hacia Buenos Aires, se levanta con ladrillo a la vista el edificio más antiguo de la ciudad, con excepción de la iglesia. Se trata de la Pulpería de Juan Moreira, construída en 1823 a escasos metros del cementerio.

Allí nos atendió gentilmente Daniel, el dueño del lugar, oriundo de la zona sur del Gran Buenos Aires que pasa los fines de semana en Navarro, lugar de donde es su familia. Así es como un día compró el lugar y comenzó a restaurarlo con el objetivo de dejarlo tal cual como era en la época del tristemente célebre gaucho Juan Moreira. Y es que la pulpería actualmente lleva su nombre porque él vivía allí, a pocas cuadras, ya fuera en la casa de su suegro o en un hotel cercano, según fuera la ocasión, y por lo tanto solía frecuentar la vieja pulpería del Vasco Ochoa. Sin ir más lejos, Daniel nos cuenta que justo antes de cometer uno de sus crímenes a pocas cuadras del lugar, el gaucho paró en el local para tomar algo.

El lugar es pequeño pero así y todo se las arregla bien para albergar gran cantidad de cosas. En un esfuerzo por recrear el local lo más fielmente posible, Daniel descubrió la reja que separa el sector del pulpero del salón para los clientes, que había quedado empotrada dentro de una pared. También se dedicó a rastrear elementos que pertenecían a la pulpería para devolverlos a su sitio, como es el caso del “dispenser” ubicado sobre el mostrador.

Pero además Daniel es todo un coleccionista y apasionado por la historia, por lo que el lugar está repleto de antigüedades que nada tienen que ver con Juan Moreira. Entre todo aquello mi ojo clínico se posó sobre un nombre más que conocido: se trataba de una cigarrera de metal, viejo souvenir de vuelo de Lufthansa.

Y algo que no me hubiese llamado la atención si Daniel no hubiera estado ahí para explicar los detalles: colgada de una pared se encuentra una cerámica de tonalidades grises y blancas, que perteneció al increíble hotel Edén, en La Falda, Córdoba; aquél en el cual algunos creen que Adolf Hitler se ocultó luego de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, y luego de hacerle creer al mundo que se había suicidado en el bunker de Berlín.

Pero volviendo a lo local y a la ciudad de Navarro, pasamos un largo rato hablando con Daniel sobre la figura de Moreira y sus fechorías. Se trataba de un gaucho vecino del pueblo que tuvo la desgracia de enamorarse y casarse con la mujer que, a su vez, pretendía el teniente alcalde del pueblo, Juan Córdoba. Tanto que el mismo día del casamiento comenzaron sus problemas, al cobrársele una multa por haber hecho la fiesta sin autorización de las autoridades. A eso se sumó una deuda de $10.000 que un pulpero de la zona había contraído con el gaucho y que nunca le devolvió. Al denunciarlo, sin documentación que lo avalara como acreedor, Juan Moreira fue detenido durante 48 horas por el teniente alcalde, bajo el cargo de reclamar lo que no le pertenecía. Absolutamente indignado por esta injusticia, el gaucho se tomó represalia matando al pulpero de 10 puñaladas (una por cada $1000 que le debía) y a Córdoba. En esta última trifulca caerían también otros dos policías que estaban con el alcalde en ese momento, dando comienzo a la etapa del gaucho rebelde que se conoce sobre este personaje.

Claro que no podemos dejar de referirnos tampoco a la fase política de Moreira, ya que en un principio ligado al Partido Autonomista llegó a ser guardaespaldas de su líder Adolfo Alsina, para luego terminar enrolándose en el Partido Nacionalista. Eran épocas en las cuales los procesos electorales eran un tanto oscuros, y el voto se hacía a “viva voz”, por lo que los servicios de hombres como el que nos ocupa eran muy valorados por los partidos políticos a la hora de sumar votantes.

