Archivos Mensuales: julio 2021

Las Dunas de Randolfo, en Catamarca.

La Ruta Provincial 43 une Puerta de Corral Quemado, en las cercanías de Belén, con Antofagasta de la Sierra, un alejado pueblo catamarqueño enclavado en medio de la puna. A ese camino ya hice referencia en este otro post al que accedés haciendo click acá, pero hoy me quiero centrar en una de las partes más impresionantes del recorrido.

A mitad de camino se encuentra la Cuesta de Randolfo, un tramo de la ruta que se caracteriza por su impresionante paisaje donde prevalecen, una detrás de otra, enormes dunas que cubren la mayor parte de las laderas circundantes.

Antiguamente el camino de montaña se caracterizaba por pronunciados y constantes zigzags que iban cortando las montañas. Era muy peligroso y se producían constantes derrumbes que hacían que los lugareños tomaran atajos a campo traviesa. El trazado actual ya no pasa por la cuesta en sí y tiene pendientes mucho más suaves, aunque sigue siendo un espectáculo magnífico para los ojos.

En aquella desolada zona el viento corre con fuerza y mueve la arena de un sitio a otro, provocando la mudanza de los enormes médanos que nunca presentan entonces la misma forma. En ocasiones, incluso, la arena cubre la ruta y la hace desaparecer.

El punto más alto está marcado por una ermita a la Difunta Correa, justo donde está la última curva antes de alejarse definitivamente de la zona de médanos. Allí se llega a los 3200 m.s.n.m. y unos cuantos metros más allá se ubica el desvío hacia el camino viejo, que hoy se encuentra cerrado.

Las vistas son maravillosas. En lugares como este, las palabras sobran. Por eso les dejo a continuación una serie de fotos para que puedan darse una mejor idea de lo que es.

Los paisajes increíbles y la majestuosidad de la naturaleza predominan allí donde se mire, pero si se presta atención, también en estos parajes alejados hay lugar para la protesta social.

Vale la pena hacer un alto en este punto para disfrutar de las vistas, para lo cual van a necesitar lentes de sol. Los que se animen pueden subir lentamente la duna para luego dejarse deslizar hacia abajo sobre la arena. Eso sí, lentamente, porque la altura de la puna se hace sentir y resulta fácil quedarse sin aire.

Luego sí, una vez tomadas las fotos de rigor para inmortalizar el momento (y el lugar) llegará el momento de volver a subir al auto y seguir viaje.

Visita al Museo del Automóvil de Salta.

En la villa veraniega de San Lorenzo, al noroeste de la ciudad de Salta, hay un complejo de cabañas que esconde algo que encantará a todos los amantes de los fierros. Allí, al fondo del parque, se levanta un salón donde Daniel, dueño del lugar, expone los autos de su colección personal de forma gratuita, para que todo aquél que quiera visitarlo y admirar esas inmaculadas piezas pueda hacerlo sin inconvenientes.

El museo tiene su origen en la pasión de Daniel por los autos antiguos, y el puntapié inicial fue un Valiant V200 que se encontró de casualidad estacionado con una lata arriba del techo. Lo compró y lo restauró, y ese fue el primero de muchos otros. Al ir sumando piezas a su colección personal, Daniel cayó en la cuenta de que los tenía ahí, para él solo, y eso no tenía mucho sentido, por lo que emprendió el proyecto del museo como forma de compartir con el público los resultados de tanta dedicación y trabajo de restauración.

La pieza más curiosa sin dudas es el triciclo que se supone data de fines del 1800, que se trajo desde Entre Ríos y se restauró “imaginando” cómo había sido en su época. Si bien no es una máquina original, sirve como introducción a la historia del automóvil y es un punto ideal para comenzar la recorrida por la exposición. A su lado, el imprescindible Ford T, que por supuesto no podía faltar si de la historia de los autos hablamos.

Pero sin desmerecer los orígenes de los vehículos automotores, la gran figura de la exposición es, sin lugar a dudas y en palabras de Daniel, el Studebaker Presidente de 1924.

La colección no se compone solamente de autos originales, sino que también hay varios hot roads, es decir vehículos antiguos que han sido restaurados sin ser fieles a cómo el modelo salió de fábrica, sino que se los ha personalizado, agregándoles algunos detalles de estética, comodidad o incluso modernizándolos. Un Dodge del año 1931 es un fiel exponente de esto, con unos tapizados verdes que sería un verdadero pecado manchar.

Pero el que es impactante, con esa trompa tan robusta y su enorme motor, además de su señorial color blanco, es el Buick Roadmaster, un auto que parece salido de una película de Hollywood.

La muestra es rematada por una réplica de un viejo taller mecánico, donde se exhiben diferentes herramientas.

Y al lado del taller, un barcito, como para tomarse algo mientras esperamos que el mecánico nos ponga la máquina a punto.

El Museo del Automóvil de Salta está ubicado dentro del predio de las Cabañas San Lorenzo, en la Avenida San Martín 2591, y para saber más podés visitar su web haciendo click aquí.

A solo algunos minutos en auto de la capital provincial, se trata de una excelente opción para quienes pasen por San Lorenzo, o bien para todos los entusiastas de los autos que quieran acercarse a apreciar estas bellezas de antaño.