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El extraordinario Aeropuerto Schiphol Amsterdam y su avión en el techo.

En general un aeropuerto es un lugar de tránsito rápido: uno va, chequea, hace migraciones y luego ya está listo para abordar el avión y comenzar el tan ansiado viaje. Sin embargo cada vez es más frecuente que se utilice los aeropuertos como hubs para hacer conexiones y así conseguir un mejor precio en el pasaje aéreo, tendencia alentada por las líneas aéreas que buscan optimizar la ocupación de sus vuelos de esta forma. En este contexto, el tiempo que un pasajero pasa en un aeropuerto puede ser verdaderamente largo, y ahí es cuando uno empieza a prestar atención y valorar las comodidades que cada uno ofrece.

Durante mi regreso de Europa con KLM la escala fue obviamente el aeropuerto de Schiphol, en Amsterdam, donde debía esperar casi 12 horas para tomar el vuelo hasta Buenos Aires. La espera era diurna así que por supuesto aproveché a salir y conocer la ciudad como se podrá ver en un próximo post, pero también tuve tiempo de recorrer el aeropuerto y notar lo bien pensando que está para que tanto grandes como chicos pasen un buen momento, especialmente aquellos que sean fanáticos de los aviones como yo.

Con vista a la plataforma y a las pistas, la terraza panorámica se lleva todos los premios. Allí uno puede pasare horas contemplando el movimiento constante de las aeronaves por el aeropuerto, y por supuesto es un spotter point por excelencia, incluso promocionado por las autoridades aeroportuarias, así que en todo momento se pueden encontrar spotters apuntando sus teleobjetivos hacia la pista.

Obviamente no perdí la oportunidad de desenfundar la mía y retratar aviones con colores poco vistos por estas latitudes, así que en breve habrá post con las fotos tomadas.

Pero hay algo que llama la atención incluso antes de acceder a la terraza. Allí mismo, sobre el techo, un verdadero Fokker 100 de KLM está dispuesto a manera de museo. El acceso es gratis y se realiza a través de una escalerilla, tal como pasa en plataforma cuando uno está abordando.

En el interior el espacio está libre para permitir una circulación cómoda, salvo por las últimas dos hileras de butacas donde uno puede apreciar cómo era la disposición de los asientos en este viejo avión, e incluso, sentarse en ellos. La cartelería da detalles sobre el avión y cuenta con una línea del tiempo, pero poco y nada pude entender ya que está todo en holandés. La ventana vidriada en el piso es una particularidad que permite observar cómo era la bodega del Fokker 100 donde viajaban el equipaje y, eventualmente, la carga.

Si bien la página oficial del aeropuerto indica que uno puede sentarse en el asiento del piloto y escuchar las comunicaciones con la torre de control, cuando lo visitamos nosotros el cockpit estaba separado por una mampara transparente. Una pena no haber podido acceder al mismo, pero ya el contemplar los controles de mando, aunque sea desde atrás de un plástico, es algo emocionante.

A Schiphol lo podemos declarar aeropuerto #avgeek sin temor, porque incluso dentro de la terminal el área de juegos para los más chiquitos remite, por supuesto, a los aviones. En ese caso a un KLM saliendo de un banco de nubes.

Un aeropuerto ideal para los enfermitos de los aviones como uno, no importa la edad.

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Pausa spotter en Hamburgo: Las fotos tomadas desde Coffee to Fly.

Pasar por las cercanías de un aeropuerto con cámara en mano implica, casi obligadamente, hacer una pausa para despuntar el vicio y spottear un rato. Pasa en Aeroparque, pasa en Ezeiza. ¡Cuánto más en un aeropuerto que frecuentamos poco como Hamburgo!

Un día de mis vacaciones europeas, y en compañía de un gran amigo que me hizo las veces de anfitrión en Alemania, tomamos las bicicletas (toda una aventura para mi) y nos acercamos hasta Coffee to Fly, cuyo post podés ver haciendo click aquí.

Allí pasamos un buen rato, gatillando la Canon a discreción, al sabor de un par de cervezas bien frías. Esta es una selección de algunas de las fotos que salieron aquella tarde.

Arrancamos con colores conocidos, aunque en una versión que por supuesto no llega hasta Buenos Aires: El A321 de Lufthansa. Los dueños de casa tienen aviones para todos los gustos, como lo demuestra este otro A321, pero con livery de Star Alliance.

Pero enseguida aparecen colores poco conocidos para los argentinos, como el A319 de Donavia.

El A320 de Pegasus.

