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Caminata hasta el Chorro San Ignacio, en Merlo, San Luis.

Una de las excursiones que se pueden hacer cuando uno pasa unos días en la Villa de Merlo, San Luis, es la caminata hasta el Chorro San Ignacio, una pequeña pero pintoresca cascada que cae desde unos 25 metros de altura en medio de las Sierras de los Comechingones.

Para llegar habrá que trasladarse hasta la localidad de Villa Larca, hacia el sur de Merlo por la Ruta Provincial 1, ubicada a unos 20 kilómetros de Los Molles donde nosotros estábamos alojados. El acceso está señalizado sobre la ruta y está asfaltado y en perfecto estado. La frondosa arboleda a los costados y las sierras allá al fondo casi que obligan a frenar en la banquina para sacar una muy linda foto.

El camino desemboca en el camping que por lo que pudimos apreciar cuenta con muy lindas instalaciones. Hay despensa y pileta, además de zonas de recreo con parrillas. Para acceder se cobra entrada, que al momento de nuestra visita en marzo 2019 era de $40 por persona y por auto, es decir que dos personas en un vehículo pagamos un total de $120. Inflación argentina mediante, estos números sirven sólo como referencia, ya que de seguro para la temporada que viene ya habrán quedado viejos.

El trekking en sí es de muy baja dificultad, apto (e incluso ideal) para hacerlo con niños, aún cuando en varios lados haya que cruzar el arroyo pisando sobre las piedras (o seguramente directamente metiendo los pies en el agua cuando hay más caudal). Si bien no hay mucha señalización que digamos, el camino presenta una única bifurcación donde habrá que elegir, con lo cual no podemos perdernos.

Si se sigue de largo, luego de recorrer unos metros más se llegará hasta el Chorro de San Ignacio. Allí el espacio es bastante amplio y permite sentarse en las rocas, disfrutar de la escasa arena que hay o bien, meterse en el agua que, por supuesto, está helada.

Si en cambio en aquella bifurcación caracterizada por una especie de pasamanos fabricado con un tronco, se decide trepar hacia arriba, el camino crecerá apenas en dificultad y luego de unos minutos de recorrerlo siguiendo de cerca el cauce de agua nos llevará hasta la Laguna Milagrosa, que es una olla de agua donde cae un pequeño salto, mucho menos alto que el Chorro.

En la laguna también hay lugar para sentarse en las piedras, y si llegaste hasta allí no podés dejar de refrescarte con el agua fresca. Es un punto ideal para llevarte una vianda y almorzar unos sandwichitos, o sentarte un rato a tomar unos mates y disfrutar de la naturaleza.

El camino sigue ascendiendo y ahora la subida se hace un poco más intensa, en dirección a la Cueva del Indio, que es una roca donde se supone que tiempo atrás encontraron restos de un aborigen de la zona. A falta de señalización formal suponemos que la roca de la foto, identificada con la bandera de los pueblos originarios y una cruz envuelta en trapos, es la famosa cueva.

Lo que sí vale la pena de aquél último ascenso son los paisajes, porque en lo alto de la sierra se tienen unas espectaculares vistas panorámicas. El sendero sigue, y no ha de extrañar que te cruces con algún jinete a caballo transitándolo, pero sin más idea de hacia dónde nos llevaba, y satisfechos con haber encontrado los tres puntos de interés, desde ahí emprendimos el regreso desandando el camino.

Caminata por el Cañón Arco Iris hasta la Ciudad Perdida, en Talampaya.

El Parque Nacional Talampaya es enorme y existen varias opciones para conocerlo, aunque sea por partes. Si bien el zafari en camión 4×4 por el Cañón del Talampaya sea quizá la excursión más conocida del parque (link al post), el trekking por el Cañón Arco Iris fue la que más nos gustó, tanto por los increíbles paisajes que visitamos, como por la sensación de autóctono y su simpleza.

