Archivos Mensuales: enero 2015

Tradición y cobro de peajes en San Antonio de Areco.

San Antonio de Areco es un muy lindo lugar para escaparse de la gran ciudad y meterse en una especie de máquina del tiempo, donde las construcciones son de estilo colonial, el ritmo de vida es mucho más tranquilo, y los peones suelen andar por las calles vestidos de gauchos cuando, al atardecer y finalizar su jornada de trabajo en el campo, sin pasar por casa para cambiarse se acercan a alguno de los bares del pueblo para tomar algo. Ahora bien, será ideal que para visitar Areco te tomes un fin de semana, y si es uno largo de estos que están de moda entre tantos feriados puente quizá sea mejor. No lo digo por la distancia, ya que está a poco más de 110 kilómetros de capital federal, sino porque realmente hay mucho por hacer y conocer.

Las calles de Areco son tan pintorezcas durante el día como por la noche.

Las calles de Areco son tan pintorezcas durante el día como por la noche.

Para llegar desde Buenos Aires hay dos opciones. La primera (y elegida por mi) es tomar Panamericana Ramal Pilar (Ruta Nacional 8), donde es todo autopista excepto el último tramo que tiene asfalto en muy buen estado. A tener en cuenta son las obras que están haciendo en la ruta 8 que fuerzan a desviarse de al autopista. Durante el día significarán una pequeña demora, pero durante la noche entre la escasa señalización, la nula iluminación y el polvo que levantan los vehículos sobre el camino de tierra hacen que transitar por ahí sea un verdadero peligro. La otra alternativa es salir de la ciudad por Acceso Oeste (Ruta Nacional 7) hasta San Andrés de Giles y allí empalmar con la ruta 41, de la cual no tengo datos, por lo que si alguno quiere contribuir bienvenido sea el comentario.

Bessonart

El Boliche de Bessonart es uno de los más tradicionales bares de Areco.

Al ingresar uno se encuentra con un lugar muy pintoresco: edificaciones antiguas de estilo colonial, calles angostas, palenques de madera en la entrada de los bares más antiguos (utilizados en tiempos pasados para amarrar a los caballos), y por sobre todas las cosas un ambiente muy limpio y pulcro, como se puede observar en la plaza Arellano, la principal, que goza de un mantenimiento impecable.

La plaza Arellano, frente a la iglesia, se mantiene por demás prolija.

La plaza Arellano, frente a la iglesia, se mantiene por demás prolija.

La historia de Areco tiene mucho que ver con este nombre, Arellano, y en su origen no difiere en mucho con otras historias típicas de Argentina, e incluso de la Hispanoamérica colonial. Las tierras donde hoy se levanta el pueblo fueron cedidas por el gobierno a José Ruiz de Arellano, no por un proyecto de desarrollo económico que fuera a contribuir al país, sino, como de costumbre, por sus servicios para con la corona española. Mientras que se supone que el nombre de “Areco” surge del río cercano donde un soldado con ese apellido ganó una batalla contra los indígenas, el “San Antonio” llega también de manos de los malones, cuando hartos de los asedios los pobladores deciden ofrecerle una capilla al santo a cambio de que finalizaran las incursiones indígenas. Fue entonces Arellano quién donó la capilla en 1750, además de una importante extensión de tierra para la fundación del pueblo.

Museo Güiraldes

El Museo Güiraldes.

Más de 200 años después, Areco es un lugar digno de ser visitado y recorrido con el tiempo que se merece. Ya te digo: yo fui un sólo día y muchas cosas quedaron pendientes. Ya caminar tranquilamente por sus calles es placentero, pero además hay cantidad de museos para recorrer, entre ellos el del famoso escritor gauchesco Ricardo Güiraldes y el de la Vieja Usina (ambos merecerán posts aparte), se pueden hacer varias visitas guiadas y participar de espectáculos al aire libre, disfrutar de días de campo en alguna de las estancias cercanas, e incluso hasta se puede tomar clases en la escuela de polo. Al respecto de esta última, queda pendiente el correspondiente post, ya que durante el verano cortan las actividades, así que no pudimos conocerla en esta oportunidad.

La Blanqueada

La pulpería La Blanqueada, hoy parte del Museo Güiraldes.

