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Visitamos las impresionantes Pirámides de Teotihuacan, en México.

Un imperdible indiscutible cuando uno está de visita en la Ciudad de México es conocer la Ciudad Prehispánica de Teotihuacán, ubicada a unos 50 kilómetros de la capital, en lo que es el Estado de México.

El origen de esta sorprendente metrópoli es aún motivo de estudio por parte de los especialistas. Ya al momento en que llegaron los españoles “el lugar donde fueron hechos los dioses” (tal el significado del nombre) había sido abandonada por sus antiguos moradores hacia largo tiempo atrás. Tal es así que, si bien el vocablo Teotihuacán fue utilizado por los mexicas, no se sabe cómo denominaban a la ciudad los pueblos que en su momento la habitaron.

Lo que sí está claro es que con una población de unos 100.000 habitantes en su momento de mayor esplendor esta ciudad supo ser de las más grandes e importantes de la antigüedad. La evidencia encontrada en las excavaciones indican que este era un centro de poder político, económico y religioso, y que incluso realizaba actividades de comercio con puntos lejanos, como ser por ejemplo la Rivera Maya o mismo Tikal, en Guatemala.

Hoy en día los visitantes pueden recorrer las impresionantes estructuras de la ciudad, en las que resaltan la Pirámide del Sol y la de la Luna. Ingresando por La Ciudadela, en el extremo opuesto, se puede acceder a una plaza donde la protagonista es la Pirámide de la Serpiente Emplumada, figura realmente relevante en las culturas prehispánicas americanas como ya vimos en nuestra visita al Museo de Antropología de CDMX.

Luego se podrá transitar la famosa Calzada de los Muertos, la avenida principal de la ciudad que lleva desde un extremo hasta el otro, para desembocar en la Pirámide del Sol. A lo largo de este recorrido se pueden observar diferentes conjuntos de pequeñas construcciones, algunas exhibiendo diferentes pinturas murales en sus paredes. Si bien el gran atractivo está más adelante, es muy recomendable tomarse un momento para conocer un poco más en detalle el complejo de Edificios Superpuestos o la Plaza Oeste con sus piletones, a ambos lados de la calzada.

Finalmente se llega primero a la Pirámide del Sol, hacia la derecha de la Calzada de los Muertos. Se trata del edificio más imponente de la metrópoli y por supuesto el más alto, con sus 63 metros que la hacen identificable incluso a grandes distancias. Debajo de semejante estructura se ha descubierto una gruta que, se cree, podría haber sido una tumba real. Sin embargo, hasta el día de hoy los científicos no han podido dar con el verdadero significado de la pirámide más importante de Teotihuacán.

La Pirámide de la Luna por su parte fue construída en siete etapas y tiene una altura de 45 metros. Debe su nombre a la diosa del agua Chalchiutlicue, íntimamente ligada con la luna, cuya escultura fue hallada al pie de la construcción y a la que se dedicó el templo ubicado en lo alto. Si bien a simple vista parece más alta que su vecina, esto se debe únicamenta a que está construida en un terreno más elevado.

Los visitantes pueden subir a ambas estructuras, lo cual es casi una actividad obligada cuando un está allí. Algo clásico es llegar a la cima de la Pirámide del Sol y sacarse una foto con la de la Luna de fondo, y viceversa. Eso sí, habrá que tener cuidado ya que los escalones son altos y empinados. De gran ayuda será la soga que las autoridades dispusieron a lo largo de la escalinata, especialmente a la hora de bajar.

Finalmente, a un costado de la Plaza de la Luna y tras subir una escalinata uno ingresa en el Palacio de Quezalpapálotl, que se supone era la residencia de los sacerdotes de Teotihuacán. A diferencia del resto de la ciudad, esta construcción presenta vivos colores que llaman la atención, y columnas talladas con formas de plumas de Quetzal que le dan su nombre.

Un detalle con respecto a la visita es que dentro de la ciudad prehispánica, sin llegar a ser una presencia avasallante, hay varios vendedores ambulantes que ofrecen diferentes tipos de recuerdo. Bien vale la pena llevarse alguno de estos artículos de un lugar tan emblemático, pero hay que tener en cuenta que el precio que ofrecen al primer momento no es nunca el real. Es cuestión de negociar y contraofertar hasta llegar a un número definitivo en el arte del regateo.

