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Conociendo Hamburgo y su fascinante historia con un Walking Tour

En el norte de Alemania, a orillas del río Elba, se encuentra la hermosa Freie und Hansestadt Hamburg, o en español, Ciudad libre y hanseática de Hamburgo, una de las más importantes urbes germanas, y de Europa.

El walking tour, como siempre caracterizado por sus clásicos paraguas de colores, comenzó puntual en la plaza principal, frente al ayuntamiento de Hamburg, que desde 1897 funciona como sede del gobierno. Se trata de un imponente edificio que, incluso cuenta con más habitaciones que el Palacio de Buckingham, cuya fachada está adornada, entre otras cosas, por estatuas que representan a los diferentes Kaisers.

Por supuesto, también reluce en el frente el escudo oficial de Hamburg, donde predomina el castillo que da origen al nombre de la ciudad, ya que allá por el año 808 Carlomagno mandó construir el Hammaburg a orillas del Elba para controlar el paso por el río, significando Burg castillo o fortaleza. Si bien al menos yo en alemán no registro el término, según nuestro guía callejero el término Hamma refería a la ciénaga sobre la cual se había levantado originalmente la ciudad, por lo que el nombre Hamburg correspondería a “fortaleza en la ciénaga”.

El castillo a orillas del río en esa época era una necesidad imperiosa porque las incursiones vikingas eran frecuentes, y entonces la ciudad necesitaba protegerse. Más teniendo en cuenta la importancia que cobró su puerto, especialmente luego de la alianza con la ciudad de Lübeck para formar la famosa y próspera Liga Hanseatica, una especie de gremio de ciudades que se unían para potenciar su comercio y, además, defenderse entre sí. La Liga le dió gran prosperidad a la ciudad de Hamburg, que obtuvo un aire de elite que aún hoy se distingue al caminar por sus calles.

Estamos en un lugar de gran tradición portuaria entonces, y que con plena vigencia ostenta el segundo puerto más grande de Europa, sólo superado por el de Rotterdam. Ya tendremos la oportunidad de navegar por estas aguas, de regreso de la fábrica de Airbus, pero eso será en un próximo post.

Se trata por supuesto de un lugar que transpira historia. Tanto es así que uno se la tropieza a cada paso, como por ejemplo con estas placas fijadas en paredes y en veredas, mostrando los nombres de las personas apresadas o asesinadas por los nazis y que vivían en aquél punto específico de la ciudad. Son placas que te hielan la sangre, como la instalada en la pared del  edificio del Deutsche Bank, que en los tiempos de la Segunda Guerra perteneciera a la firma Tesch & Stabenow, responsable de la fabricación y distribución del gas Zyklon B que se utilizaba en Auschwitz para asesinar judíos principalmente.

Hamburg tiene buena cantidad de iglesias también, y estas no quedaron exentas de las consecuencias de la Guerra. El tour pasó por supuesto por la Iglesia de San Nicolás (o mejor dicho lo que queda de ella), tristemente célebre por ser la protagonista principal de la oscura Operación Gomorra en la que los aliados bombardearon numerosos objetivos en la ciudad durante varios días, sin respiro, matando una enorme cantidad de civiles y casi destruyendo Hambirgo en su totalidad.

Actualmente la Nikolaikirche permanece en ruinas, en conmemoración y recuerdo de aquél bombardeo histórico, y el daño que causó a los hamburgueses. En su momento supo ser el edificio más alto del mundo, y aún hoy, con su aguja intacta (lo único prácticamente que quedó en pie), es la construcción más elevada de la ciudad.

Pero los nefastos acontecimientos de la Segunda Guerra no fueron los primeros en destruir la ciudad. Otro hito histórico de Hamburg es el Gran Incendio, que literalmente la consumió desde la noche del 4 de mayo de 1842 y que duró cuatro días en los que destruyó iglesias, edificios públicos y moradas particulares. Hoy en día los destrozos están reconstruidos, por supuesto, y el punto exacto en que se originó el fuego puede visitarse cuando uno va a tomarse una cerveza al local que, muy atinadamente, se llama Zum Brandanfang (Hacia el Comienzo del Incendio).

