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El Parque Nacional Tikal: La impresionante ciudad maya de Guatemala.

Las leyendas sobre la “ciudad perdida” siempre habían estado en el saber popular guatemalteco pero fue en febrero de 1848 cuando el gobernador de Petén, Ambrosio Tut, notó lo que le parecieron cúpulas de edificios que sobresalían de la selva. Enseguida corrió a avisarle al corregidor y fue entonces que junto a Modesto Mendez descubrieron oficialmente a Tikal.

La Ciudad de las Voces (tal el significado de su nombre) había permanecido escondida por la selva durante siglos desde que los mayas la abandonaron abruptamente. Hoy sabemos que Tikal es el asentamiento preshispánico más extenso de Guatemala, y habiendo sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, es uno de los puntos turísticos más importantes del país centroamericano, y un imperdible para todo aquél viajero que lo visite.

Ubicado en el municipio de las Flores, departamento de Petén, y a algo más de 500 km desde la Ciudad de Guatemala, el viaje hasta Tikal es largo pero vale la pena. Con una superficie de unos 576 km2, de los cuales se han investigado apenas 16, se trata del sitio arqueológico más grande del continente americano y es absolutamente fascinante. Aun cuando falta mucho por descubrir en este enorme predio y recorrerlo en su totalidad en un sólo día es imposible, puedo decir que nuestra recorrida no estuvo nada mal.

Iniciamos la caminata en el Centro de Visitantes desde donde nos dirigimos hacia la Gran Plaza, el corazón de la ciudad y punto en el que se levantan sus edificios más relevantes. Allí se encuentra el Templo del Gran Jaguar, que con sus 45 metros de altura está orientado hacia el oeste, de cara a la puesta del sol. Al frente, en el extremo opuesto de la plaza, se levanta el Templo II, también conocido como Templo de las Máscaras, construido cerca del año 700 por el gobernante Jasaw Chan K’awiil I, como monumento mortuorio para su esposa. A este templo se puede subir por una escalera instalada en su parte posterior para obtener una espectacular vista aérea de la Gran Plaza.

Si uno se aventura hacia atrás de este edificio rápidamente llegará al Templo del Sacerdote Jaguar, que se supone perteneciente a la última fase de construcción de la ciudad, allá por los alrededores del año 810. Alejándonos en dirección opuesta a la Gran Plaza por la Calzada Tozzer llegaremos finalmente al más cinematográfico de los edificios de Tikal. En un extremo de la metrópoli, el Templo IV, conocido también como el de la Serpiente Bicéfala, fue escenario de la película El Ogro. Sin embargo sería en 1977 cuando le llegaría la fama mundial. Con sus 70 metros de altura, el Templo IV es el más alto de la ciudad y esto permite tener una vista fascinante del resto de las construcciones, con sus cúpulas sobresaliendo de la espesura selvática. Esa misma vista es la que fascinó a George Lucas, y es la que puede admirarse en una de las escenas de Star Wars, Episodio IV (una de las tres películas originales de la trilogía). Quienes la hayan visto, quizá recuerden este escenario.

Por supuesto que los mayas practicaban aquí también sus actividades astronómicas, como ya había quedado patente cuando visitamos la ciudad de Chichén Itza, a cuyo post accedés haciendo click aquí. En el caso de Tikal encontramos a la Gran Pirámide, de aproximadamente 32 metros de altura y fácil acceso por sus escalinatas dispuestas en los cuatro lados. Junto con la Plataforma Este formaba un conjunto de observación astronómica.

También en esta ciudad el juego de pelota era una actividad importante y tenía lugar en la Plaza de los Siete Templos, en cuyo extremo norte había tres patios para practicarlo. Este grupo de estructuras debe su nombre a los siete templos alineados uno detrás del otro, de norte a sur, donde el central es el de mayores dimensiones.

Como  ya hemos dicho, recorrer la ciudad entera llevará más de un día, en particular porque hay puntos que están muy distantes de la Gran Plaza, por lo que llegar hasta ellos requerirá una larga caminata. Por eso, para los que estén interesados y dispongan del tiempo, lo mejor será dividir la visita en dos días. De disponer de sólo uno, como era nuestro caso, lo más recomendable es restringir la recorrida a los puntos mencionados en este post, que son los más interesantes.

