Archivos Mensuales: marzo 2019

Nos damos un lujo: Almuerzo en el Clubhouse de Estancia Cafayate.

Alejándose un poco de Cafayate, tomando la Ruta Nacional 40 por detrás de la ciudad, a unos pocos kilómetros uno llega al acceso de la Estancia Cafayate, una especie de country de campo de más de 500 hectáreas, cuidadosamente diseñado por el arquitecto Jack Zehren y en donde se conjugan golf, gastronomía, caballos y viñedos, en medio del imponente paisaje montañoso que ofrecen los Valles Calchaquíes.

El complejo cuenta con unos 360 lotes donde, a medida que uno avanza con el auto, pueden verse amplias propiedades rodeadas de viñedos. El tema de las plantaciones no es únicamente estético, aunque por supuesto le da un toque no visto en otras propiedades. Muy por el contrario, cada dueño recibe efectivamente 60 botellas de vino al año, producido en estas mismas tierras por la bodega El Porvenir.

El toque gastronómico está dado por el Clubhouse restaurant, donde se sirven platos internacionales y también de comida regional: trucha, llama asada, conejo y pastas caseras están entre las ofertas disponibles. No es algo popular, así que es probable que no muchos lo sepan, pero al restaurante se puede ir sin necesidad de ser propietario o de estar alojándose en el complejo; simplemente uno se anuncia en la guardia de ingreso y listo. Por suerte a nosotros nos dió el dato Cristian del Hotel Portal del Santo (a cuyo post accedés en el link), y menos mal que tomamos la recomendación!

El ambiente del Clubhouse es muy tranquilo. De arquitectura exquisita, con paredes de piedra y cubrimientos de madera tallada a mano, el restaurante aparenta ser de alta categoría, pero aún así los comensales visten de forma relajada y cómoda. En medio del campo, rodeados por las montañas cafayatenses y el campo de golf se escucha además mucho acento e idioma extranjero.

La comida es un diez. A la panera la catalogamos como “de categoría”, tanto en la presentación que puede verse en la foto, como en calidad. El dip también se lleva lo suyo, ya que estaba exquisito. Y qué les puedo contar del ojo de bife con papas papines y salsa criolla que elegí para almorzar…

Exquisito es poco!

Mientras uno almuerza, afuera hay vista a la galería, y un poco más alla, a la extensa cancha de golf que parece terminar allí donde se levanta imponente la montaña. Una laguna, desde la que nace un pequeño arroyo, completan la escena para disfrutar de una riquísima comida, con una excelente atención, y en la paz más absoluta. Después de comer, si no se levantó el característico viento de la zona, se podrá salir a caminar y tomar fotos en este ambiente tan espectacular.

Además de todo esto, el complejo cuenta también con un centro ecuestre que incluye establos, palenques y una cancha de polo. Además está el Grace Cafayate, un hotel del lujo con 52 habitaciones, la mayoría de las cuales están distribuidas por fuera del edificio principal, convirtiéndose en villas independientes.

Estancia Cafayate ofrece también pases diarios que incluyen cabalgatas, partidos de golf, spa, asado y degustación de vinos. Es sólo cuestión de elegir el que más te guste. Y hablando de vinos, el Clubhouse restaurante ofrece una selección de vinos de la región, pero además es el único lugar donde se podrán probar el Malbec o Torrontés que se produce allí mismo, en sus viñedos propios.

Después de todo lo que les conté, pareciera que comer aquí debe ser imposible para el promedio de la gente, sin embargo no es así. Por supuesto que no sale lo mismo que una grande de muzzarella, pero hay que destacar que el precio es lógico y hasta accesible si consideramos el lugar, la calidad de los productos y la cordial atención que estamos recibiendo. No hablo del paisaje que te rodea porque eso sí es impagable.

Y por supuesto, también podés optar por el plato del día!

Una excelente experiencia gastronómica, plenamente recomendable para quienes visiten Cafayate.

Cititour Querétaro, última parada: El Acueducto y el Panteón de los Queretanos Ilustres.

La tercer y última parada del Cititour de Querétaro guiado por Luis Molina se dio en la Av. Ejército Republicano donde está emplazado el Panteón de los Queretanos Ilustres. En ese punto estratégico de la ciudad se encuentras los restos de los más importantes ciudadanos que Querétaro dio a través de su rica historia. La más importante de las personalidades aquí homenajeadas sea quizá Josefa Ortiz de Dominguez, mejor conocida como La Corregidora de Querétaro.

