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El Parque Nativo de Potrero de los Funes.

Ubicado en la orilla del Embalse Potrero de los Funes, el Parque Nativo cuenta con unas 7 hectáreas de terreno al aire libre ideales para que el visitante pueda disfrutar de un día de sol en familia o con amigos, rodeado del marco de belleza natural que esta ciudad puntana tiene para ofrecer.

El verde de la vegetación queda cortado únicamente por las sierras detrás y el agua del embalse delante. Dentro de los límites del parque se encuentra el mirador de Potrero de los Funes, desde donde se puede obtener una vista panorámica del lugar, incluido el hotel internacional ubicado justo cruzando el lago artificial.

Son varias las actividades que se pueden hacer en parque. Para ir con chicos es ideal: espacio amplio para que corran sin peligro y hasta un área de juegos donde van a poder pasar el tiempo. Los más grandes pueden alquilar botes para salir a pasear por el lago. Y por supuesto, donde hay agua, hay pescadores, que también podrán encontrar algún hueco para llegarse hasta la orilla y tirar la caña.

Y obviamente, si hay argentinos hay asado, y por lo tanto el Parque Nativo no podía no tener parrillas donde prepararlo. Los quinchos, individuales y distribuidos por varios lugares, se ven muy lindos y cómodos para alojar una familia tipo de 4 personas.

Y la particularidad (en mi estricta opinión personal, un detalle que está absolutamente demás porque desentona con el hermoso entorno natural): a metros del lago, un marco rosa gigante con el logo de la oficina de turismo de la provincia, que pretende darle un toque distintivo a la foto del recuerdo, tal vez para que con los años no te quepa duda de en dónde la tomaste.

Más allá de eso, el parque está muy cuidado y limpio. Para acceder a él habrá que cruzar la Av. del Circuito, lo cual puede hacerse por el acceso al hotel internacional (y luego retomar por el camino que avanza entre el embalse y el circuito), o cruzar por debajo de la pista de carreras por un angosto túnel ubicado unas cuadras más adelante.

La Carolina, San Luis: El pueblo de la mina de oro

En dirección norte a través de la Ruta Provincial 9, a unos 70 km de la localidad de Potrero de los Funes (donde estábamos alojándonos), y a 80 km de la ciudad capital San Luis, el viajero se encuentra con un pintoresco, muy pequeño y tranquilo pueblo que parece haber sido construido con piedra en su totalidad.

Se trata de La Carolina, nombre que le dió en honor al rey Carlos III de España el virrey Sobremonte en el año 1794, por aquél entonces gobernador intendente de Córdoba del Tucumán. Anteriormente el lugar respondía a la denominación de San Antonio de las Invernadas.

Así de tranquilo como se lo ve hoy, prácticamante sin gente a la vista por sus calles, La Carolina supo ser el epicentro de la llamada “fiebre del oro” en nuestro país, cuando Don Tomás Lucero halló oro en el lugar y la noticia se esparció de tal forma que pronto llegaron compañías europeas para dedicarse a la extracción del preciado metal. El éxito del emplazamiento fue momentáneo, y duró lo que tardaron en consumirse las vetas, que al agotarse provocaron el abandono de la mina, y del pueblo completo.

Hoy es una localidad que el turista puede visitar con el objetivo de relajarse y disfrutar de la paz absoluta del pueblo, o con la intención de adentrarse en su historia y, particularmente, en la mina de oro que puede visitarse en una excursión guiada. Ingresar por tu cuenta no solamente no es recomendable (ya que adentro puede ser peligroso para aquél que no conoce ni tiene los elementos necesarios para manejarse en las entrañas de la Tierra) sino que además resultará imposible ya que el paso está vedado por una reja.

La excursión al interior de la mina dura alrededor de 1 hora y se puede contratar en el bar Huellas, ubicado en la calle 16 de Julio casi en el extremo del pueblo, en dirección al acceso a la mina de oro. Desde allí salen grupos equipados con todo lo necesario (casco, linternas, etc.) en una caminata que, si bien entra en la montaña unos 300 metros, es de baja dificultad y apta para toda la familia.

En el camino desde el bar hasta la mina se pasará por otro de los puntos de interés turístico de La Carolina: el Museo de la Poesía, establecido en la casa que perteneciera al célebre poeta y filósofo del pueblo, Juan Lafinur. Allí se exhibe parte de su obra, como así también de otros reconocidos poetas.

Para quienes tengan tiempo e interés en los sitios arqueológicos, cerca de La Carolina se encuentran las Cuevas de Inti Huasi, una caverna que estuvo ocupada por los primeros grupos nómades de la región, hace unos 8000 años atrás. Y aún más cerca, para los amantes del campo y del trekking se encuentra la Reserva de Llamas Antu Ruca, donde se puede observar la naturaleza de cerca e incluso realizar caminatas como la del Cerro Pelado.

O simplemente uno puede quedarse en el pueblo a disfrutar de su tranquilidad absoluta e intentar imaginar cómo sería todo aquello en medio de las corridas por conseguir una tan ansiada pepita de oro.