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Cuatro noches en el hotel Fiesta Inn de Playa del Carmen.

Durante nuestro viaje a México nos escapamos algunos días del frío de la capital para disfrutar del calorcito caribeño de Playa del Carmen. Allí estuvimos alojados en el Hotel Fiesta Inn, que en principio y llegando de noche, nos costó un poco ubicar porque con su iluminación tan especial desde afuera parece un shopping.

De diseño muy moderno tanto en el exterior como en las habitaciones, el Fiesta Inn está muy bien ubicado a apenas una cuadra de la Quinta Avenida, la calle principal de Playa del Carmen que siendo peatonal concentra todo el movimiento turístico, tanto de día como de noche. Pero vamos a lo que nos interesa: el mar. El Fiesta Inn está a 3 cuadras de la Playa Mamitas y su transparente agua azulada.

Es un hotel cómodo, con habitaciones de tamaño aceptable que, al menos en nuestro caso, tenía una enorme cama king size muy confortable. El baño está ubicado apenas se entra, donde uno prácticamente se topa con el lavatorio, emplazado fuera del mismo propiamente dicho.

Como se ve en la foto el baño goza de un diseño ultra moderno destacándose la puerta (y las paredes) de vidrio que aunque no es transparente, tampoco tapa del todo. Tanto esto, como el hecho de que la puerta no tenga traba, quizá pueda resultar incómodo a algún que otro huésped. En todo caso, al general de la gente le parecerá cuando menos, raro.

Yendo a lo importante, la ducha funcionaba de maravillas, y el jabón era en pan y especialmente diseñado en uno de sus lados para masajearte al enjabonar. Lo malo, como en general pasa en los hoteles, es que había sólo uno en una habitación doble. ¡Vamos muchachos! Si la habitación es para dos personas, los jabones van por dos!

En cuanto a la limpieza, al ingreso la habitación estaba impecable y en general el servicio fue bueno, salvo algunos detalles que terminaron siendo decepcionantes. En principio la silla que se ve en la foto estuvo con arena tres días, sin que la mucama le pasara un trapo siquiera. El jabón de tocador no se repuso nunca y el de la ducha sólo una vez. Se ve que miden al milímetro cuánto queda del pan antes de cambiarlo. Y la que realmente nos llamó la atención: la penúltima noche pedimos servicio de habitación y al volver a la tarde del día siguiente, los vasos sucios con gaseosa habían quedado ahí, tal como los habíamos dejado al irnos por la mañana.

Las amenities del lugar no las usamos, ya que estábamos más de excursión que dentro del hotel, pero recorriéndolas rápidamente se las ve muy bien. En el cuarto piso hay una terraza donde tomar algo y a ambos costados, sendas piscinas para tirarse un chapuzón. Ahí nomás está también el gimnasio para los que prefieran hacer algo de deporte puertas adentro.

Con respecto del desayuno no puedo hablar ya que nuestra estadía no lo incluía. El precio por la habitación era aceptable y agregarle el desayuno lo encarecía sin sentido, ya que por los planes que teníamos íbamos con pocas chances de poder degustarlo. De lo que sí hice uso fue del centro de impresión, desde donde me conecté a internet para hacer el checkin on line para el vuelo de regreso a México, y aboné un fee de $10 por página para imprimir el boarding pass (importante al volar con una low cost). Por último, el wifi en la habitación anduvo muy bien también.

Sacando el disgusto por el mal servicio de la mucama (que suponemos fue algo aislado porque se dió una única vez), el Fiesta Inn nos pareció un lindo hotel, muy bien ubicado y a precio aceptable, en una ciudad donde los alojamientos suben un poco la puntería en cuanto a precio se refiere.

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Recorremos el Centro Histórico de CDMX con un Cititour hop on – hop off.

Con sus 1485 km2 de superficie y sus más de 8 millones de habitantes, Ciudad de México es realmente una urbe enorme. Si le agregamos que tiene muchos lugares interesantes por conocer recorrerla llevará una buena cantidad de tiempo. Una opción para hacerlo son los circuitos turísticos que ofrecen los servicios hop on – hop off, donde con un boleto válido por todo el día se puede subir y bajar del micro cuantas veces uno quiera, e incluso combinar entre los diferentes recorridos.

