Archivo de la categoría: Argentina

Una noche en el Howard Johnson La Cañada, Córdoba.

Hace unas semanas atrás viajé por trabajo a la ciudad de Córdoba. En ocasiones estos suelen ser viajes relámpago, donde se vuela a primerísima hora de la mañana y se vuelve en el último vuelo de la noche, luego de haber asistido a alguna reunión puntual. Esto implica, por supuesto, terminar el día verdaderamente fusilado. En esta ocasión, afortunadamente, pude hacer un alto en la capital cordobesa y repartir la agenda en dos jornadas, haciendo noche en el Howard Johnson ubicado en La Cañada.

En líneas generales es un hotel cómodo, sin grandes lujos, típico para cualquier viajero de negocios. Sin ser enormes, las habitaciones son amplias, y a pesar de estar yo solo tenía a mi disposición dos imponentes camas matrimoniales, algo que aunque es bastante habitual, no termino de entender bien.

Como servicios adicionales en la habitación podemos nombrar la caja fuerte, la cual tiene capacidad para guardar la laptop (cuestión escencial en todo hotel que se precie de recibir gente de negocios) y frigobar, que si bien se puede considerar un detalle, puede llegar a ser importante, y por supuesto es un infaltable en todo hotel de categoría que se precie de tal.

En contraste el baño tiene algunas deficiencias. Comenzando con el único portatoallas disponible (inadmisible cuando la habitación cuenta con dos camas), el mayor detalle negativo (importante error de diseño) es la ubicación de la puerta de acceso a la ducha. La misma abre hacia adentro y está ubicada en el centro, justo debajo de la regadera.

Cualquier persona normal abre la ducha y deja correr el agua antes de entrar. En este caso la maniobra se complicará bastante, ya que una vez adentro no hay espacio suficiente para volver a cerrar la puerta, y además, durante el preceso el agua que cae sobre uno, con la puerta abierta, salpica todo mojando el exterior. Si a eso le agregamos que la puerta no traba y se abre hacia afuera hasta hacer tope con el inodoro, estamos en un problema: lo más probable es que luego de ducharnos tengamos que tomarnos un tiempo para secar el despelote que armamos gracias a un arquitecto que poca idea tiene de cómo funcionan las cosas en un baño.

Punto destacable para elogiar: el jabón en pan, como corresponde. Nada de jabón líquido. Y un pan para el labatorio, y otro aparte para la ducha. Nada de estar picoteando un mísero jabón y obligando al huésped a racionarlo para que alcance para todo.

Otro punto a favor es el desayuno, que se sirve en el salón de la planta baja. Muy completo, hay varias opciones de bebidas que hasta incluyen yogurth, además de tener fiambres, panificados, cereales y frutas.

Finalmente, el Howard Johnson está muy bien ubicado. Sin localizarse en pleno centro de la ciudad (que es muy ruidoso y complicado por el tránsito) está a un par de cuadras del mismo, con lo cual si uno quiere pasear por la noche o bien, llegarse hasta una oficina céntrica de día, podrá hacerlo a pie sin inconvenientes.

Así finaliza la reseña de este hotel cordobés, una opción a tener en cuenta cuando se visita la ciudad del fernet.

Anuncios

Paseamos entre paredes rojas: Excursión al Cañón del Talampaya.

A unos 60 kilómetros de Villa Unión aproximadamente se encuentra uno de los parajes más lindos y famosos de la provincia de La Rioja. El Parque Nacional Talampaya fue creado originalmente a nivel provincial en 1975 con el objetivo de proteger y conservar los particulares yacimientos arquelógicos y paleontológicos que se encuentran en aquél lugar. En el ’97 pasó a ser de carácter nacional, y más recientemente desde el año 2000 ostenta la categoría de Patrimonio Mundial.

En conjunto con Ischigualasto (más conocido como Valle de la Luna y del que ya hablamos en el post que podés leer haciendo click acá) se extienden por una superficie de 275300 hectáreas y albergan al conjunto continental de fósiles más completos del mundo correspondientes al Triásico, tal como indica la página web oficial.

