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Galería de Imágenes de la Península Valdés.

Hace algunos días atrás les mostraba la excursión que realizamos a Península Valdés, donde tuvimos la oportunidad de avistar buena cantidad y variedad de fauna patagónica, incluyendo las temibles orcas que hicieron una aparición sorpresiva, tal como les conté en este post que pueden ver haciendo click aquí.

Fueron muchas las fotos que tomamos en ese paseo; tantas que no entraron en un sólo post, y por eso les presento esta recorrida en imágenes por la Península, que por supuesto comienza en el Centro de Visitantes, y como no podía ser de otra forma, con la maqueta del terreno a recorrer.

Claro que por más bien hecho que esté, un pedazo de plástico no tiene punto de comparación con ver la realidad con tus propios ojos. Por eso no nos demoramos mucho ahí adentro y enseguida subimos al mirador para observar lo que el camino nos deparaba.

Habría que sortear la rotonda para seguir camino rumbo a alguna de las dos opciones: por un lado, la Isla de los Pájaros.

O sino seguir camino hacia lo más profundo de la península, donde nos cruzaríamos con algún que otro choique (o quizá el se nos cruce a nosotros).

Ni se molesta, así que luego de la sesión de fotos, lo dejamos atrás y seguimos camino.

En medio de la inmensidad, la soledad de esta casa aislada del resto del mundo.

Será quizá el hogar de alguno de estos?

De estos no creo. Para qué iban a ir a encerrarse entre cuatro paredes si se ve que en la playa la pasan bastante bien?

La primer parada fue la pingüinera, y se ve que tienen régimen militar porque hasta montan guardia…

Obvio, como en todos lados, siempre hay algún perezoso que sólo se rasca…

A lo lejos se ve que hay otros especímenes que descansan de verdad.

Pero les convendría estar atentos, porque quizá pronto reciban visitas inesperadas…

Por suerte para ellos estas cuatro orcas vienen tranquilas, y hasta se anuncian!

Más adelante encontramos un sendero que nos acerca a la playa.

La vista desde allí es fenomenal.

La familia orca, en un casi primer plano.

Y también en primer plano los optimistas de siempre que no le dan bola…

Así pasamos por la hermosa y enorme Península Valdés. Es hora ya de comenzar a emprender el regreso.

¡Los espero en el próximo post de Ahicito Nomás!

Avistamos pingüinos, elefantes marinos y hasta orcas en Península Valdés.

Ubicada a 45 kilómetros de la ciudad de Puerto Madryn, el Area Natual Protegida Península Valdés, declarada como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1999, es “EL” imperdible cuando uno visita esta parte de la patagonia argentina. Con su enorme superficie de 3625 km2, la península es una de las áreas protegidas más importantes por su extensión y concentración de fauna, y es conocida a nivel mundial por tratarse del lugar ideal para el avistaje de la Ballena Franca Austral.

La mejor forma de realizar estos avistajes es embarcándose en Puerto Pirámides, localidad emplazada dentro de la península, pero nosotros hicimos la visita durante febrero, uno de los pocos meses en que las ballenas no se encuentran en aquél lugar, ya que llegan en junio y se quedan hasta fin de año. Sin embargo esto no representó ningún problema ya que en época estival hay gran variedad de fauna que se puede divisar, no ya zarpando a bordo de una embarcación, sino recorriendo los largos kilómetros de ripio hasta llegar a alguno de los puntos turísticos de la reserva.

El acceso a la península es a través de la Ruta Provincial Nr. 2 que recorre el Itsmo Ameghino, una angosta franja de tierra que une la península al continente y que es flanqueado por mar a ambos lados: el Golfo San José al norte, y el Golfo Nuevo al sur, ambos visibles por tramos al manejar, con sólo girar la cabeza hacia uno u otro lado.

Habiendo abonado previamente el ingreso (que para los residentes argentinos es de $180 por persona) en el puesto El Desempeño, la primer parada será el Centro de Visitantes, estación obligada para informarse de los recorridos disponibles, el estado del puerto y de los caminos, el pronóstico del tiempo y recibir sugerencias sobre las actividades a realizar.