Si el día está lindo se puede aprovechar también para tomar unos mates al atardecer en el recreo, a orillas del río. Los niños lugareños incluso se divierten nadando en el agua a la altura de las compuertas, muy cerca al Puente Viejo, aunque viendo el color del agua, al menos yo, es algo a lo que no me aventuraría.

Desde la pasarela de las compuertas se observa como los niños juegan en el río.

Desde la pasarela de las compuertas se observa como los niños juegan en el río.

El sábado que fuimos el mediodía nos encontró con el sector del Puente Viejo en reparaciones, ya que se había roto un caño importante para el suministro de agua. Por suerte entre los trabajadores municipales nos encontramos con el secretario de obras públicas, a cargo de todo el operativo, quién al vernos con cara de no querer volver por el otro puente bajo el rayo fulminante del sol, nos hizo acompañar por uno de sus muchachos para que cruzáramos el río por sobre las compuertas. Se le agradece infinitamente el favor, y también los datos que nos dio durante la breve pero agradable charla.

La iglesia en honor a San Antonio de Padua dio origen al pueblo.

La iglesia en honor a San Antonio de Padua dio origen al pueblo.

El Puente Viejo fue construido en 1857 cuando se hizo patente la necesidad de contar con un medio propicio para cruzar el río y tuvo una particularidad especial. Las autoridades le encomendaron su construcción a una comisión de vecinos que invirtieron el dinero necesario, a cambio del cual recibieron el derecho de cobrar peaje. Así es que, una vez lista la obra, se instaló una casilla en uno de los lados del puente para alojar al cobrador, que sólo trabajaba de día y por la noche cerraba el paso con cadenas, y el Puente Viejo se convirtió en el primero en cobrar peaje en la República Argentina, o al menos, el primero del que se tiene registro.

Puente Viejo al fondo

Al fondo se observa el Puente Viejo, por mucho tiempo único cruce del río.

Al momento de nuestra visita hacía apenas unas semanas que la inundación causada por las intensas lluvias habían afectado a esta zona. De hecho, la acción del paso del agua era patente en los alrededores del río. Sin embargo, ante la consulta al respecto, el secretario nos indicó que sí, habían estado complicados, pero enseguida recordó la inundación del 2009, esa que devastó gran parte del Museo Güiraldes. En el 2009, nos dijo, el río tapó el puente. Sí, así como lo lees, y así como lo ves en la foto, ese mismo puente desapareció bajo el agua de ese mismo río. Algo que si estás ahí lo pensás increíble, pero que justamente por eso te da una idea de la magnitud de lo que pasó hace seis años atrás.

El movimiento y luces de los autos contrastan con las edificaciones coloniales

El movimiento y luces de los autos contrastan con las edificaciones coloniales

Un dato que al ir a San Antonio de Areco no podés dejar de tener en cuenta es que todos los 10 de noviembre es la sede del Día de la Tradición, fiesta en la que se conmemoran las tradiciones gauchas, fecha elegida por ser el día de nacimiento de José Hernández, autor del célebre Martín Fierro. El por qué de festejarlo en Areco tiene que ver con que aquí vivió Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra, obra que además está ambientada en el mismo pueblo, contando las vicisitudes de los gauchos del lugar.

Contra el cielo

Como se puede ver, se trata de un lugar con mucha historia, muchas cosas para hacer, muchos espacios para visitar y cantidad de anécdotas para contar. Si te interesa en la web www.sanantoniodeareco.com vas a encontrar información muy útil. Igualmente de a poco iremos contando algunas cuestiones más al detalle en diferentes posts. Sólo tenés que ser paciente, como este muchacho de aquí arriba.

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Una tarde de diciembre en Aeroparque.

Hace unas semanas atrás nos juntamos un grupito de fanáticos en la cabecera 31 del Aeroparque Jorge Newbery a retratar una de las cosas que más nos gustan: aviones. De ese encuentro surgieron montones de imágenes para ir compartiendo con todos ustedes. Aquí, algunas de ellas como preámbulo.

Comenzamos con los que están en tierra, por ejemplo este Aerolíneas recién llegado en primer plano.

Pilotos detras reflejo

O como el Tango 03 que descansaba tranquilo a un costado.

T-03 en AEP

Aunque quizá, los más interesantes sean los que están prontos a partir, encarando las calles de rodaje para posicionarse en cabecera.

