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Visita a la Celda histórica de San Martín en el Convento de Santo Domingo de San Juan

Quizá en un principio sorprenda encontrarse con vestigios del General San Martín cuando uno visita la ciudad de San Juan pero la realidad es que, como ya les conté en el post de Villa Vicencio, el Libertador pasó por estos pagos en su marcha para lograr la independencia de Chile primero, y Perú después.

San Martín no sólo estuvo de paso, sino que se alojó en la capital sanjuanina cuando la visitó con motivo de prevenir un posible ataque español desde tierras chilenas. Así es que en 1815, en su rol de gobernador de Cuyo don José llega hasta San Juan para organizar las medidas de defensa con las autoridades locales, y rechazando el ofrecimiento oficial de una casa dónde alojarse, lo hace en el Convento de Santo Domingo. Allí, el Prior de los dominicios le cedería su celda (o habitación) para que descansara durante su estadía en la ciudad.

Si bien parte del convento fue severamente afectada por el terrible terremoto de 1944, la celda donde San Martín durmiera salió ilesa de la catástrofe y hoy en día se la puede visitar ingresando por el colegio sito en la dirección Laprida 57 Oeste. El ingreso es guiado y se debe pagar un bono de $20. En nuestro caso estuvimos esperando a la guía por un largo rato, hasta que llegó con 20 minutos de demora durante los cuales muchos turistas que pensaban hacer la visita desistieron y se fueron. Nosotros, en cambio, decidimos que poder ingresar a un lugar con la historia que este presentaba valía la espera.

Así nos enteramos que este mismo convento funcionó además como asiento del cuartel general de la División Cabot del Ejército de los Andes que en 1816 cruzara la Coordillera de los Andes.

La primer visión que se tiene al entrar es la de la antigua galería y de las “Campanas de la Libertad” que fueran construidas en el mismo año en que nació el Libertador, y que doblaran cuando  el Ejército de los Andes triunfó en Chacabuco y ante la declaración de la independencia.

También se ve el algarrobo histórico debajo del cual descansó San Martín en su paso por el convento.

Ingresando a la celda en sí puede verse algún escueto y escaso mobiliario que fuera utilizado por el General en aquellos momentos, y una placa con las firmas agigantadas de varios personajes ilustres, entre las cuales por supuesto destaca la del mismísimo San Martín.

La habitación contigua es la Sala Capitular donde San Martín mantuvo las reuniones necesarias para organizar la defensa de la ciudad ante un probable ataque realista.

Es realmente poco lo que se puede ver hoy en día ya que a modo de museo el lugar resulta demasiado escueto: no hay ninguna gran exhibición de objetos ni muebles de la época, pero pisar el lugar exacto donde la historia tuvo lugar es una experiencia que a mi personalmente me apasiona en sí misma. Así que aún cuando no haya mucho material para observar, a quienes les interese les recomiendo darse una vuelta por el convento, porque lo importante no será ver, sino estar y enterarse de lo que allí aconteció.

Espero que te guste cuando vayas, y te espero en el próximo post de Ahicito!

Visitamos el Museo de la Casa Natal de Sarmiento, en San Juan.

Cuando uno llega a la ciudad de San Juan sabe (o debería saber) que está en la cuna del presidente argentino que más hizo por desarrollar la educación y cultura del país. Domingo Faustino Sarmiento nació en la casa que hoy en día se puede visitar pagando un bono de apenas $20 para conocer el museo que profundiza en detalles de su vida.

El edificio es realmente histórico y data del año 1801 en el que Doña Paula de Albarracín, madre del prócer, decidió aún siendo soltera comenzar con la construcción de su morada. Así es que se basó en el solar heredado de sus padres, en el cual se encontraba una higuera bajo la que instaló el telar que le servía de sustento. Tan sólo con ese instrumento Doña Paula producía los hilados cuya venta le proveían el dinero para pagar semanalmente los materiales y el trabajo de los obreros, a los que vigilaba atentamente mientras levantaban su hogar alrededor del árbol.

La higuera histórica tiene peso en sí, ya que fue testigo de la vida familiar desde tiempos muy tempranos, y en particular porque Doña Paula le tenía un afecto muy especial. Tal es así que cuando la familia se agrandó las hijas mayores quisieron remodelar la casa, para lo cual era necesario sacar el árbol. Por mucho tiempo esto fue denegado, y cuando finalmente se avanzó con la obra, el decaimiento de la madre hizo que las hijas dejaran florecer un retoño que había quedado, y que hoy podemos ver bien crecido en el centro del patio principal de la vivienda.

