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Medanitos: Las arenas por las que corrió el Dakar.

No tengo temor de equivocarme cuando afirmo que la provincia de Catamarca tiene algunos de los paisajes más impresionantes del mundo, y las monumentales acumulaciones de arena que se ubican al norte de Fiambalá son prueba de ello.

Las más destacadas, sin lugar a dudas, son las Dunas de Tatón, un alejado paraje al que se llega luego de recorrer kilómetros de arena y que cuenta en su haber, nada más y nada menos que con la duna Federico Kirbus, que con sus 1230 metros es la más alta del mundo. Por estos escenarios supieron correr los pilotos del Rally Dakar cuando esta competencia se realizaba en nuestro país.

Unos 30 kilómetros antes de Tatón se encuentra el pequeño pueblo de Medanitos, que no en vano lleva ese nombre, ya que está absolutamente rodeado de dunas que, incluso, avanzan sobre las casas al punto de comenzar a enterrarlas bajo la arena lentamente. Un efecto que puede apreciarse fácilmente con solo alejarse unas cuadras del centro del poblado, y que se acentúa cuando uno se dirige hacia las enormes montañas de arena dispuestas hacia el este.

Si lo que se quiere ver son dunas, no hace falta entonces llegar hasta la alejada Tatón. Aunque seguramente sus médanos no son tan impresionantes como aquellos, Medanitos cumple como muestra de lo que es el paisaje en esta parte de la provincia, y es de fácil acceso, pudiendo llegarse por ruta asfaltada en vehículo convencional.

Una buena caminata por la arena, por supuesto, será imperdible una vez que estamos en este lugar. Para ello, en el extremo sureste del pueblo hay un acceso al campo de arena, tal como está marcado en el mapa. Para llegar hasta allí se puede tomar de referencia la Iglesia de la Virgen de los Dolores, y allí tomar hacia la derecha hasta que el trazado se termina. Hay que tener en cuenta que en el punto del acceso la calle es de arena, por lo cual no es conveniente entrar por allí en auto convencional. Justo en la esquina anterior hay una buena arboleda donde se puede estacionar a la sombra.

Desde las mismas dunas se ve el Cristo de la Fe, la Esperanza y el Amor, la escultura religiosa que se destaca en lo alto de Medanitos. Y algo que llama poderosamente la atención: a apenas unos metros de la arena se percibe claramente el verde intenso de los viñedos, principal actividad económica en esta zona, que a pesar de la aridez característica se las ingenia para subsistir a pesar de todo.

Algunos consejos serán importantes antes de salir a caminar por las dunas:

  • Si bien se pueden visitar todo el año, hay que tener en cuenta que durante el verano las temperaturas son muy altas.
  • No olvidar llevar gorro, lentes de sol, y aplicarse protector solar antes de comenzar la caminata.
  • Importantísimo: lleven agua para hidratarse.
  • De ser posible, eviten las horas cercanas al mediodía, cuando el calor se hace casi insoportable.
  • Presten atención para no perderse: cuando ingresen a las dunas busquen alguna referencia fija con la que se puedan guiar para volver a encontrar la salida. Organicen la caminata de modo que cuando quieran volver, tengan bien en claro hacia dónde dirigirse para llegar nuevamente a la salida. Tengan en cuenta que no hay señalización alguna.

Siguiendo estas pautas básicas,  podrán disfrutar de un momento en las dunas, aunque claro, sin mar.

 

Unión de los Ríos en Chilecito: Conocemos el Río de los 2 Colores.

Fue en el Museo del Cablecarril donde una foto me llamó poderosamente la atención y me movió a consultar a la guía. La imagen parecía estar trucada, pero la guía me contestó que no, que ese paisaje no solo existía, sino que además estaba a pocos kilómetros de la ciudad y se podía visitar. Así que a partir de ese momento se me convirtió en uno de los puntos a conocer durante mi estadía en Chilecito, La Rioja.

La belleza del paisaje alrededor bien vale levantar la cámara para fotografiar las montañas en el horizonte.

La imagen es tan clara como simple. Se trata de dos cursos de agua distintos, uno de color amarillo y el otro azul oscuro, que en un punto se unen pero sus aguas no logran fusionarse, y corren varios metros separadas entre sí, cada una con el color que le es propio y que puede identificarse perfectamente un tiempo, antes de que el ocre gane la pulseada y torne todo el torrente del río en color amarillo.

Las aguas del Río Amarillo, con gran cantidad de metales pesados, no son aptas para el consumo.

Si bien no es algo que se pueda catalogar como “impresionante” ya que ninguno de los dos cursos de agua es muy caudaloso (aunque esto debe depender de la época en que vayas, a juzgar por el ancho del cauce que está mayormente seco), sí se trata de un extraño fenómeno lindo de ver, excelente para fotografiar, y difícil de encontrar ya que no se da en muchos lugares del mundo. Por eso, cuando visites Chilecito, es casi un paso obligado ya que, aunque viajes por todo el planeta son pocas las chances de ver algo así.

El cauce del río es ancho, pero en verano aparece mayormente seco y permite caminar por él hasta la confluencia.

Para llegar hasta este punto se puede ir en vehículo normal, aunque habrá que tener precaución al cruzar algunos badenes. Se debe salir de la ciudad por la Ruta 14 en dirección a la Fundición Santa Florentina, punto en el que hay que salirse de la ruta para pasar por detrás de las ruinas. Así se llegará a la Plaza del Minero a la que hay que rodear para tomar un camino de ripio que nos llevará a una zona de campings, siempre yendo en paralelo al río aunque no podamos verlo.

Mapa que muestra cómo llegar desde el centro de Chilecito hasta la Unión de los dos ríos.

Luego de varios minutos de conducir con precaución se llegará hasta una cartel azul que anuncia que estamos a 200 metros del objetivo. Más allá del cartel, el camino baja hasta un enorme badén que cruza el lecho del río y sigue más allá. Ya ese badén no me animaría a pasarlo en un vehículo común, ya que aunque esté mayormente seco el trecho es largo y muy pedregoso. Pero para ir a sacar la foto no hace falta cruzar, basta con dejar el auto a un costado, bien estacionado, y seguir por el lecho del río a pie algunos minutos más, en dirección hacia la derecha.

Más allá del badén que cruza el lecho, el camino sigue. De querer cruzar, recomiendo hacerlo en una 4×4.

El terreno es rocoso y habrá que caminar con precaución. Lo ideal será buscar el agua y seguirle el rastro, así será más fácil encontrar el punto en que ambos ríos se unen. Allí se ve perfectamente cómo el Río Amarillo, que nace en las inmediaciones de la Mina La Mejicana y desde allí arrastra dióxido ferroso, converge con el Río de la Quebrada del Agua Negra (o Río Negro como se lo conoce normalmente en Chilecito), cuyas aguas cristalinas logran avanzar varios metros antes de contaminarse con el ocre del otro.

Muy pedregoso. Así es el lecho del río por el que hay que caminar unos 200 metros. Habrá que hacerlo con cuidado.

Eso sí, si la idea es (como en nuestro caso) aprovechar la belleza del paisaje para tomar unos mates, lamento tirarla abajo, pero como se ve en las fotos no hay una gota de sombra. A lo sumo si te podés acurrucar contra alguna roca más grande, pero será igualmente tan incómodo que no lo recomiendo. Lo mejor es llevarse gorro, lentes de sol y protector, caminar hasta la confluencia para tomar las fotos, y luego de admirar esa maravilla de la naturaleza, volver al reparo de la sombra para, ahora sí, disfrutar de unos buenos amargos como corresponde.