Archivos Mensuales: mayo 2019

Paso a paso, cómo Gestionar la Visa Canadiense para Argentinos on line.

Viajar al exterior es siempre algo emocionante pero en ocasiones los trámites previos pueden llegar a ser algo engorrosos. Más allá de coordinar las reservas, hoteles y traslados, que es algo que muchos disfrutamos, hay que también contratar seguros de viaje, chequear políticas de migraciones y, eventualmente, hasta vacunarse. Y algo más, en algunos países es necesario tramitar una visa, o sea, un permiso gubernamental previo a poder abordar el avión en Ezeiza. Sin dudas, la más famosa de todas en nuestro país es la visa norteamericana, pero habiendo terminado de gestionar recientemente la canadiense, puedo decirles que es tanto o más complicada que aquella.

Y acá valgan algunas aclaraciones: En sí el trámite es más simple, ya que se puede realizar casi enteramente online, mientras que para viajar a Estados Unidos es necesario tener una entrevista cara a cara en la embajada donde una respuesta incorrecta nos puede dejar abajo del avión. Sin embargo, el hacerla online tiene también sus complicaciones, ya que todo lo que se envíe tiene que estar en un determinado formato, muy estricto, y tiene que estar completo y bien. Y en mi humilde opinión las instrucciones no son del todo claras, así que varios puntos se prestan a confusión. Por eso mi decisión de escribir un post al respecto, con el paso a paso, y actualizado al nuevo proceso que desde noviembre pasado requiere la toma de datos biométricos, un trámite extra que es, obviamente, presencial.

Mi primer recomendación es ingresar a la sección de “Inmigración y Ciudadanía” de la web del gobierno canadiense y leer detalladamente las instrucciones. Este post debería funcionar como guía adicional para quienes opten por hacer la presentación online, ya que la página propone varios idas y vueltas que a veces marean. Vayamos entonces al paso por paso.

1- Crear una cuenta

Obviamente, como todo en internet, para acceder a los servicios del gobierno canadiense on line habrá que crear una cuenta. Lo complejo aquí es que hay varias opciones para hacerlo. Por un lado se puede usar un login bancario en caso de operar con alguna de las entidades financieras aprobadas, algo difícil en Argentina. Por lo tanto, seguramente la mejor opción sea crear GCKey “Government of Canadá Key”, para lo cual habrá que elegir la opción de la derecha “Sign Up”.

La creación de esta cuenta implicará establecer las preguntas para recuperar el user y la password de ser necesario; son las llamadas “Recovery Questions”.

Pero además habrá que elegir unas preguntas de seguridad, las cuales deberemos contestar cada vez que accedamos al sistema para constatar nuestra identidad. Intenten que sean preguntas con respuestas simples (tendrán que tipearlas infinidad de veces) y fáciles de recordar. Lo bueno es que uno mismo se formula y contesta las preguntas, sin ninguna restricción del sistema, así que se pueden adaptar a lo que a cada uno le sea más simple.

La ventaja de este sistema es que uno puede entrar y salir cuantes veces quiera, grabando los cambios y actualizaciones realizadas. Lo que es importante recordar, es que una vez iniciado el preceso de postulación para obtener la visa, el mismo debe completarse en un máximo de 60 días desde tal inicio. De lo contrario, todo volverá a foja cero y habrá que volver a comenzar. Veamos entonces, cómo se da comienzo a una postulación.

2 – Personal Check List.

Al acceder a la cuenta lo primero que aparece (luego de aceptar las condiciones y responder las preguntas de seguridad cada vez que te loguees) es una pantalla donde vemos el status de nuestros trámites y las opciones que tenemos. Aquí, a medida que el proceso avance, nos irán apareciendo las diferentes notificaciones, ya sea para informarnos de un cambio en el estado de nuestra solicitud, o bien para indicarnos que hagamos algo (por ejemplo remitir alguna documentación extra). En este caso, como recién estamos dando comienzo, con respecto al status no hay ninguna información disponible y temeos que ir a la opción “Apply to come to Canada” para iniciar la postulación.

