Archivos Mensuales: noviembre 2017

Paseamos entre paredes rojas: Excursión al Cañón del Talampaya.

A unos 60 kilómetros de Villa Unión aproximadamente se encuentra uno de los parajes más lindos y famosos de la provincia de La Rioja. El Parque Nacional Talampaya fue creado originalmente a nivel provincial en 1975 con el objetivo de proteger y conservar los particulares yacimientos arquelógicos y paleontológicos que se encuentran en aquél lugar. En el ’97 pasó a ser de carácter nacional, y más recientemente desde el año 2000 ostenta la categoría de Patrimonio Mundial.

En conjunto con Ischigualasto (más conocido como Valle de la Luna y del que ya hablamos en el post que podés leer haciendo click acá) se extienden por una superficie de 275300 hectáreas y albergan al conjunto continental de fósiles más completos del mundo correspondientes al Triásico, tal como indica la página web oficial.

En un clima extremo en cuanto a la amplitud térmica, Talampaya goza de muy pocas lluvias durante el año, concentradas en la primavera y el verano, donde suelen ser de intensidad tal que los ríos (habitualmente secos) saben anegarse de modo que las visitas quedan momentáneamente suspendidas hasta que vuelvan a secarse, cuestión que en definitiva no tarda mucho tampoco.

El Cañón del Talampaya es quizá la excursión más famosa y marketinera, y se puede realizar tanto en combi como en camiones 4×4 que permiten subirse al techo para vivir la experiencia al aire libre y, en todo caso, tomar mejores fotografías sin vidrios de por medio. Claro que todo esto le da un aire a parque de diversiones estilo Disney World poco autóctono que, en mi opinión estrictamente personal, le hace perder un poco la magia. Igualmente, si vas con chicos, es una excelente aventura donde la van a pasar muy bien. Si son solamente adultos, conocer el paisaje amerita abonar la excursión (que a $600 por persona es algo saladita) aunque quizá quieras optar simplemente por la combi que es unos pesos más económica. A ese valor debés agregar el ingreso al Parque Nacional, que es de $120.

La primera estación de la excursión son los petroglifos, que son ni más ni menos que dibujos grabados en la roca. En esta zona son numerosos y retrotraen a los pueblos originarios, aunque hay también reminiscencias extraterrestres, ya que algunas de las figuras son un tanto sugerentes.

Las rocas talladas, como si fueran un mapa.

Allí también se encuentran los morteros, agujeros en la roca que fueran utilizados por los indígenas para realizar sus preparaciones.

El camión seguirá luego viaje por el cauce seco del Río Talampaya para comenzar a adentrarse en el cañón propiamente dicho, es decir, entre las dos enormes y rojizas paredes que, si bien están algo alejadas unas de otras, encajonan el río y designan su curso. Así se llegará a la estación de las chimeneas, surcos casi perfectos cavados en la roca que suben hacia lo alto de la pared, y en las que el guía nos hará probar el peculiar eco que producen al gritar algo.

En esa zona destaca un pequeño bosque con abundante vegetación verde, la cual es aprovechada por el guía para indicarnos que debajo del suelo, y al ras de este, corren ríos subterráneos que alimentan las plantas. De hecho, si uno escavara apenas un poco con el talón del pie, encontraría que la humedad brota del piso.

En esta estación al volver al camión el visitante se encuentra con una abundante picada en la que sobresalen las aceitunas, autóctonas de aquella zona y carnosas como nunca antes había visto. El refrigerio está sólo incluido en la excursión del camión, no así en la de las combis, pero no hay que hacerse drama pues, a pesar de lo buenas que estaban las aceitunas, no te perdés de gran cosa si no elegiste la versión 4×4.

A partir de allí vendrán los platos más fuertes del paseo. Personalmente, la estación que más me impactó fue la de las iglesias, cuyas formas se destacan claramente contra las piedras. Pero esto es sólo unos minutos, vista desde el ángulo correcto, porque una vez pasado el mismo ya la forma se desdibuja en el fondo. Es por eso que, aunque con cabezas en el medio, la foto se imprime. La que sacara algunos metros después ya no sería lo mismo.