Se trata de una excursión combinada en la que se realiza una caminata de aproximadamente 2 horas de duración, que finaliza en la fabulosa Ciudad Perdida, un paisaje digno de ser visitado. Para hacer esta excursión es necesario contratar guías que conocen el terreno y evitarán que uno se pierda en el enorme parque, y que en abril de 2017 tenía un costo de $250 más la entrada al parque, que si ya la abonaste para alguna otra excursión sigue siendo válida.

Una vez realizados los trámites en el puesto ubicado sobre la ruta 76 cerca de la entrada al parque cuando uno viene desde Villa San Agustín, los visitantes abordan la camioneta que se internará en la inmensidad a campo traviesa, por lo que largos siglos atrás fuera un enorme lago. Así se llega al lecho de un río seco (que sólo tiene agua cuando llueve, pocas veces al año, momentos en los que la excursión queda suspendida) y devenido en camino para las camionetas de la cooperativa.

Durante el trayecto motorizado ya se podrán contemplar las paredes de piedra elevadas en ángulos casi rectos, producto del movimiento de placas tectónicas que serán una constante durante toda la excursión.

Al llegar al Cañón propiamente dicho, la camioneta estaciona y comienza la caminata, internándonos en las formaciones rocosas donde se pueden ver estratos tanto horizontales como verticales en ángulos de 45°. A medida que se avanza hacia el interior del cañon, uno retrocede en el tiempo, caminando por estructuras que tienen millones de años y que en esta zona del planeta han quedado al descubierto por acción de algún terremoto o suceso parecido que las ha desenterrado en algún momento de la historia.

Los diversos colores que se aprecian hacen que el paseo sea muy vistoso y entretenido, y dan nombre por supuesto al cañon. En general, los colores, que van desde rojos fuertes q hasta tonos verdes e incluso algún blanco, delatan la antigüedad de cada estrato.

La caminata llega a su fin cuando se divisan las enormes formaciones rocosas que simulan un conjunto de altos edificios que parecieran estar abandonados y percudidos por el paso de los años. Se trata de la Ciudad Perdida, el punto de destino de la excursión y el paisaje más impresionante que vi en el Parque Talampaya.

Si el grupo tiene ganas de seguir caminando, el guía podrá proponer internarse en las formaciones y recorrer sus laberintos, aunque por supuesto tendrá que conocerlos realmente porque sino será muy factible perderse. Caminar por dentro de aquellas paredes de colores rojizos dará al visitante una visión diferente del lugar, además de imprimirle un poco de aventura al paseo, al explorar esos recovecos fabricados por las aguas del río cuando corren con fuerza y cambian el paisaje año a año.

Luego habrá que volver hasta la camioneta, en una caminata relajada aunque más rápida, ya que se regresa exactamente por el mismo camino. Como las salidas desde el puesto son bien temprano hay que ir abrigado, pero luego en el cañón el calor comienza a hacerse sentir. Las cosas que sobren podrán quedar en la camioneta, o bien, si uno no está seguro, pueden ir quedando en el camino, para ser recogidas luego a la vuelta. Como en todo trekking será fundamental llevar agua para hidratarse, gorro para el sol y cámara de fotos con la tarjeta vacía.

En mi opinión, la cara más linda del Parque Nacional Talampaya. Si van a visitarlo, más que recomendado hacer este paseo, salvo que vayan con chicos que puedan aburrirse o no aguantar tanto caminar bajo el sol. Como sobran las fotos y no puedo incluirlas todas en un sólo post, en breve saldrá publicada la galería de fotos. Si les gusta el Arco Iris, los invito a verla!

Caminata en el Cerro Aconcagua.

Cuando uno visita la ciudad de Mendoza tiene muchas actividades para hacer, pero hay una que es LA imperdible. Por supuesto, estoy hablando de conocer el Cerro Aconcagua, el más alto del continente americano con sus 6962 m.s.n.m., y el segundo pico del mundo, luego del Monte Everest.

El Parque Provincial Aconcagua, donde se encuentra la montaña que le da nombre, es un área natural protegida a la cual se accede pagando una entrada, dependiendo de la actividad que uno quiera realizar. La más común y apta para todo público es la caminata de la Laguna de Horcones, que se realiza en poco tiempo y sin ninguna dificultad. Para ello la entrada a abonar será de ARS 20 por persona.

