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Volvemos en el tiempo: Una vuelta en el Tranvía Histórico de Buenos Aires.

En la esquina de José Bonifacio y Emilio Mitre, barrio de Caballito, se levanta el Taller Polvorín, que debe su nombre al antiguo nombre de la calle. Lejos de ser un establecimiento militar, el Taller es el centro de operaciones de una peculiar entidad: La Asociación Amigos del Tranvía, quienes te invitan todos los fines de semana a volver atrás en el tiempo y como si estuvieras en la década del 30, hacer un paseo en tranvía.

Justo en esa esquina, frente al taller y en diagonal al portón de ingreso, tiene su parada el pintoresco Tranvía Histórico de Buenos Aires. Desde allí comienza un recorrido de 2 kilómetros en el que se podrá viajar como hicieran nuestros abuelos cuando eran niños. Una experiencia, justamente, ideal para hacer con chicos.

En nuestro caso fuimos el feriado del 20 de junio, por lo que en su día, ameritaba el izamiento de la celeste y blanca.

La Asociación fue fundada en 1976 por un grupo de aficionados al tranvía que buscaban reivindicarlo como medio de transporte. Así se dieron a la tarea de buscar antiguos coches para restaurarlos y ponerlos en funcionamiento, pero se encontraron con una dificultad mayúscula. El lugar estaba, ya que la empresa Subterráneos de Buenos Aires había comprometido ceder el taller donde hoy todavía operan, pero los cochesno: en todo el país no había uno solo en condiciones de ser restaurado; eran todos prácticamente chatarra.

Sin embargo los integrantes de la Asociación no se dieron por vencidos e hicieron frente a las adversidades, hasta que al fin llegaron a buen puerto (o, en este caso, a buena estación). Luego de buscar por los países limítrofes donde los tranvías aún cumplían servicios regulares, dieron con la empresa portuguesa Servico de Transportes Colectivos de Porto, que utilizaba coches construidos por la misma fábrica que producía los que habían funcionado en Buenos Aires.

Así llegó al país un coche modelo Brill-32, que se remodeló en el Taller Polvorín para reconvertirlo a lo que había sido el servicio porteño de antaño. El 15 de noviembre de 1980 la unidad renovada salío por ese portón y realizó el primer recorrido de tranvía luego de largos años de ausencia en la ciudad.

Desde ese momento los tranvías recorren el barrio de Caballito todos los fines de semana, y lo pongo el plural porque la Asociación se ocupó de seguir ampliando la flota de coches restaurados. Hoy tienen 21 unidades que se alternan para realizar los paseos.

Una vez que estamos todos a bordo, dos campanadas del guarda ubicado en la parte posterior dan comienzo al viaje. La tripulación se completa con el conductor y un tercer integrante de la Asociación que nos va explicando la historia de la misma, los detalles del coche y las actividades que realizan.

Aunque te dan un boleto al subir, el viaje es gratis. Los amigos del tranvía no cobran nada por llevarte a pasear, ni tampoco reciben ningún tipo de subsidio del estado, a no ser el préstamo del taller, la electricidad que utilizan para hacer andar los coches, y la mera autorización para circular por parte del Gobierno de la Ciudad. El financiamiento lo obtienen de la venta de distintos recuerdos que realizan abordo, y que uno compra con gusto.

El paseo en tranvía es una salida diferente, que nos muestra cómo eran las cosas hace 50 años atrás, y a bordo de los coches se ve la mano de estos apasionados del tranvía que los restauran con una calidad envidiable.

Los ruidos, los olores, los tapizados, las maderas y, por supuesto, las publicidades te retrotraen a décadas atrás.

Este año la Asociación cumple 42 años y lo van a festejar con todo. El domingo que viene, 22 de julio, realizarán un gran evento donde saldrán con varios coches distintos, por lo que uno podrá abordarlos todos el mismo día, algo que no se da en un fin de semana convencional. donde sale una unidad por día solamente. Además participarán de la jornada bandas de música y habrá una exposición de autos clásicos. Si te interesa, una fecha para agendar y acercarse por Caballito.

Y si ese día no podés, a no preocuparse. El Tranvía Histórico funciona todas las semanas, y los horarios los podés consultar en su página web oficial a la que accedés haciendo click acá.

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Visita a Brandsen, el pueblo que no admite rango militar, pero lo ostenta igual.

