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Qué hacer en La Quebrada de Humahuaca.

El Noroeste Argentino es uno de los puntos turísticos por excelencia de nuestro país, y dentro de esa región la famosa Quebrada de Humahuaca, valle que recorre la zona a lo largo del Río Grande, es uno de sus puntos más importantes por la cantidad y la importancia de sus localidades, así como por la belleza de sus paisajes.

Una opción típica para conocer esta parte de Argentina es el clásico tour armado por el NOA donde se recorren en 3 o 4 días diferentes pueblos de Salta y Jujuy. No es el turismo que me gusta, ni el que recomiendo, porque en una visita tan apurada se pierde casi todo lo bello que hay para conocer. Claro que si no hay otra, mejor eso que nada. Ahora bien, si disponen de algo más de tiempo, o si prefieren hacer menos recorrido pero conociéndolos más en profundidad, aquí les dejo una lista de 6 lugares que, en mi opinión deberían visitar.

1 – Purmamarca.

Sobre la Ruta Nacional 52 se destaca este pequeño y autóctono pueblo, cuya plaza concentra una tradicional feria de artesanos donde abundan los tejidos de colores vivos y las artesanías. Se trata de uno de los pueblos más famosos de la quebrada a causa del célebre Cerro de los Siete Colores a cuyos pies se levanta. Desde allí parten las excursiones hacia las Salinas Grandes, ubicadas a unos 70 km más allá en dirección hacia el paso fronterizo con Chile. Importante no quedarse con la primer oferta que nos hacen en la calle, averiguar en varios lugares y regatear el precio, porque a menudo es normal conseguir buenas rebajas sobre el precio inicial. Aquí el link al post de Purmamarca.

2 – Posta de Hornillos

Ubicada sobre la Ruta Nacional 9 entre los pueblos de Tilcara y Maimará se encuentra esta edificación que, en tiempos de la guerra de la independencia, supo ser el destacamento militar donde descansaron figuras de nuestra historia tan importantes como el General Belgrano. Hoy en día es un muy interesante museo que puede visitarse, y cuyos detalles podés encontrarlos en este otro post.

3 – Maimará

No goza del renombre de sus vecinos y aunque va creciendo, aún le falta infraestructura para comenzar a atraer al turismo, pero aún así, aunque no haga falta que pases una noche aquí, es muy recomendable que al menos pares un rato para ingresar en Maimará y poder apreciar la belleza de la “Paleta del Pintor” sobre la ladera de la montaña.

4 – Tilcara

Quizás el pueblo más famoso y visitado de la Quebrada. Es una localidad totalmente preparada para el turismo, tanto en infraestructura hotelera como en oferta gastronómica. Más que recomendable parar a comer empanadas o guiso de llama en alguno de los locales de alrededor de la plaza, donde se come rico y barato. Tilcara cuenta con muchas actividades interesantes para el turista, pero sin dudas la más importante es la visita al Pucará, a cuyo post accedés desde acá.

5 – Humahuaca

Una ciudad con aires de pueblo, o un pueblo con aires de ciudad. No importa cómo quieras verla, Humahuaca le da nombre a la quebrada y custodiada por la escultura del cacique Viltipoco es su centro neurálgico e imprescindible. Visitar su centro histórico y subir hasta lo alto de la escalinata son actividades obligadas. Y para quien quiera conocer las bellezas más allá de la ciudad, llegarse hasta el Hornocal, el Cerro de los 14 Colores, también lo es.

Para el que cuente con tiempo extra y quiera algo bien autóctono y casi perdido en el tiempo, desde la terminal de Humahuaca salen los micros que llevan hasta la mítica Iruya. Al “pueblo colgado de la montaña”, si bien pertenece a la provincia de Salta, sólo se llega desde territorio jujeño.

6 – La Quiaca

La Quiaca es la última ciudad del país (o la primera, depende de cómo se la mire). Más allá de ella, cruzando el puesto fronterizo, está Bolivia. Eso la convierte quizá en poco atractiva a la vista, con mucha gente que va y viene, pero justamente el ser zona de frontera le da una importancia especial. Antiguamente hasta aquí llegaba el ferrocarril, y hoy en día queda la estación y su característico cartel donde hay que sacarse la foto.

Si uno llega hasta La Quiaca lo mejor es que lo haga con el DNI en el bolsillo, para poder cruzar hacia Villazón, la ciudad boliviana donde podés comprar los mismos tejidos que viste en cualquiera de los pueblos de la quebrada, pero a mitad de precio. También hay electrónica a muy buen precio, pero si después no te funciona andá a hacer valer la garantía.

Y si se anda con tiempo es aconsejable recorrer los 16 km que separan La Quiaca de Yavi, un muy pequeño pueblo donde las construcciones están hechas de adobe y que parece literalmente frenado en el tiempo, o al menos esa fue la sensación que me dio cuando lo visité hace unos 15 años atrás.

De Chilecito a La Mejicana: El cablecarril más largo del mundo.

