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Gouin, el pueblo rural de los pastelitos en la Provincia de Buenos Aires.

Saliendo de la Ciudad de Buenos Aires por el Acceso Oeste se llega luego de recorrer algo más de 100 kilómetros hasta el Partido de Carmen de Areco, dentro del cual encontramos el pequeño pueblo de Gouin.

Hacia principios del siglo XX la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires llevó adelante un emprendimiento de construcción a través del cual tuvo lugar la inauguración de la estación de tren del pueblo, en 1908. Sin embargo el proyecto no se limitaba únicamente a hacer llegar el ferrocarril hasta estos pagos, sino que la empresa adquirió tierras que fueron loteadas y vendidas en una subasta en el año 1909.

Según se sabe, la convocatoria (que incluía un almuerzo gratuito) atrajo a gran cantidad de gente que se acercó para participar del evento, dejando muy cortos los cálculos de los organizadores, y por ende, la cantidad de provisiones con las que contaban. El resultado era de esperar y no tiene gran diferencia con lo que podría suceder hoy en día ante un escenario así: la gente se ofuscó, y en la desesperación por hacerse de su merecida ración tiraron la carpa abajo, dando rienda suelta a los desmanes.

Más de un siglo después de estos hechos no quedan signos de aquella jornada agitada. Hoy en día Gouin es un pueblo tranquilo, con una pequeña plaza frente a la Capilla San Agustín, donde uno puede sentarse plácidamente a disfrutar de unos buenos mates en una tarde soleada de domingo.

En su interior la capilla es muy simple y amena, casi sin adornos a los que suelen tenernos acostumbradas las iglesias católicas. Igualmente, la imagen de su patrono vista incluso desde el exterior a través de la puerta abierta de par en par, impresiona.

Aquí podemos apreciarla de más cerca.

Dijimos recién que Gouin es un lugar ideal para ir a tomar mates, y si los acompañamos de pastelitos mucho mejor, pues este es el pueblo bonaerense donde cada diciembre se realiza la tradicional Fiesta del Pastelito.

Diferentes maestros pasteleros compiten en esta jornada por el título al mejor pastelito de la provincia. Durante nuestra visita pasamos también por algunos pueblos vecinos, y allí compramos unos pastelitos sin saber al momento de abonarlos que esos mismos habían sido ganadores del certámen en una edición anterior. Al leer la etiqueta, en la mismísima plaza de Gouin, nos dimos cuenta de lo que estábamos degustando, y realmente hay que decir que estaban riquísimos.

Si uno gustara de hacerlo también se podría ir a disfrutar un almuerzo en el pueblo de Gouin, ya que hay un par de establecimientos dedicados a ello. El Bar Don Tomás estaba aún con gente cuando llegamos (siendo esto ya entrada la tarde) y también está el restaurant La Estación, emplazado en las instalaciones que en otra época fueran, precisamente, la estación del ferrocarril.

En definitiva, con sus 122 habitantes, Gouin es un lindo pueblo rural para visitar, ideal para esos momentos en que uno quiere escaparse de la gran ciudad, relajarse y disfrutar de un poco de sol y aire libre.

Ya tendremos oportunidad de visitarlo durante alguna de sus fiestas del pastelito. Cuando así sea, se enterarán por este mismo medio.

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Una escapada al otro Rawson, en el partido de Chacabuco.

Si bien el nombre puede inducirnos a error y trasladarnos a cientos de kilómetros al sur hasta la Patagonia Argentina, Rawson está acá, a apenas unas dos horas en auto desde la capital federal. Hablamos de la localidad del partido de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires: el otro Rawson.

Se trata de una pequeña y muy tranquila ciudad a la que se accede por el Acceso Oeste primero, desviándose luego por la Ruta 51 después. Con un nombre que hace honor al Dr. Guillermo Rawson, la localidad fue fundada el 1 de marzo de 1885 con la llegada del ferrocarril, aunque ya existía con anterioridad, incluso con otros nombres según he leído.

La principal actividad económica es, por supuesto, la agropecuaria, a la que se agregan los servicios afines a la misma como ser los molinos y las plantas de acopio, según puede verse en su perfil de facebook.

Como fuimos en pleno invierno no encontramos ni el menor rastro, pero el evento más destacado de la ciudad es la Fiesta Provincial de la Primavera, que incluye desfile de carrozas, shows y hasta la correspondiente elección de la reina. Ya tenemos una buena excusa, pues, para reincidir por estos lugares.

Rawson cuenta con una estación del ferrocarril General San Martín, y por supuesto allí estuvimos para gatillar nuestra Canon.

Un graffitti en la pared recuerda el año de la fundación, y la llegada del primer tren.

El puente peatonal que cruza de un lado al otro de la vía es algo que enseguida llama la atención en sí mismo.

