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Moderno alojamiento en San Juan: El Hotel Albertina.

Cuando volvimos a la ciudad de San Juan después de nuestra recorrida por el interior de la provincia e incluso por La Rioja, llegamos sin reserva alguna. Luego de una rápida búsqueda encontramos un par de opciones donde dormir, a la espera de tomar el vuelo de regreso al día siguiente, y así llegamos al Hotel Albertina, de excelente ubicación frente a la Plaza 25 de Mayo.

Quienes viajen en auto encontrarán la gran desventaja de que el hotel no cuenta con estacionamiento propio, pero justo al lado hay uno chiquito que funciona las 24 horas y a precio accesible.

El Albertina es un hotel de estilo moderno, y algo de eso hace ya sospechar su ingreso, ya que el lobby está ubicado en el subsuelo y se accede al mismo por una escalera. Ir por allí cargado con valijas es realmente incómodo, nada bueno para un hotel, pero el Albertina lo soluciona de forma simple: al lado de la entrada principal hay una puerta por la que accedés a un pasillo a nivel de planta baja, y allí tenés acceso al ascensor que te lleva a las habitaciones. De esta forma uno sube las valijas sin pasar por la escalera.

La habitación es correcta y cuenta con una cama ENORME. La más grande que ví en mi vida. Los detalles modernos se encuentran principalmente en el baño, especialmente en el lavatorio y en la puerta de acceso, que es de vidrio opaco y aunque no cuenta con traba, cierra bien.

Va aquí mi crítica más fuerte para el Albertina: un solo juego de toallas en una habitación para dos personas es un “no rotundo”; y en cuento a los jabones, solamente uno en el lavatorio. Para bañarte arreglate por tu cuenta. Pequeños detalles que hacen al servicio. Si bien la limpieza del hotel es excelente y en parte compensa, son cuestiones que deberían tener más presentes ya que realmente no cuesta nada y mejora mucho la calidad de la estadía.

Y si hablamos de críticas no podemos dejar de mencionar el wifi, que es malo, pero esto no es propio del hotel: como ya comenté, en toda la provincia de San Juan no encontré un solo wifi que funcionara como la gente.

El desayuno, que se sirve de 7 a 10 hs en el salón del subsuelo es de los mejores que he probado. Completísimo, incluye pan, budines, pastra frolla, diferentes clases de factura y lo que se te ocurra para untar, acompañado de jugos de varios sabores, té, café o mate cocido. Completan la oferta fiambres y cereales. El detalle: las mesas no están puestas, sino que hay un mueble a un costado donde se encuentra toda la vajilla que la primera vez puede resultar algo difícil de ubicar.

El staff del Albertina fue muy cordial. Atentos a todo lo que necesitás, te hacen sentir como en casa.

Así fue nuestro paso por el correcto Hotel Albertina; una buena alternativa en pleno centro de San Juan.

 

 

 

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Galería de Fotos: La excursión a Laguna Brava en imágenes.

El camino desde Vinchina hasta la Laguna Brava está lleno de hermosos paisajes que van variando a medida que el auto avanza, desplegando distintos tonos y colores kilómetro a kilómetro. No podía faltar entonces, la correspondiente galería de fotos de esta excursión!

Vaya la primer imágen para el protagonista de esta aventura, estacionado al costado de una ruta que te deja con la boca abierta.

Esta es la ruta de la que te estoy hablando.

Y estos los colores que se ven.

Ruta desde la que se pueden apreciar diferentes geoformas, como la pirámide…

O la herradura…

En un momento se abaca el asfalto, y la ruta se convierte en ripio entre las montañas.

Pero que de todas formas sigue señalizada.

No estamos solos…

Las vicuñas nos siguen, aunque algunas se mantienen a cierta distancia.

El camino que se pierde a lo lejos

Gira

Y a lo lejos aparece la laguna

Nos acercamos a la orilla y estacionamos lo autos.

Así de imponente se la ve.

Los extremos congelados por el intenso frío.

Sin embargo los flamencos no se hacen problemas y andan por el agua como si nada.

Tampoco somos los únicos aquí, con el correr de los minutos comienza a caer la gente.

Aunque algunos parecen más solitarios que otros…

Tan solitarios como un avión estrellado hace décadas atrás…

Acompañados tan solo por las montañas que se alzan imponentes alrededor.

