Archivos Mensuales: mayo 2018

Almorzando en Valladolid, la ciudad colonial de México.

Dentro de la excursión que hicimos a las ruinas de Chichén Itzá se incluía la propuesta de conocer esta ciudad de estilo colonial, en la cual nos detendríamos para almorzar y disfrutar de algo de tiempo libre para conocerla. Sin embargo, momentos después de terminar de comer, el clima no nos permitió recorrerla como hubiésemos querido: la lluvia se volvió intensa y nos obligó a refugiarnos, al mismo tiempo que el micro organizó el regreso antes del horario planeado, pero con todos los pasajeros bajo techo.

Sin embargo, el aguacero no evitó que pudiéramos admirar un poco de esta muy bonita ciudad con claros rasgos coloniales, tanto desde arriba del micro como con lo poco que pudimos caminar hasta el Parque Francisco Cantón Rosado, que oficia de plaza principal y cuyos árboles (sumados a los paraguas que nos compartió un grupo de turistas europeos cuando la cosa se puso difícil), nos sirvieron de refugio momentáneo hasta la llegada del micro.

Si bien está entre rejas desde el año 1900 (algo extraño ya que no lo vi como usual en México), el parque es muy lindo y está presidido por la fuente “La Mestiza” que es un homenaje a la mujer  yucateca, producto de la fusión de las culturas maya y española.

Frente al parque se encuentra la Iglesia de San Gervasio que construida en marzo de 1545 cuenta con tanta historia como la ciudad misma. Es que el edificio que se puede contemplar hoy en día no es el mismo que se levantó en el siglo XVI, el cual fue prácticamente destruido en 1705 por orden del obispo Don Pedro de los Reyes Rios en respuesta a la profanación del templo por parte de las autoridades civiles en el hecho conocido como “El crimen de los alcaldes”. En aquellos días el ex alcalde Osorno, que había fugado de la prisión en la que estaba detenido para acoger asilo en la iglesia, fue apresado dentro del templo sin autorización eclesiástica y posteriormente golpeado hasta morir.

Pero quizá lo más interesante de la visita a Valladolid (luego de haber conocido el Cenote Zaci que por supuesto tendrá su post exclusivo) haya sido almorzar en la Casona de Valladolid, antigua residencia colonial que alguna vez fuera propiedad del gobernador de Yucatán José Iturraldo y Traconis.

El almuerzo buffet aquí es recomendable, pero no me voy a detener en eso, sino más bien en la arquitectura antigua, los pisos de las diferentes salas y el decorado, con máscaras adornando las paredes. Y por supuesto, en la fuente retablo ubicada en el patio posterior en honor a la Virgen de la Candelaria, patrona de la ciudad, que es una enorme y hermosa pieza de arte surgida de la fusión de una fuente de cantera y talavera con los retablos que acompañan los altares de las iglesias católicas.

La obra de diez metros de altura fue producto del trabajo de diversos artistas que durante dos años la llevaron adelante en los talleres del parque Xcaret, y luego fue trasladada hasta este lugar en el año 2012.

Así finalizó nuestro muy rápido paso por Valladolid, ciudad que merece la pena ser visitada tanto por lo bonito de su estilo colonial, como por la historia que tiene detrás, siendo el lugar en el que se generó el movimiento conocido como “La Primera Chispa de la Revolución”, y que culminara con la caída del gobierno del general Porfirio Díaz.

Claro que queda pendiente contante sobre el maravilloso cenote que se encuentra en esta ciudad, pero eso será tema de otro post, así que te espero aquí para compartirlo juntos!

Unas horas en la hermosa Puebla de Zaragoza, México.

Saliendo del Estado de México con rumbo este, y a un par de horas desde la capital nacional, uno se encuentra con una hermosa e importante ciudad, de calles coloridas y gran actividad industrial. De hecho se ha consolidado como un polo automotriz a nivel nacional por ejemplo, así que quienes vayan esperando encontrar un pequeño pueblo (como era mi caso, inducido al error por el propio nombre de la ciudad), se encontrarán con una realidad totalmente diferente.

Bautizada al principio como Puebla de los Ángeles, la ciudad debe su origen a una necesidad de logística comercial. En épocas de la colonia, cuando las mercancías llegaban hasta la Ciudad de México a través del alejado Puerto de Veracruz, se hizo menester establecer un punto medio para el descanso de los viajantes. Según se cuenta, fueron los ángeles quienes en medio de aquella búsqueda se presentaron ante Julián Garcés, primer obispo de Tlaxcala y le indicaron el lugar exacto donde debía levantarse el pueblo. De allí, la localidad recibirá su nombre hasta el momento en que el presidente Benito Juarez lo cambie por Puebla de Zaragoza.

