Archivos Mensuales: julio 2018

Un paseo por las colonias alemanas de Olavarría.

Pertencientes al partido de Olavarría, aunque muy cercanas a la ciudad de Azul, hay tres  particulares colonias alemanas tal como lo indicaba el mapa dibujado con tiza en el pizarrón de Chacras de Azcona, alojamiento del que podés leer más haciendo click aquí.

Estas tres colonias tienen historia en sí mismas porque sus habitantes no son alemanes (o más bien sus descendientes) cualquiera. Se trata de alemanes del Volga, es decir, comunidades germanas que habitaban aquella región de Rusia, donde mantenían sus costumbres, idioma, tradiciones y cultura.

Durante el siglo XVII una gran cantidad de olas migratorias alemanas se establecieron en la zona del Volga, en Rusia, donde contaba con la bendición y privilegios que les dio la emperatriz Catalina La Grande, que en realidad era de origen germano también. Sin embargo las promesas nunca se materializaron del todo, ya que venían acompañadas de fuertes exigencias, y con el correr del tiempo los privilegios se fueron incluso diluyendo, razón por la cual una parte de esta población rusa que hablaba alemán comenzó a migrar hacia América a fines del siglo siguiente.

En la región sur los inmigrantes habían sido atraídos primeramente por Brasil, pero pronto notaron que la Argentina tenía mejores condiciones para el desarrollo de la agricultura. A esto se sumaba la política del entonces presidente Nicolás Avellaneda que propiciaba la llegada de los colonos, y tras los acuerdos pertinentes, las primeras familias comenzaron llegar a la Provincia de Buenos Aires.

La primer colonia que se fundó en estas tierras es la así llamada Colonia Hinojo, con 8 familias y 3 solteros que arribaron hasta Azul trasladados por el Ferrocarril del Sud, y en carros tirados por bueyes desde ese punto hasta la colonia en sí. Hoy en día esta localidad ha crecido mucho y llega a mezclarse (y por supuesto confundirse porque se llaman prácticamente igual) con Hinojo, pueblo lindero que además de su correspondiente iglesia tiene también una ex estación de tren, que hoy alberga el museo municipal que visitamos y, obviamente, tendrá su post exclusivo más adelante.

La primera en aparecer sobre la Ruta 51 cuando uno viene desde Azul, sin embargo, es Colonia Nievas, un pequeño caserío muy tranquilo en donde nos sorprendieron algunos implementos históricos como ser el cañón arrumbado en el jardín de una de las casas del poblado.

Por último, metida hacia adentro y detrás de las fotogénicas Sierras Bayas, está la Colonia San Miguel, que no por ser pequeña se priva de tener un pintoresco lugar donde comer o tomarse un café, como es la Casa de Piedra, o incluso un balneario propio que debe estar muy lindo para visitar en un caluroso día de verano.

Entre las tres, conforman un lindo y muy tranquilo paseo que puede hacerse estando tanto en Azul como en Olavarría. Pueblos ideales para cargar el termo en el auto, e ir a pasar una tarde a puro mate en sus plazas, disfrutando de la calma y el aire de campo que se respira en aquellos pagos. Como hace esta madre alemana con su hijo.

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Postales de Amsterdam, una ciudad en imágenes.

Tomarse un avión de KLM para viajar a Europa implica pasar obligadamente por Schiphol, el Aeropuerto Internacional de Amsterdam, del que ya hablamos en el post que podés leer haciendo click aquí.

Aunque viajes hacia o desde otro punto de Europa, si el tiempo entre un vuelo y otro te da, existe la posibilidad de salir de la terminal aérea y llegar hasta la ciudad, aunque más no sea para dar una vuelta y conocer. En mi caso, fue al regreso, con una escala de varias horas por delante, que aproveché para tomarme el tren y llegar hasta Amsterdam Centraal, que es el monumental edificio que se ve allá atrás.

Estuve poco tiempo, pero lo aproveché al máximo, caminando lo más que pude las callecitas, y metiéndome por los canales (que son muchos), hasta llegar a alguna que otra placita.

Obviamente me faltó mucho por recorrer, pero lo que vi fue suficiente para saber que quiero volver y pasar un par de días en este lugar para explorarlo en detalle.

Amsterdam puede recorrerse a pie.

En transporte público…

Se puede pasear en auto…

Se puede navegar por los canales…

Pero claramente el medio de locomoción por excelencia, es la bicicleta.

Por si no les quedó claro…

Hay canales por todos lados, a cada paso.

Algunos son más angostos y parecen de cuento.

