Archivos Mensuales: septiembre 2016

Vistas desde el Mercy Hospital y de Coconut Grove, en Miami.

No, durante mi última visita a Miami no me enfermé, ni tampoco tuve ningún accidente. Sin embargo, luego de conocer el Vizcaya Museum & Gardens, me hice un tiempito para recorrer el hermoso barrio de Coconut Grove y llegar de pura casualidad al Mercy Hospital. “Este pibe está loco” te estarás diciendo ahora mismo, “se va a Miami para conocer un hospital”; pero a ese pensamiento te respondo con una sola imagen:

Costanera del hospital

Rodeado de palmeras, el Mercy Hospital está ubicado en un lugar privilegiado, con una hermosa vista de la Bizcayne Bay. Es un lugar bastante extraño para construir un hospital, con un paisaje más acorde a un complejo turístico que a un centro médico, pero en ese sentido sería raro en cualquier punto del barrio.

Yates en el fondo de casa

Coconut Grove es un barrio residencial ubicado en el sur de Miami, con abundante vegetación que incluyen enormes árboles con cientos de años encima, y una excelente vista de la Bahía Bizcaina. Si bien no son tan exhuberantes como el Vizcaya Museum, las enormes casas del barrio son impresionantes.

Yate alzado

Si bien hoy en día se pueden ver yates diseminados aquí y allá, Coconut Grove guarda un detalle histórigo #avgeek. Hacia la época en que Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, la marina construyó aquí la primer base naval aérea. Esto fue resistido por los vecinos del barrio, debido al ruido y la contaminación que ésta provocaba, los cuales lograron que en 1919 el gobierno la cerrara.

Puerto

Pero la historia no finaliza allí, ya que diez años después las instalaciones de la vieja base militar servirían a la Pan American Airways para instalar una base de aviones acuáticos, cuya terminal hasta sería utilizada por el presidente Roosevelt durante la Segunda Guerra. Hoy en día, las instalaciones de PanAm se convirtieron en el City Hall.

Velero

Volviendo a lo que es el hospital, el Mercy fue inaugurado en diciembre de 1950, en terrenos que habían pertenecido a la Villa Vizcaya, de James Deering, hoy convertida en museo.

Salvavidas

Así es Coconut Grove, un lugar ideal para pasear con la cámara de fotos a cuestas, para poder registrar el atardecer sobre las aguas de la bahía.

Rayos de sol

De seguro, si tengo oportunidad de volver, buscaré un lugar para estacionar el auto y caminar un poco más por este hermoso barrio de Miami. Si vos llegás a andar por allá, es una buena opción a considerar.

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Valparaíso: Fascinante ciudad multicolor de escaleras y ascensores sobre el Pacífico.

Durante mi última visita a Santiago de Chile con motivo de la FIDAE 2016 hubo tiempo para hacer algo de turismo, y como no podía ser de otra manera, aprovechamos el día libre para salir de la ciudad capital chilena y tomarnos el ómnibus hasta uno de los lugares que más me gustan del país vecino: la ciudad de Valparaiso.

Valpo Adelante

En la ruta, rumbo a Valparaíso.

Valpo, como tradicionalmente se la conoce, es una ciudad literalmente construida en la montaña, surgida como puerto de la ciudad capital de Chile por decisión de Pedro de Valdivia en 1544, y no habiendo sido oficialmente fundada nunca, hoy ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad.

Vista desde el paseo

Vista del puerto y la ciudad, desde el Paseo 21 de Mayo, incluyendo el “taller flotante” anclado en medio de la bahía.

Así se la ve a lo lejos (y a lo alto) cuando estás llegando por la ruta desde Santiago.

Llegando a Valpo

Llegando a Valparaíso, se divisan las casas en la ladera de la montaña a lo lejos.

Se trata de uno de los lugares más autóctonos que puedas encontrar, allí donde las innovaciones de la arquitectura moderna no han llegado a alterar la fisonomía de una ciudad con casas de colores vivos y aspecto humilde, entre las cuales están diseminados sus famosos ascensores: esas casillas de madera que suben y bajan por las laderas permitiendo que te ahorres alguna que otra de las felizmente cansadoras calles en forma de escaleras.

