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El Aeropuerto más pequeño del mundo: Knuffingen Airport, en Miniatur Wunderland.

La ciudad de Hamburgo ostenta un récord raro, diferente. Alberga el que se podría decir que es el aeropuerto más pequeño del mundo. Con una superficie de apenas 150 m2, dentro de las paredes del fabuloso Miniatur Wunderland del que ya hablamos (link al post) se encuentra el Knuffingen Airport, un modelo a escala basado en el Aeropuerto Internacional de Hamburgo.

Son 52 modelos de avión los que realizan cerca de 250 vuelos por día en este particular aeropuerto alemán, al que cualquiera puede visitar de cerca sin necesidad de tramitar complicadas credenciales con la autoridad aeronaútica. Atentos spotters, ningún policía se acercará mirándolos raro cuando alcen la cámara para fotografiar a este gigante de los cielos, que por supuesto no podía estar ausente.

Como sucede en el resto de la muestra, el nivel de detalle del aeropuerto es realmente increíble. Los visitantes podrán ver cómo es la dinámica de un aeropuerto con total realismo, incluyendo las operaciones en plataforma, carga y descarga de las bodegas del avión, vuelos cargueros, rodaje hasta las cabeceras y el trabajo de los servicios de asistencia.

No solo eso, los alemanes se las ingeniaron para que los modelos de avión… vuelen!!! Así pueden verse los despegues y aterrizajes por la pista activa de Knuffingen.

También presente en el resto de la muestra, los días pasan en este aeropuerto, y la variación de las lucen ayuda a recrear el ambiente tanto del atardecer, como de la noche, el amanecer y la vuelta del pleno día. Y por supuesto, como en todo aeropuerto, aunque caiga la noche la actividad sigue.

No solo en la plataforma y los aviones. En la terminal la actividad también es frenética durante la noche.

Y las aeronaves cuentan todas con su correspondiente iluminación, porque como en todo aeropuerto, la seguridad del vuelo está siempre primero.

En el siguiente video se ve bien la actividad nocturna de Knuffingen. Tan solo escuchen el sonido de esos motores!!!

La utilización de los puntos de espera, la ocupación de cabeceras una vez que la torre da la orden, la espera de la autorización para despegar… Todo está detallado en este excelente modelo, del que todo fanático de la aviación se va a, simplemente, enamorar.

Y fiel a su estilo, Miniatur Wunderland no deja de incluir algunas perlitas en este sector de la muestra, claro que en este caso son aeronaúticas, como este Lufthansa con delivery retro, similar al que cada tanto podemos ver en el fuselaje del B747-8i que llega a Ezeiza.

O este cuatrimotor con evidentes problemas en su tren delantero!

El característico MD-11 está presenta también, en version “Freighter” de UPS, con su clásico tercer motor instalado en el estabilizador vertical. Un avión que si bien sigue volando está en camino de convertirse en parte de la historia de la aviación a medida que más operadores lo van sacando de servicio.

Y este sí, retro retro, el representante de Lauda Air, la aerolínea austriaca fundada por el emblemático Niki en 1979.

Una foto aparte la merece el enorme hangar de Lufthansa Technik, donde el personal de la línea de bandera alemana realiza el mantenimiento de sus aeronaves.

Si Miniatur Wunderland es un lugar ideal para visitar, la réplica de este aeropuerto en miniatura lo hace aún más imperdible, ya que es poco común, muy bien logrado, y algo que usualmente genera un interés especial no sólo en entusiastas de la industria, sino en el público en general. Los chicos, por supuestos, encantados!

Próximamente seguiremos recorriendo Miniatur Wunderland buscando algunas perlitas distribuidas por la muestra. Pero como nada tiene que ver con aviones, eso queda para otro post!

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La Segunda Guerra Mundial en miniatura: Galería de imágenes de Miniatur Wunderland.

Si bien a muchos les parece aburrida, para mi la historia es una materia fascinante, y en la vida adulta absolutamente necesaria. No se trata solamente de una linda y políticamente correcta frase cuando se escucha que “hay que saber de historia para no repetir los errores del pasado” o que “un pueblo que no sabe de dónde viene, no sabe para dónde va”. Estoy convencido de que estas frases reflejan una absoluta realidad, y en ese contexto celebro que Miniatur Wunderland tenga un área dedicada a contar la historia alemana a través de modelos a escala.

