Archivos Mensuales: octubre 2017

Una breve parada en Gowland, en el Partido de Mercedes, Buenos Aires.

A unos 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires en dirección oeste y con sus 1738 habitantes (según datos del censo 2010), el tranquilo pueblo de Gowland se alza sobre las vías del Ferrocarril Sarmiento, cuyos vagones llegan hasta su estación para conectar sus habitantes con Moreno primero, y la Capital Federal después.

Se trata de una pequeña localidad rural perteneciente al partido de Mercedes, donde una tarde de domingo hicimos un alto para tomar unos mates y sacar algunas fotos a la vera de los rieles.

Los pasos a nivel carecen de barreras (algo poco feliz a la luz de los accidentes ferroviarios que hubo en la provincia durante los últimos meses), pero la estación está bien señalizada: al maquinista le queda bien claro dónde debe frenar la locomotora…

Quizá una de las mayores atracciones para salir por este lugar sea la cervecería artesanal Franz Scheitler, ubicada a algunas cuadras de distancia de la estación, y en la que se elabora esta rica bebida siguiendo la tradicional receta familiar surgida en Munich de la mano de la Reinheitsgebot, la ley de pureza alemana en la fabricación de cerveza instaurada por el rey Guillermo IV en el 1516.

Como solamente abren sus puertas los viernes y sábados no pudimos degustar los productos de Scheitler en su lugar de origen, pero no perdemos las esperanzas de encontrarlos en alguno de los festivales a los que suelen ir en la Provincia de Buenos Aires y allí poder probar una buena cerveza alemana, hecha en Argentina.

Lindero a un paso a nivel, un portón que llama la atención por la cantidad de verde y lo bien cuidado que está, es el de la Estación Experimental Mercedes. En un principio el nombre rememora a ficciones como Los Expedientes Secretos X, o más recientemente a Stranger Things, pero la realidad es mucho más cercana y no tiene nada que ver con seres extraterrestres.

Se trata de una dependencia del Ministerio de Asuntos Agrarios de la provincia, creada en 1948 como vivero forestal y que actualmente se dedica a la experimentación en frutales, como ser la introducción y selección de especies  y variedades; y el control de plagas y enfermedades, entre otros.

Así conocimos el pueblo de Gowland, uno más en la lista de localidades visitadas por Ahicito Nomás. Te invito a pasar por los próximos posts para seguir conociendo juntos la provincia, la Argentina, y por qué no otros países.

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Visita a la Lobería de la Reserva Natural Punta Loma.

Podemos decir que los alrededores de la ciudad de Puerto Madryn presentan asombrosos paisajes naturales que todos deberían tener la oportunidad de conocer. Afortunadamente durante nuestra semana de vacaciones en marzo pasado pudimos alquilar un auto y recorrer bastante de la Península Valdés, famosa por los avistajes de la Ballena Franca Austral. Pero además pudimos escaparnos hacia el otro lado, hacia el sur, donde nos encontramos con la Reserva Natural Punta Loma.

Encarando hacia la zona del Ecocentro y tomando por el acceso de ripio uno pasa primero por la Playa Paraná (donde amerita una parada para sacarle foto al buque hundido), y luego de recorrer aproximadamente un total de 17 kilómetros se llega a la entrada de la lobería.

Esta zona de acantilados se caracteriza por tener presencia de lobos marinos de un pelo durante todo el año, además de hallarse aquí especímenes de cormoranes de cuello negro, de gaviota cocinera y de gaviotines sudamericanos, según constaba en el pintoresco cartel que los guardafauna actualizan a diario.

Desde lo alto del mirador, durante la marea baja se puede observar la colonia de lobos marinos donde, casi arrinconados por el mar, los adultos descansan plácidamente en lo poco de playa que queda, mientras a los más jóvenes se los suele ver jugando con las olas. Casi una clásica postal familiar de veraneo.

En este video el espectáculo natural se aprecia mejor.

Punta Loma es la reserva natural más antigua de Chubut, creada el 6 de enero de 1966 con el fin de preservar el único apostadero permanente de lobo marino de un pelo. Llama la atención entonces que, si bien hay presencia de guardafauna, no se cobre ninguna entrada para colaborar con la mantención del lugar. Esto se debe, según nos explicaron, a la sencilla razón de que no hay personal administrativo; y si bien nosotros lo visitamos en marzo, por lo que pude leer la situación aún sigue igual. Esto afecta de dos formas: en primer lugar el estado del lugar se va deteriorando por falta de mantenimiento; y en segundo lugar no hay guía ni personal especializado que profundice en explicaciones, por lo que la experiencia queda a medias.

