Archivo de la categoría: Argentina

Visitamos al habitante más antiguo de Merlo: El Algarrobo Abuelo

Firme en las afueras del pueblo, sobre el extremo noroeste en la zona de Piedra Blanca Abajo, el más viejo de los moradores de la Villa de Merlo reposa plácidamente desde hace unos 1200 años. No se trata por supuesto de un ser humano, pero sí es un ejemplar que ha sabido sobrevivir todos estos siglos sorteando inconvenientes como los argentinos mismos.

Hablo del Algarrobo Abuelo, un majestuoso árbol que ha sido testigo de todas las épocas habidas y por haber y que ha resistido al paso del ferrocarril por ejemplo, que cuando se instaló en esta zona de San Luis provocó la tala de numerosos especímenes como él mismo que supieron conformar un frondoso bosque que se extendía por el Valle de Conlara.

Hoy en día el Algarrobo Abuelo es un Monumento Histórico Provincial ubicado en el predio que pertenecía a la familia del poeta Agüero, en cuyo museo estuvimos y donde nos empapamos sobre su obra, incluyendo la famosa Cantata al Albarrobo Abuelo que lo hizo famoso e inmortalizó.

El Abuelo estuvo presente durante la Guerra de la Independencia y una placa recuerda que desde este predio, antiguamente la estancia de don Pio Agüero, partió el primer contingente de Piedra Blanca con mulas y pertrechos destinados al Ejército Libertador liderado por el General San Martín, que cruzara la Cordillera de los Andes para liberar Chile y Perú.

El predio en sí tiene unas 4 hectáreas, pero la visita se reduce considerablemente a una caminata de algunas decenas de metros, desde el acceso donde se abona la entrada hasta el prolijo cantero donde reposa el protagonista del lugar. Está muy bien cuidado, aunque antes de abonar habrá que tener en cuenta que no es más que eso: apreciar un árbol histórico e imponente, cuyas ramas más extensas casi tocan el suelo, y quizá descansar un rato a su sombra imaginando quién pudo haber hecho lo mismo, hace siglos atrás. Desde aborígenes Comechingones hasta soldados al mando de San Martín, el abanico de posibilidades en ese sentido es enorme.

Una visita que de seguro resultará interante para los seguidores de Agüero y su obra poética. Qué mejor que estar en el lugar preciso donde el artista se inspiró para escribir su obra maestra, y apreciar el aire fresco de su musa vegetal. Todo en un entorno muy disfrutable, ideal para pasar un rato al aire libre.

La Reserva El Viejo Molino, en Merlo, San Luis.

Apostada al norte de la Villa de Merlo, en el barrio conocido como Piedras Blanca Arriba, se encuentra la Reserva Natural El Viejo Molino con su frondosa y espesa vegetación entre la que se esconden las ruinas (o más bien lo que queda de ellas) de un antiguo molino harinero que molía trigo y maíz allá por 1840.

De esa estructura, que en otras épocas funcionaba con el agua del río que corre a escasos metros, hoy no queda prácticamente nada. Tanto que, a pesar del cartel impecable que lo anuncia, el molino es muy difícil de encontrar, y si en definitiva es lo que pensamos que es, ya no le queda ni el más mínimo aspecto de molino.

Lo que sí permanece allí invariablemente es el río que le da nombre al barrio, y que aunque cuando fuimos nosotros en marzo estaba bastante seco, en época estival suele convertirse en punto de reunión para locales y turistas que buscan refrescarse y escaparle al calor del sol. El por qué del nombre no lo voy a explicar, basta nomás con mirar las fotos.

Pero este lugar no es exclusivamente para mojarse los pies en el agua. Entre la espesura de su vegetación la reserva guarda tradición e historia local. Allí nomás, caminando apenas unos metros por el sendero correcto se llegará por ejemplo a una enorme roca conocida como el “Altar Comechingón”, donde se cree que los aborígenes de la zona realizaban ritos sagrados.