Claro que la casa no es histórica únicamente por antigua y por su higuera. Aquí fue donde nació el prócer argentino, y además se convirtió en sede de la gobernación cuando Sarmiento fue electo gobernador de la provincia de San Juan, para lo cual se realizaron algunas ampliaciones. Por último, podemos decir que es histórica por tratarse de uno de los pocos edificios de la ciudad que quedaron en pie luego del terrible terremoto de 1944 que arrasó literalmente con todo San Juan. Así, las paredes son originales, aunque el ala norte, la que fue utilizada por Sarmiento para sus funciones ejecutivas, sufrió daños severos por lo que fue necesario reconstruirla.

Hoy en día se puede ingresar y visitar el edificio de estilo colonial, donde la muestra que detalla la vida de Sarmiento se divide en dos: por un lado una zona de la casa habla del “hombre de familia” y da detalles de la vida de los Sarmiento como tales; y por el otro lado está la zona más enfocada al “hombre público” y lo realizado por Domingo Faustino en el ejercicio de los cargos públicos que ostentó durante su vida.

En algún punto es inevitable que ambas se mezclen y que la división pierda algo de sentido, pero al menos la recorrida resulta ordenada para el visitante. Eso sí, habrá que ir con ganas de leer porque hay mucha cartelería con gran cantidad de información. En este punto se podría pensar en hacer algo más interactivo, especialmente para interesar a los más chicos.

Lo que me gustó mucho fue la línea del tiempo, que cuenta la historia del prócer argentino poniéndola en contexto con lo que sucedía en cada uno de esos momentos, tanto en el país como en el exterior.

La casa es grande y sufrió algunas modificaciones según lo dictaran las necesidades familiares. Algo que se entiende bastante cuando uno se entera que los padres de Sarmiento tuvieron nada más y nada menos que 15 hijos, aunque fueron sólo cinco los que alcanzaron la edad adulta. Sin embargo, por más que sea grande, la muestra se recorre bastante rápido, dependiendo por supuesto de cuánto quiera uno detenerse a leer, y el ritmo que le imprima.

La casa natal no es sólo museo, sino que funciona también como biblioteca (nada más atinado, verdad?).

Un dato de color es que la casa fue declarada como Monumento Histórico Nacional por el gobierno nacional en 1910, constituyéndose en el primer edificio en ostentar este título. Un año más tarde comenzaría a funcionar aquí el museo biblioteca.

El museo es una opción obligada para todo aquél que pase por San Juan y está abierto todo el año, de 9 a 20:30 hs. durante la semana, y entre las 10:30 y las 16 hs. los sábados y domingos. Para sacarle mayor provecho se tiene la opción de participar en las visitas guiadas, que tienen horarios establecidos, los cuales se puede consultar en la página web.

Y por último, al salir (o quizá antes de entrar), infaltable la foto sentado junto al prócer que te enseña a diferenciar entre “vaca” y “burro”.

Hay mucho más material sobre el viaje por la provincia de San Juan, así que espero verte por acá disfrutando de los próximos posts.

¡Hasta entonces!

 

Visitamos el Museo Oceanográfico de Puerto Madryn.

Una excelente opción cultural para tener en cuenta durante tus vacaciones en Puerto Madryn es visitar la muestra “El Hombre y El Mar” del Museo Oceanográfico de la ciudad. Es un paseo super interesante e instructivo donde se pueden apreciar animales disecados, esqueletos y hasta un enorme calamar gigante que es la estrella del lugar, con lo cual seguramente le guste hasta a los chicos. A los grandes les va a gustar el hecho de que la entrada sea gratuita, sólo hay que registrarse al ingreso.

El museo consta de tres pisos que pueden recorrerse, en los cuales las salas están numeradas como guía para la visita, de forma tal que el recorrido tenga un sentido. El arranque me resultó muy interesante ya que muestra los comienzos del hombre y su relación con el mar, y cómo se creaban fábulas para explicar lo que no se entendía, al punto que al mismo océano se lo creía un ser vivo.

Allí se encuentra el principal protagonista de la muestra: el calamar gigante Architeuthis Sp. de un año  y medio de edad, que mide 5 metros de largo y pesa unos 220 kg. Como dato de color (además de la foto que merece, por supuesto) los ojos de esta especie son los más grandes del reino animal y pueden llegar a tener el tamaño de una cabeza humana. Aquí te lo presento.

Pero no seas maleducado, saludalo de frente!

Aprovechemos que se lo ve medio dormido para seguir recorriendo la muestra con algunos protagonistas menos intimidantes como estos pingüinos.

Las aves tienen un lugar en especial, y dentro de ellas destaca un enorme choique disecado.

Que te vigila atentamente a medida que recorrés su sala.

A medida que uno avanza por las salas la muestra comienza a reflejar el avance del hombre en cuanto a su conocimiento: se adopta el método científico y los fenómenos desconocidos comienzan a explicarse con fundamentos en vez de inventos imaginados.

