Probamos el servicio low cost de Norwegian a Londres: Reporte del Vuelo DI7506 con destino Gatwick

Este reporte de vuelo tiene un doble condimento especial ya que no solo fue la primera vez que volé con Norwegian, sino que además fue mi primer experiencia con una low cost de larga distancia. La cita era a las 11 hs. en la Terminal A para cruzar el Atlántico y llegar a Gatwick, en las cercanías de Londres.

Así llegamos hasta los primeros mostradores de la terminal A donde Norwegian hace el checkin. Llevábamos los boarding pass ya impresos (ya que siempre es aconsejable realizar el web checkin con anticipación pero cuando se viaja con una low cost es prácticamente mandatorio) y con las etiquetas de equipaje que habíamos impreso en las máquinas de autoservicio que están distribuidas por el hall de la terminal.

 

El proceso de entrega de equipaje fue bastante lento, supongo que por la modalidad de viaje y la necesidad de explicarle a la gente qué había comprado con el ticket, controlar el peso y cobrar los extras de aquellos artículos que se excedieran. Allí mismo se pesa el equipaje de mano que no puede pasarse de los 10 kg. El paso por migraciones también fue bastante lento por la gran cantidad de gente que se junt. Tanto los puestos manuales como las máquinas de Migraciones Express tenían largas colas que derivaron en que, habiendo llegado al aeropuerto más de dos horas y media antes del despegue, cuando logramos llegar al gate el embarque ya había comenzado.

 

Norwegian opera su vuelo desde Buenos Aires con un moderno Boeing 787 en perfectas condiciones, que hace el viaje un poco más cómodo, nada para despreciar considerando las 13 horas de tránsito que tiene el non stop a Inglaterra. Los asientos cuentan con pantalla individual con sistema de entretenimiento que incluye películas y juegos. No hay música ni tampoco te dan auriculares, que debes llevar vos o bien comprar a bordo. Lo que sí hay es USB para cargar el celular.

En cuanto se apaga la señal de “abrochar cinturones” se habilita el snack bar, al que se accede también a través de la pantalla del asiento. Allí podés navegar por las diferentes opciones y comprar lo que gustes. Para darles una idea de los precios en las fotos ven algunos de los vigentes a septiembre 2019.

Una vez seleccionados los artículos los paga uno mismo deslizando la tarjeta de crédito por la ranura de la pantalla, y el comprobante llega por correo electrónico al mail que ingresemos. Minutos luego llegará el TCP buscando el asiento desde el que se hizo la compra para entregarnos el pedido, que en mi caso se veía así.

Igualmente como el vuelo es realmente largo ya habíamos previsto incluir la comida al momento de comprar el pasaje. La tripulación tiene estos detalles registrados y llegado el momento se acercan con el almuerzo, para el cual se podía elegir entre pollo con espinaca o carne con arroz. Las bebidas disponibles son tan variadas como en cualquier otra línea aérea, salvo que no volverán a pasar ofreciéndote más, así que lo que quieras tomar lo tenes que pedir en ese momento. El resto, habrá que pagarlo extra.

El vuelo fue muy sereno, pero siendo diurno se hace realmente largo. Importante tener algo para matar el tiempo, cosa que por supuesto habrá de sobra como para investigar a fondo el sistema de entretenimiento, que dispone de varias alternativas para seguir el viaje incluyendo la vista del cockpit.

Un detalle importante e interesante es que el B787 está equipado con wifi y que al mismo se puede acceder gratis, aunque por supuesto también está la versión premium que por USD 15 te deja navegar a alta velocidad por 3 horas, al punto de poder ver películas on line. La versión sin costo alguno es bastante lenta y funciona de forma más bien aleatoria. Igualmente fue suficiente para usar el Whatsapp y hasta compartir fotos, aunque acceder a redes sociales fue casi una misión imposible. Quizá para eso esté la versión intermedia, llamada justamente “Social” que cuesta USD 6.

 

Una muy grata sorpresa fue el snack de mitad de camino que repartieron los TCP, consistente en un sandwich de queso acompañado de café, té o agua. Algo que no estoy acostumbrado a ver en las líneas full service con las que vuelo, y que tampoco tuvo lugar en el vuelo de regreso de la misma Norwegian, como veremos la semana que viene en el reporte del vuelo con destino Buenos Aires.

