Archivos Mensuales: septiembre 2019

Saliendo de Canadá rumbo a Miami: Reporte del Vuelo AC1642 de Air Canada Rouge

Finalmente terminó la primer etapa de mi viaje por Norteamérica y me dispuse a volar hacia Miami, donde aún me esperaban un par de intensas jornadas laborales. Así es que llegué  con algo más de tres horas de anticipación a la Terminal 1 del Aeropuerto de Toronto con el servicio de shuttle gratuito que brinda el hotel Doble Tree donde me estaba alojando.

El Toronto Pearson tiene la particularidad de que en la Terminal 1 está el USA Transborder, dedicado exclusivamente a vuelos hacia Estados Unidos. En el hall de checkin se deben utilizar los kioskos para imprimirse uno mismo los tickets de equipaje mediante un proceso que es largo, pero bastante claro. En la máquina se puede seleccionar el idioma que uno prefiera, haciendo las cosas más simples, salvo cuando el sistema pide escanear la visa: en el caso de los argentinos, nosotros tenemos dos visas, la de Estados Unidos y la de Canadá ¿Cuál es la que me pedía el sistema? Probé con la estadounidense, que me pareció la más lógica por ser mi próximo destino, y funcionó.

Una vez que adherí los stickers a mi equipaje (tarea con la que recibí la amable ayuda del staff de tierra de Air Canada Rouge) llegó el momento de despachar la valija… con el sistema automático! En ese momento no tenía idea, pero algo similar se estará implementando próximamente en Ezeiza, así que me vino bien para comentarlo en este post, y para irme entrenando.

La cuestión es bastante simple ya que simplemente tuve que apoyar la valija en el compartimiento. La máquina la pesó, leyó el código de barras del sticker y allí mismo me identificó como pasajero y cuál era mi destino. En el lector de la máquina pude leer que habían recibido mi equipaje con destino Miami, pero aún así, un poco en broma un poco en serio, me preguntaba si realmente había salido todo bien, o si acababa de enviar mi valija a.. Tokio, quizás?

Con pasaporte y boarding pass en mano (que lo imprime el mismo kiosko del sticker para el equipaje), sólo quedaba pasar por los controles de seguridad. Aquellos que estén inscriptos en el programa Global Entry del gobierno de Estados Unidos (sistema por el cual se aceleran los trámites de ingreso al país) tienen un acceso exclusivo al final del salón. El resto de los mortales tendremos que volver hacia las puertas de entrada a la terminal, donde está el acceso normal hacia los gates.

Allí dentro se hace el control de seguridad (laptops fuera del equipaje de mano y en una bandeja exclusiva) y se pasa a un enorme hall donde se realiza migraciones, pero no de salida de Canadá, sino de ingreso a Estados Unidos. Tal como es cuando se llega a un aeropuerto estadounidense, el primer paso es pasar por las máquinas que escanean la documentación y huella digital, nos sacan la foto y donde debemos contestar el cuestionario de rigor. Luego se pasa a la entrevista con el agente de la TSA.

La cola es importante y el proceso tiene una demora considerable, así que una recomendación a tener en cuenta cuando tengan que volar desde Canadá a Estados Unidos que que vayan con tiempo suficiente al aeropuerto, respeten las 3 horas antes del vuelo. Recuerden que en este caso hacen migraciones antes de partir y no al llegar, así que mejor que sobre el tiempo después; a llegar ajustados y terminar perdiendo el vuelo.

El cuestionario del agente de la TSA fue bastante standard pero algo más detallado que los que me ha tocado contestar las veces que llegué a Miami desde Argentina. Además de las clásicas preguntas sobre mi ocupación, motivo y duración del viaje, me consultó si llevaba plantas, y si tenía dinero por más de USD 10000. Contento con mis sendas negativas me selló el pasaporte y listo. Ya estaba oficialmente en Estados Unidos sin haber despegado los pies de suelo canadiense…

Como me sobraba tiempo y necesitaba preparar algunas cosas de trabajo para el día siguiente opté por usar la Priority Pass y acceder al salón vip, cuyo post pueden leer clickeando aquí. Quince minutos antes de la hora de abordaje me dirigí a la puerta F82 donde subí al A321 en el grupo 3. Esperé durante todo el abordaje, pero los dos asientos de al lado nunca se ocuparon…

Si bien todo se realizó en horario y el abordaje fue bastante rápido, el vuelo en sí salió con un importante retraso. Algo realmente raro, que nunca antes me había pasado, pero se trataba de un problema de papeles: así lo anunció el piloto cuando se dirigió a los pasajeros para disculparse e informarnos que había un problema de documentos que estaban solucionando. Quedó claro que no eran documentos del pasaje, sino del avión en sí.

