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Visita a las Estaciones 1 y 2 del Cablecarril.

Además de ser una de las maravillas de la ingeniería civil de su época, el cablecarril de Chilecito es uno de los íconos de la ciudad, y sin lugar a dudas su atractivo turísitico más sobresaliente. Si llegaste hasta la segunda localidad más grande de La Rioja no podés no visitar esta increíble estructura que sirvió para bajar los minerales que se extraían de la Mina La Mejicana, en medio del Famatina.

Si te interesa saber más sobre la historia del cablecarril te invito a pasar por este post donde te la cuento. Ahora es momento de verlo con nuestro propios ojos y sorprendernos al imaginarnos cómo se construyó y cómo funcionó este peculiar medio de transporte. Esa visita da comienzo por supuesto en el museo (link al post), ubicado en la Estación 1, donde los guías nos explicarán de qué se trata todo esto.

Enclavada en un extremo de Chilecito, la Estación 1 es fácilmente reconocible por su estructura metálica elevada a un costado de las vías por las que llegaba el ferrocarril que trasladaría la producción minera hasta el puerto. Luego de visitar el museo y tomar una buenas fotos será momento de subirse al auto y recorrer los 9 kilómetros que separan la ciudad de la siguiente estación, la número 2.

Un detalle a tener en cuenta será consultar el horario en que hay guías en la Estación 2, ya que cuando llegamos nosotros estaba desierta, y si bien la estructura  y el paisaje se aprecian igual, y el funcionamiento del cablecarril ya nos fue explicado en el museo, la segunda estación era una de las que propulsaba el sistema, y sin guía el acceso a los motores y la caldera estaban cerrados, así que solo se los pudo apreciar por las ventanas.

Lo mismo sucedió con el restaurante El Gran Pez que funciona en el lugar y en el que nos recomendaron comer, aunque ya sabíamos que cuando íbamos no estaba abierto porque solo trabaja por la noche, para la cena.

Lo que sí no necesita guía para su explicación es el intenso olor a azufre que se siente ni bien uno estaciona el auto en la Estación 2. Tampoco hacen falta mayores comentarios sobre el funcionamiento de las vagonetas, las cuales se pueden ver colgadas de los cables, dispuestas una detrás de la otra casi como si estuvieran listas para salir, incluidas las que estaban acondicionadas para transportar personas. Imperdible también la vista de la ruta y, allá a lo lejos, Chilecito.

Muy cerca de la Estación 2, justo en la última curva y con un cartel que las anuncian, se pueden visitar también las ruinas de la Fundición Santa Florentina, donde destaca su enorme chimenea y los restos de las viviendas donde se alojaban los trabajadores en lo que supo ser la fundición más importante del país. Lugar ideal para tomar algunas fotografías, aunque habrá que ser muy precavido ya que está abandonado y puede ser peligroso: no sería raro que algún ladrillo se moviera al pisarlo, o que una piedra nos caiga en la cabeza mientras exploramos trepándonos por los escombros.

Hasta la Estación 2 se puede llegar en vehículo convencional (incluso por la ruta uno se cruza cantidad de gente caminando o corriendo, ya que los locales utilizan la banquina como lugar de entrenamiento). A partir de la Estación 3 ya será recomendable ir en 4×4 porque el terreno se hace más dificultoso a medida que vamos introduciéndonos en las entrañas de la montaña.

La Estación Serrezuela, última parada ferroviaria en suelo cordobés.

Las últimas vacaciones que hicimos fueron bien ruteras, y camino hacia las provincias de La Rioja primero, y Catamarca después, atravesamos buena parte del país y gran cantidad de localidades. Entre ellas, dato proporcionado de antemano por un colega, a quién agradezco, una de ellas mereció un alto para estirar las piernas mientras fotografiábamos lo que para nosotros ya es un clásico: una estación de ferrocarril abandonada.

Si bien a esta altura la Ruta Nacional 38 corre paralela a la vía del tren, la estación de Serrezuela no se divisa claramente desde la calle, o al menos no mientras uno va manejando, así que habrá que avanzar con atención para en el momento correcto desviarse hacia la derecha (si uno está en viaje de ida hacia La Rioja) y llegarse hasta esta construcción caracterizada por su pintura rosa, que evidentemente en otros tiempo fue mucho más llamativa.

La localidad cordobesa está ubicada muy cerca del límite provincial, a escasos kilómetros del comienzo de las Salinas Grandes, punto en donde político-geográficamente se cruza hacia la provincia vecina. Es de hecho el último pueblo en territorio cordobés antes de pasar a La Rioja, y supo ser un lugar destacado del recorrido del ferrocarril. Esto se nota en su infraestructura, vías y cartelería.

El cartel de hecho te lo dice, literalmente. Se trata de una estación de empalme, desde donde se conectaban trenes hacia Mendoza y San Juan. De ahí la gran cantidad de espacio abierto frente al andén, y las numerosas vías y desvíos que se despliegan hacia varios lados, entre ellos uno en el que aún permanece estacionado – abandonado – algún vagón de carga.

Es una localidad extremadamente tranquila, donde los habitantes se extrañan al principio cuando ven el auto aminorar la velocidad, pero te saludan con alegría cuando te cruzan cámara en mano apuntando la lente hacia la estación. Por supuesto, no falta algún chiste o comentario al respecto. Como no habrán faltado tampoco en el año 2009, cuando Serrezuela tuvo la particularidad de ser el punto de lanzamiento del cohete Gradicom I, curiosidad de la que no tenía la más pálida idea en el momento que anduve por allí.

A juzgar por nuestro fugaz paso, de aquél lanzamiento nada queda hoy en día. Tampoco queda mucho más que el recuerdo del paso del tren, ya que el Ferrocarril General Belgrano abandonó el servicio de pasajeros por estos parajes allá por la década del ’80. Ahora tan solo quizá pasa algún tren de carga cuyo maquinista podrá contemplar estas construcciones que parecen estar esperando la llegada de alguna producción cinematográfica para revivir.