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Galería de Imágenes de Punta Loma y el Cerro Avanzado.

Hace unas semanas atrás te contaba sobre nuestra visita a la Reserva Natural Punta Loma, en las afueras de la ciudad de Puerto Madryn. Allí se puede apreciar gran cantidad de fauna desde un mirador que nos da una vista alucinante de los acantilados.

Y de sus particulares inquilinos: los lobos marinos de un pelo.

Es habitual encontrarlos en zonas como esta, reparadas pero a la vez con fácil acceso al mar, ya que las crías se lanzan a nadar desde muy chiquitas, con apenas 15 días de vida.

Se nota a simple vista que a estos animales les encanta el agua.

Juguetones, esperan la ola. Y la ola llega.

Y no les hace problema alguno la furia con la que el mar golpea las piedras.

Pero eso sí, cuando es hora de descansar prefieren tirarse al sol y esquivar la marea que sube amenazante, al punto de quedar unos encima de otros.

¿Estás cómodo vos?

Y no somos los únicos en deleitarnos con este espectáculo: las gaviotas aterrizan cerca y miran fijamente el agua, aunque más que divertirse con los lobos marinos sospecho que están al acecho en busca de comida.

Casi como si fuera un aeropuerto, las gaviotas gozan de señalización que les indica hacia dónde va el viento al momento del aterrizaje y despegue.

Adentro del agua, sin embargo, poco importa el viento de superficie.

Y mientras unos nadan y disfrutan de la playa, siempre está el malhumorado que le protesta a los vecinos.

Desde arriba, y en otras épocas, el guardafauna observaba todo atentamente desde su precario refugio.

Saliendo de la reserva, el camino nos lleva hacia el Cerro Avanzado, antes de emprender el regreso a la ciudad.

Un lindo y recomendable paseo por el sur argentino. Más si te toca un espectacular día de sol como nos pasó a nosotros. Nada de quedarse encerrado en casa mirando por la ventana.

Espero que hayas disfrutado de la recorrida por Punta Loma. Cuando estés por Puerto Madryn, agendátelo: no dejes de ir!

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Visita a la Lobería de la Reserva Natural Punta Loma.

Podemos decir que los alrededores de la ciudad de Puerto Madryn presentan asombrosos paisajes naturales que todos deberían tener la oportunidad de conocer. Afortunadamente durante nuestra semana de vacaciones en marzo pasado pudimos alquilar un auto y recorrer bastante de la Península Valdés, famosa por los avistajes de la Ballena Franca Austral. Pero además pudimos escaparnos hacia el otro lado, hacia el sur, donde nos encontramos con la Reserva Natural Punta Loma.

Encarando hacia la zona del Ecocentro y tomando por el acceso de ripio uno pasa primero por la Playa Paraná (donde amerita una parada para sacarle foto al buque hundido), y luego de recorrer aproximadamente un total de 17 kilómetros se llega a la entrada de la lobería.

Esta zona de acantilados se caracteriza por tener presencia de lobos marinos de un pelo durante todo el año, además de hallarse aquí especímenes de cormoranes de cuello negro, de gaviota cocinera y de gaviotines sudamericanos, según constaba en el pintoresco cartel que los guardafauna actualizan a diario.

Desde lo alto del mirador, durante la marea baja se puede observar la colonia de lobos marinos donde, casi arrinconados por el mar, los adultos descansan plácidamente en lo poco de playa que queda, mientras a los más jóvenes se los suele ver jugando con las olas. Casi una clásica postal familiar de veraneo.

En este video el espectáculo natural se aprecia mejor.

