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Las Chacras de Azcona: Alojamiento rural en Azul.

Mientras buscábamos dónde alojarnos durante el fin de semana de Pascuas en la ciudad de Azul encontramos algunas fotos que nos llamaron la atención. Mostraban un alojamiento diferente, con mucho verde, campo y animales pastando. Imposible reprimir el impulso de querer dormir en aquél lugar, rodeado de aire de campo y alejado del cemento, los autos y nada que nos hiciera recordar a la gran ciudad.

Las Chacras de Azcona se trata justamente de eso. Ubicadas prácticamente en frente de Azul, solo separada por la traza de la RN 3 y a metros de la rotonda de acceso a la ciudad, es un emprendimiento original donde Carlota y su hijo Olaf logran articular la vida rural y la actividad ganadera propias de aquellos pagos con un desarrollo turístico de toque distintivo.

Son 60 hectáreas de campo que tienen historia propia y se remontan incluso a mucho antes de la llegada de los Azcona. Apasionado de la historia como soy, no podía más conmigo mismo mientras Carlota, durante un desayuno, nos contaba que la vieja casona había sido construida  en 1907 por un escocés de apellido Waddell que migró hacia Argentina y se enamoró de su mujer en el Teatro Español de Azul. Tras la muerte de su marido, la viuda decide vender la propiedad a un ex intendente de San Isidro, razón por la que el arco de entrada lleva la inscripción de esta localidad del conurbano bonaerense.

Sin embargo, al menos en este aspecto al político no le va bien, y tras fundirse la casona es vendida en remate judicial, donde la adquiere Carlos Azcona que la alquila por diez años a unos ingenieros alemanes que llegaron al país para poner en funcionamiento la fábrica de azulejos San Lorenzo. Finalizado el período de alquiler, durante los años 70 Azcona convierte la propiedad en el primer centro de inseminación bovina de la Provincia de Buenos Aires, además de ser un tambo modelo.

Con la muerte de Carlos en la década del 80, Carlota se muda a las chacras con sus hijos, y aprovechando que uno de ellos era estudiante de turismo, desarrollaron el emprendimiento donde hoy podés pasar la noche. Son 9 habitaciones que funcionan como hostería y 4 más ubicadas en lo que antiguamente era la casa de servicio, hoy transformado en hostel.

Nuestra habitación estaba alejada unos metros de la casa principal y con salvedad de las bellotas que caían sobre el techo, la paz era absoluta. A pesar de estar ubicada a la vera de la ruta, desde las habitaciones no se escucha el pasar de los autos. Realmente es un placer dormir allí sin que nada ni nadie te moleste.

Las habitaciones son amplias, e incluso la nuestra estaba equipada con una antesala donde había dos camas individuales, y para ir al baño se pasaba por lo que evidentemente antes era un lavadero. Queda más que claro que se trata de una vieja casa remodelada y convertida en cuarto de hotel, pero en tal remodelación no se cambió nunca el estilo, que es simple, rústico y de mobiliario bien antiguo, dándole ese toque distintivo que parece transportarte a otro lugar; otra época.

El campo es enorme y con lindo tiempo se aprovecha en buenas y extensas caminatas durante las que se puede apreciar el ganado que aún pasta en la propiedad, o las gallinas que ponen huevos que son recogidos todos los días por la mañana, tal como indica el pizarrón ubicado en el comedor donde se sirve el desayuno.

Durante Pascuas ya estaba medio fresco, pero la pileta seguía impecable y algún corajudo hasta se le animó a un par de chapuzones. No fue nuestro caso, que estuvimos recorriendo los alrededores como podrán leer más adelante en el blog, pero está más que claro que cuando vaya en verano me llevo el short de baño en el bolso!