Otros consejos importantes a tener en cuenta: la recorrida es larga, hay mucho para caminar, y una buena cantidad de escalinatas para subir y luego volver a bajar. Fundamental llevar calzado y ropa cómoda, apta para este tipo de actividad. Y por supuesto no hay que olvidarse de una gorra para cubrir la cabeza del sol y lentes oscuros.

Y mucha precaución al subir las pirámides.

Por último, para quienes están interesados es recomendable también realizar la visita con la ayuda de un guía del Instituto Nacional de Antropología e Historia que regentea el lugar. De esta forma podrán enterarse de detalles que no están incluidos en la cartelería (que por otro lado es muy poca) y consultar aquellas dudas que les surjan sobre la historia y la vida en esta ciudad de la antigüedad.

El Parque Nacional Tikal: La impresionante ciudad maya de Guatemala.

Las leyendas sobre la “ciudad perdida” siempre habían estado en el saber popular guatemalteco pero fue en febrero de 1848 cuando el gobernador de Petén, Ambrosio Tut, notó lo que le parecieron cúpulas de edificios que sobresalían de la selva. Enseguida corrió a avisarle al corregidor y fue entonces que junto a Modesto Mendez descubrieron oficialmente a Tikal.

La Ciudad de las Voces (tal el significado de su nombre) había permanecido escondida por la selva durante siglos desde que los mayas la abandonaron abruptamente. Hoy sabemos que Tikal es el asentamiento preshispánico más extenso de Guatemala, y habiendo sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, es uno de los puntos turísticos más importantes del país centroamericano, y un imperdible para todo aquél viajero que lo visite.

Ubicado en el municipio de las Flores, departamento de Petén, y a algo más de 500 km desde la Ciudad de Guatemala, el viaje hasta Tikal es largo pero vale la pena. Con una superficie de unos 576 km2, de los cuales se han investigado apenas 16, se trata del sitio arqueológico más grande del continente americano y es absolutamente fascinante. Aun cuando falta mucho por descubrir en este enorme predio y recorrerlo en su totalidad en un sólo día es imposible, puedo decir que nuestra recorrida no estuvo nada mal.

Iniciamos la caminata en el Centro de Visitantes desde donde nos dirigimos hacia la Gran Plaza, el corazón de la ciudad y punto en el que se levantan sus edificios más relevantes. Allí se encuentra el Templo del Gran Jaguar, que con sus 45 metros de altura está orientado hacia el oeste, de cara a la puesta del sol. Al frente, en el extremo opuesto de la plaza, se levanta el Templo II, también conocido como Templo de las Máscaras, construido cerca del año 700 por el gobernante Jasaw Chan K’awiil I, como monumento mortuorio para su esposa. A este templo se puede subir por una escalera instalada en su parte posterior para obtener una espectacular vista aérea de la Gran Plaza.

Si uno se aventura hacia atrás de este edificio rápidamente llegará al Templo del Sacerdote Jaguar, que se supone perteneciente a la última fase de construcción de la ciudad, allá por los alrededores del año 810. Alejándonos en dirección opuesta a la Gran Plaza por la Calzada Tozzer llegaremos finalmente al más cinematográfico de los edificios de Tikal. En un extremo de la metrópoli, el Templo IV, conocido también como el de la Serpiente Bicéfala, fue escenario de la película El Ogro. Sin embargo sería en 1977 cuando le llegaría la fama mundial. Con sus 70 metros de altura, el Templo IV es el más alto de la ciudad y esto permite tener una vista fascinante del resto de las construcciones, con sus cúpulas sobresaliendo de la espesura selvática. Esa misma vista es la que fascinó a George Lucas, y es la que puede admirarse en una de las escenas de Star Wars, Episodio IV (una de las tres películas originales de la trilogía). Quienes la hayan visto, quizá recuerden este escenario.

Por supuesto que los mayas practicaban aquí también sus actividades astronómicas, como ya había quedado patente cuando visitamos la ciudad de Chichén Itza, a cuyo post accedés haciendo click aquí. En el caso de Tikal encontramos a la Gran Pirámide, de aproximadamente 32 metros de altura y fácil acceso por sus escalinatas dispuestas en los cuatro lados. Junto con la Plataforma Este formaba un conjunto de observación astronómica.