Unas horas antes de llegar a Gatwick se comienza a repartir la última comida del vuelo, que a estas alturas ya no estamos seguros si se trata de la cena o el desayuno. Consistía en huevos revueltos, salchicha, ensalada de frutas y un sacramento. Como pueden ver, al menos en el vuelo de ida hambre no pasé.

Un detalle importante de la comida es el vasito de cartón que te entregan con el postre dentro. A no confundirse, que no un recipiente donde abrir y comer el postre, sino que es la taza que tendrás que usar cuando pasen ofreciendo té o café. Los TCP pasan únicamente con las jarras en la mano, y te sirven en ese vaso.

 

Finalmente, luego de un larguísimo vuelo sin escalas llegamos a Gatwick, donde siguiendo los carteles de “Other Passports” llegamos al puesto de migraciones correcto. A esa hora de la madrugada había muy poca gente y el control fue bastante ágil. Las preguntas no pasaron de lo usual: cuántos días íbamos a pasar en el Reino Unido, a dónde íbamos después y qué pensábamos hacer. Por las dudas tenía impreso el certificado de cobertura médica y llevaba a mano las tarjetas de crédito, además de tener en mente la cantidad de efectivo que llevaba encima, pero nada de eso hizo falta.

Enseguida nos sellaron los pasaportes, y la Reina nos daba la bienvenida a Inglaterra mientras íbamos en busca de nuestras valijas. Algo muy particular, las figuras están hechas combinando perfectamente pequeñas fotografías de personas. Una verdadera obra de arte, como puede apreciarse aquí en la nariz y boca.

Próximamente hablaremos del aeropuerto de Gatwick y cómo viajar hasta el centro de Londres, que realmente no es nada difícil a pesar de estar alejado. Por lo pronto la experiencia de volar “long haul low cost” con Norwegian ha sido muy buena y económica. La semana que viene completaremos con el reporte del vuelo de regreso, y vayan preparándose para los posts sobre la gira europea, porque hay mucho material para compartir con todos ustedes!

Visitamos al habitante más antiguo de Merlo: El Algarrobo Abuelo

Firme en las afueras del pueblo, sobre el extremo noroeste en la zona de Piedra Blanca Abajo, el más viejo de los moradores de la Villa de Merlo reposa plácidamente desde hace unos 1200 años. No se trata por supuesto de un ser humano, pero sí es un ejemplar que ha sabido sobrevivir todos estos siglos sorteando inconvenientes como los argentinos mismos.

Hablo del Algarrobo Abuelo, un majestuoso árbol que ha sido testigo de todas las épocas habidas y por haber y que ha resistido al paso del ferrocarril por ejemplo, que cuando se instaló en esta zona de San Luis provocó la tala de numerosos especímenes como él mismo que supieron conformar un frondoso bosque que se extendía por el Valle de Conlara.

Hoy en día el Algarrobo Abuelo es un Monumento Histórico Provincial ubicado en el predio que pertenecía a la familia del poeta Agüero, en cuyo museo estuvimos y donde nos empapamos sobre su obra, incluyendo la famosa Cantata al Albarrobo Abuelo que lo hizo famoso e inmortalizó.

El Abuelo estuvo presente durante la Guerra de la Independencia y una placa recuerda que desde este predio, antiguamente la estancia de don Pio Agüero, partió el primer contingente de Piedra Blanca con mulas y pertrechos destinados al Ejército Libertador liderado por el General San Martín, que cruzara la Cordillera de los Andes para liberar Chile y Perú.

El predio en sí tiene unas 4 hectáreas, pero la visita se reduce considerablemente a una caminata de algunas decenas de metros, desde el acceso donde se abona la entrada hasta el prolijo cantero donde reposa el protagonista del lugar. Está muy bien cuidado, aunque antes de abonar habrá que tener en cuenta que no es más que eso: apreciar un árbol histórico e imponente, cuyas ramas más extensas casi tocan el suelo, y quizá descansar un rato a su sombra imaginando quién pudo haber hecho lo mismo, hace siglos atrás. Desde aborígenes Comechingones hasta soldados al mando de San Martín, el abanico de posibilidades en ese sentido es enorme.