El primer paso allí será determinar si somos aptos o no para realizar la postulación, con lo cual debemos elegir la opción “Visitor visa, study and/or work permit”. Como es la primera vez que pido la visa canadiense y no tengo ningún código de referencia, la primer sección de la pantalla la dejo en blanco.

Allí se abrirá un cuestionario on line que hay que completar. Son preguntas simples que se refieren principalmente al propósito del viaje, si tenemos familiares o amigos allá, cómo costearemos los gastos del mismo, y cómo abonaremos el trámite de la visa, entre otras. Por supuesto encontraremos también las típicas consultas sobre si tuvimos problemas con la ley, si ya hemos solicitado una visa en el pasado, si estamos involucrados con alguna organización política, etc. Finalizado el cuestionario, el sistema nos devolverá un resultado, que debería ser que somos aptos para solicitar la visa.

3 – Personal Check List, Formularios y Documentos de Soporte.

A partir de ahora viene la parte más complicada: hay que completar los formularios y conseguir documentación adicional, los cuales dependen de las respuestas que hayamos dado en el paso anterior.

Los formularios de solicitud de visa y de registros familiares hay que bajarlos de la web. Esto debiera ser algo simple, pero a mi se me complicó porque, una vez descargados, el Adobe no los abría. La única forma de acceder fue con click derecho y optando por “abrir con”, y allí sí seleccionar el Adobe Reader DC. Con este truco en mente pude completar los formularios con todos los datos que piden, que son por demás detallados. Lo bueno es que el propio formulario te va guiando sobre qué completar y qué dejar en blanco, y una vez listo hay que clickear en “validar”, con lo cual el mismo programa nos resaltará si hay algún dato faltante.

El resto de los documentos de soporte hay que prepararlos y subirlos sin ningún formulario definido, aunque sí hay que respetar los parámetros establecidos, por ejemplo cargar un sólo archivo por documento solicitado, en alguno de los formatos aceptables y que no supere el peso máximo permitido.

Estos documentos (que pueden variar de acuerdo a la visa que estés solicitando y lo que hayas contestado previamente), a modo de referencia son:

  • Travel History: Se refiere a los comprobantes de viajes anteriores. Lo más obvio es escanear todas las páginas con sellos de todos tus pasaportes, pero también pueden ser por ejemplo boarding pass de viajes anteriores (por ejemplo si volaste a un país Mercosur con DNI). En el caso de que tengas visa estadounidense válida es muy importante que la escanees. Se sabe que los controles para obtenerla son muy estrictos, así que presentarla seguramente te haga más fácil el trámite, y en particular es probable que no te pidan mayores detalles en cuanto a tu solvencia económica.
  • Passport: Aquí hay que escanear el pasaporte actual, aquél con el que pensás viajar a Canadá.
  • Invitation Letter: Supongo que para mi fue requisito ya que el motivo de mi viaje era laboral; pero tuve que presentar una carta de invitación firmada por la sucursal canadiense de la empresa para la que trabajo. Estimo que en caso de que vayas por turismo no será un requisito mandatorio, pero la verdad es que no lo se.
  • Foto: Este punto es crítico porque las especificaciones técnicas de la foto que hay que presentar son muy puntuales y cualquier mínimo detalle que no se ajuste a los parámetros resultará en un rechazo. Mi recomendación es que no lo duden, bajen los requisitos técnicos de la web y con eso en un pen drive vayan a un fotógrafo. Es mejor pagar el servicio de un profesional y quedarse tranquilo que la foto será aceptable para el gobierno canadiense, antes que la solicitud sea rebotada  y haya que volver a presentarla.

A medida que vamos cargando los documentos, podemos distinguir cuáles faltan ya que el estado cambia de “Upload File” a “Update Information” para aquellos que subimos correctamente, permitiéndonos igualmente cambiar lo que querramos tantas veces como lo necesitemos, ante de enviar la solicitud.

Una vez que tenemos todo listo, enviamos la solicitud completa. Para ello habrá que pagar tanto la solicitud como el trámite de datos biométricos, todo por internet con tarjeta de crédito. Un dato importante y que da luego para confusión, es que la tasa por datos biométricos incluye el viejo fee por envío del pasaporte, que debía pagarse aparte, y que si bien sigue figurando en la lista general de precios, en la Argentina no corre más.

