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Probamos el particular Icewine en la bodega Peller Estates

Sinceramente cuando me enteré que viajaba por trabajo a Canadá no se me ocurrió pensar en vinos. La verdad que el enorme país del norte del continente no figura entre los mayores productores de vino, ni tampoco está en el top 10 de los países consumidores. Sin embargo cuando visito algún lugar nuevo me gusta probar comidas y bebidas locales, y así descubrí una variedad de la que no tenía ni idea: el vino de hielo.

El Icewine, o en alemán Eiswein ya que es de donde es originario, es un particular tipo de vino dulce que se obtiene a partir de uvas que se cosechan y prensan estando congeladas, durante las primeras heladas del invierno. De esta forma la uva concentra mayor cantidad de azúcar y le da a los vinos un sabor muy particular, que no se encuentra en ningún otro.

Los primeros registros de vinos fabricados con uvas congeladas provienen de Alemania, pero en la actualidad Canadá les ha ganado la pulseada y pasó al frente, convirtiéndose en el principal productor mundial. De hecho, la península de Niágara ofrece un clima ideal para la producción de vinos, debido a que se encuentra entre dos enormes espejos de agua (el Lago Erie y el Lago Ontario) que ayudan a suavizar la intensidad del clima invernal.

Así que, sin más, con dos colegas aprovechamos el día libre que teníamos antes de emprender el regreso y visitamos la bodega Peller Estates, una de los 35 establecimientos que hay en la zona.

Armoniosamente ambientado, uno ingresa al edificio donde lo recibe un muy elegante living, y hacia un costado está el acceso al salón de compras y degustaciones, donde pasamos un rato recorriendo las estanterías revisando los diferentes tipos de vinos que ofrece la bodega, donde hay blancos, tintos, rosados, espumantes y, por supuestos, los vinos de hielo.

Luego nos acercamos a la barra circular central, donde optamos por una degustación de tres variedades a elección, donde una de ellas podía ser el famoso icewine. En mi caso opté por probar un blanco, un tinto, y para el icewine elegí el varietal cavernet franc. 

Se trata de un vino dulce y muy sabroso. Es realmente rico, y por supuesto no va para acompañar ninguna comida, sino que hay que reservarlo para la hora del postre. Eso sí, habrá que elegirlo con cuidado porque son extremadamente caros. Y no solo por tratarse de la estrella de la casa y una novedad, sino porque se necesita grandes cantidades de uva para fabricar una sola botella: de la uva congelada se extrae mucho menos jugo que de una en condiciones normales.

En este momento una botella de 200 ml de icewine sale en Canadá entre CAD 45 y CAD 63, y la que yo había elegido era la variedad más cara. De sabor muy agradable en la boca, igualmente los vinos dulces no son los que más me gustan, así quedé conforme con haber probado y saber de qué se trata, pero vi necesidad de comprar una botella para traer a casa.

Para quienes estén interesados y tengan la oportunidad de viajar a Canadá, bien vale agendar una visita a alguna de estas bodegas para descubrir esta rareza vitivinícola.

La Bodega Cabernet de los Andes y su Cosecha de Luna Llena.

Caía la tarde del 9 de marzo cuando entramos en el predio de la Bodega Cabernet de los Andes, en Fiambalá, y estacionamos el auto frente a la sala de ventas. No sabíamos si estábamos a tiempo, así que le consultamos al hombre que se acercaba a nosotros si se podía visitar las instalaciones.

Ese hombre de movimientos tan tranquilos y carácter amistoso resultó ser nada más y nada menos que Carlos Arizu, el dueño de la bodega, y miembro de una familia histórica en la actividad vitivinícola argentina. Carlos mismo se dedicó toda su vida a este negocio y luego de años de trabajo en su Mendoza natal, un día decidió mudarse a Fiambalá, provincia de Catamarca. ¿La razón para semejante cambio? Desarrollar lo que en aquél momento era algo casi desconocido en la Argentina: los vinos de altura.

Así Carlos se instaló en la Finca La Retama, antigua propiedad de otra familia ligada a los vinos: los Graffigna. En un lugar con clima y terreno propicios se embarcó en el proyecto de cultivar uvas al pie de la montaña y producir vinos de calidad, que en un principio tenían una cuota de exportación del 80% de la producción. En la actualidad han logrado un delicado e ideal equilibrio entre el mercado externo y el nacional, colocando aproximadamente un 50% en cada uno, lo que les permite sortear de mejor forma los vaivenes económicos.

Muy amablemente Carlos nos guió en una visita personalizada por la pequeña bodega que en aquél momento estaba en plena actividad: los tanques de acero inoxidable estaban repletos de líquido en fermentación destinado a ser próximamente alguno de los exquisitos productos de la casa, y el enólogo italiano Loris Tartaglia, a quién incluso pudimos saludar, iba y venía concentrado en su tarea: crear vinos de excelencia.

En su finca de Fiambalá, donde se encuentran los viñedos que finalizan allá sobre el cerro, donde ya las dunas les cortan el paso, la bodega Tizac produce vinos orgánicos de altura, lo que significa que no se utilizan pesticidas. Conseguir y mantener esta categoría a la que pocos vinos argentinos tienen el honor de pertenecer, implica esfuerzos extras, pero también obliga a repensar el negocio y a innovar. Así, Carlos nos contó sobre el proyecto de incorporar ovejas a la explotación, para que estas se coman las malezas.

Una ocasión especial para Carlos y para la ciudad de Fiambalá es la llegada de la primer luna llena de abril, que en este 2020 se da justamente hoy, viernes 10. Se trata de una noche particular en la que lugareños y turistas tienen las puertas de la finca abiertas para acercarse con sus antorchas y realizar la cosecha nocturna de las uvas que más tarde se convertirán en el vino insignia de la bodega: el Plenilunio.

Según nos han comentado, es realmente una fiesta que comienza recorriendo los viñedos y sigue luego cuando a la medianoche se dejan los cajones llenos de uva y se disfruta de comidas típicas de la región, música en vivo y, por supuesto, buen vino. Un evento que este año no pudo ser, suspendido por la cuarentena decretada para luchar contra el coronavirus, que privó a los catamarqueños de una noche especial donde iban a presentarse artistas de primer nivel, como es el caso de Patricia Sosa, entre otros. Una verdadera lástima, pero de seguro habrá nuevas ediciones de la tradicional cosecha de luna llena, y por qué no, ojalá podamos participar en alguna de ellas.

Claro que si estás por Fiambalá en otras fechas igualmente podés pasar por la bodega como hicimos nosotros, y llevarte algún vino orgánico (o varios) a precios de fábrica. Porque si te gusta el vino, y estás en Catamarca, probar este producto de altura es una experiencia que no te podés perder.

Conocida también por el nombre de Tizac, uno de sus productos más populares, la bodega se ubica sobre el ripio de la Ruta 34, en el Barrio Pampa Blanca, casi saliendo de Fiambalá en dirección a Saujil.