Claro que por más restringida que sea la visita, siempre llevará del día completo y habrá que tener algunas precausiones. Fundamental un gorro para cubrir la cabeza, lentes oscuros y protector solar porque el sol pega realmente fuerte. Tampoco hay que olvidar el repelente de insectos y, por supuesto, agua, mucho agua. Si bien hay puntos donde comprar, siempre es bueno llevar una mochila con líquido e incluso, una vianda liviana.

Las ruinas de Tikal son un lugar para disfrutar. Se las puede andar e incluso a las que están habilitadas se puede subir. Una excursión imperdible que te hace volver siglos en el tiempo. ¡A no perderselá!

 

 

Antigua Guatemala, la hermosa ciudad donde el tiempo se detuvo.

Con apenas algo más de 100.000 km2, Guatemala es un país pequeño de Centroamérica, pero la realidad es que lo que tiene de chico lo tiene también de interesante para el turismo internacional. Son muchas las cosas que el visitante puede hacer y conocer, y seguramente una de las más atractivas sea subirse a una máquina del tiempo y viajar hasta Antigua Guatemala.

Y si bien, obviamente, lo de la máquina del tiempo es una metáfora, cuando uno llega parece no distar demasiado de la realidad. Santiago de los Caballeros de Guatemala es una ciudad donde el tiempo parece haberse detenido a juzgar por sus construcciones coloniales del Siglo XVI, algunas de ellas aún en ruinas, lo que le da un inusual aspecto de veracidad. Allí, entre calles empedradas, todo parece autóctono. Y de hecho, lo es.

Fundada el 10 de marzo de 1543 la ciudad fue proclamada capital de la Capitanía General de Guatemala hasta el año 1776, momento en que los terribles terremotos de Santa Marta la destruyeron casi por completo por tercera vez en menos de un siglo. Esto determinó que se decidiera mudar la capital a la actual Ciudad de Guatemala, y que Antigua fuera paulatinamente abandonada por autoridades reales, municipales e incluso por las eclesiásticas.

Hoy en día Antigua Guatemala es la capital del departamento de Sacatepéquez y un destino turístico por excelencia. Se trata de una ciudad renovada en parte (ya que muchos edificios aún se mantienen en ruinas desde aquella época), pero que mantiene sus raices, arquitectura y cultura originales. En pleno siglo XXI allí se respira un aire que parece salido del 1500 y caminar por esas calles causa una sensación particular, difícil de describir en palabras.

Si hablamos de cultura tenemos que tocar el tema de sus leyendas, por supuesto. La ciudad está virtualmente dividida en cuatro áreas, cada una de las cuales es escenario de una historia distinta. En nuestro caso nos tocó estar alojados relativamente cerca del parque Tanque La Unión, con sus piletones donde la gente solía lavar la ropa, y lugar predilecto de La Llorona.

Según cuenta la leyenda se trató de una mujer de alta sociedad que tuvo un amorío prohibido con un peón de su hacienda, producto del cual nació su hijo ilegítimo. Arrepentida de haber engañado a su marido, la mujer terminó ahogando a su propio hijo en las aguas del río, y por esto fue condenada a vagar por toda la eternidad en las cercanías de los lugares donde hay agua, al grito de “¡Ay, hijo mío!”. La Llorona, vestida de luto o de blanco, se le aparece a los hombres solitarios para quitarles el alma, y la forma de evitarlo es que una mujer te tome de la mano. Se dice que si eschuchás su voz cerca, en realidad La Llorona está lejos, y viceversa. Como sea, si la escuchás corré con todas tus fuerzas para salvar tu alma.

