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Viaje por el Noroeste Argentino: ¿Tarjeta o efectivo?

Por lo general en mi caso el tema de cómo afrontar los gastos durante un viaje, no es un tema. Tengo bien definido cómo manejarme, y la estrategia puede resumirse en llevar encima el mínimo indispensable de efectivo como para costear algunas propinas y tener un pequeño excedente para salir del paso con alguna emergencia que pudiera darse (como que se desmagnetice la tarjeta). Para todo lo demás existe… la tarjeta que más te guste.

Pero en ciertos destinos me permito dudar un poco de mi infalible estrategia, y el noroeste argentino es uno de ellos.

Sabiendo cómo son las cosas por allá, durante mi último viaje tomé algunas precauciones monetarias, que al final de la recorrida se relevaron como un tanto excesivas ya que durante los más de diez años que pasaron desde mi último viaje a aquella zona del país algunas cuestiones mejoraron. Por supuesto que en las grandes ciudades y los pueblos más turísticos no habrá grandes problemas, pero aún así todavía es aconsejable tomar recaudos cuando se visitan localidades más chicas. Y un viaje al NOA no es tal si no se visitan lugares de ese estilo, así que…

Qué tarjeta de crédito llevar.

A la hora de pagar uno en general habla de dos opciones (efectivo o tarjeta), como si todas las tarjetas fueran lo mismo, pero en la práctica están lejos de serlo. Y cuando uno no está en una gran ciudad, esas diferencias se acentúan. Por eso es recomendable que en toda billetera haya al menos una VISA o una MASTERCARD, que en general son aceptadas en prácticamente todos lados. Otras tarjetas obviamente pueden y deben llevarse también, pero hay que tener presente que puede haber lugares donde no las acepten, por lo que es necesario tener otra alternativa.

Por otro lado, siempre hay que llevar más de una tarjeta, por cualquier problema que se pudiera tener con el plástico. Aunque esto vale también para viajar a Londres, Nueva York, o donde se te ocurra.

Averiguar antes de gastar.

Y no me refiere al precio (o al menos no sólo a eso). Antes de realizar un consumo, si uno tiene pensado pagar con tarjeta hay que consultar siempre si la aceptan. Incluso cuando en la vidriera, cartel u algún otro lugar digan que sí aceptan, preguntar nunca estará de más y servirá para ahorrarse dolores de cabeza.

Si les parece que soy demasiado precavido los ilustro con un ejemplo: En Tilcara buscamos un restaurante para almorzar, y ubicamos uno bastante lindo frente a la plaza. El pizarrón en la puerta decía claramente que había wifi y se aceptaban tarjetas; pero luego resultó ser que no: no había internet y el sistema estaba caído así que sólo se podía pagar con cash. Sin embargo sólo nos enteramos de estos pequeños detalles al consultar; el mozo no nos advirtió por iniciativa propia, y de no haber tenido dinero encima podríamos haber pasado un mal momento. Algo tan incorporado en Buenos Aires como avisar de antemano que el posnet no funciona, puede que en pueblos donde lo habitual es pagar con billetes no funcione como uno está acostumbrado.

Separar el dinero para los alojamientos.

Los hospedajes suelen ser lo más costoso de un viaje, y por lo general siempre reciben tarjetas de crédito. Por lo general. En aquellos casos en que la agencia de viaje no nos haya cobrado la estadía, habrá que revisar si el establecimiento acepta el pago electrónico. Si uno duerme en un prestigioso hotel 5 estrellas es un hecho que no habrá ningún problema; pero al menos en mi caso ese no es el tipo de alojamiento que busco en un pueblo en medio de la quebrada. Por otro lado, si uno quiere dormir en una pequeña localidad colonial como pueden ser San Carlos, Molinos, Angastaco o Seclantás, simplemente no va a encontrar alojamientos así porque no existen. En estos lugares las noches se pagan en efectivo. Y entonces es recomendable tener el dinero necesario para cancelar todas esas estadías contado y separado.

¿Me llevo todos los billetes de paseo?

Bueno, eso de ir a todos lados con un fajo de billetes en la mochila es algo que odio y evito a toda costa; pero en la recorrida por los Valles Calchaquíes y la Quebrada de Humahuaca es justamente lo que hice, y es en este punto donde digo que fue una precaución excesiva.

Por mi experiencia en viajes anteriores estaba seguro de que iba a necesitar disponer de efectivo, pero además tenía muy patente el recuerdo de lo complicado que era conseguirlo fuera de las ciudades. Pocos cajeros, y muchas veces sin plata. El hacerme de un buen stock de billetes en Salta antes de empezar la recorrida rutera resultó no ser tan necesario, ya que pueblo por el que pasamos, pueblo que tenía su cajero. En particular, el Banco Macro tiene presencia en toda la zona, y por supuesto donde hay un Banco Nación hay un cajero Link. Y no solo eso, las máquienas tenían dinero, tal es así que pudimos retirar en Angastaco sin problemas. Eso sí, no fue en el pico de la temporada. En períodos de vacaciones y fines de semana largo, yo sugeriría ser precavido en este sentido.