Por supuesto que el más emblemático y, por supuesto, imperdible, es el circuito del centro histórico. En nuestro caso optamos por hacerlo con Turibus, una de las dos empresas que lo ofrecen en esta modalidad, y que funciona de 9 am a 9 pm.

De pura casualidad, ya que era el punto que nos quedaba más cercano a nuestro alojamiento en Polanco, nosotros lo tomamos en el Auditorio, que es la primer parada. Por supuesto, a pesar del frío nos encaramamos en el segundo piso sin techo, desde donde pudimos tomar buenas fotos de la ciudad, como esta de la Fuente de Cibeles en Colonia Roma.

Y enseguida llegamos a un monumento icónico de CDMX, como es el Ángel de la Independencia que corona una rotonda en la Av. Reforma y está rodeado por altos edificios que muy acertadamente aprovechan a promocionarse con enormes carteles. A este punto es a donde concurren las quinceañeras en particulares limusinas Hammer para tomarse la tradicional sesión de fotos.

Una parada bastante concurrida es la de la calle Londres donde se encuentran el Museo de Cera, con figuras de celebridades talladas en este material, y el extraño Museo Ripley, donde aún sin haber entrado sabemos que se podrán encontrar las cosas más asombrosas.

Previo a llegar a la mitad del recorrido, el Hemiciclo a Juarez destaca con sus columnas erigidas en la Alameda Central, justo frente a la cual se encuentra el Palacio de Bellas Artes, del cual hablaremos en otro post más adelante.

La siguiente parada es la más importante de todo el circuito ya que se trata ni  más ni menos que del Zócalo, es decir la plaza central de Ciudad de México, frente a la Catedral y al Palacio Nacional. Allí, obviamente, hay que bajarse del micro obligadamente y recorrer un poco lo que es el centro de México.

Cuando lo hicimos nosotros estaba vallado ya que trabajaban en un escenario en medio de la Plaza de la Constitución, pero de todas formas ameritó foto, aunque no sea la más linda.

Casi frente al Palacio de Bellas Artes se levanta la Torre Latinoamericana con su mirador, desde el cual dicen que se tiene una hermosa vista aérea de la ciudad. Este lugar merece un comentario aparte ya que me decepcionó, no por la vista en sí, la cual no conozco, sino porque aunque te cobran entrada no te permiten subir con cámaras profesionales. Mi Canon Reflex no hubiera sido considerada como tal en caso de estar equipada con el lente de 55 mm, pero como yo había llevado el de 18-135 mm, no lo podía usar. Obviamente no subí ante la imposibilidad de sacar la foto que quería, y ante la insensatez de la norma en sí, así que del mirador no hay más foto que esta.

Luego de tomar la merienda en la Casa de los Azulejos como te conté en este post, emprendimos la vuelta, cuando ya caía la noche en CDMX y el frío se hacía intenso. Aunque nos refugiamos adentro del micro, el viento helado no impidió que subiera al techo para sacar algunas tomas nocturas, como la del Museo Nacional de Arte.

O la del Museo Nacional de la Revolución.

El servicio de Turibus para el cititour resulta accesible, considerando que podés aprovechar el pasaje todo el día y en todos los recorridos. Sugerencias válidas son tomarlo temprano para aprovechar a pleno el valor del pasaje paseando todo lo que se pueda, revisar con anterioridad los puntos de interés donde querrás bajarte, y por supuesto, si lo hacés en invierno llevar un abrigo porque lo ideal es hacerlo en el segundo piso.

Eso sí, aunque la empresa lo promociona en su web como disponible en todos sus coches, el wifi abordo es inexistente.

Queda mucho por recorrer de México, un país que me resultó fascinante. Te espero en los próximos posts para ir descubriéndolo juntos!

 

Una merienda en la histórica Casa de los Azulejos, en Ciudad de México.

