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Citytour gratis por Londres: Caminando la ciudad.

Londres es una ciudad enorme y fascinante en la que había pasado un par de días hace muchos años atrás, y a la que me había prometido volver ya que el viaje laboral no me había dado la oportunidad de conocerla como se merecía. Es así que llegué con muchas expectativas aunque con la certeza de no poderla descubrir en su totalidad en apenas 4 días.

Como ya he contado en otros posts, la mejor forma de conocer una ciudad es siempre caminarla, y para ello una de las alternativas más convenientes es la de los free walking tours. En el caso de Londres hay gran cantidad de ofertas. Nosotros elegimos los de Strawberry Tours, y dentro de ellos (ya que hay varios en Londres de acuerdo al área de la ciudad o la temática que te interese, optamos por el de Londres Monumental Oeste).

La cita era en Leicester Square, cerca del barrio chino donde antiguamente se vendía opio y que ahora es una reconocida zona de restaurantes, a las 10 de la mañana. Allí nos esperaba Juan, con el característico paraguas identificatorio, quien sería nuestro guía en español.

La primer parada fue Piccadilly Circus, el centro comercial más famoso de Londres, y enseguida seguimos camino hasta el Monumento a la Guerra de Crimea, a pasos del Ateneo donde reconocidos miembros como Newton y Darwin defendieron las teorías que algún día cambiarían el mundo. Allí Juan aprovechará para explayarse sobre la citada guerra (la primera en la que se tomaron fotos) y su importancia, como así también sobre Florence Nightingale, la enfermera que revolucionó el concepto de hospital tan solo con mejorar las condiciones sanitarias en la que se atendían a los heridos.

La siguiente parada fue el Palacio Saint James, una pequeña y monótona construcción que poco tiene de palacio, mandada construir por Enrique VIII como auto penitencia por las atrocidades que había hecho. Allí se encerró para pasar los últimos días de su vida rezando, y sin lujos. Lo más interesante de este personaje, por supuesto, es la historia de cómo manda a matar a su esposa Ana Bolena, acusada de haberle sido infiel.

Desde ese punto sale la banda que musicalizará el cambio de guardia en el cercano Palacio de Buckingham, edificio que recibe su nombre por la familia a la que la corona se lo compró. Antiguamente era una casa más “modesta” pero tras su adquisición la reina lo hizo ampliar hasta dejarlo tal como lo conocemos hoy.

Volviendo al cambio de guardia (que la web de Strawberry ofrece presenciar como parte de este tour) hay que hacer honor a la verdad y aclarar que, al menos con Juan, eso resultó falso. Y es que el cambio de guardia en sí se da detrás de las rejas, en el parque del palacio, y para verlo hay que apostarse allí desde antes de las 7 am porque si vas más tarde la cantidad de gente que se amontona lo hace imposible. Lo que sí se ve con el tour es el paso de varios contingentes de soldados, y en particular, el de la banda que vuelve al Palacio de Saint James tocando alegres acordes. Según nuestro guía, lo único que vale la pena de tan tradicional espectáculo.

Luego sí habrá un momento para acercarse al palacio y tomar alguna foto. Eso sí, si lo querés sin gente en el medio tu única alternativa es paciencia y photoshop… Cambiando de tema (o no tanto) un punto donde habrá que detenerse obligadamente es la estatua de la Reina Victoria.

Apostado en la rotonda que está justo al frente del palacio, el enorme monumento retrata a la Reina sentada en su trono, coronada por la Diosa de la Victoria que brilla en dorado. En sus manos, Victoria (la reina) sostiene un globo terráqueo, es decir, al mundo. No caben dudas sobre el mensaje que nos quisieron dar los ingleses, verdad?

