Archivos Mensuales: mayo 2018

Santa María Tonantzintla: La Iglesia Indígena Mexicana.

Se sabe que México es un país donde abundan las iglesias, pero no solo llama la atención el gran número y concentración de templos religiosos, sino que algunos de ellos presentan particularidades puntuales que hacen especiales; y en casos como este, únicos en el mundo.

La iglesia Santa María de Tonantzintla se encuentra en el pueblo que le da nombre, a unos pocos minutos de viaje desde San Pedro Cholula, ciudad que visitamos y cuyo post podés leer haciendo click aquí. Fue declarada monumento histórico en 1933 y no podía ser de otra forma, a juzgar por lo que este edificio representa.

Lamentablemente no les puedo mostrar imágenes del interior, ya que la toma de fotografías está prohibida, pero al ingresar uno no puede dejar de sorprenderse. Incluso en nuestro caso el guía nos hizo entrar de la mano, con los ojos cerrados hasta llegar frente al altar, para potenciar aún más el impacto al abrir los ojos.

Al hacerlo, uno inmediatamente se da cuenta que no está en una iglesia tradicional. Santa María de Tonantzintla es la máxima expresión del arte barroco indígena mexicano, conocido también como novohispano, y eso se nota a simple vista, ya que no hay una sola imagen católica tradicional. Muy por el contrario, todas tienen claros rasgos indígenas, destacándose  los niños con penachos y los ángeles morenos, y por sobre ellos uno que cae cabeza arriba desde la cúpula, supuestamente representando a Lúcifer en el momento que es expulsado del cielo por revelarse ante Dios.

El decorado es extremadamente intenso, tanto en lo cargado como en los vivos colores que se utilizaron, y está también muy ligado a la agricultura como dan cuenta las mazorcas de maíz, las flores y los diferentes frutos tropicales típicos mexicanos representados. Esto hace recordar al visitante que en este mismo lugar, antes de la conquista española, los habitantes veneraban a Tonanzin, Nuestra Madrecita, deidad ligada al maíz que luego fue sustituida por la Virgen María.

La construcción de semejante obra de arte tuvo una duración por demás prolongada, extendiéndose del siglo XVII al XX. Incialmente se levantó una pequeña nave rectangular con fachada sencilla, y luego se fueron agregando la torre, la cúpula y las naves, para llegar a la iglesia que vemos hoy día.

Entre todas las iglesias mexicanas, esta es un imperdible de tu próximo itinerario. A agendarla entonces, ya que visitarla en persona será la única forma que hay de admirar este templo con su decoración tan particular.

Y cuando la hayas visitado, acordáte de pasar por el post y comentar con tu experiencia!

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Excursión a San Pedro de Cholula, el pueblo de las 365 iglesias.

Si bien CDMX es una ciudad apasionante y con mucho por hacer y recorrer, la verdad es que sus alrededores no se quedan atrás tampoco. Cercanos a la ciudad capital hay varios oficialmente llamados “pueblos mágicos”, que son localidades que cumplen ciertos requisitos para entrar al programa de promoción turística, entre los cuales se cuenta San Pedro de Cholula, a unas 2 horas de manejo por un tránsito intenso.

Le excursión la contratamos con Turibus, pero aquí voy a recomendar hacerla, pero por otros medios, ya que por parte del guía fue realmente un “paseo sin ganas”, quizá a causa de que éramos sólo cuatro personas los que íbamos. Sin embargo el mal servicio de la empresa no va a desmerecer el hermoso e interesante pueblo que es Cholula, del cuál me encontré con una sorpresa mayúscula al buscar información, ya que hay fuentes que indican Cholula de Rivadavia como su nombre oficial, en homenaje al primer presidente argentino, Bernardino Rivadavia.

Sin embargo fuentes oficiales aclaran que no es la ciudad la que así se llama, sino el distrito de Cholula, que el 13 de febrero de 1895 tomó esa denominación en memoria del argentino que nunca conoció el lugar, según lo dispuso el decreto del XIII Congreso Constitucional del Estado. Un dato de color para todo argentino, que el desganado guía no se dignó a mencionar.

Otro dato curioso es el de la cantidad de iglesias construidas en Cholula. Según se dice son 365, una por cada día del año, pero el guía nos indicó que esto no es cierto. Sin embargo, aunque no lleguen a ese número, la enorme cantidad de templos es una realidad. Entre ellos, el más interesante es sin lugar a dudas es la iglesia Nuestra Señora de los Remedios.

Ubicada en la cima de un aparente cerro, la construcción no puede ser visitada por dentro ya que el último terremoto comprometió seriamente su estructura. Sin embargo, según el guía tampoco estaba abierta la zona arqueológica sobre la que se levanta, cuestión que se reveló falsa ya que después de un rato hubo cantidad de gente trepando por las escalinatas de la pirámide.