Importantísimo revisar con cautela que absolutamente toda la información brindada, tanto en los formularios como en los documentos de soporte, sea verídica y correcta. Un error en esto podría provocar que se demore el proceso de la visa, o incluso que la solicitud sea rechazada.

4 – Datos Biométricos.

Desde noviembre de 2018 a los argentinos se nos requiere dar nuestros datos biométricos, previo a que se comience a procesar nuestra solicitud. Esto distorsiona totalmente el tiempo estimado para el trámite total, que según indica la web al consultarla, para nuestro país era de siete días desde enviada la documentación. Ahora ese plazo en la realidad cuenta desde que nos toman los datos biométricos.

En concreto, lo que hacen es tomarnos una foto y registrar nuestras huellas dactilares. Una vez que terminamos el paso #3 es cuestión de esperar el mail indicando que debemos sacar turno para este trámite presencial. Por supuesto que, en caso de que falte algún documento, que algunos de los archivos suministrados no cumpla con los requisitos, o bien que ya en ese punto se requiera que presentemos información adicional, el mail que nos llegue bien puede pedirnos justamente eso.

Ahora bien, si se nos solicita presentarnos a dar los biométricos hay que tener en cuenta que es obligatorio sacar turno. Para ello habrá que ingresar a la web de VFS Global, que es la empresa autorizada por el gobierno canadiense a dar servicios para tramitar la visa en la República Argentina. Allí deberemos, nuevamente, crear una cuenta, esta vez en TT Services, y una vez que la activemos a través del link que nos llega al mail podremos acceder al calendario de fechas. Ojo, puede ser que el primer turno disponible no sea inmediato, de hecho yo pude ir recién casi una semana después de que me llegó la notificación, y eso que la revisé casi de inmediato.

Con el turno definido, el día elegido hay que presentarse en las oficinas de VFS Global (Av. Córdoba 1131, en CABA) 15 minutos antes del horario pactado, y con toda la documentación que nos piden en las notificaciones. Allí nos tomarán foto y huellas, y ahora sí, una vez cumplido esto será cuestión de esperar que nos pidan el pasaporte original. El plazo normal para tener noticias es de entre 5 y 10 días hábiles desde ese momento. En mi caso la notificación llegó al quinto día.

5 – Entrega del Pasaporte

Finalmente, el último paso. Contrariamente a lo que se puede creer, el hecho de que nos llegue el mail pidiéndonos enviar el pasaporte no signfica que la visa esté aprobada. La decisión final es tomada ya con el documento de viaje en mano, así que no quedará más remedio que enviarlo.

Para ello la única forma posible es através de la oficina de VFS Global, esa misma en la que nos tomaron los datos biométricos. Pero presentar el pasaporte tampoco es tan simple como suena, también hay requisitos que cumplir, pero no todos los que piden, sino solo algunos. El tema es bastante confuso por lo que tuve que contactarme con VFS Global para estar seguro de lo que hacía. Intenté por teléfono y es un verdadero suplicio: hay un disco que te lee una lista interminable de condiciones y al aceptarlas se pasa a otro disco, y cada uno de los interminables discursos te los leen tres veces (en español, inglés y francés)…. Luego de unos diez minutos de escuchar grabaciones, corté y opté por el chat, que es mucho más simple: aceptás las condiciones y listo.

Pero en una de esas, con el siguiente detalle no necesitás contactar a nadie. El pasaporte hay que presentarlo (sin necesidad de sacar turno) con la siguiente documentación:

  • Carta del gobierno canadiense pidiéndonos presentarlo (nos llega por mail y hay que imprimirla)
  • El formulario de consentimiento firmado, que se baja de la web.
  • En caso de que querramos recibir el pasaporte de regreso por correo, la información de contacto, que es una hoja común y corriente con nombre, dirección, teléfono y correo electrónico. En caso de ir a retirarlo por las oficinas de VFS Global, no hace falta presentar nada más.