Y por supuesto que nos subimos hasta allí arriba para tomar una buena vista aérea de la ciudad. Sin embargo, y aunque vimos cruzar gente, los tablones degastados y medio rotos del piso no invitan a aventurarse demasiado por la estructura.

Lo que sí constituye una invitación a la aventura es la formación abandonada a un costado de la estación, ideal para una buena sesión fotográfica.

Los vagones están abiertos, así que con cuidado uno puede subirse e investigar un poco el interior del tren, del cual, como puede verse, no queda mucho.

Un lindo destino para escaparse de la gran ciudad y respirar algo de tranquilidad en el aire, con ritmos diferentes a los que vivimos durante la semana laboral.

Estos días anduvimos por esta zona de la provincia de Buenos Aires, así que próximamente habrá más posts. ¡Hasta entonces!

Paseando por debajo de la Ciudad de Buenos Aires: Visita al Zanjón de Granados y sus túneles.

La ciudad de Buenos Aires tiene lugares fascinantes. Hace algunas semanas atrás visitamos uno de ellos y tuvimos la oportunidad de viajar al pasado de la mano del guía, y adentrarnos en los subsuelos de la ciudad para realizar una corta pero interesantísima caminata por los túneles que corren debajo de la superficie del barrio porteño de San Telmo.

Al 755 de la calle Defensa se encuentra el Zanjón de Granados que otrora fuera la casa de los Miguens, una acaudalada familia porteña que vivía en la mejor zona de la ciudad a sólo algunas cuadras del centro. Originalmente comprada por un valor irrisorio a causa de su mal estado, la casa estaba pensada para refaccionarse y albergar un lujoso restaurant, pero estas paredes transpiran historia y cuando comenzaron con los trabajos esta comenzó a salir a la luz y cambió el rumbo de la inversión. El nombre se lo debe al río que corría en aquellas épocas coloniales a metros apenas de la propiedad.

La visita guiada comienza en los patios donde se puede ver claramente que los Miguens eran una familia de buena posición económica, no sólo por el tamaño de la casa, sino por la torre que se divisa si uno mira hacia arriba, y que servía para controlar lo que llegaba y salia del puerto de Buenos Aires. Desde allí el señor Miguens exportaba sus mercaderías al resto del mundo y hacía crecer su fortuna.

La vieja cisterna que uno puede apreciar hoy bajo una reja enclavada en el suelo es también un símbolo de gran riqueza. En esa época el Río de la Plata estaba ya absolutamente contaminado, por lo que el agua potable era un problema crítico en la ciudad. Algunos optaban por la solución del aljibe propio, pero siendo que el zanjón servía para desechar los desperdicios de los mataderos cercanos, las napas estaban igualmente contaminadas y el sistema perdía sentido. La única forma de tener agua realmente potable era obtenerla de la lluvia, para lo cual se construía un complejo sistema de canaletas que la trasladaban hasta una cisterna, teniendo esto un costo extremadamente elevado que sólo los ricos podían afrontar.

Como es sabido durante el siglo XIX San Telmo fue asaltada por una mortal epidemia de fiebre amarilla provocando que los que tenían forma de hacerlo se mudaran hacia otras zonas de la ciudad. Así fue como nació el barrio de la Recoleta, al que la mayoría de las familias pudientes fueron a parar. De San Telmo huyeron despavoridos, abandonando todo, por lo que las enormes casas que quedaron vacías pasaron a convertirse en conventillos donde cientos de familias vivían hacinadas. Así es como las habitaciones superiores se convirtieron en viviendas pobres, y la enorme galería pasó a ser un mercado. Las rejas en las ventanas se pusieron en esa época, ya que los comerciantes temían el saqueo de las mercaderías durante la noche por parte de los habitantes del conventillo.

La restauración del lugar se hizo de forma tal de mantener lo más posible en estado original, y dentro de lo posible dar una idea al visitante de cómo era la construcción en aquella época pasada. Así es cómo en algunos puntos se ven trazos del viejo revoque original, o en aquellos lugares donde no se consiguió mantener los ladrillos originales, se ha dejado el hueco, prefiriendo eso a cambiarlos por un material moderno.

Luego se accede al subsuelo, y a la parte más interesante de la visita. Allí, debajo de la tierra, el Zanjón esconde un museo donde se pueden ver elementos hallados en las excavaciones, cuadros que muestran cómo era la vida en la época de la colonia, y planos de la vieja Buenos Aires entre otras cosas de interés.