Considerando esto podemos decir que este lugar no es solamente importante para la ciudad, sino que es de vital relevancia para todos los mexicanos. Es que con la invasión de Napoleón a España en el año 1808 y la consiguiente “fiebre independentista” desatada en las colonias hispanas en América, fueron varios los alzamientos que se organizaron por todo el territorio de México. Sin embargo, sólo el de Querétaro prosperó, encendiendo la mecha que culminaría con la declaración de la independencia mexicana.

Cuenta la historia que el éxito de la conspiración queretana se debe al accionar de Josefa, esposa del Corregidor, quién al enterarse de que el alzamiento se había descubierto y dos de los involucrados habían sido identificados, ella se encargó de dar la voz de alarma al resto para que dieran comienzo a las acciones sin más pérdida de tiempo. De esta forma los realistas no pudieron aplacar la revolución a tiempo.

Pero por supuesto no son sólo las cenizas de la Corregidora las que descansan en este lugar. Además de las de su esposo Miguel Dominguez, están también la de otros ciudadanos ilustres entre los que se encuentran algunos conspiradores por la independencia, profesionales, militares y educadores.

En este lugar se encuentra también la Capilla de la Virgen Dolorosa frente a la cual se alza la figura de Juan Antonio de Urrutia y Arana, otro personaje central de la historia queretana y máximo responsable del principal símbolo de la ciudad: el acueducto cuyos arcos se levantan imponentes sobre los edificios y que hoy cumple sólo fines estéticos, aunque en el pasado fue una construcción fundamental para la supervivencia en este lugar.

Durante el Siglo XVII Querétaro tenia un serio problema de abastecimiento de agua potable, ya que la que llegaba naturalmente lo hacía ya en aquella época mas bien contaminada. Era preciso dotar a la ciudad de una fuente de agua limpia, entonces, pero esta obra no se encararía sino hasta luego de fundado el convento de las monjas capuchinas, y responde a una romántica historia de amor prohibido.

Cuenta la leyenda que al encontrarse en esta situación, las monjas recurrieron a su benefactor, el Marqués Juan Antonio de Urrutia y Arana, quién al conocer a la hermosa Sor Marcela se enamoró instantáneamente. La relación entre ellos dos era prohibida no sólo por la condición de monja de la muchacha, sino por el hecho de que ella era a su vez sobrina de la esposa del marqués. Sin embargo esto no logró evitar que la religiosa prometiera entregarle su amor a cambio de dos cosas: que dotara al convento (y por tanto al resto de la población) de agua potable, y que le construyera la casa más bonita de la ciudad.

Flechado por el amor, el Marqués puso manos a la obra y cumplió con sus promesas. Así, nueve años después, terminaba de construir una de las obras hidráulicas más importantes del mundo. Los característicos arcos del acueducto miden 1280 metros de largo y sobre ellos corre un caño de se encargaba de dotar a la ciudad de agua extraída de un manantial ubicado a suficiente altura como para hacer posible que el líquido fluyera únicamente por efecto de la gravedad, gracias a la pendiente de 2 cm. con la que cuenta la construcción. Finalmente, el agua se distribuía por la ciudad a través de fuentes públicas dispuestas a lo largo y ancho de la misma.

El marqués cumplió también con la exigencia de la casa, pero aún así Sor Marcela se negó a entregarse a él, con lo cual luego de tanto esfuerzo y gasto económico, el desdichado marqués se topó con un amor no correspondido. Eso sí, con su obra había hecho posible el desarrollo de la ciudad. Hoy en día los 74 arcos de cantera que aún se encuentran firmes son testigos mudos de aquellos días, y desde el Panteón de los Queretanos Ilustres se tiene su mejor vista panorámica, convirtiéndose en el mirador por excelencia de la ciudad. Imposible visitar Querétaro y no acercarse hasta este lugar para la correspondiente selfie con el acueducto de fondo.

De esta forma concluyó el interesantísimo cititour por la ciudad de Querétaro, una localidad que derrocha historia y leyendas. Totalmente recomendada para visitar si uno viaja a México, en mi opinión particular, se trató sin lugar a dudas del punto más alto del viaje. Espero que ustedes también puedan disfrutarlo, y de ser así, no olviden pasar por el post y dejar su comentario contando sus experiencias.

La crónica del cititour por Querétaro se dividió en tres posts.

Para leer la primer parte del cititour, hacé click acá.