Un detalle: Si bien entre los requisitos figura llevar el comprobante de pago de los servicios, esto no hace falta, porque como ya les conté, están incluidos en el pago que hicimos por los datos biométricos. Y a esta altura del trámite solamente llegas si te presentaste a brindarlos con todo pago.

Un segundo detalle, que será de vital importancia para quienes no sean de Buenos Aires. El pasaporte puede ser remitido a VFS Global por correo también. Habrá que prestar atención a incluir en el sobre todos los documentos necesarios, ya que de lo contrario el proceso no avanzará. Y aconsejo también que chequeen bien los gastos, porque para que les devuelvan el pasaporte visado a su domicilio seguramente haya que pagar un servicio adicional. Lo mejor será consultar antes de mandar los papeles, y para ello, lo mejor es hacerlo en el chat de VFS Global.

Decisión Final.

Nuevamente, la espera. Otra vez, 5 días hábiles. A partir de la entrega del pasaporte habrá una intensa actividad en la casilla de mail, ya que el viaje del documento se trackea en detalle, y nos llega una notificación por cada movimiento que se hace. Si todo va bien, uno de esos mails nos indicará que hay un nuevo mensaje de status en nuestra cuenta GCKey, y al acceder a la misma veremos que se ha tomado la decisión final, y que la misma es positiva. Entonces en una página libre del pasaporte nos adosarán la visa, válida únicamente hasta la fecha de vencimiento del pasaporte. Este dato es importante, porque si se te vence dentro de poco lo mejor quizá sea renovarlo primero y así lograr que la visa tenga la máxima validez posible. Luego los mensajes de trackeo siguen hasta que se nos notifica que el pasaporte está listo para ser retirado, o bien nos llega a la dirección que elegimos.

En definitiva, es un proceso largo (aproximadamente un mes en total) y sobre todo, engorroso. Pero espero que este post les sea de ayuda y clarifique un poco cada uno de los pasos para gestionar la visa. Y por supuesto, que tengan una excelente estadía en Canadá!

El Castillo de Coral de Homestead, Miami: Una obra hecha por amor.

Al sur de la ciudad de Miami, en la zona conocida como Homestead, uno puede visitar una construcción un tanto particular, difícil de encontrar en cualquier otro lado del mundo. Se trata de una importante y pintoresca construcción levantada en su totalidad con piedra de coral, lo que le da un aspecto poroso y áspero que resulta característico.

Para ingresar al predio hay que abonar un ticket que en el momento de la visita (noviembre 2018) era de USD 18 e incluye un guía. De esta forma uno se entera de la historia de este extraño lugar y, especialmente, cómo es que fue construido (o se supone que lo fue) por Edward Leedskalnin, un inmigrante letón protagonista de una triste historia de amor fallido.

Según se sabe, Edward estaba a punto de casarse con su prometida Agnes en Lituania, cuando la joven, mucho menor que él, lo dejó un día antes de la boda. Destrozado por el rechazo, dejó el país y emigró a Estados Unidos. Si bien se alejó del lugar donde sufrió tanto, en Miami nunca olvidó al amor de su vida, y de hecho este castillo lo construyó en su honor, y con la esperanza de que Agnes se enterara y quedara tan impresionada como para atravesar el océano e ir a su encuentro.

Y de hecho este conjunto de rocas están dispuestas de tal forma que bien podrían ser tomadas como una vivienda. Si uno se fija bien encuentra el living, con sus sillones de diferentes tamaños, diseñados para cada uno de los integrantes de la familia, y por supuesto el comedor, con la enorme mesa que hasta incluye un hueco con agua para lavarse las manos.

Una particularidad interesante es la de la que es considerada, según los guías del lugar, como la mesa más pesada del mundo. En ella, el siempre optimista Edward pensaba volver a proponerle casamiento a Agnes si se le cumplía el sueño de que esta se apareciera finalmente por el lugar.

Por supuesto que la muchacha nunca apareció. Quizá por eso Edward también haya dedicado tiempo y esfuerzo a construir un “telescopio”, que no es otra cosa que un lugar de observación astronómica que permite determinar el momento en el que se está, al alinear la vista por un pequeño agujero de la piedra con la cruz formada por dos alambres incrustados en el círculo tallado en lo alto de la columna.