Allí mismo funciona además el Centro de Interpretación que es una especie de museo donde se explican detalles sobre la flora y fauna que se podrá encontrar durante el paseo por la península.

Afuera se puede también subir al mirador, desde el que se tiene una visión lejana de la Isla de los Pájaros, uno de los puntos turísticos que se pueden recorrer dentro del área protegida.

Si bien se puede contratar la excursión, nosotros lo hicimos en el auto que alquilamos tal como te conté en este post que podés ver haciendo click aquí. El recorrido es realmente largo y hay que manejar con precaución, a no más de 60 km por hora, porque el ripio puede ser traicionero (además de levantar alguna piedra y romperte el auto), así que sabiendo que Punta Norte no tenía mucho atractivo en ese momento, decidimos dirigirnos hacia Caleta Valdés.

Unos kilómetros antes de llegar nos detuvimos en una pequeña pingüinera para poder observar a sus habitantes y tomarles algunas fotos. Estábamos muy tranquilos abocados a estas tareas cuando un nene se acerca corriendo a los gritos, preguntando si habíamos visto orcas. No, no las habíamos visto, y no teníamos muchas esperanzas de hacerlo ya que su zona habitual es Punta Norte, lugar alejado al que no pensábamos llegar.

Pero para nuestra grata sorpresa, el nene tenía razón: él con sus padres las habían visto y las venían siguiendo; y efectivamente, las orcas hicieron su aparición.

Aparentemente eran una familia completa, paseando por las aguas cercanas a las costas, tan cerca que se dejaron filmar desde la posición donde estábamos.

Ya conformes con esta sorpresa, subimos al auto para seguir viaje hasta Caleta Valdés y conocer a los elefantes marinos del sur que la  habitan. En este punto hay servicios (léase baños, porque el restaurant en el momento de nuestra llegada estaba cerrado) y además hay senderos que permiten acercarse un poco más a los animales y tomar mejores imágenes.

Por allí pasaron también las orcas, no solo en tren de paseo, sino además sin hambre suponemos, ya que a escasos metros de distancia, sobre la orilla, los elefantes marinos retozaban al sol y ellas pasaron de largo sin inmutarse.

En este mirador las teníamos un poco más cerca, y pudimos hacer buenas tomas de la familia orca.

Con todas las expectativas cubiertas, y cayendo ya la tarde sobre la península, nos tomamos un momento para disfrutar por última vez del espectacular paisaje que la Naturaleza nos brinda en aquél rincón único del Océano Atlántico, y finalmente comenzamos a emprender el largo regreso por el ripio hasta Madryn.

Un lugar que realmente espero que vos también puedas conocer en algún momento, porque vale la pena.

En los próximos posts habrá más sobre nuestra visita a Puerto Madryn y estos hermosos paisajes. No te lo pierdas!

Almorzando en El Náutico de Puerto Madryn

Salir a comer afuera es toda una ceremonia, esté donde se esté, pero cuando uno está de vacaciones se convierte en un gusto que siempre hay que darse. Durante mi estadía en Puerto Madryn me encontré que resultó ser un gusto difícil de satisfacer: en general encontré que los precios son altos, o al menos demasiado caros para lo que en servicio y comida se ofrece.

Uno de los pocos lugares que se salieron de esta regla nefasta fue El Náutico, Bistró de Mar. Ubicado sobre la playa, se trata de uno de los paradores más céntricos, y a mi gusto y ojo poco profesional culinariamente hablando, al menos, uno de los mejor puestos.

Los sillones en el lobby al aire libre parecen cómodos, pero el ambiente no lo es tanto al meterse en el interior del local: como suele suceder en estos casos, si bien el lugar es amplio y parece físicamente cómodo, es muy ruidoso, con un murmullo constante que, a mi en particular, me saca. Así que optamos por salir y aprovechar el día soleado en la galería cubierta que tiene detrás, con vista a la playa aunque aislada de la arena por un muy acertado cerramiento de vidrio. Además, el lugar está semi techado así que el sol no molesta demasiado y permite disfrutar del almuerzo.