De culo

Y digo que son los más interesantes porque en momentos más te regalarán vistas como éstas, donde se los aprecia suspendidos en el aire como si el tiempo se hubiera detenido, en pleno proceso de despegue.

B-737 a pleno motor AR LV-CBT despegando AR E-190 LV-CPJ en el aire A320 LV-BTM despegando

Para finalmente guardar el tren de aterrizaje y virar, en busca de la ruta asignada hacia el destino elegido.

AR LV-CBT tren adentro A320 LV-BGI guardando el tren

LV-BTM subiendo el trenLV-CIH virandoLV-CIH alejandose

Así se pasó esa tarde entre gente amiga. De a poco iremos compartiendo el material obtenido entre charla y mates, disparo a disparo.

Hasta los colectivos encuentran la tranquilidad en Villa Ruiz.

Hace más de cien años atrás, don Lorenzo Ruiz donó las tierras necesarias para el establecimiento de una estación del Tranway Rural, tren que en aquella época corría tirado por caballos, que quedaría inaugurada a unos 80 kilómetros de Buenos Aires en mayo de 1889, siendo esto también el puntapié inicial para el desarrollo del pueblo que llevaría su nombre.

Estacion

El andén de la estación de Villa Ruiz en pleno atardecer.

Hoy en día Villa Ruiz es un tranquilísimo poblado rural al que ya no llega el tren, como a tantos otros lugares de nuestro país. Sin embargo, la estación sigue allí, en pie, y lista para recibir a los turistas y vecinos que se acerquen a tomar unos mates o a aprovechar su arquitectura para una rápida sesión de fotos.

Plaza

La plaza es amplia y simple. Detrás se divisa la iglesia.

Se trata de un pueblo pequeño a escasos kilómetros de Carlos Keen, al que se puede acceder recorriendo la ruta que parte desde este pueblo gastronómico y que en algún momento del pasado fuera el Camino Real al Alto Perú. En un punto la ruta se termina y sólo queda la vía, y más allá de ella, un camino de tierra. Esa es la señal para saber que llegaste a Ruiz.

Fin del mundo

Cuando la ruta desde Carlos Keen se termina, es porque llegaste a Villa Ruiz.

Es ideal para ir a “colgar” una tarde luego del almuerzo y bajar un par de cambios al margen del resto del mundo. Y está a apenas una hora de Buenos Aires, y escasos minutos desde Keen. Frente a la estación se encuentra el Club Social y Deportivo, que cuando pasamos estaba en plena actividad de artes marciales, pero aún así, te podés encontrar con las chicas del pueblo aprovechando la tarde para hacer un poco de ejercicio al aire libre, caminando al rededor del predio de la estación, entre paso a nivel y paso a nivel.

Interseccion

La arquitectura del pueblo es de otra época.

La arquitectura con ladrillo a la vista te remonta a otras épocas, y la tranquilidad que se respira por las calles de este pueblo tan cercano parecen incluso transportarte a otro mundo, uno en el que tenés el extraño derecho a tomarte una pausa, reflexionar, o bien, simplemente disfrutar el momento. Uno de esos lugares donde el futuro pareciera no importar, donde se respira sólo presente, aunque con un poco de olor a pasado.

Calles de Ruiz

Las calles de tierra del pueblo transmiten tranquilidad.

Esa misma sensación te la da ver los caballos caminando serenamente por las vías por las que en algún momento pasó el ferrocarril; y la maquinaria agrícola descansando a la vera, aprovechando ella también el sol de un fin de semana primaveral.

Caballos en la vía

Como en el 1800, las vías son transitadas por los caballos.

Casas detras de las maquinas

Máquinas campestres delante de las construcciones del siglo pasado.

Adentrándote en las calles del pueblo se llega a la plaza principal, frente a la que se alza la iglesia, que es bastante moderna según se puede apreciar, y con justa razón, ya que fue construida en la década del 60. Caminando un poco más allá, el alambrado demarca el comienzo de los campos sembrados y la frontera del caserío.

Iglesia

La capilla data de 1963 y contrasta con las construcciones de principios de siglo.

Ahora bien, si la tranquilidad y la arquitectura del siglo XIX no te son suficientes, si querés una rareza, algo diferente que te emocione como a un chico, te comento que en Villa Ruiz también vas a encontrar algo de eso. Tendrás que estar muy atento para descubrirlo porque es en la punta por donde entraste al pueblo, hacia el otro lado de la ruta, donde a la vera de la vía se amontonan los fierros viejos.