Y si vamos un poco más allá, aun dentro de los límites de la reserva nos encontraremos con la Plaza de la Verde Memoria. Se trata de un sitio con historia y de gran importancia para los habitantes de Merlo, ya que en aquél lugar vivió durante su infancia el poeta Antonio Agüero, una de las figuras más destacadas de esta localidad, y cuya casa museo visitamos en otro post (link clickeando aquí).

Fue allí mismo donde el 7 de febrero de 1917 nació el poeta, en la casa que fuera de sus padres, y de la que hoy sólo quedan algunos vestigios.

En la entrada a la reserva (que es de acceso libre y gratuito) hay varios locales gastronómicos donde se puede hacer un alto para almorzar. Y en frente se destaca la capilla Nuestra Señora de Fátima, con sus paredes relucientes de blanco y una garita de piedra que protege la imagen de la virgen.

El barrio Piedras Blancas se muestra como un lugar muy tranquilo, ideal para ir a descansar un día de sol a la orilla del río, y suponemos que lo mismo caracteriza a la reserva El Viejo Molino, aún durante la temporada alta de verano. Tanto el más abundante caudal de agua como la sombra fresca generada por la arboleda alrededor del río deben convertir a este paraje en una muy buena opción para quienes estén vacacionando en Merlo y quieran pasar un día al aire libre, evitando a la vez la furia del sol.

 

Una fortaleza en lo más alto: El Pucará de Tilcara.

“¡Allá arriba flasheas! ¡Tenés vista de 365°!” Aun hoy, más de diez años después, las palabras de aquél muchacho fascinado con la visita al pucará son lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en aquél lugar. Y es que tenía razón, cuando uno llega a la parte más alta del asentamiento, que a su vez está en la cima de una colina de 70 metros de altura, se tiene una espectacular vista panorámica de todo el valle alrededor.

La palabra pucará significa “fortaleza” en quechua y se ajusta a la perfección al sitio arqueológico que obligadamente se debe visitar cuando se llega a Tilcara, en la provincia argentina de Jujuy. Ubicada en lo alto del cerro la ciudadela resulta inaccesible por las laderas escarpadas y no hay forma de que el enemigo se acerque de improviso sin que los vigías detecten su presencia con suficiente tiempo para preparar la defensa.

Este lugar estuvo en funcionamiento desde fines del siglo VIII hasta la llegada de los españoles, momento en el que fue escenario de las encarnizadas luchas para dominar a los indígenas. Fueron los tilcaras los que levantaron estas estructuras diseminadas por un espacio de unas 18 hectáreas y que conformaron viviendas, talleres, tumbas y recintos religiosos. Fue a partir de la dominación incaica, hacia el siglo XV, que el pucará tuvo su máximo esplendor, llegándose a creer incluso que pudo haber funcionado como capital de una de las provincias sureñas del imperio Inca.

El pucará no es el único de los poblados arquológicos de la zona ya que hay numerosos sitios diseminados por la Quebrada de Humahuaca, pero sin dudas es el más relevante y famoso, y por supuesto el que hay que visitar. Así lo hicieron los Soda Stereo, importante banda pop argentina que grabó allí el video de su hit “Cuando Pase el Temblor”, Divididos, grupo rock oriundo de Hurlingham que brindó un recital increíble en las inmediaciones, como tantos otros.

El sitio fue descubierto en 1908 por los arqueólogos Juan Ambrosetti y Salvador Debenedetti, cuyo arduo trabajo científico permitió obtener importantes datos sobre cómo era la vida de los pueblos originarios en aquél lugar. Al estar totalmente en ruinas fue necesario llevar adelante trabajos de restauración que permitieron establecer el museo a cielo abierto que todos podemos visitar hoy en día.

En reconocimiento a la labor de estos dos científicos en 1935 el arquitecto Martín Noel levantó en la parte más alta del pucará una pirámide trunca que nada tiene que ver con la arquitectura original del lugar, y que a todas luces queda absolutamente desubicada. Una verdadera lástima que se haya recurrido a esto para honrar la memoria de los dos hombres que tanto trabajaron para conocer la verdad sobre los tilcaras y su pucará.