Ascensor

El ascensor del Paseo 21 de Mayo corre por los rieles, ya sea de subida o bajada.

Por algunas monedas, uno podrá utlizar los ascensores, ya sea hacia arriba o hacia abajo. Una experiencia que todo aquél que visite Valparaíso tiene que tener.

Acceso Ascensor

300 pesos chilenos es lo que cuesta tomar el ascensor.

También son tradicionales los trolebuses. Pintados de verde dan una gran vuelta por toda la ciudad. Atados a los cables que surcan sus calles y marcan a todo el mundo el recorrido, serán una buena opción para moverse desde la terminal de ómnibus hasta las zonas turísticas, cercanas al puerto y la aduana.

Trolebuses de Chile

El característico trolebus verde recorre la ciudad “colgado” de los cables.

Si se tiene oportunidad, también es recomendable hacer un paseo a bordo de los trolebuses, que en algún punto te hacen acordar a los viejos colectivos de Buenos Aires.

Interior trolebus

En el interior del trolebus (también verde) hay que compartir asientos muy pequeños, aunque bien mullidos.

Yo soy de los que piensan que la mejor forma de conocer una ciudad es caminándola, pero Valparaíso no te deja opción: si no la caminaste y no te internaste por sus escaleras y pasadizos, no te atrevas a decir que visitaste Valpo. El Paseo 21 de Mayo, justo sobre el puerto, es uno de los puntos más tradicionales de la ciudad, pero la cosa no se termina allí, sino que recién empieza: hay mucho más por recorrer, y sobre todo, por vivir.

Paseo 21 de mayo

Así se ve la ciudad extendiéndose por la montaña desde el tradicional Paseo 21 de Mayo.

Porque a Valpo hay que vivirla. Si estás corto de tiempos no dudes en hacerte una corrida desde Santiago y pasarte el día aquí, pero si tenés la oportunidad, no dejes de pasar una o dos noches en esta ciudad. Caminarla cansa, pero seguramente no tanto como para no salir a tomar algo a la noche. Si es así, tomate un tiempo para contemplar el cielo y las luces de la ciudad a la orilla del mar.

El puerto

En el puerto atracan todo tipo de barcos: desde buques containeros y a granel, hasta lanchas pesqueras y turísticas.

El puerto es uno de los atractivos principales, y en mi caso me puedo quedar horas viendo operar los buques en primer plano, especialmente con las luces prendidas a la noche. Pero durante el día también se pueden hacer excursiones en lancha para ver la ciudad desde el mar.

Pacífico al fondo

El colorido caserío de Valparaíso, que te hace recordar el barrio porteño de La Boca, con el Pacífico detrás.

Un buen momento para ir a Valpo es durante Año Nuevo. La ciudad entera sale a las calles a festejar, y desde los buques de guerra que salen de puerto hacia la bahía, el show de fuegos artificiales sobre el mar resulta impresionante. No estuve allí para vivir ese momento, pero se de muy buena fuente que es una experiencia que vale la pena tener.

Escaleras de Valpo

Una de las tantas escaleras de Valpo. Esta convertida en mural, en el Hostal Bella Vista.

No sólo las escaleras son características de esta ciudad portuaria, sino que también están los murales, algunos de los cuales están hechos en los escalones propiamente dichos. Si se va con tiempo se podrá recorrer el “museo a cielos abiertos” pasando de mural en mural mientras se recorren las calles de la ciudad. Una buena alternativa será pasar por allí “de bajada”, de vuelta de la imperdible visita a La Sebastiana, la casa de Pablo Neruda, desde cuya increíble alcoba vas a darte una idea de cómo era que el poeta chileno se inspiraba.

Caras de Valpo

Rostros autóctonos de Valparaíso. Algunos de pintura sobre el concreto. Otros de carne y hueso.

Si no conocés Valparaíso, tenés que ir. Y si aún no te imaginás cómo es una ciudad en las colinas frente al Océano Pacífico, con angostos pasadizos y calles de escaleras, tomate 10 minutos y mirá este video que te dejo, donde estos locos con un par de bicicletas y una docena de Go Pro te la muestran de una forma más que especial.

