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Una breve parada en San Carlos: El pueblo que aspiró a ser capital de Salta.

Enclavado en medio de los Valles Calchaquíes sobre la mítica Ruta 40, cercano a la localidad de Cafayate a la que está unido por unos 25 kilómetros de camino asfaltado, hay un muy tranquilo pueblo que amerita aunque sea una parada (sino un día completo para recorrerlo) para conocer su extraordinaria historia.

Se trata de San Carlos, cabecera del departamento homónimo, y población que si bien debe su nombre a la Misión Jesuítica establecida allí en el año 1641, tuvo 4 “versiones” anteriores con sus respectivos nombres, todas ciudades españolas que fueron fundadas y destruidas casi sistemáticamente por los fieros calchaquíes que no aceptaban la usurpación europea de su territorio.

 

Siendo la ciudad más antiguas de la provincia de Salta, San Carlos se llamó originalmente El Barco II en el año 1551. Ocho años después Juan Perez de Surita fundó allí la ciudad de Córdoba del Calchaquí; en 1577 se levantó San Clemente de la Nueva Sevilla y finalmente, el último nombre que recibió este poblado antes de instalarse la misión, fue Nuestra Señora de Guadalupe, en 1630.

Aunque se trata de un dato realmente curioso (otra que Buenos Aires con sus dos fundaciones), no es la anécdota histórica más importante. En sus años de esplendor San Carlos se convirtió en una centro urbano de gran importancia, tanto es así que se disputó el honor de ser la capital provincial con la ciudad de Salta. Esta última ganaría finalmente la pulseada, pero tan solo por un voto de diferencia.

Justo frente a la plaza, la Iglesia San Carlos de Borromeo se alza imponente y se convierte en el templo más grande de los Valles Calchaquíes. Su construcción data del año 1801 y se extendió hasta 1854, y es muy bonita tanto por fuera como por dentro. El 4 de noviembre se celebra la fiesta patronal, y puede ser una buena fecha para ir de visita y experimentar algo diferente.

Nosotros teníamos que seguir viaje por la RN40 ya que teníamos alojamiento resevado en otra localidad del valle, pero si uno dispone de tiempo San Carlos ofrece actividades para el turismo. En primer lugar destacan los circuitos que pueden realizarse en bicicleta y que están promocionados con un cartel en la plaza misma. Así se presentan cuatro opciones:

  • Circuito de los Vinos Artesanales
  • Circuito de los Talleres Artesanales
  • Circuito al Mirador Cerro San Lucas
  • Circuito de Naturaleza

Estando en la ciudad se puede apreciar la arquitectura de tono colonial con paredes de adobe, y si se sale del casco urbano se pueden visitar además la Cascada de Celia, distante a unos 3 kilómetros, y Peñas Blancas, a unos 5 kilómetros donde hay un cementerio indígena. Por supuesto se puede acceder al Río Calchaquí, donde se se puede practicar la pesca, y el Dique Las Tijeras.

Rodeada de enormes montañas e inmersa en una tranquilidad que te contagia paz, resulta difícil pensar en San Carlos como una ciudad capital provincial. Pero así pudo haber sido, evitado solamente por uno de esos caprichos de la historia. Un lugar imperdible cuando recorras la Ruta 40 por estas latitudes.

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Los Increíbles Médanos de Cafayate, última parada de la Quebrada de las Conchas.

Estando en la ciudad de Cafayate habrá quienes pongan en su mochila un par de ojotas o alpargatas y una gorra de visera antes de subirse al auto. No es que se estén yendo a la playa, pero casi, ya que apenas saliendo a la Ruta Nacional 68 se encuentran unos enormes médanos que pueden ser visitados como atracción turística.

Se trata de la última parada de geoformas que pueden conocerse al recorrer la Quebrada de las Conchas, cuyo recorrido podés ver haciendo click aquí. Lo médanos se ven muy parcialmente desde la ruta, ya que están mayormente tapados por la vegetación, pero créanme, están ahí, y hay gente que los visita (y escala), como prueban estas huellas en la arena.

Es un conjunto de dunas realmente enorme, en medio del lugar menos pensado en medio de las montañas. Hoy en día no hay ningún mar cerca, pero hace millones de años aquí se formó un enorme lago que durante milenios concentró sedimentos. Al romperse el dique natural que las contenía, el agua fluyó y el viento amontonó la arena dando origen a estas formaciones.