Como comenté en la publicación de hace unas semanas sobre esta imperdible y asombrosa muestra en Hamburgo (click acá para ir al post), no se si actualmente el área histórica sigue en exposición o no. En caso de que algún lector haya visitado este lugar recientemente agradezco que deje un comentario actualizando la información!

Como se ve en la foto, la muestra histórica está organizada por período de años y cuenta con auriculares por los que se puede escuchar el audio de los videos que se proyectan en cada una de las maquetas, explicándolas en detalle y poniéndolas en contexto histórico. Una parte más que importante (y traumática) de la historia alemana es la relativa a la Segunda Guerra, y Miniatur Wunderland no esquiva el bulto y muestra maquetas como esta.

Pasé una extensa cantidad de tiempo en esta sección de la exposición, pero aquí selecciono apenas algunas de las fotos que tomé para darles una idea general de lo que se ve.

Y por supuesto, si hablamos de la guerra más cruenta de la historia, vamos a ver destrucción.

Mucha destrucción…

Y los tanques y soldados abriéndose paso por tal destrucción.

O siendo trasladados hacia el frente en tren.

Dijimos que los alemanes no esquivan el bulto. No sólo te muestran los cuarteles nazis, sino que también te cuentan el principio de la historia através de un cartel que reza dos simples palabras: “Fuera Judíos!”

En esta área de la muestra los detalles #avgeeks están lógicamente a cargo de la Luftwaffe.

Pero así y todo queda de manifiesto que el poderío aéreo alemán no llegó a evitar los desastrosos resultados de los bombardeos aliados.

La guerra llega a su fin en 1945 pero la historia no termina allí, y por lo tanto tampoco podía hacerlo esta muestra. El período de postguerra también está contado en Miniatur Wunderland, y seleccioné “tres” fotos que considero clave para contarlo.

La Guerra Fría, con Alemania dividida en dos, reflejada en este paso de frontera que cada vez se haría más estricto e imposible.

Dependiendo de cómo enfoquemos el lente, estamos viendo la Bundesrepublik Deutschland (BRD) aliada, o la Deutsche Demokratische Republik (DDR) que, alineada con la URSS, de democrática no tenía nada…

Y como no podía ser de otra manera, el símbolo por excelencia del fin de la Guerra Fría: la caída del Muro de Berlín, momento en que el mundo entero cambió para siempre.

Localizada en la ciudad de Hamburgo, Miniatur Wunderland es una muestra asombrosa y me alegro mucho que hayan dedicado un área exclusiva para este costado cultural relevante no sólo para el pueblo alemán, sino para los visitantes de todos los rincones del mundo.

Un paseo altamente recomendable cuando visites Alemania. ¡No vayas a perdértelo!

Miramos el mundo a escala: Visitamos Miniatur Wunderland.

Cuando planifiqué mi viaje a Hamburgo, uno de los puntos que quería visitar (y que considero como uno de los imperdibles de esta ciudad) era Miniatur Wunderland, considerada la más grande instalación de modelos de ferrocarril en miniatura del mundo.

Para los amantes de los ferrocarriles es un paso obligado cuando visitan el norte de Alemania (para los fanáticos de los aviones también, más adelante les explico por qué), pero la verdad es que este lugar es mucho más que un modelo de tren en miniatura. Aquí los hermanos Braun han reproducido a escala ciertos lugares del mundo con una precisión y un grado de detalle realmente asombroso.

La idea se le ocurrió a Frederik cuando paseando, en el año 2000, se encontró con un local que vendía modelos de tren como los que recordaba de su infancia. Cuando se lo contó, su hermano Gerrit lo consideró una locura, pero poco a poco la idea fue tomando fuerza y se las ingeniaron para hacerla económicamente viable. Hoy Miniatur Wunderland es un emprendimiento que emplea a 320 personas, y que es famoso en todo el mundo, contabilizando ya más de 14 millones de visitantes provenientes de todo el globo.