Media hora más tarde de lo previsto comenzó el push back y nos dirigimos hacia la cabecera, donde hubo que esperar.

Estaba concurrida la cosa…

Mientras nos movíamos por la calle de rodaje los TCP aprovechaban el tiempo realizando la demo de seguridad, que se hace dos veces, en inglés primero y en francés después. Me llamó la atención (y causó gracia) la forma en que el jefe de servicio abordo anunció la repetición: “Bueno, ahora una vez más en francés y estamos listos para irnos”.

Al despegar se activa el servicio de internet y entretenimiento al que se puede acceder con los dispositivos personales (ya que el A321 no cuenta con pantallas propias). En el caso del celular hay que bajar previamente una app y cabe destacar que el entretenimiento es gratis e incluye películas argentinas. En el caso de internet hay que abonar extra. Yo igualmente aproveché para fotografiar a Toronto desde el aire (la imagen de arriba).

El viaje fue muy tranquilo, y el toque en Miami super suave. Eso sí, la media hora de retraso en el despegue la arrastramos y nunca la recuperamos. En Miami, como ya habíamos hecho migraciones en Toronto, desembarcamos diferente a lo que estoy acostumbrado: salimos por manga y nos mezclamos con la gente que esperaba para abordar en preembarque. Siguiendo los carteles llegamos al área de las cintas, donde me entró la tranquilidad al encontrar mi valija.

No había ido a parar a Tokio. Había llegado sana y salva al destino correcto…

Galería de Imágenes: Personajes Teotihuacan y Voladores de Papantla.

Hace unas semanas atrás hablábamos de la increíble Ciudad Prehispánica de Teotihuacan y sus misterioras e imponentes pirámides, que por supuesto son una visita obligada para todo aquél que pase por CDMX. De hecho, cientos de personas pasan por este lugar cada fin de semana y eso dio lugar a un montón de registros gráficos que vienen a parar a este post fotográfico.

Porque claro, ya lo sabemos, estos enormes edificios de piedra son imponentes… ¡Mirá qué grande!

A pesar del tamaño (del de las pirámides y del de los tremendos escalones de las escalinatas) están los que se atreven a subir.

Y claro, es lógico, la vista desde acá arriba vale la pena.

Hay enamorados que contemplan el paisaje desde arriba, y también están los que caminan de la mano, pero abajo…

A veces en la cima sale selfie; otras veces hay quién nos tome la foto. Lo que es seguro que siempre se buscará la mejor pose, aunque no creo que el 4 haga falta: si llegaste hasta acá sin rodar por la escalinata es porque el 0,5 de alcohol no lo superás!

Igualmente el personal de seguridad está siempre atento para evitar locuras, y para hacer respetar al pie de la letra toda norma e indicación que haya.

Bueno, en alguna que otra igual a ellos los agarran in fragantti…

Cambiando de tema, a los que se suele agarrar así en Teotihuacán es a estos locos colgados del poste más alto. Se trata de los Voladores de Paplanta, quienes en descenso boca abajo van danzando al ritmo de la música ritual.

La danza, interpretada por cuatro danzantes que equivalen a los puntos cardinales, tiene un origen religioso y sagrado. Mientras que parado sobre el poste el quinto hombre toca la música y coordina el ritual, el descenso de los cuatro hombres-pájaro representa la lluvia cayendo. Cada uno de ellos realiza 13 giros alrededor del poste central, por lo que considerando a los cuatro danzantes eso da un total de 52 vueltas, número equivalente a los años que tanto los mexicas como los mayas creían que tenía cada ciclo solar.

Increíble, no amigo? Realmente un espectáculo maravilloso, aunque hoy en día la tradición y lo sagrado han cedido ante la vistosidad necesaria en todo entretenimiento.

Lo que no ha cedido absolutamente nada son las ruinas de Teotihuacán, por eso hay que cuidarlas y por eso pedimos por favor “no tocar”. Y ahí sí, te pusimos un guardia atento a que no metas la mano donde no se debe!

Sin dudas, se trata de una excursión para toda la familia. De la mano y con cuidado por favor, que hay muchas escaleras.

