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Muestra fotográfica de Dorothea Lange en el Centro Cultural Borges.

“La fotografía como testigo incuestionable” es el título de la muestra que hasta el 30 de agosto puede verse en el Centro Cultural Borges de la Ciudad de Buenos Aires. La exposición exhibe más de 100 fotos documentales en blanco y negro tomadas por Dorothea Lange, considerada como una de las fotógrafas más influyentes del siglo pasado.

Nacida en New Jersey en mayo de 1895, Lange comenzó a migrar hacia la fotografía documental durante la Gran Depresión que azotó a su país a partir de 1929 y dejó a gran cantidad de empresas en la quiebra, y a miles de personas sin trabajo. A modo de denuncia Lange comenzó a retratar lo que sucedía en las calles.

Su fotografía más famosa la tomó cuando el estado la contrató junto a un grupo de otros prestigiosos fotógrafos para realizar un relevamiento en imágenes de la situación de la población rural norteamericana. Gran parte de la muestra gira en torno a su trabajo encargado por la Farm Security Administration, e incluye por supuesto la serie Madre Migrante, fotos  tomadas a Florence Thompson y sus hijos, en el momento en que estaban inmersos en la más profunda pobreza.

Pero al menos lo que más me impactó a mi es la serie de fotos que muestran los efectos de la Executive Order 9066 del presidente Roosevelt, cuando luego del ataque a Pearl Harbor, el gobierno americano determinó el traslado de todos los ciudadanos con descendencia japonesa a centros de detención, que fueron ni más ni menos que la versión americana de los campos de concentración. Alli los norteamericanos descendientes de japoneses vivieron hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, y Lange registró esa situación desde el momento mismo en que comenzó el proceso de deportaciones.

Y un concepto muy particular de Lange, que grafica perfectamente su labor como fotógrafa documentalista.

La muestra hace honor a su nombre y traslada al visitante hacia el pasado, convirtiéndolo en un testigo eterno del paso de la historia por la sociedad estadounidense. El valor de la entrada es de $150 ($100 para jubilados y estudiantes), pero aunque sea un precio algo alto para quién se interese en la temática valdrá la pena hacer el gasto.

De lunes a sábados en el horario de 10 a 21, y los domingos a partir de las 12 del mediodía, hasta el 30 de agosto en el Borges.

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Volvemos en el tiempo: Una vuelta en el Tranvía Histórico de Buenos Aires.

En la esquina de José Bonifacio y Emilio Mitre, barrio de Caballito, se levanta el Taller Polvorín, que debe su nombre al antiguo nombre de la calle. Lejos de ser un establecimiento militar, el Taller es el centro de operaciones de una peculiar entidad: La Asociación Amigos del Tranvía, quienes te invitan todos los fines de semana a volver atrás en el tiempo y como si estuvieras en la década del 30, hacer un paseo en tranvía.

Justo en esa esquina, frente al taller y en diagonal al portón de ingreso, tiene su parada el pintoresco Tranvía Histórico de Buenos Aires. Desde allí comienza un recorrido de 2 kilómetros en el que se podrá viajar como hicieran nuestros abuelos cuando eran niños. Una experiencia, justamente, ideal para hacer con chicos.

En nuestro caso fuimos el feriado del 20 de junio, por lo que en su día, ameritaba el izamiento de la celeste y blanca.

La Asociación fue fundada en 1976 por un grupo de aficionados al tranvía que buscaban reivindicarlo como medio de transporte. Así se dieron a la tarea de buscar antiguos coches para restaurarlos y ponerlos en funcionamiento, pero se encontraron con una dificultad mayúscula. El lugar estaba, ya que la empresa Subterráneos de Buenos Aires había comprometido ceder el taller donde hoy todavía operan, pero los cochesno: en todo el país no había uno solo en condiciones de ser restaurado; eran todos prácticamente chatarra.