No hay nada más qué decir. Valpo es un lugar increíble. Sólo queda que vayas y lo conozcas.

Galería de fotos de la Laguna Esmeralda.

La de la Laguna Esmeralda es una caminata que vale la pena hacer, no sólo porque es es simple y accesible para casi todo el mundo, y por la belleza de la laguna en sí, sino también porque caminar por adentro del bosque no es algo que los que vivimos en la ciudad podamos hacer seguido, y ni hablar si uno se anima a ir un poco más allá y llegar hasta el otro lado de la laguna, donde los paisajes son realmente increíbles.

Para que puedas tener un mejor acercamiento a lo que es este lugar, va aquí una selección de fotos que incluyen muchas que quedaron fuera de los posts anteriores. Disfrutalas!

Iniciamos la caminata dentro del bosque, sorteando algún que otro obstáculo.

Camino bloequeado

Al salir del bosque nos encontramos con el descampado, y al fondo, el Cerro Bonete.

Paisaje Montañoso

Entre la turba y los árboles, en el curso del arroyo se notan los efectos del castor.

Dique Castor

Bosque Seco Arboles secos por los castores

Para llegar a la laguna hay que ir siguiendo el arroyo.

Vamos bordeando el rio

Y finalmente llegamos al destino.

1er Vista de la laguna

El por qué del nombre de la laguna…

Color esmeraldaPor la otra margen un grupo se acerca hacia nosotros.

Caminantes en la orilla

Y ahí decidimos ir nosotros también, luego de hacer el correspondiente sapito.

Haciendo sapito

Del otro lado de la laguna nos encontramos con un paisaje increíble, que incluso tiene una segunda laguna.

Color esmeralda La laguna detras de la laguna

Aquí también se puede ver claramente la acción del castor.

Paisaje de película La laguna al fondo

¡Y de qué forma!

Arbol cortado por el castor

Así se ve la Laguna Esmeralda y la playa a donde uno llega al finalizar la caminada, desde el otro lado.

La playa del otro lado

Nos tomamos un momento para contemplar el paisaje, y de paso pensar cómo volver.

Contemplando el paisaje

Claro que no eramos los únicos…

Nos observan

Y decidimos hacerlo por la otra margen, tal como lo hacía el grupo que habíamos visto antes, desde donde estaríamos más cerca del agua y podríamos ver cómo nadaba el castor.

El castor escapa nadando

Para cuando llegamos al punto de partida de nuestra vuelta a la laguna, el sol había salido, y el paisaje se veía algo diferente.

Cielo despejado sobre las montañas

El sol metiéndose por entres los árboles nos regaló lindas vistas del bosque.

Grama soleada entre arboles El sol metiendose entre los arboles

Y así llegamos nuevamente a la ruta.

Claro que un post con las fotos no se puede comparar con ir y verlo con tus propios ojos, así que agendá este trekking para tu próximo viaje a Ushuaia!

No dejen a Bélgica afuera de la recorrida por Europa!!!

Aprovecho la tarde lluviosa de München para descansar un poco de tanta caminata y escribir estas líneas rápidas porque creo que valen la pena.

vista-de-bruselas

Vista de Bruselas, capital de la Unión Europea.

Cuando uno viaja a Europa, (o al menos para los argentinos), las distancias cortas y la eficiencia y puntualidad de los medios de transporte europeos, además de las reglas inmigratorias de la Unión Europea, hacen que cruzar de un país a otro sea cuestión sencilla. Uno siente que todo está cerca, y eso está buenísimo, pero a la vez es un problema: tenemos muchas posibilidades de ciudades para elegir visitar; tantas que  uno no sabe a cuál ir.

punto-mas-fotografiado-de-brujas

El punto más fotografiado de Brujas.