Pero por supuesto que si querés ir vos solo, también podés!

Después de todo, si hay algo que te puedo asegurar es que en Teotihuacán, por más que vayas solo, solo no vas a estar. ¡Mirá todos los que somos!

Recomendado ir con zapatillas cómodas y gorro para el sol, y a disfrutar! No se lo vayan a peder.

Probamos carne canadiense en Montana’s BBQ & Bar.

La noche que pasé alojado en el Double Tree by Hilton Toronto Airport West tenía que apropicuarme una cena rápida y a no mucha distancia del hotel, por lo que revisando Google Maps encontré que en la esquina siguiente estaba Montana’s con bastantes buenos comentarios.

Se trata de una cadena canadiense de comidas que se especializa en costillas de cerdo a la barbacoa y hamburguesas, con una fachada exterior que luce típicamente norteamericana tanto en diseño como en iluminación. En el interior el ambiente es relajado y la decoración un tanto loca (con por ejemplo un auto colgado del techo) pero sin perder el buen gusto.

Y por supuesto, te dejan claro que acá se come cerdo, así que mejor…

Por mi parte dejé de lado el cerdo y fui con un medallón de carne 100% canadiense acompañado con puré de papas, frijoles y aros de cebolla. La verdad que impecable, excepto los frijoles que con su sabor un tanto dulce no me gustaron, el plato resultó exquisito y muy bien preparado. El punto de la carne, medium, no tenía nada que envidarle a alguna parrilla porteña. La tierno de la carne tampoco.

Con semejante cena no quedó resto para ningún postre, en particular porque se los veía potentes. Lo que sí hay que considerar es que no se trata de un lugar económico, pero tampoco resulta excesivamente caro. Para que tengan una referencia el plato que ves en la foto y una cerveza costaron el equivalmente a USD 39.

Otro punto fuerte de Montana’s tiene que ver con su ambiente familiar y el servicio. Las mesas están muy ingeniosamente cubiertas por un papel madera que hace las veces de mantel, y sobre cada una hay un vacito con crayones. Con ellos el mesero que te toca escribe su nombre, cosa de que no se te olvide, y si fuiste con niños se pueden dedicar a matar el tiempo mientras esperan dibujando a diestra y siniestra sobre la mesa, sin temor a que tengas que pagar por el pulido de la madera.

En mi caso Vid se portó espectacular, siempre muy amable y atento. Lo mismo que el resto de los meseros que rodearon la mesa de al lado y le cantaron un sonoro Feliz Cumpleaños a uno de los comensales, a la vez que le traían una torta para que apagara la velita y lo identificaban claramente como el “homenajeado” poniéndole un ridículo gorro con cuernos de ciervo.

Muy rica la comida, cuando vuelva a Canadá seguramente pase de nuevo, pero dejen que mi cumpleaños lo festejo en casa…

La Reserva El Viejo Molino, en Merlo, San Luis.

Apostada al norte de la Villa de Merlo, en el barrio conocido como Piedras Blanca Arriba, se encuentra la Reserva Natural El Viejo Molino con su frondosa y espesa vegetación entre la que se esconden las ruinas (o más bien lo que queda de ellas) de un antiguo molino harinero que molía trigo y maíz allá por 1840.

De esa estructura, que en otras épocas funcionaba con el agua del río que corre a escasos metros, hoy no queda prácticamente nada. Tanto que, a pesar del cartel impecable que lo anuncia, el molino es muy difícil de encontrar, y si en definitiva es lo que pensamos que es, ya no le queda ni el más mínimo aspecto de molino.

Lo que sí permanece allí invariablemente es el río que le da nombre al barrio, y que aunque cuando fuimos nosotros en marzo estaba bastante seco, en época estival suele convertirse en punto de reunión para locales y turistas que buscan refrescarse y escaparle al calor del sol. El por qué del nombre no lo voy a explicar, basta nomás con mirar las fotos.

Pero este lugar no es exclusivamente para mojarse los pies en el agua. Entre la espesura de su vegetación la reserva guarda tradición e historia local. Allí nomás, caminando apenas unos metros por el sendero correcto se llegará por ejemplo a una enorme roca conocida como el “Altar Comechingón”, donde se cree que los aborígenes de la zona realizaban ritos sagrados.

Y si vamos un poco más allá, aun dentro de los límites de la reserva nos encontraremos con la Plaza de la Verde Memoria. Se trata de un sitio con historia y de gran importancia para los habitantes de Merlo, ya que en aquél lugar vivió durante su infancia el poeta Antonio Agüero, una de las figuras más destacadas de esta localidad, y cuya casa museo visitamos en otro post (link clickeando aquí).