Ahora la cuestión intrigante de todo esto es el cómo. Por que según dicen, el Castillo de Coral está construido con un total de 1100 toneladas de piedra, que Edward colocó tal como se las puede ver hoy en día, él solo. Con rocas que ellas solas pesan miles de kilos, es difícil pensar que un único hombre haya hecho semejante obra; y éste es el punto en el cual aparecen las más locas especulaciones.

Quizá la más extendida de las versiones al respecto sea la que afirma que Edward, estudioso incansable del magnetismo, dominaba el arte de la atracción entre las piedras, y que las colocó en su posición actual haciéndolas levitar. Pero atención, que esta no es la más extravagantes de las teorías, ya que hay quienes afirman que en realidad el castillo se levantó con ayuda extraterrestre.

La realidad no se conoce a ciencia cierta, o quizá no se saca a la luz porque mantener el halo de misterio resulta rentable, pero la verdad es que se sabe que el propio Edward, que trabajaba sólo y de noche, indicó que todo radicaba en conocer el funcionamiento de las palancas y poleas para manejar enormes pesos. De hecho, hasta alguna vez parece haberse jactado de conocer el secreto de las pirámides de Egipto. Porque claro, muchas veces el cómo es más importante que el qué.

Y bueno, a juzgar por lo que se ve, no creo que las herramientas que quedaron guardadas en el taller de la torre hayan servido demasiado para mover tremendas rocas.

En todo caso, quizá, habrán servido para tallar en la piedra el rostro de tono alien que, en palabras del guía, se cree que podría ser una “selfie” del propio Edward, una especie de rúbrica que el autor decidió imprimirle a su obra, así como los pintores firman sus cuadros, o como yo le chanto el “Ahicito Nomás” a las fotos que saco…

Sacando del medio el misterio un tanto artificial en el que se ve envuelto el Castillo de Coral, personalmente me quedo con la historia de amor, y la esperanza de recuperarlo que Edward nunca abandonó, y que lejos de paralizarlo lo motivó a construir algo excepcional.

Desafortunadamente la recorrida terminó abruptamente cuando una fuerte tormenta se desató sobre Miami y, a falta de techo entre las piedras, tuvimos que refugiarnos en la galería donde cambiamos la caminata en el lugar por un video documental que proyectaron en el televisor. ¡Espero que cuando vayan ustedes, el tiempo acompañe!

Conocemos un pueblo detenido en el tiempo: Qué hacer en Molinos, Salta.

En medio de la hermosísima Ruta Nacional 40, esa que recorre nuestro país como si fuera una columna vertebral costeando la Cordillera de los Andes, a medio camino entre Cafayate y Cachi, en la provincia de Salta, una bifurcación del camino desemboca en el acceso a un pueblo donde se mezclan la calma, arquitectura colonial, e historia argentina.

En mi opinión, si el plan es hacer el Circuito de los Valles Calchaquíes con tranquilidad, profundizando un poco más que la media en lugar de visitar los puntos obvios, Molinos es el lugar ideal para hacer noche. Sin lugar a dudas fue la localidad que más me gustó del circuito, y el punto más alto de mi último viaje al Noroeste Argentino.

La arquitectura colonial, las veredas angostas de piedra y las calles empedradas con la particularidad de que tanto los árboles como los postes están sobre ellas en lugar de ubicarse en la vía peatonal, delatan que la fundación del pueblo data del Siglo XVII. La casi ausencia absoluta de gente, además, le da un aire como “a detenido en el tiempo”, o quizá mejor dicho, un lugar “donde el tiempo se detiene”.

Cómo ser ajenos a esa sensación cuando, por ejemplo, nos topamos con una sucursal de la Caja Nacional de Ahorro Postal, con el cartel señalizando la agencia casi intacto, y flanqueado por otro no más moderno, de Encotel.

El pueblo tiene su origen en la encomienda que fuera entregada a Diego Diez Gómez, cuya hija se casó luego con el general Domingo de Isasmendi. Molinos adquirió gran importancia, convirtiéndose a principios del Siglo XX en la ruta comercial más importante de Salta en dirección a Chile. En cuanto a tamaño, la hacienda abarcaba lo que son los territorios de los actuales departamentos de Molinos y San Carlos, y cabe recordar que la cabecera de éste último compitió con Salta para ser la capital provincial.