Cementerio Buses 2

Al otro lado de Villa Ruiz se encuentra el cementerio de colectivos.

La línea 57 tiene varios ramales, uno de ellos une Palermo con Luján por Acceso Oeste, y es justamente en Villa Ruiz donde tiene su cementerio de colectivos. Decenas de viejos bondis (como les llamamos a los buses en Buenos Aires) se apiñan uno al lado del otro y te atraen como si tuvieran un imán.

Cementerio Buses

Los ex línea 57 retozan al sol sin ninguna otra cosa que hacer.

Asientos con tapizados rotos, motores con telarañas y años de no encenderse, y chapas desgastadas con viejas publicidades, (algunas vigentes aún hoy, otras ya caducas) se mezclan con los pastos que crecen sin control alguno, y bajo la escudriñadora mirada del caballo que pasta al lado y hace las veces de celoso y malhumorado guardia cuando alguien ajeno empieza a meterse cámara en mano entre los colectivos.

Rotary Bus

El distrito 4855 de Rotary Club buscaba nuevos socios a través de la línea 57.

Ahora sí, cubierta la cuota de turismo aventura en las llanuras pampeanas de Villa Ruiz, podemos encarar la ruta de vuelta antes de que caiga la noche, remontándola desde el kilómetro 17 hacia un nuevo destino del que surgirá un nuevo post.

Km17

Los veo en el próximo pueblo que se cruce en nuestro camino.

Almuerzo en La Nueva Manukita, en Carlos Keen.

En septiembre pasado tuvimos festejos de cumpleaños familiares y para hacer algo distinto organizamos un almuerzo en Carlos Keen, localidad especializada en el tema como podés leer en este post. El dilema, lógicamente, era decidir a dónde ir en particular, cuestión nada fácil sobre la que armé este otro post con algunos consejos.

Portada Carlos Keen

Después de algunas averiguaciones nos jugamos por La Nueva Manuquita, una casa de campo reconvertida en restaurant. La reserva ya estaba hecha con anticipación pero el día del evento amaneció lloviendo y con el agua entró la duda. Sin embargo, luego de un par de idas y vueltas, y comunicación telefónica mediante para chequear el estado de los accesos al lugar y reconfirmar la reserva, decidimos salir a la ruta igual. Y a la luz de los resultados debo decir que fue una jugada ganadora, no sólo porque después salíó el sol y pudimos disfrutar del día al aire libre, sino porque además se comió muy bien.

La Manuquita Salon

En ese momento el precio era de $170 por persona si mal no recuerdo, y lo más importante es que todo lo que nos informaron por teléfono se cumplió en los hechos. Hoy, según la web del local, el precio ascendió a $200 por persona, con excepción de los chicos que desde los 5 hasta los 11 años pagan $90.

Arbol

El menú es muy rico y completo. Arranca con una entrada de fiambres variados y una empanada casera por persona. Es una buena entrada pero que te deja seguir comiendo luego cuando llega el plato principal. Este consta de dos opciones, ambas libres, es decir que repetís todas las veces que quieras (o que puedas). Las alternativas son pastas caseras, o una parrillada bien surtida que incluye algo de achuras, vacío, asado e incluso cerdo. Además, incluido en el precio tenés el postre. Yo opté por el clásico postre de vigilante (queso y dulce, en mi caso de batata) que estuvo compuesto por dos gruesas fetas de cada uno, algo difícil de terminar después de todo lo que se había comido. Para tomar el menú incluye una gaseosa de 1,25 litros cada dos personas, y si querés optar por alguno de los vinos de la carta (que tiene precios razonables), eso se paga aparte.

Pájaro

Para comer está el salón interior donde antes estaba seguramente el comedor de la antigua casa, o sino cuenta también con una galería cerrada. Claro que cuando el día está lindo y febo brilla en el cielo, lo ideal es sacar las mesas afuera y comer al aire libre a la sombra de alguno de los árboles.

Maquinaria Agrícola

El lugar tiene mucho verde y más allá de los ruidos de los comensales, si te alejás un poco el silencio se disfruta. Ideal para bajar un cambio, caminar tranquilo por el césped y oxigenar las ideas, siempre teniendo cuidado de esquivar las flores rojas que tanto atraen a las abejas. Habría que ver si en plena temporada, con el lugar lleno de gente, este efecto de “cuelgue” también se da.

