Archivo de la categoría: Argentina

Paseamos por Pasos Malos y el Mirador del Peñón Colorado, en Merlo.

El paraje Pasos Malos se ubica en el extremo noreste de la Villa de Merlo, ya alejado del pueblo  y casi sobre el límite con la provincia de Córdoba. Por allí corre el río Pïedras Blancas, el mismo que encontramos en la Reserva Natural El Viejo Molino de la que ya hablamos en un post anterior, que con su agua cristalina invita a pasar el día.

Se trata de un lugar ideal para despejarse del barullo de la ciudad y relajarse con una vianda en la mochila y, por supuesto, el termo para unos buenos mates. Allí el agua corre sobre las rocas por las que uno puede treparse hasta encontrar un punto donde sentarse a, simplemente disfrutar.

Por supuesto que habrá que moverse con cuidado para evitar resbalarse; de hecho el nombre del lugar habla por sí solo. Pero un poco de atención bien vale la pena porque subiendo se pueden obtener unas lindas imágenes panorámicas de Merlo.

Para llegar hasta aquí se debe tomar el Circuito Pasos Malos que nace en la Avenida Dos Venados, y manejar unos kilómetros en subida, por un camino asfaltado muy bien mantenido. El acceso es libre y gratuito, salvo el estacionamiento que es pago, pero a voluntad. Remontando el río a pie (aunque es aconsejable realizarlo con un guía) luego de una no muy larga caminata se puede llegar hasta la Cascada Olvidada de unos 15 metros de altura. En el camino iremos encontrando pozos de agua ideales para refrescarse en verano.

Un detalle no menos importante es el hecho de que Paso Malos es conocido también por ser uno de los corredores gastronómicos más importantes de Merlo, y eso no es por los sandwichitos que te podés llevar en la mochila para comer en el río, sino por la cantidad de restaurantes y parrillas que hay en el camino, casi todas ellas con la particularidad de pertenecer a la familia Godoy (o al menos llevar su nombre).

En nuestro caso frenamos a mitad de camino en No Tire Godoy, que debe su particular nombre a una historia también muy particular. Por largos años las dos familias se venían disputando una parte del terreno; por un lado estaban los Romero y por el otro los Godoy. Mientras que durante el día los de un lado instalaban la alambrada, por la noche los del otro bando la sacaban. Tanta atención tuvo esta pelea que llamó la atención de los medios de comunicación, y no faltó el momento en que los intrusos fueron corridos a escopetazos, a los cuales respondió a los gritos un reconocido periodista “No tire Godoy, yo no soy Romero, soy de la tele!”.

Igualmente la anécdota es únicamente ilustrativa. No así lo que se come en No Tire Godoy, que realmente no tiene desperdicio. Totalmente recomendable alguna de sus especialidades. En mi caso probé el chivo al disco y era un manjar.

A la hora de emprender el regreso una opción es tomar un desvío en el camino (más o menos a la altura de No Tire Godoy) y enfilar hacia el Mirador del Peñon Colorado, una elevación en el terreno desde la cual se tiene una vista panorámica de 360°. Para ello habrá que dejar el auto estacionado sobre el camino de tierra y emprender una corta caminata en ascenso por un sendero peatonal que se introduce entre la vegetación hasta llegar a un monolito que marca el punto del mirador.

Un buen paseo para aprovechar un día de sol veraniego, seguramente la mejor época para hacerlo ya que el río tiene más caudal y se puede aprovechar para un buen chapuzón.

 

Qué hacer y visitar en Tilcara, Jujuy.

Ubicada en el norte argentino sobre la Ruta Nacional 9, la ciudad de Tilcara es una de las localidades más conocidas y turísticas de la hermosa Quebrada de Humahuaca, y sin dudas un punto donde habrá que detenerse cuando uno está de viaje por estas latitudes.

Con una población que supera los 6000 habitantes Tilcara es toda una ciudad y un imán para la actividad turística en el NOA. La belleza de sus paisajes, los diferentes atractivos culturales y turísticos que tiene y la importante infraestructura con la que cuenta para recibir y acomodar visitantes, la convierten en uno de los puntos preferidos para hacer base y recorrer desde allí, no sólo sus puntos de interés, sino los del resto de la zona.

Si hablamos puntualmente de qué conocer en Tilcara, la visita más importante será sin lugar a dudas su pucará, del que ya hablamos en este post al que accedés desde aquí, y que hasta podríamos decir que es más famoso que la ciudad misma. Pero no es lo único interesante para recorrer, ya que a unos 5 kilómetros se encuentra la Garganta del Diablo, una imponente formación geológica que invita a la caminata. Eso sí, lleven gorro, agua y si la hacen después del almuerzo, coman liviano. Y sino, también se pueden acercar en auto.