Como les contaba, no se trata de un simple modelo de tren, sino que es una fiel representación de diferentes partes del mundo. Actualmente cuenta con 8 secciones terminadas, entre las que encuentran Los Alpes / Austria, Hamburgo, Estados Unidos, y la que más nos interesa a los fanáticos de los aviones: El Aeropuerto de Knuffingen (que por supuesto tendrá su post exclusivo próximamente).

Una de las secciones que fascinó fue la dedicada a la historia alemana, arrancando en las primeras épocas y pasando por la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín. Estuve navegando en la web oficial y no pude encontrar si esta exposición sigue estando (espero que sí), pero pienso dedicarle también un post exclusivo para que vean ustedes mismos de qué se trata.

Más allá del grado de realismo que tienen las miniaturas en sí, algo que llama la atención en este lugar es su movimiento e interacción. Es que estos lugares están vivos: en las calles de las ciudades andan los autos, en las obras en construcción las máquinas trabajan, los trenes corren aquí y allá por los rieles, y la iluminación del lugar varía regularmente, recreando lo que es el paso del día, desde el amanecer hasta el anochecer.

Y por la noche las ciudades siguen con su actividad habitual, como se puede ver en este video realizado en la sección de Hamburgo.

El visitante también puede interactuar a través de algunos botones, esparcidos por diferentes puntos de la muestra, que accionan mecanismos determinados por un corto plazo de tiempo, como el de la filarmónica, cuyo edificio se abre para descubrir el concierto que se está desarrollando en su interior.

Uno de los pasatiempos dentro de este complejo es el buscar escenas específicas, incluidas en el folleto que te dan con la entrada. Desde el concierto en la flamante filarmónica de Hamburgo, hasta un incendio en los bosques que los bomberos trabajan para extinguir.

Miniatur Wunderland sigue creciendo, por lo que si uno va varias veces a la ciudad de Hamburgo bien amerita repetir la visita, ya que algo nuevo se va a encontrar. Además, por supuesto, de que con una sola recorrida es imposible apreciar todo en detalle. Simplemente, hay demasiado para ver.

Durante mi visita por ejemplo, la sección de Italia estaba recién inaugurada. E incluía el Vaticano.

Sin embargo no se termina allí ya que se tiene prevista la construcción de nuevas secciones de aquí al 2028, las cuales incluirán entre otras a Inglaterra, Francia, el Benelux, Asia, Africa, Medio Oriente y hasta un paisaje futurista.

Luego de realizar la visita, por supuesto hay un gift shop donde comprarse un recuerdo o un souvenir para algún familiar o amigo. En mi caso me obsesioné (como no podía ser de otra forma) con los modelos de avión.

Se trata de un lugar que va a sorprender tanto a grandes como a chicos.

Miniatur Wunderland está localizado en la Speicherstadt de Hamburgo y abre todos los días del año. Es recomendable ir temprano y con tiempo, porque la muestra es enorme; y haber comprado los tickets por internet para evitar largas esperas para entrar. Toda la información actualizada la pueden ubicar en la página web.

Es una exhibición increíble. Si andan por Hamburgo, no se la vayan a perder.

 

El sótano del Teatro El Círculo: El Museo de Arte Sacro Eduardo Barnes

Seguramente sean pocos los hobbies que adquieren tanta relevancia y perduran tanto en el tiempo como el de Eduardo Barnes. Contador de profesión, la pasión de Barnes estaba en la escultura, actividad de la que era autodidacta. Su habilidad y tenacidad le bastaron para crear una fecunda obra, mayormente de temática religiosa, que lo llevó a ser reconocido en ámbitos tanto nacionales como internacionales.

En un momento dado, y no teniendo más espacio físico para guardar las obras en su propia casa, Barnes decidió acercarse a El Círculo para pedir un lugar donde almacenarlas. Es así como se le ofrecieron las catacumbas, que es el espacio debajo de la sala que funciona como cámara de resonancia, y tuvo que esperar casi un año a que se limpiaran y las dejara en condiciones de albergar estas obras de arte.

Con el tamaño de algunas, uno enseguida se pregunta cómo hacía Barnes para guadarlas en casa…

A mi juicio la más llamativa es el enorme relieve que representa la Última Cena.

