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Conducimos por la Ruta Nacional 68 para conocer las formaciones de La Quebrada de las Conchas.

Argentina en general, y el noroeste de nuestro país en particular, tienen una gran diversidad de paisajes naturales que fascinan cada uno de los sentidos. Uno de ellos está ubicado en la provincia de Salta, entre la ciudad capital y la localidad de Cafayate. Homónima al río que la circunda, la Quebrada de las Conchas se extiende por aproximadamente 85 kilómetros a la vera de la Ruta Nacional 68, lo que la hace muy accesible.

A lo largo del recorrido el paisaje dominado por piedra de color rojizo es de por sí imponente, pero la cercanía de la ruta con las altas montañas hace que cada tanto el visitante pueda adentrarse incluso en el corazón de las mismas y con tan solo apearse del vehículo y caminar unos metros, conocer formaciones asombrosas que en otros lugares no están tan accesibles.

Si bien hay excursiones que visitan la Quebrada y sus geoformas, desde mi punto de vista lo más recomendable es siempre hacer el recorrido en vehículo propio. Siempre se podrá alquilar un auto, como hicimos nosotros, pero esto evitará estar atados a un itinerario con horario fijo, y por tanto podremos parar en donde queramos y pasar allí el tiempo que consideremos necesario, sin que nadie nos apure para sacar la foto.

Eso sí, las geoformas a lo largo de la RN 68 son muchas, así que habrá que estar dispuesto a parar varias veces en el camino, e incluso si uno está acotado de tiempos será recomendable elegir cuáles interesa visitar.

Tanto la Garganta del Diablo como El Anfiteatro, que son de las primeras formaciones que encontramos si venimos desde Salta, luego de pasar Alemanía con dirección a Cafayate, son los IMPERDIBLES. Ambas se generaron por erosión, cuando hace millones de años por allí pasaba un curso de agua que generaba cascadas en estos puntos.

Para llegar a lo más profundo de la Garganta del Diablo habrá que trepar un paredón de piedra donde un cartel prohíbe el paso en ojotas. Recomendación nada despreciable ya que la roca es resbalosa y habrá que subir con cuidado, afirmando bien los pies y manos en los huecos que presenta, y probablemente recibiendo una mano de algún amigo que ya haya logrado un punto más alto.

En el Anfiteatro, en cambio, olvídense de escalar nada. Aquí déjense sorprender por el inmenso hueco formado en la montaña por la sabia naturaleza y la experiencia de estar parado justo en su centro. O mas bien cierren los ojos y disfruten la increíble acústica de este lugar, que junto a su forma circular le vale el nombre, y que no necesita de micrófonos ni amplificadores para ser sencillamente perfecta.

Siempre hay alguien con un instrumento a mano y dispuesto a hacerte experimentar la magia de ese sonido, que se escucha claro y nítido en todos lados, como esta pareja de la foto que cantaba desde el otro lado del anfiteatro y se los escuchaba como si estuvieran al lado.

Pensar que este lugar sirvió de escenario natural para conciertos de grandes artistas consagrados, como Mercedes Sosa…

La siguiente parada obligada será el Mirador Tres Cruces, donde el valle se abre ante nuestros ojos y nos da la imagen que pueden ver arriba de estas palabras. Aquí se rojo de las montañas se combina con el verde de la vegetación, alimentada por el río que corre allá abajo. Para obtener esta vista habrá que estacionar el auto y subir por una escalinata construida en la piedra.

De aquí en más, las formaciones no entran dentro de lo que yo considero como “los imperdibles de la quebrada”, pero estando tan a mano desde la ruta (al punto que ni siquiera tenés que bajar del auto si no querés), bien valen una breve parada en el camino. En orden de aparición, siempre en dirección a Cafayate, están El Sapo, El Fraile, Casa de Loros, El Obelisco, Las Ventanas y Los Castillos, además de alguna que otra que por ahí me pasé de largo, o bien, que tu imaginación pueda inventar con el correr de los kilómetros.

El obelisco está muy claro, justo frente a una curva de la RN 68, pero al fraile habrá que esforzarse con la vista para buscarlo e identificarlo contra la piedra.

Para lo último, y ya prácticamente en la entrada a Cafayate, están Los Médanos, que ya en algún momento les mostraré.