Se trata de la cuarta ciudad más grande de México, y como tal amerita hacer base allí un par de días para conocerla a fondo (especialmente si te interesan las iglesias, ya que las hay prácticamente en cada esquina); pero por su cercanía con CDMX también se la puede conocer en un día viajando desde la capital. Eso fue lo que hicimos nosotros, contratando la excursión de Puebla y Cholula del Turibus, que te lleva a conocer también la localidad de Cholula como te conté en este otro post, pero que sinceramente no recomiendo contratar. En primer lugar porque la visita es tan acotada que poco se ve; y en segundo lugar porque al menos en nuestro caso el servicio de la empresa fue muy deficiente. El desgano del guía era evidente, casi no hubo explicaciones y las pocas que tuvo estuvieron lejos de ser decentes, no visitamos todos los puntos que nos habían prometido, y a la vuelta ni siquiera nos dejaron en el punto convenido. En fin, ambas ciudades merecen ser visitadas, pero les recomiendo buscar otras alternativas para hacerlo.

Como ya les conté, una de las principales atracciones de Puebla son sus iglesias, las cuales están diseminadas por todo el estado y, por momentos, se encuentran en concentraciones sorprendentes y difíciles de entender. Por supuesto, visitamos la Catedral, cuya construcción tardó 300 años y cuenta con un campanario de casi 70 metros, que lo hacen el más alto de México. Sin embargo, la que seguramente sea la iglesia más relevante de la ciudad por contener la Capilla del Rosario, tendrá por supuesto su post aparte.

Esas visitas las hicimos durante el tiempo libre que está dispuesto en la excursión, pero también hay otras actividades ya programadas, como es recorrer la Calle de los Dulces, donde se pueden probar y comprar golosinas típicamente mexicanas, o caminar por el Barrio de los Artistas, en el que destaca la plazuela donde se siguen desarrollando la pintura y la escultura en sus 43 talleres, y cuyas obras uno puede ver expuestas en la calle, tanto para fomentar su compra como para atraer alumnos que quieran especializarse en esas técnicas.

Pero Puebla es reconocida a nivel internacional principalmente por su Talavera, denominación de origen que se le da a la cerámica poblana y cuyas piezas son incluso exportadas al resto del mundo. Aquellos comercios que cuentan con el certificado de denominación de origen garantizan la calidad de sus productos, los cuales han sido elaborados bajo los procesos y las normas de calidad dictadas en el 1653, cuando se establecieron pautas para la preparación y mezcla del barro, y para su decorado.

En el local que visitamos nos explicaron en detalle el proceso de elaboración de las piezas (del cual incluso éramos testigos ya que las estaban armando allí mismo delante de nuestras narices); y luego del decorado, pintando a mano alzada cada uno de los firuletes que terminan convirtiéndose en los más bellos diseños, tan tradicionales de la Talavera poblana.

Por supuesto que también tuvimos la ocasión de comprar, pero los precios son realmente altos, y la fragilidad de las piezas sumada al largo viaje con varias escalas que teníamos aún por delante no eran buena combinación, así que ante el riesgo de que las piezas llegaran en pedazos a Buenos Aires dejamos la compra para la próxima vez que vayamos.

Tristemente Puebla fue también el epicentro del terremoto acaecido el 19 de septiembre de 2017, que con sus 8.1º en la Escala Richter generó severos daños materiales y pérdidas humanas. Si bien al momento de nuestro viaje a México gran parte había sido reconstruída, aún se podían apreciar los efectos de semejante cataclismo natural, y esto se hizo todavía más patente en Puebla.

Los andamios y apuntalamientos eran cosa común cuando uno caminaba por las pintorescas calles de la ciudad.

Como nota final dejamos el tema de la comida. En Puebla hicimos el necesario alto para almorzar, y eso es totalmente lógico si pensamos en la cultura gastronómica de este lugar, en el cual surgieron platillos tan tradicionales mexicanos como el mole poblano. Para quién se le anime al chocolate picante, que por ahora no es mi caso.

Claramente, Puebla es uno de los puntos a visitar en tu próxima escapada al país azteca. Una ciudad con mucha historia y tradición cultural, y llena de vida hoy en día también, que merece ser conocida. Habrá que agendarla.