Afortunadamente el resto del emplazamiento sí conserva sus razgos originales y así el visitante puede apreciar las pequeñas casas confeccionadas en piedra, con muros internos rellenos con argamasa y techos fabricados con vigas de caña o cardón cubiertos con el mismo relleno de los muros. Un punto interesante surgido de las investigaciones es que, al igual que hoy en día, las casas eran ocupadas durante muchos años por la misma familia, razón por la cual las construcciones solían adaptarse regularmente según aumentaba o disminuía su número de habitantes.

A muchas de las casas se puede ingresar para tomar una mejor idea de las dimensiones y apreciar con todo detalle los techos de cardón.

Además hay claros indicios de que en el Pucará había artesanos especializados que durante la época del Imperio Inca fabricaban estatuillas y miniaturas con el mármol y alabastro que se podían conseguir en yacimientos de los alrededores. En varias de las viviendas de la ciudad se han encontrado evidencias de estas actividades.

Algo desde mi punto de vista innecesario es la estatua apostada en la entrada de una de las viviendas, simulando una mujer indígena sentada al aire libre. Por supuesto que sirve para ilustrar cómo era la fisonomía de los habitantes del Pucará en su momento, cómo se vestían y hasta quizá ayudar a imaginar sus costumbres y quehaceres diarios, pero en mi opinión algo tan claramente plantado le quita algo de legitimidad al resto del lugar. Alguna ilustración con una explicación escrita en algún cartel habría resuelto mejor la necesidad de informar, si es que eso es lo que se buscó con esta escultura.

Claro que para los más chicos es todo un atractivo adicional y costó bastante sacar la foto limpia de gente, ya que la muchacha suele estar muy solicitada para las selfies.

Luego de deleitar los ojos desde la cima a unos 2500 m.s.n.m. podremos volver a bajar a la base para seguir disfrutando del complejo. Desde abajo uno aprecia cómo el Pucará se va alzando a lo largo de la ladera y la abundancia de cactus que están desplegados por todos lados, y que los habitantes de este lugar aprovechaban ya que desde lejos el ojo humano se los confunde con personas. Todo un ejército apostado en la cima y listo para defender la ciudad del ataque enemigo.

Y si hablamos de cardones no podemos omitir el Jardín Botánico de Altura, dispuesto dentro del sitio arqueológico a metros de la entrada, donde pueden apreciarse la gran cantidad de variantes diferentes, con sus colores y formas características. Un paseo que bien vale la pena realizar.

Para finalizar la recorrida, caminando unos metros hacia un lateral se llega hasta la Piedra Campana, que nada tiene que ver con el Pucará ya que fue trasladada hasta aquí desde el Cerro Campanario en el departamento de Cochinoca. Se trata de un enorme fragmento de roca volcánica que pesa unas 5 toneladas y posee un particular sonido a campana al ser golpeada. Algo parecido a lo que vimos en el Cerro de las Campanas de Querétaro, en México, del cual ya hablé en otro post.

Así pasamos por el interesante Pucará de Tilcara, uno de los puntos obligados al visitar esta hermosa ciudad de la quebrada. El sitio permanece abierto de lunes a domingo entre las 9 y las 18 horas, y por supuesto la recomendación es no ir muy sobre el horario de cierre para poder recorrer todo lo que quieran con tranquilidad.  La entrada es arancelada y al momento de esta publicación los precios eran de $300, con tarifas promocionales para residentes argentinos ($150) y jubilados y estudiantes ($50), salvo los lunes que el ingreso es gratuito.

Vayan, disfruten de la visita y la vista, y luego dejen su comentario contando cómo fue su experiencia en este hermoso lugar.

De Cachi a Salta por la Recta del Tin Tin y la Cuesta del Obispo: Transitamos la Ruta 33

Con sus impresionantes paisajes que mezclan jungla húmeda con roca lisa y limpia rodeada por enormes cardos, el Noroeste Argentino es un destino que se disfruta a pleno. Y cuando hablo de plenitud me refiero a que no solo sus pueblos y ciudades son impresionantes, sino que incluso viajar entre uno y otro resulta absolutamente placentero para los ojos del visitante.