Para leer la segunda parte del cititour, hacé click acá.

 

Viajando a Guatemala, tramo I: Reporte del vuelo con American Airlines hasta Miami.

Un nuevo viaje laboral me llevó hasta el Aeropuerto de Ezeiza para tomar un vuelo rumbo a Miami, aunque esta vez el destino final era otro: por primera vez visitaría Guatemala. Próximamente dedicaremos algunos posts a este interesante país de Centroamérica, pero ahora es tiempo de sumergirnos en el reporte del vuelo AA908 programado para despegar de Buenos Aires a las 23:59 hs.

El primer detalle diferente a otros vuelos se dio en casa, durante el proceso de checkin online, ya que el sistema me permitió avanzar hasta incluso elegir los asientos del primer tramo de vuelta (el segundo desde Miami hasta Buenos Aires era con un vuelo operado por Latam Airlines por lo que el sistema de American no me daba acceso a elegir ese asiento), sin embargo al llegar al final saltaba un mensaje de que no podía completarse y que debía hacerlo en el aeropuerto. La última vez que me pasó algo así fue en Chile y el motivo era que el vuelo estaba sobrevendido, por lo que me organicé para estar temprano en Ezeiza.

Así es que al día siguiente estuve en el aeropuerto 3 horas antes del horario de despegue y sin perder tiempo me acerqué al personal de American, quienes me indicaron que debía hacer el checkin a través de las máquinas. Intenté hacerlo pero otra vez, no pude completarlo: la máquina imprimió un ticket que me indicaba hablar con un asistente. Como no hay mal que por bien no venga, al mostrarle el ticket el muchacho que asesoraba en el uso de las máquinas me hizo pasar al mostrador de checkin salteando la cola, y allí me informaron que era algo normal. Presenté mi pasaporte y la visa y allí me imprimieron los boarding pass (uno por cada tramo) sin inconvenientes. Al revisarlos constaté que los asientos eran los mismos que había elegido por internet: todo estaba en orden.

La valija la retiraba directamente en Guatemala, así que era una cosa menos por la que preocuparse al realizar la conexión. Enseguida enfilé hacia la aduana para declarar la cámara de fotos y los lentes, y acto seguido pasé por seguridad. Migraciones fue un trámite simple, a través de las máquinas de autoservicio de “Migraciones Express”.

Ya en la zona de embarque y con tiempo suficiente, calculé que despegando a las doce de la noche me faltaban aún varias horas antes de la cena en vuelo, por lo que decidí comer algo antes. La pizza con una gaseosa estuvo aceptable, y aun precio accesible para lo que suele ser el aeropuerto. Luego, recorriendo un poco, me encontré con otro grandote que sale tarde desde Ezeiza…

El abordaje comenzó puntual y como siempre con los vuelos a Estados Unidos durante el mismo se realizó el control de equipaje de mano, que resultó ser más exhaustivo que el que había experimentado en Latam hacía unas semanas atrás. Se revisaron todos los bolsillos de la mochila y me consultaron si llevaba algún líquido o crema. Con el alcohol en gel pequeño no hubo ningún problema.

Pronto estaba a bordo del B777-200 de American Airlines matriculado N789AN, que a pesar de sus casi 19 años de edad está en muy buenas condiciones. La cabina está muy cuidada y como no había casi nadie todavía aproveché para tomar algunas fotos y mostrar su configuración de asientos que, en clase económica, es 3-4-3.

Como detalle cabe destacar que cada asiento está equipado con toma corrientes internacional, así que cargar el celular o la laptop no será un problema. El sistema de entretenimiento me resultó muy completo y lo vi bastante actualizado en cuanto a la oferta de películas. Igualmente yo me incliné por los recitales disponibles en la sección TV. Eso sí, no te dan auriculares, así que mejor acordarse de tener los propios a mano. Además, el avión está equipado con servicio de wifi en vuelo, que por tratarse de un viaje nocturno no contraté, pero en caso de necesitarlo hay varios precios disponibles, dependiendo cuánto tiempo se quiera navegar.

El vuelo en sí, mientras me mantuve despierto, fue muy tranquilo, con apenas algunas turbulencias leves. Como siempre, salvo cuando me levantaba a estirar las piernas o para ir al baño, me mantuve todo el viaje con el cinturón lo más flojo posible, pero abrochado. A la hora de la cena, un rato después de despegar desde el Ministro Pistarini, las opciones eran el clásico “pollo o pasta”, así que me decidí por los fideos con salsa de tomate, que venían con ensalada y una porción de torta como postre.