A poco menos de 70 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, y muy cercana a la capital provincial de La Plata, se encuentra la ciudad de Brandsen, una tranquila localidad rural que nos decidimos a visitar uno de los últimos domingos de este verano.

Bien fiel al mandato español, con la municipalidad de un lado y la iglesia del otro, la plaza concentra gran parte de la actividad como puede presumirse por las amplias calles que la circundan, con un pequeño cordón que divide las manos y que, incluso se convierte en un pequeño boulevard equipado con dársenas para estacionar a 45°.

La plaza en mediodía de un domingo es extremadamente tranquila, por no decir casi desierta. Apenas unos niños divirtiéndose en el área de juegos y generando por momentos la “ilusión óptica” de un fantasma hamacándose, al bajarse del asiento y dejarlo en movimiento, pero sin nadie a la vista que le imprima el correspondiente vaivén.

Ya sin costado sobrenatural, del otro lado de la plaza también lo asalta a uno una sensación rara, y tiene que ver con los esqueletos desnudos de las gradas, dispuestas a lo largo de la calle a causa de los festejos de Carnaval. Sin público, las gradas peladas dan idea de abandono, pero aunque no nos quedamos para verlo, sabemos que durante la noche eso seguro cambia y la calle se viste de fiesta.

Eso sí, que la iglesia saliera en la foto sin gradas de por medio, fue una misión imposible…

Construida en este lugar en 1896, la Parroquia Santa Rita de Cascia es uno de los edificios más antiguos de la ciudad y alberga en su austero y simple interior la imagen de la patrona del pueblo, la cual es venerada todos los días 22.

Pero quizá lo más interesante de esta ciudad sea su nombre, ya que si bien es popularmente conocida como “Coronel Brandsen”, tal como lo explicita el cartel de la estación de ferrocarril que no deja lugar a dudas, el nombre oficial es, a secas, Brandsen.

Originalmente llamada Ferrari, tal como se apellidaba el fundador del pueblo, en 1917 se decidió cambiar el nombre de la estación de tren para unificarla con el del pueblo. Aparentemente fue el encargado de hacer el cartel de la estación quién agregó el cargo de “coronel” a la denominación, cuestión que no está del todo mal si consideramos que el lugar fue bautizado en recuerdo del coronel Federico Brandsen que luchara en el Ejército de los Andes, pero los papeles indican que solo el apellido del militar habría bastado, pues el nombre oficial del pueblo no admite rango alguno.

Así pasamos por este peculiar pueblo del sur de Buenos Aires. Te invito a seguir navegando por Ahicito Nomás para seguir recorriendo el país y el mundo.

 

Conocemos Villa Ocampo, la residencia de Victoria en San Isidro.

Ubicada en la localidad de Beccar, partido de San Isidro, una fastuosa casona del siglo XVIII espera ser visitada. Se trata de Villa Ocampo, actualmente perteneciente a la UNESCO, y que fuera el lugar de residencia de la célebre Victoria Ocampo durante casi 40 años.

Si bien su arquitectura, sus muebles y por supuesto, las historias llenas de cultura que encierran sus paredes le dan un aire a museo, al visitarla hay que considerar que la casa está más organizada como “observatorio cultural” de la UNESCO que como una muestra de la vida de su antigua dueña. En ese sentido, si la intención es visitarla como museo, a la Villa le falta bastante, ya que no hay un orden establecido para hacer la visita, ni cartelería en las habitaciones que expliquen lo que se está viendo, ni mucho menos un folleto o audioguía que nos de alguna ayuda para organizar la recorrida.

Dicho esto, si bien yo la hice por mi cuenta, tengo que recomendar que quién quiera ir para conocer la residencia y el estilo de vida de Victoria, se organice de manera tal de hacer la visita guiada. Para eso lo más recomendable es chequear los horarios actualizados en la página web, así uno puede organizar la excursión.

Inaugurada en 1891, la residencia fue diseñada por Manuel Ocampo, padre de Victoria, y fue visitada frecuentemente por la familia como casa de verano. Luego de heredarla, en 1941 la escritora se mudó a Villa Ocampo adoptándola como residencia permanente y dando comienzo también a la historia fuerte de esta casona, por la que pasaron célebres figuras de la cultura de la época.

Alrededor de la casa un enorme y bien cuidado parque invita a una relajante caminata durante la cual no será difícil toparse con algún que otro pato.