Es hora de emprender el regreso hacia Vinchina, y los colores vuelven a cambiar abruptamente al dejar atrás este escondido espejo de agua.

Las paredes de piedra se alzan entre nosotros y guían nuestro camino.

Mientras que desde el cielo un cóndor enorme nos custodia, o vigila…

Así finaliza esta galería de fotos.

Si querés saber todos los detalles de esta excursión, te invito a ver el post haciendo click acá.

En cambio si querés enterarte sobre el avión estrellado, hacé click acá para ir al post.

Y al resto los espero en la próxima publicación de Ahicito!

La increíble historia del avión estrellado en Laguna Brava, La Rioja.

Personalmente las montañas y los espectaculares paisajes que generan y las rodean, es algo que me fascina. Allí uno se siente pequeño y lo único que cabe es la humildad ya que queda manifiesto que el hombre no es gran cosa ante la imponente Naturaleza, pero aún así, esos lugares dan lugar también a historias maravillosas de hazañas donde ciertos hombres se han convertido en gigantes.

Cuando revisaba el itinerario de las vacaciones en San Juan y La Rioja, la Laguna Brava aparecería como uno de los puntos más interesantes a visitar, pero a la vez era el más alejado. Sin embargo hubo un dato que hizo que no dudara ni un instante: en la desolada Laguna Brava, a unos 3000 m.s.n.m. yacen los restos de un avión que se estrelló en aquél recóndito lugar.

Desde el lugar de encuentro a la orilla de la laguna si uno agudiza la vista puede distinguirse a lo lejos un montículo que sobresale del agua: es lo que queda del fuselaje del avión, punto hasta el que puede llegarse en una excursión especial disponible únicamente en época estival. Algo más aca, en nuestra visita pudimos apreciar claramente un pedazo de ala, que desprendido de los demás restos, fue acercado hasta allí por el viento y el agua.

Según nos contó nuestro guía de la excursión (cuyo post podés leer haciendo click aquí), se trataba de un avión que transportaba caballos desde Lima hacia Buenos Aires, con una escala programada en Santiago de Chile para reaprovisionar combustible. Durante el cruce de cordillera uno de sus motores falla, por lo que el piloto busca un lugar dónde aterrizar de emergencia, divisando esta mancha blanca entre las montañas a la que confundió con un salar. Cuando se dio cuenta de que en realidad era agua, ya era demasiado tarde. El avión pancea sobre el líquido y se arrastra hasta detenerse, con tanta suerte que nadie muere en el accidente, con salvedad de dos de las yeguas.

Con los equipos de radio salvaguardados previo al aterrizaje forzoso, los seis tripulantes pidieron auxilio y así se puso en marcha un operativo de rescate que partió desde Vinchina. Sin embargo, recuperar el avión era muy difícil y costoso, así que quedó allí abandonado.

Pero quizá lo más interesante de la historia comience aquí, ya que estos restos fueron vendidos (sí, leíste bien, un avión estrellado que no se pudo recuperar de la laguna fue vendido en lo que seguramente haya sido el negocio del siglo). Según dicen, el motivo de esa venta es que además de los caballos, el avión transportaba al momento del accidente un contrabando de joyas y drogas ilegales. Es así que, sabiendo que sacarlo de allí sería casi imposible, sus nuevos dueños se acercaron hasta Laguna Brava sopletes en mano, con intención de desguazarlo, pero como con el frío los aparatos no funcionaron, decidieron desarmarlo a hachazos limpios. De allí que el ala esté desprendida del resto del fuselaje.

No se sabe si esta expedición encontró el cargamento ilegal que buscaba. Ni siquiera se sabe si esta última parte de la historia es real. Lo que sí se sabe es que los restos del avión están allí realmente, y que detrás de ellos hay una historia apasionante.

El Refugio del Peñón, camino a la Laguna Brava.

Saliendo desde Vinchina por la RN76 rumbo hacia las montañas, uno toma el camino que conduce hacia el paso fronterizo con Chile conocido como Pircas Negras. En un punto de la ruta, por la cual uno va observando la majestuosidad de los paisajes que se levantan en las cercanías a la Laguna Brava de la que hablamos en un post anterior, una particular construcción al costado del asfalto llama la atención.

