Archivos Mensuales: junio 2017

Nos tomamos el ferrocarril ICE del DB para viajar desde Bruselas a Munich.

El último tramo de la gira europea me llevó a Alemania, un país que para mi era un pendiente de visitar desde hace años ya. Finalmente pude abordar uno de los vagones de Deutsche Bahn y sacarme el gusto de conocer tierras germanas.

La travesía era Bruselas – Munich, con transbordo en el aeropuerto de Frankfurt, y mi punto de partida era la estación Bruxelles Midi, de la cual mi alojamiento (del cual tenés detalles en el post al que accedés haciendo click aquí) quedaba un poco alejado. Nada que no pudiera solucionarse de forma simple tomando el metro desde La Bolsa hasta la mencionada estación de ferrocarril.

Lo más interesante de tomarte el metro en Bruselas es que, tal como pasa con los trenes, hay más de un ramal, y particularmente por La Bolsa son varios los que pasan. Y todos corren por la misma vía y paran en el mismo andén. El sistema me recordó a nuestros tradicionales colectivos, ya que el tren está marcado con cartelería que marca qué ramal es y hacia dónde va, más allá de los letreros de información con los horarios a partir de los cuales también podés deducir esos datos.

La compra de los tickets, por supuesto, se realiza a través de las máquinas de autogestión dispuestas en las estaciones y en las que podés pagar con tarjeta de crédito.

El traslado hasta Bruxelles Midi se realizó entonces sin inconvenientes. Una vez allí tuve que ubicar el tren que me correspondía en los tableros de información, los cuales están ordenados por horario y por destino.

El mio paraba en el andén 7, que por suerte estaba muy cerca de la entrada por la que ingresé, con lo cual no tuve que caminar mucho arrastrando el equipaje. A los andenes se accede a través de escaleras mecánicas, ya que el hall está por debajo del nivel por el que corren los trenes.

Sin mucho más que hacer subí con tiempo y para mi sorpresa me encontré con el tren ya estacionado. Puntualidad belga, digamos. En ese momento lo estaban limpiando, así que permanecía con las puertas cerradas. Revisé si era el mio realmente, y rápidamente confirmé que era el tren que viajaba hasta Frankfurt. Sólo me restaba buscar mi vagón, ya que como había comprado el pasaje por internet desde Buenos Aires tenía vagón y asientos asignados. Sin problemas ubiqué el que me correspondía, el 22 marcado claramente en el costado.

Previendo que iba a viajar gran parte del día ya me había aprovisionado con una vianda, pero de no haber sido así podría haber comprado algo para comer en el vagón restaurant.

Los vagones son super cómodos. No pienses ni por un momento en los trenes urbanos de Buenos Aires, ni en confort de los asientos ni en gente viajando parada como en una lata de sardinas. Allá cada uno tiene su asiento, y estos son un lujo. Hasta cuentan con tomas para poder cargar el celular o la computadora.

Nótese lo cómodo que viajaban los pasajeros de atrás mio… (y sin que se percibiera olor a pata).

Para acomodar el equipaje (ya que se trata de un servicio internacional de larga distancia) hay un espacio asignado en el centro del vagón.

O si tu valija no es tan grande y la querés tener a mano podes también acomodarla sobre tu cabeza.

El tren es de alta velocidad, y cuando digo alta, creeme que lo es. Los tableros electrónicos en los extremos te la van marcando y llega a los 300 km/h, aunque si no mirás la marcación ni te das cuenta: no hay un sólo ruido que te haga notar lo rápido que vas.

En Frankfurt me encontré con que el tren de conexión estaba marcado para parar en el mismo andén donde me había dejado el que me traía desde Bruselas. Por un momento pensé que quizás fuera el mismo, pero no. De hecho, llegando a Frankfurt, aun a bordo del primer tren, avisaron por altavoz del andén de conexión.