Punta Loma es la reserva natural más antigua de Chubut, creada el 6 de enero de 1966 con el fin de preservar el único apostadero permanente de lobo marino de un pelo. Llama la atención entonces que, si bien hay presencia de guardafauna, no se cobre ninguna entrada para colaborar con la mantención del lugar. Esto se debe, según nos explicaron, a la sencilla razón de que no hay personal administrativo; y si bien nosotros lo visitamos en marzo, por lo que pude leer la situación aún sigue igual. Esto afecta de dos formas: en primer lugar el estado del lugar se va deteriorando por falta de mantenimiento; y en segundo lugar no hay guía ni personal especializado que profundice en explicaciones, por lo que la experiencia queda a medias.

Esta misma sensación puede experimentarse cuando uno se interna en el sendero de interpretación de flora, donde los carteles resultan escasos  y escuetos. Se ve que hay mucho esfuerzo a pulmón de los guardafauna para conservar el lugar con los escasos recursos que tienen, y por suerte ya no viven en una casa tan precaria como el primero de ellos.

Ya fuera de la lobería, pero siguiendo algunos kilómetros por el mismo camino de ripio, uno divisa fácilmente al Cerro Avanzado, formación que conserva restos fósiles de ostras y vertebrados marinos. Desde allí mismo se puede bajar hasta el agua, y aunque está realmente fría, aprovechar para refrescar los pies en el mar.

Estando tan cerca de la ciudad, Punta Loma merece una visita de cualquier turista que esté parando en Madryn. Y por supuesto, merece la atención de las autoridades para su correcta conservación, y para que el público pueda aprovechar al máximo de la visita, y conocer más a fondo y a consciencia la naturaleza del lugar.

¡Ojalá así sea cuando vos la visites!

Tarde de paseo en el Muelle Luis Piedrabuena de Puerto Madryn.

Hacia el extremo norte de la ciudad de Puerto Madryn, a algunas cuadras del Museo Oceanográfico y a apenas algunos metros del Monumento a los Caídos en la Guerra de Malvinas, el muelle Luis Piedrabuena sobresale de la costa adentrándose en el mar y se constituye no sólo en un punto de acceso a esta ciudad turística mundialmente reconocida, sino también en un espacio de paseo y recreación para toda la comunidad.

Se trata de un muelle con historia: habiendo sido habilitado para el servicio en enero de 1910, está en funcionamiento desde hace más de 100 años.

Fue construído ante la necesidad de contar con infraestructura portuaria donde pudiera operar el Ferrocarril Central del Chubut, principalmente para poder embarcar las mercaderías que debían viajar tanto a Buenos Aires como al exterior del país. La administración del muelle por parte del ferrocarril finaliza en 1957 con la creación de la Administración General de Puertos, que se hace cargo del lugar.

Años después, el muelle fue un hito para la contrucción de la planta de aluminio de Aluar, ya que por él ingresaron gran cantidad de los materiales necesarios para la obra. Lo mismo ocurrió con la represa hidroeléctrica Futaleufú. Recién en 1975 el Piedrabuena pierde algo de protagonismo al levantarse su hermano más joven, el Muelle Almirante Storni a algunos kilómetros de distancia. A partir de ese momento el muelle céntrico de Puerto Madryn queda habilitado para actividades pesqueras y deportivas, exclusivamente.

Hoy en día, y desde hace algunos largos años, el muelle recobró importancia ya que en él atracan los cruceros que todos los años llegan a la ciudad en grandes cantidades, con numerosos turistas (en su mayoría extranjeros) que vienen hasta esta latitudes para conocer Puerto Madryn y, seguramente, divisar alguna Ballena Franca Austral.

También es el hogar del Regina Australe, el crucero con el que se puede dar un paseo por mar, recorriendo la costa de la ciudad y llegando hasta la reserva natural de lobos marinos de Punta Loma, y cuyos tickets pueden comprarse en un puesto ubicado justo al ingreso al muelle.

El acceso al muelle es libre por parte del público, con lo cual también es muy utilizado para actividades de pesca.

Los fines de semana se llena también de gente que simplemente va a caminar, adentrándose en el mar mientras pasea un rato y disfruta de las vistas de la ciudad y sus alrededores desde un ángulo diferente, como por ejemplo la zona de Punta Cuevas donde desembarcaron los primeros colonos de estas tierras.