Aunque a esa hora de la mañana aún estaba cerrado, desde las ventanas pudimos ver una curiosidad característica de este bar, como son los billetes que cuelgan del techo. Según cuenta la historia, eran pegados allí por los marineros antes de partir, sabiendo entonces que cuando volvieran al frecuentado puerto de Hamburgo tendrían allí en el techo su pequeño ahorro con el que abonar la bien merecida cerveza luego de una dura jornada de trabajo.

Y ya que estamos hablando de tradiciones alegres y cuestiones características raras, podemos nombrar a esta altura a la Chilehaus, con su peculiar forma de proa de buque que se combina muy bien con su estilo típicamente neoyorkino. Actualmente sede de diferentes oficinas, el edificio debe su nombre a su dueño original, un comerciante inglés que hizo su fortuna comerciando salitre chileno. Tan cercano al río, y en una zona propensa a las inundaciones al momento de su construcción, la Chilehaus cuenta con un sótano especialmente sellado donde los equipos de calefacción están dispuestos en un dispositivo especial capaz de flotar, para evitar que se arruinaran en caso de filtraciones de agua.

El tour finaliza en la pintoresca Speicherstadt, o Ciudad de Depósitos según su traducción literal al castellano, y que tiene mucho que ver con sus orígenes. Al mejor estilo del Puerto Madero porteño, estas construcciones se levantaron a principios del 1900 a modo de zona franca en la que se podían transferir bienes sin pagar impuestos a la aduana.

Actualmente se trata de un barrio en pleno crecimiento donde los viejos depósitos han devenido en oficinas e incluso residencias particulares. Aquí mismo se encuentra el famoso y apasionante Miniatur Wunderland que, por supuesto, tendra su post (sino sus posts) más adelante en este mismo blog. Pero antaño hasta aquí llegaban las mercaderías descargadas de los buques de ultramar, a través de los canales que también le dan un aire muy característico a la ciudad.

Seguramente el edificio más emblemático del barrio sea la flamante Filarmónica de Hamburgo, que cuando yo estuve allí seguía en construcción y que finalmente se inauguró en enero del 2017, luego de seis años de retraso y escándalo por la enorme cifra por encima del presupuesto que costó su finalización (aproximadamente 10 veces más de lo planificado). Sin embargo, según se dice, especialmente diseñado, este edificio ha de poseer una de las mejores acústicas del mundo, aunque claro, este dato no basta para evitar que los pelos se le pongan de punta a cualquier hamburgues al que se le pregunte por el precio de la obra.

Así finaliza nuestro paseo por la hermosa ciudad de Hamburgo, uno de los lugares más caros para vivir en Alemania. Una ciudad que, por supuesto, no puede faltar en tu recorrida por el país germano.

Si tenés la oportunidad, no te la pierdas. ¡Andá y conocela con tus propios ojos! Eso sí, el ingreso al puente privado es bajo tu propio riesgo…

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Conocemos el hermoso pueblo de Brujas con un Walking Tour.

Es increíble cómo una película puede enamorarte de ciertos lugares sin que hayas siquiera pasado cerca nunca en tu vida. Pasa por ejemplo en Medianoche en París con todo el manto histórico-cultural que te muestra, y en particular a mi me pasó con Escondidos en Brujas, que más allá de la buena historia que cuenta, me fascinó con sus escenarios de otra época. Desde ese momento quise conocer este pequeña ciudad belga, y finalmente el año pasado pude cumplir ese anhelo.

Viajé desde Bruselas en tren con una pareja de argentinos que conocí durante el viaje y recorrimos Brujas por un día, o mejor dicho, por unas horas. En estos casos, como ya conté en otro post, una de las mejores alternativas es la de los Walking Tour gratuitos, así que sin data previa nos dirigimos directamente hacia la plaza principal y miramos alrededor: allí estaba el paraguas azul, que incluso marcaba el tour en español, en este caso en las manos de Laura.

