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Visitamos al habitante más antiguo de Merlo: El Algarrobo Abuelo

Firme en las afueras del pueblo, sobre el extremo noroeste en la zona de Piedra Blanca Abajo, el más viejo de los moradores de la Villa de Merlo reposa plácidamente desde hace unos 1200 años. No se trata por supuesto de un ser humano, pero sí es un ejemplar que ha sabido sobrevivir todos estos siglos sorteando inconvenientes como los argentinos mismos.

Hablo del Algarrobo Abuelo, un majestuoso árbol que ha sido testigo de todas las épocas habidas y por haber y que ha resistido al paso del ferrocarril por ejemplo, que cuando se instaló en esta zona de San Luis provocó la tala de numerosos especímenes como él mismo que supieron conformar un frondoso bosque que se extendía por el Valle de Conlara.

Hoy en día el Algarrobo Abuelo es un Monumento Histórico Provincial ubicado en el predio que pertenecía a la familia del poeta Agüero, en cuyo museo estuvimos y donde nos empapamos sobre su obra, incluyendo la famosa Cantata al Albarrobo Abuelo que lo hizo famoso e inmortalizó.

El Abuelo estuvo presente durante la Guerra de la Independencia y una placa recuerda que desde este predio, antiguamente la estancia de don Pio Agüero, partió el primer contingente de Piedra Blanca con mulas y pertrechos destinados al Ejército Libertador liderado por el General San Martín, que cruzara la Cordillera de los Andes para liberar Chile y Perú.

El predio en sí tiene unas 4 hectáreas, pero la visita se reduce considerablemente a una caminata de algunas decenas de metros, desde el acceso donde se abona la entrada hasta el prolijo cantero donde reposa el protagonista del lugar. Está muy bien cuidado, aunque antes de abonar habrá que tener en cuenta que no es más que eso: apreciar un árbol histórico e imponente, cuyas ramas más extensas casi tocan el suelo, y quizá descansar un rato a su sombra imaginando quién pudo haber hecho lo mismo, hace siglos atrás. Desde aborígenes Comechingones hasta soldados al mando de San Martín, el abanico de posibilidades en ese sentido es enorme.

Una visita que de seguro resultará interante para los seguidores de Agüero y su obra poética. Qué mejor que estar en el lugar preciso donde el artista se inspiró para escribir su obra maestra, y apreciar el aire fresco de su musa vegetal. Todo en un entorno muy disfrutable, ideal para pasar un rato al aire libre.

Visitamos la histórica Casa de Casco, en Chascomús.

En la calle Sarmiento, justo frente a la plaza principal de la ciudad, se levanta la casa que don Casco construyó en 1833 y que hoy en día es considerada como uno de los lugares históricos más relevantes de Chascomús. De estilo colonial, levantada con ladrillos revocados con adobe y caracterizada por no tener ochavas en las esquinas, esta vivienda es de las primeras construcciones de material que hubo en la ciudad, y entre sus paredes guarda historias realmente trágicas.

La primera de ellas tiene que ver directamente con los motivos de su construcción, algo que de por sí ya dice mucho. Vicente Casco nació en Asunción del Paraguay en 1776 donde se dedicó al negocio de la yerba mate y las maderas, pero en abril de 1809 se afincó en el sur de Buenos Aires donde conoció a Francisca Girado, con la que se casó en 1811. A partir de este casamiento Casco se hizo de una cuantiosa fortuna y de una familia de 16 hijos. Eran épocas difíciles en la frontera sur donde los malones eran cosa corriente, y en uno de ellos su casa fue atacada y uno de sus hijos, Domingo, raptado. Nunca más se lo volvió a ver.

A consecuencia de estos sucesos fue que los Casco decidieron construir su casa de material, con la particularidad además de tener dos pisos, accediéndose a la planta superior a través de una escalera desmontable desde arriba. El objetivo era la seguridad familiar, y que en caso de un malón pudieran subir arriba y remover la escalera, cuestión que los invasores no pudieran llegar hasta ellos.

Otra particularidad arquitectónica es que la casa tiene dos patios. El principal estaba conectado con el zaguán y rodeado de las habitaciones principales funcionaba como el lugar de encuentro para la familia. El patio de servicio por su parte era el espacio del servicio doméstico que estaba compuesto por esclavos.

El lugar de reunión cuando había visitas y fiestas (llamadas tertulias) era la sala, ambientada con un juego de sillones que se utilizaron en el Honorable Consejo Deliberante de la ciudad, un mueble de roble del Siglo XIX y un pianoforte, entre otras reliquias. La vistosa lámpara de cristal de vidrio también es del mismo siglo y hoy en día sigue llamando la atención.