También en esta ciudad el juego de pelota era una actividad importante y tenía lugar en la Plaza de los Siete Templos, en cuyo extremo norte había tres patios para practicarlo. Este grupo de estructuras debe su nombre a los siete templos alineados uno detrás del otro, de norte a sur, donde el central es el de mayores dimensiones.

Como  ya hemos dicho, recorrer la ciudad entera llevará más de un día, en particular porque hay puntos que están muy distantes de la Gran Plaza, por lo que llegar hasta ellos requerirá una larga caminata. Por eso, para los que estén interesados y dispongan del tiempo, lo mejor será dividir la visita en dos días. De disponer de sólo uno, como era nuestro caso, lo más recomendable es restringir la recorrida a los puntos mencionados en este post, que son los más interesantes.

Claro que por más restringida que sea la visita, siempre llevará del día completo y habrá que tener algunas precausiones. Fundamental un gorro para cubrir la cabeza, lentes oscuros y protector solar porque el sol pega realmente fuerte. Tampoco hay que olvidar el repelente de insectos y, por supuesto, agua, mucho agua. Si bien hay puntos donde comprar, siempre es bueno llevar una mochila con líquido e incluso, una vianda liviana.

Las ruinas de Tikal son un lugar para disfrutar. Se las puede andar e incluso a las que están habilitadas se puede subir. Una excursión imperdible que te hace volver siglos en el tiempo. ¡A no perderselá!

 

 

La Casa Azul de CDMX: El Museo donde nació y murió Frida Kahlo.

No hace falta ser un amante de la pintura y el arte para saber que una de las figuras más relevantes de México es la pintora Frida Kahlo. Esposa del también genial Diego Rivera, sobre cuyo mural más famoso hablamos en este post al que accedés clickeando este link, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón nació en julio de 1907 y tuvo una vida marcada por el sufrimiento y la tragedia. A la corta edad de 6 años contrajo poliomielitis y cuando tenía 18 sufrió un tremendo accidente que definiría el resto de su vida: El autobús en el que viajaba fue embestido por un tranvía que prácticamente lo destruyó. Frida sufrió múltiples fracturas el la columna vertebral, piernas, costillas y otras partes de su cuerpo, y un pasamanos la atravesó de forma tal que nunca podría concebir un hijo.

Alentada por sus padres, desde pequeña Frida comenzó a pintar, actividad que de seguro fue potenciada cuando comenzó a relacionarse con otros artistas, en especial el ya nombrado Rivera, con quién se casó en 1929. Los temas que inundan su obra artística están íntimamente relacionados con sus experiencias de vida y podrían resumirse en dos palabras: autorretrato e infertilidad. Gran parte de sus pinturas giran en torno a alguna de estas dos temáticas, mezcladas con la gran energía llena de vitalidad que siempre la caracterizó.

Ubicada en Coyoacán, uno de los barrios más antiguos de CDMX, la Casa Azul fue su lugar, allí donde nació y donde murió, ya que a pesar de haber vivido con su marido en varias ciudades (incluidas las de Estados Unidos), Frida siempre volvió a su casa natal, que cuatro años después de su muerte fuera convertida en museo.

Aquí se exhiben, obviamente, obras de Frida, incluyendo una de las más famosas “Viva la Vida”, y algunas inconclusas en las cuales, a pesar de no estar terminadas, uno puede detectar las características de la pintura de Frida. Además se muestran esculturas, fotografías y hasta una colección de vestidos que pertenecieron a la artista.

Sin embargo quizá una de las cuestiones más interesantes sea la posibilidad de entrar en la intimidad de Frida y Diego. Este era el lugar donde vivían y donde creaban, y así puede sentirse al recorrer las habitaciones, entre las cuales se destacan la cocina, las recámaras (casa uno tenía la suya), y el taller donde Frida se abstraía y pintaba. Allí pueden verse aún hoy los elementos que usaba para plasmar sus ideas en un cuadro.

Pero además la Casa Azul guarda historias. Los artistas no siempre estuvieron solos entre estas paredes. Expulsado de la ex URSS por Stalin, quien tomara el poder luego de la muerte de Lenin, el intelectual revolucionario León Trotsky llegó a México en el año 1937 luego de que Diego Rivera intercediera por él ante el presidente Lázaro Cárdenas. Frida y Diego ofrecieron su casa a Trostsky y su esposa, quienes vivieron allí durante 2 años.