Una visita que de seguro resultará interante para los seguidores de Agüero y su obra poética. Qué mejor que estar en el lugar preciso donde el artista se inspiró para escribir su obra maestra, y apreciar el aire fresco de su musa vegetal. Todo en un entorno muy disfrutable, ideal para pasar un rato al aire libre.

La Aviación estuvo de Fiesta: Se realizó la 38° Convención en Vuelo de la EAA

Como todos los años, durante el pasado fin de semana la Experimental Aircraft Asociation organizó la 38° edición de este tradicional evento que convoca a pilotos, técnicos y entusiastas de la aviación.

La cita se dio en el Aeródromo Ildefonso Durana de General Rodriguez, en el oeste de la Provincia de Buenos Aires, durante sábado y domingo. Este último día, con un sol pleno que lo hizo ideal para ir a ver aviones con la familia, nos acercamos hasta la sede de la EAA para pasar una hermosa jornada.

Constituida en 1982, la EAA Argentina es una asociación sin fines de lucro que tiene entre sus objetivos el promover y fomentar la aviación deportiva y amateur; y la investigación y desarrollo de la misma. Es por eso que en este aeródromo (y en este evento anual en particular) pueden verse tantos prototipos y aeronaves diferentes, en lo que hace a la aviación experimental. En esta ocasión, para ilustrarlo conté con la colaboración de uno de mis sobrinos que foteó un modelo experimental en un impecable primer plano.

Pero por supuesto, una de las partes más esperadas de estos eventos son las piruetas que se mandan en el cielo esos locos del aire que se animan a subirse y andar patas arriba.

También están los que te dejan el avión suspendido en el aire, como esperando para que los spotters le saquemos la foto, y luego lo dejan caer al vacío para recuperarlo mágicamente.

Cuanto más humo, mejor!

Aunque también están los momentos en los que dan vuelas por el aire sin tanto espamento, como se lo pudo ver a este hermoso ejemplar llegado de épocas de la Segunda Guerra, y que estaba probando su destreza en los cielos bonaerenses.

A todos, verlos a absolutamente todos es de lo más lindo!

Pero no solo de aviones están hechas las Convenciones en Vuelo de la EAA. En uno de los hangares había una banda sonando en vivo, mientras que a un costado se lucían estos hermosos autos de épocas pasadas.

Y por supuesto, unos invitados infaltables en estas ocasiones son esos pájaros de metal que pueden suspenderse en el aire por sí solos.

Así aparecía el piloto de pruebas de Cicaré por sobre el público.

Y así hacía flamear la bandera argentina.

Pero esta jornada tuvo dos protagonistas especiales. Uno de ellos fue el B-25 Mitchell “Huaira Bajo” que ya luce espléndido. Se trata de un bombardero bimotor que estuviera presente en la Segunda Guerra Mundial y que desde hace varios años se va restaurando en el aeródromo de General Rodriguez bajo la conducción de Gustavo Passano.

Está hermoso, como recién salido de la década del ’40, y ojalá pueda volver a volar pronto otra vez. Para los interesados, el Proyecto B-25 Mitchell (Huaira Bajo) tiene su página de Facebook a la que pueden acceder en el link.

El otro protagonista especial es este hermoso DC-3 que se ve en la foto de arriba, y al que se puede seguir en su página de instagram haciendo click en este link. También construido en la década del ’40, este ejemplar fue adquirido en Chile y sus actuales dueños lo trajeron volando desde el otro lado de la cordillera. Ahora siguen los trabajos de restauración en General Rodriguez y durante la Convención el público tuvo la oportunidad de visitarlo por dentro. Obviamente que aprovechamos para conocer el cockpit!

Un momento clave fue cuando intentaron encender el motor izquierdo. Las lluvias de la semana anterior complicaron las cosas en un principio pero luego de varios intentos fallidos finalmente el fiel DC-3 respondió y arrancó. El público detrás del ala lo festejó con gritos y aplausos, mientras hacían lo posible por no volarse ellos mismos.

Fue una hermosa jornada de sol, familia y aviones. Tanto modelos que de tan nuevos aún no están certificados para volar, como ejemplares históricos que ahora luchan por volver a hacerlo.

La EAA organiza la Convención de Vuelo en forma anual, así que quienes se hayan quedado con las ganas esta vuelta, siempre podrán tener revancha el año próximo. Para enterarse de los eventos, nada mejor que seguir el Facebook oficial de la EAA.