Pero no sólo de historias de gauchos se nutre la Pulpería de Juan Moreira. En el jardín, al costado del edificio, resalta una estatua. No estuvo siempre allí, sino que es originaria de Huacho, localidad peruana en la que el General San Martín desembarca luego de libertar Chile, para librar las últimas batallas por la independencia del extremo sur latinoamericano. Esta estatua estaba en la estancia que se le cedió al comandante argentino para que la utilizara como cuartel general durante la campaña libertadora en Perú. Y allí seguía en los años 60, cuando en aquella zona una reforma agraria había entregado esas tierras a los campesinos que quizá priorizando necesidades más básicas, poco inclinados estaban a valorar el arte y la historia. Así es cómo un militar argentino, de intercambio en Perú, se termina trayendo la estatua al país con el objetivo de salvarla de su inminente destrucción, y que luego de varias idas y venidas termina aquí, en los jardines de la pulpería, accesible a todos los que quieran pasar por Navarro a conocerla y enterarse de su historia.

Y eso no es todo. Porque como en todo lugar con tantos años, no podían faltar en este edificio las historias de fantasmas. Y allí está, colgada de una de las paredes, la lápida de Juan Crovetto, asesinado por el gaucho Moreira el 13 de octubre de 1905. De hecho, entre tantos objetos de colección, lo extraño no es encontrarse con esta pieza que más que a un museo pertenece a un cementerio. Lo sobrenatural es el mismo hecho de que esté allí, expuesta, en una pared en la que nadie la colgó, ya que simplemente apareció un día ahí.

Y hay más historias de fantasmas, aún más sorprendentes que la de la lápida, de esas que te erizan la piel al escucharlas. Pero esas no te las voy a contar yo. Si querés conocerlas, un fin de semana hacete unos kilómetros hasta Navarro, buscá la Pulpería al 1780 de la Av. Sabate (calle 24), y pedile a Daniel que te las cuente.

Arte en España: Visitas al Museo del Prado y al Museo Thyssen-Bornemisza

Supongo yo que para los amantes del arte Madrid debe ser una ciudad más que importante. Allí, sobre la plazoleta Paseo del Prado, y con escasos metros de diferencia entre uno y otro, se ubican dos de los más importantes museos de arte. Aprovechando esta cercanía, y la compañía experta que me acompañaba aquella última tarde en la capital española, yo también hice la recorrido por ambas galerías para admirar algunas de las obras más importantes de la historia.

El famoso Museo Nacional del Prado se inauguró en noviembre de 1819 con 311 pinturas de la Colección Real que se expusieron al público. Este año festeja su bicentenario, por lo que es de esperar que se organicen eventos y programaciones especiales durante el transcurso del año.

Su colección permanente está dividida según origen. Así tenemos pintura española, flamenca, italiana, francesa, alemana y británica. Además hay secciones de dibujos y estampas, de artes decorativas y de escultura. Además la Iglesia de San Jerónimo el Real, ubicada justo detrás del museo, alberga varias pinturas religiosas del siglo XVII.

Dentro del recinto del museo  hay por supuesto obras maestras de los mejores artistas de la historia, entre los que se cuentan Rafael, Durero, El Greco, Velázquez, Rembrandt y Goya. Son muchas las obras expuestas, pero yo no tengo la menor duda. Sin saber nada sobre arte, puedo decir que la más impactante es Saturno devorando a su hijo, del genial Goya.

A unos 100 metros de allí pero del otro lado de la calle uno se encuentra con otro museo famoso: el Thyssen-Bornemisza. Sin tanta historia como El Prado, este museo abrió sus puertas en 1992 para exponer la prestigiosa colección privada de la familia que le da nombre al recinto.

La colección permanente está organizada de forma tal que la recorrida se comienza en la segunda planta del museo, donde se expone pintura antigua. En el primer piso el visitante encontrará la escuela holandesa y pintura moderna; para finalizar en la planta baja donde se pueden ver obras del siglo XX, incluido el arte pop y la postguerra europea.

El Thyssen-Bornemisza tiene también sus obras maestras de la mano de autores de la talla de van Gogh, Caravaggio, Rubens, Renoir, Dalí, entre otros. Incluso está también el autoretrato de Rembrandt y la escultura Cristo y la Magdalena de Rodin.