La visita a la Quebrada de las Conchas es una excelente forma de pasar el día, conociendo la belleza de estos paisajes que la naturaleza nos regala. Y si estás yendo de viaje, te aseguro que nunca habrás tenido una ruta más divertida que esta, aunque claro, tendrás que sumarle varias horas al tiempo de tránsito que te marque el GPS antes de iniciar la travesía.

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Alojamiento de categoría en Cafayate, Salta: El Hotel Portal del Santo.

Casi donde termina el casco urbano de la ciudad de Cafayate y comienza el verde del campo se alza un imponente edificio blanco con aberturas de madera, fácilmente identificable por el solemne aspecto que le dan las columnas que enmarcan su galería. Se trata del hotel Portal del Santo, un excelente 3 estrellas familiar que destaca por la calidad de sus servicios.

Las habitaciones son realmente amplias y muy cómodas, además de contar con todo lo que podés necesitar en tu estadía. En el interior del ropero se encuentra la caja fuerte, y en un rincón junto a la puerta de entrada hay una especia de “área de cocina” equipada con microondas, cafetera y frigobar. Los detalles hacen a las grandes cosas, así que colgadas están las copas y atrás de la cafetera los insumos para prepararte un té.

Y cuando abrís la heladera descubrís gaseosas y cervezas frescas, listas para degustar.

El baño también es amplio, y pegarse una ducha allí después de andar todo el día es un placer aunque sea invierno. Gran parte de esto se debe al detalle del Portal del Santo: el cuarto de baño también está calefaccionado. Cuenta además con secador de pelo, aunque está algo incómodo, ubicado debajo del lavabo.

La puerta de atrás no es únicamente estética para darle más luminosidad a la habitación. Si bien está cerrada con llave, la misma está ahí a mano para poder abrir y salir a la galería de atrás, que da al muy bien mantenido parque, ideal para disfrutar unos mates al atardecer.

Era pleno invierno, pero la piscina daba ganas de meterse. Cuando vaya en verano lo primero que meteré en la valija será el short de baño.

Como se ve en el agua, la limpieza en el Portal del Santo es excelente. Lo mismo ocurre dentro de las habitaciones. Todo muy bien cuidado, lo cual incluye mantener siempre cerrado el portón del fondo por donde se accede a las cocheras. No es por los robos, sino porque si uno lo deja abierto los burros aprovechan para meterse y comerse las plantas.

Que eso sucediera sería un drama, no solo por el aspecto estético, sino porque las mermeladas que se sirven en el desayuno son caseras, y muchas se hacen con la fruta que se saca de esos mismos árboles, entre los que hay romero y quinotos. El desayuno es completo y bien pensado para el turista argentino, con panificados, budines, torta de coco y de Bon o Bon (preparadas por el dueño con sus propias manos) y tostadas para untar con las mermeladas que prepara su madre, entre las que destacan la de malbec, cayote y uva sin semilla).

El lugar está atendido por Cristian, que llegó desde Buenos Aires para ayudar a sus padres con este proyecto. El foco está puesto en el servicio al huesped y eso se nota, y mucho. La atención es excelente y no se limita al hospedaje únicamente, tanto Cristian como su hermano están siempre dispuestos a dar recomendaciones sobre qué lugar visitar, por qué ruta viajar, o a contarte la historia del lugar mientras te calientan el agua para el mate.

Por último, las comodidades del hotel incluyen televisión por cable y wifi, que funciona muy bien para la bajada, aunque es algo lento para la subida a la hora de compartir fotos de las excursiones por ejemplo, siendo este el único punto a mejorar que encontré durante mi estadía.

Portal del Santo es un alojamiento que se disfruta a pleno por sus comodidades, servicio, cordialidad y las amplias áreas verdes. Desde aquí no nos queda más que agradecerles a sus dueños, y saludarlos hasta nuestra próxima visita a Cafayate.

Probamos las deliciosas empanadas de Doña Salta.

Era sabido desde antes que abordáramos el avión ya que un viaje a Salta no es tal si no hay empanadas. Y a la ciudad del caudillo Güemes llegamos con una recomendación que contaba con todos los diplomas: tanto por venir de un salteño, como por tratarse de alguien que sabe de cocina y conoce los secretos de la gastronomía de su tierra. Así que teníamos la consigna de pasar por Doña Salta. Lo hicimos, y Doña Salta no falló.