Esta leyenda tiene su contraparte en la del Sombrerón, personaje masculino que camina por los barrios de Antigua Guatemala de noche en busca de jóvenes hermosas de cabello largo a quienes enamorar. Caer rendida ante los encantos del Sombrerón significarán la muerte de la mujer en cuanto el espectro le haga una trenza en el cabello, por lo que cuando uno sospecha de su cercanía, el mejor remedio es cortarle el pelo a la muchacha en cuestión. Además de a las mujeres jóvenes, el Sombrerón suele atacar también a las mulas y caballos, que comienzan a ser agresivos. Si se le encuentran las crines trenzadas, el animal ha sido tomado y ya no sirve más para el trabajo.

No solo de leyendas mitológicas está hecha Antigua Guatemala. Con tantos años encima, incluyendo terremotos y erupciones volcánicas, y habiendo sido capital del país durante más de un siglo, la historia está siempre presente en cada rincón de la ciudad. Son muchos los edificios y lugares que el turista puede visitar, incluidos algunos que están semidestruidos. En especial templos y edificios de índole eclesiástico que en la época de esplendor tenían gran importancia y abundaban en la metrópoli.

Sin lugar a dudas el símbolo por excelencia de la ciudad centenaria es el Arco de Santa Catalina. Este pintoresco puente une el edificio original del Convento de Santa Catalina Mártir con el que se encuentra justamente enfrente, adicionado a la institución ante la necesidad de albergar a más monjas que las originalmente previstas. Como se trataba de un convento de clausura, donde las religiosas no podían tener contacto ni ser vistas desde el exterior, se solicitó autorización para cerrar la calle y así unir los dos edificios, pero por supuesto esto fue denegado por las autoridades de la época. En reemplazo del cierre, se les concedió el permiso para construir un puente sobre la calle, por el cual las religiosas podrían moverse de un lado a otro respetando siempre sus votos.

La calle del arco es también la más transitada de la ciudad y en ella se pueden encontrar gran cantidad de locales de comida, regionales y el mercado de artesanías, muy recomendado para quienes quieran llevarse un recuerdo a casa.

Y por supuesto, un imperdible de Antigua Guatemala es la foto aérea de la ciudad desde el Cerro de la Cruz, al que se puede acceder en auto o incluso a pie. La vista del atardecer en ese lugar debe ser impresionante, pero la verdad es que por cuestiones de seguridad no es aconsejable subir en esas horas en que la luz comienza a irse. La foto de la ciudad a pleno sol es más que suficiente.

Patrimonio Cultural de la Humanidad según la UNESCO desde 1979, Antigua se encuentra a 40 kilómetros de la ciudad capital. Es un punto obligado para visitar cuando uno llega a este cordial país centroamericano y mi sugerencia es que se tomen al menos tres días para recorrerla con tranquilidad, visitando sus lugares históricos y quizá, por qué no, haciendo una excursión a alguno de los volcanes cercanos, entre los que se incluye al temible Volcán de Fuego.

Una recorrida por la Ciudad de Guatemala.

La cara que me puso el remisero que me llevaba al Aeropuerto Internacional de Ezeiza me dejó en claro que Guatemala no es uno de los destinos más populares entre los argentinos, pero quizá justamente por eso, y por tener allá un amigo que oficiaría de guía local, las expectativas sobre los días que iba a tener libres en el país centroamericano eran altas.

La Ciudad de Guatemala, Nueva Guatemala de la Asunción (como reza  su nombre oficial), o simplemente Guate (como cariñosamente le dicen los locales) es la capital de este pequeño pero atractivo país centroamericano que bien merece una visita. Podemos decir que como tal, nació producto de los terribles Terremotos de Santa Marta que en 1773 dejaron en ruinas la antigua capital, Santiago de los Caballeros (actual Antigua Guatemala que tendrá su post más adelante), razón por la cual las autoridades coloniales decretaron su traslado a la nueva ubicación. Oficialmente, la mudanza de la ciudad se produjo el 2 de enero 1776.

Hoy en día Guatemala es una importante ciuda, con más de 2,5 millones de habitantes, levantada sobre un terreno lleno de abruptos barrancos. De hecho mi primer sensación la tuve mirando por la ventanilla del avión durante la aproximación final, durante la cual veía el terreno allá lejos, pasando con gran velocidad cientos de metros debajo, cuando de repente y sin previo aviso apareció el aeropuerto de La Aurora con su pista, a escasos pies bajo nosotros. Y así es esta ciudad, donde una calle puede terminar de repente y sin previo aviso en un precipicio de cientos de metros de altura.