En cambio, si uno pretende hacer un trekking más intenso, o incluso llegar a la cima del monte, habrá que pagar el permiso de trekking correspondiente y registrarse. En nuestro caso nos decidimos por hacer la caminata hasta Confluencia, que se realiza en el día sin tener que acampar. El valor actual de esta es de ARS 100 para argentinos, y ARS 300 para extranjeros, y el permiso se adquiere directamente en el Centro de Visitantes que se encuenta a la entrada del parque. Será obligatorio llevar agua (mínimos dos litros por persona, si mal no recuerdo); de lo contrario no se otorgará el permiso. Algo a tener en cuenta es que en el Parque no hay dónde comprar, por lo que hay que llevar la bebida (y comida) adquirida afuera.

En cambio si lo que se quiere hacer son los trekking de tres o siete días, o el ascenso a la cumbre, ya habrá que registrarse en la web del Parque Provincial Aconcagua y abonar los permisos correspondientes, cuyos valores e información actulizada se pueden encontrar en esa web también.

El Parque se encuentra sobre la RN7, camino hacia el cruce fronterizo con Chile, por lo que para llegar será necesario ir en auto, o bien tomar el colectivo de la empresa Buttini. Los horarios de los colectivos se pueden encontrar en la web del parque, pero algo a tener en cuenta para quienes vayan a viajar de esta forma es que el traslado desde la terminal de Mendoza hasta el Parque Aconcagua es de aproximadamente 4 horas. Sin embargo, ojo los que vayan con idea de hacer el trekking de un día, porque el colectivo va parando en el camino, y a mi en particular me pasó que de tanto subir y bajar gente el viaje tardó una hora y media más de lo planeado, lo que resultó ser un problema porque, para evitar la zona de la terminal entrada la noche, el ticket de vuelta lo había comprado para el anteúltimo micro. En definitiva, el tiempo para la caminata me quedó corto y no pude llegar a Confluencia como tenía previsto. Así que mi recomendación es tomar el primer micro de ida, y sacar el regreso para el último (aunque este no para el la puerta del parque, sino que hay que caminar unos kilómetros hasta Puente del Inca).

Si las caminatas por la montaña no son lo tuyo, el viaje hasta el Aconcagua bien vale la pena igual, ya que los paisajes son maravillosos y el cerro en sí, imponente. Siempre puede optarse por admirarlo desde afuera, sin entrar al parque, como hacen las excursiones de Alta Montaña que tienen una parada obligada allí, pero si estás con tiempo y podés, la verdad entrar y caminar un poco aunque sea hasta la Laguna de Horcones es un lindo paseo, y no cuesta prácticamente nada.

Trekking en Ushuaia: Ascenso al Glaciar Martial.

Cuando uno busca caminatas para realizar en la ciudad más austral del mundo el Glaciar Martial no puede faltar entre las opciones a revisar. Ubicado en las afueras de Ushuaia, con unos 1050 metros de altura sobre el nivel del mar, desde su mirador se puede apreciar una vista privilegiada del Beagle y de la ciudad.

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Si bien hasta este lugar se puede llegar en auto o taxi, tomando la calle Aldo Motter hacia la parte alta de la ciudad, que luego pasa a convertirse en Luis Fernando Martial, una buena opción si se tienen ganas y estado físico aceptable, será la de llegar caminando atravesando el bosque.

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Se trata de una muy linda caminata por entre la vegetación patagónica, casi tomando un atajo ya que se va cortando transversalmente la calle Martial que va ascendiendo haciendo curvas y contracurvas, por lo tanto se camina mucho menos que yendo por el asfalto. Eso sí, es un tramo cansador porque uno va en constante ascenso.