Sin embargo los integrantes de la Asociación no se dieron por vencidos e hicieron frente a las adversidades, hasta que al fin llegaron a buen puerto (o, en este caso, a buena estación). Luego de buscar por los países limítrofes donde los tranvías aún cumplían servicios regulares, dieron con la empresa portuguesa Servico de Transportes Colectivos de Porto, que utilizaba coches construidos por la misma fábrica que producía los que habían funcionado en Buenos Aires.

Así llegó al país un coche modelo Brill-32, que se remodeló en el Taller Polvorín para reconvertirlo a lo que había sido el servicio porteño de antaño. El 15 de noviembre de 1980 la unidad renovada salío por ese portón y realizó el primer recorrido de tranvía luego de largos años de ausencia en la ciudad.

Desde ese momento los tranvías recorren el barrio de Caballito todos los fines de semana, y lo pongo el plural porque la Asociación se ocupó de seguir ampliando la flota de coches restaurados. Hoy tienen 21 unidades que se alternan para realizar los paseos.

Una vez que estamos todos a bordo, dos campanadas del guarda ubicado en la parte posterior dan comienzo al viaje. La tripulación se completa con el conductor y un tercer integrante de la Asociación que nos va explicando la historia de la misma, los detalles del coche y las actividades que realizan.

Aunque te dan un boleto al subir, el viaje es gratis. Los amigos del tranvía no cobran nada por llevarte a pasear, ni tampoco reciben ningún tipo de subsidio del estado, a no ser el préstamo del taller, la electricidad que utilizan para hacer andar los coches, y la mera autorización para circular por parte del Gobierno de la Ciudad. El financiamiento lo obtienen de la venta de distintos recuerdos que realizan abordo, y que uno compra con gusto.

El paseo en tranvía es una salida diferente, que nos muestra cómo eran las cosas hace 50 años atrás, y a bordo de los coches se ve la mano de estos apasionados del tranvía que los restauran con una calidad envidiable.

Los ruidos, los olores, los tapizados, las maderas y, por supuesto, las publicidades te retrotraen a décadas atrás.

Este año la Asociación cumple 42 años y lo van a festejar con todo. El domingo que viene, 22 de julio, realizarán un gran evento donde saldrán con varios coches distintos, por lo que uno podrá abordarlos todos el mismo día, algo que no se da en un fin de semana convencional. donde sale una unidad por día solamente. Además participarán de la jornada bandas de música y habrá una exposición de autos clásicos. Si te interesa, una fecha para agendar y acercarse por Caballito.

Y si ese día no podés, a no preocuparse. El Tranvía Histórico funciona todas las semanas, y los horarios los podés consultar en su página web oficial a la que accedés haciendo click acá.

Conocemos la Casa Ronco, sede de la mayor colección de obras del Quijote fuera de España.

En plena pampa de la Provincia de Buenos Aires, Azul es un lugar de profunda impronta cultural. Uno de los hitos que respalda esta afirmación es su declaración en 2007 de “Ciudad Cervantina de la Argentina” por parte de la UNESCO. Y hay un lugar en particular que puede decirse que es donde nace tal categoría. Como no podía ser de otro modo, Ahicito Nomás estuvo en aquél lugar.

La Casa Ronco es una especie de museo biblioteca que fuera legada a la Municipalidad de Azul por Santa, esposa y viuda de Ronco, luego de su muerte. En esa casa vivieron durante largos años ella y quién sería el alma de este lugar: Bartolomé José Ronco, abogado, porteño radicado en Azul tras su casamiento con Santa, carpintero, coleccionista y apasionado por los libros.

Ronco fue un tipo muy activo y todo un protagonista de la cultura de Azul. Fue presidente de la Biblioteca Popular de la ciudad, al tiempo que propulsó la creación de la Biblioteca Popular de Laprida. Además es fundador de la Universidad Popular José Hernández, y en 1945 logró inaugurar el Museo Etnográfico y Archivo Histórico Enrique Squirru, al que dotó de su colección personal de platería mapuche y gauchesca en calidad de donación.