Pero Guatemala no es interesante únicamente por sus curiosos relieves, sino que tiene mucho más para ofrecerle al turista. Por supuesto todo recorrido que se precie debe comenzar en la Plaza de la Constitución, en pleno centro cívico de la ciudad y flanqueada por la catedral y por el Palacio Nacional de la Cultura, ambos merecedores de sendas visitas.

A metros de allí, detrás de la catedral, se encuentra el Mercado Central, un punto ideal para ir de compras. Lo típico para todo turista será recorrer los estrechos pasillos plagados de artesanías de todos los colores y formas, pero no se pierdan recorrerlo en profundidad y ver un poco de la vida cotidiana guatemalteca, allí en los puestos de frutas y verduras donde las amas de casa compran los ingredientes para preparar el almuerzo.

Un capítulo aparte es Ciudad Cayalá. Nunca mejor puesto el nombre, se trata realmente de una ciudad dentro de la ciudad. Cuenta con un vistoso paseo de compras, supermercado, locales gastronómicos, salón de eventos y hasta cine e iglesia. El proyecto urbanístico sigue creciendo y ofrece tanto edificios de departamentos como así también una zona residencial de lujo, todo rodeado por 60 manzanas de reserva natural que son el pulmón natural de la ciudad de Guatemala.

Otro punto emblemático de la Ciudad de Guatemala es el edificio de la Dirección General de Correos, cuya construcción se inició en septiembre de 1938 bajo la presidencia del General Ubico. Si bien la obra se finalizó en 1945, el edificio se inauguró una vez terminada la primer fase, el 10 de noviembre de 1940, “casualmente” el día del cumpleaños del presidente Ubico.

Se trata en realidad de dos edificios unidos mediante un puente peatonal que cruza en lo alto la Calle 12, casi en la esquina de la 7ma Avenida. La construcción está inspirada en el Arco de Santa Catarina, símbolo de Antigua Guatemala, y hoy en día funciona allí la escuela municipal de arte, donde por ejemplo se da clases de danza, entre otras actividades culturales.

 

Tuve la suerte de poder visitarlo y apreciar sus hermosos jardines en el patio interior. Por dentro el edificio es tan vistoso como por afuera, y mi anfitrión hasta logró que nos dejaran pasar al puente para ver la vista de la ciudad desde allí arriba, algo que ya no está habilitado por el edificio al que tiene acceso el público en general, por lo que tuvimos que pedir permiso para pasar al de enfrente, donde funcionan dependencias oficiales.

 

Y por supuesto nos detuvimos para fotografiar las viejas, enormes y pesadísimas cajas fuertes, arrinconadas en un rincón cercano a la escalera…

Guatemala me pareció una ciudad bastante limpia para la cantidad de gente que vive en ella, y la razón de tal limpieza un poco se explica al ver a grandes grupos de jóvenes militares que salen a recorrer las calles. Se trata de los cadetes que tienen entre sus actividades salir a limpiar las calles de la ciudad. Escena que contrasta enormemente con una que parece salida de otra época: las cabras paseando en grupo por las veredas del centro. Si bien es por demás pintoresco, en un principio resulta algo chocante. Pero tiene una razón de ser, ya que es algo tradicional que los vendedores ambulantes te ofrezcan leche de cabra recién ordeñada, y cuando digo recién es por que la ordeñan en el momento, delante tuyo.

Y si hablamos de Guatemala tenemos que hablar de su gente. Muy consciente de su historia y pasado, los guatemaltecos mantienen una relación muy cercana con la cultura maya, a la que aún hoy en día honran como parte central de su propia cultura. No tengo idea si eso está relacionado o no, pero lo otro que destaca al guatemalteco es la hospitalidad. Obviamente tener un amigo local como guía es una ventaja enorme, pero no sólo él se desvivía por hacerme sentir cómodo. Todas las personas con las que me topé en este hermoso país centroamericano fueron por demás amables; realmente unos anfitriones de lujo, de los cuales la industria turística de nuestro país tiene mucho que aprender.