El museo tiene más de cien piezas, principalmente de yeso, entre las que se destacan (además de la ya nombrada Última Cena), catorce relieves rectangulares que representan el Vía Crucis, y quince circulares que constituyen los Misterios del Rosario.

Las esculturas de hombres y mujeres en tamaño real son impresionantes.

Tras la muerte del artista su mujer donó todas las obras al Teatro, con la única condición de que si alguna vez el edificio estuviera a punto de ser demolido, las esculturas se trasladaran a manos de la municipalidad de Rosario. Un recaudo atinado si se tiene en cuenta el pasado vertiginoso que tuvo el teatro (y del que te podés enterar en parte en el post haciendo click acá), aunque hoy en día al haberse declarado el edificio como Patrimonio Cultural y estar protegido por ley, esto ya no se hace necesario.

Por razones de seguridad, el Museo de Arte Sacro no está abierto al público en general, y sólo puede conocerse haciendo la visita guiada al teatro.

Una razón más entonces para darse una vuelta por El Círculo cuando uno visita Rosario.

Vuelta de Obligado: El Museo de la Batalla

“(…) esta contienda (…) es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”

Así se refería el General Don José de San Martín el enfrentamiento que se había iniciado con el sitio de Montevideo y el bloqueo del puerto de Buenos Aires, en una carta que le escribiera al Restaurador de las leyes Juan Manuel de Rosas en enero de 1846. Entre esos sucesos se encuentra lo que se conoce como Batalla de Vuelta de Obligado, cuyo museo de sitio visitamos hace poco.

En una muy pequeña construcción emplazada casi a la entrada del Parque Histórico Vuelta de Obligado (cuyo post podés leer haciendo click aquí), una interesante muestra de objetos y piezas históricas intentan explicar con mayor detalle lo que pasó en ese mismo lugar en noviembre de 1845. Y lo logran.

En un ambiente cálido, con luz tenue, los visitantes suelen tomarse unos minutos frente al televisor para ver un corto y muy claro documental sobre la batalla. Una excelente forma de enterarte, entender con mayor profundidad, o simplemente recordar cómo el ejército al mando de Lucio Mansilla le hizo frente a la poderosa flota anglofrancesa que navegaba el Río Paraná sin autorización.

Ese día, tres líneas de cadenas de 600 metros de longitud y de 1 – 1/8 de pulgadas de grosor atravesaron el río apoyadas sobre 24 lanchones dispuestos a lo ancho, de forma tal que la navegación por ese sitio quedara bloqueada. Las tres baterías de cañones dispuestas en las barrancas, más una cuarta en la playa sobre el nivel del río, alimentadas por un ejército de 2300 hombres entre los que hasta se contaban vecinos de la zona, le hicieron frente a los once buques de guerra que escoltaban una importante flota mercante.

Con la particularidad de que muchos de los objetos fueron encontrados en el sitio por vecinos del lugar, quienes luego los donaron el museo para ser exhibidos, allí se puede apreciar balas de cañón de diferentes calibres, distintos elementos (o partes de los mismos) utilizados por los soldados en la contienda, y hasta retazos de las cadenas originales, que estuvieran dispuestas en el río para bloquear el paso a los extranjeros.

Pero el museo no sólo cuenta con objetos, sino que también exhibe una serie de cartas firmadas por el General Mansilla y sus comandantes, entre otros protagonistas de la gesta, donde se indican detalles de la organización previa al combate, como ser la colaboración de los indígenas, la participación de niños y jóvenes que se dedicaron a animar a la tropa y ciertas discrepancias que se dieron con las autoridades de la zona. Particularmente me llamó la atención el compromiso escrito en restituir a los vecinos los elementos solicitados por el ejército.

La entrada al museo tiene un costo ínfimo de $15, que bien lo vale por lo bien mantenido y puesto que está. Imposible no visitarlo cuando se llega a Vuelta de Obligado; como así también es imposible para todo argentino que se  interese por la historia del país no visitar este paraje cuando descansa en San Pedro. Una excursión más que recomendada, no te la pierdas!