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Humahuaca, Jujuy: La capital de la Quebrada.

Quizá por darle nombre a la quebrada más famosa del país, o quizá por haber sido la cuna del reconocido folklorista Ricardo Vilca, la ciudad de Humahuaca es una de las más conocidas de la República Argentina y uno de sus destinos turísticos por excelencia. Es sabido: si uno viaja al NOA tiene que pasar por aquí.

Ubicada a poco más de 100 km de la capital San Salvador de Jujuy, Humahuaca es una ciudad tranquila, de calles empedradas y casas de adobe. Allí, la hospitalidad de sus habitantes transmite una paz especial, muy característica de la zona norte de nuestro país, ahí donde todo parece moverse en cámara lenta, aunque a la vez al compararla con otros pueblos de la zona uno nota rápidamente cierto “aire a ciudad” que la caracteriza.

Frente a la plaza principal se encuentran, por un lado la catedral construida en 1631 con paredes de adobe y su altar tallado en madera de cardón y laminado en oro de 22 kilates. En su interior hay obras pertenecientes a la Escuela Cuzqueña. Frente a ella, cruzando la plaza, se alza el cabildo que es bastante nuevo: data de 1940 y su mayor atractivo es el reloj que marca la salida de la figura de San Francisco Solano, quién bendice a los presentes. Este es un espectáculo que congrega gran cantidad de gente alrededor del edificio.

 

Pero lo más característico de Humahuaca es, por supuesto, el Monumento a los Héroes de la Independencia, coronado en lo alto de la escalinata por la imponente escultura del cacique Viltipoco, poderoso referente indígena de aquella época en la que se libraron sobre suelo humahuaqueño al menos unas 14 batallas por la independencia argentina. Así, desde lo alto el cacique parece instar por ir en búsqueda de la preciada libertad.

Sin ir más lejos, a un costado del monumento se puede apreciar aún la Torre de Santa Bárbara, lo único que queda de la iglesia que el General Belgrano supiera utilizar como mirador y que fuera destruida en 1817 durante la Batalla de Humahuaca.

La ciudad cuenta con buena infraestructura para el turismo y en particular recibe mucha gente durante febrero, cuando se celebra el tradicional carnaval norteño, una semana durante la cual se “desentierra al diablo” y se festeja bailando y tomando a más no poder, y pidiéndole a la Pachamama por una buena cosecha para el año que comienza. Sin lugar a dudas la semana más divertida para ir a Humahuaca, pero a la vez la más complicada para mantenerse limpio ya que la celebración incluye que te bañen en harina permanentemente.

Además de conocer los alrededores, donde destacan Iruya (un increíble pueblo colgado de la montaña al que ya regresaré algún día), Yavi (pequeño, de adobe y detenido en el tiempo), y La Quiaca (que mucho no tiene pero es el extremo norte del país y la frontera con Bolivia), en Humahuaca hay buena cantidad de actividades para realizar.

Dentro de la ciudad existen propuestas culturales como ser sus museos, entre los que se cuentan el Museo Arqueológico e Histórico que funciona en el edificio del cabildo, y el Museo Folklórico Regional en el que se puede apreciar cómo es la vida típica de un habitante de la Quebrada a través de la exhibición de herramientas, instrumentos musicales y elementos de cocina. Pero un punto interesante es el centro cultural Casa del Tantanakuy, que cuenta con un cine para la proyección de documentales, entre otras actividades y que hasta incluye algunas habitaciones para alojar visitantes. Cuando la visité, hace muchos años atrás, era conocida como “la casa de Jaime Torres” (ya que era el presidente de la asociación civil que allí funciona) y pude ver el impresionante y documental de Ulises de la Orden: Río Arriba.

Y obviamente también hay actividades para realizar al aire libre con los imponentes paisajes que la Naturaleza nos regala en esta zona del país. En nuestra última visita, en julio de 2018, queríamos conocer el Hornocal, la montaña de los 14 colores que se hizo famosa por la película de Brandoni y Francella “Mi Obra Maestra”, pero que hace unos años atrás casi no se conocía. Nos quedamos con las ganas, sin embargo, porque caímos un 9 de julio y las calles estaban cortadas por los festejos de la independencia, así que nos fue imposible llegar.