Durante años la casa guardó también secretos. Antes de morir Diego le pidió a su amiga Dolores Olmedo, presidente del fideicomiso que administraba el museo, que por un lapso de 15 años no se abrieran ciertos cuartos del inmueble. Sólo con la muerte de Dolores, en 2004 las nuevas autoridades del fideicomiso decidieron abrir los baños y las bodegas que habían permanecido cerrados hasta aquél momento. Así vieron la luz borradores y bocetos de obras de la pareja, y hasta uno de los aros que Pablo Picasso le regalara a Frida, y que se creía perdido.

Para visitar el museo habrá que considerar algunos destalles. Para tomar fotos se requiere un permiso especial que se puede comprar en el lugar. Pero el detalle es que, sindo uno de los museos más visitados de México, las colas en la puerta suelen ser largas, por lo que les recomiendo sacar los tickets por internet con anticipación, ya que además por razones de conservación hay cupos diarios de ingreso.

Y ahora sí, a disfrutar de la obra de Frida, en su propia casa.

Antigua Guatemala, la hermosa ciudad donde el tiempo se detuvo.

Con apenas algo más de 100.000 km2, Guatemala es un país pequeño de Centroamérica, pero la realidad es que lo que tiene de chico lo tiene también de interesante para el turismo internacional. Son muchas las cosas que el visitante puede hacer y conocer, y seguramente una de las más atractivas sea subirse a una máquina del tiempo y viajar hasta Antigua Guatemala.

Y si bien, obviamente, lo de la máquina del tiempo es una metáfora, cuando uno llega parece no distar demasiado de la realidad. Santiago de los Caballeros de Guatemala es una ciudad donde el tiempo parece haberse detenido a juzgar por sus construcciones coloniales del Siglo XVI, algunas de ellas aún en ruinas, lo que le da un inusual aspecto de veracidad. Allí, entre calles empedradas, todo parece autóctono. Y de hecho, lo es.

Fundada el 10 de marzo de 1543 la ciudad fue proclamada capital de la Capitanía General de Guatemala hasta el año 1776, momento en que los terribles terremotos de Santa Marta la destruyeron casi por completo por tercera vez en menos de un siglo. Esto determinó que se decidiera mudar la capital a la actual Ciudad de Guatemala, y que Antigua fuera paulatinamente abandonada por autoridades reales, municipales e incluso por las eclesiásticas.

Hoy en día Antigua Guatemala es la capital del departamento de Sacatepéquez y un destino turístico por excelencia. Se trata de una ciudad renovada en parte (ya que muchos edificios aún se mantienen en ruinas desde aquella época), pero que mantiene sus raices, arquitectura y cultura originales. En pleno siglo XXI allí se respira un aire que parece salido del 1500 y caminar por esas calles causa una sensación particular, difícil de describir en palabras.

Si hablamos de cultura tenemos que tocar el tema de sus leyendas, por supuesto. La ciudad está virtualmente dividida en cuatro áreas, cada una de las cuales es escenario de una historia distinta. En nuestro caso nos tocó estar alojados relativamente cerca del parque Tanque La Unión, con sus piletones donde la gente solía lavar la ropa, y lugar predilecto de La Llorona.

Según cuenta la leyenda se trató de una mujer de alta sociedad que tuvo un amorío prohibido con un peón de su hacienda, producto del cual nació su hijo ilegítimo. Arrepentida de haber engañado a su marido, la mujer terminó ahogando a su propio hijo en las aguas del río, y por esto fue condenada a vagar por toda la eternidad en las cercanías de los lugares donde hay agua, al grito de “¡Ay, hijo mío!”. La Llorona, vestida de luto o de blanco, se le aparece a los hombres solitarios para quitarles el alma, y la forma de evitarlo es que una mujer te tome de la mano. Se dice que si eschuchás su voz cerca, en realidad La Llorona está lejos, y viceversa. Como sea, si la escuchás corré con todas tus fuerzas para salvar tu alma.

Esta leyenda tiene su contraparte en la del Sombrerón, personaje masculino que camina por los barrios de Antigua Guatemala de noche en busca de jóvenes hermosas de cabello largo a quienes enamorar. Caer rendida ante los encantos del Sombrerón significarán la muerte de la mujer en cuanto el espectro le haga una trenza en el cabello, por lo que cuando uno sospecha de su cercanía, el mejor remedio es cortarle el pelo a la muchacha en cuestión. Además de a las mujeres jóvenes, el Sombrerón suele atacar también a las mulas y caballos, que comienzan a ser agresivos. Si se le encuentran las crines trenzadas, el animal ha sido tomado y ya no sirve más para el trabajo.