Otros parecen avenidas de agua.

Pero los puentes…. los puentes son impagables!

Y pasar por abajo de ellos, ni te cuento!

En las orillas, los edificios tienen su arquitectura tan particular.

Son todos elegantes, pero algunos además se adivinan importantes.

Como el Palacio Real, en la Plaza Dam.

La cúpula, imponente, bien merece su foto exclusiva.

Al lado de la monarquía, muy cerquita a un costado de la plaza, la religión.

Bueno ok, la de la iglesia también.

Un poco más alejado está el Museo de Arte. No es el único, Amsterdam está llena de museos y hay para todos los gustos.

Claro que también hay edificios más comerciales.

Están los hoteles

Los restaurantes

Y bueno, también hay carritos para los panchos…

Amsterdam es una ciudad a la que tengo que volver, para caminarla toda.

O incluso mejor, para bicicletearla.

Si tenés oportunidad, no te la pierdas vos tampoco.

Esos puentes merecen ser visitados.

Y esas calles, ser recorridas siguiendo los rieles del tranvía.

Siempre con cuidado de no meterse en una bicisenda.

Pero disfrutando las vistas.

Allí está Amsterdam, esperando ser visitada. Ya volveremos.

AR1455: Reporte de un polémico vuelo que despegó por conciliación obligatoria.

Por un momento, el regreso desde el Aeropuerto Internacional de Salta el pasado viernes 13 de julio peligró, ya que varios gremios aeronáuticos anunciaron un paro para ese mismo día, en reclamo por las políticas que está llevando adelante el gobierno nacional en materia de aviación, y puntualmente por el ingreso de las líneas low cost al mercado.

Como de costumbre, la medida de fuerza se disponía justo para el inicio de las vacaciones de invierno en gran parte del país, y por tanto, una vez más los gremialistas pretendían tomar de rehenes a la enorme masa de pasajeros que tenían reserva para volar ese día, haciendo gala de la actitud cuasi patotera que suele caracterizar a los sindicatos de nuestro país. Afortunadamente, el Ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria, los gremios la acataron y nosotros volamos.

Así, con web checkin hecho previamente, llegamos a la terminal con las debidas dos horas de anticipación que siempre se aconsejan. La entrega de equipaje la realizamos muy tranquilamente, ya que en ese horario aún había poca gente para nuestro vuelo. En ese punto aproveché para comentarle al staff de Aerolíneas que llevaba algunas botellas de vino en el equipaje de mano, a lo cual me confirmaron lo que en principio yo ya tenía entendido: Salta, al ser considerara provincia vitivinícola, tiene una exención a la limitación de 100 ml para líquidos, y siempre y cuando se trate de vino cada pasajero puede embarcar hasta seis botellas en cabina.

Liberados ya de las valijas grandes, esperamos en el hall del aeropuerto a que anunciaran la llegada del avión desde Aeroparque, ya que hasta ese momento el ingreso a la zona de preembarque estaba cerrada. Una vez traspuesto el control de seguridad pasamos a la sala de embarque nacional, la cual es amplia y tiene asientos para atender al menos dos vuelos en simultáneo según mis cálculos, pero que a pesar de los anuncios de refacciones no tiene local gastronómico alguno, ni siquiera un pequeño kiosko. Quizá los anuncios hayan tenido que ver con los gates que sirven a vuelos internacionales, pero si volás en cabotaje tomá la precaución de comprar lo que necesites antes de pasar por los scanners de la PSA.

Como embarcamos por manga no pude sacar una foto limpia del Boeing 737 que nos esperaba. Se trataba del LV-CTB, de casi 17 años de antigüedad, y que no tiene instalado el sistema de entretenimiento por streaming, cosa que lamenté porque esta vez sí me había bajado la aplicación BRAVO al celular, y aún así no pude probarla.

Las refacciones que sí se habían terminado en el Aeropuerto de Salta eran las de las pistas. Durante las semanas que la terminal estuvo cerrada se hicieron trabajos de repavimentación de ambas pistas, y para el momento de este vuelo la principal hacía apenas 48 horas que había vuelto a entrar en servicio. La intersección entre ambas (ahora activas) se pude ver claramente durante la carrera de despegue.

Una vez en el aire, el comandante tomó la palabra por el altoparlante, que sonaba muy mal y prácticamente no se escuchaba nada. Sin embargo, el discurso era evidentemente más largo que lo habitual, y prestando un poco de atención llegaba a entenderse que estaba leyendo una declaración contra la política aerocomercial del gobierno. Con el correr de las horas habría de descubrir que el polémico discurso fue leído en varios vuelos de Aerolíneas Argentinas, como ya salió publicado en todos los medios de comunicación argentinos.

