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Allí donde el lago se transforma en mar: El Dique Cuesta del Viento, en Rodeo

Recorriendo la Ruta Nacional 150 hacia el oeste, luego de pasar por el Parque Nacional Ischigualasto más conocido como “El Valle de la Luna”, cuyo post podés leer haciendo click aquí, y luego de pasar un sin fin de badenes y seguir adelante dejando atrás la localidad de Jachal, los paisajes de esta zona de San Juan son impresionantes y te dejan con la boca abierta.

En un punto de la ruta, de mano derecha aparecerá de a poco un enorme espejo de agua. Es el lago del Dique Cuesta del Viento, y nos marca que ya estamos cerca de la localidad de Rodeo, última parada de nuestro periplo sanjuanino.

Rodeo es una villa veraniega que parece vivir al ritmo del dique. Nosotros llegamos fuera de temporada, en abril, luego de Semana Santa, y no era mucho lo que estaba abierto. Pero la enorme infraestructura de por ejemplo La Vicuñita donde nos alojamos no deja lugar a dudas: en época estival este lugar explota de gente. Y no es para menos, porque el lago es muy particular.

Se trata de un inmenso lago artificial de unas 3000 hectáreas de superficie que se creó en la década de los ’80 con la construcción de la represa hidroeléctrica en la unión entre el Río Blanco y el Arroyo Iglesia. El propósito de esta vasta obra era la generación de energía eléctrica, como así también servir al riego de los campos aledaños para la producción agrícola e incluso minera de esta zona del país.

Pero lejos está este lugar de tener únicamente un propósito económico. A nivel paisajístico, el enorme lago rodeado por las montañas crea uno de los lugares más lindos de la provincia de San Juan.

Hay enormes rocas que sobresalen de su superficie como si fueran islas en medio de un mar. Se trata de las así llamadas Islas Griegas, que obligan a frenar el auto y hacerse un momento para buscar el mejor lugar, y gatillar la cámara de fotos.

El Dique Cuesta del Viento tiene una característica muy particular. Durante la mañana es un lugar apacible y tranquilo, donde se puede practicar la pesca y navegar tranquilamente; pero en horas de la tarde el viento que se levanta es sinceramente tremendo. Las ráfagas, que pueden llegar a 110 km/h hacen incluso difícil mantenerse en pie, y convierten este lugar en el punto ideal para la práctica de deportes naúticos como el windsurf y el kitesurf, siendo de este último, sede del evento internacional Kitefest Argentina, que convoca todos los años a los mejores del mundo en este deporte.

Las aguas agitadas parecen más las de un mar que las de un lago. El viento pega en la cara y hace que hablar con quién está a unos metros de distancia al lado sea un desafío que sólo se logra a los gritos. El agua pega fuerte contra las rocas y salpica hacia todos lados.

Este curioso fenómeno se debe a la posición geográfica donde se ha emplazado el lago, en el punto exacto donde los vientos entran al valle encontrándose con las montañas a ambos costados, que al estrecharse se convierten en un túnel donde el viento aumenta su velocidad considerablemente.

Durante el verano se puede también aprovechar el agua del lago desde la playa de arena a la que se accese desde la ruta misma, justo frente al ingreso a Rodeo. Incluso se puede seguir rodeando el espejo de agua por aquél camino que se ve allá en lo alto.

Un lugar increíble, que por supuesto merece un alto.

 

Moderno alojamiento en San Juan: El Hotel Albertina.

Cuando volvimos a la ciudad de San Juan después de nuestra recorrida por el interior de la provincia e incluso por La Rioja, llegamos sin reserva alguna. Luego de una rápida búsqueda encontramos un par de opciones donde dormir, a la espera de tomar el vuelo de regreso al día siguiente, y así llegamos al Hotel Albertina, de excelente ubicación frente a la Plaza 25 de Mayo.

Quienes viajen en auto encontrarán la gran desventaja de que el hotel no cuenta con estacionamiento propio, pero justo al lado hay uno chiquito que funciona las 24 horas y a precio accesible.

El Albertina es un hotel de estilo moderno, y algo de eso hace ya sospechar su ingreso, ya que el lobby está ubicado en el subsuelo y se accede al mismo por una escalera. Ir por allí cargado con valijas es realmente incómodo, nada bueno para un hotel, pero el Albertina lo soluciona de forma simple: al lado de la entrada principal hay una puerta por la que accedés a un pasillo a nivel de planta baja, y allí tenés acceso al ascensor que te lleva a las habitaciones. De esta forma uno sube las valijas sin pasar por la escalera.

La habitación es correcta y cuenta con una cama ENORME. La más grande que ví en mi vida. Los detalles modernos se encuentran principalmente en el baño, especialmente en el lavatorio y en la puerta de acceso, que es de vidrio opaco y aunque no cuenta con traba, cierra bien.

Va aquí mi crítica más fuerte para el Albertina: un solo juego de toallas en una habitación para dos personas es un “no rotundo”; y en cuento a los jabones, solamente uno en el lavatorio. Para bañarte arreglate por tu cuenta. Pequeños detalles que hacen al servicio. Si bien la limpieza del hotel es excelente y en parte compensa, son cuestiones que deberían tener más presentes ya que realmente no cuesta nada y mejora mucho la calidad de la estadía.

Y si hablamos de críticas no podemos dejar de mencionar el wifi, que es malo, pero esto no es propio del hotel: como ya comenté, en toda la provincia de San Juan no encontré un solo wifi que funcionara como la gente.

El desayuno, que se sirve de 7 a 10 hs en el salón del subsuelo es de los mejores que he probado. Completísimo, incluye pan, budines, pastra frolla, diferentes clases de factura y lo que se te ocurra para untar, acompañado de jugos de varios sabores, té, café o mate cocido. Completan la oferta fiambres y cereales. El detalle: las mesas no están puestas, sino que hay un mueble a un costado donde se encuentra toda la vajilla que la primera vez puede resultar algo difícil de ubicar.

El staff del Albertina fue muy cordial. Atentos a todo lo que necesitás, te hacen sentir como en casa.

Así fue nuestro paso por el correcto Hotel Albertina; una buena alternativa en pleno centro de San Juan.