No solo de leyendas mitológicas está hecha Antigua Guatemala. Con tantos años encima, incluyendo terremotos y erupciones volcánicas, y habiendo sido capital del país durante más de un siglo, la historia está siempre presente en cada rincón de la ciudad. Son muchos los edificios y lugares que el turista puede visitar, incluidos algunos que están semidestruidos. En especial templos y edificios de índole eclesiástico que en la época de esplendor tenían gran importancia y abundaban en la metrópoli.

Sin lugar a dudas el símbolo por excelencia de la ciudad centenaria es el Arco de Santa Catalina. Este pintoresco puente une el edificio original del Convento de Santa Catalina Mártir con el que se encuentra justamente enfrente, adicionado a la institución ante la necesidad de albergar a más monjas que las originalmente previstas. Como se trataba de un convento de clausura, donde las religiosas no podían tener contacto ni ser vistas desde el exterior, se solicitó autorización para cerrar la calle y así unir los dos edificios, pero por supuesto esto fue denegado por las autoridades de la época. En reemplazo del cierre, se les concedió el permiso para construir un puente sobre la calle, por el cual las religiosas podrían moverse de un lado a otro respetando siempre sus votos.

La calle del arco es también la más transitada de la ciudad y en ella se pueden encontrar gran cantidad de locales de comida, regionales y el mercado de artesanías, muy recomendado para quienes quieran llevarse un recuerdo a casa.

Y por supuesto, un imperdible de Antigua Guatemala es la foto aérea de la ciudad desde el Cerro de la Cruz, al que se puede acceder en auto o incluso a pie. La vista del atardecer en ese lugar debe ser impresionante, pero la verdad es que por cuestiones de seguridad no es aconsejable subir en esas horas en que la luz comienza a irse. La foto de la ciudad a pleno sol es más que suficiente.

Patrimonio Cultural de la Humanidad según la UNESCO desde 1979, Antigua se encuentra a 40 kilómetros de la ciudad capital. Es un punto obligado para visitar cuando uno llega a este cordial país centroamericano y mi sugerencia es que se tomen al menos tres días para recorrerla con tranquilidad, visitando sus lugares históricos y quizá, por qué no, haciendo una excursión a alguno de los volcanes cercanos, entre los que se incluye al temible Volcán de Fuego.

Una recorrida por la Ciudad de Guatemala.

La cara que me puso el remisero que me llevaba al Aeropuerto Internacional de Ezeiza me dejó en claro que Guatemala no es uno de los destinos más populares entre los argentinos, pero quizá justamente por eso, y por tener allá un amigo que oficiaría de guía local, las expectativas sobre los días que iba a tener libres en el país centroamericano eran altas.

La Ciudad de Guatemala, Nueva Guatemala de la Asunción (como reza  su nombre oficial), o simplemente Guate (como cariñosamente le dicen los locales) es la capital de este pequeño pero atractivo país centroamericano que bien merece una visita. Podemos decir que como tal, nació producto de los terribles Terremotos de Santa Marta que en 1773 dejaron en ruinas la antigua capital, Santiago de los Caballeros (actual Antigua Guatemala que tendrá su post más adelante), razón por la cual las autoridades coloniales decretaron su traslado a la nueva ubicación. Oficialmente, la mudanza de la ciudad se produjo el 2 de enero 1776.

Hoy en día Guatemala es una importante ciuda, con más de 2,5 millones de habitantes, levantada sobre un terreno lleno de abruptos barrancos. De hecho mi primer sensación la tuve mirando por la ventanilla del avión durante la aproximación final, durante la cual veía el terreno allá lejos, pasando con gran velocidad cientos de metros debajo, cuando de repente y sin previo aviso apareció el aeropuerto de La Aurora con su pista, a escasos pies bajo nosotros. Y así es esta ciudad, donde una calle puede terminar de repente y sin previo aviso en un precipicio de cientos de metros de altura.