Luego de aprovisionarnos con agua y algo para ir picando por el camino nos sumamos al grupo que se iba juntando momentos antes de que el tour diera comienzo, allí mismo en la Grote Markt como se conoce a la plaza principal. Así Laura nos contó que en la antigüedad Brujas fue un importantísimo centro de comercio de telas, y que el edificio que teníamos frente a nosotros, el campanario, en aquellos remotos tiempos había servido como almacén para las mercaderías.

En realidad no hablamos de un edificio, sino de tres. El que funcionó como almacén fue el primero y más viejo, luego se levantaría la torre cuando Brujas alcanzó la categoría de “villa”, y finalmente se agregó la última parte, que en lugar de ser cuadrada es octogonal. Pagando la entrada uno puede subir a la cúpula para tener una de las mejores vistas del pueblo, aunque claro, no hay ascensor, así que habrá que aguantarse la enorme cantidad de escalones en espiral.

Como el tour sería interminable si nos dejaran subir en ese momento, seguimos camino y para eso dimos media vuelta, con lo cual divisamos en el centro de la plaza las estatuas de Jan Breydel y Pieter De Koninck, dos héroes locales que se destacaron en la defensa de la ciudad a las órdenes del duque de Flandes contra las tropas francesas que los habían invadido, allá por el 1300.

Algo más allá, cruzando la plaza, está el histórico Café Craenenburg, donde el pueblo mantuvo cautivo a Maximiliano de Austria cuando estaba aún en ejercicio del título de Conde de Flandes que pertenecía a su hijo Felipe el Hermoso, pero que por aquellos años era apenas un niño y no podía ejercer. Pero para enteder por qué Maximiliano terminó preso por su propio pueblo debemos remontarnos aún más en el tiempo, al punto en que Brujas era uno de los centros de comercio mundiales más importantes, y a cuyo puerto llegaban embarcaciones de todas las nacionalidades.

 

El negocio de las telas era muy redituable y el Conde quiso tener un mayor control sobre el mismo, lo que provocó la rebelión del pueblo que contestó apresándolo y cortándole la cabeza a su hombre de confianza y gobernador de Brujas: Pieter Lanchals. El apellido de este último buen hombre puede traducirse como “cuello largo” y por ello, en venganza por lo sucedido, Maximiliano terminó ordenando que el puerto de Brujas desapareciera y fuera reemplazado por cisnes, a los cuales la ciudad quedaba obligada a alimentar y cuidar. Sin puerto, no hubo más barcos, y por lo tanto, terminó el comercio y el esplendor de este lugar.

Hoy en día Brujas es muy turística y no sólo pueden verse aún los cisnes que según la leyenda instaló el Conde, sino que además hay mucha actividad cultural, por lo que no es nada raro ver escenarios montados constantemente en la plaza principal.

Por supuesto, también se puede encontrar chocolate belga, y del mejor. Los locales que venden el chocolate original están marcados con el sello distintivo correspondiente, por lo que te recomiendo buscarlo en caso de que andes por aquellas latitudes en busca de un buen chocolate.

Laura se encargó de guiarnos por pasadizos realmente estrechos, de esos en los que no te meterías en ningún lugar desconocido de Argentina u cualquier otro país del mundo.

Y finalmente gracias a ella salimos indemnes, con las manos llenas del chocolate más rico que haya yo probado, y con algunos euros menos en el bolsilli, claro…

Otro dato de importancia que nos dio Laura durante el tour fue el inicio de la bolsa de valores. Alejándonos de la Grote Markt se llega en un momento a la casa Ter Beurze, una taberna donde en el siglo XIII los mercaderes se juntaban y comerciaban sus títulos de propiedad. Ese fue el comienzo de lo que hoy en día se conoce como “La Bolsa”, y por supuesto, si alguna vez te preguntaste por qué carajo se llama así, ahora ya te habrás dado cuenta de dónde viene el nombre.