Ubicado en pleno centro histórico de la ciudad, a la vuelta de la plaza principal, al 46 de la calle Córdoba, este restaurant se especializa en platos regionales, los cuales son servidos en un ambiente muy cálido, y con una atención bien cuidada por sus mozos. En nuestro caso llegamos temprano, apenas después de las 20 horas, con lo cual pudimos elegir dónde sentarnos sin problemas, pero con el correr de los minutos el lugar se llenó. Día de semana y aun fuera de temporada (las vacaciones de  invierno recién comenzaban la semana siguiente) daba muestras de lo concurrido del lugar.

Muy buenos comentarios habíamos recibido de sus clásicas empanadas salteñas, así que esa fue nuestra entrada. Se pueden elegir de carne y jamón y queso, pero la oferta tiene algunas variantes interesantes, como ser las de charqui de los Valles Calchaquíes (caracterizadas por su “carne deshilachada”, y las de queso, que son simplemente increíbles. No podés dejar de pedirlas, porque no se parecen a ninguna otra empanada de queso que hayas probado antes. Pero para ser justos, no importa el sabor que elijas, pequeñas pero muy ricas, las empanadas de Doña Salta no defraudan. Perfectamente el programa podría ser cenar una docena de ellas.

Los platos fuertes fueron una cazuela de cabrito y un guiso de mondongo. Ambos excelentes (el guiso para los que les guste el mondongo, por supuesto, lo cual no es mi caso). Claro que la cazuela resulta algo difícil de comer, ya que con tanto líquido se dificulta pelar los huesitos del cabrito. Por suerte el mozo me había dejado un plato para ir depositando los huesos, que además de cumplir su función sirvió para maniobrar con el cuchillo de forma más efectiva (y menos peligrosa para el resto de los comensales).

Para el postre también optamos por un clásico local. El turrón salteño es  una especie de milhojas con poco dulce de leche y merengue, hecho con miel de caña, y es delicioso.

Doña Salta es un excelente lugar para comer. Y los precios son accesibles. En nuestro caso, por una cena con entrada, postre y vino, para dos personas gastamos $800, a valores de julio 2018. El único detalle negativo es que no ofrecen cafetería, así que si pensabas pedirte un cortado para bajar todo lo que comiste, vas a tener que tomarlo en otro lugar.

Salta desde lo alto: El Cerro San Bernardo y su teleférico.

La ciudad de Salta, capital de intendencia en la época virreinal y actual capital de la provincia homónima, es quizá la ciudad más importante del noroeste argentino. Acertadamente apodada “la linda”, tiene un casco histórico de tinte colonial en el que destacan el cabildo (en refacciones durante el período de nuestra visita) y su catedral. Pero además de caminar por el centro y visitar alguno de los tantos museos que tiene, a Salta se la puede conocer desde el aire.

Para ello habrá que acercarse hasta el Parque San Martín, donde está emplazada la estación del teleférico, a los pies del Cerro San Bernardo. Inaugurado en 1988, sus coches colgantes recorren los poco más de 1000 metros hasta la cima en aproximadamente 10 minutos y te permiten una vista de la ciudad como la de las fotos.

El día que subimos estaba muy nublado, pero por suerte no llovió y bien abrigados se pudo disfrutar igual.

Por supuesto que la principal atracción son los miradores. Hay uno tirado hacia el costado derecho, junto al kiosko / bar donde uno puede sentarse y tomar un desayuno o seguramente también un almuerzo rápido. Eso sí, bastante caro.

El mirador central es el que mejor vista tiene. Justo sobre él pasa el teleférico propiamente dicho, y cuanta con una amplia explanada ideal para subir los días de sol. Desde allí se puede observar una buena panorámica de la ciudad.

Y obviamente se puede hacer zoom, todo lo que quieras (o puedas).

Para los #avgeeks hay un dato particular: desde ese mirador, bien a lo lejos, en el horizonte, se ve una línea recta casi perfectamente alineada con el cerro. Las nubes bajas por ahí te hacen dudar, pero si alzás la cámara y le das zoom ya podés estar seguro: es una pista de aterrizaje. Estás prácticamente alineado con la cabecera 24 del Aeropuerto Internacional de Salta.

Pero el complejo cuenta con otras atracciones, como ser la feria de artesanos ubicada al final de la ruta (la otra forma de acceso a la cima), el anfiteatro que está un poco descuidado, o la cascada artificial, con su sistema de bombeo que logra transportar el agua desde el pie del cerro hasta allí arriba.