Para el servicio de la hostería el desayuno de campo está incluido en el precio de la estadía. Sin lugar a dudas, lo mejor del desayuno son las mermeladas. Nada de supermercados con marcas llenas de conservantes; los dulces que te sirven en Chacras de Azcona son caseros, hechos por las manos expertas de Carlota que además busca las frutas necesarias en los árboles de su propiedad. Resaltan la mermelada de higo y de tuna, pero para mi la que se lleva todos los premios es la de ciruela.

Los dulces no solo se pueden degustar en el desayuno, sino que tras mucha insistencia de los clientes, los Azcona se decidieron y ahora también hacen dulce para vender. Así que podés hacer como nosotros, que nos volvimos a Buenos Aires con frasquitos de varios colores.

El lugar está atendido por Carlota y Olaf, quienes son muy cordiales y están siempre dispuestos a ayudar y asesorarte sobre qué cosas hacer o visitar, tanto en la ciudad como en los alrededores. De hecho fueron los consejos de Olaf los que en gran medida marcaron el itinerario definitivo que realizaríamos en este viaje, y los de Carlota los que nos hicieron degustar los mejores platos de Azul.

Chacras de Azcona es ideal para el que busque un alojamiento tranquilo, en el campo pero a apenas unos minutos de una ciudad importante. Es rústico, sin grandes lujos, pero apacible y agradable. Todo lo que uno puede pedir para pasar un fin de semana diferente, codeándose con la vida rural. Si lo que buscás es tranquilidad y descanso, muy recomendable para tu próximo viaje a Azul.

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Entre sierras y pampa, una ciudad que honra a Cervantes: Azul.

Fue por orden de Juan Manuel de Rosas que el coronel Pedro Burgos fundó el fuerte San Serapio Mártir del Arroyo Azul el 16 de diciembre de 1832 para contener el avance de los malones sobre la “civilización” de la época. Y fue en 1895, 63 años después de aquél suceso, que Azul fue declarada ciudad.

Evidentemente llena de historia, y como veremos ahora muy rica en cultura también, la ciudad de Azul se levanta orgullosa en el centro de la Provincia de Buenos Aires, en plena pampa húmeda que le permite desarrollar una importante actividad agropecuaria como pilar de su economía, aún en estos días donde la sequía viene golpeando fuerte a los productores locales.

Esta privilegiada ubicación le permite a su vez gozar de una muy buena conectividad. A solo unos cuantos kilómetros de Tandil, cuenta con autopista hasta Mar del Plata, y se conecta con la metrópoli por excelencia, Buenos Aires, a través de la ruta nacional 3 para la que está ya planificada su conversión a autopista. Si bien se muestran algo preocupados por las malas influencias que les puedan llegar desde la capital federal, los habitantes de Azul reconocen la necesidad de una vía rápida que conecte su economía y al turismo con la ciudad más importante del país.

Pero la verdad es que Azul no necesita de nadie para destacarse, pues es una ciudad con brillo propio. Emplazada en las cercanías de las sierras que cortan la llanura pampeana, se trata de una localidad donde los paisajes y la cultura invitan al turismo. Y a juzgar por lo limpias que se ven sus calles, lo cuidada que está la plaza, la variada oferta gastronómica y de actividades para realizar, y por supuesto, la calidez de su gente; se trata de una invitación con todas las letras.

A nivel cultural, Azul es una parada realmente imperdible. Considerada como la “Ciudad Cervantina de Argentina”, aquí se puede encontrar una de las colecciones de ediciones del Quijote de la Mancha más importantes del mundo. Los ejemplares pueden verse en la Casa Ronco, que por supuesto visitamos y tendrá post exclusivo próximamente. Pero no es sólo en este museo donde se respiran aires literarios, sino en la misma calle, a través de las esculturas de Carlos Raggazoni que retrata escenas del famoso libro a través de una perfecta combinación de, digamos, chapas descartadas.

Claro que si hablamos de arte en Azul no se nos puede escapar la obra del genial Francisco Salamone, que más que ingeniero era todo un artista. Estructuras por demás imponentes como la entrada del cementerio, el matadero o la misma Plaza San Martín potencian la fama de Azul y, por supuesto tendrán también su post aparte.