A pesar de su extrema tranquilidad, Molinos no es un lugar aburrido para todo aquél que se interese por la historia argentina. Hay buena cantidad de cosas para hacer en el pueblo que perfectamente se puede completar el itinerario de un día completo, como ser visitar la Casa de Indalecio Gómez y enterarse de su importancia para la vida cívica en la República Argentina, o entrar la tan simple como hermosa iglesia, que en 1942 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Frente a la iglesia se encuentra la Hacienda de Molinos, antigua casa en la que nació y murió el último gobernador realista de Salta, don Nicolás Severo de Isasmendi. Hoy en día la vieja casona está convertida en un hotel 3 estrellas donde uno puede dormir rodeado por paredes que sudan historia.

No es el único lugar para alojarse. De hecho durante nuestra estadía nosotros paramos en el Rancho de Manolo, cuya reseña podés leer haciendo click aquí. Y bien que haya donde dormir, porque a pesar de no ser una gran ciudad donde las actividades turísticas te abruman, Molinos bien amerita pasar una noche para conocerlo en profundidad y bajar no un cambio, sino cuatro.

Quienes gusten de los vinos, por su parte, podrán visitar las fincas Colomé y Amaicha, y los amantes de las artesanías tienen que pasar por la Asociación de Artesanos San Pedro Nolasco. Hay también actividades para realizar fuera del casco urbano, que justamente por pasar una sola noche a nosotros nos quedaron pendientes. Pero bien me hubiera gustado conocer la Laguna de Brealitos, o visitar las ruinas de Churcal y los restos del Fuerte de Tacuil.

Pero por supuesto, no es cuestión de quemar todas las excusas en un sólo viaje. Siempre hay que dejarse un motivo para volver, según dicen, así que espero tener la oportunidad de regresar y tachar estos pendientes de mi lista rutera.

Regresando de Santa Fe con Avianca Argentina: Reporte del Vuelo A07127

Perfectamente se podría decir que el vuelo de regreso desde Santa Fe hasta Buenos Aires era para mi un evento especial. En principio era la primera vez que iba a volar con Avianca Argentina, y en segundo lugar (y no por eso menos importante) sería la primera vez que abordaría un ATR-72, con sus particulares motores de turbohélice.

Habiendo finalizado nuestras obligaciones en el territorio santafesino, y acostumbrados a la dinámica del Aeroparque metropolitano de Buenos Aires, llegamos a Sauce Viejo con tiempo de sobra, que aprovechamos para recargar el tanque del auto alquilado y devolverlo full, evitando gastos mayores en el costo del servicio. Aún así hubo que hacer algo de tiempo, ya que el vuelo solamente se anunciaba cuando llegaba el avión proveniente de capital federal, y sólo en ese momento se habilitaba el control de PSA para pasar a la sala de preembarque.

Finalmente el ATR apareció en las proximidades de Sauce Viejo y el scanner se habilitó. Realmente no había muchos pasajeros (estimo que la ocupación no llegó ni al 50%) y pasar por el control fue sumamente ágil. Ante un comentario de  los oficiales de PSA con respecto a que por suerte se iban a casa temprano, les consulté si normalmente se quedaban hasta tarde. En general pasaba, pero ese día en particular pensaban que se iba a dar por la niebla intensa que se suponía iba a atrasar los vuelos. De hecho, me decían, pensaban que el de la mañana se iba a cancelar, pero que al final aterrizó cuando no se veía nada. Y sí, les dije, en ese avión había llegado yo y, efectivamente, no se veía un pomo.

La sala de preembarque es pequeña pero, para los pasajeros de aquél A07127 era más que suficiente. El abordaje comenzó luego de una corta espera, bajo la llovizna que se mantuvo durante todo el día y que nos hizo acelerar el paso por la plataforma hasta llegar al avión. Además de las características hélices, el ATR tiene la particularidad de contar únicamente con puertas traseras, por donde abordamos.