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Finalmente se llegará hasta la aerosilla, que no es ni más ni menos que el principio. Allí se tiene la opción de hacer el ascenso a pie, o pagar el ticket para subir en la aerosilla, alternativa que, por supuesto, luego de la caminata por el bosque, fue la que tomamos nosotros. La vista de la ciudad desde la estación de llegada es espectacular y te va dando una idea de lo que será verla desde el glaciar. Incluso con un poco de zoom se ven los techos azules  del aeropuerto Malvinas Argentinas y su pista casi sobre las aguas del Beagle.

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Una vez que te relajaste con la impresionante vista del paisaje y descansaste lo suficiente, será hora de volver a mirar hacia adelante, porque el sendero te espera. Allí hay varias opciones, como ser el sendero “del bosque”, cada uno bien señalizado e indicando la dificultad. Pero por supuesto, nosotros vinimos para recorrer el sendero “Del Glaciar”. Ahora sí, a atarse bien las botas de trekking, porque elegimos el más difícil.

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El primer tramo realmente te da mucha confianza. Es sencillo, caminando en terreno llano y disfrutando del paisaje que, aún en pleno verano, presenta mucho hielo.

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Pero luego lo simple se termina y la subida se empieza a poner difícil. El ritmo se desacelera, y si la condición física no es óptima seguramente haya que hacer algunas paradas intermedias para tomar algo de aire. Se pone difícil, pero en ningún modo imposible, así que es cuestión de no bajar los brazos, tomar aire cada vez que se necesite, y seguir subiendo, intentando mantener un ritmo lo más constante posible para no enfriarse en plena subida.

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Pasado el tramo complicado se llegará a un punto con menor pendiente, pero más peligroso, ya que aún en verano hay que caminar por encima de la nieve. Hay que tener mucho cuidado con dónde uno pisa, ya que puede haber grietas en el hielo que son un verdadero peligro, y además, caminar a través de la nieve que a su vez está en pendiente se hace difícil porque es fácil resbalar. Ese tramo es más descansado, pero hay que hacerlo con pie de plomo y prestando mucha atención, incluso cuando se va avanzando sobre las huellas de alguien que pasó antes.

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El último tramo vuelve a tener una pendiente pronunciada y por tanto, a hacerse duro, pero allí los que te cruzás que ya se vuelven suelen darte ánimo, avisándote que ya casi estás. Un último esfuerzo y llegás al fin del sendero. Hacia un lado el glaciar, una masa compacta de hielo que sigue subiendo por la ladera de la montaña; hacia el otro lado, el vacío y una vista impresionante de la ciudad de Ushuaia.

monolito

Si te gustan la caminata y las vistas panorámicas tenés que visitar el Glaciar Martial cuando estés por Ushuaia. Habrá que revisar el clima y llevar ropa acorde. Fundamental el calzado de trekking, preferentemente impermeable; y abrigo, preferentemente con capucha para mitigar el viento que corre ahí arriba.

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Luego de un rato de disfrutar del paisaje y del logro de haber llegado, podés bajar y hacer alguno de los otros senderos, más tranquilos; o directamente volver a la ciudad a degustar un muy bien merecido chocolate caliente. Total, ya podés decir que llegaste al Martial!

La Vuelta a la Laguna Esmeralda, y la historia del perro que quería almorzar castor.

Luego de unas dos horas de caminata habíamos llegado finalmente a la Laguna Esmeralda, en un trekking cuyos detalles te conté en el post anterior que podés ver haciendo click aquí. Si bien el camino fue fácil, se trató de una caminata larga, por lo que aprovechamos que empezaba a salir el solcito y nos sentamos a la orilla del agua, a contemplarla y a descansar. Pero no fuimos los únicos que nos tomamos un respiro.

Tuvimos compañia…

Al descanso se suma un amigo

Del pichicho ya eramos casi amigos. Nos lo habíamos cruzado por primera vez cerca del puente de troncos, donde nos desviamos un poco del camino para ir a explorar la castorera que había cerca. El susto fue grande cuando el ejemplar de la foto se nos apareció de repente, a toda velocidad hacia nosotros, para esquivarnos ágilmente y desaparecer. Siguó a otro grupo de senderistas, así que pensamos que venía con ellos, pero ya en la laguna nos dimos cuenta que no, no venía con ningún grupo en particular.