Si bien alguien que sabe del tema me indicó que la característica de un bistró es su carta acotada, El Naútico destaca por una buena gama de variedades en cuanto a platos se refiere. Por supuesto, los pescados y mariscos son protagonistas y se convierten en muy buenas opciones a degustar. Nuestra elección fue cornalitos de entrada, y pejerrey a la romana de principal.

Los cornalitos nunca los había probado, y puedo decir que estaban exquisitos.

Y el principal tampoco defraudó.

 

Sin sobresalir demasiado el servicio del mozo fue aceptable y se ganó la propina correspondiente. Y ahora vamos a lo que nos interesa: buen servicio, excelente mercadería y a orillas del mar: entonces te sacan la cabeza. No, no es el caso. El almuerzo nos salió en marzo 2017 a razón de $200 por persona, sin vino ni postre, lo cual me parece un precio razonable, y resulta mucho más económico que otros lugares de esta ciudad patagónica.

Una buena alternativa para comer bien y relajado, mirando el mar.

Visitamos el Museo Oceanográfico de Puerto Madryn.

Una excelente opción cultural para tener en cuenta durante tus vacaciones en Puerto Madryn es visitar la muestra “El Hombre y El Mar” del Museo Oceanográfico de la ciudad. Es un paseo super interesante e instructivo donde se pueden apreciar animales disecados, esqueletos y hasta un enorme calamar gigante que es la estrella del lugar, con lo cual seguramente le guste hasta a los chicos. A los grandes les va a gustar el hecho de que la entrada sea gratuita, sólo hay que registrarse al ingreso.

El museo consta de tres pisos que pueden recorrerse, en los cuales las salas están numeradas como guía para la visita, de forma tal que el recorrido tenga un sentido. El arranque me resultó muy interesante ya que muestra los comienzos del hombre y su relación con el mar, y cómo se creaban fábulas para explicar lo que no se entendía, al punto que al mismo océano se lo creía un ser vivo.

Allí se encuentra el principal protagonista de la muestra: el calamar gigante Architeuthis Sp. de un año  y medio de edad, que mide 5 metros de largo y pesa unos 220 kg. Como dato de color (además de la foto que merece, por supuesto) los ojos de esta especie son los más grandes del reino animal y pueden llegar a tener el tamaño de una cabeza humana. Aquí te lo presento.

Pero no seas maleducado, saludalo de frente!

Aprovechemos que se lo ve medio dormido para seguir recorriendo la muestra con algunos protagonistas menos intimidantes como estos pingüinos.

Las aves tienen un lugar en especial, y dentro de ellas destaca un enorme choique disecado.

Que te vigila atentamente a medida que recorrés su sala.

A medida que uno avanza por las salas la muestra comienza a reflejar el avance del hombre en cuanto a su conocimiento: se adopta el método científico y los fenómenos desconocidos comienzan a explicarse con fundamentos en vez de inventos imaginados.

Normalmente esto debería alegrarnos porque nos permitirá avanzar y evolucionar, pero a este pulpito no parece interesarle porque se lo ve muy triste.

El museo se adentra en profundidad explicando las investigaciones que se realizan con respecto a las ballenas, lo cual no llama para nada la atención por el lugar donde estamos: se sabe que Puerto Madryn es famoso por los avistajes de Ballenas Francas, o Right Whale como se la denomina en inglés, a causa de que era considerada como la ballena correcta para cazar, lo que la llevó al borde de la extinción.

Algo que me llamó mucho la atención son estas notas manuscritas ilustradas a mano alzada con un nivel de detalle y calidad impresionantes. Claramente no soy capaz de acercarme ni un poquito a esta calidad de dibujo. Créditos (y mis más sinceros respetos) al autor de estos estudios que, en mi opinión, son además una obra de arte.

La última parte de la exposición está dedicada a cuestiones históricas, y a sobre cómo el hombre blanco avanzó contra la población indígena en pos del progreso y el ideal de “ser argentino” que se tenía en el siglo XIX.

El museo está montado en la propiedad conocida como Chalet Pujol, construida a todo lujo por Agustín Pujol en 1915 con materiales mayormente importados. Fue un edificio de mucho prestigio en aquella época, no sólo por su construcción sino porque está ubicado en una loma que era visible desde lejos por los barcos que ingresaban al golfo. Desde su torre (hoy en día el mirador del museo) se tiene una vista panorámica de la ciudad y del mar.