La historia de esta iglesia es muy particular, como la de Cholula en sí, ciudad que se conoce que fue habitada desde épocas muy antiguas para luego ser sometida por los toltecas. Aquí es donde el conquistador español Hernán Cortez, con la excusa de estar desarticulando un próximo ataque contra sus fuerzas y aliados, dirigió la matanza del pueblo de Cholula durante seis días consecutivos, que debastó la población civil aborigen y sus autoridades. La victoria europea quedo plasmada en esta iglesia, que fue levantada en la cima de una montaña con la que se enterró literalmente la pirámide en la que los aborígenes le rendían culto a sus dioses. El mensaje era claro: el Dios europeo es superior al americano.

Esto no es poca cosa, más si tomamos como válidas las palabras de nuestro guía que nos decía que en su base, la pirámide que teníamos enfrente tiene 500 metros de lado, es decir que es incluso más grande que las construcciones de Egipto, pero al estar enterrada por la montaña esto no se aprecia. Esto genera un enorme dilema para los arqueólogos, ya que para estudiar la estructura bajo tierra deben realizar excavaciones que pondrían en peligro la iglesia levantada en la cima, que también tiene un valor histórico importantísimo. Así es que para los estudios se valen de túneles únicamente, construidos con mucho cuidado, convirtiendolos en un trabajo largo, lento y arduo, pero por demás apasionante.

Frente a la Zona Arqueológica se extiende una calle peatonal sobre la cual se levanta la feria de artesanos donde se puede encontrar desde adornos hasta bocadillos típicamente mexicanos. Un poco más allá, llegando ya a la estación del tren, el cartel característico en México con el nombre de la ciudad.

Luego de un breve tiempo libre para recorrer la playa y la feria, seguimos viaje en esta excursión que además nos llevaría a Puebla, y  a conocer varias curiosas iglesias mexicanas. Pero todo eso será cosa de próximos posts.

Te espero aquí mismo para seguir recorriendo los pueblos mágicos mexicanos!

Una breve pasada por Domselaar, partido de San Vicente.

A unos 80 kilómetros de la capital federal, sobre la ruta provincial 210 se encuentra la pequeña localidad de Domselaar, perteneciente al partido de San Vicente, por la que pasamos el día que visitamos Brandsen, cuyo post poder leer haciendo click aquí.

Se trata de un pueblo de poco menos de 2500 habitantes (según el censo 2010) fundado en agosto de 1865 con ocasión de la llegada del ferrocarril. Actualmente la estación Domselaar no funciona, aunque se ha pensado en hacer llegar la línea Roca que actualmente para en la cercana Alejandro Korn, ya que el pueblo ha crecido principalmente con gente que llega desde Buenos Aires buscando la tranquilidad que la gran ciudad no le brinda, pero sin alejarse demasiado tampoco. Así es como con tanta gente trabajando en capital y alrededores tendría sentido reactivar está parada ferroviaria.

Si bien el tren ya no pasa, la estación está bien mantenida. Pequeña y de andén muy angosto, salta a la vista que nunca fue pensada para manejar grandes cantidades de gente.

A unas cuadras de allí se levanta desde el año 1876 la Capilla Santa Clara de Asís, donde supo funcionar la primer escuela rural del pueblo.

La parada en Domselaar tenía dos objetivos puntuales, ninguno de los cuales pudimos cumplir. En primer lugar queríamos conocer y fotografiar el monasterio abandonado, del que habíamos escuchado que era una interesante aventura. Pero de tan abandonado que ha de estar, nunca lo encontramos. Varios autos iban y venían por el camino de tierra fijando la vista en la vegetación espesa del otro lado de las vías, pero imposible divisar siquiera algún techo de la construcción. Un grupo de intrépidos estacionaron el auto y caminaron vías abajo para terminar perdiéndose entre los matorrales, decididos evidentemente en llegar hasta las últimas consecuencias, pero nuestro espíritu aventurero no llegaba a tanto.

El otro punto a visitar era el Castillo Guerrero, por demás interesante debido a la historia de la asesinada Felicitas y su fantasma, pero estaba cerrado por refacciones, así que también quedó pendiente.

Habrá que volver a Domselaar entonces, y cuando así suceda, aquí se publicará el post!

El extraordinario Aeropuerto Schiphol Amsterdam y su avión en el techo.

En general un aeropuerto es un lugar de tránsito rápido: uno va, chequea, hace migraciones y luego ya está listo para abordar el avión y comenzar el tan ansiado viaje. Sin embargo cada vez es más frecuente que se utilice los aeropuertos como hubs para hacer conexiones y así conseguir un mejor precio en el pasaje aéreo, tendencia alentada por las líneas aéreas que buscan optimizar la ocupación de sus vuelos de esta forma. En este contexto, el tiempo que un pasajero pasa en un aeropuerto puede ser verdaderamente largo, y ahí es cuando uno empieza a prestar atención y valorar las comodidades que cada uno ofrece.

Durante mi regreso de Europa con KLM la escala fue obviamente el aeropuerto de Schiphol, en Amsterdam, donde debía esperar casi 12 horas para tomar el vuelo hasta Buenos Aires. La espera era diurna así que por supuesto aproveché a salir y conocer la ciudad como se podrá ver en un próximo post, pero también tuve tiempo de recorrer el aeropuerto y notar lo bien pensando que está para que tanto grandes como chicos pasen un buen momento, especialmente aquellos que sean fanáticos de los aviones como yo.