Y algo que también me llamó personalmente la atención, más allá de las obras de Salamone, Azul es una localidad con arquitectura atractiva de por sí. Recorriendo la calle Bolivar en la zona céntrica hay construcciones que llaman la atención, como la de esta esquina de acá abajo.

Pero aún para aquellos que no estén interesados en la literatura, la arquitectura ni la escultura, esta ciudad tendrá después de todo algún atractivo. El Parque Sarmiento es enorme y ofrece la posibilidad de pasar una tranquila tarde de mates y aire libre, como también podría hacerse en el balneario municipal donde, durante el fin de semana de Pascuas en que fuimos nosotros, había un encuentro de motocicletas con mucho cuero negro y remeras de Harley Davidson. Por supuesto que el turismo rural es una posibilidad también, y hasta el religioso, ya que a algunos kilómetros se encuentra el Monasterio Trapense, del que también ya hablaremos.

Y si  estamos pensando en salir de la ciudad perfectamente se puede planificar una salida a la zona de Boca de las Sierras, donde el paisaje asombra por los cambios de colores y, por supuesto, de topografía. Uno no puede evitar preguntarse: qué hacen estas montañas en medio de la Pampa bonaerense? Bueno, allí están, así que a disfrutarlas.

Mucho por hacer, recorrer y conocer en Azul. También se puede aprovechar la buena oferta hotelera de esta localidad para utilizarla como base, y recorrer desde allí los pueblos de los alrededores. Todo eso se los iré mostrando en los posts que se vienen, así que vayan respirando profundo, que se vienen aires de campo!

Como despedida, la nota de color (o de colores), como lo fue la caravana de Citroen que finalizó su pintoresco recorrido en la estación de tren de Azul. Y ahora sí, los veo en la próxima nota de Ahicito!

 

Conocemos el Museo Nacional de Antropología, en Ciudad de México.

Emplazado en los bosques de Chapultepec, el Museo Nacional de Antropología es definitivamente uno de los imperdibles para todo aquel amante de la historia y la arqueología que esté de visita por Ciudad de México.

Se trata de un predio realmente enorme, por lo que aconsejo ir con mucho tiempo y tranquilidad, en el que el visitante podrá apreciar piezas históricas y conocer detalles sobre las diferentes culturas que habitaron México a través del tiempo, de forma muy clara y didáctica; y con un grado de detalle importante.

Tan importante, diría yo, que el recorrer el museo íntegro en una sola visita será prácticamente imposible si queremos profundizar en absolutamente toda la muestra. Quienes quieran entrar en todos los detalles, deberán elegir la temática que les interese y enfocarse en ella, para lo cual de seguro tendrán material más que de sobra en el museo.

Por nuestro lado hicimos una visita rápida a todas las salas para tener una idea general de las muestras, deteniéndonos un poco más en aquellos puntos que nos llamaban la atención, como ser por ejemplo la famosa Piedra del Sol de los mexicas, a la que por contener los nombres de los días se la conocer erróneamente como Calendario Azteca, siendo que en realidad se trata de un altar de sacrificio que finalmente nunca fue concluído.

Como cada sala tiene su temática propia, es fácil dirigirse a la que uno más le interesa. Incluso hay salas que tienen parte de su exposición al aire libre, como ser la de Teotihuacán donde se muestra una maqueta de gran tamaño de lo que es esta ciudadela, o la de los mayas donde el visitante puede apreciar réplicas de las construcciones que levantaba esta antigua cultura.

También hay representaciones de las deidades, como ser el Dios de la Muerte.

Sin embargo, sabiendo que durante nuestro viaje íbamos a visitar ruinas de diferentes de estas culturas y a ver tales edificios con nuestros propios ojos, estas réplicas en algún punto perdían un poco de interés. Lo que sí se convertía en un capítulo aparte y apasionante, era el Inframundo de los mayas.