Por supuesto que igualmente hay que administar los billetes lo mejor posible. Para eso, siempre la primer opción de pago es la tarjeta de crédito. En segundo lugar la de débito. Y el efectivo queda únicamente para aquellos casos en que es la única alternativa.

Las estaciones de servicio se tarjetean con la más complicada.

La mejor forma de recorrer estos pueblos es claramente el auto (si es alquilado mucho mejor), y entonces hay que cargarle nafta a la máquina. Quizá sea una obviedad, pero muy en línea cono lo que les comentaba en el párrafo anterior, en las estaciones de servicio se paga con tarjeta (más con lo que sale la nafta hoy en día). Igualmente es aconsejable consultar que acepten, no sea cosa que justo se les haya caído el sistema. Pero además, las estaciones suelen aceptar una amplica gama de tarjetas, así que son un buen lugar para quemar saldo de aquella menos popular. En mi caso pagué cada litro de nafta con la American Express, que en muchos establecimientos no era aceptada.

 

Estas fueron las particularidades que tuvieron los pagos de los gastos durante el viaje al noroeste, y la forma en que los afronté. Cada uno debe hacerlo a su modo, y con este post no pretendo más que alertarlos sobre la disponibilidad (o falta de la misma) que hay en aquella zona del país, y tirarles algunas ideas que pueden implementar o adaptar a gusto. El objetivo será siempre disfrutar al máximo del viaje, y no quedarse con las ganas de nada por no tener forma de hacer efectivo un desembolso.

 

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Los personajes de Amsterdam. Galería de Imágenes.

Hace unas semanas atrás, cuando les conté que al hacer escala en Schiphol tuve la oportunidad de salir del aeropuerto y conocer la ciudad, se las mostré lo mejor que pude en el post “Postales de Amsterdam”. Allí hablamos de sus callecitas, sus canales, su arquitectura y por supuesto, de sus bicicletas, pero nada dijimos sobre sus gentes.

Y su gente es lo que le da vida a toda localidad, ya sea un pueblo pequeño o una gran ciudad, así que no podíamos dejar de mostrarlas, aunque en algún punto nos de un poco de miedito…

En la Plaza Dam se ven caras, pero también se ven caretas. ¡Y disfraces completos!

Ya hablamos anteriormente de los museos, y si uno mira hacia arriba puede llegar a encontrarse con gente recorriendo el de cera, Madame Tussauds.

Pero si no quieren pagar una entrada, también hay artistas callejeros.

Y donde hay un dibujante que hace retratos, tiene que haber modelos que posen.

En bicicleta, obvio, las chicas en bicicleta, sean de la edad que sean.

Las pocas que no estén sobre dos ruedas, pueden pedirle a los chicos que las lleven.

Y sino ya fue, se toman el Solar Taxi!

Pero bueno, no siempre se consiguen clientes…

Eso sí, aún en Amsterdam están los que prefieren el colectivo a la bicicleta. La particularidad: la chofer es mujer.

Y capaz no sea mala idea, porque en bici capaz te mandás una y te para la policía.

Por eso quizá, los personajes que parecen salidos de Hollywood deciden caminar.

Lo mismo que un padre de familia.

Ahora, recorras como recorras la ciudad, es importante hacerlo acompañado de música. No hace falta que te vuelvas loco buscando los auriculares, en esta plaza de Amsterdam te lo solucionan fácil.

Y si tenés algo de suerte, cuando se te haga hora de regresar a Schiphol para abordar tu vuelo de conexión, quizá en el hall central de Amsterdaam Central te encuentres con una sorpresa con ritmo.

Ahora sí podemos que conocer a la ciudad de su gentes. Podemos partir tranquilos, para conocer otros lugares del mundo, pero siempre quedará la añoranza por volver.

Alojándonos en el Provincial Plaza Hotel de Salta.

La ciudad de Salta tiene una impresionante oferta de alojamiento para quienes quieran ir a hacer turismo en ella y sus alrededores. En cuanto a hoteles se refiere, una opción es el Provincial Plaza Hotel Salta, un correcto 4 estrellas muy bien ubicado en pleno centro histórico, y a apenas dos cuadras de la plaza principal.

Sin ser grande, la habitación en la que estuvimos era cómoda y estaba equipada con escritorio, TV por cable y wifi que funcionaba muy bien. Algo que llamaba la atención era la falta de frigobar, principalmente porque el espacio para instalarlo estaba, al punto que el enchufe tenía un cartel que indicaba “Sólo Heladera”, evidenciando que en algún momento la habitación lo incluía.

