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El Hotel Del Bono en San Juan capital.

Las últimas vacaciones tuvieron dos fases en la ciudad de San Juan en la que hicimos base para el transporte aéreo desde y hacia Buenos Aires; y en la primera de ellas nos alojamos en el Hotel Del Bono, ubicado en pleno centro, a metros de la plaza principal.

Se trata de una muy buena opción para alojarse, no sólo por su ubicación privilegiada, sino también por las comodidades del hotel y su servicio. Las amplias habitaciones, impecablemente limpias, cuentan incluso con cocina eléctrica y microondas donde, si bien uno no puede hacerse el asado del domingo, sí puede preparar algo simple para comer.

El baño es amplio y muy cómodo; además por supuesto de lo limpio que lo mantienen constantemente. Lo único a hacer notar en este aspecto es que no todas las mañanas reponen los jabones, aún cuando los anteriores ya están en uso.

El punto más destacado a mejorar en el hotel es sin lugar a dudas el wifi. Si bien el servicio está incluído en la tarifa por noche, la realidad es que funciona bastante mal y cuesta conectarse al servidor que corresponda, el cual varía de acuerdo a la ubicación en que se esté dentro del hotel. Quizá sea por eso que al momento del checkin no nos dieron la clave y luego tuve que reclamarla yo expresamente, o quizá es que simplemente la recepcionista se olvidó al estar atendiendo a más de un huesped a la vez. Igualmente, hay que decir que el tema del wifi no es un problema exclusivo del hotel, en toda la provincia de San Juan las conecciones a internet fueron francamente malas, por lo que es evidente que falta infraestructura.

Por el otro lado, el desayuno es un punto a destacar. Con un horario extendido de 6:30 a 11 am, es muy completo e incluye facturas, budines, cereales con yogurth, pan que se puede tostar y hasta huevos revueltos.

Del Bono es un hotel apto tanto para ir a vacacionar como para cuando uno viaja por trabajo y necesita pasar una noche en la capital sanjuanina. Por supuesto que de seguro se encontrarán opciones más económicas, pero la relación precio – beneficio del servicio brindado por este hotel es realmente buena, y si se quiere pasar una buena noche, de forma cómoda para descansar bien, este será una muy buena opción.

 

Galería de Imágenes de la Península Valdés.

Hace algunos días atrás les mostraba la excursión que realizamos a Península Valdés, donde tuvimos la oportunidad de avistar buena cantidad y variedad de fauna patagónica, incluyendo las temibles orcas que hicieron una aparición sorpresiva, tal como les conté en este post que pueden ver haciendo click aquí.

Fueron muchas las fotos que tomamos en ese paseo; tantas que no entraron en un sólo post, y por eso les presento esta recorrida en imágenes por la Península, que por supuesto comienza en el Centro de Visitantes, y como no podía ser de otra forma, con la maqueta del terreno a recorrer.

Claro que por más bien hecho que esté, un pedazo de plástico no tiene punto de comparación con ver la realidad con tus propios ojos. Por eso no nos demoramos mucho ahí adentro y enseguida subimos al mirador para observar lo que el camino nos deparaba.

Habría que sortear la rotonda para seguir camino rumbo a alguna de las dos opciones: por un lado, la Isla de los Pájaros.

O sino seguir camino hacia lo más profundo de la península, donde nos cruzaríamos con algún que otro choique (o quizá el se nos cruce a nosotros).

Ni se molesta, así que luego de la sesión de fotos, lo dejamos atrás y seguimos camino.

En medio de la inmensidad, la soledad de esta casa aislada del resto del mundo.

Será quizá el hogar de alguno de estos?

De estos no creo. Para qué iban a ir a encerrarse entre cuatro paredes si se ve que en la playa la pasan bastante bien?

La primer parada fue la pingüinera, y se ve que tienen régimen militar porque hasta montan guardia…

Obvio, como en todos lados, siempre hay algún perezoso que sólo se rasca…

A lo lejos se ve que hay otros especímenes que descansan de verdad.

Pero les convendría estar atentos, porque quizá pronto reciban visitas inesperadas…

Por suerte para ellos estas cuatro orcas vienen tranquilas, y hasta se anuncian!

Más adelante encontramos un sendero que nos acerca a la playa.

La vista desde allí es fenomenal.

La familia orca, en un casi primer plano.

Y también en primer plano los optimistas de siempre que no le dan bola…

Así pasamos por la hermosa y enorme Península Valdés. Es hora ya de comenzar a emprender el regreso.

¡Los espero en el próximo post de Ahicito Nomás!

Visita a la Celda histórica de San Martín en el Convento de Santo Domingo de San Juan

Quizá en un principio sorprenda encontrarse con vestigios del General San Martín cuando uno visita la ciudad de San Juan pero la realidad es que, como ya les conté en el post de Villa Vicencio, el Libertador pasó por estos pagos en su marcha para lograr la independencia de Chile primero, y Perú después.