Normalmente esto debería alegrarnos porque nos permitirá avanzar y evolucionar, pero a este pulpito no parece interesarle porque se lo ve muy triste.

El museo se adentra en profundidad explicando las investigaciones que se realizan con respecto a las ballenas, lo cual no llama para nada la atención por el lugar donde estamos: se sabe que Puerto Madryn es famoso por los avistajes de Ballenas Francas, o Right Whale como se la denomina en inglés, a causa de que era considerada como la ballena correcta para cazar, lo que la llevó al borde de la extinción.

Algo que me llamó mucho la atención son estas notas manuscritas ilustradas a mano alzada con un nivel de detalle y calidad impresionantes. Claramente no soy capaz de acercarme ni un poquito a esta calidad de dibujo. Créditos (y mis más sinceros respetos) al autor de estos estudios que, en mi opinión, son además una obra de arte.

La última parte de la exposición está dedicada a cuestiones históricas, y a sobre cómo el hombre blanco avanzó contra la población indígena en pos del progreso y el ideal de “ser argentino” que se tenía en el siglo XIX.

El museo está montado en la propiedad conocida como Chalet Pujol, construida a todo lujo por Agustín Pujol en 1915 con materiales mayormente importados. Fue un edificio de mucho prestigio en aquella época, no sólo por su construcción sino porque está ubicado en una loma que era visible desde lejos por los barcos que ingresaban al golfo. Desde su torre (hoy en día el mirador del museo) se tiene una vista panorámica de la ciudad y del mar.

En los tiempos de Agustín no, pero hoy en día se puede divisar también desde allí los cruceros que amarran en el muelle de Puerto Madryn trayendo viajeros de todo el mundo.

El Museo Oceanográfico es una excelente opción en Puerto Madryn. Su horario es de 10 a 16 horas, ideal para visitar en horas de mediodía durante las cuales hacer playa no es recomendable. Cuando vayas por el sur, acordate de este post y date una vuelta por el Chalet Pujol.

Paseando por debajo de la Ciudad de Buenos Aires: Visita al Zanjón de Granados y sus túneles.

La ciudad de Buenos Aires tiene lugares fascinantes. Hace algunas semanas atrás visitamos uno de ellos y tuvimos la oportunidad de viajar al pasado de la mano del guía, y adentrarnos en los subsuelos de la ciudad para realizar una corta pero interesantísima caminata por los túneles que corren debajo de la superficie del barrio porteño de San Telmo.

Al 755 de la calle Defensa se encuentra el Zanjón de Granados que otrora fuera la casa de los Miguens, una acaudalada familia porteña que vivía en la mejor zona de la ciudad a sólo algunas cuadras del centro. Originalmente comprada por un valor irrisorio a causa de su mal estado, la casa estaba pensada para refaccionarse y albergar un lujoso restaurant, pero estas paredes transpiran historia y cuando comenzaron con los trabajos esta comenzó a salir a la luz y cambió el rumbo de la inversión. El nombre se lo debe al río que corría en aquellas épocas coloniales a metros apenas de la propiedad.

La visita guiada comienza en los patios donde se puede ver claramente que los Miguens eran una familia de buena posición económica, no sólo por el tamaño de la casa, sino por la torre que se divisa si uno mira hacia arriba, y que servía para controlar lo que llegaba y salia del puerto de Buenos Aires. Desde allí el señor Miguens exportaba sus mercaderías al resto del mundo y hacía crecer su fortuna.

La vieja cisterna que uno puede apreciar hoy bajo una reja enclavada en el suelo es también un símbolo de gran riqueza. En esa época el Río de la Plata estaba ya absolutamente contaminado, por lo que el agua potable era un problema crítico en la ciudad. Algunos optaban por la solución del aljibe propio, pero siendo que el zanjón servía para desechar los desperdicios de los mataderos cercanos, las napas estaban igualmente contaminadas y el sistema perdía sentido. La única forma de tener agua realmente potable era obtenerla de la lluvia, para lo cual se construía un complejo sistema de canaletas que la trasladaban hasta una cisterna, teniendo esto un costo extremadamente elevado que sólo los ricos podían afrontar.

Como es sabido durante el siglo XIX San Telmo fue asaltada por una mortal epidemia de fiebre amarilla provocando que los que tenían forma de hacerlo se mudaran hacia otras zonas de la ciudad. Así fue como nació el barrio de la Recoleta, al que la mayoría de las familias pudientes fueron a parar. De San Telmo huyeron despavoridos, abandonando todo, por lo que las enormes casas que quedaron vacías pasaron a convertirse en conventillos donde cientos de familias vivían hacinadas. Así es como las habitaciones superiores se convirtieron en viviendas pobres, y la enorme galería pasó a ser un mercado. Las rejas en las ventanas se pusieron en esa época, ya que los comerciantes temían el saqueo de las mercaderías durante la noche por parte de los habitantes del conventillo.