De inteligente forma circular, un refugio de piedra se levanta en el camino, lejos de todo vestigio de civilización. Según reza el cartel introductorio, está alli desde el año 1873 por orden del entonces presidente de la república Domingo Faustino Sarmiento, quién decidió construir una serie de refugios para los arrieros que llevaban su ganado hacia o desde Chile a través del Camino de los Toros.

A través del circuito que estos hombres hacían se levantan estas construcciones donde podían tomar un descanso y pasar la noche abrigados del gélido clima externo. La forma circular al mejor estilo hornero no es casualidad, sino que está especialmente pensado para que el viento helado no ingrese por la puerta, que al tratarse de un pasillo circular se lo impide.

Por una pequeña ventana entra la luz y se puede ver el panorama en el exterior. Dentro del refugio, una pequeña mesa y algunos bancos fabricados rústicamente con troncos constituyen todo el mobiliario disponible.

Son varios los refugios que Sarmiento mandó construir. Este en particular debe su nombre a estar levandado junto a un enorme peñón que viene a bautizarlo. Hoy en día no hay arrieros que pasen por estos pagos y necesiten un techo donde pasar la noche, pero sí los utilizan a menudo los escaladores en sus largas caminatas hasta el punto donde comienzan los ascensos.

Y por supuesto nosotros, que paramos a degustar la vianda que llevábamos de almuerzo. Cuando vayas hacia Chile por este paso, o bien cuando hagas la excursión de Laguna Brava, no te olvides de parar y conocerlo por dentro vos también!

Excursión a la Reserva Provincial Laguna Brava, en La Rioja.

Dentro de los límites de la provincia de La Rioja y en medio de la inmensidad de la Cordillera de los Andes se encuentra la Reserva Provincial Laguna Brava, que le debe su nombre al extenso espejo de agua de apenas un metro de profundidad que constituye su característica más saliente. Cuando uno está de paseo por esta zona, la visita a la laguna será casi una cosa obligada.

En nuestro caso la lógica fue exactamente al revés: nos habíamos llegado a Vinchina exclusivamente para hacer esta excursión con la gente de la Cooperativa Laguna Brava, quienes te dan dos alternativas: podés contratar el paseo completo que incluye ir en sus vehículos, o bien podés optar por ir en el tuyo propio, para lo cual no necesitás que sea un 4×4 ni nada por el estilo (de hecho nosotros fuimos en un Corsa Classic alquilado).

Dentro de los preparativos previos hay que tener en cuenta algunos detalles importantes:

  • Si vas con tu vehículo, tanque lleno a tope, incluyendo la reserva. En Vinchina hay una sola estación de servicio en la que tendrás que completar lo te falte la noche antes de salir.
  • Es una excursión de día completo y las comidas y bebidas no están incluidas, así que fundamental llevar una vianda para el almuerzo y unas galletitas para el camino.
  • Abrigo: La laguna se encuentra a unos 3000 m.s.n.m. y el viento ahí arriba es frío y terriblemente intenso, así que aunque sea verano un buzo y/o campera abrigados son obligatorios, si es con capucha mucho mejor. Si tenés buenos guantes, agarralos. Te va a ser más cómodo que andar con las manos en los bolsillos todo el tiempo.

El día del paseo arrancó bien temprano con el desayuno el El Portal de la Laguna donde estábamos alojados, ya que a las 8.30 teníamos que estar en el punto de encuentro. Allí conocimos al guía que se encaramaría en el primer vehículo, y el resto los seguiríamos. También nos equiparon con walkie talkies con los que nos manteníamos comunicados. A través de esos aparatitos el guía nos iba explicando y dando indicaciones del camino a todos los autos de la caravana; como así también nosotros podíamos hacerle las preguntas que surgieran.

Luego de registrarnos en un puesto de control salimos del pueblo por la ruta 76 y cruzamos la Quebrada de la Troya, donde se destacan diferentes formaciones geológicas como ser La Pirámide y La Herradura.

La primer parada larga será en el poblado de El Jagüel, conocido popularmente como “La Venecia Riojana” ya que cuando llueve copiosamente su calle principal se convierte literalmente en un río correntoso. Es por eso que las casas están a tal desnivel que los techos de nuestros autos quedan casi a la altura de las veredas. Aquí frenaremos en un improvisado parador donde podremos abastecernos de algo para el mate.