En la esquina de la Avenida 5 de Mayo y la pequeña y peatonal calle La Condesa, en pleno centro histórico de la Ciudad de México, se alza una particular casa que con sus tonos azulados desentona con el ambiente grisáceo del resto del área céntrica de la ciudad. Se trata de la así llamada “Casa de los Azulejos”, y es un lugar por el que todo turista está obligado a pasar a tomar algo cuando visita esta ciudad.

Este edificio fue célebre desde sus comienzos cuando se lo conocía como El Palacio de los Condes de Orizaba debido a que las dos casas que lo componen pasaron a manos de Luis de Vivero, quien ostentaba este título e incluso tuvo cargos gubernamentales de importancia. Luis ordenó unir ambas propiedades y quizá sea debido a esta peculiaridad que el interior de este café sea tan particular, contando con galerías y patios internos poco habituales en una casa común y corriente.

Sin embargo el concepto actual de la edificación es obra de los hermanos Sanborn, que adquirieron este lugar para establecer quizá la que sea la sucursal más peculiar de su cadena de restaurantes. Así es que en el interior de la Casa de los Azulejos, además de degustar algo en el restaurante, uno podrá recorrer las galerías y comprar algún artículo, como ser electrónicos y joyas, entre otros.

La casa es famosa por su fachada de talavera poblana azul que la distingue de cualquier otra edificación y la hace perdurar en la memoria de todos sus visitantes; pero también tiene particularidades en el interior como ser el salón pequeño donde las mesas y las barras llevan la misma estética azul que la fachada, la fuente que destaca en el salón principal rodeada de llamativos y enormes murales, y el piano, que lamentablemente cuando nosotros estuvimos permanecía cerrado sin dedos virtuosos que lo tocaran.

Una gran escalera lleva desde el salón principal hacia el primer piso, donde se ubican los baños y se tiene acceso a los balcones interiores que permiten la vista del lugar desde otra perspectiva. Desde allí se puede observar con claridad un impresionante mural pintado en 1925 por el artista José Clemente Orozco.

En la Casa de los Azulejos se puede probar comida típica mexicana, pero también hay opciones aptas para todo público, pues si bien es un lugar muy tradicional, a la vez es muy concurrido por los turistas. Así que si lo que buscas es una hamburguesa sin picante, aquí podrás encontrarla. En nuestro caso fuimos de tardecita, momento ideal para degustar un café con una estupenda y más que recomendable porción de “tentación de chocolate”

Particular es también la vestimenta de las meseras, a las que se identifica muy fácilmente por sus polleras coloridas a rayas, como así también algo que he visto en todos los locales gastronómicos de México: una mesa plegable portátil que los mozos y meseras llevan en la mano libre, y sobre la que apoyan las enormes bandejas repletas de cosas ricas al momento de servir.

Un detalle, quizá no menor: normalmente ir al baño en lugares públicos tiene costo en México. Este es el caso de la Casa de los Azulejos, salvo que lleves el ticket de lo que consumiste, ya que para los clientes es gratis.

Ahora sí, cuando andes por el centro histórico de México y te agarre hambre, ya sabés dónde parar!

Departamento en Polanco, Ciudad de México: Alojamiento por Airbnb.

Cuando finalmente llega el momento de planificar las vacaciones y buscar alojamiento en una ciudad que aún no conocemos son muchas las dudas que pueden presentarse, especialmente si consideramos la variada oferta que el viajero tiene a disposición hoy en día. En nuestro caso el primer período en CDMX (Ciudad de México) iba a ser relativamente largo, por lo que buscamos un lugar con privacidad y donde pudiéramos sentirnos (y manejarnos) como en casa. Así es que opté por buscar alojamiento por Airbnb por primera vez.

Con información previa de que Polanco es uno de los barrios más lindos de la ciudad (y menos afectados por el terrible terremoto del año pasado), filtramos la búsqueda con ese criterio y priorizamos los anfitriones con buena puntuación (basada en una considerable cantidad de comentarios de viajeros) y, especialmente, los “super hosts” que son aquellos identificados con una medalla en su perfil como prueba de que han cosechado cantidad de buenas experiencias entre los visitantes.