La ciudad de Chilecito es la segunda más grande de la provincia de La Rioja, y casi que podemos decir que “esconde” (a causa de la poca promoción de la que goza) una de las obras más monumentales del mundo.

Instalaciones de la Estación N°2 del cablecarril

Hacia principios del siglo pasado esta zona del país vivía una frenética actividad minera con su epicentro en el Famatina, donde la explotación se desarrollaba a gran escala para la obtención de oro, plata y cobre, entre otros minerales. Allí se encontraba la mina conocida como La Mejicana, ya que era una vieja y muy rica explotación que luego de un período de abandono fue redescubierta por un mexicano. Ubicada a 4600 m.s.n.m. La Mejicana producía tal cantidad de material que el transporte a lomo de mula para descender del cerro ya no era posible. Así, con el impulso del legislador riojano Joaquín V. Gonzalez, el estado argentino se embarcó en la construcción del cablecarril.

Las vagonetas pesaban 200 kg y cada una podía transportar 500 kg de material.

La tarea se lanzó a licitación, que finalmente le fue adjudicada a la empresa alemana Adolf Bleichert & Co., basada en Leipzig, una de las más prestigiosas del mundo en lo que a “vías aéreas” se refiere. De esta forma el entonces presidente Julio A. Roca le encargó a los alemanes la construcción del que, en aquél momento, sería el cablecarril más largo y alto del mundo. Una verdadera maravilla de la ingeniería que se levantaría a lo largo de la ladera de la montaña, en un clima y terreno inhóspitos, en apenas 18 meses.

La Estación N°9 se encuentra a 4350 m.s.n.m. y posee un sistema de tolvas para cargar de piedras las vagonetas.

La obra recorre 35 kilómetros y consta de 262 torres en total, muchas de ellas de diferentes alturas, dependiendo del punto exacto del trayecto en que deberían ser instaladas. Las torres eran unidas por el cable en sí, que en realidad no era uno sino dos: El más grueso era fijo y funcionaba como la guía de las vagonetas que corrían por él. El segundo, más angosto, era el cable de tracción y por tanto tiraba de ellas para lograr que se desplazaran por la guía.

Toda la estructura se fabricó en Leipzig y se transportó desarmada en barco y tren. El ensamble se hizo en Chilecito.

Durante el trayecto se emplazaron un total de 9 estaciones, estando la primera en Chilecito y la última muy cerca del socavón de La Mejicana. Seis de ellas estaban equipadas con motores que funcionaban quemando leña de quebracho en sus calderas, y hacían funcionar el sistema del cablecarril. De esa forma las vagonetas, con una capacidad máxima de 500 toneladas cada una, lograban moverse de estación en estación. En la N°9 las cargaban con la roca que sacaban de la montaña, mientras que la N°1 se ubicaba junto a la estación del ferrocarril, medio con el que el material era transportado hasta el puerto de Rosario, donde la empresa inglesa que explotaba la mina lo hacía embarcar con destino a Inglaterra.

El cablecarril era accionado por motores a vapor instalados en las estaciones 2, 3, 4, 6, 7 y 8.

La estación 2 tenía la particularidad de poseer un desvío del cablecarril, que se dirigía a los cercanos hornos de fundición de Santa Florentina, donde los obreros procesaban el material que les llegaba desde la cima de la montaña y lo convertían en lingotes y medallones de metal. Luego ese material volvía a la estación 2, desde donde se lo conectaba para terminar el descenso hasta la estación del tren. Claro que, en ocasiones, cuando los hornos (que supieron ser los más importantes del país) no daban a basto, el material se embarcaba en bruto hacia Europa.

Hoy en ruinas, Santa Florentina fue el centro de fundición de metales más importantes del país y tenía mil operarios.

El sistema fue utilizado por los ingleses desde su inauguración el 1 de enero de 1905 hasta 1914, momento en que a causa del comienzo de la Primer Guerra Mundial los europeos abandonaron la explotación. A pesar de que se sabe que el cablecarril terminó subutilizado, ya que la mina nunca llegó a producir la cantidad máxima que las vagonetas podían transportar, los registros muestran que en el año 1908 se llevaron 19376 toneladas de mineral a la fundición Santa Florentina.

Unos 1600 obreros trabajaron en su construcción. Entre las estaciones 4 y 5 se construyó un túnel de 159 metros.

Luego de la retirada de los ingleses otras empresas argentinas siguieron explotando el cablecarril, hasta el año 1926 en que fue final y definitivamente abandonado, debido a que su funcionamiento ya no era rentable.

La velocidad del cablecarril era de 2.5 metros por segundo y el trayecto completo se hacía en 4 hs.

Siendo una obra única en el mundo, en el 1982 fue declarado Monumento Histórico Nacional, y existe actualmente un proyecto para que la UNESCO lo declare asimismo Patrimonio de  la Humanidad. Sin embargo, luego de un intento de revivirlo con fines turísticos que terminó con un trágico accidente, el cablecarril es hoy en día un imponente e inmóbil testimonio del pasado que dispara la mente de quien visite Chilecito a 100 años atrás, cuando estas tierras vivían la fiebre del oro.