Muy cerca del palacio están los jardines de Saint James, abiertos al público por el Rey Carlos II, a quién el Parlamento llamara para volver a hacerse cargo del trono luego del período reformista. Allí, además de hacer un alto para comer algo e ir al baño, nos enteraremos de cómo Carlos se vengó de quienes habían ejecutado a su padre (el Rey Carlos I depuesto luego de la guerra civil inglesa) a pesar de haber firmado la amnistía a favor de los seguidores de Oliver Cromwell.

Y si hablamos de reyes, parlamentarios y poder político no podíamos no pasar por la Abadía de Westminster (donde se coronan los reyes aún hoy en día) y por el palacio de mismo nombre, que es sede del parlamento. Eso sí, si querías foto del Big Ben, el tradicional símbolo de Londres, en esta ocasión no pudo ser porque desde hace tiempo esta tapiado en refacciones.

El paso por el gabinete de guerra de Churchill y por el 10 de Downing Street (la residencia del Primer Ministro) es efímero y casi sin detenerse, para terminar en la hermosa Trafalgar Square, ubicada frente a la Galería Nacional y donde se ubica la impresionante Columna de Nelson, el almirante que venció a la flota de Napoleón con una maniobra magnífica y que se convirtiera en un héroe nacional al morir en aquella batalla.

El tour dura unas 3 horas (bueno, si vas con Juan seguro que dura un poco más) y se camina bastante y a buen ritmo. No se suspende por lluvia, porque como dicen en la web, si fuera así en Londres sería imposible hacer ningún paseo. Y es una buena forma de tener un pantallazo general de la ciudad y elegir dónde ahondar (y dónde pagar la entrada, porque en libras esterlinas, para los argentinos nada es barato). Son muchas las empresas y opciones disponibles, así que es solo cuestión de googlear, buscar la que más te guste y el horario que más te convenga, y calzarte unas zapatillas cómodas para salir a disfrutar.

¿Cómo es viajar en el Eurostar? Lo tomamos desde Londres hasta Bruselas.

Mientras planeábamos el viaje por Europa decidimos optar por el tren para llegar a la segunda gran ciudad de la gira: Bruselas. Así sacamos el pasaje por internet (en la web del Rail Europe a la que accedés desde acá) con varios meses de anticipación y cuando llegamos a la estación londinense de Saint Pancras International, una hora antes de la salida de nuestra formación, ya los llevábamos impresos en la mochila.

Llegamos desde el hotel Days London Waterloo con el Underground sin ningún problema. Para quienes estén interesados en los detalles de cómo viajar en el subte londinense les dejo el link al post sobre el transporte público en esa enorme ciudad. Como la metrópoli a la que pertenece, la estación St. Pancras es también enorme, con gran cantidad de locales y hasta con pianos dispuestos en varios lugares para que el público que se anime (y que sepa lo que hace, se los pido por favor) pueda sentarse a tocar unas notas mientras espera la salida de su tren.

El de la foto, como así también cada uno de los pianos que cruzamos, en perfectas condiciones. Increíble para una estación de ferrocarril, no? Y aunque el de la foto está en solitario, más de un pasajero se hizo su tiempito para sentarse a tocar, así que podemos certificar que, efectivamente, no son pianos de utilería.

Para ubicarse dentro de la estación hay que guiarse por la cartelería, que en general es bastante clara. En nuestro caso lo lógico era buscar las indicaciones de “Trenes Internacionales” y siguiéndolas llegamos al lugar correcto. De hecho aún faltaban unos 15 minutos para que abrieran el gate cuando ya nos encontrábamos frete a él, así que tuvimos que hacer algo de tiempo.

El gate se abrió con puntualidad inglesa y allí debimos escanear los pasajes y luego hacer lo propio con los equipajes y los abrigos en el control de seguridad. Igualito a un aeropuerto. Como era un viaje internacional, el siguiente paso fue el control de pasaportes, con la particularidad de que los que ocupan los puestos de migraciones no son ingleses, sino que es la policía francesa. Cabe destacar que, si bien pertenece a la Unión Europea, Gran Bretaña nunca se adhirió al Espacio Schengen que permite la libre circulación de personas entre sus miembros, con lo cual hay que hacer migraciones para entrar a la UE.