El centro de la ciudad también tiene un atractivo particular. La plaza es muy linda y hace referencia a una de los mayores festivales que tienen lugar en la ciudad: el Enero Tilcareño, una celebración popular típica de la quebrada donde se concentran conciertos, encuentros de copleros, ferias de artesanías y de gastronomía regional, entre otras actividades que se realizan durante el mes en que, tradicionalmente, los pobladores de la zona elegían a Tilcara para pasar sus vacaciones veraniegas.

Luego del Enero Tilcareño llega el Carnaval, fiesta tradicional en toda la puna que nada tiene que ver con lo que conocemos de Brasil o Gualeguaychu, y que se trata de una semana en la que se “desentierra al Diablo” y se dedica enteramente a festejar. Para cerrar el calendario de celebraciones, en agosto tenemos el culto a la Pachamama (o Madre Tierra).

Protegida por un portón de madera emplazado en el pintoresco arco de entrada, la iglesia Nuestra Señora del Rosario también merece una visita. Construida inicialmente en el año 1797, tan solo en el 1865 se la pudo inaugurar luego de varias refacciones. Con su doble campanario (algo inusual en aquella zona del país), la iglesia fue declarada Monumento Histórico Nacional y alberga en su interior importantes obras de arte entre las que destacan pinturas de la Escuela Cuzqueña, además de los restos del coronel Manuel Alvarez Prado, importante protagonista de las guerras de la independencia.

Para quienes tengan miedo de ir a Tilcara durante las festividades veraniegas les cuento que la ciudad se encuentra a 2465 m.s.n.m. y por tanto, si bien el sol durante el día se siente, se trata de un calor seco mucho más tolerable que el que hace en Buenos Aires en esas épocas; y que durante las noches suele refrescar. Así que la cosa está lejos de ser agobiante y permite una cómoda y muy disfrutable estadía, rodeados de cultura autóctona, tradiciones ancestrales y paisajes memorables. En mi opinión, un destino más que recomendable.

Caminata hasta el Chorro San Ignacio, en Merlo, San Luis.

Una de las excursiones que se pueden hacer cuando uno pasa unos días en la Villa de Merlo, San Luis, es la caminata hasta el Chorro San Ignacio, una pequeña pero pintoresca cascada que cae desde unos 25 metros de altura en medio de las Sierras de los Comechingones.

Para llegar habrá que trasladarse hasta la localidad de Villa Larca, hacia el sur de Merlo por la Ruta Provincial 1, ubicada a unos 20 kilómetros de Los Molles donde nosotros estábamos alojados. El acceso está señalizado sobre la ruta y está asfaltado y en perfecto estado. La frondosa arboleda a los costados y las sierras allá al fondo casi que obligan a frenar en la banquina para sacar una muy linda foto.

El camino desemboca en el camping que por lo que pudimos apreciar cuenta con muy lindas instalaciones. Hay despensa y pileta, además de zonas de recreo con parrillas. Para acceder se cobra entrada, que al momento de nuestra visita en marzo 2019 era de $40 por persona y por auto, es decir que dos personas en un vehículo pagamos un total de $120. Inflación argentina mediante, estos números sirven sólo como referencia, ya que de seguro para la temporada que viene ya habrán quedado viejos.

El trekking en sí es de muy baja dificultad, apto (e incluso ideal) para hacerlo con niños, aún cuando en varios lados haya que cruzar el arroyo pisando sobre las piedras (o seguramente directamente metiendo los pies en el agua cuando hay más caudal). Si bien no hay mucha señalización que digamos, el camino presenta una única bifurcación donde habrá que elegir, con lo cual no podemos perdernos.

Si se sigue de largo, luego de recorrer unos metros más se llegará hasta el Chorro de San Ignacio. Allí el espacio es bastante amplio y permite sentarse en las rocas, disfrutar de la escasa arena que hay o bien, meterse en el agua que, por supuesto, está helada.

Si en cambio en aquella bifurcación caracterizada por una especie de pasamanos fabricado con un tronco, se decide trepar hacia arriba, el camino crecerá apenas en dificultad y luego de unos minutos de recorrerlo siguiendo de cerca el cauce de agua nos llevará hasta la Laguna Milagrosa, que es una olla de agua donde cae un pequeño salto, mucho menos alto que el Chorro.