Con vista a la plataforma y a las pistas, la terraza panorámica se lleva todos los premios. Allí uno puede pasare horas contemplando el movimiento constante de las aeronaves por el aeropuerto, y por supuesto es un spotter point por excelencia, incluso promocionado por las autoridades aeroportuarias, así que en todo momento se pueden encontrar spotters apuntando sus teleobjetivos hacia la pista.

Obviamente no perdí la oportunidad de desenfundar la mía y retratar aviones con colores poco vistos por estas latitudes, así que en breve habrá post con las fotos tomadas.

Pero hay algo que llama la atención incluso antes de acceder a la terraza. Allí mismo, sobre el techo, un verdadero Fokker 100 de KLM está dispuesto a manera de museo. El acceso es gratis y se realiza a través de una escalerilla, tal como pasa en plataforma cuando uno está abordando.

En el interior el espacio está libre para permitir una circulación cómoda, salvo por las últimas dos hileras de butacas donde uno puede apreciar cómo era la disposición de los asientos en este viejo avión, e incluso, sentarse en ellos. La cartelería da detalles sobre el avión y cuenta con una línea del tiempo, pero poco y nada pude entender ya que está todo en holandés. La ventana vidriada en el piso es una particularidad que permite observar cómo era la bodega del Fokker 100 donde viajaban el equipaje y, eventualmente, la carga.

Si bien la página oficial del aeropuerto indica que uno puede sentarse en el asiento del piloto y escuchar las comunicaciones con la torre de control, cuando lo visitamos nosotros el cockpit estaba separado por una mampara transparente. Una pena no haber podido acceder al mismo, pero ya el contemplar los controles de mando, aunque sea desde atrás de un plástico, es algo emocionante.

A Schiphol lo podemos declarar aeropuerto #avgeek sin temor, porque incluso dentro de la terminal el área de juegos para los más chiquitos remite, por supuesto, a los aviones. En ese caso a un KLM saliendo de un banco de nubes.

Un aeropuerto ideal para los enfermitos de los aviones como uno, no importa la edad.

Moderno alojamiento en San Juan: El Hotel Albertina.

Cuando volvimos a la ciudad de San Juan después de nuestra recorrida por el interior de la provincia e incluso por La Rioja, llegamos sin reserva alguna. Luego de una rápida búsqueda encontramos un par de opciones donde dormir, a la espera de tomar el vuelo de regreso al día siguiente, y así llegamos al Hotel Albertina, de excelente ubicación frente a la Plaza 25 de Mayo.

Quienes viajen en auto encontrarán la gran desventaja de que el hotel no cuenta con estacionamiento propio, pero justo al lado hay uno chiquito que funciona las 24 horas y a precio accesible.

El Albertina es un hotel de estilo moderno, y algo de eso hace ya sospechar su ingreso, ya que el lobby está ubicado en el subsuelo y se accede al mismo por una escalera. Ir por allí cargado con valijas es realmente incómodo, nada bueno para un hotel, pero el Albertina lo soluciona de forma simple: al lado de la entrada principal hay una puerta por la que accedés a un pasillo a nivel de planta baja, y allí tenés acceso al ascensor que te lleva a las habitaciones. De esta forma uno sube las valijas sin pasar por la escalera.

La habitación es correcta y cuenta con una cama ENORME. La más grande que ví en mi vida. Los detalles modernos se encuentran principalmente en el baño, especialmente en el lavatorio y en la puerta de acceso, que es de vidrio opaco y aunque no cuenta con traba, cierra bien.

Va aquí mi crítica más fuerte para el Albertina: un solo juego de toallas en una habitación para dos personas es un “no rotundo”; y en cuento a los jabones, solamente uno en el lavatorio. Para bañarte arreglate por tu cuenta. Pequeños detalles que hacen al servicio. Si bien la limpieza del hotel es excelente y en parte compensa, son cuestiones que deberían tener más presentes ya que realmente no cuesta nada y mejora mucho la calidad de la estadía.

Y si hablamos de críticas no podemos dejar de mencionar el wifi, que es malo, pero esto no es propio del hotel: como ya comenté, en toda la provincia de San Juan no encontré un solo wifi que funcionara como la gente.

El desayuno, que se sirve de 7 a 10 hs en el salón del subsuelo es de los mejores que he probado. Completísimo, incluye pan, budines, pastra frolla, diferentes clases de factura y lo que se te ocurra para untar, acompañado de jugos de varios sabores, té, café o mate cocido. Completan la oferta fiambres y cereales. El detalle: las mesas no están puestas, sino que hay un mueble a un costado donde se encuentra toda la vajilla que la primera vez puede resultar algo difícil de ubicar.

El staff del Albertina fue muy cordial. Atentos a todo lo que necesitás, te hacen sentir como en casa.

Así fue nuestro paso por el correcto Hotel Albertina; una buena alternativa en pleno centro de San Juan.