A esta altura puedo decir que los viajes en ferrocarril por Europa fueron una gran experiencia. Se viaja rápido, cómodo y con un buen servicio, ya que hasta hay una azafata que pasa ofreciendo comida y bebida, que por supuesto se paga aparte. Y además, uno llega al centro de la ciudad, ventaja importante con respecto a los vuelos low cost que suelen dejarte en aeropuertos alejados. En mi caso, desde la estación central de Munich hasta mi alojamiento tuve que caminar apenas dos cuadras, con el consecuente ahorro en taxi.

Próximamente te mostraré algo de Munich y de Hamburgo, las dos ciudades que visité en Alemania, y aún restan muchos posts sobre Bélgica y España. Aquí te espero para seguir descubriéndolas juntos!

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Una breve caminata por el Parque de la Ciutadella de Barcelona.

Es una tarde de sol veraniego en Barcelona y tenés unas horas libres para recorrer un poco más de la ciudad. Una buena opción será la de tomar el metro hasta el Arco del Triunfo y visitar el Parque de la Ciudadela, el primer parque público de la ciudad. Eso mismo hice yo durante mi estadía en España, y así se veía el paisaje al subir a la superficie desde la boca del metro.

Pero como suele suceder en Barcelona, nada es muy formal por mucho tiempo. Enseguida, allí a metros de la imponencia del Arco del Triunfo, un loco lindo hacía de las suyas encaramado sobre una estatua, bajo la atenta (y divertida) mirada de todos los transeúntes.

Luego de atravesar el paseo que se inicia en el arco uno llegará hasta la entrada del parque en sí, que en un principio fue planificado en base a los Jardines de Luxemburgo. El parque debe su nombre a la ciudadela militar que estableció allí Felipe V al tomar la ciudad en 1715, y luego fue el general Prim el encargado de cederlo a Barcelona con la consigna de instalar allí un parque público.

Apenas se ingresa uno se encuentra con lindas escenas de la vida al aire libre, como este grupo de chicos que ensaya alguna pirueta, quién sabe si para presentarse en algún espectáculo circense de categoría o por simple diversión.

Por suerte a la chica la atajaron cuantas veces la revolearon en el aire y, al menos hasta el momento en que yo me alejé, se encontraba físicamente bien.

De todos modos están quienes vigilan atentos que no pase nada raro…

Una de las atracciones centrales del parque es el estanque, sobre el cual se divisa un tremendo monumento.

Haciendo zoom podemos apreciar el nivel de detalle de las esculturas que adornan el monumento.

Y si miramos hacia arriba, hacia la parte más alta del monumento, nos encontramos con un majestuoso carruaje tirado por caballos dorados que brillan como si fueran de oro. ¿Lo serán?

Se te hace agua la boca, lo se, pero a estos coloridos novios el material utilizado por el escultor no les interesa, porque para ellos todo es amor y están muy concentrados en la sesión de fotos más importante de su vida (suponemos).

Frente al monumento hay una glorieta que seguramente se utilice para realizar recitales pequeños o algún otro tipo de espectáculo público. En el momento en que pasé yo había un grupo ensayando baile al son de los tambores.

El estanque es navegable por cualquiera de nosotros, para lo cual sólo deberás pagar el ticket y alquilar uno de los botecitos disponibles.

El parque fue reformado un par de veces, la última de ellas en 1892 para instalar en sus terrenos el zoológico de Barcelona, que aún hoy funciona en aquél lugar. Como los zoológicos no son para nada de mi agrado lo pasé de largo enseguida, pero a modo de testimonio tengo esta foto que prueba que digo la verdad.

Mucho más interesantes me resultan las instalaciones del Museo de Zoología, el de Geología y por supuesto del Parlamento de Catalunya, todas ubicadas dentro de los límites del Parque de la Ciudadela.

El tiempo se acababa y era hora de volver al hostel. Hubiese querido disponer de más para caminar un poco más ya que gran parte del parque me quedó sin conocer. No importa, buena excusa para volver a Barcelona y seguir disfrutando de este lugar, quizá con la compañía de esta gente divertida que le pone música a la vez que hace llamativas piruetas sobre la soga atada a los árboles.

Imposible aburrirse en Barcelona. Si te toca un lindo día de sol, ya sabés a dónde ir a recorrer. ¡Disfrutalo!