De esta forma llegamos a la publicación de Patty, que luego de algunas consultas a través de la web de Airbnb nos decidimos a reservar para cinco noches.

Se trata de un amplio departamento para dos personas con todas las comodidades que puedas necesitar. Excelentemente ubicado cerca de todo, dispone de una pequeña cocina muy bien equipada con vajilla y utensillos, donde no te va a faltar nada en caso de que quieras cocinarte algo. Si necesitás (y tenés ganas de) lavar ropa, la puerta en la cocina te lleva a un pequeño pero muy bien aprovechado lavadero, donde podés desquitarte a gusto con el jabón.

El baño es en suite, y aunque pequeño es lo suficientemente cómodo para manejarse sin andar golpeándose. También está equipado con shampoo, jabón líquido y varias toallas guardadas en el armario, así que tampoco de esto habrá que preocuparse.

Siendo que era mi primera vez en CDMX, con todo por conocer, no hice mucho uso de la televisión; pero quien quiera mirar su programa favorito podrá hacerlo siempre y cuando lo transmita una emisora local. El gran punto positivo en cuanto a comunicaciones está puesto en el wifi: la internet en el departamento de Patty vuela. Ojalá yo tuviera ese servicio en casa!!

Al living le dimos bastante uso porque Polanco está en la ruta de aproximación hacia el Aeropuerto de México, así que ver aviones volando bajo a través de la ventana es una constante en este departamento, dato no menor para los #avgeeks que, como yo, seguramente invertirán algunas horas de sus vacaciones en fotografiar cuanto avión pase cerca. Y si es tirado en el tremendo sillón blanco con una cerveza en la mano, mucho mejor!

Patty fue una gran anfitriona, que estuvo atenta desde el primer momento, consultándonos por whatsapp para que todo estuviera listo cuando llegáramos. De hecho, tal como le habíamos adelantado, estábamos llegando unas horas del checkin formal, y como no había nadie alojado la noche anterior pudimos ingresar anticipadamente sin ningún problema. Cuando llegamos, el portero del edificio tenía la llave lista para entregárnosla.

Hasta el detalle de la caja de té con varias opciones para elegir…

El barrio es excelente. Polanco es conocido como una de las colonias más lindas y seguras de todo CDMX, lo que podría equivaler quizá a nuestro Recoleta, como para darles una referencia. El edificio también es seguro. Aunque uno siempre lleva las llaves consigo, la puerta del hall solamente la abre desde adentro el portero, o en su defecto el personal de seguridad. Y lo mismo para salir. Por otro lado, desde aquí se puede llegar caminando hasta varios puntos de interés, como ser el Auditorio y los Museos Soumaya y de Antropología. Y en los alrededores hay supermecados y tiendas de todo tipo para abastecerse, o para salir a tomar o comer algo.

La primer experiencia en Airbnb ha sido más que placentera, así que seguramente reincidamos en alguna próxima oportunidad. Por supuesto que todo depende del alojamiento y, muy especialmente, del anfitrión que se elija. Si van a CDMX, este departamento de Patty es una excelente opción!

Visitamos el Museo Marítimo Nacional de Chile, en Valparaíso.

En el Paseo 21 de Mayo, allí donde los puestos de artesanías se amontonan en cuanto salís del ascensor, y desde donde se tiene una increíble vista del puerto, y de la ciudad de Valparaíso creciendo desde la orilla del Pacífico hacia lo alto de la montaña, allí mismo está el ingreso al Museo Marítimo Nacional, uno de los lugares que todo visitante que quiera conocer de la historia chilena tiene que visitar.

Timon Torpedero Tte Rodriguez

El timón del torpedero Teniente Rodriguez es una de las piezas de colección del museo.

El museo que en sí comenzara su historia a bordo del mítico Huáscar, el buque peruano que fuera capturado por los chilenos durante la Guerra del Pacífico, y que sirviera a la armada trasandina hasta que fuera anclado en el puerto de Talcahuano como museo, hoy en día funciona en la ex Escuela Naval, en Valparaíso, siendo el primer museo nacional de Chile en encontrase fuera de Santiago, la ciudad capital.