San Martín no sólo estuvo de paso, sino que se alojó en la capital sanjuanina cuando la visitó con motivo de prevenir un posible ataque español desde tierras chilenas. Así es que en 1815, en su rol de gobernador de Cuyo don José llega hasta San Juan para organizar las medidas de defensa con las autoridades locales, y rechazando el ofrecimiento oficial de una casa dónde alojarse, lo hace en el Convento de Santo Domingo. Allí, el Prior de los dominicios le cedería su celda (o habitación) para que descansara durante su estadía en la ciudad.

Si bien parte del convento fue severamente afectada por el terrible terremoto de 1944, la celda donde San Martín durmiera salió ilesa de la catástrofe y hoy en día se la puede visitar ingresando por el colegio sito en la dirección Laprida 57 Oeste. El ingreso es guiado y se debe pagar un bono de $20. En nuestro caso estuvimos esperando a la guía por un largo rato, hasta que llegó con 20 minutos de demora durante los cuales muchos turistas que pensaban hacer la visita desistieron y se fueron. Nosotros, en cambio, decidimos que poder ingresar a un lugar con la historia que este presentaba valía la espera.

Así nos enteramos que este mismo convento funcionó además como asiento del cuartel general de la División Cabot del Ejército de los Andes que en 1816 cruzara la Coordillera de los Andes.

La primer visión que se tiene al entrar es la de la antigua galería y de las “Campanas de la Libertad” que fueran construidas en el mismo año en que nació el Libertador, y que doblaran cuando  el Ejército de los Andes triunfó en Chacabuco y ante la declaración de la independencia.

También se ve el algarrobo histórico debajo del cual descansó San Martín en su paso por el convento.

Ingresando a la celda en sí puede verse algún escueto y escaso mobiliario que fuera utilizado por el General en aquellos momentos, y una placa con las firmas agigantadas de varios personajes ilustres, entre las cuales por supuesto destaca la del mismísimo San Martín.

La habitación contigua es la Sala Capitular donde San Martín mantuvo las reuniones necesarias para organizar la defensa de la ciudad ante un probable ataque realista.

Es realmente poco lo que se puede ver hoy en día ya que a modo de museo el lugar resulta demasiado escueto: no hay ninguna gran exhibición de objetos ni muebles de la época, pero pisar el lugar exacto donde la historia tuvo lugar es una experiencia que a mi personalmente me apasiona en sí misma. Así que aún cuando no haya mucho material para observar, a quienes les interese les recomiendo darse una vuelta por el convento, porque lo importante no será ver, sino estar y enterarse de lo que allí aconteció.

Espero que te guste cuando vayas, y te espero en el próximo post de Ahicito!

Avistamos pingüinos, elefantes marinos y hasta orcas en Península Valdés.

Ubicada a 45 kilómetros de la ciudad de Puerto Madryn, el Area Natual Protegida Península Valdés, declarada como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1999, es “EL” imperdible cuando uno visita esta parte de la patagonia argentina. Con su enorme superficie de 3625 km2, la península es una de las áreas protegidas más importantes por su extensión y concentración de fauna, y es conocida a nivel mundial por tratarse del lugar ideal para el avistaje de la Ballena Franca Austral.

La mejor forma de realizar estos avistajes es embarcándose en Puerto Pirámides, localidad emplazada dentro de la península, pero nosotros hicimos la visita durante febrero, uno de los pocos meses en que las ballenas no se encuentran en aquél lugar, ya que llegan en junio y se quedan hasta fin de año. Sin embargo esto no representó ningún problema ya que en época estival hay gran variedad de fauna que se puede divisar, no ya zarpando a bordo de una embarcación, sino recorriendo los largos kilómetros de ripio hasta llegar a alguno de los puntos turísticos de la reserva.

El acceso a la península es a través de la Ruta Provincial Nr. 2 que recorre el Itsmo Ameghino, una angosta franja de tierra que une la península al continente y que es flanqueado por mar a ambos lados: el Golfo San José al norte, y el Golfo Nuevo al sur, ambos visibles por tramos al manejar, con sólo girar la cabeza hacia uno u otro lado.

Habiendo abonado previamente el ingreso (que para los residentes argentinos es de $180 por persona) en el puesto El Desempeño, la primer parada será el Centro de Visitantes, estación obligada para informarse de los recorridos disponibles, el estado del puerto y de los caminos, el pronóstico del tiempo y recibir sugerencias sobre las actividades a realizar.

Allí mismo funciona además el Centro de Interpretación que es una especie de museo donde se explican detalles sobre la flora y fauna que se podrá encontrar durante el paseo por la península.