Un par de noches en el Hostel “El Gualicho”, de Puerto Madryn.

A diferencia de lo que sucedió en Rawson, donde las opciones de alojamiento para turistas no abundan, en Puerto Madryn me encontré con una importante variedad de oferta. Había para todos los gustos y mucho, con lo cual la elección se hizo un poco difícil. Por suerte ahora puedo decir que tomé una decisión correcta, y reservé en el Hostel El Gualicho.

Se trata de un alojamiento correcto y muy céntrico. Para tratarse de un hostel tiene un muy buen servicio, tanto que el taxista se animó a hacer el comentario de que “era el mejor de la ciudad”. No sabemos si es para tanto, ya que no tengo punto de comparación, pero sí puedo recomendártelo para tu próxima estadía en las playas del sur.

La infraestructura general es muy buena. Las habitaciones son amplias, cuestión fundamental si son compartidas porque estar encimado a la cama de otro es algo que me molesta mucho. Cuentan con lockers que son realmente enormes: entra la mochila grande de 80 litros sin ningún inconveniente. Los baños también son amplios y la ducha tira con una presión que dan ganas de quedarse un buen rato ahí abajo.

Además está la cocina, que es enorme y está bien equipada, con lo cual si querés quedarte y cocinar algo casero no vas a tener problemas. El living cuenta con tele, unos cómodos sillones y una biblioteca donde encontras también juegos de mesa. Hacia el otro extremo están las computadoras que probamos para hacer el web checkin de vuelta y podemos decir que funcionan muy bien, al igual que el wifi.

En el exterior hay un hermoso patio para disfrutar de los días soleados, incluidas dos hamacas paraguayas en las que no tuve tiempo de dormirme una buena siesta, así que quedará para la próxima visita. Si estás viajando en auto (o si alquilaste uno para moverte allá) tenés estacionamiento cerrado sin costo adicional, algo que suma puntos porque en esa zona de la ciudad dejar el auto en la calle es arancelado.

Sólo hay dos sugerencias de mejora que se me ocurren para El Gualicho. En primer lugar, agregar una o dos sillas en las habitaciones compartidas, ya que no hay nada y para los que duermen arriba resulta incómodo. Espacio sobra, así que perfectamente se puede hacer. El otro es distribuir mejor los tomas: hoy en día todos viajamos con cantidad de aparatos electrónicos y vivimos cargando baterías. Mi habitación tenía un toma por cama, pero todos juntos, lo cual implica que si alguien enchufa un transformador un poco más grande, te inhabilita el toma de al lado. No estaría mal poner uno en cada cabecera, así cada quién tiene el suyo a mano.

Un tercer punto mejorable si se quiere, sería el desayuno, ya que sólo cuenta con pan y tostadas, por lo que se le puede agregar algo más de variedad. En cuanto a cantidad no vas a tener problemas, porque se puede repetir todo lo que quieras. Para acompañar tenés manteca, queso, dulce de leche y mermelada; y de beber té, café, leche para echarle a los cereales y agua.

El personal del hostel es muy cálido y está siempre dispuesto a ayudarte y aconsejarte sobre las excursiones y qué visitar. La limpieza, cuestión fundamental en todo alojamiento, es un diez. Y el servicio también: hasta hay mucamas que te hacen la cama. En caso de que duermas en habitaciones privadas, la tarifa es conveniente con respecto a la de los hoteles, y te incluye toallas y jabón, cosa poco habitual en los hostels.

Así encontramos una opción para dormir en Puerto Madryn que nos conformó con creces, con una excelente relación precio – calidad, para tener en cuenta incluso si viajás en pareja.

Moverse en Rawson y Madryn: Experiencia en el hub Trelew y alquilando un auto.

En el sur argentino las distancias suelen ser grandes, y durante mi viaje el verano pasado el tema no fue diferente. Mi itinerario además me hacía ir a Rawson y luego a Puerto Madryn, a lo que después le agregué una excursión a Gaiman, así que podemos decir que incluso la compliqué un poco más de lo necesario.