En un clima extremo en cuanto a la amplitud térmica, Talampaya goza de muy pocas lluvias durante el año, concentradas en la primavera y el verano, donde suelen ser de intensidad tal que los ríos (habitualmente secos) saben anegarse de modo que las visitas quedan momentáneamente suspendidas hasta que vuelvan a secarse, cuestión que en definitiva no tarda mucho tampoco.

El Cañón del Talampaya es quizá la excursión más famosa y marketinera, y se puede realizar tanto en combi como en camiones 4×4 que permiten subirse al techo para vivir la experiencia al aire libre y, en todo caso, tomar mejores fotografías sin vidrios de por medio. Claro que todo esto le da un aire a parque de diversiones estilo Disney World poco autóctono que, en mi opinión estrictamente personal, le hace perder un poco la magia. Igualmente, si vas con chicos, es una excelente aventura donde la van a pasar muy bien. Si son solamente adultos, conocer el paisaje amerita abonar la excursión (que a $600 por persona es algo saladita) aunque quizá quieras optar simplemente por la combi que es unos pesos más económica. A ese valor debés agregar el ingreso al Parque Nacional, que es de $120.

La primera estación de la excursión son los petroglifos, que son ni más ni menos que dibujos grabados en la roca. En esta zona son numerosos y retrotraen a los pueblos originarios, aunque hay también reminiscencias extraterrestres, ya que algunas de las figuras son un tanto sugerentes.

Las rocas talladas, como si fueran un mapa.

Allí también se encuentran los morteros, agujeros en la roca que fueran utilizados por los indígenas para realizar sus preparaciones.

El camión seguirá luego viaje por el cauce seco del Río Talampaya para comenzar a adentrarse en el cañón propiamente dicho, es decir, entre las dos enormes y rojizas paredes que, si bien están algo alejadas unas de otras, encajonan el río y designan su curso. Así se llegará a la estación de las chimeneas, surcos casi perfectos cavados en la roca que suben hacia lo alto de la pared, y en las que el guía nos hará probar el peculiar eco que producen al gritar algo.

En esa zona destaca un pequeño bosque con abundante vegetación verde, la cual es aprovechada por el guía para indicarnos que debajo del suelo, y al ras de este, corren ríos subterráneos que alimentan las plantas. De hecho, si uno escavara apenas un poco con el talón del pie, encontraría que la humedad brota del piso.

En esta estación al volver al camión el visitante se encuentra con una abundante picada en la que sobresalen las aceitunas, autóctonas de aquella zona y carnosas como nunca antes había visto. El refrigerio está sólo incluido en la excursión del camión, no así en la de las combis, pero no hay que hacerse drama pues, a pesar de lo buenas que estaban las aceitunas, no te perdés de gran cosa si no elegiste la versión 4×4.

A partir de allí vendrán los platos más fuertes del paseo. Personalmente, la estación que más me impactó fue la de las iglesias, cuyas formas se destacan claramente contra las piedras. Pero esto es sólo unos minutos, vista desde el ángulo correcto, porque una vez pasado el mismo ya la forma se desdibuja en el fondo. Es por eso que, aunque con cabezas en el medio, la foto se imprime. La que sacara algunos metros después ya no sería lo mismo.

El final de la recorrida se da en el monje, la geoforma muy clara e impactante, justo detrás de la botella (o el termo para los argentinos amantes del mate).

Del otro lado, la tortuga.

En temporada alta será conveniente sacar la entrada de forma anticipada por internet. Para ello se compran los tickets en la web y luego habrá que presentarse en el centro de visitantes a tiempo. En ese sentido no hay que confiarse en las indicaciones del Google Maps, ya que marca el parque en el punto en que este comienza, pero el centro de visitantes está a largos kilómetros más allá. Para que les sirva de referencia, desde Valle Fértil en auto se tarda casi dos horas en llegar.

Talampaya no es solamente el cañón, sino que hay otras opciones para adentrarse en este parque y conocerlo. Pero eso es cuestión de próximos posts, así que si te gustaron estas vistas, te espero por Ahicito Nomás para seguir recorriendo La Rioja.

Visitamos el paraje de Vuelta de Obligado: Allí donde comenzó la soberanía nacional argentina.