Hubo dos figuras en torno a las cuales Ronco logró fusionar dos de sus pasiones: la literatura y el coleccionismo: El Quijote de la Mancha y El Martín Fierro. Su predilección por estas dos obras maestras, en combinación con su amor por coleccionar objetos, lo llevaron a buscar y adquirir las más diversas versiones de ambos libros, al punto de ser esta hoy en día la mayor colección de libros del Quijote fuera de España. Este hecho es el fundamento principal para que Azul ostente el título de “Ciudad Cervantina”.

La casa puede ser visitada, allí uno conocerá un poco más de cómo vivía la familia Ronco en aquellos años, pudiendo visitarse el estudio, la sala de visitas, el comedor diario y hasta el patio de las camelias, llamado así por su centenaria planta.

También puede verse las obras de carpintería hechas por Ronco con sus propias manos, desde una locomotora de tren de tamaño nada despreciable (como muestra de los juguetes que él gustaba de construir en madera), como las mismas bibliotecas que albergan cientos de libros, tanto en el estudio como en la sala del Quijote y el Martín Fierro.

Pero por supuesto, lo más interesante de todo es internarse en esa enorme colección de las más raras versiones, que Chincho (quién ofició de guía con la mejor onda) se deleita en mostrar y explicar, con esmero y muchísimo cuidado (incluidos guantes para tocar las obras más importantes).

La colección cervantina, sin ir más lejos, cuenta con más de 350 ediciones, que corresponden a unos 1200 volúmenes. Entre ellos, uno se puede encontrar las más extrañas adquisiciones, como ser libros miniatura del Quijote, aptos para su lectura solo con lupa.

Aunque algunos apasionados por la obra de Cervantes intentarán leerlo sin más!

Y otras versiones curiosas como las traducciones a diversos idiomas, como el inglés, francés y alemán, pero que incluyen hasta japonés (certificado en una visita por un alumno de un colegio de Bella Vista con ascendencia japonesa, según nos contó Chincho), hebreo y gótico. Hay libros ilustrados por personajes como el mismísimo Salvador Dalí, de cuyos dibujos dejo registro en este post.

Y libros que pertenecieron a la Reina María Cristina de España, quien fuera la cuarta esposa de Fernando VII.

Pero quizá las piezas más valiosas sean las que se ven en el estudio, debajo de sendas vitrinas, apenas uno comienza la visita. Se trata de dos de las versiones más antiguas del mundo del Quijote de la Mancha, que hoy descansan en Azul. En primer lugar está la primera traducción al inglés, realizada por Thomas Shelton en 1645, y que llegó hasta estas lejanas latitudes como obsequio del escritor británico Julian Barnes en 2008, luego de haber visitado el lugar.

Y por otro lado está la versión editada por Enrico y Cornelio Verdussen, en Amberes, en el año 1697.

En la misma sala, denominada Del Quijote y el Martín Fierro, conviven también las obras gauchescas más variadas, que no se quedan atrás y le hacen competencia a las letras españolas. Entre ellas destaca la primera versión de la Primera Parte del Martín Fierro, de 1872, con correcciones de puño y letra del autor, entre otras como las que fueron encuadernados por las manos de la mismísima Santa, que de esta manera se acoplaba a los hobbies de su marido.

También del Martín Fierro hay ediciones en otros idiomas, versiones originales y hasta un vocabulario gauchesco. Pero quizá la versión más curiosa de la colección sea una del Quijote, la que lo traduce al lunfardo.

Para finalizar, Chincho nos habla de Santa, quién también era coleccionista como su marido, pero no de libros. Ella se dedicaba a los abanicos, las cajas de fósforos y las botellitas. Y a juzgar por el tesoro que apareció cuando Chincho abrió orgulloso el mueble donde las esconden, algunas botellitas eran más que intersantes!