Nada que ver con el Museo de la Papa Frita, que es lo que funciona hoy en ese mismo edificio histórico. No podía ser diferente ya que la papa frita es un invento belga.

Si seguimos caminando llegaremos en algún momento a la plaza del Ayuntamiento, donde está ubicada también la Iglesia de la Sangre de Jesús, que si viste la película que te mencionaba al principio del post sabrás de qué se trata, pero que aún así amerita un post exclusivo que ya publicaré próximamente.

Por el mercado actual pasamos rápidamente mientras hacíamos el tour, pero no se lo ve tan esplendoroso como suponemos habrá sido la Grote Markt de antaño. Eso sí, menos mal que no estaban vendiendo pescado en ese momento, porque según Laura cuando es así uno lo nota simplemente al respirar.

Al teatro de la ciudad, por su parte, se lo reconoce fácilmente porque frente a él está emplazada la estatua del Papageno, o Pajarero, mítico personaje de la obra “La Flauta Mágica” de Mozart.

Donde estaba el puerto antes de que el Conde de Flandes se lo llevara a otra localidad, hoy queda un pintoresco paisaje de canales y puentes que lo cruzan. Ideal para disfrutar de un buen “cuelgue” contemplando la escena sin más preocupaciones.

Así va terminando el walking tour por esta hermosa ciudad belga. Recomendable visitarla, y también recorrerla bajo esta modalidad. Pero antes de irnos, por supuesto no podía faltar la postal de Brujas, la foto del punto más fotografiado de la ciudad.

Ahora sí, terminamos el recorrido. Hay mucho más material sobre Brujas y Bélgica en general, así que si te gustó este paseo, te invito a pasar por los próximos posts para seguir conociendo estos lugares increíbles.

Walking Tour por Bruselas, Parte II: Caminando la ciudad.

Para cerrar bien arriba esta semana (y para que no tengas que esperar hasta el próximo lunes) Ahicito publica hoy viernes este post especial con la segunda parte del Walking Tour por la maravillosa Bruselas, cuya primer parte podés leer clickeando aquí.

A algunas cuadras de la hermosa Grand Place se encuentra el símbolo por excelencia de la cuidad de Bruselas. Llama la atención que se trate de un chico meando, pero así es: el Manneken Pis es la estatua más conocida del lugar. Y quizá también la más robada. Tanto que las autoridades decidieron finalmente poner una réplica y guardar el original. Las historias de esta estatua son tan llamativas como ella misma, ya que su origen y por qué no se conoce a ciencia cierta. Hay varias leyendas en torno a la misma, indicando una que se trata de un homenaje a un niño que apagó la mecha de una bomba pillando; o que en realidad era el hijo de una familia adinerada que había desaparecido y que como cuando lo encontraron estaba atento a su necesidades, lo inmortalizaron así. Pero por lejos, la mejor versión es la que dice que se trata de un niño de verdad, que fue sorprendido por una bruja meándole la casa, y en represalia la bruja lo convirtió en piedra ahí mismo.

Hacia el otro lado de la ciudad, luego Abelardo nos llevará hasta un pasillo para conocer a la “hermana” del Manneken Pis. Se trata de Jeanneke Pis, escultura similar a la del niño pero en versión femenina. La historia de la niña que orina no es tan original como la de su hermano mayor. Fue puesta allí al final del callejón por el dueño del bar instalado en ese lugar, al que con tan mala ubicación sólo llegaban borrachos. Antes de fundirse, el italiano inventó esta atracción turística para intentar tener más visitas de los turistas.

Mañas que no le son necesarias al Delirium Bar, ubicado en ese mismo callejón, y del que hablaremos más en detalle en algún próximo post.