Ahora sí estamos comenzando la parte fuerte de esta aventura. Dejamos atrás el poblado y empezamos a internarnos en la cordillera con el auto, donde los colores comienzan a ser más variados y vistosos con el correr de los kilómetros. Incluso llegamos a divisar lo que sería la versión riojana del Cerro de los Siete Colores de Purmamarca (según el guía, incluso con algunos colores más).

A la vera del camino, algunos de los yuyos son utilizados aún hoy con fines medicinales por los lugareños.

En un momento tomamos un desvío y dejamos atrás el asfalto que nos conduciría hacia el límite con Chile. El camino de ripio es árido y los autos avanzan levantando una importante polvareda a su paso, pero aún así no es complicado manejar. En aquellos tramos donde se necesita algún poco extra de atención, nuestro guía se encarga de indicárnoslo a través del walkie talkie.

Luego de una vuelta, en medio de la nada, aparece una singular construcción de piedra con forma circular. Se trata de un refugio donde al regreso pararíamos para almorzar, y del que hablaremos más extensamente en otro post, para que este no se haga tan largo.

En un punto del camino, ya cuando el terreno se ha vuelto más llano, el auto guía se desvía del ripio hacia la izquierda, y comienza a avanzar casi a campo traviesa, aunque por un terreno cuidado y perfectamente transitable. Estamos llegando a la Laguna Brava, que debe su nombre a su clima extremo, especialmente al viento helado que sopla con una fuerza inusitada al punto de obligar a levantar la voz para escucharnos sobre su rugido cuando estamos en el exterior.

Abrir la puerta para bajar del auto puede ser bien un desafío o un peligro, dependiendo de cómo se haya estacionado. En cualquier caso será conveniente realizar la maniobra con ambas manos para evitar que la puerta se estrelle contra la carrocería, o salga arrancada al ser embolsada por una ráfaga. Quizá sea por acción del viento pero la temperatura es bien baja y se siente en las extremidades, especialmente las manos y las orejas, así que hacer una caminata bordeando la laguna hacia uno de sus extremos es una buena idea tanto para entrar en calor como para extasiarse observando el paisaje.

Allí del otro lado se levantan los cerros Veladero y Bonete Chico, y en la laguna de contornos blanquecinos que delatan la presencia de sal se distinguen partes congeladas en los extremos, y el agua en estado líquido al centro que se mueve hacia donde el viento le indica. Más allá, en el horizonte se distingue algo que sobresale del agua y desentona con el paisaje natural que nos rodea, pero la historia #avgeek del avión que se estrelló en este paraje será cosa de otro post.

Llega el momento de despedirnos de los flamencos que (quién sabe cómo hacen) disfrutan plácidamente con las patas de alambre metidas en el agua helada, y comenzar el retorno. El camino de regreso es el mismo por el que veníamos, así que lo hacemos sin frenarnos a revisar tanto los detalles, aunque tanto las vicuñas en las laderas como un imponente cóndor que vuela en círculos sobre nuestras cabezas obligan a sendas paradas para alzar las cámaras de fotos. 

Las 4×4 que llegan desde Villa Unión, en cambio, no parecen interesarse por estos detalles nimios y nos pasan a toda velocidad. Claro, arrancar la excursión desde allá implica agregarle 70 km de ida y otros tantos de vuelta, y es por eso que yo recomiendo hacerla desde Vinchina.

Ya llegando al pueblo hacemos nuestra última parada. A un costado de la ruta un conjunto de estrellas capayanes puede visitarse.

Conocidas popularmente como estrellas diaguitas tienen nueve puntas y están hechas acumulando piedras formando triángulos rojos y azules, delimitados por líneas blancas. Si bien se las atribuye a ritos religiosos de los pueblos originarios de la región, hay historiadores que no concuerdan con la denominación de “diaguitas” ya que estos nunca habitaron estas latitudes.

Ahora sí, finalizada la última parada, tomamos la pronunciada curva que realiza la ruta e ingresamos en la calle principal de Vinchina para llegar hasta la oficina de la cooperativa, donde devolvemos los walkie talkies y nos despedimos del guía y el resto de los excursionistas.

A ellos no tengo idea de cuándo volveré a verlos, pero a vos te espero en los próximos posts de Ahicito Nomás, para descubrir las historias del refugio y del avión de la Laguna Brava.