Abeja

En realidad lo dudo, porque como tiene pileta y en verano la habilitan para los visitantes, me imagino que los gritos de los chicos disfrutando el agua deben cambiar el ambiente tan tranquilo del lugar. Pero bueno, si hace calor, no vamos a quejarnos por tener una pileta a disposición, ¿no? Y sino, los nenes también pueden darse una vueltita a caballo.

Paseos en caballo

El otro agregado del lugar es el mate con las tortas fritas que prepara la dueña, ideal para ir tempranito y desayunar allá respirando olor a campo. Nosotros como salimos tan tarde no llegamos para esa experiencia, pero la señora se copó y nos preparó unas tortas fritas espectaculares para la merienda.

Verde en La Manuquita

La atención fue muy buena durante todo el día, que incluso se alargó con los mates y nadie hizo ningún problema. El inconveniente estuvo después, en la ruta de vuelta, que un domingo a la tardecita ya empieza a estar bastante cargada, por lo que mantener el relax conseguido en el campo se vuelve todo un desafío. Paciencia, y a jugar con el embrague, que la gran ciudad es así.

Disculpen, pero yo no soy Charlie.

Hace algunos meses atrás, cuando mudé el blog de plataforma creé esta sección de “blog de autor” para poder escribir sobre cuestiones fuera de la temática principal. En resumidas cuentas, para poder contarles lo que yo quiera, porque de lo contrario, ¿para qué serviría tener un blog si no voy a hablar de todo lo que quiero? Imposible saber la frecuencia con que publicaré en esta sección, pues no se cuándo sucederá algo que me mueva a escribir líneas como estas,pero el miércoles pasado fue uno de esos días en que las ideas se me agolpan en la cabeza en forma desordenada y siento una revolución interna que casi en una explosión me obliga a decir algo.

A estas alturas los muy lamentables sucesos que tuvieron lugar en París son bien conocidos. Para cuando publique este post, ya mucho se habrá hablado y escrito sobre el tema, por lo que me pregunto, por mucha necesidad que haya sentido, ¿vale la pena escribir ahora? Lo pienso apenas y me respondo que sí, porque repensar los hechos y analizar el pasado es la única forma de entender el presente, y así, poder proyectar un mejor futuro. Entonces la reflexión sobre lo sucedido en la redacción de la revista Charlie Hebdo el miércoles es importante para entender las tomas de rehenes de hoy, y es imprescindible para evitar que hechos como estos vuelvan a suceder en el futuro.

El atentado a la revista en el que murieron 12 personas, como cualquier otro atentado, es un hecho aberrante que provoca el más profundo rechazo y que debe ser castigado. Como argentino me resultó difícil no trasladarme mentalmente a la década de los ’90 y recordar la mezcla de impotencia, miedo y bronca que se vivió cuando nuestro país fue blanco de ataques terroristas. Es imposible no solidarizarse con los franceses que hoy deben estar sintiendo algo parecido. Imposible también dejar de leer las noticias, investigar y tratar de entender lo inentendible. Imposible no sentir el impulso de compartir la leyenda “Yo soy Charlie” en el estado de facebook.

Sin embargo, a medida que uno se va enterando del tenor de las publicaciones de la revista, algunas cosas ya dejan de ser tan claras. No hablo por supuesto del rechazo al atentado en sí, a toda forma de terrorismo; si eso lo querés más claro echale agua. Me refiero a quién y a qué causa apoyo si posteo esa leyenda. ¿A la libertad de expresión? ¿A la paz y la justicia? ¿A las víctimas? ¿A la revista y sus métodos?

En estos días leí muchos argumentos en favor de la libertad de expresión. No nos equivoquemos, este no fue un atentado contra la libertad de expresión. Fue una reacción desmesurada y fuera de lugar a las agresiones escritas de la revista que no hacían más que incitar a la violencia, como cualquier otra agresión, por lo que el nefasto resultado, aunque doloroso e inaceptable, no puede sorprendernos.