Son unos 20 km2 de médanos con una altura más que considerable, tanto que escalarlos para llegar a la cima revestirá algún pequeño esfuerzo. Apenas se toma la RN 68 desde Cafayate un cartel marca el camino que se interna en el bosque y da acceso hasta este lugar. Está en bastantes mala condiciones, con lo cual habrá que avanzar con cuidado, e incluso quizá se deba dejar el auto en algún punto cercano a la ruta y seguir a pie, hasta dar con las dunas.

Un paisaje diferente y que sorprende por el lugar donde se encuentra. Y un buen descubrimiento para visitar cuando se pasa por Cafayate.

Qué visitar y qué hacer en Cafayate, Provincia de Salta.

A unos 190 kilómetros al suroeste de la ciudad capital de Salta, en la intersección de la Ruta Nacional 68 con la mítica RN 40 se levanta la localidad de Cafayate, uno de los puntos más destacados de la Ruta de los Valles Calchaquíes, y más recientemente, de la Ruta del Vino salteña.

El pueblo tiene su origen en una donación de terrenos realizada por doña Josefa Frias de Aramburu, viuda de quién fuera el alcalde de Salta, que decidió ceder esas tierras para que se instalara un santuario a la Virgen del Rosario. Más tarde sería su hijo, Manuel Fernando de Aramburu, quién llevara adelante el emplazamiento del poblado en 1840, cumpliendo así los deseos de su madre.

Mucho tiempo ha pasado desde aquellos años y esa capilla con un puñado de pobladores hoy en día se convirtió en una respetable ciudad cabecera de departamento, con unos 13000 habitantes dedicados a varias actividades entre las que se cuentan la vitivinícola y el turismo. Cuando uno llega hasta allí son muchas las actividades que hay para hacer, así que será un punto que amerita dedicar un par de noches para conocerlo en profundidad. En este link tenés el post del Hotel Boutique Portal del Santo, sumamente recomendable.

Ya llegar desde Salta por la RN68 es una excursión en sí, atravesando el paraje conocido como Quebrada de las Conchas cuyo post podés leer haciendo click aquí. Hacia el otro lado, se puede recorrer la Ruta 40 hasta llegar a Cachi, pasando por unos paisajes increibles y pueblos detenidos en el tiempo que ya iremos compartiendo en el blog. Y si encaramos hacia el sur, con dirección hacia Tafí del Valle, Tucumán, se pueden visitar las Ruinas de Quilmes y conocer la interesante y triste historia de este pueblo indígena que le da nombre a la marca de cerveza más popular de nuestro país.

Pero también uno puede optar por quedarse en el pueblo y recorrerlo. De mucho de esto hablaremos en post exclusivos más adelante, pero por supuesto una de las actividades “obligadas” del lugar tiene que ver con el vino. Como parte de la Ruta del Vino, Cafayate tiene cantidad de bodegas que se pueden visitar, algunas ofrecen degustaciones gratis y en otras hay que pagar; algunas están ubicadas en el centro de la ciudad y para llegar a otras habrá que subirse al auto y tomar la ruta; pero en todos los casos se podrá entrar en contacto con los excelentes vinos que produce la provincia de Salta.

Cuando uno se haya cansado de probar vinos se puede cerrar la fase del turismo etnológico con una visita al Museo de la Vid y el Vino, ubicado a escasas cuadras de la plaza principal. Otras opciones culturales son el Museo de Arqueología e Historia Calchaquí y el Museo de Arte Sacro, entre otros. Y para los más aventureros o deportistas es recomendable realizar el trekking a las cascadas del Río Colorado que parte desde el paraje El Divisadero.

Saliendo de la ciudad hacia el otro lado se encuentra la comunidad de La Banda de Arriba, y un poco más allá está el viejo molino de piedra que se utilizaba para la molienda de granos. Esta es también una zona de viñedos de altura en la que se puede visitar bodegas, y que ofrece una excelente vista panorámica de la ciudad de Cafayate.

Finalmente podemos hablar de la oferta gastronómica de Cafayate, abundante y variada que se concentra en la zona céntrica, pero que también se puede disfrutar saliéndose un poco de la zona urbana. Todos los años se celebra aquí uno de los más famosos festivales folcklóricos del país; la Serenata de Cafayate convoca a artistas de renombre y gran cantidad de público cada mes de febrero.

De a poco iremos descubriendo Cafayate en el blog, post a post. Un lugar que hay que marcar en el mapa y agendar para visitar en tus próximas vacaciones por el NOA.

Conducimos por la Ruta Nacional 68 para conocer las formaciones de La Quebrada de las Conchas.