Busto

Arturo Prat Chacon tiene su sala dedicada en el Museo Nacional.

La recorrida se puede hacer de forma individual, sin guías, siguiendo simplemente los aclaraciones en las distintas salas que se van visitando. En general cada sala tiene una temática particular, destacándose al comenzar la sala Bernardo O’Higgins, dedicada al nacimiento de la armada, y en cuyo centro la estatua del prócer controla la situación.

O'Higgins señala

O’Higgins señala la pintura que retrata el triunfo argentino-chileno en la Batalla de Chacabuco, frente a los realistas.

Otra sala particular es la Cripta al Loor de Chile, donde con un llamativo y solemne diseño semicircular, se le rinde homenaje a los héroes chilenos de la Guerra del Pacífico, cada uno con su respectivo retrato.

Sala de retratos

En la cripta se respira un aire particular que obliga a bajar la voz frente a los retratos de los combatientes.

Es un museo donde la historia tiene ocupa un lugar central, y por supuesto, predomina todo lo que tenga que ver con el costado marítimo de los hechos, pero esto no quita que haya también reliquias de otros ámbitos, como la bandera del Ejército Libertador del Perú, que ya en ese entonces llevaba los colores de la actual insignia de Chile.

Bandera Ejercito Libertador Peru

La bandera del Ejército Libertador del Perú, donde las estrellas representan a Argentina, Chile y Perú.

Otro objeto en exhibición que merece especial atención es el reloj del edificio de la Intendencia de Valparaíso, colgado en la pared y en el cual se puede ver claramente la marca de una bala de cañón que lo impactó el 31 de marzo de 1866 durante el bombardeo de los españoles a la ciudad.

Reloj baleado por cañon

El reloj de la Intendencia de Valparaíso, bombardeado por los españoles durante la Guerra de la Independencia.

El Museo Marítimo tiene una particularidad digna de destacar especialmente: el “Ver sin Mirar”. Es un servicio que permite que los discapacitados visuales interactúen con las exposiciones y, de alguna manera, puedan disfrutar ellos también del museo. Las típicas láminas informativas tiene su copia en lenguaje braile, y además, en algunos puntos de la exhibición, hay réplicas de las piezas de colección para que los ciegos las puedan tocar, y “ver con sus manos”. Una gran iniciativa que debería tomarse como ejemplo a replicar.

Ver sin mirar

El sistema Ver sin Mirar está señalado allí donde está disponible, haciendo el museo accesible a más personas.

Donde sí vas a necesitar mirar es en la Sala Cochrane, ya que allí hay una enorme maqueta que representa la Bahía del Corral y donde se indican sus defensas. En un panel al costado de la maqueta están fechadas las fechas y horas en que se tomaron cada una de esas defensas, y presionando el botón correspondiente una luz que se enciende en la maqueta marca el punto exacto dónde se produjeron los hechos.

Bahia del Corral 1820

La maqueta de la Bahía del Corral, tal como era en 1820.

Aca apretando varios botones a la vez, intentando que lo veas mejor…

Maqueta iluminada

El museo tiene dos pisos, aunque cuando fuimos nosotros sólo la planta baja estaba habilitada, motivo por el cual no nos cobraron la entrada, y además de las salas tiene un patio central donde también se exhiben cañones, mascarones de proa de buques históricos, y otro tipo de piezas.

Mascaron Proa Esmeralda

El mascarón de proa de la corbeta Esmeralda, una de las protagonistas de la Guerra del Pacífico.

Alguna de ellas son un poco más modernas que el resto…

Estamos bien los 33

“Estamos bien los 33” también tiene su lugar en el Museo Marítimo Nacional.

En definitiva, si estás con tiempo por Valaparaíso, te gustan los museos, la historia y los barcos, el Museo Marítimo Nacional es una excelente opción.  Está abierto de martes a domingo de 10 a 17.30 hs, como así también los lunes feriados.

Patio del museo

¡Hasta la próxima publicación!