Seguramente sea por ese constante fluir de gente que los vehículos sólo pueden ir a 15 km/h.

El muelle es un lindo paseo para realizar en familia, pareja o incluso con amigos. No está demás cargar el termo con agua y comprar unos bizcochitos en alguna panadería, así el disfrute será completo. Las medidas de seguridad, por su lado, están a la orden del día, pero aún así es aconsejable no tentar el destino y no perder de vista a los niños. Nadie quiere que se enciendan las alarmas…

Con el cielo cubriéndose de nubes se hace hora de volver al hostel: nos espera una rica merienda bajo techo. Y a ustedes, los espero en el próximo post de Ahicito Nomás.

Visitamos el Ecocentro de Puerto Madryn.

Hacia un extremo de la ciudad de Puerto Madryn, a orillas del mar y cerca del monumento al Indio Tehuelche emplazado en la zona de las Cuevas Históricas de las que te conté en otro post, se encuentra el Ecocentro Puerto Madryn, un lugar que es mucho más que un museo.

Inspirado por su amor al mar, Alfredo Lichter, el naturalista y actual presidente de la Fundación Ecocentro se las arregló para llevar adelante este proyecto con el objetivo de promover en el hombre una actitud más armónica para con el mar. Para eso un simple museo no era suficiente, por lo que Alfredo concibió el Ecocentro como un espacio cultural que estimule la reflexión.

De esta forma, Ecocentro no tiene una simple muestra que te informa sobre la vida en el mar, sino que te lleva a experimentarla, y así busca generar una toma de consciencia más profunda. De alguna forma, busca cerrar el círculo.

La Ballena Franca Austral tiene por supuesto un lugar central en la muestra, que comienza en una sala con información sobre la especie, su forma de vida y las visitas que realizan cada año a la zona de Península Valdés, pero sigue luego de la forma más particular. Uno se adentra primero en una sala oscura donde pantallas simulan ser ventanas de una enorme pecera por las que se puede ver pasar tranquilamente una ballena en tamaño real; mientras que en sala siguiente, también a oscuras, uno puede experimentar en carne propia la comunicación que realizan estos mamíferos en las profundidades del océano a través de los sonidos. Un excelente acercamiento a la realidad diaria de las ballenas.

Otro punto destacado de la muestra es la pileta de invertebrados que simula un pozo de marea natural, en cuyo interior se pueden encontrar diversas especies de invertebrados marinos, tal como uno puede llegar a ver en los pozos formados por las superficies rocosas a orillas del mar. Allí hay, entre otros, estrellas y erizos de mar, que se alimentan principalmente de lo que encuentran en la pileta misma, aunque el personal del Ecocentro refuerza esto con algo de pescado para ciertas especies en particular. Más allá de esa pequeña intervención humana, la pileta de invertebrados se mantiene como si fuera un pozo de marea real, y nos permite observar con detenimiento los diferentes animales y vegetales que allí hay.

Ecocentro da un espacio importante también al arte, siempre relacionándolo con el sentido principal de la muestra. De esta forma diferentes retratos de naturaleza viva pueden encontrarse diseminados por sus pasillos y salas. Cuando pasamos nosotros había fotos realmente fantásticas. Lejos, muy lejos estoy yo de poder retratar algo así con mi cámara, así que de la sana, pero envidia total. ¡Todos los créditos a los autores!

Otro punto destacado del museo es la torre que se alza a modo de faro, desde la cual se tiene una panorámica inmejorable de la costa y el mar.

Al ingresar a la torre uno se encuentra con la réplica de un delfín, con la mitad delantera de cuerpo entero mientras que la mitad posterior muestra únicamente el esqueleto, reconstruido con huesos de un animal real. Esta obra de arte realizada por Luis Benedit busca generar toma de consciencia sobre una problemática puntual: el descarte por parte de buques pesqueros de aquellas especies que quedan atrapadas en sus redes, pero que no tienen finalidad comercial. Así, en general esos animales son devueltos al mar muertos, lo cual es un absoluto sinsentido.