En los tiempos de Agustín no, pero hoy en día se puede divisar también desde allí los cruceros que amarran en el muelle de Puerto Madryn trayendo viajeros de todo el mundo.

El Museo Oceanográfico es una excelente opción en Puerto Madryn. Su horario es de 10 a 16 horas, ideal para visitar en horas de mediodía durante las cuales hacer playa no es recomendable. Cuando vayas por el sur, acordate de este post y date una vuelta por el Chalet Pujol.

Un par de noches en el Hostel “El Gualicho”, de Puerto Madryn.

A diferencia de lo que sucedió en Rawson, donde las opciones de alojamiento para turistas no abundan, en Puerto Madryn me encontré con una importante variedad de oferta. Había para todos los gustos y mucho, con lo cual la elección se hizo un poco difícil. Por suerte ahora puedo decir que tomé una decisión correcta, y reservé en el Hostel El Gualicho.

Se trata de un alojamiento correcto y muy céntrico. Para tratarse de un hostel tiene un muy buen servicio, tanto que el taxista se animó a hacer el comentario de que “era el mejor de la ciudad”. No sabemos si es para tanto, ya que no tengo punto de comparación, pero sí puedo recomendártelo para tu próxima estadía en las playas del sur.

La infraestructura general es muy buena. Las habitaciones son amplias, cuestión fundamental si son compartidas porque estar encimado a la cama de otro es algo que me molesta mucho. Cuentan con lockers que son realmente enormes: entra la mochila grande de 80 litros sin ningún inconveniente. Los baños también son amplios y la ducha tira con una presión que dan ganas de quedarse un buen rato ahí abajo.

Además está la cocina, que es enorme y está bien equipada, con lo cual si querés quedarte y cocinar algo casero no vas a tener problemas. El living cuenta con tele, unos cómodos sillones y una biblioteca donde encontras también juegos de mesa. Hacia el otro extremo están las computadoras que probamos para hacer el web checkin de vuelta y podemos decir que funcionan muy bien, al igual que el wifi.

En el exterior hay un hermoso patio para disfrutar de los días soleados, incluidas dos hamacas paraguayas en las que no tuve tiempo de dormirme una buena siesta, así que quedará para la próxima visita. Si estás viajando en auto (o si alquilaste uno para moverte allá) tenés estacionamiento cerrado sin costo adicional, algo que suma puntos porque en esa zona de la ciudad dejar el auto en la calle es arancelado.

Sólo hay dos sugerencias de mejora que se me ocurren para El Gualicho. En primer lugar, agregar una o dos sillas en las habitaciones compartidas, ya que no hay nada y para los que duermen arriba resulta incómodo. Espacio sobra, así que perfectamente se puede hacer. El otro es distribuir mejor los tomas: hoy en día todos viajamos con cantidad de aparatos electrónicos y vivimos cargando baterías. Mi habitación tenía un toma por cama, pero todos juntos, lo cual implica que si alguien enchufa un transformador un poco más grande, te inhabilita el toma de al lado. No estaría mal poner uno en cada cabecera, así cada quién tiene el suyo a mano.

Un tercer punto mejorable si se quiere, sería el desayuno, ya que sólo cuenta con pan y tostadas, por lo que se le puede agregar algo más de variedad. En cuanto a cantidad no vas a tener problemas, porque se puede repetir todo lo que quieras. Para acompañar tenés manteca, queso, dulce de leche y mermelada; y de beber té, café, leche para echarle a los cereales y agua.

El personal del hostel es muy cálido y está siempre dispuesto a ayudarte y aconsejarte sobre las excursiones y qué visitar. La limpieza, cuestión fundamental en todo alojamiento, es un diez. Y el servicio también: hasta hay mucamas que te hacen la cama. En caso de que duermas en habitaciones privadas, la tarifa es conveniente con respecto a la de los hoteles, y te incluye toallas y jabón, cosa poco habitual en los hostels.

Así encontramos una opción para dormir en Puerto Madryn que nos conformó con creces, con una excelente relación precio – calidad, para tener en cuenta incluso si viajás en pareja.