Hoy en día la República Argentina es un país consolidado y sus ríos interiores responden a la soberanía nacional y sólo pueden ser navegados por embarcaciones extranjeras que estén autorizadas por el gobierno. Sin embargo esto no fue siempre así, ya que el proceso de formación de nuestro país fue largo y tedioso. Si bien es difícil ponerle fecha al nacimiento de Argentina como país (podría ser 1810 con el primer gobierno patrio, 1816 con la declaración de la independencia, o quizá 1853 con la Constitución Nacional) sí es bastante más fácil indicar la fecha en que quedó claro que navegar ríos interiores requiere autorización argentina.

Este último lunes se cumplió un nuevo aniversario de la Batalla de Vuelta de Obligado, actualmente reconocido como se merece a través de un feriado nacional que conmemora la afirmación de la soberanía nacional. Vuelta de Obligado es una pequeñísima localidad de la municipalidad de San Pedro, donde el Río Paraná hace una curva que dificulta la navegación, razón por la que fue elegida para establecer el principal punto de defensa ante la invasión extranjera. Este fin de semana largo estuvimos allí, conociendo el lugar exacto donde se dieron los hechos que nos marcaron como nación.

El Parque Histórico Nacional Vuelta de Obligado es de entrada libre y gratuita, y en su interior apenas se ingresa destaca el Museo de la Batalla que tendrá su post exclusivo próximamente. Enclavado en el punto donde tuvo lugar la gesta histórica, el parque propone una recorrida por diferentes placas que hacen alusión a los hechos históricos, para finalizar en un monumento que simboliza las cadenas entrelazadas. Al lado se ubica la figura de Rosas que lideraba la Confederación Argentina en aquella época, y quién fuera una de las figuras de nuestra historia que más reivindicara la soberanía de Argentina como nación, y quién por suerte al fin obtuvo su propia reivindicación a través de la corriente de historiadores revisionistas.

Las cadenas son por supuesto el mayor símbolo de la gesta, ya que ante el avance de la flota anglo-francesa que pretendía comerciar con las provincias del litoral y con Paraguay remontando el Río Paraná sin autorización del gobierno de Buenos Aires, un conjunto de cadenas fueron dispuestas sobre 24 lanchones cruzando y bloqueando el paso por el río.

A pocos metros del parque se encuentra el ingreso al Sitio Histórico Nacional, punto en el que se dispusieron las cuatro baterías de cañones, justo frente a las cadenas, desde las que la flota invasora fue atacada ferozmente cuando tuvo que detener su avance al toparse con el tan artesanal como ingenioso bloqueo argentino.

Allí están aún un par de cañones, amenazantes ante cualquier extranjero que pretenda violar la soberanía argentina.

Si bien la flota extranjera finalmente logró cortar las cadenas cuando los cañones argentinos comenzaron a quedarse sin municiones, y aunque las bajas nacionales estimadas en entre 400 y 600 muertos fueron mucho mayores a las de la flota invasora, este combate sentó un precedente y se tomó como un símbolo de la defensa de nuestra soberanía.

Luego de sufrir numerosas y graves averías los invasores lograron romper las cadenas y remontar el Paraná, pero se encontraron con una fuerte resistencia también en otros puntos de su travesía, ya que las provincias argentinas (con excepción de Corrientes donde pudieron cerrar algunos tratos comerciales) los repudiaron y atacaron, generando mayores bajas. Tambièn los ingleses y franceses lograron comerciar con Paraguay, pero el costo generado por los ataques argentinos fueron de tal magnitud, que a nivel económico la operación resultó un fracaso rotundo.

La Batalla de Obligado se perdió, pero fue el factor inicial y necesario para que las potencias europeas decidieran cerrar el conflicto, Inglaterra primero en 1847 y Francia un año después, firmando tratados que reconocieron al Río Paraná como de navegación interna de la Confederación Argentina. Es por eso que, desde hace unos años, los argentinos (o la mayoría de ellos) no trabajamos los 20 de noviembre, conmemorando el hecho histórico que afianzó la soberanía nacional ante la comunidad internacional.