Afuera se puede también subir al mirador, desde el que se tiene una visión lejana de la Isla de los Pájaros, uno de los puntos turísticos que se pueden recorrer dentro del área protegida.

Si bien se puede contratar la excursión, nosotros lo hicimos en el auto que alquilamos tal como te conté en este post que podés ver haciendo click aquí. El recorrido es realmente largo y hay que manejar con precaución, a no más de 60 km por hora, porque el ripio puede ser traicionero (además de levantar alguna piedra y romperte el auto), así que sabiendo que Punta Norte no tenía mucho atractivo en ese momento, decidimos dirigirnos hacia Caleta Valdés.

Unos kilómetros antes de llegar nos detuvimos en una pequeña pingüinera para poder observar a sus habitantes y tomarles algunas fotos. Estábamos muy tranquilos abocados a estas tareas cuando un nene se acerca corriendo a los gritos, preguntando si habíamos visto orcas. No, no las habíamos visto, y no teníamos muchas esperanzas de hacerlo ya que su zona habitual es Punta Norte, lugar alejado al que no pensábamos llegar.

Pero para nuestra grata sorpresa, el nene tenía razón: él con sus padres las habían visto y las venían siguiendo; y efectivamente, las orcas hicieron su aparición.

Aparentemente eran una familia completa, paseando por las aguas cercanas a las costas, tan cerca que se dejaron filmar desde la posición donde estábamos.

Ya conformes con esta sorpresa, subimos al auto para seguir viaje hasta Caleta Valdés y conocer a los elefantes marinos del sur que la  habitan. En este punto hay servicios (léase baños, porque el restaurant en el momento de nuestra llegada estaba cerrado) y además hay senderos que permiten acercarse un poco más a los animales y tomar mejores imágenes.

Por allí pasaron también las orcas, no solo en tren de paseo, sino además sin hambre suponemos, ya que a escasos metros de distancia, sobre la orilla, los elefantes marinos retozaban al sol y ellas pasaron de largo sin inmutarse.

En este mirador las teníamos un poco más cerca, y pudimos hacer buenas tomas de la familia orca.

Con todas las expectativas cubiertas, y cayendo ya la tarde sobre la península, nos tomamos un momento para disfrutar por última vez del espectacular paisaje que la Naturaleza nos brinda en aquél rincón único del Océano Atlántico, y finalmente comenzamos a emprender el largo regreso por el ripio hasta Madryn.

Un lugar que realmente espero que vos también puedas conocer en algún momento, porque vale la pena.

En los próximos posts habrá más sobre nuestra visita a Puerto Madryn y estos hermosos paisajes. No te lo pierdas!

Almorzando en El Náutico de Puerto Madryn

Salir a comer afuera es toda una ceremonia, esté donde se esté, pero cuando uno está de vacaciones se convierte en un gusto que siempre hay que darse. Durante mi estadía en Puerto Madryn me encontré que resultó ser un gusto difícil de satisfacer: en general encontré que los precios son altos, o al menos demasiado caros para lo que en servicio y comida se ofrece.

Uno de los pocos lugares que se salieron de esta regla nefasta fue El Náutico, Bistró de Mar. Ubicado sobre la playa, se trata de uno de los paradores más céntricos, y a mi gusto y ojo poco profesional culinariamente hablando, al menos, uno de los mejor puestos.

Los sillones en el lobby al aire libre parecen cómodos, pero el ambiente no lo es tanto al meterse en el interior del local: como suele suceder en estos casos, si bien el lugar es amplio y parece físicamente cómodo, es muy ruidoso, con un murmullo constante que, a mi en particular, me saca. Así que optamos por salir y aprovechar el día soleado en la galería cubierta que tiene detrás, con vista a la playa aunque aislada de la arena por un muy acertado cerramiento de vidrio. Además, el lugar está semi techado así que el sol no molesta demasiado y permite disfrutar del almuerzo.

Si bien alguien que sabe del tema me indicó que la característica de un bistró es su carta acotada, El Naútico destaca por una buena gama de variedades en cuanto a platos se refiere. Por supuesto, los pescados y mariscos son protagonistas y se convierten en muy buenas opciones a degustar. Nuestra elección fue cornalitos de entrada, y pejerrey a la romana de principal.

Los cornalitos nunca los había probado, y puedo decir que estaban exquisitos.

Y el principal tampoco defraudó.

 

Sin sobresalir demasiado el servicio del mozo fue aceptable y se ganó la propina correspondiente. Y ahora vamos a lo que nos interesa: buen servicio, excelente mercadería y a orillas del mar: entonces te sacan la cabeza. No, no es el caso. El almuerzo nos salió en marzo 2017 a razón de $200 por persona, sin vino ni postre, lo cual me parece un precio razonable, y resulta mucho más económico que otros lugares de esta ciudad patagónica.

Una buena alternativa para comer bien y relajado, mirando el mar.