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Vuelo diurno a Miami y Prueba del servicio de Locker en el Duty Free de Ezeiza.

Para finales de junio pasado Latam Airlines tuvo una particularidad en sus vuelos a Miami: además del tradicional diario directo sin escalas nocturno, hubo uno similar pero diurno. Se trató del vuelo 4M7824 que partía de Ezeiza a las 8:40 de la mañana, y que al momento de escribir este post ya no está disponible.

Si bien este vuelo fue operado con el B767 de siempre y el servicio es el mismo al que Latam nos tiene acostumbrados, me decidí a escribir el reporte para contar una experiencia totalmente nueva que decidí probar en esta ocasión.

Llegué a Ezeiza con 3 horas de anticipación como acostumbro cuando vuelo a Estados Unidos, sabiendo que los controles de seguridad adicionales podrían llegar a demorar el proceso normal de embarque, así que mejor tomar los recaudos del caso. Es decir, me levanté tempranísimo y enfilé hacia el aeropuerto con pocas horas de sueño para encontrarme con un mostrador de checkin bastante solicitado. La gran acumulación de gente y consiguiente demora no tenía que ver con el habitual cuestionario de seguridad que Latam realiza para sus vuelos a Miami (que fue rápido como siempre), sino con que había un solo desk habilitado para la atención al público.

Pasados unos 15 o 20 minutos llegó más personal de la aerolínea y el tema comenzó a agilizarse. Así despaché el equipaje y luego pasé por los scanners de seguridad sin más demora, para encontrarme con la novedad de que Burger King está por abrir su sucursal en la zona de preembarque. Sin embargo una hamburguesa no tenía nada que ver con la experiencia que estaba a punto de probar por primera vez.

En esta ocasión viajaba con la intención definida de comprar alguna bebida de esas que suelen ser más baratas en el free shop que en la plaza local (aunque hoy en día no hay que dar nada por hecho y conviene revisar, comparar y confirmar). Chequeando precios aprovechando que tenía buen tiempo antes de la salida, encontré una muy buena promoción. Pero claro, no me iba a ir de viaje con las botellas a cuestas, así que opté por probar el servicio de retiro de productos al regreso.

El tema es bastante simple: vas, seleccionás lo que querés comprar y en la caja pedís el servicio de locker para retirar a la vuelta. Pagás en el momento y te piden los datos del vuelo de regreso, con los cuales te emiten un ticket que debés conservar y presentar para retirar luego. Aunque no lo usé aún, ahora también está la opción de reservar los productos on line y retirarlos luego en el aeropuerto el día del vuelo.

Algo a tener en cuenta: al regresar el retiro no se realiza en el free shop de la terminal, sino en una ventanilla que hay en un extremo de las cintas de equipaje. Allí se presenta el ticket y nos entregan los productos tal como si recién los hubiéramos comprado. Esto permite aprovechar la mayor variedad que hay en la tienda de salida, como así también cualquier promoción que esté vigente en ese momento, y que no sabemos si al regreso aún estará disponible. Y por supuesto, con la comodidad de no tener que llevarnos todo eso de paseo por el mundo.

El viaje en sí fue bastante placentero porque tuve la suerte de volar con el asiento de al lado vacío. Se trató del 27L, un clásico ya a esta altura para mi vuelo a Miami con Latam, y por la ventanilla pude registrar la nueva torre de control en construcción bajo la luz de la primera mañana, como así también la espera en cabecera de la pista 11, experiencias casi imposibles al viajar en vuelos nocturnos.

El servicio de abordo no cambia en nada salvo en el orden, obviamente. Al ser diurno, momentos luego del despegue viene el desayuno; y luego cerca ya de Miami se sirve la cena. El contenido y calidad del menú son los acostumbrados.

Y otro detalle del vuelo diurno: a destino se llega también de día, a las 17:10 según el horario del schedule. Y eso hace que se puedan tomar buenas fotos de Miami desde el aire, cosa que arribando antes de las 5 am es bastante difícil.

Afortunadamente se trató de un vuelo sereno y que se realizó tal como programado. Muy puntual el servicio. Mi miedo de llegar en ese horario era la cantidad de gente que podría encontrar haciendo migraciones, pero por suerte no fue para nada grave. Pasé primero por las máquinas automáticas, que ya son obligatorias por lo que pude ver, y luego de contestar el cuestionario, con el ticket en mano enfrenté al oficial de migraciones que no me preguntó nada adicional.

Así de fácil (y de rápido) había ingresado a Estados Unidos una vez más.

 

Corriendo el Aeropuerto de Miami para conectar de regreso desde Guatemala.

Conectar en Miami no es cosa fácil, y menos si se viaja por compañías distintas, aunque el pasaje sea el mismo y corresponda a una de ellas a través de la magia del código compartido. Primeramente hay que contar con VISA para entrar a Estados Unidos, luego hay que hacer migraciones, y por último volver a embarcar. Este es el reporte de dos vuelos con conexión agitada.

Como es costumbre, hice con anticipación el web checking desde el fabuloso Hotel Camino Real de Antigua Guatemala, y me bajé al celular la versión digital del boarding pass. Esto me ahorró algo de tiempo en el aeropuerto donde pude pasar directo a entregar el equipaje para despachar. En el desk de checkin me entregaron los boardings para los dos tramos (GUA – MIA y MIA – EZE) con el asiento que había elegido por web para el primero y con el 23D para el segundo. Claro, el pasaje era de American Airlines pero el vuelo de regreso en realidad era el directo de Latam desde Miami, y por ser una compañía distinta el sistema no me dejó elegir asiento en el B767. La buena noticia es que la valija la retiraba directamente en Buenos Aires.