También se pensó en los chicos, y este es un punto realmente alto. Alejándose hacia el lado opuesto de los miradores se llega al acceso del Parque Infantil, que está muy bien puesto, con juegos en buen estado y hasta una cabaña en miniatura. Con el frío y la amenaza de lluvia ese día no había niños jugando (aunque los contingentes escolares que cruzamos al bajar seguro lo coparon), pero en un día lindo los chicos tendrán donde entretenerse sin problemas.

Cercano a los juegos, hay también un lugar dedicado a la actividad aeróbica, y algún que otro deportista andaba por allí ejercitando las piernas.

Llega el momento de encaramarse de nuevo en uno de los cochecitos para bajar. Aunque nunca detienen del todo su recorrido, no es difícil hacerlo, aún cuando no haya personal del teleférico para ayudarte (ni indicarte). Sólo hay que tener cierto cuidado al subir y bajar. Una vez arriba, cuando el choche pasa el límite de la zona de embarque, las puertas se cierran automáticamente, y comienza la aventura.

Quienes no quieran subirse, o bien simplemente no estén de acuerdo en pagar el monto del ticket que realmente suena un poco elevado, podrán optar por subir en auto, o incluso caminando. Eso sí, si andan por Salta, no se pierdan la panorámica aérea desde el Cerro San Bernardo, sea como sea que lleguen a su cima.

Alojándonos en el Provincial Plaza Hotel de Salta.

La ciudad de Salta tiene una impresionante oferta de alojamiento para quienes quieran ir a hacer turismo en ella y sus alrededores. En cuanto a hoteles se refiere, una opción es el Provincial Plaza Hotel Salta, un correcto 4 estrellas muy bien ubicado en pleno centro histórico, y a apenas dos cuadras de la plaza principal.

Sin ser grande, la habitación en la que estuvimos era cómoda y estaba equipada con escritorio, TV por cable y wifi que funcionaba muy bien. Algo que llamaba la atención era la falta de frigobar, principalmente porque el espacio para instalarlo estaba, al punto que el enchufe tenía un cartel que indicaba “Sólo Heladera”, evidenciando que en algún momento la habitación lo incluía.

En cuanto a muebles se refiere el placard está empotrado tal como se ve en la foto de arriba, y el detalle negativo es que no hay caja fuerte, por lo que si tenés algo de valor y no querés arriesgarte a dejarlo a mano cuando te vas; o te lo llevás encima o lo dejás en la valija cerrada con candado.

La gran crítica para el Provincial Plaza se la lleva la cama matrimonial, que es realmente muy chica, y en algún punto dificulta el descanso. Vale decir que por lo que se pudo ver en las puertas entornadas (así dejan las habitaciones que no están ocupadas) otros cuartos tienen camas mucho más grandes, con lo cual quizá haya que tener cuidado en la elección de la habitación únicamente. Por lo pronto, la “Doble Executive” es más recomendable si uno viaja sólo.

El baño es cómodo y cuenta con jabón en pan, como a mi me gusta. Además todo estaba por dos, como corresponde a una habitación doble. La limpieza es excelente, y la única crítica a realizar es quizá que no repusieron los jabones para el segundo día de estadía, pero eso es algo habitual en prácticamente todos los hoteles.

En la terraza está la piscina, que es descubierta por lo que no se usa durante el invierno. Allí arriba hay también un bar para tomarse algo, pero que claro, durante julio aparecía absolutamente desierto. Igualmente el subir hasta el último piso valió la pena para contemplar la vista de la ciudad desde ese punto.

El comedor funciona en el entrepiso (ubicado entre la planta baja y el primero) y allí se sirve el desayuno de 8 a 10:30 horas, siendo esto uno de los puntos más fuertes del hotel, porque es un servicio muy completo. Incluye un canasto con frutas secas, yogurth con cereales, panificados diversos y destaca algo poco usual: una buena cantidad de masas secas de muy buena calidad.

Allí mismo se puede también cenar a partir de las 20 horas, a un precio bastante económico para lo que es un hotel y con muy buen servicio, ya sea por el menú, la presentación del plato y la atención de la camarera que por lejos se ganó la propina.

El personal del hotel es muy amable, y están siempre atentos a solucionar cualquier necesidad que se presente, incluida por supuesto el agua caliente para el mate.

Una interesante opción para cuando viajes a Salta.