A esta altura seguramente todos los lectores sepan de qué estoy hablando, pero por si acaso les dejo acá el link a uno de los tantos medios de comunicación que difundieron el video y desataron la polémica.

No voy yo a opinar aquí sobre lo acertado o no de la política aerocomercial del gobierno actual, pues no tengo elementos ni conocimientos suficientes para hacer un análisis fehaciente y profundo. Sí voy a decir que, como pasajero, y luego de casi no poder volar por el paro con el que amenazaron los pilotos, este mensaje me cayó muy mal. Está perfecto que informen y opinen, siempre y cuando puedan sustentar las denuncias que hacen, pero la mitad de un vuelo no es la forma, ni el momento, ni el lugar para hacerlo. Incluso, al utilizar el altavoz del avión para hacer política, los pilotos están dejando mal parada a la compañía que dicen defender, ya que da la apariencia de un ataque de la empresa misma contra el ingreso de las líneas low cost que obviamente le van a hacer competencia, y por tanto van a ayudar a bajar los precios de los pasajes, lo cual es una ventaja más que importante para el consumidor. Aerolíneas dejó en claro que como empresa no tuvo nada que ver con el hecho, e incluso anunció medidas disciplinarias, pero el mal sabor ya quedó. Lamentable que ciertos pilotos hayan elegido molestar a los pasajeros (de quienes viven) primero con un paro y luego con estos mensajes, cuando existen medios más apropiados para plantear e incluso informar al público de temas tan delicados como la seguridad operacional y las regulaciones que en la industria de la aviación están para cumplirse, porque sino se paga muy caro. Ojalá recalculen y dejen de lado estas actitudes que indican un trasfondo político más que una verdadera intención de alertar y garantizar que se cumplan las reglas.

Ahora bien, dicho esto, volvemos al servicio a bordo en sí, que en esta ocasión fue similar al vuelo de ida (cuyo post podés leer en este link), salvo que el alfajor fue negro en lugar de blanco.

Ingresamos a Buenos Aires por la zona norte y encaramos ya desde temprano la pista 13 de Aeroparque, en la que tocamos suelo de forma muy suave. Luego de liberarla, el morro del B737 apuntó hacia la plataforma en cuyo ingreso hizo un alto. Como era de esperar, esto solo fue suficiente para que medio avión saliera despedido de sus asientos a buscar sus pertenencias en los portaequipajes; y por supuesto el reto de la tripulación no se hizo esperar: el capitán no había apagado la señal de cinturones, y de hecho restaba un trecho por transitar hasta llegar.

Lo inusual: Aeroparque estaba realmente tranquilo. Llegamos hasta el área de las cintas de equipaje y estaba vacía. Ningún otro vuelo estaba entregando valijas, e incluso tuvimos que esperar unos minutos hasta que el equipaje llegó desde el avión.

Así finalizó nuestro vuelo de regreso. Hubo mucho recorrido por el NOA, con mucha historia, novedades, fotos, lugares y hospedajes por mostrar. Todo eso, en los próximos posts!

AR1456: Reporte de un vuelo cancelado por niebla.

Es la noche del sábado 30 de junio y estoy sentado en la butaca del teatro, esperando que se levante el telón y aparezca el groso de Enrique Pinti para hacerme morir de risa (o de llanto tal vez) con su monólogo sobre la actualidad argentina, que bien podría ser también uno sobre historia nacional. Como tengo por costumbre, antes de silenciarlo doy una rápida revisada al celular, para enterarme de la noticia vía el twitter de @diazpez.

Nada que hacer en ese momento, terminada la función vuelvo a la carga y entra la notificación de Tripadvisor. Con el último aliento de esperanza, como queriendo torcer el destino, reviso la web de Aerolíneas Argentinas y me queda claro que mis chances de volar el día siguiente como estaba previsto se habían esfumado. Todos los vuelos hasta las 16 hs del domingo habían sido cancelados por niebla.

Como se pudo ver en todos los noticieros, y como se podía percibir al salir uno mismo a la calle, la niebla era realmente intensa aquella jornada. Con Aeroparque bajo mínimos, obviamente toda la operación aérea queda cancelada, y esto repercute no solo en el momento sino también en los vuelos siguientes.  En primer lugar por el vencimiento de las tripulaciones que deberán tomar su descanso correspondiente; en segundo lugar porque las aeronaves que iban a operar esos vuelos no podían llegar al aeropuerto que permanecía cerrado.