Algo a tener en cuenta es que para hacer migraciones de salida en Guatemala hay que llenar un formulario idéntico al de entrada, que te dan en el mostrador de checkin. Si bien había bastante gente distribuida en varias filas, tanto eso como seguridad fueron relativamente rápido y enseguida pudimos liberarnos para comparar los precios de Zacapa, el ron por excelencia guatemalteco. El dato: comprarlo en el Museo del Ron de Antigua salía más barato, y además, si uno conecta en Miami no puede comprar el líquido en el free shop de Guatemala, salvo que recupere la valija allí y la pueda volver a despachar.

El aeropuerto de Guatemala no es muy grande pero se las arregla para tener varios locales de comidas e, incluso, un área de juegos para niños. Como en la zona de preembarque no hay casas de cambio aproveché los últimos Quetzales que me quedaban en consumir algo antes de abordar. Mientras caminaba hacia el gate, la rigurosidad de la autoridad fiscal me llamaba la atención…

Luego de hacer algo de spotting para matar el tiempo, el embarque se tornó muy lento. El 737 de American Airlines iba realmente full y la gente se tomaba su tiempo para encontrar el asiento, acomodar el equipaje de mano en los compartimientos superiores y hasta para sentarse ellos mismos. Ante la pasividad de los TCP que solamente pedían celeridad sin intervenir en los claros focos de atascamiento que se presentaban, el cierre de puertas se atrasó más de media hora.

Una vez arriba, el servicio fue bueno y el trato muy cordial. En ese momento disfruté de la bebida de cortesía y los mini Pretzels. Las preocupaciones llegarían luego, una vez aterrizados.

Contra todo lo planificado, y sin darme cuenta en un principio a causa de la diferencia horaria, cuando toqué suelo americano tenía menos de una hora para abordar el vuelo de conexión. Como las veces anteriores, realicé el primer paso del trámite migratorio en las máquinas del Aeropuerto de Miami, pero cuando me acerqué a los puestos de control me encontré con una cantidad impensada de gente. Se ve que eran muchos los arribos a esa hora de la tarde, todos juntos. Cuando salí de ese embrollo tenía menos de media hora para presentarme en el otro Gate, que no tenía la más pálida idea de dónde estaba. Cuando pregunté a un guardia de seguridad se me cayó el alma al suelo: la terminal H está en la otra punta del aeropuerto con respecto a la Terminal de American Airlines. Sin dudas, había llegado la hora de correr en serio.

Con la ventaja de no tener que despachar equipaje llegué al Checkpoint H agitado y absolutamente transpirado. Con pasaporte en mano y como pude, comencé a pedir permiso a la gente para que me dejaran pasar, explicando que perdía el vuelo: “Sorry, first flight delayed, I’m missing my conection” repetía una y otra vez. No hacía falta en realidad, creo que con verme la cara ya me dejaban pasar. Así llegué al puesto de control de pasaportes, donde la oficial, luego de verificar  mi boarding pass y la hora en su reloj me dijo que me iba a ayudar. Por indicación de ella salteé a todo el mundo en el control de seguridad, y mágicamente quedé primero frente a las cintas del scanner.

Luego del bodyscan y el posterior palpado por parte del personal de la TSA, y de que por suerte no requirieran mayores inspecciones de mi equipaje de mano, me calcé y con cordones sin atar y cinturón en mano en vez de abrochado a la cintura, hice la corrida final hasta el Gate 11 donde el embarque, aunque algo retrasado, ya había comenzado. Me acomodé la ropa, me sequé la transpiración con un pañuelo de papel (o dos, o tres) y ya algo más presentable, abordé el 767 de Latam Airlines que me traería de nuevo a casa.

El vuelo a Buenos Aires en sí no tuvo nada relevante que merezca ser contado, más considerando que lo hice varias veces ya. El único detalle fue que mi kit no tenía auriculares, pero en este caso no me importó demasiado porque ya con alcanzar el vuelo estaba más que contento, y por otro lado tenía trabajo que hacer, así que gran parte del viaje la pasé concentrado en la laptop. Hubiese querido dormir un poco (algo que por lo general me cuesta en los aviones) pero el stress de la corrida me había puesto en un estado de alerta que no me dejó pegar un ojo durante largo tiempo. Ya tendría tiempo para eso en mi propia cama.

La lección de todo esto es que para conectar en Miami lo mejor es hacerlo siempre con la misma aerolínea. En segunda instancia, con ambos pasajes comprados a la misma línea, para que en caso de que se demore el primer vuelo nos reconozcan y reubiquen en el próximo avión. Y siempre considerar posibles demoras en migraciones y el tiempo que tomará además llegar hasta el nuevo gate. En el caso de volar en distintas aerolíneas y con pasajes separados habrá que recordar que lo recomendable es estar en el aeropuerto tres horas antes del vuelo para tramos internacionales. Sin embargo, conectar de esta manera siempre conlleva un cierto grado de stress. Por eso, la foto final del post es la del local del mejor ron guatemalteco, como para relajar un poco.