La torre tiene además un mirador de 360º con sillones donde uno podría sentarse cómodamente a disfrutar de una buena lectura (preferentemente relacionada con el mar, claro), si no hiciera tanto calor generado por la enorme superficie vidriada de sus ventanas. Desde allí se puede contemplar un hermoso atardecer con la ciudad de Puerto Madryn de fondo (por lo que se recomienda ir a última hora de la tarde), o incluso espiar a las parejitas de enamorados que disfrutan del sol en un costado solitario de la playa.

Para grandes y chicos, el Ecocentro de Puerto Madryn será una parada obligada para todo aquél amante de la naturaleza y del océano que pase por esta hermosa ciudad patagónica. Los horarios y los valores actualizados de las entradas pueden consultarse en la página web del Ecocentro.

Una muestra sin desperdicio. Absolutamente recomendable. ¡Espero que la disfrutes tanto como yo!

Un buque hundido en Playa Paraná: El Pesquero Folias.

Si bien la ciudad de Puerto Madryn es famosa por los avistamientos de ballena franca austral, durante la época estival en la patagonia argentina hace un calor que invita a meterse en el mar. Para ello uno puede acercarse hasta la costanera de la ciudad y acceder fácilmente a la arena, pero también está la opción de agarrar el auto y alejarse unos pocos kilómetros hasta alguna de las playas cercanas.

A mi entender, la más interesante de ellas será siempre Playa Paraná. Ubicada al sur de la ciudad se puede acceder a ella desde una ruta de ripio que parte desde la zona de las cuevas históricas (sobre la que te conté en este post). Se trata de una amplia extensión de arena que tiene un encanto especial: desde la orilla uno puede divisar claramente los restos de un buque hundido que, como siempre pasa en estos casos, esconde una historia detrás. Imposible no estacionar el auto y tomarse unos largos minutos para gatillar la cámara, al tiempo que nos preguntamos cómo habrá terminado ese barco a escasos 300 metros de la costa.

Se trata del buque pesquero Folias, de bandera argentina y según algunas fuentes propiedad del grupo Perez Compaq, mientras que otras lo atribuyen a la empresa pesquera Santa Margarita. Lo que sí está confirmado es que, habiendo sido construído en España, llegó hasta estas latitudes para ejercer su oficio en los mares patagónicos, donde un incendio lo sorprendió en diciembre de 1980.

El pesquero Lapataia fue el encargado de remolcarlo hasta Puerto Madryn, donde las autoridades portuarias le impidieron atracar en el muelle de la ciudad por razones de seguridad. El buque quedó entonces en las inmediaciones de la Playa Paraná, donde el mar y el viento se encargaron de hacerlo encallar.

Hoy en día el buque constituye un atractivo adicional para esta playa chubutense, tanto que según leí en algunas publicaciones en algún momento la inconsciencia de la gente lo convirtió en punto de aventuras, acercándose a nado o en gomones para trepar las chapas oxidadas y tomar sol sobre ellas, incluiso con niños que aprovechaban para explorar los restos poniendo sus vidas en riesgo.

Afortunadamente cuando fuimos nosotros los únicos dedicados a explorar el naufragio eran los pájaros del lugar. Aunque no fue el caso, también podríamos habernos cruzado algún bote en los alrededores, ya que el Folias es utilizado como centro de entrenamiento de buceo, excursión que uno puede contratar con alguna de las empresas especializadas de Puerto Madryn.

Nuestra parada en Playa Paraná fue breve, pero sin lugar a dudas es un buen lugar para visitar durante un día soleado en el verano patagónico. Si estás de vacaciones por el sur, un buen punto para tener en cuenta.