 

Mientras que en el Museo del Prado la toma de fotografías está prohibida, en el Thyssen-Bornemisza está permitida siempre que sea sin flash. Esa es la razón por la que no hay fotos del primer museo ilustrando este post. Pero para qué querés fotos de semejantes obras maestras, si la mejor (y en realidad única) forma de apreciarlas como se debe es admirándolas en vivo y en directo.

Así que no se diga más. Si estás por Madrid y te gusta la pintura, acá tenés algunas visitas obligadas para hacer. Para mayores datos, te dejo link a las webs oficiales de ambos museos, donde podrás ver detalles de horarios, precios  y demás para organizar la visita:

Link al Museo del Prado

Link al Museo Thyssen-Bornemisza

Visitamos el controvertido Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta.

En pleno centro de la ciudad de Salta, al 77 de la calle Mitre, se encuentra uno de los museos más polémicos de los que se tenga noticia. Se trata del MAAM, Museo de Arqueología de Alta Montaña, y la controversia está garantizada por lo que es el centro y casi único tema de la exposición: las momias de Llullaillaco.

La recorrida comienza contando algo sobre la historia de la arqueología de montaña, y lo emparentada que está con el montañismo como deporte. De hecho, fue una expedición del Club Andino de Chile la que en este caso descubrió lo que parecían ser ruinas arqueológicas en lo alto del Volcán Llullaillaco, a más de 6000 metros de altura sobre el nivel del mar. El anuncio de los montañistas disparó las siguientes expediciones científicas que terminarían por descubrir los cuerpos momificados de tres niños, en casi perfectas condiciones.

La así llamada Niña del Rayo debe su apodo al hecho de que, luego de haber fallecido, fue alcanzada por un rayo que quemó parte de su cuerpo. Tenía al morir una edad de poco más de seis años y fue hallada en posición sentada.

La doncella. Autor: Pedro Groover.

El Niño tenía alrededor de siete años y estaba sentado sobre una túnica de color gris.  Alrededor de la cabeza lleva un adorno de plumas blancas sostenida por una honda de lana.

La mayor fue apodada La Doncella por los investigadores. Tenía alrededor de 15 años y está vestida con ropas típicamente femeninas, además de estar exquisitamente peinada con trenzas.

Las tres momias presentan el cráneo ligeramente deformado, lo que es indicativo de que se trata de miembros de la nobleza (donde esto era una costumbre habitual), especialmente elegidos para ser sometidos a los rituales de sacrificio humano. Todos estaban acompañados además por objetos que, por su lugar de procedencia y manufactura representan aspectos centrales de la vida social y religiosa de la cultura inca.

El Niño. Autor: José Fontanelli

Según se piensa, los tres niños formaron parte del ritual conocido como Capac Cocha a través del cual, las diferentes aldeas pertenecientes al Imperio Inca llevaban a los niños elegidos hasta Cuzco, donde el Inca los casaba simbólicamente. Luego, recorrían el camino de regreso hasta su hogar, en línea recta desde el centro del imperio, sorteando los obstáculos que aparecieran en medio. Una vez allí, ascendían por la montaña hasta el punto donde se realizaba el sacrificio, que lejos de ser un acto violento consistía en drogarlos con chicha o coca y dejarlos allí para que el frío hiciera su trabajo. De esta forma, los niños emisarios, especialmente elegidos entre los miembros de la nobleza, tenían el enorme honor de viajar y reunirse con los dioses, para interceder ante ellos en nombre de su pueblo.

En el MAAM las momias se conservan con técnicas de criopreservación, que se basan en la utilización de cápsulas que modifican su atmósfera reduciendo la cantidad de oxígeno del ambiente y manteniéndose a una temperatura estable de -20°C y con iluminación especialmente regulada, en un esfuerzo por recrear las condiciones de la alta montaña donde se encontraron los cuerpos. Las momias son expuestas al público de a una por vez, por lo que dependiendo del día en que hagas la visita será el niño que podrás ver con tus propios ojos, mientras las otras dos se conservan en las cápsulas.