En el camino entre medio Abelardo hizo mucho hincapié en lo cosmopolita y surrealista de Bruselas, donde coexisten tres idiomas oficiales (francés, alemán y nerlandés), y donde se puede obtener de un bebedero público no sólo agua, sino agua helada y también soda.

A medida que camina la ciudad, si uno presta atención encontrará gran cantidad de grafittis diseminados por las paredes. Hay incluso un circuito turístico que, si uno tiene tiempo, puede hacerse a pie para divisar cada uno de los dibujos y así conocer Bruselas de un modo diferente. Lo común en todos ellos, según Abelardo, es que cuentan algo particular sobre el lugar donde están pintados, como uno dedicado al orgullo gay, ubicado en la calle donde se realiza la marcha conmemorativa y que tiene el mismo cuadro pintado dentro una y otra vez.

Promediando la caminata nos dirigimos a la Galería de la Reina, construída por el rey con el objetivo de tener un lugar donde no mezclarse con la plebe. Claro que los comerciantes adinerados seguramente podían comprar su ticket de entrada sin grandes dificultades. Dentro de esta galería nos encontramos con algo muy tradicional de Bélgica: la chocolatería Neuhaus donde se inventó el bombón de chocolate. Ahí nos enteraríamos que es tradición belga también comerse bombones con forma de pitufos, que son también invención de un dibujante belga.

La siguiente parada será algo más alejada y supuestamente el cierre del tour, pero Abelardo nos hace apurar el paso con intención de agregar una última fuera de programa. Llegamos entonces (algo agitados) hasta el Palacio Real, cuya principal característica es que los reyes hacen rato que no viven allí. Igualmente tienen allí sus oficinas y llama la atención la falta total de guardias o fuerzas de seguridad, cuestión que nuestro guía atribuye a que estamos en una ciudad por demás segura. Claro, ya se que estás pensando, y tenés razón: la versión de Abelardo contrasta mucho con el hecho de que se hayan afanado tantas veces al nene pillón…

Ahora sí, el tour termina a metros del palacio, en una plaza desde la que se alcanza a divisar la cúpula de una iglesia que, según Abelardo, tenía un bar abajo y ahora se trata del cabaret más exclusivo de la ciudad. No se qué tanto se le puede creer en esto al guía, pero lo que sí es cierto es que Bruselas tiene una iglesia antigua convertida en disco de lujo.

Así nos despedimos de la ciudad más linda de nuestra recorrida europea. Me quedé con muchos pendientes, así que espero poder volver algún día. De ser así, habrá post!

Walking Tour por Bruselas, Parte I: La mítica Grand Place.

En Bruselas estuve muy poco tiempo, apenas un par de días que no alcanzaron para ver todo lo que tiene Bélgica, así que de seguro será un punto a reincidir cuando tenga la oportunidad. Pero aún así, durante el único día completo que tuve en esta hermosa ciudad, pude conocerla con algún grado de detalle gracias al walking tour que hice. De esta modalidad de toures a pie guiados ya hablé en otro post y son una buena opción para tomar un primer contacto con una ciudad. En este caso lo hice con Viva Brussels, y quién nos esperaba en la Grand Place bajo una sombrilla naranja era Abelardo, un peruano que era rápido al hablar y más aún al caminar.

La Grand Place es el punto neurálgico de Bruselas y se trata de un lugar hermoso donde uno no puede dejar de sorprenderse con los ornamentos que decoran los edificios a su alrededor, muestra clara de que fueron levantados por gente a la que el dinero no le faltaba. De noche, la iluminación la convierte “en otro lugar” y la hace aún más linda, tanto es así que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y es considerada como una de las más bellas plazas del mundo.