Dique Castor

Llegó finalmente el momento de levantarnos y seguir viaje, porque habiendo llegado hasta ahí no ibamos a darnos media vuelta para volvernos tan rápidamente. Encima el día se estaba poniendo lindo, así que tomando nota de que había gente caminando por las márgenes de la laguna, comenzamos a avanzar por la derecha, para explorarla.

Comenzamos a bordear la laguna

Allí el sendero ya no está tan bien demarcado, pero uno puede abrirse paso sin dificultad y deducir por dónde se puede pasar fácilmente. A veces un poco más hacia el agua, otra veces yendo un poco más hacia adentro, se va avanzando. Hasta que se llega a otra castorera (o más bien dicho se llegaba, porque en cuanto el perro se dio cuenta de lo que era, poco quedó de ella).

Buscando al castor

El tipo se puso a escavar frenético, sabiendo que ahí adentro tenía que haber algo; mientras que nosotros nos mirábamos sin saber bien qué hacer. En ese estado no estaba como para andar tratando de calmar un perro que no conocíamos. En iguales condiciones estuvo un grupo que venía en dirección contraria con su guía, con la salvedad de que no nos creyó que el perro no era nuestro, y tuvimos que aguantar un sermón a medias, tirado al aire como para quien lo quiera agarrar, sobre el por qué no hay que traer animales a la laguna. Al margen, el perro se quedó sin asado porque el castor o no estaba, o salió por otro lado, pero flor de susto le pegó cuando empezó a chapotear en el agua atrás de él.

El perro y el castor

Pasado el momento de stress, dejamos a nuestro amigo canino y seguimos la caminata bordeando la laguna, para encontrarnos con unos paisajes que bien podrían ser escena de alguna película del Señor de los Anillos. Mirás alrededor, y en cualquier momento se te aparece un Elfo entre los árboles. Allí hay una segunda laguna, cerca de la primera, cuya agua se ve perfectamente esmeralda, que sumado al silencio que hay allí donde no había nadie más que nosotros, le daba a la situación un clima muy especial.

Haciendo sapito

Seguimos explorando un poco, buscando el camino que nos llevaría al Glaciar Albino, sabiendo que no podíamos ir hasta allí por la hora que era, sino simplemente para recorrerlo un poco, pero no lo ubicamos, y llegado un momento se hacía difícil encontrar camino alguno y terminábamos trepándonos a los árboles para abrirnos paso.

Paisaje de película

Claro, cuando todavía encontrábamos árboles que no hubieran sido devorados por el castor…

Arbol cortado por el castorLlegaba la hora de volver, entonces, pero para eso queríamos ir por la otra margen de la laguna. No había sendero para eso, así que habría que atravesar troncos caídos, charcos de agua y turbales anegados, para lo cual los que no tenían calzado impermeable estuvieron algo complicados, pero igualmente lo lograron.

La laguna a su nivel

El broche final lo dio el arroyo que nace en la laguna, y en cuyo nacimiento forma como una especie de muy pequeñas cascadas que nosotros debíamos cruzar para volver. Un tronco, que a decir verdad se movía bastante, hacia parcialmente de puente, así que hubo que saltar de roca en roca pisando con cuidado, para finalmente subirse al tronco y terminar en tierra firme nuevamente, sanos y salvos.

Follaje soleado

Y ahora sí, merienda mediante, quedaban únicamente las dos horas de regreso hasta la ruta, que ya emprenderíamos con un cielo tremendo cielo despejado. Al llegar al auto, subimos a un muchacho que hacía dedo para ir a la ciudad. En la charla donde nos contaba cómo era vivir en Ushuaia, le comentamos el episodio del perro, al que él mismo pudo describir perfectamente, para nuestra sorpresa: Era el perro de un amigo suyo, que vive ahí junto al accedo de la laguna, y que siempre se escapa y sale de caminata con los turistas. Habíamos cerrado el círculo. Era el fin de la historia.