Por las sombras de estos árboles han caminado personajes como el escritor Graham Greene, o Roger Caillois, quién permaneció como invitado por espacio de unos cinco años; y por supuesto personalidades nacionales, especialmente de la literatura, como ser Jorge Luis Borges o Adolfo Bioy Casares, de quién Victoria era cuñada.

Muchas de las habitaciones de la casona contienen aún libros y bibliotecas enteras en las que Victoria almacenaba ediciones en diferentes idiomas, pero sin duda lo más destacado son los ejemplares de Sur dispersos por varios rincones.

Surgida por una sugerencia del Waldo Frank, la revista literaria ícono creada por Victoria Ocampo se publicó de forma irregular a través de largos años, y se convirtió en una fuerte influencia para el movimiento literario nacional de la época. Importantes figuras literarias colaboraron con la publicación dándole un alto prestigio, como ser Borges, Bioy Casares, Frank, Miller, Gabriela Mistral y hasta el premio nobel alemán, Thomas Mann.

Escritora, intelectual, editora y, sobre todo, mujer argentina, Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo (tal como aparecía en su documento) fue una verdadera personalidad de la vida cultural y política del país, cuestión que por supuesto convierte en atractiva la visita a su casa, y el adentrarse en los detalles de su vida.

Mujer independiente (y pionera en esta cuestión) al punto de haberse separado de su primer marido durante la luna de miel por haberle encontrado una carta a un amigo donde le indicaba que los deseos de su esposa de ser actriz desaparecerían cuando quedara embarazada, Victoria fue una figura polémica e influyente. Fue la primer mujer en obtener la licencia de conducir en la Argentina y la única representante femenina latinoamericana en el juicio de Nüremberg contra los jerarcas nazis. Dentro de las fronteras del país era una férrea y activa opositara al peronismo, lo que le valió caer como presa política en 1953.

Hoy en día ese espíritu que la llevó a fundar la Unión Argentina de Mujeres sigue vigente en la residencia de Beccar dentro del marco de la muestra de la UNESCO que, con un estilo que en lo personal considero como raro, con estructuras de chapa haciendo las veces de biombos, promociona el rol de la mujer en la sociedad y la política, en búsqueda de lograr la igualdad de condiciones y oportunidades entre ambos géneros.

Villa Ocampo llega a manos de la UNESCO a través de una donación. Luego de conocer al director general de la organización internacional, Victoria decide legarle su mansión para que “sirva en un espíritu vivo y creador para la promoción, el estudio, la experimentación y el desarrollo de actividades que abarquen la cultura, la literatura, el arte, la comunicación social y la paz entre los pueblos”, según reza la página web.

La decisión de que la casa se utilice para la contribuir a los objetivos de la UNESCO queda perfectamente clara al visitarla, ya que hoy en día es más eso lo que se percibe que lo que fue la forma de vida de los Ocampo en este lugar. Igualmente merece la pena conocerla, si es posible aprovechar la visita guiada, y para quién esté interesado en las actividades de las Naciones Unidas, adentrarse en lo que se denomina Observatorio Unesco Villa Ocampo. Todo en Beccar, a pasitos nomás de la Capital Federal.

Gouin, el pueblo rural de los pastelitos en la Provincia de Buenos Aires.

Saliendo de la Ciudad de Buenos Aires por el Acceso Oeste se llega luego de recorrer algo más de 100 kilómetros hasta el Partido de Carmen de Areco, dentro del cual encontramos el pequeño pueblo de Gouin.

Hacia principios del siglo XX la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires llevó adelante un emprendimiento de construcción a través del cual tuvo lugar la inauguración de la estación de tren del pueblo, en 1908. Sin embargo el proyecto no se limitaba únicamente a hacer llegar el ferrocarril hasta estos pagos, sino que la empresa adquirió tierras que fueron loteadas y vendidas en una subasta en el año 1909.

Según se sabe, la convocatoria (que incluía un almuerzo gratuito) atrajo a gran cantidad de gente que se acercó para participar del evento, dejando muy cortos los cálculos de los organizadores, y por ende, la cantidad de provisiones con las que contaban. El resultado era de esperar y no tiene gran diferencia con lo que podría suceder hoy en día ante un escenario así: la gente se ofuscó, y en la desesperación por hacerse de su merecida ración tiraron la carpa abajo, dando rienda suelta a los desmanes.