Y es por eso que todo argentino que esté paseando por la zona no puede dejar de acercarse a conocer este sitio donde nuestro país comenzó a tomar forma. ¡Te invito a conocerlo!

 

 

Imperdible Visita Guiada al Teatro El Círculo de Rosario.

Muy cercano al microcentro rosarino, en la intersección de las calles Laprida y Mendoza se levanta un monumental edificio que merece la admiración del mundo entero. Se trata del Teatro El Círculo, una sala de ópera que nada tiene que envidiarle al mítico y famoso recinto porteño, el Teatro Colón; ni a otros alrededor del globo.

Por supuesto que hay que vivir la experiencia de ver un espectáculo en ese escenario centenario, pero también es muy recomendable realizar la visita guiada, que por apenas $125 por persona permite conocer los detalles del “otro lado” del teatro (incluyendo ingreso a los camarines y al escenario), a la vez que ayuda a la autofinanciación de la institución que lucha, año a año, por mantener sus libros de balance con un asombroso y admirable déficit cero.

La interesantísima historia del teatro comienza allá por el año 1888, dentro de un contexto histórico – social caracterizado por inmigrantes europeos que veían prosperar la ciudad y añoraban las operas que solían escuchar en sus patrias del viejo continente. La alta sociedad de Rosario necesitaba entonces un lugar donde disfrutar de la buena música y así fue que la Sociedad Anónima Teatro La Ópera se embarcó en la construcción de este edificio.

Sin embargo los problemas económicos se hicieron presentes y determinaron que la obra quedara abandonada, convirtiéndose el edificio a medio construir en un lugar peligroso, conocido por los rosarinos de la época como la “Cueva de los Ladrones”, por lo que hubo intensas presiones sobre el municipio para que se diera una solución definitiva. Imposibilitada de seguir adelante, la Socidad Anónima vende el proyecto al empresario alemán Emilio Schiffner, quién lo retomaría con algunas importantes modificaciones, hasta llevarlo a buen puerto inaugurándolo el 4 de julio de 1904 con una capacidad para 1500 expectadores.

El mayor reconocimiento al trabajo de Schiffner y Goldammer, tal como se apellidaba el experto en acústica contratdo por el alemán, llegaría de las manos del famoso tenor italiano Enrico Caruso, quién luego de actuar en aquél escenario dejó una nota felicitando a las autoridades del teatro, e indicando que la acústica era formidable y no tenía nada que envidiarle a los mejores coliseos del mundo, pareciéndose a la del Metropolitan de New York.

Las escaleras del teatro son de mármol de carrara y, por supuesto, cien años después, siguen intactas. Sin embargo hay otros materiales que lógicamente se van desgastando con el tiempo, y en esos casos (como ser las alfombras) al administración cuida que en la restauración se mantengan la imagen y conceptos originales.

Una nota de color es la de las arañas, sin tulipas y con las bombitas al descubierto. Según nos explicó nuestra excelente guía, en la época en que se inauguró el teatro la luz eléctrica recién llegaba a la ciudad, y ese era el único edificio de Rosario que gozaba de este servicio. Por lo tanto las arañas fueron diseñadas para mostrar esto y ostentar la última tecnología de la que gozaba el lugar.

Si bien todo en el teatro es simétrico de izquierda a derecha (cuestión especialmente ideada para mejorar la acústica), uno no puede dejar de notar la diferencia de tamaños entre la sala y la recepción. Esto se debe a que el terreno originalmente adquirido respondía al primer proyecto, el cual fue modificado luego por Schiffner. Por lo tanto, para albergar durante las pausas a la cantidad de gente que entraba en la sala principal, debieron construirse salas adicionales en el primer piso.

Hoy en día, sabiendo que no toda la gente que presencia el espectáculo sale afuera durante el intervalo, y con los fumadores obligados por ley a despuntar el vicio en la calle, esas salas quedaron en desuso en lo que a público se refiere, y entonces se las aprovecha alquilándolas a una escuela de ballet ruso y a una de comedia musical, ayudando con estos ingresos extras a la recaudación de los fondos necesarios para asegurar el funcionamiento. Claro que para un sano balance es necesario un férreo control de gastos, que se logra con una planta permanente de apenas una docena de empleados, y contratando externamente los profesionales necesarios cuando sea requerido. Optimizando tanto ingresos como egresos, El Círculo logra año a año presentar un balance contable con déficit cero.