Es importante destacar que el cierre de los aeropuertos por condiciones meteorológicas es ajeno a las líneas aéreas que operan en ellos, y por tanto estos eventos no habilitan a ninguna compensación ni indemnización por parte de las empresas; aunque sí deben disponer de los medios necesarios para informar a sus clientes y asistirlos en reacomodarlos en los próximos vuelos disponibles, lo cual, por supuesto, requiere de una logística importante.

En mi caso intenté constantemente hablar al 0800 que informó Aerolíneas Argentinas en su comunicado oficial, pero sin suerte. Tanto sábado por la noche como domingo todo el día o era imposible ingresar al call center, o cuando lo lograba nadie contestaba el teléfono a pesar de dejarlo sonar durante largos minutos (en una ocasión casi 10). Intenté reprogramar mi vuelo a través del Facebook oficial de la línea vía Messenger, pero al día de hoy la compañía tampoco contestó aquél mensaje. Aplazado entonces para Aerolíneas en materia de comunicación y atención al cliente, que evidentemente es un aspecto en el que deben trabajar fuerte y mejorar.

La información sobre mi nuevo vuelo llegó finalmente vía TripCase, que el amigo Sir Chandler me confirmó que es una aplicación de Sabre, el sistema de reservas que utiliza Aerolíneas Argentinas, por lo cual lo podía tomar como información oficial a pesar de no haberme podido comunicar nunca con la empresa. Dicho y hecho, quedé asignado para el mismo vuelo, pero del día siguiente al previsto, tal cual el mensaje de la aplicación que luego fue reconfirmado vía mail oficial de la línea.

Si bien habíamos hecho el web checkin, eso era válido para el vuelo que nunca salió, por lo que llegamos con tiempo a Aeroparque para ver cómo había quedado todo en el vuelo reasignado. Finalmente, y como era de esperar, nos dieron otros asientos según la disponibilidad que tenía el avión.

Como abordamos por plataforma, mientras subía la escalerilla tuve oportunidad de fotear al ATR de Avianca que taxeaba hacia su posición de estacionamiento.

El LV-GKS que abordamos estaba en excelentes condiciones. Con menos de dos años de antigüedad, está muy cuidado y lucía impecable. Además está provisto del sistema de entretenimiento a bordo por wifi, por lo que lamenté no haber tomado la precaución de descargar la aplicación BRAVO para probarla, pero tomé nota mental de hacerlo antes del vuelo de vuelta.

Con unos pocos minutos de atraso nos dirigimos a la cabecera 13 por donde despegamos. El día aún estaba nublado y el ascenso fue algo movido hasta lograr traspasar el techo de nubes. Cuando el comandante anunció que estábamos a altitud de crucero los TCP comenzaron con los trabajos para preparar el servicio abordo.

Correcto, el mix de frutos secos y el alfajor fueron acompañados por un café con crema. Hay que tener en cuenta que el vuelo a Salta es de aproximadamente dos horas, y por esto se da refrigerio. Desde hace un tiempo Aerolíneas no da servicio a bordo en vuelos de menos de una hora.

El resto del vuelo fue muy tranquilo, y a falta de BRAVO pasé el tiempo sumido en la lectura (siempre embarco con un libro en la mochila) y en la contemplación de los paisajes desde el aire.

Las nubes sobre las montañas son siempre un espectáculo hermoso, pero en este caso pudimos observar además el Dique Cabra Corral desde al aire, ya en aproximación de aterrizaje al aeropuerto de Salta.

El aterrizaje fue muy suave y se dio en la pista secundaria del aeropuerto internacional, ya que la principal aún estaba con trabajos de mantenimiento. A pesar de estar en pleno invierno y haber abandonado Buenos Aires con frío, en Salta la temperatura era de unos agradables 18°C.

Se trata de un aeropuerto pequeño y el acceso al sector de cintas de equipaje se realiza por una muy angosta escalera mecánica, que de hecho complicó a una señora a la que terminé ayudando a bajar. Esto me llamó la atención porque hace unos meses atrás la terminal aérea estuvo cerrada por obras y los vuelos fueron derivados a Jujuy por 3 semanas, pero por lo que pude ver me dio la impresión que no se llevaron adelante las refacciones en el área de pasajeros. De hecho, las cintas son cortas, provocando que la gente se amontone a su alrededor y que el proceso de recupero de valijas se haga bastante lento.

Como estamos habituados, en las salidas del  hall se agolpan las diferentes ofertas de taxis y transportes hasta la ciudad. Para tener de referencia, hasta el centro histórico el precio del viaje en julio 2018 era de ARS 200 aproximadamente.