El interior del avión estaba muy limpio y cuidado, en impecables condiciones y con excelente iluminación. Se nota que son equipos nuevos, traídos desde la fábrica de Tolousse con 0 horas. Eso sí, en cuanto a confort y entretenimiento son super básicos. Asientos pequeños y bien finitos para aprovechar al máximo el espacio, sin pantallas, ni conectores para cargar el celular, ni entretenimiento abordo. Nada grave para los vuelos cortos que opera Avianca con estos equipos, pero que por supuesto contrasta con lo que uno está acostumbrado.

 

Quedé estratégicamente sentado en la ventanilla al lado del motor, pensando en la fotos que iba a sacar, pero entre la iluminación nocturna y el día horrible que mantenía la ventanilla mojada casi no logré imágenes rescatables. Lo que sí pude experimentar allí es el sonido del motor, que se sabe que en este tipo de aviones es algo más ruidoso que los jets equipados con turbinas. Sin embargo, el motor se siente intenso durante la carrera de despegue, allí donde el piloto le imprime la máxima potencia, pero luego durante el vuelo se mantiene a un volumen muy similar al de cualquier otro avión, y no es para nada molesto.

Con el avión estabilizado las TCP pasaron ofreciendo un vaso de agua, única atención a bordo que dan. Acepté y tomé la foto que presenta una mesita triste, casi vacía, que en todo caso es compensada con la amabilidad de las TCP que se esmeran en tratarte bien, incluso cuando tienen que reclamarte que pongas el asiento en posición vertical para el aterrizaje.

Durante la mayor parte del vuelo la cabina se mantiene con una iluminación de tono azul que ayuda mucho a conciliar el sueño. Yo por mi parte quería aprovechar la baja iluminación interior para tomar una buena foto de Buenos Aires desde el aire, pero el día lo hacía imposible. En medio de esos intentos ligué un reto de la señora que viajaba en el asiento trasero, que había escuchado claramente las instrucciones de seguridad que pedían apagar y guardar los aparatos electrónicos, pero que evidentemente no había prestado atención a las indicaciones del “modo avión”. Le contesté cordialmente que llevaba el celular configurado de tal forma pero estando levantado desde las 5 de la mañana y viendo que no había forma de sacar una foto aceptable, opté por no profundizar la explicación.

El ATR finalmente aterrizó en Aeroparque y terminó estacionando lejos de la plataforma principal, en el rincón al lado del estacionamiento de autos donde suele verse a los aviones de Avianca Argentina. Allí desembarcamos, bajo la llovizna como no podía ser de otra forma, y tomamos un micro de Intercargo que nos llevaría hasta la terminal. De pasada hacia el estacionamiento norte me topé con el nuevo sistema de taxis de Aeroparque, con funcionarios del gobierno de la ciudad que te ayudaban en el manejo de las máquinas.

Yo no tuve esa suerte momentos después cuando quise abonar la estadía en las máquinas, ninguna de las cuales me tomó las tarjetas de crédito. Ni a mi ni a ninguno de los que estábamos allí intentando, así que nos fuimos todos a los autos y a hacer la cola interminable en las cabinas del peaje de salida.

Así fue la primera experiencia con Avianca Argentina, el mismo día que ciertos diarios daban la noticia del inminente cierre de operaciones, yo estaba abordando uno de sus aviones para volver a casa. Ojalá tenga oportunidad de volver a volar con ellos.

Visitamos el Palacio Nacional de Guatemala.

En pleno centro histórico de la ciudad, justo frente a la Plaza de la Constitución, se alza el imponente edificio del Palacio Nacional de la Cultura de Guatemala, antigua sede del gobierno del país centroamericano que funciona hoy como museo albergando en su interior distintas colecciones de artistas guatemaltecos que los visitantes pueden apreciar, además de ser utilizado para eventos protocolares por parte del Poder Ejecutivo, y ser el kilómetro 0 para todas las rutas que salen de la ciudad de Guatemala.