En la laguna también hay lugar para sentarse en las piedras, y si llegaste hasta allí no podés dejar de refrescarte con el agua fresca. Es un punto ideal para llevarte una vianda y almorzar unos sandwichitos, o sentarte un rato a tomar unos mates y disfrutar de la naturaleza.

El camino sigue ascendiendo y ahora la subida se hace un poco más intensa, en dirección a la Cueva del Indio, que es una roca donde se supone que tiempo atrás encontraron restos de un aborigen de la zona. A falta de señalización formal suponemos que la roca de la foto, identificada con la bandera de los pueblos originarios y una cruz envuelta en trapos, es la famosa cueva.

Lo que sí vale la pena de aquél último ascenso son los paisajes, porque en lo alto de la sierra se tienen unas espectaculares vistas panorámicas. El sendero sigue, y no ha de extrañar que te cruces con algún jinete a caballo transitándolo, pero sin más idea de hacia dónde nos llevaba, y satisfechos con haber encontrado los tres puntos de interés, desde ahí emprendimos el regreso desandando el camino.

Visita obligada en Jujuy: La histórica Posta de Hornillos.

El Noroeste Argentino es una zona del país que, personalmente, me fascina. No solo cuenta con paisajes naturales espectaculares y lugares de ensueño, sino que además allí se respiran tradiciones y cultura autóctonas, que datan de siglos atrás y se experimentan a cada paso que uno da. Pero además de todo eso, hay un condimento más: el NOA está lleno de historia.

Este fue el tercer viaje que hice a la Quebrada de Humahuaca y no puedo explicarles mi profunda sorpresa cuando descubrí que había pasado tantas veces, yendo y viniendo en el auto, por la puerta de un escenario tan importante sin siquiera advertirlo. Sobre la Ruta Nacional 9, camino a Tilcara y a apenas unos kilómetros antes del acceso a Maimará se ubica la Posta de Hornillos, y desde ya les digo que amerita una parada.

Como su nombre lo indica, las “postas” fueron puestos de relevo de las caballadas en las rutas de tránsito, que por supuesto en un país tan extenso como el nuestro tuvieron mucho protagonismo. Incluso antes de la llegada de los europeos, los Incas habían construido importantes vías de comunicación que incluían territorios de nuestro país, y en ellas habían instalado los “tampus” o “tamberías” donde sus mensajeros (llamados Chasquis) podían recuperar fuerzas y hacerse de víveres.

La Posta de Hornillos fue creada por el Visitador de Correos y Postas Alonso Carrio de la Vandera en el año 1772 sobre la ruta que unía el Alto Perú (y su puerto de El Callao, en Lima) con el Virreinato del Río de la Plata (y su puerto de Buenos Aires); y a partir de 1810 se convirtió en destacamento militar ocupado intermitente tanto por el Ejército del Norte como por los ejércitos realistas.

La Quebrada de Humahuaca fue el escenario central de las guerras por la independencia que se extendieron durante 15 años entre 1810 y 1825. Numerosos enfrentamientos se dieron en esta zona del país que cambiaba constantemente de manos, a medida que los españoles avanzaban y los patriotas los repelían y recuperaban territorios. Así es como en estas instalaciones de estilo colonial descansaron realistas como José Manuel Goyeneche, Pedro de Olañeta o José de la Serna; y argentinos de renombre como Juan Jose Castelli, Jose Paz y Martín de Güemes (cuyo museo interactivo visitamos en la ciudad de Salta).

Sin embargo, la figura de mayor importancia que pasó por estas habitaciones fue sin dudas el general Manuel Belgrano, creador del pabellón nacional y líder del Ejército del Norte que defendió la independencia en aquellos parajes recónditos. En la Posta se conserva claramente identificada la cama en la que, se supone, descansó el prócer luego de las victorias obtenidas en Salta y Tucumán.

Hoy La Posta funciona como museo histórico donde uno puede conocer un poco más profundamente las raices de nuestro país, imaginarse un poco más concretamente cómo vivían aquellos hombres que peleaban por nuestra libertad, y observar detalles como la cocina, los muebles de época (muchos traídos desde la Estancia Los Molinos) y los armamentos que utilizaban en las batallas.

Al tratarse de un museo instalado en una posta resulta casi obvio que alguna carreta tiene que haber. De hecho, en tiempos de paz, Jujuy era el punto terminal en donde se reemplazaban las carretas por mulas para el transporte de cargas que se dirigían hacia el Alto Perú. Sin embargo no solo de carretas se habla en este lugar, sino que también se hace referencia al ferrocarril y cómo su llegada hasta La Quiaca en 1908 cambiará la vida en estas zonas alejadas, determinando la creación de nuevos pueblos y asentamientos a lo largo de la quebrada.