Pero si hablamos de la sala y sus tertulias tenemos que hablar también de la más macabra de las que allí se celebraron. En aquella época Juan Manuel de Rosas gobernaba la provincia de Buenos Aires con mano férrea, en medio de la guerra civil que enfrentaba a federales y unitarios. Fue en este contexto en que se dio la Batalla de Chascomús, en la que las fuerzas rosistas aplastaron el levantamiento de los Hacendados al que Casco ayudó con armas y ganado. La fiesta por la victoria federal se celebró en esta misma sala, mientras que su dueño fue fusilado en Santos Lugares acusado de alta traición a la Patria.

La cocina depara una sorpresa. Más allá de la puesta en escena representando cómo se habría visto aquella habitación en la época en que la casa estaba habitada, en una de las paredes hay un enorme árbol genealógico que muestra las derivaciones de la familia Girado. Toda una obra de arte, así que cuando estén por ahí no se olviden de abrir sus dos hojas para poder contemplarla.

Otro atractivo de la Casa de Casco radica en haber sido el escenario en el que se filmó la famosa película Camila, con Imanol Arias y Susú Pecoraro. Un film que retrata a la sociedad de aquella época y su reacción ante una relación prohibida.

Mucha historia entre estas paredes la hacen merecedoras de una visita. La casa permanece abierta al público de lunes a viernes entre las 8 y las 15 hs; y los fines de semana  de 10 a 14 y de 18 a 20 hs.

Probamos carne canadiense en Montana’s BBQ & Bar.

La noche que pasé alojado en el Double Tree by Hilton Toronto Airport West tenía que apropicuarme una cena rápida y a no mucha distancia del hotel, por lo que revisando Google Maps encontré que en la esquina siguiente estaba Montana’s con bastantes buenos comentarios.

Se trata de una cadena canadiense de comidas que se especializa en costillas de cerdo a la barbacoa y hamburguesas, con una fachada exterior que luce típicamente norteamericana tanto en diseño como en iluminación. En el interior el ambiente es relajado y la decoración un tanto loca (con por ejemplo un auto colgado del techo) pero sin perder el buen gusto.

Y por supuesto, te dejan claro que acá se come cerdo, así que mejor…

Por mi parte dejé de lado el cerdo y fui con un medallón de carne 100% canadiense acompañado con puré de papas, frijoles y aros de cebolla. La verdad que impecable, excepto los frijoles que con su sabor un tanto dulce no me gustaron, el plato resultó exquisito y muy bien preparado. El punto de la carne, medium, no tenía nada que envidarle a alguna parrilla porteña. La tierno de la carne tampoco.

Con semejante cena no quedó resto para ningún postre, en particular porque se los veía potentes. Lo que sí hay que considerar es que no se trata de un lugar económico, pero tampoco resulta excesivamente caro. Para que tengan una referencia el plato que ves en la foto y una cerveza costaron el equivalmente a USD 39.

Otro punto fuerte de Montana’s tiene que ver con su ambiente familiar y el servicio. Las mesas están muy ingeniosamente cubiertas por un papel madera que hace las veces de mantel, y sobre cada una hay un vacito con crayones. Con ellos el mesero que te toca escribe su nombre, cosa de que no se te olvide, y si fuiste con niños se pueden dedicar a matar el tiempo mientras esperan dibujando a diestra y siniestra sobre la mesa, sin temor a que tengas que pagar por el pulido de la madera.

En mi caso Vid se portó espectacular, siempre muy amable y atento. Lo mismo que el resto de los meseros que rodearon la mesa de al lado y le cantaron un sonoro Feliz Cumpleaños a uno de los comensales, a la vez que le traían una torta para que apagara la velita y lo identificaban claramente como el “homenajeado” poniéndole un ridículo gorro con cuernos de ciervo.

Muy rica la comida, cuando vuelva a Canadá seguramente pase de nuevo, pero dejen que mi cumpleaños lo festejo en casa…

La Reserva El Viejo Molino, en Merlo, San Luis.

Apostada al norte de la Villa de Merlo, en el barrio conocido como Piedras Blanca Arriba, se encuentra la Reserva Natural El Viejo Molino con su frondosa y espesa vegetación entre la que se esconden las ruinas (o más bien lo que queda de ellas) de un antiguo molino harinero que molía trigo y maíz allá por 1840.

De esa estructura, que en otras épocas funcionaba con el agua del río que corre a escasos metros, hoy no queda prácticamente nada. Tanto que, a pesar del cartel impecable que lo anuncia, el molino es muy difícil de encontrar, y si en definitiva es lo que pensamos que es, ya no le queda ni el más mínimo aspecto de molino.

Lo que sí permanece allí invariablemente es el río que le da nombre al barrio, y que aunque cuando fuimos nosotros en marzo estaba bastante seco, en época estival suele convertirse en punto de reunión para locales y turistas que buscan refrescarse y escaparle al calor del sol. El por qué del nombre no lo voy a explicar, basta nomás con mirar las fotos.