Tal como nos contó Abelardo, la Grand Place tuvo sus orígenes como mercado de la ciudad, y según él fue punto de lucha entre la nobleza y los comerciantes, que a medida que iban ganando más dinero se hacían más ricos y poderosos. De ahí que se construyera en este lugar el ayuntamiento, para contrastar contra los edificios de los comerciantes, pero esta obra duró unos 50 años en total y estuvo a cargo de varios arquitectos. Seguramente a consecuencia de ello es que se dieron algunos errores importantes, como ser la asimetría del edificio, donde las ventanas de un lado son diferentes a las del otro; y cuya puerta está descentrada con respecto a la columna principal que tiene arriba, en lo que parece el error más grosero tal como puede verse en esta foto.

Según cuenta la leyenda, tanto fue el bochorno del último arquitecto al darse cuenta (a último momento) de estas cuestiones, que subió a lo alto de la torre y se suicidó. Sin embargo también hay versiones que dicen que esto no habría sido un error, sino algo bien planeado con trasfondos simbólicos.

A un costado del edificio se encuentra la casa en la que Karl Marx festejó el Año Nuevo 1847/1848, durante su exilio en Bruselas, donde escribió el Manifiesto Comunista junto a Engels. Y a metros de allí, sobre una calle lateral, uno se encuentra incrustada contra la pared la imagen de Everard Serclaes, quien se convirtiera en héroe de Bruselas al reconquistar la ciudad de manos de los flamencos para que la legítima heredera, Juana, tomara posesión de la corona luego de la muerte de su padre. Sin embargo Serclaes tendría un final trágico cuando, por oponerse a las medidas que la nobleza llevaba adelante, fue asesinado. Tan particular como su muerte es la estatua de Serclaes, ya que se dice que si uno le toca el brazo volverá a visitar Bruselas, y que si se pasa la mano acariciando de la cabeza a los pies, Serclaes se encargará de que encontremos pareja. Y se ve que son muchos los que quieren volver o casarse, porque a la figura se la ve claramente desgastada de tanta caricia que le dan.

Así nos despedimos de la Grand Place de Bruselas y seguimos camino por la ciudad, pero sería demasiado poner todo en un mismo post, así que mañana te invito a pasar de nuevo por Ahicito Nomás, ya que la segunda parte se publicará en día especial. Mientras tanto, para calmar las ansias, te dejo una foto #avgeek, porque ni siquiera entre tanta belleza arquitectónica se puede dejar de viciar.

Estela a la vista de un avión sobrevolando la ciudad de Bruselas, detrás del ayuntamiento de la ciudad.

Te espero por acá mañana!

Walking Tour por Madrid: Conociendo las historias de la ciudad.

Hace unas semanas atrás te conté que los walking tours son una buena opción para conocer un poco más en detalle una ciudad en la que estés parando. En el caso de Madrid no lo hice con una empresa dedicada a eso, sino que opté por el que ofrece la gente del hostel OK Madrid, sobre el cual podés enterarte más haciendo click aquí.

El paseo guiado, de una hora y media de duración aproximadamente, estuvo a cargo de Karen, una mexicana que hace años vive en la capital española, y a la que se le nota que le gustan las historias curiosas dentro de la misma historia.

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La primer parada fue en la concurridísima puerta del Restaurante Botín, inaugurado en 1725 y catalogado como el más antigüo del mundo en el Libro de los Records Guinness. Es innegable que el lugar tiene su historia, incluidas varias apariciones literarias como ser por ejemplo en The Sun Also Rises de Hemingway; pero además según dicen la comida es excelente; siendo la especialidad el cochinillo asado. Además, fue el lugar donde trabajó Goya como lavaplatos antes de convertirse en el pintor famoso que hoy todos conocen. Por supuesto que es un lugar caro; según vi en lonelyplanet los platos van de EUR 19 a EUR 27, que es incluso más que lo que yo pagué por una cena completa en un lindo restaurante de Barcelona.

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La siguiente parada es la tradicional Plaza Mayor de Madrid, coronada en su centro por la estatua ecuestre del rey Felipe III cuya curiosa historia te contaré en un próximo post. La plaza, muy diferente a las que conocemos en Argentina, está rodeada por edificios y tiene 6 entradas en forma de enormes arcos. Las 237 ventanas que dan a ella se corresponden con departamentos de viviendas de muy alto valor inmobiliario; no cualquiera puede darse el lujo de vivir allí. En la planta baja de lo que vendría a ser el edificio principal, aquel que tiene el escudo de la Plaza Mayor y las banderas de España, funciona la oficina de turismo, donde te atienden de lujo.