El final de la recorrida se da en el monje, la geoforma muy clara e impactante, justo detrás de la botella (o el termo para los argentinos amantes del mate).

Del otro lado, la tortuga.

En temporada alta será conveniente sacar la entrada de forma anticipada por internet. Para ello se compran los tickets en la web y luego habrá que presentarse en el centro de visitantes a tiempo. En ese sentido no hay que confiarse en las indicaciones del Google Maps, ya que marca el parque en el punto en que este comienza, pero el centro de visitantes está a largos kilómetros más allá. Para que les sirva de referencia, desde Valle Fértil en auto se tarda casi dos horas en llegar.

Talampaya no es solamente el cañón, sino que hay otras opciones para adentrarse en este parque y conocerlo. Pero eso es cuestión de próximos posts, así que si te gustaron estas vistas, te espero por Ahicito Nomás para seguir recorriendo La Rioja.

Cambio de Vuelo de Aeroparque a Córdoba, Reporte del AR1510.

En mi último viaje laboral a Córdoba podemos decir que no tuve suerte en materia de vuelos. Originalmente había reservado mi lugar en el AR1502 que partía de Aeroparque a las 8 de la mañana, pero un día antes del viaje me llegó la mala noticia a través de un mail: Aerolíneas había cancelado mi vuelo y por lo tanto me habían reasignado al anterior, el AR1510 que salía a las 7. Imaginarán por supuesto la amplia sonrisa que esbocé al calcular que para llegar a tiempo, tenía que levantarme a las 4 de la mañana…

Como corresponde me conecté para hacer el check in online, con idea también de estirar lo más posible el horario en que debía presentarme en el aeropuerto, pero no hubo caso, el sistema no estaba disponible, supongo que a causa de mi cambio de vuelo. Así me lo hacián saber.

Sin más alternativas, y con algo de malhumor, a las 5:30 de la mañana estaba en Aeroparque haciendo el check in presencial, donde no había prácticamente nadie. Sin embargo, y como era de esperar, el vuelo iba full y no había mucha disponibilidad de asientos: iba a tener que viajar en la butaca del medio. Al menos el muchacho que me chequeaba me dio la opción de ir en salida de emergencia, la que por supuesto acepté agradecido.

Despaché el equipaje y me dirigí a los scanners donde a todo el mundo le hacían sacar los zapatos. Como tenía tiempo me dispuse a desayunar, y de haberse hecho el anuncio antes me habría podido quedar más, pues el AR1510 se atrasó por mantenimiento, y terminó reprogramándose para… las 8 de la mañana!!!

Al momento del embarque fue de los últimos en abordar. Por suerte mis dos compañeros de fila eran tipos flacos e incluso simpáticos, así que no viajé tan incómodo y hasta cruzamos algunas palabras mientras nos acomodábamos.

Al ser salida de emergencia no podía dejar nada en el suelo, así que saqué el libro y los auriculares y guardé la mochila en los compartimientos superiores.

 

Antes de la demostración de seguridad (que la tripulación realiza de forma manual, al viejo estilo), una de las TCP se acercó para darnos la charla correspondiente al lugar en el que nos sentábamos. Nos explicó cómo abrir la puerta de emergencia, y que debíamos aguardar la orden de la tripulación para hacerlo. Asimismo nos indicó que si no queríamos sentarnos allí, con la responsabilidad que ello implica, le avisáramos y nos cambiaba de asiento. Ninguno de los tres se movió, felices como estábamos de poder estirar las piernas a nuestras anchas.

El vuelo fue tranquilo, y en el servicio de bebidas se ofrecía café, agua y gaseosas. Pedí jugo de naranja pero como no había me tuve que conformar con una Coca. El comandante Fernández se presentó por altavoz y pidió disculpas por la demora, aunque la atribuyó no a mantenimiento sino a una desinteligencia en la carga de combustible.

 

Arribamos a Córdoba arrastrando la hora de retraso que tuvimos en la partida, pero sin mayores novedades, salvo los aviones de la quebrada Southern Winds abandonados a un costado de la pista. Afortunadamente tanto el desembarco como el recupero del equipaje se hizo muy rápido, y pronto estuve listo para comenzar mi día laboral.

Próximamente, el post con las vicisitudes del regreso a Buenos Aires!