Esta misma sensación puede experimentarse cuando uno se interna en el sendero de interpretación de flora, donde los carteles resultan escasos  y escuetos. Se ve que hay mucho esfuerzo a pulmón de los guardafauna para conservar el lugar con los escasos recursos que tienen, y por suerte ya no viven en una casa tan precaria como el primero de ellos.

Ya fuera de la lobería, pero siguiendo algunos kilómetros por el mismo camino de ripio, uno divisa fácilmente al Cerro Avanzado, formación que conserva restos fósiles de ostras y vertebrados marinos. Desde allí mismo se puede bajar hasta el agua, y aunque está realmente fría, aprovechar para refrescar los pies en el mar.

Estando tan cerca de la ciudad, Punta Loma merece una visita de cualquier turista que esté parando en Madryn. Y por supuesto, merece la atención de las autoridades para su correcta conservación, y para que el público pueda aprovechar al máximo de la visita, y conocer más a fondo y a consciencia la naturaleza del lugar.

¡Ojalá así sea cuando vos la visites!

Alojamiento en Valle Fértil, San Juan: El Hotel Rural Luna del Valle.

Al planear el viaje a San Juan y mirar el mapa de la provincia uno nota al instante que, de querer visitar los Parques Ischigualasto (más conocido como Valle de la Luna y del que ya hablamos en el post al que podés acceder haciendo click aquí) y el Parque Talampaya, será recomendable alojarse en un punto cercano a ambos.

En nuestro caso, optamos por parar en Valle Fértil, y dentro de esta ciudad, en el Hotel Rural Luna del Valle.

Ubicado camino al dique, el Hotel Rural está atendido por su dueño Daniel, que es muy cordial y está siempre predispuesto a brindar consejo sobre actividades a realizar en la zona, como así también para solucionar cualquier inconveniente que se te presente durante la estadía.

Las habitaciones están ubicadas al fondo del establecimiento, flanqueando una galería y un pequeño parque que le da un aire realmente rural al lugar. Los cuartos son pequeños, pero no por eso dejan de ser cómodos. Suficiente para descansar un poco entre excursión y excursión, las que suelen ser cansadoras por lo extensas de las distancias que hay que recorrer para llegar.

La limpieza en general es un punto a favor, que compensa lo pequeño del baño.

El Hotel Rural cuenta con un pequeño estacionamiento al que se accede por el pasillo del costado, y tiene también wifi en las habitaciones, algo muy raro de encontrar en la zona. De hecho durante nuestra estadía tuvimos algunos inconvenientes en este sentido, que terminamos solucionando avisándole a Daniel para que reseteara el modem, o bien, aprovechando el wifi del salón delantero, donde funcionaba bastante bien.

En el salón del frente es donde se toma el desayuno también. No estoy seguro de si fue por alojarnos fuera de temporada, o si lo tienen como algo habitual, pero el desayuno tuvo la particularidad de que lo pedíamos el día anterior, para la hora en que lo quisiéramos. Algo muy práctico considerando que a veces para llegar a alguna excursión hay que levantarse bien temprano.

La curiosidad del desayuno era la mermelada de alcayota, que resultó rica aunque fibrosa, como así también el pan con chicharrón. Además había la tradicional manteca para untar al pan, y algo de fiambre para armar sandwichitos. Todo servido individualmente en la mesa correspondiente.

Sin lujos, el Hotel Rural Luna del Valle hace honor a su nombre y es una buena opción para alojarse en esta zona.

Oktoberfest München: La verdadera y original Fiesta de la Cerveza.

Durante mi viaje a Alemania en septiembre de 2016 hice una rápida pasada por la hermosa ciudad de München, en el sur del país germano. Tan rápida fue que no pude tomar mucho material para el blog, ya que estuve una sola noche alojado allí en el Wombat Hostel, noche que resultó ser lluviosa y poco apta para salir a caminar la ciudad y sacar fotos.

Esta pasada tenía dos motivos, ambos relacionados entre sí. En realidad fue la escala intermedia para encontrarme con un amigo que estaba parando en un pueblo cercano a la ciudad, pero además me acerqué hasta allí para vivir la fiesta popular más importante de Alemania: la famosa Oktoberfest.

Si bien en la actualidad se lleva a cabo durante el mes de septiembre, la fiesta debe su nombre a los festejos por el casamiento de la princesa Teresa de Sachsen-Hildburghausen con el príncipe Luis de Bayern, en 1810. En ese entonces la fiesta comenzó el 12 de octubre y terminó el 17 de aquel mes con una carrera de caballos. Esta tradición se repitió luego año a año, pero con el tiempo se trasladó al mes de septiembre que tiene mejor clima y permite aprovecharla mejor. Sin embargo, hasta el día de hoy el último fin de semana de la Oktoberfest cae siempre en su mes original: octubre.