Llegó finalmente el momento del aterrizaje y de la conexión. Lo más complicado de conectar en Miami es que necesariamente hay que pasar por migraciones, tal como si uno fuera a ingresar a Estados Unidos. A esa hora de la mañana el trámite resultó ser bastante rápido, seguramente por la poca cantidad de vuelos a procesar. Así es como se llega a un largo pasillo donde  hay máquinas de migraciones a uno y otro lado: es cuestión de ir caminando atento y acercarse a alguna que esté libre. Allí se contesta el cuestionario en la máquina, que también nos toma una foto y registra nuestras huellas dactilares, para finalmente imprimir un ticket que debemos presentar al oficial de migraciones. El flujo de la gente te lleva y así terminas delante de un ser humano que revisa tu pasaporte y te hace las preguntas de rigor (en mi caso a qué me dedicaba y para qué viaja a Guatemala).

Sin prestar atención a las cintas de equipaje ya que el mio lo retiraba en el destino final, salí al hall principal del aeropuerto donde un cartel indica hacia dónde dirigirse para tomar los vuelos en conexión. Hacia allí me dirigí, pero eso será cuestión de un próximo post.

La antigua casa de Indalecio Gómez, autor de la Ley Saenz Peña, convertida en el Centro Interpretativo de Molinos.

Mientras recorríamos el casco urbano del hermoso pueblo de Molinos, en la provincia de Salta, nos topamos con uno de esos típicos carteles de la región que te dan información sobre el lugar y las actividades que se pueden realizar. Realmente, hasta ese momento no tenía la menor idea sobre Molinos, su historia ni qué había para hacer, así que en cuanto vi marcada en un punto del plano una “Casa Histórica” no lo dude ni un segundo y sin perder tiempo memoricé el trayecto (nada difícil incluso para mi; apenas un par de cuadras) y hacia allí nos dirigimos.

Se trataba ni más ni menos que de la casa donde vivió el diputado por Salta Indalecio Gómez, y el lugar donde murió asesinado su padre, ante la mirada del entonces niño de 12 años que era. Indalecio se levanta como una figura política no sólo de su provincia natal Salta, sino a nivel nacional, y de hecho se convirtió en una personalidad sumamente importante para la Argentina al transformarse en protagonista de los debates del Congreso y principal defensor y artífice de la Ley Saenz Peña de voto universal, secreto y obligatorio (aunque claro, la universalidad en esa época era únicamente masculina).

Amigo de Roque Saenz Peña, cuando éste llega a la Presidencia de la Nación nombra a Indalecio como ministro del interior, puesto en el cual colabora con la redacción de la ley que pondría fin a la larga tradición de voto cantado y fraudes electorales en nuestro país, y desde el cual la defiende fervientemente ante diputados y senadores, propios y ajenos, hasta conseguir su aprobación y promulgación en el año 1912. Sin embargo no fue sólo este el rol que tuvo en el Poder Ejecutivo, ya que anteriormente el Presidente Quintana lo había enviado a Alemania, Austria, Hungría y Rusia como Ministro Plenipotenciario.

Hoy en día la construcción de arquitectura colonial alberga el Centro de Interpretación de Molinos y cuenta con cinco salas muy bien logradas donde el visitante tiene un acercamiento con diferentes aspectos de la zona de los Valles Calchaquíes, como ser su fauna, flora e historia. Para abrirla al público la casa fue restaurada, y si bien ninguna de las piezas que se exhiben es original, todas han sido replicadas con rigor científico. Ejemplo de esto es la representación de los enterratorios donde los calchaquíes ofrecían a sus muertos mudas de ropa y calzado junto con otros objetos que creían les servirían en su nueva existencia, más allá de este mundo.

La vieja casa histórica cuenta también con un aspecto interactivo, especialmente en la sala dedicada a los primeros habitantes del valle, donde al hacer girar los cubos incrustados en la pared el visitante va descubriendo diferentes especies animales y vegetales de la región; y en una línea del tiempo histórica donde uno va descubriendo los hechos suceso a suceso.