Es normal entonces que uno recurra a consultas en internet, agencias de turismo, libros de turismo, etcétera. Todo es vàlido para complementar los intereses personales a fin de armar la ruta correcta. Y aquí viene el punto, porque la verdad que Bélgica resulta ser mucho más de lo que en general uno espera de ella.

canal-de-brujas

Sus canales convierten a Brujas en “la Venecia del norte”.

En general cuando uno pregunta sobre Bélgica le dicen de parar uno o dos días en Bruselas, y desde ahí ir a pasar el dìa a Brujas. Eso mismo es lo que hice yo, y sepan que me quedé corto. Muy corto.

puentes-de-brujas

Según se dice, los puntes tienen que ver con el nombre de la ciudad, en Brujas.

Bruselas es una ciudad maravillosa; si no la estás teniendo en cuenta en tu gira europea ya mismo andá cambiando el itinerario. Recorrerla por arriba lleva un dìa, y si querés profundizar algo en particular vas a necesitar otro más. Luego aparece una fija: Brujas, que es un pueblo salido de un sueño, y que por ser chiquito todo el mundo te aconseja ir a pasar el dia. Eso tiene algo de lógica pero si lo hacés hay que tener en cuenta que la recorrida va a tener que ser rápida y que puede que algún detalle que te haya interesado se quede en el tintero. Y lo más importante: te va a pasar lo que a mí, que me quedé con las ganas de ver la ciudad de noche.

plaza-de-brujas

Vista de la pintorezca plaza principal de Brujas.

Finalmente quizá alguien te sugiera algo que no estaba en los planes: pasar por Gantes. Una ciudad de la que quizá ni escuchaste hablar, pero que es IM-PER-DI-BLE. En general la idea será hacer las dos juntas, ya que Gantes está de paso hacia Brujas, pero la respuesta a eso es NO. Gantes amerita otro día entero porque no basta con caminarla, hay que meterse en edificios como el Castillo de los Condes y conocer un poco más profundamente su historia.

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El centro de Gantes está dominado por construcciones imponentes.

Y por últimos está Amberes, a la que no pude ir por falta de tiempo, ya que encima desde Bruselas queda hacia el otro lado. De esta ciudad no puedo hablar, pero era la otra sugerencia que tenía para visitar, y menos mal que no quice recorrer las tres en un sólo día porque no habría disfrutado de ninguna.

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Un canal separa al Castillo de los Condes del resto del pueblo de Gantes.

Bélgica es un país que lo que tiene de chiquito lo tiene de fascinante. Su gente es extremadamente amable, siendo Bruselas la capital de la Unión Europea saben cómo tratar a los extranjeros y hasta parecen enorgullecerse de eso. Allì se hablan tres idiomas oficiales pero se escuchan muchos más, allí se hacen las mejores cervezas y el mejor chocolate del mundo, y la movida cultural que tienen es impresionante: tanto Brujas como Gantes preparaban constantemente conciertos de música al aire libre.

canales-de-gent

Gantes también tiene sus canales y puentes.

Definitivamente una parada obligada en un viaje a esta zona de Europa, y aunque ya van a salir los posts más detallados de cada lugar, no quería dejar pasar el tiempo sin decirte que estudies bien el itinerario de tu viaje, y te asegures de didicarles los suficientes días a Bélgica.

La Vuelta a la Laguna Esmeralda, y la historia del perro que quería almorzar castor.

Luego de unas dos horas de caminata habíamos llegado finalmente a la Laguna Esmeralda, en un trekking cuyos detalles te conté en el post anterior que podés ver haciendo click aquí. Si bien el camino fue fácil, se trató de una caminata larga, por lo que aprovechamos que empezaba a salir el solcito y nos sentamos a la orilla del agua, a contemplarla y a descansar. Pero no fuimos los únicos que nos tomamos un respiro.

Tuvimos compañia…

Al descanso se suma un amigo

Del pichicho ya eramos casi amigos. Nos lo habíamos cruzado por primera vez cerca del puente de troncos, donde nos desviamos un poco del camino para ir a explorar la castorera que había cerca. El susto fue grande cuando el ejemplar de la foto se nos apareció de repente, a toda velocidad hacia nosotros, para esquivarnos ágilmente y desaparecer. Siguó a otro grupo de senderistas, así que pensamos que venía con ellos, pero ya en la laguna nos dimos cuenta que no, no venía con ningún grupo en particular.

