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El Westin Grand Berlin Hotel: Alojamiento 5 estrellas.

A la hora de alojarnos en Berlín nos dimos un gusto y elegimos un 5 estrellas: el Westin Grand Berlin, un hotel muy bien ubicado, cercano a los principales puntos turísticos de la ciudad, como ser el Reichstag (el parlamento alemán) y la Puerta de Brandenburgo, lugares a los que se puede llegar fácilmente a pie.

Se trata realmente de un alojamiento de lujo, con un impresionante salón principal que incluye un par de pianos de cola y una imponente escalera alfombrada que lleva al primero piso. Cuando uno se aloja en este hotel es imposible no pensar en las películas y series que se filmaron en sus instalaciones, como ser La Supremacía Bourne, donde Matt Damon grabó una escena de persecución por esta misma escalera.

Dejando de lado el costado farandulesco del hotel, las habitaciones son amplias y dignas de la categoría de 5 estrellas. La cama es enorme y muy cómoda, ideal para descansar después de tanto recorrer la ciudad. Frente a ella el escritorio cuenta con toma corrientes disimulados bajo una tapa y cuenta con toda la conectividad necesaria para poder trabajar. Aunque, increíblemente para la categoría de alojamiento de la que estamos hablando, el wifi era bastante inestable, al punto de haberse cortado varias veces durante nuestra estadía.

La habitación cuenta también con caja fuerte, y la que nos tocó a nosotros tenía la particularidad de que el código ingresado no se marcaba en la pantalla antes de cerrarla, razón por la cual había que tener cuidado de tipear bien, en caso de error no nos daríamos cuenta y luego sería imposible abrirla de nuevo.

También hay frigobar que incluye bebidas frescas, aunque apenas uno mira los precios se da cuenta de que no es buena idea consumir de ahí. Al igual que con el servicio de lavandería, los precios son extremadamente caros, así que por supuesto será mucho más conveniente consumir fuera del hotel. Lo que sí se puede aprovechar es el café e infusiones, que junto al agua, son de cortesía. Solo habrá que darse maña con la cafetera alemana.

El baño es digno de un 5 estrellas también. Amplio, muy cómodo, y hasta equipado con radio y teléfono. La ducha es excelente, y detalles que hacen a la distinción del servicio son las batas y las pantuflas disponibles para el uso del huésped. La limpieza es excelente, por supuesto, aunque hay un detalle: los elementos de higiene personal (jabón, shampoo, etc) sólo se reponen una vez que se terminan.

Para quienes quieran comer en el hotel, el Relish Restaurante ofrece platos de comida francesa con influencia asiática, mientras que los que sólo quieran un trago podrán pasar por el bar del lobby. A la hora de relajarse, el spa, con pileta climatizada cubierta, sauna y sala de masajes está disponible, como así también el gimnasio.

Pero quizá el servicio más curioso sea el que se descubre al revisar los folletos sobre la mesita de luz. Así uno descubre algo que sino quizá pase desapercibido: El Westin Grand cuenta con un trozo original del Muro de Berlín, y por una suma de dinero uno puede llevarse un pedazo del mismo como recuerdo. Para eso, habrá que romperlo uno mismo con una masa, y el pedazo que se desprenda puede ser tuyo. El precio de tan particular souvernir lo dejo para que lo descubras vos mismo cuando te alojes aquí.

Los precios del alojamiento, por supuesto, son un tanto altos, pero la habitación más económica, en el orden de los EUR 140 por noche, no es tan inaccesible en el caso de que uno quiera darse un gusto. Y se la compara con otras ciudades, como el caso de Londres, y se compara el nivel de alojamiento y los servicios, se puede decir que incluso termina siendo económica.

Amberes desde la otra orilla del Escalda.

La última vez que visitamos Europa tuvimos la suerte de poder sumar a Amberes dentro del grupo de ciudades belgas que conocimos. Era un día feo: fresco, nublado y con ocasionales lloviznas intermitentes que por un momento nos hicieron dudar, pero afortunadamente decidimos seguir adelante con el excelente free walking tour, del que podés leer en este otro post, luego del cual decidimos cruzar el río Escalda para poder tener una vista panorámica de la ciudad desde la otra orilla.

Son dos las opciones que hay para llegar hasta la ribera opuesta, y la que más salta a la vista es, por supuesto, navegar hasta allí. Para ello habrá que acercarse hasta el muelle cuyo acceso está justo a un lado del Castillo Steen. Allí atraca cada media hora el barco Schelde (que es ni más ni menos que el nombre del río en nerlandés: Escalda), fácilmente identificable por sus colores blanco y amarillo.

El Schelde es un transporte público gratuito cuyo único propósito es conectar ambas orillas del río, trayecto que realiza en 15 minutos, por lo que opera en cada una de las costas cada media hora. Uno puede viajar en la cubierta disfrutando del paisaje, o bien (si hace frío como el día que fuimos nosotros) pasar al interior de la cabina  donde unas rústicas sillas de plástico sirven para tomar un descanso luego de la caminata por la ciudad.

Importante no confundirlo con el Dewaterbus, barco de colores azulados cuyos servicios se pagan. Se trata de un transporte público con un recorrido definido que los habitantes de Amberes acostumbran utilizar para moverse de un lugar a otro de la ciudad, como si fuera un colectivo, pero por agua. Un sistema que ya habíamos visto en Hamburgo (link al post), y que por supuesto resulta muy atractivo en las horas pico cuando el tráfico vehicular se atasca.

Y por supuesto no hay que confundirlo con los cargueros que también avanzan por el río.

En aquella orilla hay un parque al aire libre por el que se puede pasear siguiendo la ribera del Escalda y apreciando la ciudad desde una perspectiva distinta. Desde lejos es una buena forma de admirar la arquitectura de Amberes en general, donde sobresale identificable la cúpula de la iglesia Saint Andrew. Seguramente, si no hubiera estado cerrado (y vallado) por refacciones, también habríamos podido obtener una bonita vista del Castillo Steen.

Recorriendo el paseo el visitante se encuentra con un sector de juegos para niños, y hasta con un museo marítimo al aire libre, que se destaca por las enormes boyas, las anclas y otros elementos típicos en la navegación que se encuentran diseminados por el lugar.

El servicio del Schelde funciona hasta las 18 horas, por lo que si uno se extiende en el paseo más allá de ese horario deberá buscar otra opción para volver a cruzar el río. Claro que también uno podría optar por la otra alternativa tan solo por lo pintoresca y novedosa que es, tanto que merece su post exclusivo la semana que viene.