Cuando uno finalmente llega a la sala de preembarque (ya oficialmente ingresado a la Unión Europea a través de Francia, independiéntemente del destino – léase país – en el que uno planee bajar del tren), aun no se sabe desde qué andén partirá el que nos corresponde. Hay que esperar el anuncio por altavoz, y estar atentos a las pantallas, que unos 20 minutos antes de la hora de salida indican la plataforma asignada.

En el proceso de abordaje queda en uno revisar el vagón y el asiento que nos corresponden, los cuales se reservan al momento de comprar el pasaje y por supuesto, están impresos en el mismo. Cada coche está identificado con el número correspondiente y es cuestión de caminar el andén hasta encontrarlo. En ese punto vimos algo poco común en Londres: varios grupos de personas que corrían arrastrando sus equipajes, cuando aún faltaban 15 minutos para que el tren saliera, por lo que había tiempo de sobra para recorrer la formación de punta a punta al menos un par de veces. Se nos ocurrió que quizá no todos tuvieran asientos asignados previamente, pero cuando llegamos a nuestro vagón nos dimos cuenta de que hay otro factor que juega un rol importante: las valijas.

En los extremos de cada vagón hay un sector portaequipaje, que la verdad no es muy amplio. Su ubicación (justo al ingreso del coche) demora el abordaje porque la gente se toma su tiempo para acomodar las cosas lo mejor que puede, y su poco generosa capacidad hace que se llenen relativamente rápido. Las cosas más pequeñas, como mochilas o bolsos de mano, podrán ir en los compartimientos arriba de los asientos, pero las valijas más grandes hay que acomodarlas en alguno de los extremos del coche. Eso sí, al menos en nuestra experiencia nadie toca nada que no le pertenezca, así que no hay inconveniente en dejar todo ahí y pasar al área de asientos a la que se accede a través de una puerta automática que insonoriza el habitáculo.

En cuanto a comodidad, los asientos de segunda clase en los que viajamos resultaron muy confortables, y para un viaje de algo más de 2 horas están más que bien. Tienen tomacorriente para cargar el celular o la computadora y mesita para poder degustar más cómodamente el snack que puedas llevar, o lo que te hayas comprado en alguno de los dos “vagones café” que tiene cada formación. Aunque claro, si lo preferís, en vez de volverte a tu asiento te podés quedar comiendo allí en la barra.

La verdad que el servicio a bordo no me pareció nada caro. Por GPB 14 compramos un sandwich de pavo y un wrap vegetariano, con dos limonadas. No habrá sido un gran almuerzo, pero para tratarse de algo comprado en el tren la calidad era aceptable.

El viaje de Londres a Bruselas en un tren de alta velocidad (llegó a marcar 290 km/h) es corto, pero aún así da tiempo suficiente para relajarse con un buen libro, o distraerse leyendo posts de Ahicito Nomás. Para ello el Eurostar tiene servicio wifi gratuito incluso en los coches de segunda clase, aunque por momentos es deficiente, ya que la señal depende del lugar por el que se esté pasando, con lo cual por momentos es buena y por momentos flaquea. Otra opción es bajarse la APP para acceder al entretenimiento a bordo del Eurostar, con música y películas entre otras cosas; a las que también se puede accceder online por el browser pero que no logré que funcionara bien.

Una muy linda experiencia. En general para viajar dentro de Europa me gusta el tren, porque allá realmente funciona de lujo, sale y te deja en el centro de la ciudad haciendo mucho más fácil el traslado con respecto a un aeropuerto, y no necesitas ir con tanta anticipación como para tomar un vuelo. Al bajar en Bruselas ya no hubo más controles de seguridad ni migratorios, así que sólo nos quedó salir de la estación y comenzar a disfrutar, como también puede hacer todos ustedes.