La restauración del lugar se hizo de forma tal de mantener lo más posible en estado original, y dentro de lo posible dar una idea al visitante de cómo era la construcción en aquella época pasada. Así es cómo en algunos puntos se ven trazos del viejo revoque original, o en aquellos lugares donde no se consiguió mantener los ladrillos originales, se ha dejado el hueco, prefiriendo eso a cambiarlos por un material moderno.

Luego se accede al subsuelo, y a la parte más interesante de la visita. Allí, debajo de la tierra, el Zanjón esconde un museo donde se pueden ver elementos hallados en las excavaciones, cuadros que muestran cómo era la vida en la época de la colonia, y planos de la vieja Buenos Aires entre otras cosas de interés.

La frutilla del postre llega cuando se entra en los túneles. Allí no se permite tomar fotos por lo que no puedo mostrarles mucho, pero debajo de semejante casona antaño corría el río que hoy le da nombre, el cual se decidió entubar para evitar la contaminación, ya que nadie quería mudarse de una zona tan privilegiada. Pero el acuerdo se realizó entre vecinos y el gobierno no participó de la obra, por lo que cada uno se hizo cargo de entubar el tramo de río que correspondía a su propiedad. A esos túneles, por lo que antes corría el agua, se tiene acceso durante la visita, y allí se puede apreciar la diferencia entre los tramos de la familia Miguens y su vecino, porque por debajo las excavaciones fueron mucho más allá de los límites de la propiedad.

Además de museo, el Zanjón es un excelente lugar para realizar eventos. Los patios y la galería son espacios amplios como para hacer una buena recepción, y además en el subsuelo hay un amplio salón que, si bien no se llega durante la visita, yo lo conozco por haber ido a algunos eventos, entre ellos el que hizo Air New Zealand festejando su vuelo inaugural a Buenos Aires, y cuya crónica podés leer haciendo click aquí.

El Zanjón es casi un secreto de Buenos Aires. Un lugar que todo porteño debería conocer. Las visitas son guiadas y realmente valen la pena. Los interesados pueden consultar en la web del lugar horarios y tarifas. Por mi parte, para los amantes de la historia y todos aquellos que quieran conocer un poco más sobre la ciudad en la que viven o trabajan, lo recomiendo fervientemente.

¡Disfruten la visita tanto como nosotros!

Visitamos el Museo Histórico Regional de Gaiman.

Gaiman es un pueblo patagónico famoso por conservar la ceremonia del té galés, siendo sus tradicionales casas de té el principal atractivo. Pero una vez que uno está allí seguramente quiera hacer algo más. Una opción para quienes gusten de la historia será visitar el Museo Histórico Regional enclavado en la vieja estación de tren.

El lugar depende de la Asociación de Educación y Cultura Galesa Camwy y su encargado es muy amistoso y atento. Un cartel en la propia entrada llama la atención: “Aquí hablamos galés”, pero cuando yo entré en lugar de eso me lo encontré dándole explicaciones a una pareja de británicos en inglés. Así que, en principio el idioma no será un impedimento para los extranjeros que quieran visitarlo.

El museo se centra principalmente en lo que fue la colonización galesa de zona de Chubut, de la llegada de los colonos y su vida por estas tierras. Se encuentran allí artículos llegados a bordo del “Mimosa”, armas y hasta muebles que pertenecieron a los primeros colonos, incluyendo dos magníficos pianos.

Pero lo que más me llamó la atención fue una sala que el encargado en principio me comentó que en general la mantenía cerrada. No se por qué motivo, ni por qué estaba abierta en ese momento, pero allí hay varios mapas y uno de ellos muestra la división del primer loteado de la zona de Gaiman y alrededores, con los nombres de las familias a las que había sido asignada cada parcela. Allí el encargado pasó un buen rato mostrándome detalles y explicándome el significado de varios vocablos galeses que hoy se utilizan para dar nombre a pueblos y ciudades, como por ejemplo Trelew que quiere decir “Pueblo de Lewis” siendo “tre” pueblo, y “lew” una abreviación de Lewis.

Ya en confianza el encargado me hizo salir al patio trasero, donde guardan algunos trastos de la época en que en el edificio funcionaba la estación de tren, pero tal como él me dijo, es muy poco lo que queda de aquello.

El costo de la entrada al museo es de apenas $20. Para los interesados en la historia del lugar, y de los orígenes de la provincia de Chubut, será una buena alternativa.