Separada unos cuantos metros de la construcción principal (tanto que no es visible detrás del denso follaje, aunque sí se ve desde la ruta) dentro del predio de la Posta se halla la Iglesia de Hornillos, que aunque permanece cerrada si uno mira por la rendija que queda en la puerta puede notar que aún está amoblada y equipada con las imágenes correspondientes. Estando allí uno no puede no preguntarse si Belgrano, o cualquier otro soldado de la época, no se habrá arrodillado ante ese altar para agradecer un triunfo, o incluso, para pedir la bendición de la virgen ante la inminencia de un combate.

Al momento de nuestra visita, en julio de 2018, la entrada al museo costaba $20 por persona. Incluso en aquél momento era NADA. Y está muy bien cuidado, con cartelería que te va ilustrando a medida que avanzás. Así que no hay excusa válida, cuando pases por la puerta, una parada en la Posta de Hornillos es obligada.

Alojamiento en Potrero de los Funes, San Luis: Las Cabañas Estación Potreros

El nombre hace honor y referencia a su singular fachada: una réplica de vagón de tren hecha en madera y bajo un tinglado que recuerda la vieja arquitectura de las estaciones terminales ferroviarias marca inequívocamente que llegaste a Estación Potreros, el complejo de cabañas donde pasamos una semana en Potrero de los Funes, San Luis.

Las cabañas son muy lindas, con una amplia cocina comedor que cuenta con un living incorporado. La cocina está bien equipada con implementos y utensillos para cuatro personas, con la salvedad de que la mayoría de los vasos, tazas y platos son de plástico.

Las habitaciones, por el contrario, son bastante pequeñas y terminan resultando ajustadas. En la matrimonial apenas entran la cama de dos plazas y un pequeño ropero; y no hay espacio suficiente para dejar las valijas, por lo que en nuestro caso utilizamos la segunda habitación como guardarropa. Ese segundo cuarto tiene tres camas marineras, por lo que en sí la cabaña está prearada para alojar a cinco personas, pero sinceramente creo que en ese caso resultará chica, y por tanto algo incómoda.

Lo que sí está muy bien pensando son las mesitas de luz, que no son más que una tabla adosada a la pared, a cada lado de la cama, sobre la cual están las lámparas y que, en la cara de abajo cuenta con un toma corriente, ideal para cargar el celular durante la noche. Eso sí, los tomas son un tema. La verdad es que escasean en toda la cabaña, especialmente para la cantidad de artefactos electrónicos que un viajero acarrea hoy en día (y más si la que viaja es la familia completa), así que será importante no olvidarse de poner en la valija al menos una zapatilla, para poder distribuir mejor la carga de baterías.

El baño sí es de tamaño aceptable y permitirá moverse con comodidad. La ducha es un espectáculo, y te proveen jabón en pan, adicional al jabón líquido que está dispuesto para el lavabo. En cuanto a las toallas, el punto fuerte es que se renuevan día por medio, algo poco común en el servicio de cabañas, y más habitual en un hotel propiamente dicho.

Un punto fuerte, al menos de la cabaña que alquilamos nosotros, es la parrilla de uso exclusivo. La intensa lluvia que nos acompañó durante toda la semana nos dejó con las ganas de probarla, pero está ahí a disposición, en la cochera techada que hay al lado de la cabaña. La cochera en sí es pequeña, y se ingresa por un pasillo angosto que obliga a maniobrar con mucho cuidado (un vehículo grande, de hecho, no podrá estacionar en este lugar).

El parque, compartido por todas las cabañas, está muy bien mantenido y si hubiéramos tenido días de sol habría sido ideal para tomar un mate con facturas o leer un buen libro. Ovbiamente no pudimos aprovecharla tampoco, pero la piscina se veía muy linda. De seguro en verano es tentadora.

En cuanto a comodidades adicionales las cabañas cuentan con servicio de televisión por satélite y wifi, aunque este último anda de forma intermitente. Para calefaccionar hay estufa a gas, mientras que para el verano el living tiene aire acondicionado fijado en modo frío. Los cuartos de por sí son bastante calurosos, pero equipados con ventiladores para pasar la noche, aunque sea en el mes de marzo, estuvo más que bien.

Ubicada en una calle cortada, pero a metros nomás del Circuito de Potreros de los Funes, Estación Potreros es una buena opción en caso de querer pasar una pequeña estadía conociendo esta ciudad puntana.