Pero Guatemala no es interesante únicamente por sus curiosos relieves, sino que tiene mucho más para ofrecerle al turista. Por supuesto todo recorrido que se precie debe comenzar en la Plaza de la Constitución, en pleno centro cívico de la ciudad y flanqueada por la catedral y por el Palacio Nacional de la Cultura, ambos merecedores de sendas visitas.

A metros de allí, detrás de la catedral, se encuentra el Mercado Central, un punto ideal para ir de compras. Lo típico para todo turista será recorrer los estrechos pasillos plagados de artesanías de todos los colores y formas, pero no se pierdan recorrerlo en profundidad y ver un poco de la vida cotidiana guatemalteca, allí en los puestos de frutas y verduras donde las amas de casa compran los ingredientes para preparar el almuerzo.

Un capítulo aparte es Ciudad Cayalá. Nunca mejor puesto el nombre, se trata realmente de una ciudad dentro de la ciudad. Cuenta con un vistoso paseo de compras, supermercado, locales gastronómicos, salón de eventos y hasta cine e iglesia. El proyecto urbanístico sigue creciendo y ofrece tanto edificios de departamentos como así también una zona residencial de lujo, todo rodeado por 60 manzanas de reserva natural que son el pulmón natural de la ciudad de Guatemala.

Otro punto emblemático de la Ciudad de Guatemala es el edificio de la Dirección General de Correos, cuya construcción se inició en septiembre de 1938 bajo la presidencia del General Ubico. Si bien la obra se finalizó en 1945, el edificio se inauguró una vez terminada la primer fase, el 10 de noviembre de 1940, “casualmente” el día del cumpleaños del presidente Ubico.

Se trata en realidad de dos edificios unidos mediante un puente peatonal que cruza en lo alto la Calle 12, casi en la esquina de la 7ma Avenida. La construcción está inspirada en el Arco de Santa Catarina, símbolo de Antigua Guatemala, y hoy en día funciona allí la escuela municipal de arte, donde por ejemplo se da clases de danza, entre otras actividades culturales.

 

Tuve la suerte de poder visitarlo y apreciar sus hermosos jardines en el patio interior. Por dentro el edificio es tan vistoso como por afuera, y mi anfitrión hasta logró que nos dejaran pasar al puente para ver la vista de la ciudad desde allí arriba, algo que ya no está habilitado por el edificio al que tiene acceso el público en general, por lo que tuvimos que pedir permiso para pasar al de enfrente, donde funcionan dependencias oficiales.

 

Y por supuesto nos detuvimos para fotografiar las viejas, enormes y pesadísimas cajas fuertes, arrinconadas en un rincón cercano a la escalera…

Guatemala me pareció una ciudad bastante limpia para la cantidad de gente que vive en ella, y la razón de tal limpieza un poco se explica al ver a grandes grupos de jóvenes militares que salen a recorrer las calles. Se trata de los cadetes que tienen entre sus actividades salir a limpiar las calles de la ciudad. Escena que contrasta enormemente con una que parece salida de otra época: las cabras paseando en grupo por las veredas del centro. Si bien es por demás pintoresco, en un principio resulta algo chocante. Pero tiene una razón de ser, ya que es algo tradicional que los vendedores ambulantes te ofrezcan leche de cabra recién ordeñada, y cuando digo recién es por que la ordeñan en el momento, delante tuyo.

Y si hablamos de Guatemala tenemos que hablar de su gente. Muy consciente de su historia y pasado, los guatemaltecos mantienen una relación muy cercana con la cultura maya, a la que aún hoy en día honran como parte central de su propia cultura. No tengo idea si eso está relacionado o no, pero lo otro que destaca al guatemalteco es la hospitalidad. Obviamente tener un amigo local como guía es una ventaja enorme, pero no sólo él se desvivía por hacerme sentir cómodo. Todas las personas con las que me topé en este hermoso país centroamericano fueron por demás amables; realmente unos anfitriones de lujo, de los cuales la industria turística de nuestro país tiene mucho que aprender.

Aunque incómodo para llegar desde Argentina (no hay vuelos directos, así que habrá que realizar conexiones que convierten el viaje en realmente largo), Guatemala es un país que bien merece ser visitado y, por sobre todas las cosas, vivido. Desde lo alto del Arco de Correos se ve claramente la señal de ALTO en el asfalto, pero lejos estamos nosotros de detenernos. Aún falta más de Guatemala que contarles…