La frutilla del postre llega cuando se entra en los túneles. Allí no se permite tomar fotos por lo que no puedo mostrarles mucho, pero debajo de semejante casona antaño corría el río que hoy le da nombre, el cual se decidió entubar para evitar la contaminación, ya que nadie quería mudarse de una zona tan privilegiada. Pero el acuerdo se realizó entre vecinos y el gobierno no participó de la obra, por lo que cada uno se hizo cargo de entubar el tramo de río que correspondía a su propiedad. A esos túneles, por lo que antes corría el agua, se tiene acceso durante la visita, y allí se puede apreciar la diferencia entre los tramos de la familia Miguens y su vecino, porque por debajo las excavaciones fueron mucho más allá de los límites de la propiedad.

Además de museo, el Zanjón es un excelente lugar para realizar eventos. Los patios y la galería son espacios amplios como para hacer una buena recepción, y además en el subsuelo hay un amplio salón que, si bien no se llega durante la visita, yo lo conozco por haber ido a algunos eventos, entre ellos el que hizo Air New Zealand festejando su vuelo inaugural a Buenos Aires, y cuya crónica podés leer haciendo click aquí.

El Zanjón es casi un secreto de Buenos Aires. Un lugar que todo porteño debería conocer. Las visitas son guiadas y realmente valen la pena. Los interesados pueden consultar en la web del lugar horarios y tarifas. Por mi parte, para los amantes de la historia y todos aquellos que quieran conocer un poco más sobre la ciudad en la que viven o trabajan, lo recomiendo fervientemente.

¡Disfruten la visita tanto como nosotros!

El Abierto de Polo de Hurlingham compartió sede con Buenos Aires Market.

Cuando uno habla de polo se piensa enseguida en la elite, lo más alto de la sociedad económicamente hablando. Sin embargo, al menos en cuanto a lo que al público hace, ya no es tan así. De a poco el polo se va haciendo cada vez más accesible al público, y el pasado fin de semana se dio un paso más (y uno bien grande) en ese sentido.

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El Abierto de Polo de Hurlingham es el más antiguo del mundo, y es considerado además el segundo más importante del globo, luego del Abierto Argentino de Palermo, que es justamente el torneo que le sigue en la denominada Triple Corona. Estamos entonces ante un evento de importancia mundial, sin embargo eso no impidió que la primer fecha de su 123° edición tuviera la participación del Buenos Aires Market, con entrada libre y gratuita.

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Así es como el domingo 23 de octubre (jornadapara la que quedó reprogramada la fecha en dos sedes difererentes, por las lluvias), en el tradicional Hurlingham Club se mezclaban las imágenes de las tiendas de la feria, los food trucks, y los amantes del polo.

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Además se trató de un evento completo, con todas las letras, donde no faltó un escenario donde se daban espectáculos de música y danza tradicionalmente ingleses; ni la muestra de autos clásicos con un par de ejemplares impecables.

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Daban ganas de subirse detrás del volante y salir a dar una vuelta, realmente…

tablero

Luego de tener que suspender la fecha, y terminar jugándola en dos sedes diferentes (dos de los partidos se jugaron en Pilar en lugar de Hurlingham), el clima se portó y nos regaló un hermoso domingo de sol, ideal para sentarse en las gradas a mirar el mejor polo del mundo.

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Mientras nos dirigíamos hacia allí pasamos por el palenque de Alegría. Impresionante lo que es la caballada del equipo. Y pensar que al campo entran sólo cuatro jugadores…

caballada

Allí pudimos ver como iban preparando a los animales para salir a jugar.

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Y cómo hacian su precalentamiento los propios jugadores de Alegría.

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Antes del partido, hubo una exhibición de música y danza clásica en pleno campo de juego.

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Y entonces sí, se largó el cronómetro y comenzó el partido entre Alegría y Washington, el segundo de la tarde ya que unas horas antes la favorita Ellerstina había arrasado 21 a 6 a La Irenita.

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Más allá de las reglas del juego, el polo es un deporte disfrutable para cualquier amante de las destrezas y los animales. Es impresionante ver cómo se manejan los ocho jugadores arriba de sus caballos, y en ocasiones, se entienden con ellos como si fueran una sola entidad.a-la-carrera

Aunque hay veces que parece que se les complica mantenerse encima…

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Pero en general lo logran, incluso cuando tienen que clavarse y dar media vuelta porque la bocha quedó más atrás…

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Ni hablar de cómo se estiran como si fueran de goma, con tal de robarle la bocha al rival.

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Si hasta avanzan a toda velocidad, “haciendo jueguito” con la bocha en el aire!

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Eso sí, cuando hay que pegarle, mejor no te metas en el camino de la bocha…

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Como en el fútbol, se hace cuerpo a cuerpo, aunque acá en realidad sería caballo a caballo…

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Se juega en toda la cancha, ya sea por el centro…

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… o contra las tablas.