Humahuaca es un símbolo del norte argentino y hay que conocerlo. Para llegar habrá que conducir por la Ruta Nacional 9 a lo largo de la quebrada homónima, donde se disfrutan paisajes increíbles y hay cantidad de pueblos donde parar a conocer.

Todos los posts sobre la Quebrada de Humahuaca los encontrás en este link.

 

Maimará, Jujuy: Un hermoso pueblo “escondido” en la Quebrada de Humahuaca.

“Los turistas pasan por la ruta desde Purmamarca hasta Tilcara y no se detienen” era la queja constante que se podía escuchar en Maimará durante mi primer visita al NOA. Los habitantes del pueblo cuyo nombre en lengua indígena significa “estrella que cae” tenían razón: Por la RN9 que recorre la Quebrada de Humahuaca en aquella zona del país, los autos pasaban por el costado del pueblo a gran velocidad, en dirección hacia la vecina (y super promocionada) Tilcara, a sólo 7 km de distancia; o quizá hacia la también hiper conocida Humahuaca, sin prestar ninguna atención al desvío que se abre hacia la derecha.

La verdad es que yo tampoco hubiera reparado en esta localidad de no ser por una eventualidad de aquél viaje, en el que terminé intoxicado durante mi estadía en Purmamarca, pueblo que apenas cuenta con una sala de primeros auxilios. Hubo que agarrar el auto y trasladarme varios kilómetros hasta Maimará, donde se encuentra el hospital público que da servicios en la zona y que, hay que decirlo, al menos en aquellos tiempos tenía una atención excelente. Así descubrí este lugar que me sorprendió no sólo por su excelente centro de salud, sino por la belleza que escondía. Era claro que tendría que volver.

Maimará es un pueblo que no goza de los beneficios del marketing que tienen sus vecinos pero que bien merece una visita. Es opción para pasar unas horas conociendo el pueblo y quizá realizando alguna caminata, pero también puede ser una alternativa para alojarse con precios más económicos que en Tilcara, como hicimos nosotros. Eso sí, en ese caso hay que tener en cuenta que, si bien tiene fuertes aspiraciones, aún no es una localidad turística en sí misma, y que todavía depende de su vecina en cuanto a infraestructura: desde llevar la ropa a la lavandería hasta salir a comer afuera requerirán agarrar el auto y salir a la ruta.

Sin embargo, dejando estos detalles de lado, Maimará es un punto ideal para todo aquél que quiera algo de paz. Es un pueblo tranquilo y muy silencioso, donde todo parece darse en cámara lenta, y que invita a recorrerlo a pie para admirar su arquitectura colonial, y por supuesto, los asombrosos colores de la montaña que tiene justo en frente.

El mirador del Monolito, al que se accede desde la ruta 9 en las afueras del pueblo, es un punto ideal desde el que se puede apreciar la “Paleta del Pintor”, como se le llama localmente a este tramo de la ladera que parece pintado a mano. Pero la belleza de estos colores también puede apreciarse desde la vieja ruta (que hoy es la avenida principal del pueblo) y es el mayor atractivo del lugar.

Quienes quieran algo de aventura podrán realizar una caminata por los alrededores hasta llegar al Puente Natural, una formación geológica con forma de puente creada por años de erosión. O bien si se animan a cruzar al Río Grande podrán tener una hermosa imagen panorámica del pueblo.

Un atractivo diferente se levanta al costado de uno de los tres accesos al pueblo, rodeando un cerro. Se trata ni más ni menos que del cementerio de Maimará, que llama la atención incluso desde la ruta por sus bóvedas y su curiosa arquitectura de comienzos del siglo XX. Según dicen, es una de las necrópolis más interesantes de la Quebrada, donde destacan también las coloridas flores que le pelean al paso del tiempo y parecen siempre nuevas gracias a un proceso de desecación.

Un pueblo pequeño y sereno, rodeado de unos paisajes impresionantes, que bien vale la pena para realizar una parada en nuestro recorrido por la majestuosa Quebrada de Humahuaca.