La sátira en la que Charlie Hebdo es especialista es un recurso más que válido para expresar críticas, pero como todo, tiene que tener un límite, una frontera que nos hace civilizados, y que es el componente imprescindible en cualquier debate, y por lo tanto, un eje fundamental de la democracia. Ese límite se llama respeto y no va en contra de la libertad de expresión, sino que todo lo contrario, la sustenta, es su mayor pilar. Vos podés expresarte todo lo que quieras y debatir dando tu opinión en el tema que te venga la gana, siempre y cuando lo hagas con respeto.

Charlie Hebdo tiene publicaciones que cumplen este requisito, sin embargo, tiene otras que claramente no. Una caricatura de Mahoma desnudo y posando en una actitud casi pornográfica, una tapa que reza “el Corán es una mierda, no para las balas”… Quienes publican este tipo de cosas no merecen llamarse humoristas; yo no soy musulmán y aún así esos dibujos no me provocan risa, sino indignación. Esta gente eran unos agitadores que no tenían idea de lo que significa el respeto al prójimo (cuánto más detestable esto en un editor que justamente tiene por tarea publicar, y por lo tanto cumple la función social de formar opinión), y que se escondían detrás de la “libertad de expresión”, que definitivamente es otra cosa. Si quieren expresarse en contra de algo, háganlo, pero no hace falta agredir a nadie para decir lo que piensan.  Si quieren hacer sátira, háganlo responsablemente; y si no se les ocurre cómo, les recomiendo ver un poco del gran Tato Bores y, por ejemplo, su inodoro justiciero. La sátira bien hecha recurre al humor y por sobre todas las cosas a la ironía, pero sabe discernirlos de la agresión. Muchas veces camina por un dudoso y polémico gris, pero evita caer en ella. Genera pensamientos del estilo “mmm esto es medio chocante, irreverente, un poco fuera de lugar”, pero no del estilo “estos hijos de puta se fueron a la mierda”.

“Yo no vivo bajo la ley musulmana” decía el director de la revista y se escudaba en la libertad de expresión para publicar lo que le diera la gana. Evidentemente tampoco vivía bajo las leyes del respeto mutuo, la tolerancia a las ideas diferentes y la aceptación a culturas distintas a las propias. Gente así no le sirve a la sociedad porque donde no hay respeto como valor fundamental las ideas se desvirtúan y las acciones se violentan. Haciendo un paralelismo de esta situación: Si yo le falto el respeto a tu mamá (y caricaturas como las que publicó esta gente son una clara falta de respeto) sé perfectamente que tu probable reacción sea querer cagarme a trompadas. Es una cuestión de lógica y de tener sangre en las venas. Ahora si además, lo hago público para que te enteres vos y el resto del mundo, no sólo sé cuál va a ser tu reacción, sino que además la estoy buscando; tal como hace el defensor que al oído le cuenta al crack del equipo contrario los detalles del encuentro sexual que mantuvo la noche anterior con su hermana, en pos del codazo que le implique la tarjeta roja y un poco de más tranquilidad en el área. Claro que espera que el codazo sea leve, y no que lo deje desmayado en el campo de juego y con cinco dientes menos. Ese defensor no le sirve al fútbol para ser un deporte más sano y vistoso; y este tipo de “periodismo” no le sirve al mundo para superarse.

Ahora, al comienzo dijimos que la reflexión era necesaria para entender y tratar de mejorar el futuro. ¿Qué nos queda de todo esto, además de las víctimas, los sospechosos muertos y las manos de la policía francesa manchada con la sangre de los rehenes? Ojalá tanta muerte no haya sido en vano, nos haga pensar y abrir los ojos, y nos empecemos a respetar un poco más los unos a los otros, más allá de nuestras creencias religiosas, ideologías políticas, o incluso, colores nacionales o clubes de fútbol.

Charlie Hebdo no caminaba por la senda del entendimiento y el debate respetuoso, y por lo tanto, no aspiraba a la pacificación de una sociedad que ya bastante agitada está. Y este análisis no justifica las acciones criminales, sino todo lo contrario, busca las raíces que les dan razón de ser para identificarlas y poder extirpar el cáncer que nos consume. Por eso, y porque yo aspiro a una sociedad más justa, respetuosa y pacífica, en la que todos podamos convivir como los seres civilizados que se supone que somos, discúlpenme si cuando publican “Todos somos Charlie” yo pido que me excluyan.

Porque yo no amparo las agresiones, repudio el atentado del pasado miércoles 7 de enero, pero además, por ese mismo motivo, yo no soy Charlie.