Por supuesto que tiene una parte dedicada exclusivamente a su antiguo morador y su obra, pero también destaca diferentes detalles interesantes de la vida de la zona y del pueblo en sí, como ser la Ceremonia de los Alfereces, que siendo de antiquísimo origen español (tan lejano en el tiempo que está casi totalmente desaparecida del mundo), aún hoy en día se festeja en este lejano lugar de nuestro país. Así es como los pobladores más distinguidos de Molinos salen a las calles para desfilar batiendo banderas al ras del suelo, tal como hacían los conquistadores en nombre del rey, sólo que ahora se lo hace en nombre de Dios.

También se habla de la historia de Molinos, en la Sala 3 dedicada a los sucesos que se dieron entre la fundación del pueblo y el nacimiento de Indalecio Gómez. Las tres Guerras Calchaquíes también tienen su espacio en el centro de interpretación, y la última es la más curiosa de todas, ya que fue librada por un inca falso. El andaluz Pedro Bohorquez fingió ser monarca inca en 1656 y realizó promesas cruzadas: por un lado se comprometió con los calchaquíes a expulsar a los españoles de su territorio; y por el otro con estos últimos a lograr la rendición aborigen. Nada bueno podía salir de una cosa así: ante las dificultades de la primer batalla el falso inca huyó del lugar, pero finalmente fue capturado y ejecutado.

Haber encontrado un lugar con tanta historia, convertido en un museo muy bien puesto y cuidado, en un pueblo por demás hermoso que parece paralizado en el tiempo, fue tan grato como sorprendente. Personalmente, disfruté al máximo de esta visita, porque lo que tuvo de sorpresiva lo tuvo también de interesante. Un lugar más que recomendado, que merece ser visitado, y que amerita pasar aunque sea una noche en Molinos.

 

Pasando la tarde en la Laguna de Navarro.

Uno de los principales atractivos de la ciudad de Navarro (y seguramente el que más público convoca los fines de semana de sol) es la enorme laguna lindera. Con sus 200 hectáreas tiene una superficie apenas algo menor que la del pueblo en sí, y en ella se pueden practicar pesca y deportes acuáticos.

El acceso al agua es único y se realiza por el Camping Municipal, en la intersección de las calle 101 y la Ruta Nacional 40 que al convertirse en avenida dentro de la ciudad lleva el nombre de Parroquia Nuestra Señora del Carmen. La entrada no es gratuita, sino todo lo contrario, es un poco salada y se cobra por persona, con lo cual parece buena idea amortizar lo más posible el gasto haciendo el uso más extenso que se pueda de las instalaciones. Léase, no vayas a tomar mates a las 7 de la tarde para volverte a casa a las 8 porque van a ser los mates más caros de tu vida. Ahora, si vas a pasar el día, mientras no sean un grupo familiar numero la cosa cambia.

En particular hay que decir que las instalaciones están en muy buenas condiciones. Hay baños, mesas, parrillas, y hasta una especie de plaza con juegos para la recreación de los más chicos. El camping está muy buen cuidado y hay personal de seguridad que recorre los senderos en moto constantemente.

Una cuestión vistosa es el puentecito que comunica el camping “continental” con una pequeña isla. Angosto al punto de permitir el paso de una persona por vez, el puente es ideal para las fotos, ya sean selfies o sacadas por un tercero.

Pero claro, las chicas no necesitan un puente para salir bien…

Una vez dentro del camping no  hay de qué preocuparse, ya que si uno se olvidó algo para comer, si hizo mucho calor y la bebida de la heladerita no alcanzó, o si simplemente se fue desde el principio con las manos vacías, por todo el camping hay distribuidos kioskos y pequeñas despensas. Eso sí, del precio de las cosas no puedo opinar, ya que en nuestro caso teníamos mate y galletitas bien dispuestos desde hacía rato.

Incluso allí mismo se alquilan botes, por si te dan ganas de ejercitar los músculos con los remos, y por supuesto están quienes aprovechan. Otros, simplemente se tiran a nadar en el agua, aunque hay sectores con carteles de “prohibido nadar”.

Sea cual sea la actividad que elijas, o siemplemente prefieras quedarte tranquilo, tirado en el paso descansando al sol, tomando mate o jugando al truco con amigos, la orilla de la Laguna de Navarro parece un buen lugar para disfrutar de un día al aire libre.

Incluso para los porteños llegar no es tan difícil. Navarro está a poco más de 100 kilómetros de Capital Federal y llegar hasta la laguna toma aproximadamente una hora y media, andando en una ruta de muy buenas condiciones, tanto el Acceso Oeste hasta Luján, y luego la Ruta 47, esta última, de un sólo carril por mano.

Una excelente alternativa para aprovechar en verano.