Ubicada en San Martín al 362, en pleno centro de Azul, la Casa Ronco es un lugar que todo amante de las letras disfrutará conocer. Ya de sólo entrar y ver esas bibliotecas repletas de libros hace que a uno se le corte la respiración. Si a eso sumamos lo cordial y apasionado de los anfitriones, la atención que te brindan y el tiempo que dedican a explicarte cada detalle y a responderte cada pregunta, esta casa museo se convierte en un verdadero imperdible de Azul. En su web, todos los detalles, incluidos los datos para contactarse.

No hay otra; si pasás por al Ciudad Cervantina, tenés que pasar por Casa Ronco.

El Aeropuerto más pequeño del mundo: Knuffingen Airport, en Miniatur Wunderland.

La ciudad de Hamburgo ostenta un récord raro, diferente. Alberga el que se podría decir que es el aeropuerto más pequeño del mundo. Con una superficie de apenas 150 m2, dentro de las paredes del fabuloso Miniatur Wunderland del que ya hablamos (link al post) se encuentra el Knuffingen Airport, un modelo a escala basado en el Aeropuerto Internacional de Hamburgo.

Son 52 modelos de avión los que realizan cerca de 250 vuelos por día en este particular aeropuerto alemán, al que cualquiera puede visitar de cerca sin necesidad de tramitar complicadas credenciales con la autoridad aeronaútica. Atentos spotters, ningún policía se acercará mirándolos raro cuando alcen la cámara para fotografiar a este gigante de los cielos, que por supuesto no podía estar ausente.

Como sucede en el resto de la muestra, el nivel de detalle del aeropuerto es realmente increíble. Los visitantes podrán ver cómo es la dinámica de un aeropuerto con total realismo, incluyendo las operaciones en plataforma, carga y descarga de las bodegas del avión, vuelos cargueros, rodaje hasta las cabeceras y el trabajo de los servicios de asistencia.

No solo eso, los alemanes se las ingeniaron para que los modelos de avión… vuelen!!! Así pueden verse los despegues y aterrizajes por la pista activa de Knuffingen.

También presente en el resto de la muestra, los días pasan en este aeropuerto, y la variación de las lucen ayuda a recrear el ambiente tanto del atardecer, como de la noche, el amanecer y la vuelta del pleno día. Y por supuesto, como en todo aeropuerto, aunque caiga la noche la actividad sigue.

No solo en la plataforma y los aviones. En la terminal la actividad también es frenética durante la noche.

Y las aeronaves cuentan todas con su correspondiente iluminación, porque como en todo aeropuerto, la seguridad del vuelo está siempre primero.

En el siguiente video se ve bien la actividad nocturna de Knuffingen. Tan solo escuchen el sonido de esos motores!!!

La utilización de los puntos de espera, la ocupación de cabeceras una vez que la torre da la orden, la espera de la autorización para despegar… Todo está detallado en este excelente modelo, del que todo fanático de la aviación se va a, simplemente, enamorar.

Y fiel a su estilo, Miniatur Wunderland no deja de incluir algunas perlitas en este sector de la muestra, claro que en este caso son aeronaúticas, como este Lufthansa con delivery retro, similar al que cada tanto podemos ver en el fuselaje del B747-8i que llega a Ezeiza.

O este cuatrimotor con evidentes problemas en su tren delantero!

El característico MD-11 está presenta también, en version “Freighter” de UPS, con su clásico tercer motor instalado en el estabilizador vertical. Un avión que si bien sigue volando está en camino de convertirse en parte de la historia de la aviación a medida que más operadores lo van sacando de servicio.

Y este sí, retro retro, el representante de Lauda Air, la aerolínea austriaca fundada por el emblemático Niki en 1979.

Una foto aparte la merece el enorme hangar de Lufthansa Technik, donde el personal de la línea de bandera alemana realiza el mantenimiento de sus aeronaves.