O los llamativos colores de Wizzair en plena tarea de remontar vuelo.

Aquí otro Wizz más de cerca, para quienes quieran apreciarlo mejor.

Otros colores desconocidos por estos pagos son los de Atlas Global.

O el livery bien simplista de Tunisair.

Hay también compañias más conocidas, pero con colores extraños para nuestros ojos, como ser este A320 de British Airways, con el dorado prevaleciendo en su cuerpo.

Por supuesto también hay compañías algo más conocidas, aunque no operen en Argentina, como Germanwings, la subsidiaria de Lufthansa tristemente célebre luego de que el copiloto decidiera estrellar su avión en los Alpes.

Los pilotos de Germanwings mantienen igualmente el espíritu alto, y dedican su saludo al grupo de spotters y público en general apostados al costado de la pista en el Coffee to Fly.

No puede faltan por supuesto la otra subsidiaria de los dueños de casa: Eurowings.

Pero hay esquemas que son realmente llamativos. Es el caso de Condor, que con sus corazones sobre el fuselaje del B757 declara sin ningún tipo de vergüenza: “Amamos volar”.

Por supuesto hay también otros colores locales, como el verde de Germania.

Aviones que, aunque no sean los más utilizados aquí, también se los ve salir y llegar frecuentemente, como los ATR, en este caso de las manos de SAS.

O el mítico MD-80 que aún resiste el paso del tiempo.

Pero HAM no es un aeropuerto pequeño. Recibe también, por ejemplo, al enorme y magestuoso B777 de Emirates.

Y a otro que también conocemos por estas latitudes, pero en una versión mucho más chica: Turkish Airlines con su A321.

Infaltable, absolutamente infaltable en un post spotter de HAM, es el B737 de Easyjet. Increíble la cantidad de estos aviones que vi pasar sobre mi cabeza a diario durante mi estadía en Hamburgo.

Y también están los que casi ni se ven, como el CRJ de Eurowings.

Una nota de color la puso el A320 de Eurowings matrícula D-AIZR, con su livery especial del Borussia Dortmund, denominado “Mannschaftsairbus” que sería algo así como “El Airbus del equipo”.

Y están los que hoy, poco más de un año después de haber tomado estas fotos, despiertan emociones, como este A321 de Air Berlin que tan flamante se lo veía en ese momento, pero que ahora sabemos no volará más con esos colores, luego de  haber presentado la quiebra.

Y están los que tienen un significado especial para los argentinos, como ser el B737 de Norwegian, con sus colores rojizos y la carasterística cola dedicada a alguna personalidad, que esperemos pronto poder ver por nuestros cielos.

Mucho y constante movimiento en el Aeropuerto Internacional de Hamburgo.

Y Coffee to Fly es un lugar ideal para disfrutarlo. Todo spotter o entusiasta de los aviones tiene que darse una vuelta por este bar siempre que pase por Hamburgo. Y disfrutar de los despegues y aterrizajes, como este señor.

¡Nos vemos en el próximo post!

Spotteando desde la Torre de Control de Santiago de Chile.

El post anterior fue muy especial porque te conté cómo tuve el privilegio de conocer la torre de control del Aeropuerto Internacional de Santiago de Chile. En este otro, más que contar, te muestro las fotos que se pueden obtener desde esa inmejorable ubicación.

Pasé un rato sobre la pasarela que rodea la torre por el exterior, alucinado por la increíble vista que se tiene desde allí de la pista y la plataforma, como así también de los alrededores del aeropuerto, y por supuesto, no perdí oportunidad de apretar el disparador de mi cámara.

Desde ahí se puede ver todo el movimiento de la plataforma, como el rodaje de este A321 de Lan que avanzaba para ubicarse en el gate asignado.

A321 Lan CC-BEI rodando

O el del A319 de Sky, que por el contrario, se dirigía hacia la pista para encarar la cabecera y, posteriormente, decolar.

Sky A319 CC-AIC rodando

Dando la vuelta se puede ver también los hangares de Lan, con una vista privilegiada.

Hangar LAN desde la torre

Los aviones cuidadosamente estacionados, uno detrás del otro…

Dos colas

Desde la torre se ve también un sector al costado de estos hangares, con aviones que parecen abandonados. Entre ellos se aprecia al B737 CC-CSW aún con los colores de Aerolineas del Sur y el condor en la cola, que alguna vez fuera el LV-ZTI que operaba para Austral en nuestro país.

Aerolineas del Sur

Pero volviendo a los aviones activos, ya lo teníamos al CC-AIC de Sky levantando vuelo.