 

El ingreso al recinto cuesta Q40 (quetzales) para los extranjeros, mientras que para los nacionales guatemaltecos la entrada es libre y gratuita. El cronograma de la visita puede verse restringido en algunos días y horarios, de acuerdo a las actividades oficiales que se realicen en el Palacio. De hecho, durante nuestra visita se estaban desarrollando algunas reuniones, así que en principio no podríamos subir a la planta alta del edificio.

El edificio fue levantado por orden del general Jorge Ubico, en ese entonces presidente de Guatemala, e inaugurado el 10 de noviembre de 1943. Se trata de una construcción simétrica, con un cuerpo central y dos laterales exactamente iguales, tal como puede notarse fácilmente al contemplarlo desde la plaza. Además, fue el primer edificio de la ciudad en ser construido con técnicas antisísmicas. Un detalle interesante: para levantarlo se aplicó la ley de vagancia, que implicaba que quienes eran encontrados en los bares de la ciudad entre las 7 y las 16 hs. fueran detenidos y obligados a trabajar en la construcción. De hecho, así se desarrolló gran parte del urbanismo de la ciudad, y la sede gubernamental no fue una excepción.

Tal como nos indicó la guía que nos acompañó durante la visita, en su interior el palacio es ecléctico, ya que muestra una mezcla de estilos entre los que resalta el árabe ya que el general era un entusiasta de esta cultura. Esto se puede ver claramente en las fuentes del patio interior, las cuales, según se dice, debían funcionar constantemente mientras Ubico caminaba por aquellos pasillos a fin de que sus conversaciones no pudieran ser escuchadas por oídos indebidos.

Otro detalle que resalta casi permanentemente son los relojes. Hay una buena cantidad distribuidos por el edificio, todos ellos de marca Ericcson, y deben su presencia a que el general gustaba casi obsesivamente de la puntualidad.

En la planta baja del edificio puede apreciarse piezas de la arquitectura del edificio, como ser los contundentes faroles que, al estar apoyados sobre el suelo, se presentan en toda su dimensión, la cual es imposible de apreciar en los que están colgados del techo, por una cuestión de mera perspectiva. También hay una maqueta del edificio, y lo alto de las paredes se aprecian los coloridos vitrales, muchos de los cuales llevan aún las marcas de los daños producidos por el atentado de 1980, cuando el Ejército Guerrillero de los Pobres hizo explotar un auto-bomba para evitar la concentración popular en apoyo al entonces presidente Lucas García.

Asimismo, traspasando el patio con sus fuentes, el visitante llega a un ámbito separado. La Galería Kilómetro Cero cuenta con una exposición de pinturas y obras de artistas nacionales que el tour permite apreciar con tranquilidad.

Y básicamente allí se terminaba todo. Haciendo gala de la hospitalidad que caracteriza a los guatemaltecos, la guía se había realmente esmerado en las explicaciones y contestando las dudas que surgían, pero no había mucho más que mostrar y el acceso al resto del edificio estaba vedado. Pero para mi sorpresa, siendo que yo era extranjero, que probablemente no tendría otra oportunidad de hacer la visita y, por último, que había pagado 40 quetzales, la guía consiguió (sin que nadie se lo pidiera) que un colega de ella me acompañara por las escaleras para ver los murales del primer piso. Porque, además, esos murales son una de las joyas artísticas del Palacio y ninguna visita puede entenderse por “hecha” si no los incluyó.

Así fue como subimos, y acompañados de este otro funcionario traspasamos algunos salones cerrados para el resto del público, hasta llegar al descanso de las escaleras donde se podían ver tamañas obras de arte. Algunas representando la mitología maya (cultura muy presente en la vida guatemalteca), o incluso retratando al Quijote de la Mancha. El mural más impactante en mi inexperta opinión es el que representa la unión de las dos razas y el nacimiento de los mestizos, con una mano blanca que se entrelaza a una morena, protegiendo el casamiento de un soldado español con una princesa indígena.

Ahora sí, podíamos decir que la visita estaba completa. El Palacio Nacional de Cultura es un excelente lugar para adentrarse un poco más en la cultura de Guatemala, conociendo un poco de su historia y los personajes que la protagonizaron, y admirando la obra de sus artistas. Definitivamente, uno de los imperdibles cuando se visite este país centroamericano.