Pero por supuesto estas salas de nada servirían sin la principal, llamada La Ópera en conmemoración del primer nombre del teatro, si bien luego de la Segunda Guerra Mundial la institución entró en crisis y fue la Asociación El Círculo la que decidió salir en su rescate, trasladando su sede permanente allí e imponiéndole el nombre que lleva hoy en la actualidad.

El teatro entero, pero la sala en particular, se diseñó en virtud de la acústica, en pos de la cual los sótanos funcionan como cajas acústicas que amplifican los sonidos de manera formidable. Bajo el escenario (al cual se puede subir durante la visita guiada) un espacio de 11 metros de altura garantiza que el sonido sea óptimo.

Además de la Sala La Ópera, el foyer, y las salas de ensayo, durante la recorrida se visitan también los camarines, desde los cuales se accede al escenario tal como harían los artistas para iniciar una función. Incluso con el precio del abono se ingresa a los sótanos del teatro, donde funciona el Museo de Arte Sacro Barnes, pero eso es materia de otro post.

Lo que sí corresponde a este post es destacar el nivel de arte que hay en la ornamentación del teatro, incluída la increíble cúpula y la particularidad de las pinturas que figuran en el arco del escenario y en otras salas del edificio, donde si bien son solamente dibujos, están hechos con una técnica especial que engaña al ojo y simula relieve.

En este primer plano se ve mejor. Si bien parece haber relieve, las figuras solo están pintadas.

El Teatro El Círculo ha de ser realmente un orgullo para la ciudad de Rosario. Y para cualquier turista que la visite, es una parada obligada, aunque para muchos desconocida. Así que ahora que ya leíste el post, no tenés más excusa. En tu próxima estadía en la ciudad de la bandera chequeá los horarios en la pagína web y date una vuelta por El Círculo.

Galería de Imágenes de Punta Loma y el Cerro Avanzado.

Hace unas semanas atrás te contaba sobre nuestra visita a la Reserva Natural Punta Loma, en las afueras de la ciudad de Puerto Madryn. Allí se puede apreciar gran cantidad de fauna desde un mirador que nos da una vista alucinante de los acantilados.

Y de sus particulares inquilinos: los lobos marinos de un pelo.

Es habitual encontrarlos en zonas como esta, reparadas pero a la vez con fácil acceso al mar, ya que las crías se lanzan a nadar desde muy chiquitas, con apenas 15 días de vida.

Se nota a simple vista que a estos animales les encanta el agua.

Juguetones, esperan la ola. Y la ola llega.

Y no les hace problema alguno la furia con la que el mar golpea las piedras.

Pero eso sí, cuando es hora de descansar prefieren tirarse al sol y esquivar la marea que sube amenazante, al punto de quedar unos encima de otros.

¿Estás cómodo vos?

Y no somos los únicos en deleitarnos con este espectáculo: las gaviotas aterrizan cerca y miran fijamente el agua, aunque más que divertirse con los lobos marinos sospecho que están al acecho en busca de comida.

Casi como si fuera un aeropuerto, las gaviotas gozan de señalización que les indica hacia dónde va el viento al momento del aterrizaje y despegue.

Adentro del agua, sin embargo, poco importa el viento de superficie.

Y mientras unos nadan y disfrutan de la playa, siempre está el malhumorado que le protesta a los vecinos.

Desde arriba, y en otras épocas, el guardafauna observaba todo atentamente desde su precario refugio.

Saliendo de la reserva, el camino nos lleva hacia el Cerro Avanzado, antes de emprender el regreso a la ciudad.

Un lindo y recomendable paseo por el sur argentino. Más si te toca un espectacular día de sol como nos pasó a nosotros. Nada de quedarse encerrado en casa mirando por la ventana.

Espero que hayas disfrutado de la recorrida por Punta Loma. Cuando estés por Puerto Madryn, agendátelo: no dejes de ir!