CC-AIC Sky despegando

Y guardando las patitas contra las montañas…

Sky contra las montañas

Mientras algunos avanzan hacia cabecera para disponerse a despegar, otros tocan tierra luego del viaje.

Unos van otros vienen

Y por supuesto, a esos hay que frenarlos…

A320 Lan frenando

A algunos les cuesta más. Otros son más chiquitos, y pista es lo que les sobra…

CC-ALK

Y al fin, lo que nos habíamos quedado a esperar. El B787-8 de Lan obtiene la autorización de la torre, ocupa cabecera 17 y pone motores a pleno.

Dreamliner en carrera despegue

Alcanza V1, y rota.

B787 CC-BBH levanta vuelo

Y rápidamente levanta vuelo, alejándose, recortándose contra el paisaje montañoso de Chile con sus alas curvándose.

B787 en el aire

Así finalizó la sesión fotográfica desde la pasarela de la torre de control, aunque ya desde el interior nos sorprendería un LV. El argento pingüino de Austral hacía touch down en SCL, y nosotros lo registrábamos de esta forma.

Touchdown Austral

Ahora sí podíamos darnos por satisfechos. Había sido un gran día, y era hora de volver al hotel a descansar.

Y a vos, te espero el próximo jueves, cuando sea hora de un nuevo post de Ahicito. ¡Hasta entonces!

Visitamos la Torre de Control del Aeropuerto Internacional de Santiago de Chile.

En realidad, el día que llegamos a Chile para participar de FIDAE estaba planeado para ser muy tranquilo. La idea era llegar, alojarnos, y caminar un poco la ciudad. Pero eso estuvo lejos de la realidad porque, por un lado nos llegó la invitación de Airbus para recibir al A350 que cruzaba la coordillera detrás nuestro, como te conté en este post; y por otro lado, porque también habíamos sido invitados a conocer la torre de control. Claramente, uno de los puntos más altos del viaje (y no por lo elevado de la torre, sino por lo poco habitual de poder hacer una visita allí).

Bandera desde la torre

Una vista inusual: la bandera chilena, pero desde arriba.

Uno de los integrantes del grupo que viajó es controlador aéreo de la torre del Aeroparque Metropolitano, y en contacto con sus colegas chilenos coordinó la visita a la torre trasandina para poder estrechar lazos, empaparse de la forma de trabajo de unos y otros, y en la medida de lo posible generar un vínculo que desemboque en colaboración continua entre los dos países, con el foco puesto en un único punto: la seguridad de las operaciones aéreas. Los otros tres miembros del grupo, simples mortales (léase aquí: spotters, avgeeks, apasionados por la aviación), por supuesto estábamos fascinados con la invitación.

Touchdown Austral

Aterrizaje argento en la 17R: El E-190 de Austral toca tierra en Santiago de Chile.

Llegamos conducidos por nuestra anfitriona chilena, y subimos a la torre para encontrarnos con una gran sala circular con equipos distribuidos a izquierda y derecha, una mesa en el centro y amplios ventanales recubiertos por cortinas para amainar la luz del sol que te encandila.

Controladores

En el centro se descansa. Atrás, a la izquierda se controlan los rodajes, a la derecha los despegues y aterrizajes.

El ambiente de trabajo en la torre es muy sereno y agradable, y si bien en general hay un aire distendido la responsabilidad de los controladores se nota a simple vista. Quienes están “on duty” no se desconcentran de su tarea y se mantienen pendientes de las indicaciones en las pantallas. Las vidas de todos los pasajeros y tripulaciones que llegan y se van de Santiago dependen de ellos. Quienes están en su momento de descanso nos dan una afectuosa bienvenida; pero la disciplina se mantiene: la voz no se eleva, quienes están trabajando deben comunicarse con los aviones en tranquilidad y de forma clara.

Lan y Sky en plataforma

Dos chilenos por excelencia vistos desde la torre: Lan y Sky en plataforma.

Desde la torre se tiene una vista privilegiada de la plataforma y de las dos pistas paralelas, 17-35 L y R, que en general se utilizan una para los despegues y la otra para los aterrizajes. Las diferentes posiciones de trabajo en la torre se corresponden a su vez con los controles que realiza cada uno. Con vista a la plataforma está quién autoriza los movimientos dentro de la misma y controla el parking en los gates y posiciones remotas, mientras que del otro lado de la sala se encuentran los controladores dedicados al rodaje de los aviones a través del aeropuerto, y a autorizar los despegues y aterrizajes, como así también coordinar las esperas. Por último, el día de nuestra visita había una cuarta posición activa, dedicada exclusivamente a las exhibiciones aéreas de FIDAE.