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Una particularidad del centro de Madrid es que las calles llevan un nombre que hace referencia a lo que allí había o sucedió en algún momento, y que sus carteles así lo ilustran.

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En ese mismo sentido, en la Plaza de la Villa nos encontramos con la Calle del Codo, por su forma curvada, por la que increíblemente siguen circulando motos y hasta autos, siendo que se trata de un callejón extremadamente angosto. Allí mismo está la casa de los Cervantes, familia en la que, según Karen, estan inspirados los Stark de Games of Thrones; y en la que se ven rastros de la Inquisición, a través de las cruces de hierro emplazadas en los techos.

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En una época donde la herejía era castigada con la hoguera, toda la sociedad de Madrid se esforzaba por demostrar su devoción a Cristo; y las cruces en las casas eran uno de los medios más difundidos para tal fin. Sin embargo, incluso para los musulmanes no era nada difícil instalar un crucifijo en el techo. Es por eso que la iglesia organizaba festivales públicos en donde lo único que se servía era cerdo; y quién no lo comiera era marcado como sospechoso. De ahi viene, ni más ni menos, la tradición española por el jamón.

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A algunos metros de ahí, un casi imperceptible monumento frente a una iglesia recuerda lo que fue el segundo atentado más letal de la historia de Madrid, luego del de Atocha el 11 de marzo de 2004. Fue contra el rey Alfonso XIII, en el día de su boda, y perpetrado por el anarquista Mateo Morral, quién tiró desde un balcón de enfrente una bomba camuflada como un ramo de flores.

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Precisamente desde este balcón…

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El intento falló, los reyes salieron ilesos, pero la bomba cayó entre la multitud e hizo un verdadero desastre.

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El paso por la catedral de Madrid produce una sensación extraña, porque acercándonos desde un lado uno tiene una visión; pero cuando llegamos hasta la otra fachada la arquitectura es completamente diferente, como si dos personas distintas se hubieran hecho cargo cada una de una fachada. Y eso no está muy lejos de la realidad: la catedral tardó 600 años en construirse y en semejante transcurso de tiempo los estilos adoptados fueron variados.

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Además, considerando quiénes son los vecinos de enfrente, se entiende que los sacerdotes no hayan querido aparecer muy ampulosos; porque el edificio del otro lado de la explanada es el enorme Palacio Real de Madrid, el más grande de Europa, y que hoy alberga un museo con obras de Goya y con la única colección completa de estratovarius en el mundo. El dato interesante aquí es que para ciudadanos latinoamericanos hay días y horarios en que el ingreso al museo es gratis.

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Lo que también es gratis es el cambio de guardia del palacio. El de la foto es la versión acotada que se da los miércoles y sábados, pero el así llamado Relevo Solemne se realiza el primer miércoles de cada mes a las 12 hs, y según comentan es un espectáculo digno de verse.

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Atravesando los jardines frente al palacio, cuyas estatuas también tendrán su post proximamente, pasamos por la Ópera de Madrid para finalmente llegar a la última parada de importancia del tour. La Puerta del Sol es la plaza más importante de la ciudad, su centro neurálgico con gran cantidad de comercios y restaurantes en sus alrededores, y es el punto donde cada 31 de diciembre a las 12 de la noche suenan las 12 campanadas que marcan la tradición española de comer doce uvas para recibir el año nuevo.

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Con este walking tour recorrimos una buena parte del centro de Madrid y conocimos su historia y anécdotas, algo que simplemente caminando no se puede hacer. Sin embargo, Madrid es mucho más que esto, así que ya se vendrán más posts sobre esta maravillosa ciudad.