Para los mayas la vida después de la muerte transcurría en un mundo paralelo, que se unía con el terrenal a través de las aguas y las cuevas. Al morir un hombre, su alma iniciaba su camino hacia el Inframundo, el cual está poblado por seres tenebrosos que aterrorizan a los difuntos, por lo que sus familiares solían quemar incienso para alejar los malos espíritus. Además durante el trayecto es necesario satisfacer las necesidades básicas del muerto, para lo cual en las tumbas se depositaban diversas clases de alimentos.

Otro punto alto de la muestra es el dedicado a la ciudad de Aztlán, donde los relatos mitológicos ubican el origen de los mexicas. Cercana a Chicomóztoc, sitio de las siete cuevas donde se habría formado la humanidad, Aztlán sería el lugar desde el cual las tribus iniciaron una peregrinación de más de 200 años para poblar el resto del mundo.

Y por supuesto, en una muestra arqueológica mexicana no pueden nunca faltar las serpientes emplumadas. Quetzalcóatl está presente en la religión de casi todas las culturas de Mesoamérica, y tuvo su mayor esplendor en Teotihuacán. Para los mexicas, por ejemplo, la serpiente emplumada desempeñó un papel fundamental en la creación del universo y del hombre, siendo uno de los hijos de la pareja creadora, y habiendo penetrado en el Inframundo para obtener los huesos de la humanidad antigua y mezclarlos con su sangre, mezcla con la cual luego poblaría el universo.

No todo es cultura e historia en el Museo de Antropología. En algún momento hay que hacer una pausa para comer algo, y si bien el ingreso a las salas con alimentos y bebidas no está permitido, el museo cuenta dentro de sus instalaciones con un restaurante absolutamente recomendable, con precios módicos y gran variedad de platos que incluye comida no mexicana, para aquellos que quieran evitar el picante.

Las visitas se realizan de martes a domingo, de 9 a 19 horas, permaneciendo cerrado los lunes. Igualmente, para mayor información, les dejo el link a la página web donde encontrarán todo lo que necesitan para organizar su visita.

El Museo de Antropología será una excursión larga, pero que bien vale la pena, ya que realmente no tiene desperdicio. La organización de las salas lo hace dinámico e interesante, ya que uno puede seguir un hilo durante la muestra e ir entiendo un poco más cada una de estas fascinantes culturas prehispánicas.

Una visita más que recomendada cuando estés en CDMX. ¡A no perderselá!

 

 

Galería de Fotos: La excursión a Laguna Brava en imágenes.

El camino desde Vinchina hasta la Laguna Brava está lleno de hermosos paisajes que van variando a medida que el auto avanza, desplegando distintos tonos y colores kilómetro a kilómetro. No podía faltar entonces, la correspondiente galería de fotos de esta excursión!

Vaya la primer imágen para el protagonista de esta aventura, estacionado al costado de una ruta que te deja con la boca abierta.

Esta es la ruta de la que te estoy hablando.

Y estos los colores que se ven.

Ruta desde la que se pueden apreciar diferentes geoformas, como la pirámide…

O la herradura…

En un momento se abaca el asfalto, y la ruta se convierte en ripio entre las montañas.

Pero que de todas formas sigue señalizada.

No estamos solos…

Las vicuñas nos siguen, aunque algunas se mantienen a cierta distancia.

El camino que se pierde a lo lejos

Gira

Y a lo lejos aparece la laguna

Nos acercamos a la orilla y estacionamos lo autos.

Así de imponente se la ve.

Los extremos congelados por el intenso frío.

Sin embargo los flamencos no se hacen problemas y andan por el agua como si nada.

Tampoco somos los únicos aquí, con el correr de los minutos comienza a caer la gente.