Ahora supongo que más de uno estará imaginándose la Oktoberfest de Villa General Belgrano, en Córdoba. A todos ellos debo decirles que no, la versión original de München no tiene nada que ver con la local. Comparten por supuesto el alma de la fiesta: la cerveza; pero la alemana tiene encima toda la tradición arraigada en la cultura germana. El predio de Munich es realmente enorme, y allí se puede encontrar gente de todas las edades (mayores de edad por supueto, aunque los menores pueden entrar y permanecer acompañados hasta las 8 pm), y lejos del descontrol característico del evento cordobés, aquí reina un clima amistoso y de festejo, donde los asistentes suelen estar con ropas típicas de la región y entonan canciones típicas también mientras beben cerveza en cantidades imposibles para cualquier argentino (o casi cualquiera).

Aquí les dejo un video donde se puede apreciar el clima que se vive en München.

El predio en sí está divido en varias carpas donde se puede entrar y consumir tanto cerveza (obvio) como así también platos típicos. Nosotros estuvimos en la carpa de Armbrustschützen donde la bebida que servían era Paulaner y venía en enormes chopps que, cuando están llenos, cuesta levantar con una sola mano. Para cenar probamos el pollo con una excelente ensalada de papas que, en Alemania, les puedo asegurar que tiene un gusto muy especial. Cuando estén por allá recuerden lo que les digo y pídense una Kartoffelsalat!

Claro que las meseras ya están acostumbradas y no tienen drama en llevar los chopps de un lado para el otro, o mejor dicho, uno arriba del otro…

Y otra cosa que se puede degustar son los típicos Pretzel.

Todo al son de la banda.

Una linda experiencia para vivir cuando uno visita el sur de Alemania en estas épocas. Un punto interesante es que la entrada al predio (y hasta a las carpas) es gratuita, y se abona lo que uno consume. Eso sí, es conveniente reservar con anticipación el lugar, ya que aunque se puede ir sin preaviso, el acceso a las carpas se permite hasta que se agota la capacidad de gente. Y con la enorme concurrencia que hay, esto puede darse incluso en horas de la mañana.

Un dato no menor: la fiesta de este año ya pasó, pero la del 2018 ya tiene fecha: arranca el 22 de septiembre y termina el 7 de octubre. Así que si estás planeando viajar a Alemania y te gusta la cerveza, andá marcando estos días en el calendario.

Hay aún mucho para compartir sobre lo que fue la Oktoberfest 2016, así que próximamente el post con todas las fotos que no entraron en este!

Una tarde en Suipacha, Buenos Aires, la ciudad en medio de la Ruta del Queso.

Al oeste de la capital federal la ciudad de Suipacha es una buena alternativa para tomarse el día y escaparse del bullicio de Buenos Aires para bajar algún cambio y degustar cosas ricas. Cabecera del partido que lleva su mismo nombre, se accede a través del Acceso Oeste y empalmando luego con la ruta 5.

Como pasa en general con las localidades del interior de la provincia, Suipacha es una ciudad tranquila, donde seguir con el aceleramiento habitual capitalino queda francamente desubicado. En el centro la plaza es muy linda y está en excelentes condiciones, tanto de mantenimiento como de limpieza.

Una verdadera particularidad: la ubicación de las luminarias (ojo al caminar si vas whatsappeando con el celular!!)

Frente a la plaza se puede visitar la iglesia.

 Y otra curiosidad: una pequeña capilla, también frente a la plaza, pero a media cuadra de la iglesia principal.

Además de ser linda y tranquila para recorrer durante un domingo de sol, la ciudad de Suipacha tiene un atractivo puntual. La Ruta del Queso es una iniciativa que llevan adelante desde hace algunos años varios productores de la zona para crear un paseo de mini turismo de fin de semana mostrando lo que producen y cómo lo hacen.

El grupo lo integran fábricas de quesos, plantaciones de arándanos y criaderos de jabalíes principalmente, y todos ellos abren sus puertas para que los turistas puedan visitar las intalaciones, ver cómo se trabaja, degustar los productos  y, por supuesto, quién guste podrá llevarse algún rico recuerdo a su casa.

Hay varios recorridos que se pueden hacer, con diferentes opciones y precios, de acuerdo al interés y gusto de cada uno. En este link de la web de La Ruta del Queso tenés detalladas las opciones y sus precios, aunque también podés contactarte y organizar una visita guiada por diferentes establecimientos.

Por nuestro lado no hicimos la ruta del queso en sí, pero sabiendo de la fama del lugar, antes de salir de nuevo a la ruta paramos en un local regional y nos hicimos de algunos lácteos para la cena con picada entre amigos.

Una propuesta diferente para aprovechar un día soleado de fin de semana fuera de la ciudad. Para tenerla en cuenta!