Volcán Llullaillaco, Salta, Argentina. Autor: Lion Hirth

Toda la tecnología desplegada por el museo para la preservación de las momias no alcanza para amainar la indignación de muchos, que sostienen fervientemente que en nombre de la ciencia se han profanado tumbas humanas, y que la exhibición de los cuerpos es una falta de respeto. Esto se puede ver claramente en las firmas del libro de visitas del museo, cuyas páginas están repletas de mensajes de reprobación. Incluso el mismo museo se encarga de difundir esta postura a través de un video que explica cómo se realizó la investigación, y donde participan tanto científicos como pobladores del paraje donde se encuentra el volcán, cada uno planteando su postura al respecto.

Cada uno tendrá su opinión sobre la muestra, pero lo que puedo asegurarles es que es una experiencia dura e impactante, y que observar el cuerpo momificado de un niño no es algo apto para todos los públicos. Quienes se animen a hacerlo con el mayor de los respetos, ya saben a dónde tienen que ir.

Vuelo 4M 7820 de Latam a Miami: Ingresando a Estados Unidos por las máquinas de autogestión.

En realidad al principio no pensaba publicar esta crónica. Hace muy poco viajé a Miami con esta misma aerolínea, en este mismo vuelo, y por supuesto publiqué en su momento el reporte correspondiente, así que antes de salir de casa hacia Ezeiza no pensaba encontrar ningún aporte sustancial que valiera la pena. Sin embargo hubo un par de cuestiones diferentes que ameritan ser contadas, por lo que aquí estamos, escribiendo un nuevo reporte de vuelo para el directo a Miami de Latam Airlines.

Como acostumbrado, llegué al aeropuerto con suficiente anticipación. En este caso fueron algo más de 2 horas y media. Mientras me dirigía hacia la Terminal A por la que embarca Latam Airlines, así se veía el avance de las obras en Ezeiza.

No era yo el único precavido: ya a esa hora la cola para realizar el check in era enorme. En el caso de los vuelos a Estados Unidos hacer esta fila es obligatorio ya que en ella el personal de seguridad de la línea aérea realiza un cuestionario relativo al equipaje que uno lleva. Son preguntas sencillas, como si lo empacó todo uno mismo, si llevamos algo que no sea nuestro a pedido de alguien, y ese tipo de cosas, además de constatar tu identidad con el pasaporte. Una vez finalizado este trámite te dan una tarjeta de “chequeado”, y con eso ya pude dirigirme al área de entrega de equipaje para pasajeros Latam Pass Gold y así evitar el grueso de la demora.

Ya con el boarding pass en mano (siempre me gusta tenerlo impreso aunque pueda usar el digital que me queda en el celular) me dirigí al mostrador de aduana para hacer la declaración de equipaje. En el formulario pre impreso llevaba anotados los datos de la laptop, la cámara y los lentes que transportaba.

Los controles de seguridad fueron relativamente rápidos y migraciones lo hice a través de las máquinas autoservicio, que funcionan de maravilla: se escanea el pasaporte en el primer paso, luego en el segundo te toman la foto y se escanea la huella digital, y listo. Con todo el proceso finalizado y mucho tiempo por delante antes de abordar, aproveché a tomar algo y luego a caminar un poco el free shop, donde terminé comprando un perfume. Y aquí hay una cuestión a tener en cuenta, porque los vuelos a Estados Unidos son diferentes: previo al abordaje se realiza una inspección del equipaje de mano, y puntualmente una de las cosas que controlan es la presencia de líquidos. Con un perfume, no podría abordar. Es por eso que en lugar de darte el producto, en la caja del free shop te entregan un ticket para retirar el perfume en la puerta, luego de haber pasado por el control de seguridad. Este es el ticket en cuestión.