Luego de bajar del avión en Puerto Madryn sabía que la única forma de viajar hasta Rawson era por vía terrestre, por lo que me tomé un taxi hasta la terminal por el módico precio de $130. La intención era tomar un micro que me llevara hasta mi destino final, pero pronto descubrí que ese servicio no existe: todas las opciones eran via Trelew, que en definitiva parece funcionar como una especie de hub de ómnibus en el sur, ya que cada vez que tuve que moverme tuve que parar allí.

El primer tramo entre Puerto Madryn y Trelew lo hice rápidamente ya que los micros salen cada media hora. Además el vehículo era muy cómodo, cosa que no me pasó durante la segunda parte de viaje, ya que los micros de la empresa Rawson son colectivos urbanos que paran cada tanto y cuyos asientos por supuesto no son lo mismo que los que tienen los micros de larga distancia. Todo un tema ir con la mochila grande en ese bondi que no tiene siquiera un porta equipajes y que se llena hasta las manos como si viajaras a Retiro a las 8 de la mañana.

Para viajar a Gaiman desde Rawson el inconveniente era el mismo: sí o sí había que hacer transbordo en Trelew. Allí compré una tarjeta de la empresa 28 de Julio, al mejor estilo SUBE, que uno carga con el crédito que quiera y luego la utiliza al subir al vehículo. Era eso o pagar con monedas en las máquinas que llevan a bordo los micros, opción que evidentemente quedó obsoleta ya que el pasaje cuesta $22,50 y pagarlos con monedas no será nada ágil.

Ya en Madryn de nuevo no pensaba moverme de ciudad en ciudad, pero sí quería hacer varias excursiones a los alrededores, que están más bien alejados. Recorrer la Península de Valdés, por ejemplo, implica hacer unos 400 kilómetros más o menos. Con el precio de las excursiones rondando los $1200 por persona, si los viajeros son dos o más será conveniente pagar los $1000 diarios por un auto compacto. En esta oportunidad me tocó el Toyota Etios de la foto de portada.

El tablero del Etios mereció una foto por lo feo y por estar centrado en el auto en lugar de alineado con el conductor (algo que odio porque te obliga a desviar la mirada más de lo normal), pero por el resto se portó muy bien y anduvo por todos lados, incluidos largos kilómetros de ripio.

Por $1000 podía hacerle 200 kilómetros diarios. Lo alquilé en Avis un sábado y como el domingo no trabajaban lo tuve hasta el lunes, día en que lo devolví en el aeropuerto directamente, con lo cual me ahorré el taxi hasta allí. Incluso como me pasaba un par de horas de las 48 por las que lo había alquilado pagué un pequeño diferencial que me daba la posibilidad de hacer unos kilómetros extra, lo cual me vino muy bien porque finalmente no tuve que pagar por los kilómetros adicionales que le hice.

Al andar en auto por Puerto Madryn habrá que tener en cuenta el sistema de estacionamiento en el centro de la ciudad, donde los agentes de remera roja controlan que hayas pagado el canon correspondiente. Para ello existen dos tipos de papeletas: la azul que vale por una hora y cuesta $5, y la roja que vale por la mitad y cuesta $3. Se compran en blanco y luego se completan con los datos del auto y se dejan sobre el parabrisas.

Así es que, como en cada lugar donde uno viaja, habrá que chequear el costo de alquilar un auto contra el valor de las excursiones. Salvo que estés viajando vos solo, lo más probable es que alquilar el auto te sea económicamente conveniente. Ni hablar además de la comodidad y flexibilidad que te da al no estar atado a otro horario más que el quieras imponerte. Por eso, cuando me preguntan qué opción elijo yo, ahora respondo con esta foto y digo “esa”.

Galería de Imágenes: El Castillo de Montjuïc en fotos.

La semana pasada les conté sobre el Castillo de Montjuïc en el post que pueden ver haciendo click aquí, sobre su historia y cómo se utilizó la fortaleza durante años para reprimir salvajemente las protestas del pueblo de Barcelona. Hoy los invito a recorrer el castillo en fotos, conocer su interior y sus vistas, y así entender también la importancia estratégica del punto donde está emplazado.