Vista a plataforma

Detrás de las computadoras, los controladores tienen una vista privilegiada de la plataforma.

Al jefe de la torre se lo veía muy ocupado yendo y viniendo con el celular y dándo indicaciones o pidiendo datos a su equipo. Eran días de mucho trabajo, ya que al movimiento habitual del aeropuerto se le sumaba el generado por la exhibición aérea de FIDAE, en un predio de la Fuerza Aérea lindero. Tan relevante resulta esto que, además del controlador exclusivo abocado a los movimientos de la feria, había dos efectivos de la Fuerza Aérea presentes en la torre, cuya tarea era la de coordinar las diferentes pasadas de aviones en exhibición con el movimiento comercial del aeropuerto. Con excepción del F-22 Raptor, cuya pasada se realizaba incluso sobre las pistas del Arturo Merino Benitez (y por lo tanto congelaba sus operaciones momentáneamente) el resto de las exhibiciones se realizaban en simultáneo con los despegues y aterrizajes regulares, requiriendo esto una especial coordinación.

Vista desde la torre

Hacia el otro lado de la torre el hangar de Lan alberga aviones para todos los gustos.

En un momento el jefe se hizo de un espacio para saludarnos y entablar una interesantes conversación con su colega argentino, donde se destacaron las deficiencias en materia de equipamiento y tecnología que tiene nuestro país, contra los inconvenientes de factor humano que se presentan en Chile, donde básicamente casi no existen programas de capacitación para los controladores. Resultan ser necesidades que se complementan, y si bien es difícil que Chile nos ayude a comprar un radar nuevo, sí resulta más factible que instructores argentinos crucen allá para dar los cursos de capacitación que les están faltando. En ese sentido esperemos que las conversaciones lleguen a buen puerto ya que eso redundará en un espacio aéreo más seguro para todos los que nos encanta sentarnos en un avión y volar.

Equipamiento

El complejo y completo equipamiento de la torre de control permite operar los aviones con seguridad.

Y si bien no estoy en tema, uno de los equipos que me llamó la atención es una especie de croquis de la plataforma, las calles de rodaje y las pistas, y en el cual se puede ver la posición exacta de cada aeronave. Desde esa computadora el controlador tiene certeza de dónde están los aviones; de si están cumpliendo sus indicaciones o no; y de esta forma se borra la posibilidad de que vuelva a suceder un accidente como el Los Rodeos, en Tenerife, el peor en la historia de la aviación (si no sabés de qué hablo, y tenés 45 minutos, hacé click acá).

Dreamliner remolcado

El B787 Dreamliner de Lan también es vigilado desde la torre de control mientras es remolcado.

No menos interesante, igualmente, (y menos para un spotter) es la puerta / ventana por la que se accede a la pasarela metálica que rodea la torre por el exterior. Con su piso enrejado a través del cual se ve el suelo 65 metros más abajo, no es apta para los que padecen de vértigo, y a la vez es el sueño de todo spotter. La vista es realmente privilegiada, y allí pasamos un buen rato disparando la cámara. Pero esas fotos son cuestión del post del lunes que viene…

Pasarela

Pasarela para #spotters #avgeeks de la torre de control de SCL, no apta para quienes sufren de vértigo.

El paso por la torre de control de SCL fue un verdadero placer; un sueño impensado, pero cumplido. No tengo más que palabras de agradecimiento para la gente de @ArgIntlSpotters que organizó el viaje, para los controladores chilenos que tan bien nos recibieron, y muy especialmente para @ControllersAep por la gestión y la invitación.

A todos ellos, ¡muchísimas gracias!

Volando de Ushuaia a El Calafate con Lan, y reporte de un aeropuerto colapsado.

El segundo punto de las últimas vacaciones era El Chaltén, en la provincia de Santa Cruz, pero viajar por tierra hasta allí desde Ushuaia era un verdadero trastorno ya que no hay forma de llegar en forma directa y se pierden cualquier cantidad de horas en la ruta, pasada por Chile para cruzar al continente incluída. Por eso no dudamos en volar hasta el aeropuerto más cercano: El Calafate.

Con el web check in ya hecho a través de la aplicación de Lan (que te podés bajar a tu celular), llegamos al Aeropuerto Malvinas Argentinas en un remís compartido con una viajera brasileña que volaba con escasos minutos de diferencia de nosotros. Una vez hecha con mucha rapidez la entrega del equipaje nos dispusimos a ir al sector de pre-embarque, y allí es donde advertiríamos el caos. El hall del aeropuerto estaba lleno de gente, pero no para hacer check in, sino para entrar a pre-embarque.