En cuanto a muebles se refiere el placard está empotrado tal como se ve en la foto de arriba, y el detalle negativo es que no hay caja fuerte, por lo que si tenés algo de valor y no querés arriesgarte a dejarlo a mano cuando te vas; o te lo llevás encima o lo dejás en la valija cerrada con candado.

La gran crítica para el Provincial Plaza se la lleva la cama matrimonial, que es realmente muy chica, y en algún punto dificulta el descanso. Vale decir que por lo que se pudo ver en las puertas entornadas (así dejan las habitaciones que no están ocupadas) otros cuartos tienen camas mucho más grandes, con lo cual quizá haya que tener cuidado en la elección de la habitación únicamente. Por lo pronto, la “Doble Executive” es más recomendable si uno viaja sólo.

El baño es cómodo y cuenta con jabón en pan, como a mi me gusta. Además todo estaba por dos, como corresponde a una habitación doble. La limpieza es excelente, y la única crítica a realizar es quizá que no repusieron los jabones para el segundo día de estadía, pero eso es algo habitual en prácticamente todos los hoteles.

En la terraza está la piscina, que es descubierta por lo que no se usa durante el invierno. Allí arriba hay también un bar para tomarse algo, pero que claro, durante julio aparecía absolutamente desierto. Igualmente el subir hasta el último piso valió la pena para contemplar la vista de la ciudad desde ese punto.

El comedor funciona en el entrepiso (ubicado entre la planta baja y el primero) y allí se sirve el desayuno de 8 a 10:30 horas, siendo esto uno de los puntos más fuertes del hotel, porque es un servicio muy completo. Incluye un canasto con frutas secas, yogurth con cereales, panificados diversos y destaca algo poco usual: una buena cantidad de masas secas de muy buena calidad.

Allí mismo se puede también cenar a partir de las 20 horas, a un precio bastante económico para lo que es un hotel y con muy buen servicio, ya sea por el menú, la presentación del plato y la atención de la camarera que por lejos se ganó la propina.

El personal del hotel es muy amable, y están siempre atentos a solucionar cualquier necesidad que se presente, incluida por supuesto el agua caliente para el mate.

Una interesante opción para cuando viajes a Salta.

Un paseo por las colonias alemanas de Olavarría.

Pertencientes al partido de Olavarría, aunque muy cercanas a la ciudad de Azul, hay tres  particulares colonias alemanas tal como lo indicaba el mapa dibujado con tiza en el pizarrón de Chacras de Azcona, alojamiento del que podés leer más haciendo click aquí.

Estas tres colonias tienen historia en sí mismas porque sus habitantes no son alemanes (o más bien sus descendientes) cualquiera. Se trata de alemanes del Volga, es decir, comunidades germanas que habitaban aquella región de Rusia, donde mantenían sus costumbres, idioma, tradiciones y cultura.

Durante el siglo XVII una gran cantidad de olas migratorias alemanas se establecieron en la zona del Volga, en Rusia, donde contaba con la bendición y privilegios que les dio la emperatriz Catalina La Grande, que en realidad era de origen germano también. Sin embargo las promesas nunca se materializaron del todo, ya que venían acompañadas de fuertes exigencias, y con el correr del tiempo los privilegios se fueron incluso diluyendo, razón por la cual una parte de esta población rusa que hablaba alemán comenzó a migrar hacia América a fines del siglo siguiente.

En la región sur los inmigrantes habían sido atraídos primeramente por Brasil, pero pronto notaron que la Argentina tenía mejores condiciones para el desarrollo de la agricultura. A esto se sumaba la política del entonces presidente Nicolás Avellaneda que propiciaba la llegada de los colonos, y tras los acuerdos pertinentes, las primeras familias comenzaron llegar a la Provincia de Buenos Aires.

La primer colonia que se fundó en estas tierras es la así llamada Colonia Hinojo, con 8 familias y 3 solteros que arribaron hasta Azul trasladados por el Ferrocarril del Sud, y en carros tirados por bueyes desde ese punto hasta la colonia en sí. Hoy en día esta localidad ha crecido mucho y llega a mezclarse (y por supuesto confundirse porque se llaman prácticamente igual) con Hinojo, pueblo lindero que además de su correspondiente iglesia tiene también una ex estación de tren, que hoy alberga el museo municipal que visitamos y, obviamente, tendrá su post exclusivo más adelante.

La primera en aparecer sobre la Ruta 51 cuando uno viene desde Azul, sin embargo, es Colonia Nievas, un pequeño caserío muy tranquilo en donde nos sorprendieron algunos implementos históricos como ser el cañón arrumbado en el jardín de una de las casas del poblado.

Por último, metida hacia adentro y detrás de las fotogénicas Sierras Bayas, está la Colonia San Miguel, que no por ser pequeña se priva de tener un pintoresco lugar donde comer o tomarse un café, como es la Casa de Piedra, o incluso un balneario propio que debe estar muy lindo para visitar en un caluroso día de verano.