Así volví una vez más al Noroeste Argentino, un viaje que me debía porque es una zona del país que me sigue fascinando. Pero de eso iremos hablando en los posts que vienen próximamente.

Volvemos en el tiempo: Una vuelta en el Tranvía Histórico de Buenos Aires.

En la esquina de José Bonifacio y Emilio Mitre, barrio de Caballito, se levanta el Taller Polvorín, que debe su nombre al antiguo nombre de la calle. Lejos de ser un establecimiento militar, el Taller es el centro de operaciones de una peculiar entidad: La Asociación Amigos del Tranvía, quienes te invitan todos los fines de semana a volver atrás en el tiempo y como si estuvieras en la década del 30, hacer un paseo en tranvía.

Justo en esa esquina, frente al taller y en diagonal al portón de ingreso, tiene su parada el pintoresco Tranvía Histórico de Buenos Aires. Desde allí comienza un recorrido de 2 kilómetros en el que se podrá viajar como hicieran nuestros abuelos cuando eran niños. Una experiencia, justamente, ideal para hacer con chicos.

En nuestro caso fuimos el feriado del 20 de junio, por lo que en su día, ameritaba el izamiento de la celeste y blanca.

La Asociación fue fundada en 1976 por un grupo de aficionados al tranvía que buscaban reivindicarlo como medio de transporte. Así se dieron a la tarea de buscar antiguos coches para restaurarlos y ponerlos en funcionamiento, pero se encontraron con una dificultad mayúscula. El lugar estaba, ya que la empresa Subterráneos de Buenos Aires había comprometido ceder el taller donde hoy todavía operan, pero los cochesno: en todo el país no había uno solo en condiciones de ser restaurado; eran todos prácticamente chatarra.

Sin embargo los integrantes de la Asociación no se dieron por vencidos e hicieron frente a las adversidades, hasta que al fin llegaron a buen puerto (o, en este caso, a buena estación). Luego de buscar por los países limítrofes donde los tranvías aún cumplían servicios regulares, dieron con la empresa portuguesa Servico de Transportes Colectivos de Porto, que utilizaba coches construidos por la misma fábrica que producía los que habían funcionado en Buenos Aires.

Así llegó al país un coche modelo Brill-32, que se remodeló en el Taller Polvorín para reconvertirlo a lo que había sido el servicio porteño de antaño. El 15 de noviembre de 1980 la unidad renovada salío por ese portón y realizó el primer recorrido de tranvía luego de largos años de ausencia en la ciudad.

Desde ese momento los tranvías recorren el barrio de Caballito todos los fines de semana, y lo pongo el plural porque la Asociación se ocupó de seguir ampliando la flota de coches restaurados. Hoy tienen 21 unidades que se alternan para realizar los paseos.

Una vez que estamos todos a bordo, dos campanadas del guarda ubicado en la parte posterior dan comienzo al viaje. La tripulación se completa con el conductor y un tercer integrante de la Asociación que nos va explicando la historia de la misma, los detalles del coche y las actividades que realizan.

Aunque te dan un boleto al subir, el viaje es gratis. Los amigos del tranvía no cobran nada por llevarte a pasear, ni tampoco reciben ningún tipo de subsidio del estado, a no ser el préstamo del taller, la electricidad que utilizan para hacer andar los coches, y la mera autorización para circular por parte del Gobierno de la Ciudad. El financiamiento lo obtienen de la venta de distintos recuerdos que realizan abordo, y que uno compra con gusto.

El paseo en tranvía es una salida diferente, que nos muestra cómo eran las cosas hace 50 años atrás, y a bordo de los coches se ve la mano de estos apasionados del tranvía que los restauran con una calidad envidiable.

Los ruidos, los olores, los tapizados, las maderas y, por supuesto, las publicidades te retrotraen a décadas atrás.

Este año la Asociación cumple 42 años y lo van a festejar con todo. El domingo que viene, 22 de julio, realizarán un gran evento donde saldrán con varios coches distintos, por lo que uno podrá abordarlos todos el mismo día, algo que no se da en un fin de semana convencional. donde sale una unidad por día solamente. Además participarán de la jornada bandas de música y habrá una exposición de autos clásicos. Si te interesa, una fecha para agendar y acercarse por Caballito.

Y si ese día no podés, a no preocuparse. El Tranvía Histórico funciona todas las semanas, y los horarios los podés consultar en su página web oficial a la que accedés haciendo click acá.