Una muestra cabal de esto que les digo es por supuesto la mítica Ruta 40, que amplía estas sensaciones que yo describo del NOA al resto del país, atravesándolo como una columna vertebral a la vera de la Cordillera de los Andes. Pero también lo es la Ruta Provincial 33 que une las localidades salteñas de Payogasta y El Carril, y que es el camino obligado para volver a la capital provincial desde Cachi.

Se trata de un camino de algo más de 100 km que atraviesa paisajes emblemáticos donde el protagonista principal es el Parque Nacional Los Cardones. Ubicado en el departamento de Cachi cuenta con una superficie de 64117 hectáreas en las que abundan estos simpáticos y espinosos ejemplares que, a lo lejos, bien pueden confundirse con un hombre extendiendo sus brazos.

Hay zonas del parque donde los cardones se concentran más que en otras, por lo que habrá que ir atento para estacionar el auto y bajarse a hacer algunas fotos, para lo cual los miradores marcados son las mejores opciones, tanto a nivel de vistas como de seguridad vial.

Si bien la entrada al parque está ubicada en la zona de Piedra del Molino, quién solamente quiera sacar una buena foto ni siquiera necesitará ingresar al mismo. La Ruta 33 lo atraviesa en gran parte y, en particular el tramo conocido como la Recta del Tin Tin obliga a un alto para admirarla con atención. Son casi 20 kilómetros en increíble e interminable línea recta.

Lo más impresionante de esta parte de la ruta es que fue construida por los Incas antes de la llegada de los españoles, a unos 3000 metros de altura y con una perfección asombrosa si se tienen en cuenta los medios técnicos con que se valían en aquellas remotas épocas.

Siguiendo la ruta con dirección a la ciudad de Salta, si bien la recta termina lo que se mantiene es la elevación del terreno, que va superando los 3000 metros hasta llegar al punto más alto, Piedra del Molino (que nombramos recién), donde se contabilizan 3457 m.s.n.m.

A medida que vamos llegando a este punto la ruta se va haciendo cada vez más montañosa, hasta convertirse en un camino de cornisa con numerosas curvas y contracurvas en la zona conocida como Cuesta del Obispo. Por suerte en la actualidad la ruta está totalmente asfaltada y cuenta con ancho suficiente para el paso de dos vehículos a la vez (uno de cada mano), por lo que transitarla resulta muy divertido, pero por supuesto se requiere tener mucha precaución.

El paisaje invita a contemplar y las incesantes curvas cerradas obligan a tener todo el foco en el camino, convirtiéndose en una combinación algo peligrosa. Las pendientes en subida y bajada le agregan adrenalina a la aventura. Importantísimo manejar con tranquilidad y cuidado, no sacar la vista de la ruta, usar la caja de cambios para desacelerar y así evitar recalentar los frenos y estacionar únicamente en lugares donde sea seguro hacerlo.

La Cuesta del Obispo es fácilmente identificable, no solo por estar bien señalizada, sino porque en una de las curvas más pronunciadas se levanta una pequeña capilla con una cruz y frente a ella la vista del valle es espectacular. No olviden frenar en ese mirador con la cámara de fotos y por supuesto un abrigo, porque ahí arriba se pone bien fresca la cosa.

Desde allí hasta bajar al nivel del Río de Escoipe son unos 25 kilómetros de curvas y contracurvas, yendo hacia Salta capital, en descenso. A mi personalmente manejar en caminos de montaña me fascina, es algo que disfruto mucho, pero se perfectamente que no a todo el mundo le ocurre así. Igualmente la RP 33 está en perfectas condiciones y muy bien señalizada, así que la recomiendo absolutamente a todo el mundo. No es difícil de transitar, pero sí hay que llevar el auto con precaución y a velocidades moderadas todo el tiempo.

El último tramo del recorrido ya es más llano y sin tantas curvas furiosas. En un momento la roca viva y el paisaje desértico le da paso a la jungla y el auto se adentra en ella siguiendo una ruta rodeada por tupida vegetación que crea una sombra reparadora y, en verano, un refugio contra el calor.