Aunque algunos parecen más solitarios que otros…

Tan solitarios como un avión estrellado hace décadas atrás…

Acompañados tan solo por las montañas que se alzan imponentes alrededor.

Es hora de emprender el regreso hacia Vinchina, y los colores vuelven a cambiar abruptamente al dejar atrás este escondido espejo de agua.

Las paredes de piedra se alzan entre nosotros y guían nuestro camino.

Mientras que desde el cielo un cóndor enorme nos custodia, o vigila…

Así finaliza esta galería de fotos.

Si querés saber todos los detalles de esta excursión, te invito a ver el post haciendo click acá.

En cambio si querés enterarte sobre el avión estrellado, hacé click acá para ir al post.

Y al resto los espero en la próxima publicación de Ahicito!

La increíble historia del avión estrellado en Laguna Brava, La Rioja.

Personalmente las montañas y los espectaculares paisajes que generan y las rodean, es algo que me fascina. Allí uno se siente pequeño y lo único que cabe es la humildad ya que queda manifiesto que el hombre no es gran cosa ante la imponente Naturaleza, pero aún así, esos lugares dan lugar también a historias maravillosas de hazañas donde ciertos hombres se han convertido en gigantes.

Cuando revisaba el itinerario de las vacaciones en San Juan y La Rioja, la Laguna Brava aparecería como uno de los puntos más interesantes a visitar, pero a la vez era el más alejado. Sin embargo hubo un dato que hizo que no dudara ni un instante: en la desolada Laguna Brava, a unos 3000 m.s.n.m. yacen los restos de un avión que se estrelló en aquél recóndito lugar.

Desde el lugar de encuentro a la orilla de la laguna si uno agudiza la vista puede distinguirse a lo lejos un montículo que sobresale del agua: es lo que queda del fuselaje del avión, punto hasta el que puede llegarse en una excursión especial disponible únicamente en época estival. Algo más aca, en nuestra visita pudimos apreciar claramente un pedazo de ala, que desprendido de los demás restos, fue acercado hasta allí por el viento y el agua.

Según nos contó nuestro guía de la excursión (cuyo post podés leer haciendo click aquí), se trataba de un avión que transportaba caballos desde Lima hacia Buenos Aires, con una escala programada en Santiago de Chile para reaprovisionar combustible. Durante el cruce de cordillera uno de sus motores falla, por lo que el piloto busca un lugar dónde aterrizar de emergencia, divisando esta mancha blanca entre las montañas a la que confundió con un salar. Cuando se dio cuenta de que en realidad era agua, ya era demasiado tarde. El avión pancea sobre el líquido y se arrastra hasta detenerse, con tanta suerte que nadie muere en el accidente, con salvedad de dos de las yeguas.

Con los equipos de radio salvaguardados previo al aterrizaje forzoso, los seis tripulantes pidieron auxilio y así se puso en marcha un operativo de rescate que partió desde Vinchina. Sin embargo, recuperar el avión era muy difícil y costoso, así que quedó allí abandonado.

Pero quizá lo más interesante de la historia comience aquí, ya que estos restos fueron vendidos (sí, leíste bien, un avión estrellado que no se pudo recuperar de la laguna fue vendido en lo que seguramente haya sido el negocio del siglo). Según dicen, el motivo de esa venta es que además de los caballos, el avión transportaba al momento del accidente un contrabando de joyas y drogas ilegales. Es así que, sabiendo que sacarlo de allí sería casi imposible, sus nuevos dueños se acercaron hasta Laguna Brava sopletes en mano, con intención de desguazarlo, pero como con el frío los aparatos no funcionaron, decidieron desarmarlo a hachazos limpios. De allí que el ala esté desprendida del resto del fuselaje.

No se sabe si esta expedición encontró el cargamento ilegal que buscaba. Ni siquiera se sabe si esta última parte de la historia es real. Lo que sí se sabe es que los restos del avión están allí realmente, y que detrás de ellos hay una historia apasionante.