Aunque incómodo para llegar desde Argentina (no hay vuelos directos, así que habrá que realizar conexiones que convierten el viaje en realmente largo), Guatemala es un país que bien merece ser visitado y, por sobre todas las cosas, vivido. Desde lo alto del Arco de Correos se ve claramente la señal de ALTO en el asfalto, pero lejos estamos nosotros de detenernos. Aún falta más de Guatemala que contarles…

Visitamos el Centro de Cooperación Española en Antigua Guatemala

Antigua es una fabulosa ciudad guatemalteca de la que ya hablaremos en profundidad en un próximo post. Entre las ruinas dispersas por toda la localidad se encuentra el antiguo Colegio de la Compañía de Jesús que, fundado en 1582, hoy alberga las instalaciones del Centro de Formación de la Cooperación Española.

Dependiente de la Agencia Española de la Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el Centro de Antigua Guatemala es uno de los cuatro que existen distribuidos en América Latina y se dedica a la organización de actividades relacionadas específicamente con la formación. Así es como la organización tiene una carga agenda de proyectos culturales, incluyendo talleres, muestras de cine y artes escénicas, y también exposiciones artísticas, entre otras.

Al momento de nuestra visita la que más llamaba la atención era una muestra fotográfica que mostraba crudas escenas de guerra contemporánea, y que realmente movía al expectador. El impacto de adolescentes armados, civiles mutilados y niños jugando entre las ruinas luego de la batalla es demoledor. Difícil articular palabra en esa sala…

Por suerte también hay otras muestras algo más coloridas!

Pero las muestras y actividades que allí se realizan no son el único motivo para darse una vuelta por la Cooperación Española. Con tantos años encima, el propio edificio donde se aloja bien merece una visita.

Desde su fundación en el Siglo XVI y hasta que los jesuitas fueran expulados de los territorios españoles, el Colegio mantuvo una dotación de aproximadamente doce clérigos que se dedicaban principalmente a la docencia. En aquella remota época, en la que  contaba incluso con biblioteca, el establecimiento se convirtió en un importante centro cultural de la ciudad.

Sin embargo a partir de 1767 el edificio quedó abandonado durante largo tiempo y fue parcialmente destruído por varios terremotos, a pesar de lo cual supo tener diversos usos, entre los que se cuentan haber sido la cede de una fábrica textil.

Fue en 1992 que los gobiernos de España y Guatemala firmaron un convenio que permitió restaurar el edificio, y finalmente cederlo a la AECID para montar lo que hoy en día puede visitarse. Igualmente, trabajos de restauración mediante, con buen tino los responsables del proyecto han dejado vestigios de lo que fuera la vieja estructura del edificio, como puede verse en los techos y las paredes.

Los patios son espacios verdes muy bien cuidados, que el visitante también puede disfrutar. Y sino pregúntenle a este muchachito.

Todas las actividades que organiza la Cooperación Española en su centro de Antigua son libres y gratuitas, así que para quienes estén interesados lo mejor será revisar la programación que publican en su página web, a la que acceden haciendo click aquí.

Una buena opción para cuando estés de visita por esta alucinante ciudad.

Visitamos el Palacio Nacional de Guatemala.

En pleno centro histórico de la ciudad, justo frente a la Plaza de la Constitución, se alza el imponente edificio del Palacio Nacional de la Cultura de Guatemala, antigua sede del gobierno del país centroamericano que funciona hoy como museo albergando en su interior distintas colecciones de artistas guatemaltecos que los visitantes pueden apreciar, además de ser utilizado para eventos protocolares por parte del Poder Ejecutivo, y ser el kilómetro 0 para todas las rutas que salen de la ciudad de Guatemala.

 

El ingreso al recinto cuesta Q40 (quetzales) para los extranjeros, mientras que para los nacionales guatemaltecos la entrada es libre y gratuita. El cronograma de la visita puede verse restringido en algunos días y horarios, de acuerdo a las actividades oficiales que se realicen en el Palacio. De hecho, durante nuestra visita se estaban desarrollando algunas reuniones, así que en principio no podríamos subir a la planta alta del edificio.