Fue allí mismo donde el 7 de febrero de 1917 nació el poeta, en la casa que fuera de sus padres, y de la que hoy sólo quedan algunos vestigios.

En la entrada a la reserva (que es de acceso libre y gratuito) hay varios locales gastronómicos donde se puede hacer un alto para almorzar. Y en frente se destaca la capilla Nuestra Señora de Fátima, con sus paredes relucientes de blanco y una garita de piedra que protege la imagen de la virgen.

El barrio Piedras Blancas se muestra como un lugar muy tranquilo, ideal para ir a descansar un día de sol a la orilla del río, y suponemos que lo mismo caracteriza a la reserva El Viejo Molino, aún durante la temporada alta de verano. Tanto el más abundante caudal de agua como la sombra fresca generada por la arboleda alrededor del río deben convertir a este paraje en una muy buena opción para quienes estén vacacionando en Merlo y quieran pasar un día al aire libre, evitando a la vez la furia del sol.

 

Plaza Premium Lounge USA Transborder: El Salón VIP del Aeropuerto de Toronto.

Cuando llegué al Aeropuerto Internacional Lester B. Pearson de Toronto tenía varias horas por delante antes de poder abordar mi vuelo hacia Miami, con lo cual opté por hacer uso del servicio de Priority Pass y acceder al salón Vip Plaza Premium Lounge ubicado entre las puertas F53 y F55 de la Terminal 1. Presentando únicamente la tarjeta fue suficiente para entrar al vip (no hizo falta ni el boarding pass, ni documento alguno) y el ingreso fue totalmente sin cargo.

Lo primero que uno nota al entrar es que se trata de una sala bastente pequeña. De formato angosto y alargado, apenas uno ingresa se encuentra de frente con la barra donde se puede pedir alguna bebida ya sea para consumir allí mismo, como para llevársela a otra área de la sala. Lo segundo que noté en ese momento es que el vip estaba bastante concurrido, por no decir prácticamente lleno.

Detrás de la barra y hacia la derecha (en el mismo sentido en que entramos) hay un pequeño mostrador con panificados para servirse uno mismo, y hacia un costado está la cocina, donde se pueden pedir platos calientes que el personal prepara y sirve allí mismo.

Más allá de la cocina hay un rincón con una máquina expendedora de gaseosas. Frente a todo este espacio alargado hay un salón angosto donde se disponen varias mesas para degustar todas estas cosas. Al extremo del salón están los baños.

Si vamos hacia el otro lado de la barra (es decir si al ingresar encaramos hacia la izquierda y pasamos más allá de la barra) nos encontramos con otra sala separada, donde en lugar de mesas hay dispuestos unos cubículos individuales con sillones mucho más cómodos, aunque en algún punto te hacen sentir algo encerrado.

Estos cubículos simulan un asiento de avión de Business Class y cuentan con una pequeña mesa al mejor estilo pupitre, tomas corrientes normales y con conexión USB y un gancho de donde colgar el saco o abrigo. Espacio dónde dejar el equipaje de mano no hay, así que habrá que ingeniarselas como para no molestar al de al lado, o al que pasa en caso de que no estemos en uno de los extremos de la hilera. Apoyar un vaso de algo y trabajar en una laptop a la vez será realmente una tarea de cuidado (no sea cosa que en un mal movimiento tiremos el vaso sin querer, o pero aun, la computadora termine estrellada en el suelo).

Todos los servicios dentro del VIP son gratis con el acceso de Priority Pass, incluido el wifi, aunque el servicio de free wifi del aeropuerto es tan pero tan bueno que tomarse el trabajo de loguearse en el del Plaza Premium no tiene mucho sentido.

Mi idea era aprovechar el tiempo muerto en el aeropuerto para trabajar un poco y preparar lo que tendría que presentar en las reuniones de Miami, pero siendo sincero la idea de entrar al vip era hacerlo con comodidad. Esto funcionó en cuanto a la tranquilidad del lugar y a poder disfrutar de una cerveza fria sin pagar un peso (ok, un dólar canadiense), pero el espacio es muy reducido y hay que maniobrar con cuidado e incluso así se corre riesgo de patear a algún vecino sin querer, así que lo que se dice comodidad, no es un fuerte de esta sala.