Si Miniatur Wunderland es un lugar ideal para visitar, la réplica de este aeropuerto en miniatura lo hace aún más imperdible, ya que es poco común, muy bien logrado, y algo que usualmente genera un interés especial no sólo en entusiastas de la industria, sino en el público en general. Los chicos, por supuestos, encantados!

Próximamente seguiremos recorriendo Miniatur Wunderland buscando algunas perlitas distribuidas por la muestra. Pero como nada tiene que ver con aviones, eso queda para otro post!

La Segunda Guerra Mundial en miniatura: Galería de imágenes de Miniatur Wunderland.

Si bien a muchos les parece aburrida, para mi la historia es una materia fascinante, y en la vida adulta absolutamente necesaria. No se trata solamente de una linda y políticamente correcta frase cuando se escucha que “hay que saber de historia para no repetir los errores del pasado” o que “un pueblo que no sabe de dónde viene, no sabe para dónde va”. Estoy convencido de que estas frases reflejan una absoluta realidad, y en ese contexto celebro que Miniatur Wunderland tenga un área dedicada a contar la historia alemana a través de modelos a escala.

Como comenté en la publicación de hace unas semanas sobre esta imperdible y asombrosa muestra en Hamburgo (click acá para ir al post), no se si actualmente el área histórica sigue en exposición o no. En caso de que algún lector haya visitado este lugar recientemente agradezco que deje un comentario actualizando la información!

Como se ve en la foto, la muestra histórica está organizada por período de años y cuenta con auriculares por los que se puede escuchar el audio de los videos que se proyectan en cada una de las maquetas, explicándolas en detalle y poniéndolas en contexto histórico. Una parte más que importante (y traumática) de la historia alemana es la relativa a la Segunda Guerra, y Miniatur Wunderland no esquiva el bulto y muestra maquetas como esta.

Pasé una extensa cantidad de tiempo en esta sección de la exposición, pero aquí selecciono apenas algunas de las fotos que tomé para darles una idea general de lo que se ve.

Y por supuesto, si hablamos de la guerra más cruenta de la historia, vamos a ver destrucción.

Mucha destrucción…

Y los tanques y soldados abriéndose paso por tal destrucción.

O siendo trasladados hacia el frente en tren.

Dijimos que los alemanes no esquivan el bulto. No sólo te muestran los cuarteles nazis, sino que también te cuentan el principio de la historia através de un cartel que reza dos simples palabras: “Fuera Judíos!”

En esta área de la muestra los detalles #avgeeks están lógicamente a cargo de la Luftwaffe.

Pero así y todo queda de manifiesto que el poderío aéreo alemán no llegó a evitar los desastrosos resultados de los bombardeos aliados.

La guerra llega a su fin en 1945 pero la historia no termina allí, y por lo tanto tampoco podía hacerlo esta muestra. El período de postguerra también está contado en Miniatur Wunderland, y seleccioné “tres” fotos que considero clave para contarlo.

La Guerra Fría, con Alemania dividida en dos, reflejada en este paso de frontera que cada vez se haría más estricto e imposible.

Dependiendo de cómo enfoquemos el lente, estamos viendo la Bundesrepublik Deutschland (BRD) aliada, o la Deutsche Demokratische Republik (DDR) que, alineada con la URSS, de democrática no tenía nada…

Y como no podía ser de otra manera, el símbolo por excelencia del fin de la Guerra Fría: la caída del Muro de Berlín, momento en que el mundo entero cambió para siempre.

Localizada en la ciudad de Hamburgo, Miniatur Wunderland es una muestra asombrosa y me alegro mucho que hayan dedicado un área exclusiva para este costado cultural relevante no sólo para el pueblo alemán, sino para los visitantes de todos los rincones del mundo.

Un paseo altamente recomendable cuando visites Alemania. ¡No vayas a perdértelo!