Más de un siglo después de estos hechos no quedan signos de aquella jornada agitada. Hoy en día Gouin es un pueblo tranquilo, con una pequeña plaza frente a la Capilla San Agustín, donde uno puede sentarse plácidamente a disfrutar de unos buenos mates en una tarde soleada de domingo.

En su interior la capilla es muy simple y amena, casi sin adornos a los que suelen tenernos acostumbradas las iglesias católicas. Igualmente, la imagen de su patrono vista incluso desde el exterior a través de la puerta abierta de par en par, impresiona.

Aquí podemos apreciarla de más cerca.

Dijimos recién que Gouin es un lugar ideal para ir a tomar mates, y si los acompañamos de pastelitos mucho mejor, pues este es el pueblo bonaerense donde cada diciembre se realiza la tradicional Fiesta del Pastelito.

Diferentes maestros pasteleros compiten en esta jornada por el título al mejor pastelito de la provincia. Durante nuestra visita pasamos también por algunos pueblos vecinos, y allí compramos unos pastelitos sin saber al momento de abonarlos que esos mismos habían sido ganadores del certámen en una edición anterior. Al leer la etiqueta, en la mismísima plaza de Gouin, nos dimos cuenta de lo que estábamos degustando, y realmente hay que decir que estaban riquísimos.

Si uno gustara de hacerlo también se podría ir a disfrutar un almuerzo en el pueblo de Gouin, ya que hay un par de establecimientos dedicados a ello. El Bar Don Tomás estaba aún con gente cuando llegamos (siendo esto ya entrada la tarde) y también está el restaurant La Estación, emplazado en las instalaciones que en otra época fueran, precisamente, la estación del ferrocarril.

En definitiva, con sus 122 habitantes, Gouin es un lindo pueblo rural para visitar, ideal para esos momentos en que uno quiere escaparse de la gran ciudad, relajarse y disfrutar de un poco de sol y aire libre.

Ya tendremos oportunidad de visitarlo durante alguna de sus fiestas del pastelito. Cuando así sea, se enterarán por este mismo medio.

Una escapada al otro Rawson, en el partido de Chacabuco.

Si bien el nombre puede inducirnos a error y trasladarnos a cientos de kilómetros al sur hasta la Patagonia Argentina, Rawson está acá, a apenas unas dos horas en auto desde la capital federal. Hablamos de la localidad del partido de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires: el otro Rawson.

Se trata de una pequeña y muy tranquila ciudad a la que se accede por el Acceso Oeste primero, desviándose luego por la Ruta 51 después. Con un nombre que hace honor al Dr. Guillermo Rawson, la localidad fue fundada el 1 de marzo de 1885 con la llegada del ferrocarril, aunque ya existía con anterioridad, incluso con otros nombres según he leído.

La principal actividad económica es, por supuesto, la agropecuaria, a la que se agregan los servicios afines a la misma como ser los molinos y las plantas de acopio, según puede verse en su perfil de facebook.

Como fuimos en pleno invierno no encontramos ni el menor rastro, pero el evento más destacado de la ciudad es la Fiesta Provincial de la Primavera, que incluye desfile de carrozas, shows y hasta la correspondiente elección de la reina. Ya tenemos una buena excusa, pues, para reincidir por estos lugares.

Rawson cuenta con una estación del ferrocarril General San Martín, y por supuesto allí estuvimos para gatillar nuestra Canon.

Un graffitti en la pared recuerda el año de la fundación, y la llegada del primer tren.

El puente peatonal que cruza de un lado al otro de la vía es algo que enseguida llama la atención en sí mismo.

Y por supuesto que nos subimos hasta allí arriba para tomar una buena vista aérea de la ciudad. Sin embargo, y aunque vimos cruzar gente, los tablones degastados y medio rotos del piso no invitan a aventurarse demasiado por la estructura.

Lo que sí constituye una invitación a la aventura es la formación abandonada a un costado de la estación, ideal para una buena sesión fotográfica.

Los vagones están abiertos, así que con cuidado uno puede subirse e investigar un poco el interior del tren, del cual, como puede verse, no queda mucho.

Un lindo destino para escaparse de la gran ciudad y respirar algo de tranquilidad en el aire, con ritmos diferentes a los que vivimos durante la semana laboral.

Estos días anduvimos por esta zona de la provincia de Buenos Aires, así que próximamente habrá más posts. ¡Hasta entonces!