Igualmente el control fue bastante rápido. Me preguntaron si llevaba líquidos o geles y contesté que únicamente un frasco pequeño de alcohol en gel. Se lo mostré al guardia que me hacía la inspección y prácticamente no revisó mucho más. Una vez liberado, en la entrada a la manga estaba la gente del free shop entregando las compras, para lo cual revisan el ticket que te dieron en la caja.

La configuración del B767 es 2-3-2 y realmente me gusta: uno no se siente tan encerrado como cuando viaja en línea de 3, o menos si te toca una hilera de 5 butacas al hilo. Y cuánto más si, encima, el asiento de al lado queda libre y tenés la fila de 2 para vos solo… ¡Gol de media cancha!

Despegamos con algunos minutos de retraso desde la pista 11, y a través de Google Maps pude ver cómo hicimos un giro importante para volver a pasar por la vertical de Ezeiza con rumbo norte. Aunque volamos exactamente por encima del aeropuerto, las nubes espesas me dejaron con las ganas de la foto con la pista iluminada.

Enseguida largaron la cena, para lo cual la fila 27 volvió a funcionar: el servicio de la segunda mitad del avión comienza allí nomás, por lo que en ese asiento te asegurás que va a haber lo que vos pidas. En mi caso, opté por la marucha con puré y espárragos, que estaba muy buena.

Junto con el menú los TCP entregaron también un Pase de Abordar para obtener descuentos en el Dadeland Mall o en el Sawgrass Mills. Sólo hay que presentar el voucher en el stand del shopping y se lo canjea por un librito donde están listados los descuentos y los locales que participan, además de recibir un adaptador de viaje que nunca viene mal.

Esta vez el control remoto funcionaba bien, así que pude leer bastante accionando la luz individual, hasta que me tiré a dormir acomondándome lo mejor que pude aprovechando que el asiento de al lado estaba vacío. Eso sí, cinturón flojo, pero abrochado. Siempre.

El resto del vuelo no tuvo mayores novedades, hasta que aterrizamos en Miami a primera hora de la mañana. Todavía medio dormido nos dirigimos al área de migraciones, donde esta vez estaban habilitadas las máquinas autoservicio, también para los extranjeros. Prácticamente no te daban opción: un oficial de la TSA te indica si avanzar hacia los puestos manuales o la máquina, sin que puedas elegir vos.

Una vez frente a la máquina, a no asustarse. Lo primero que consulta es el idioma y tiene un abanico enorme de opciones, entre las cuales está, obviamente, el español. A partir de allí aparece un cuestionario que hay que ir contestando en la pantalla. Son las preguntas básicas que haría un oficial de migraciones humano, pero bien objetivas. Luego se escanea la visa, la máquina te toma la foto y te pide escanear las huellas digitales, que a diferencia de acá, en Estados Unidos son cuatro (todos los dedos excepto el pulgar). Teóricamente ahí te da el ok para ingresar al país, pero no fue mi caso: en la mochila me había olvidado un paquete de nueces que había comprado en Buenos Aires, y ante la duda declaré que traía productos de origen vegetal. La pantalla me indicó que no podía finalizar la transacción y que me dirigiera a un puesto manual donde me atendió un oficial a la vieja usanza, aunque muy amable. Luego de preguntarme “Qué declaraste?” me hizo las otras preguntas de rigor, todo en perfecto español, y me dió la bienvenida a los Estados Unidos de América.

El último tramo fue quizá el más complicado, ya que quise viajar hasta el hotel en un Uber, pero la aplicación no es del todo clara al respecto de dónde debes esperar el auto, especialmente para aquél que no conoce bien el aeropuerto de Miami. Para los que se animen a usar el servicio, revisen bien la terminal en la que se encuentran y puntualmente el nivel en el que la aplicación les dice que deben esperar. Ante la duda, lo mejor será consultar al personal del aeropuerto sobre la ubicación exacta que pide la aplicación, y cómo llegar.

Y ahora sí, ya rumbo al hotel, a disfrutar del viaje. Al fin y al cabo, estamos en Miami!