Dique Castor

Llegó finalmente el momento de levantarnos y seguir viaje, porque habiendo llegado hasta ahí no ibamos a darnos media vuelta para volvernos tan rápidamente. Encima el día se estaba poniendo lindo, así que tomando nota de que había gente caminando por las márgenes de la laguna, comenzamos a avanzar por la derecha, para explorarla.

Comenzamos a bordear la laguna

Allí el sendero ya no está tan bien demarcado, pero uno puede abrirse paso sin dificultad y deducir por dónde se puede pasar fácilmente. A veces un poco más hacia el agua, otra veces yendo un poco más hacia adentro, se va avanzando. Hasta que se llega a otra castorera (o más bien dicho se llegaba, porque en cuanto el perro se dio cuenta de lo que era, poco quedó de ella).

Buscando al castor

El tipo se puso a escavar frenético, sabiendo que ahí adentro tenía que haber algo; mientras que nosotros nos mirábamos sin saber bien qué hacer. En ese estado no estaba como para andar tratando de calmar un perro que no conocíamos. En iguales condiciones estuvo un grupo que venía en dirección contraria con su guía, con la salvedad de que no nos creyó que el perro no era nuestro, y tuvimos que aguantar un sermón a medias, tirado al aire como para quien lo quiera agarrar, sobre el por qué no hay que traer animales a la laguna. Al margen, el perro se quedó sin asado porque el castor o no estaba, o salió por otro lado, pero flor de susto le pegó cuando empezó a chapotear en el agua atrás de él.

El perro y el castor

Pasado el momento de stress, dejamos a nuestro amigo canino y seguimos la caminata bordeando la laguna, para encontrarnos con unos paisajes que bien podrían ser escena de alguna película del Señor de los Anillos. Mirás alrededor, y en cualquier momento se te aparece un Elfo entre los árboles. Allí hay una segunda laguna, cerca de la primera, cuya agua se ve perfectamente esmeralda, que sumado al silencio que hay allí donde no había nadie más que nosotros, le daba a la situación un clima muy especial.

Haciendo sapito

Seguimos explorando un poco, buscando el camino que nos llevaría al Glaciar Albino, sabiendo que no podíamos ir hasta allí por la hora que era, sino simplemente para recorrerlo un poco, pero no lo ubicamos, y llegado un momento se hacía difícil encontrar camino alguno y terminábamos trepándonos a los árboles para abrirnos paso.

Paisaje de película

Claro, cuando todavía encontrábamos árboles que no hubieran sido devorados por el castor…

Arbol cortado por el castorLlegaba la hora de volver, entonces, pero para eso queríamos ir por la otra margen de la laguna. No había sendero para eso, así que habría que atravesar troncos caídos, charcos de agua y turbales anegados, para lo cual los que no tenían calzado impermeable estuvieron algo complicados, pero igualmente lo lograron.

La laguna a su nivel

El broche final lo dio el arroyo que nace en la laguna, y en cuyo nacimiento forma como una especie de muy pequeñas cascadas que nosotros debíamos cruzar para volver. Un tronco, que a decir verdad se movía bastante, hacia parcialmente de puente, así que hubo que saltar de roca en roca pisando con cuidado, para finalmente subirse al tronco y terminar en tierra firme nuevamente, sanos y salvos.

Follaje soleado

Y ahora sí, merienda mediante, quedaban únicamente las dos horas de regreso hasta la ruta, que ya emprenderíamos con un cielo tremendo cielo despejado. Al llegar al auto, subimos a un muchacho que hacía dedo para ir a la ciudad. En la charla donde nos contaba cómo era vivir en Ushuaia, le comentamos el episodio del perro, al que él mismo pudo describir perfectamente, para nuestra sorpresa: Era el perro de un amigo suyo, que vive ahí junto al accedo de la laguna, y que siempre se escapa y sale de caminata con los turistas. Habíamos cerrado el círculo. Era el fin de la historia.