El edificio fue levantado por orden del general Jorge Ubico, en ese entonces presidente de Guatemala, e inaugurado el 10 de noviembre de 1943. Se trata de una construcción simétrica, con un cuerpo central y dos laterales exactamente iguales, tal como puede notarse fácilmente al contemplarlo desde la plaza. Además, fue el primer edificio de la ciudad en ser construido con técnicas antisísmicas. Un detalle interesante: para levantarlo se aplicó la ley de vagancia, que implicaba que quienes eran encontrados en los bares de la ciudad entre las 7 y las 16 hs. fueran detenidos y obligados a trabajar en la construcción. De hecho, así se desarrolló gran parte del urbanismo de la ciudad, y la sede gubernamental no fue una excepción.

Tal como nos indicó la guía que nos acompañó durante la visita, en su interior el palacio es ecléctico, ya que muestra una mezcla de estilos entre los que resalta el árabe ya que el general era un entusiasta de esta cultura. Esto se puede ver claramente en las fuentes del patio interior, las cuales, según se dice, debían funcionar constantemente mientras Ubico caminaba por aquellos pasillos a fin de que sus conversaciones no pudieran ser escuchadas por oídos indebidos.

Otro detalle que resalta casi permanentemente son los relojes. Hay una buena cantidad distribuidos por el edificio, todos ellos de marca Ericcson, y deben su presencia a que el general gustaba casi obsesivamente de la puntualidad.

En la planta baja del edificio puede apreciarse piezas de la arquitectura del edificio, como ser los contundentes faroles que, al estar apoyados sobre el suelo, se presentan en toda su dimensión, la cual es imposible de apreciar en los que están colgados del techo, por una cuestión de mera perspectiva. También hay una maqueta del edificio, y lo alto de las paredes se aprecian los coloridos vitrales, muchos de los cuales llevan aún las marcas de los daños producidos por el atentado de 1980, cuando el Ejército Guerrillero de los Pobres hizo explotar un auto-bomba para evitar la concentración popular en apoyo al entonces presidente Lucas García.

Asimismo, traspasando el patio con sus fuentes, el visitante llega a un ámbito separado. La Galería Kilómetro Cero cuenta con una exposición de pinturas y obras de artistas nacionales que el tour permite apreciar con tranquilidad.

Y básicamente allí se terminaba todo. Haciendo gala de la hospitalidad que caracteriza a los guatemaltecos, la guía se había realmente esmerado en las explicaciones y contestando las dudas que surgían, pero no había mucho más que mostrar y el acceso al resto del edificio estaba vedado. Pero para mi sorpresa, siendo que yo era extranjero, que probablemente no tendría otra oportunidad de hacer la visita y, por último, que había pagado 40 quetzales, la guía consiguió (sin que nadie se lo pidiera) que un colega de ella me acompañara por las escaleras para ver los murales del primer piso. Porque, además, esos murales son una de las joyas artísticas del Palacio y ninguna visita puede entenderse por “hecha” si no los incluyó.

Así fue como subimos, y acompañados de este otro funcionario traspasamos algunos salones cerrados para el resto del público, hasta llegar al descanso de las escaleras donde se podían ver tamañas obras de arte. Algunas representando la mitología maya (cultura muy presente en la vida guatemalteca), o incluso retratando al Quijote de la Mancha. El mural más impactante en mi inexperta opinión es el que representa la unión de las dos razas y el nacimiento de los mestizos, con una mano blanca que se entrelaza a una morena, protegiendo el casamiento de un soldado español con una princesa indígena.

Ahora sí, podíamos decir que la visita estaba completa. El Palacio Nacional de Cultura es un excelente lugar para adentrarse un poco más en la cultura de Guatemala, conociendo un poco de su historia y los personajes que la protagonizaron, y admirando la obra de sus artistas. Definitivamente, uno de los imperdibles cuando se visite este país centroamericano.