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A veces se hacen enredos importantes que parecen ideales para un monumento ecuestre.nudoPero alguno, en algún momento, se las ingenia y se escapa para marcar el tanto.

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En fin, una excelente jornada para disfrutar del sol, y ver un espectáculo que, aunque es muy tradicional en Hurlingham, realmente no es habitual para el común de la gente.

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El Abierto de Hurlingham sigue este fin de semana que viene, sábado y domingo, y el martes 1 y miércoles 2. El domingo 6 de noviembre se disputará la final. Igualmente hay que ir monitoreandolo porque en caso de lluvias los partidos se suspenden y reprograman.

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Las entradas se pueden conseguir en Ticketek, y son bastante accesibles. Si no te dan los tiempos para ir y no querés quedarte con la ganas, recordá que luego de este torneo se juega el Abierto Argentino en el Campo Argentino de Polo, así que ahí tenés una nueva oportunidad. No hay excusas para los que quieran disfrutar, o conocer de qué se trata el deporte en el que los argentinos más destacamos (mucho más que en el fútbol).

Espero que este post te motive y puedas disfrutar alguna de las excelentes jornadas que se vienen!

Cenando en La Rosa de los Vientos

El martes pasado, último día feriado del fin de semana extra largo, nos encontró sin nada para cocinar en casa, lo cual fue la excusa perfecta para salir a comer afuera. La intención era una cena liviana así que googleando un poco encontramos un lugar donde aparentemente se podía conseguir un prometedor wok de pollo con vegetales. Reservamos y hacia allí nos dirigimos. Así descubrimos La Rosa de los Vientos.

Las mesas

El ambiente con las paredes decoradas y las mesas presentadas con singulares floreros.

Se trata de un lugar pequeño, pero muy cálido. Las mesas están bien distribuidas y por más que el salón no sea de grandes dimensiones la separación entre unas y otras es aceptable. El ambiente está pintado de rojo, pero con una iluminación tenue se torna agradable, y hasta relajante diría.

Cerveza tirada

Esa noche se podía elegir entre dos tipos de cerveza tirada.

Algo que me saca absolutamente es no poder escuchar lo que me dice mi compañero de mesa, y tener que elevar la voz para que me escuchen a mi. Ya sea por el murmullo de la gente o por la música al taco, es algo que me exaspera. La Rosa de los Vientos me encantó: no sólo musicalizan a un nivel razonable donde podés mantener una charla con quién estés, sino que además la música elegida me gusta particularmente. Esa noche estaban pasando en la tremenda pantalla gigante un recital tributo a George Harrison.

Pantalla Gigante

En la pantalla gigante pasaban conciertos con los que musicalizaban el ambiente.

La atención fue muy buena también, el trato muy cordial y siempre dispuestos a sacarte cualquier duda que tengas. Los precios son accesibles: dos platos con dos pintas de cerveza, un postre y un Martini nos salieron apenas más de $300. Y es destacable la variedad de cervezas importadas que tienen. Más allá de que alguna no estuviera disponible (específicamente la alemana Becks y la holandesa Grolsch), la oferta es amplia.

Dos Pintas

Un clásico de la degustación de cervezas: las pintas. Esta vez una rubia cremosa y una roja.

Un punto en contra del lugar es que, si bien tienen los logos en la puerta, las tarjetas de crédito las tienen suspendidas. Por suerte esto lo tienen indicado también con un cartel en la puerta y con otro en la carta que te entregan, cuestión que estés enterado antes de pedir del “only cash”. Sin embargo, no poder optar por el pago con tarjeta, aún cuando sea momentáneamente, es algo que me pone mal, ya que ODIO tener que llevar (y arriesgar) efectivo.

Wok de pollo

El Wok de pollo y vegetales vino adornado con una ramita de romero.

La otra contra es que los platos que pedimos eran pequeños. Para nuestro caso que no queríamos comer mucho, estuvo bien, pero si venís con hambre quizá tengas que pedir un refuerzo. U otro plato que veas más contundente. Este punto por supuesto queda balanceado porque tanto la comida como el postre estaban exquisitos.

Pavita

La pavita al escabeche estaba exquisita.

En definitiva se trata de un lugar super recomendable, y al que de seguro volveré. Está ubicado en Defensa 1376, en el barrio porteño de San Telmo.

Resumen de La Rosa de los Vientos.

Las Buenas:

  • El ambiente, con música suave.
  • Los precios accesibles.
  • La variedad de cervezas.
  • La comida.
  • El servicio.

Las Malas:

  • Momentáneamente no aceptan tarjetas.
  • Los platos (al menos los que pedimos nosotros) son pequeños.

¡Casi me olvido! Esta también es otra buena:

No cobra cubierto

¡Gracias por pasar! Te espero la semana que viene en otro post de Ahicito!