Ya dando un rodeo por el exterior del castillo podremos notar el armamento con el que, en teoría, defendía la ciudad.

Hoy en día el castillo funciona como museo y es visitado por miles de turistas que pasean por Barcelona.

Desde el exterior se puede apreciar lo hermoso y cuidado de los jardines que se alzan en el foso que lo rodea.

Y lentamente vamos enfilando hacia el puente de ingreso para cruzar el foso perimetral.

Al entrar, el camino se bifurca y habrá que elegir hacia dónde ir.

En el patio central uno se siente seguro, rodeado por las murallas, y cuidado desde la torre del vigía que se alza en la terraza.

Desde allí se tiene acceso a las salas del museo donde se pueden observar muestras temporales, o cuestiones relacionadas con el castillo y su historia, como esta maqueta.

Subiendo por una especie de túnel se accede a la terraza.

Muy amplia, la terraza ofrece vistas hacia los cuatro flancos.

La vista de la ciudad de Barcelona desde el castillo es impresionante.

Desde allí incluso puede observarse claramente el símbolo por excelencia de la ciudad: la Sagrada Familia, que ya visitamos en este post que pueden ver haciendo click aquí.

Hacia el otro lado, la vista no es menos espectacular. En lugar de la ciudad, se divisa claramente el Mar Mediterráneo.

Por supuesto, importantísimo a nivel estratégico, desde el castillo se puede controlar perfectamente el movimiento del puerto.

O bombardearlo, de ser necesario…

La artillería está diseminada por toda la terraza del castillo.

Y sí, agachate que disparo!

Incluso hay cañones que son un poquito más grandes, aunque este está emplazado abajo, en el exterior.

Por suerte, hoy en día son puro adorno (creo) y aunque apunten hacia el puerto, los turistas que llegan en los cruceros no tienen por qué temer.

Tampoco los dueños de estos lujosos yates que pueden verse desde el castillo.

Pero la verdad que ya nos estamos dedicando demasiado al agua, cuando en realidad nuestra pasión está mirando hacia arriba, hacia el cielo.

Es habitual ver pasar aviones a baja altura muy cerca del castillo. Es que muy cerca del mismo se encuentra el Aeropuerto Internacional de Barcelona, y las aeronaves pasan por allí en final corta para aterrizar. Un poco de zoom, y así vemos las pistas desde la terraza del Montjuïc.

Claro que los pájaros de metal no son las únicas aves que pasan por allí…

Así como observa esta gaviota, en otras épocas el vigía controlaría todos los movimientos en los alrededores desde la torre del castillo.

La torre fue reconstruída según la nueva configuración del castillo durante la década de 1770, lo que provocò que dejara de ser ideal para el cálculo de la hora solar. Por eso se decidió dotarla de dos relojes solares: uno que daba la hora de la mañana, y otro de la tarde.

Un dato muy interesante es que esta torre fue utilizada por el astrónomo francés Pierre Méchain para marcar las coordenadas geográficas de Barcelona entre 1792 y 1793, y con esto ayudó a medir el arco del meridiano de Dunkerque, cuyas dimensiones servirían luego de base para calcular la medida del metro, sobre el que se basa el actual sistema métrico decimal.

Emprendiendo ya el regreso, luego de haber recorrido la fortaleza de Barcelona, vamos buscando el túnel de salida.

Nos disponemos a atravesar en enorme portón de acceso para volver al exterior.

Pero antes de hacerlo volvemos la mirada hacia atrás.

Ya afuera, recorremos los alrededores del castillo para ver de cerca la operación de carga y descarga del buque Ro-Ro de Grimaldi.

Y así, finalmente nos alejamos del castillo, como este buque que navega tranquilamente por el Mediterráneo.

El Castillo de Montjuïc es una excelente opción para visitar cuando estén por Barcelona. Plenamente recomendable. Espero que puedan ir en algún momento, y que les fascine tanto como a mi.