Entre las tres, conforman un lindo y muy tranquilo paseo que puede hacerse estando tanto en Azul como en Olavarría. Pueblos ideales para cargar el termo en el auto, e ir a pasar una tarde a puro mate en sus plazas, disfrutando de la calma y el aire de campo que se respira en aquellos pagos. Como hace esta madre alemana con su hijo.

La majestuosa Iglesia Santa Prisca de Taxco y su virgen de plata.

Cuando uno llega a Taxco a través de un sin fin de curvas y contracurvas que se internan en las montañas, una de las primeras cosas que se distinguen por sobre los techos de las casas es la inconfundible arquitectura de su iglesia.

Ubicada en pleno centro de la ciudad, la Santa Prisca es una verdadera obra de arte, y con sus 94 metros de altura fue hasta 1806 el edificio más alto de México. Es una parada obligada cuando uno visita esta localidad de Guerrero, y es habitual encontrar en sus escalinatas guías oficiales identificados con su credencial (al menos así se presentan ellos), que te ofrecen un tour guiado por la iglesia a cambio de una propina. Aunque no acostumbres tomar este tipo de opciones, al visitar Santa Prisca te recomiendo hacerlo, ya que su historia es fascinante.

Se levantó por orden de José de la Borda, un importante y muy acaudalado empresario minero de Taxco, que además era muy devoto de la religión católica. Tanto que ofrendó a la iglesia a sus dos hijos: la mujer se convirtió en monja, y su hijo varón en sacerdote, y como tal, necesitaba una iglesia en la cual oficiar misa, nada que el dinero de papá no pudiera solucionar.

Con tanto capital disponible de por medio, se dice que la Santa Prisca se construyó en tiempo récord, quedando totalmente finalizada en 7 años, entre 1751 y 1758. El dinero lograría además algo insólito: que las autoridades eclesiásticas del momento le permitieran a de la Borda levantar el templo a su propio gusto y estilo.

El color rojizo de sus paredes se lo debe a la cantera rosa, típica piedra del lugar que no necesitó ser pintada, y el azul de la cúpula es consecuencia de los azulejos de Talavera poblana. En el interior los retablos están construidos en madera y recubiertos con láminas de oro, y las pinturas son obra del eximio Miguel Cabrera, que trabajó en la iglesia por encargo de José de la Borda.

Entre otras cosas, retrató la historia de Santa Prisca, que en tiempos de los romanos se mantuvo fiel a la creencia en Jesús, lo que le valió que el emperador enfurecido la tirara a los leones. Para su sorpresa, lejos de devorarla, las fieras le lamieron los pies, en lo que se considera un verdadero milagro. Poco duraría la alegría ya que entonces el emperador la mandó decapitar, tarea que estuvo a cargo de un soldado que también figura entre los personajes de la obra que se exhibe en la iglesia.

Santa Prisca tiene también una leyenda local mexicana. Se dice que en los comienzos de la obra, una tarde se levantó una violenta tormenta en Taxco que amenazaba con destruir la naciente iglesia. Ante el furor de los truenos, los trabajadores que estaban en la obra se hincaron a rezar, y en el momento en que los rayos iban a caer sobre el edificio, la joven Santa Prisca apareció en el cielo y los detuvo con sus manos.

La iglesia está construida en forma de una muy angosta cruz latina, contando al costado con una capilla distinta para los indígenas. Justo frente a esta capilla, en el lateral del templo, se hizo una puerta para que entraran por ella sin mezclarse con los españoles.

Hay otras dos cosas que caracterizan esta iglesia por sobre las demás. En primer lugar está su espléndido órgano, instalado en lo alto de la nave y que consta de 250 flautas con mil voces y contiene agua en su interior para que cuando se lo toca el sonido emule el cantar de los pájaros.

Y su característica más importante quizá, y sin lugar a dudas la más representativa: la imagen de la Virgen de Guadalupe, ubicada frente al altar principal, esculpida en plata taxqueña y que con sus 1,78 metros de altura es la imagen de plata más grande del mundo. En su visita a México fue incluso bendecida por el Papa Francisco.

El acceso a la zona del altar está vedado a causa de los daños causados por el último gran terremoto que sufrió México, pero en las obras dispuestas allí se cuenta la vida de María, incluyendo la anunciación, su embarazo y el nacimiento.

Rodeado de estas obras de arte, en 1758 Manuel de la Borda, hijo de José, se convirtió en el primer párroco en oficiar misa en la monumental iglesia de Taxco, tal como su padre había querido.

Considerada por muchos como la máxima expresión del barroco mexicano, la Santa Prisca es una maravilla arquitectónica que bien merece una visita cuando vayas a Taxco. A tenerla en cuenta!