Check in Lan

Los mostradores de check in donde entragamos el equipaje, si bien había gente era un trámite rápido.

Luego de que, preguntando cual pagofacilero, logramos descubrir dónde finalizaba la cola, y que era única para las dos líneas que operan (Lan y Aerolíneas Argentinas), nos sumamos a la fila a escasos metros del mostrador de check in, viendo que la misma venía desde el piso de arriba.

Cola para embarque 1

La fila única para pasar a los scanners venía desde el primer piso donde está el ingreso a pre-embarque.

Al cabo de no muchos minutos ya no eramos los últimos. Si mirabas hacia atrás, la cola seguía de esta forma increíble:

Cola para embarque 2

Por detrás, el caos. La fila va, viene y vuelve a ir, y se mezcla con las de check in.

Los minutos pasaban, la gente avanzaba a paso de tortuga y la hora de los despegues se acercaba provocando natural nerviosismo en la gente. Las consultas al personal de tierra eran constantes, y la respuesta era siempre la misma: el ingreso a pre-embarque corresponde al aeropuerto, no a la línea aérea; y la cola era la misma para todos, pero ningún avión iba a dejar gente abajo ya que cuando se acercara el momento el personal de tierra nos avisaría para darnos prioridad.

Dos colas

Dos filas para ingresar a pre-embarque. La hilera simple de la izquierda: Lan. El resto: Aerolíneas.

La confusión se desató cuando Aerolíneas Argentinas comenzó a pedir que algunos de sus pasajeros salieran de la cola y los llevaron por otro lado, sin subir al primer piso. Desde abajo se veían movimientos raros en la planta superior, y personal de Lan que iba y venía, y acomodaba gente a un costado. En realidad, estaban dividiendo la cola por aerolínea, pero eso recién se supo cuando varios subieron a preguntar si había que adelantarse para no perder el vuelo. ¿Comunicación oficial por altoparlante? Bien, gracias.

Finalmente supimos por medio de personal de tierra de Lan que el problema era que se habían programado 3 vuelos de Aerolíneas Argentinas más el de Lan casi en simultáneo, y el aeropuerto estaba literalmente colapsado. La puerta que da ingreso al área de scanners es una común y corriente, donde entra una persona por vez, y con la fila dividida los pasajeros de ambas compañías se iban alternando. Hasta que se hizo la hora del embarque y nos hicieron pasar a todos los de Lan de una.

Virando sobre el Beagle

Apenas se despega del suelo, el A320 de Lan comienza el viraje en 180° sobre el Canal de Beagle.

Increíblemente, a pesar de todo esto, el vuelo no se demoró. Lo que sí, al llegar al gate no había posibilidad de pagofacilearla: llegabas y abordabas de inmediato, casi no había fila. El despegue fue muy tranquilo, y el piloto enseguida viró en 180° hacia la izquierda, lo que nos permitió a los que estábamos de ese lado una vista increíble de la ciudad y el aeropuerto desde el aire, momento que se puede apreciar claramente en este video:

El vuelo hasta El Calafate es de apenas una hora, motivo por el cuál el servicio de abordo no incluye comida, sino que únicamente pasan con el carrito de bebidas. Personalmente debo decir que no lo disfruté; es más, la pasé bastante mal. En mi estadía en Ushuaia me había ligado un resfrío que no llegué a curar para el vuelo, y las gotas que me recomendaron para destapar la nariz no las pude conseguir. La conclusión fue que volé algo congestionado; lo suficiente para que se me taparan los oídos y que el descenso sobre El Calafate fuera una experiencia desagradable que me dejaría sordo del lado derecho por los tres días siguientes.

Sobre las nubes

Ya en altura y velocidad crucero, volamos sobre las nubes hasta El Calafate.

Las conclusiones son obvias. Para los viajeros, evitar como sea volar congestionados, aún cuando sea un viaje corto. Y para la administración del Aeropuerto Malvinas Argentinas organizar mejor los vuelos, al menos hasta poder ampliar las instalaciones y que se pueda atender a cuatro aeronaves a la vez y a sus respectivos pasajeros como corresponde.

Fe de Erratas: En el video aparece como hora de despegue las 17 hs, pero eso es erróneo. El LA4483 despegó a las 2:24 con escasos 3 minutos de demora, según Trip Advisor.