Argentina en general, y el noroeste de nuestro país en particular, tienen una gran diversidad de paisajes naturales que fascinan cada uno de los sentidos. Uno de ellos está ubicado en la provincia de Salta, entre la ciudad capital y la localidad de Cafayate. Homónima al río que la circunda, la Quebrada de las Conchas se extiende por aproximadamente 85 kilómetros a la vera de la Ruta Nacional 68, lo que la hace muy accesible.

A lo largo del recorrido el paisaje dominado por piedra de color rojizo es de por sí imponente, pero la cercanía de la ruta con las altas montañas hace que cada tanto el visitante pueda adentrarse incluso en el corazón de las mismas y con tan solo apearse del vehículo y caminar unos metros, conocer formaciones asombrosas que en otros lugares no están tan accesibles.

Si bien hay excursiones que visitan la Quebrada y sus geoformas, desde mi punto de vista lo más recomendable es siempre hacer el recorrido en vehículo propio. Siempre se podrá alquilar un auto, como hicimos nosotros, pero esto evitará estar atados a un itinerario con horario fijo, y por tanto podremos parar en donde queramos y pasar allí el tiempo que consideremos necesario, sin que nadie nos apure para sacar la foto.

Eso sí, las geoformas a lo largo de la RN 68 son muchas, así que habrá que estar dispuesto a parar varias veces en el camino, e incluso si uno está acotado de tiempos será recomendable elegir cuáles interesa visitar.

Tanto la Garganta del Diablo como El Anfiteatro, que son de las primeras formaciones que encontramos si venimos desde Salta, luego de pasar Alemanía con dirección a Cafayate, son los IMPERDIBLES. Ambas se generaron por erosión, cuando hace millones de años por allí pasaba un curso de agua que generaba cascadas en estos puntos.

Para llegar a lo más profundo de la Garganta del Diablo habrá que trepar un paredón de piedra donde un cartel prohíbe el paso en ojotas. Recomendación nada despreciable ya que la roca es resbalosa y habrá que subir con cuidado, afirmando bien los pies y manos en los huecos que presenta, y probablemente recibiendo una mano de algún amigo que ya haya logrado un punto más alto.

En el Anfiteatro, en cambio, olvídense de escalar nada. Aquí déjense sorprender por el inmenso hueco formado en la montaña por la sabia naturaleza y la experiencia de estar parado justo en su centro. O mas bien cierren los ojos y disfruten la increíble acústica de este lugar, que junto a su forma circular le vale el nombre, y que no necesita de micrófonos ni amplificadores para ser sencillamente perfecta.

Siempre hay alguien con un instrumento a mano y dispuesto a hacerte experimentar la magia de ese sonido, que se escucha claro y nítido en todos lados, como esta pareja de la foto que cantaba desde el otro lado del anfiteatro y se los escuchaba como si estuvieran al lado.

Pensar que este lugar sirvió de escenario natural para conciertos de grandes artistas consagrados, como Mercedes Sosa…

La siguiente parada obligada será el Mirador Tres Cruces, donde el valle se abre ante nuestros ojos y nos da la imagen que pueden ver arriba de estas palabras. Aquí se rojo de las montañas se combina con el verde de la vegetación, alimentada por el río que corre allá abajo. Para obtener esta vista habrá que estacionar el auto y subir por una escalinata construida en la piedra.

De aquí en más, las formaciones no entran dentro de lo que yo considero como “los imperdibles de la quebrada”, pero estando tan a mano desde la ruta (al punto que ni siquiera tenés que bajar del auto si no querés), bien valen una breve parada en el camino. En orden de aparición, siempre en dirección a Cafayate, están El Sapo, El Fraile, Casa de Loros, El Obelisco, Las Ventanas y Los Castillos, además de alguna que otra que por ahí me pasé de largo, o bien, que tu imaginación pueda inventar con el correr de los kilómetros.

El obelisco está muy claro, justo frente a una curva de la RN 68, pero al fraile habrá que esforzarse con la vista para buscarlo e identificarlo contra la piedra.

Para lo último, y ya prácticamente en la entrada a Cafayate, están Los Médanos, que ya en algún momento les mostraré.

La visita a la Quebrada de las Conchas es una excelente forma de pasar el día, conociendo la belleza de estos paisajes que la naturaleza nos regala. Y si estás yendo de viaje, te aseguro que nunca habrás tenido una ruta más divertida que esta, aunque claro, tendrás que sumarle varias horas al tiempo de tránsito que te marque el GPS antes de iniciar la travesía.