Pero este lugar no es exclusivamente para mojarse los pies en el agua. Entre la espesura de su vegetación la reserva guarda tradición e historia local. Allí nomás, caminando apenas unos metros por el sendero correcto se llegará por ejemplo a una enorme roca conocida como el “Altar Comechingón”, donde se cree que los aborígenes de la zona realizaban ritos sagrados.

Y si vamos un poco más allá, aun dentro de los límites de la reserva nos encontraremos con la Plaza de la Verde Memoria. Se trata de un sitio con historia y de gran importancia para los habitantes de Merlo, ya que en aquél lugar vivió durante su infancia el poeta Antonio Agüero, una de las figuras más destacadas de esta localidad, y cuya casa museo visitamos en otro post (link clickeando aquí).

Fue allí mismo donde el 7 de febrero de 1917 nació el poeta, en la casa que fuera de sus padres, y de la que hoy sólo quedan algunos vestigios.

En la entrada a la reserva (que es de acceso libre y gratuito) hay varios locales gastronómicos donde se puede hacer un alto para almorzar. Y en frente se destaca la capilla Nuestra Señora de Fátima, con sus paredes relucientes de blanco y una garita de piedra que protege la imagen de la virgen.

El barrio Piedras Blancas se muestra como un lugar muy tranquilo, ideal para ir a descansar un día de sol a la orilla del río, y suponemos que lo mismo caracteriza a la reserva El Viejo Molino, aún durante la temporada alta de verano. Tanto el más abundante caudal de agua como la sombra fresca generada por la arboleda alrededor del río deben convertir a este paraje en una muy buena opción para quienes estén vacacionando en Merlo y quieran pasar un día al aire libre, evitando a la vez la furia del sol.

 

Plaza Premium Lounge USA Transborder: El Salón VIP del Aeropuerto de Toronto.

Cuando llegué al Aeropuerto Internacional Lester B. Pearson de Toronto tenía varias horas por delante antes de poder abordar mi vuelo hacia Miami, con lo cual opté por hacer uso del servicio de Priority Pass y acceder al salón Vip Plaza Premium Lounge ubicado entre las puertas F53 y F55 de la Terminal 1. Presentando únicamente la tarjeta fue suficiente para entrar al vip (no hizo falta ni el boarding pass, ni documento alguno) y el ingreso fue totalmente sin cargo.

Lo primero que uno nota al entrar es que se trata de una sala bastente pequeña. De formato angosto y alargado, apenas uno ingresa se encuentra de frente con la barra donde se puede pedir alguna bebida ya sea para consumir allí mismo, como para llevársela a otra área de la sala. Lo segundo que noté en ese momento es que el vip estaba bastante concurrido, por no decir prácticamente lleno.

Detrás de la barra y hacia la derecha (en el mismo sentido en que entramos) hay un pequeño mostrador con panificados para servirse uno mismo, y hacia un costado está la cocina, donde se pueden pedir platos calientes que el personal prepara y sirve allí mismo.

Más allá de la cocina hay un rincón con una máquina expendedora de gaseosas. Frente a todo este espacio alargado hay un salón angosto donde se disponen varias mesas para degustar todas estas cosas. Al extremo del salón están los baños.

Si vamos hacia el otro lado de la barra (es decir si al ingresar encaramos hacia la izquierda y pasamos más allá de la barra) nos encontramos con otra sala separada, donde en lugar de mesas hay dispuestos unos cubículos individuales con sillones mucho más cómodos, aunque en algún punto te hacen sentir algo encerrado.

Estos cubículos simulan un asiento de avión de Business Class y cuentan con una pequeña mesa al mejor estilo pupitre, tomas corrientes normales y con conexión USB y un gancho de donde colgar el saco o abrigo. Espacio dónde dejar el equipaje de mano no hay, así que habrá que ingeniarselas como para no molestar al de al lado, o al que pasa en caso de que no estemos en uno de los extremos de la hilera. Apoyar un vaso de algo y trabajar en una laptop a la vez será realmente una tarea de cuidado (no sea cosa que en un mal movimiento tiremos el vaso sin querer, o pero aun, la computadora termine estrellada en el suelo).

Todos los servicios dentro del VIP son gratis con el acceso de Priority Pass, incluido el wifi, aunque el servicio de free wifi del aeropuerto es tan pero tan bueno que tomarse el trabajo de loguearse en el del Plaza Premium no tiene mucho sentido.

Mi idea era aprovechar el tiempo muerto en el aeropuerto para trabajar un poco y preparar lo que tendría que presentar en las reuniones de Miami, pero siendo sincero la idea de entrar al vip era hacerlo con comodidad. Esto funcionó en cuanto a la tranquilidad del lugar y a poder disfrutar de una cerveza fria sin pagar un peso (ok, un dólar canadiense), pero el espacio es muy reducido y hay que maniobrar con cuidado e incluso así se corre riesgo de patear a algún vecino sin querer, así que lo que se dice comodidad, no es un fuerte de esta sala.