Finalmente se empalma con la Ruta 68 hacia el norte, con dirección a Salta, pasando ya por zonas cada vez más pobladas a medida que nos acercamos a la capital. Allí vuelven los semáforos, los transeúntes, los lomos de burros y cunetas, y el difrute de conducir casi que desaparece, pero claro está, nadie ni nada nos puede borrar de la retina los paisajes por los que pasamos.

Así que ya sabés, animate, no te lo pierdas!

Conocemos la Casa del Poeta Agüero, en Merlo, San Luis

A escasos metros de la entrada a la ciudad de Merlo se encuentra la casa donde vivió una de las personalidades más reconocidas de la localidad y que hoy en día está convertida en un muy interesante museo donde se cuenta su vida y obra. Se trata de la así llamada Casa del Poeta Agüero.

Antonio Esteban Agüero nació el 7 de febrero de 1917 en el paraje llamado Piedra Blanca, en Merlo, del que ya hablaremos más adelante en algún otro post. Fue un maestro con intensa vocación literaria que se empezó a manifestar desde muy chico, además de un progresista fervoroso que bajo la bandera radical ocupó importantes puestos gubernamentales en su provincia.

Tanto es así que en esta misma casa estuvo detenido bajo arresto domiliciario durante seis meses en 1952, luego de haber publicado su poema “Yo, Presidente”, en el que relataba que se iba a presentar en la Plaza de Mayo al mando de un ejército de jinetes fantasmas para tomar el poder, escrito que en una época de aires políticos agitados en el país fue interpretado por las autoridades como una incitación al golpe de estado.

Hoy en esta casa que perteneciera al abuelo del poeta y en la que viviera desde sus dos años de edad tras la muerte de su padre, se puede visitar la muestra permanente “Boca del Hombre y corazón del Pueblo” de forma gratuita. Mi primer y principal recomendación será hacer la visita guiada, ya que La Casa depara sorpresas que no pueden verse si uno la recorre por su cuenta.

Se trata de una exposición muy bien pensada donde el visitante conoce los ámbitos donde vivió el poeta, incluyendo el escritorio de trabajo donde solía sentarse para escribir sus versos, su dormitorio y la cocina, donde se destaca una heladera de época (una pieza de metal con un hueco por donde se ponían las barras de hielo para enfriar los comestibles que se guardaban en el interior a través de otra puerta).

Las paredes de las diferentes habitaciones están vestidas con libros adheridos a las mismas, en los cuales se muestran diferentes poemas de Agüero, cartas de su autoría o incluso algunas que le enviaron. Pero lo más llamativo e ingenioso de la muestra es su parte interactiva, y para la cual se necesita estar con un guía, que es quién cierra las puertas y ventanas de diversos cuartos y dispara lo que en algún lugar puede ser un simple audio (de hecho, el único que existe) del poeta recitando una de sus obras, o quizá un show de luces y sonidos que muestra algún otro poema de forma realmente novedosa.

Se nota el gran trabajo realizado por el gobierno de la provincia de San Luis en este aspecto, hoy a cargo de la administración de La Casa luego de que la municipalidad de Merlo la tuviera bajo su tutela cuando funcionaba allí una biblioteca popular que, según nos contaron, estaba bastante venida a menos.

Por supuesto que un lugar especial en el museo lo ocupa la obra quizá más querida en la ciudad, por referirse y estar inspirada en uno de sus símbolos más importantes. Se trata de La Cantata del Abuelo Algarrobo, poema que hizo famosos tanto al autor como al árbol en sí, el cual es real y aún puede visitarse en uno de los extremos de la ciudad.

El patio de la casa también está muy bien cuidado. Conserva aún el aljibe original de época, aunque (creo) ya no produce más agua, y una de sus paredes está adornada con las palabras del antiguo dueño de la propiedad.

Agüero falleció el 18 de junio de 1979 en la ciudad de San Luis. Su ciudad natal es el lugar ideal para conocer su legado.

La información actualizada para realizar la visita la pueden encontrar en la web de La Casa del Poeta a la que acceden a través de este link. Interesante para aquellos que no conozcan sobre esta personalidad y quieran interiorizarse. Imprescindible para los que quieran profundizar en su vida y obra.