Visitamos la histórica Casa de Casco, en Chascomús.

En la calle Sarmiento, justo frente a la plaza principal de la ciudad, se levanta la casa que don Casco construyó en 1833 y que hoy en día es considerada como uno de los lugares históricos más relevantes de Chascomús. De estilo colonial, levantada con ladrillos revocados con adobe y caracterizada por no tener ochavas en las esquinas, esta vivienda es de las primeras construcciones de material que hubo en la ciudad, y entre sus paredes guarda historias realmente trágicas.

La primera de ellas tiene que ver directamente con los motivos de su construcción, algo que de por sí ya dice mucho. Vicente Casco nació en Asunción del Paraguay en 1776 donde se dedicó al negocio de la yerba mate y las maderas, pero en abril de 1809 se afincó en el sur de Buenos Aires donde conoció a Francisca Girado, con la que se casó en 1811. A partir de este casamiento Casco se hizo de una cuantiosa fortuna y de una familia de 16 hijos. Eran épocas difíciles en la frontera sur donde los malones eran cosa corriente, y en uno de ellos su casa fue atacada y uno de sus hijos, Domingo, raptado. Nunca más se lo volvió a ver.

A consecuencia de estos sucesos fue que los Casco decidieron construir su casa de material, con la particularidad además de tener dos pisos, accediéndose a la planta superior a través de una escalera desmontable desde arriba. El objetivo era la seguridad familiar, y que en caso de un malón pudieran subir arriba y remover la escalera, cuestión que los invasores no pudieran llegar hasta ellos.

Otra particularidad arquitectónica es que la casa tiene dos patios. El principal estaba conectado con el zaguán y rodeado de las habitaciones principales funcionaba como el lugar de encuentro para la familia. El patio de servicio por su parte era el espacio del servicio doméstico que estaba compuesto por esclavos.

El lugar de reunión cuando había visitas y fiestas (llamadas tertulias) era la sala, ambientada con un juego de sillones que se utilizaron en el Honorable Consejo Deliberante de la ciudad, un mueble de roble del Siglo XIX y un pianoforte, entre otras reliquias. La vistosa lámpara de cristal de vidrio también es del mismo siglo y hoy en día sigue llamando la atención.

Pero si hablamos de la sala y sus tertulias tenemos que hablar también de la más macabra de las que allí se celebraron. En aquella época Juan Manuel de Rosas gobernaba la provincia de Buenos Aires con mano férrea, en medio de la guerra civil que enfrentaba a federales y unitarios. Fue en este contexto en que se dio la Batalla de Chascomús, en la que las fuerzas rosistas aplastaron el levantamiento de los Hacendados al que Casco ayudó con armas y ganado. La fiesta por la victoria federal se celebró en esta misma sala, mientras que su dueño fue fusilado en Santos Lugares acusado de alta traición a la Patria.

La cocina depara una sorpresa. Más allá de la puesta en escena representando cómo se habría visto aquella habitación en la época en que la casa estaba habitada, en una de las paredes hay un enorme árbol genealógico que muestra las derivaciones de la familia Girado. Toda una obra de arte, así que cuando estén por ahí no se olviden de abrir sus dos hojas para poder contemplarla.

Otro atractivo de la Casa de Casco radica en haber sido el escenario en el que se filmó la famosa película Camila, con Imanol Arias y Susú Pecoraro. Un film que retrata a la sociedad de aquella época y su reacción ante una relación prohibida.

Mucha historia entre estas paredes la hacen merecedoras de una visita. La casa permanece abierta al público de lunes a viernes entre las 8 y las 15 hs; y los fines de semana  de 10 a 14 y de 18 a 20 hs.

Saliendo de Canadá rumbo a Miami: Reporte del Vuelo AC1642 de Air Canada Rouge

Finalmente terminó la primer etapa de mi viaje por Norteamérica y me dispuse a volar hacia Miami, donde aún me esperaban un par de intensas jornadas laborales. Así es que llegué  con algo más de tres horas de anticipación a la Terminal 1 del Aeropuerto de Toronto con el servicio de shuttle gratuito que brinda el hotel Doble Tree donde me estaba alojando.

El Toronto Pearson tiene la particularidad de que en la Terminal 1 está el USA Transborder, dedicado exclusivamente a vuelos hacia Estados Unidos. En el hall de checkin se deben utilizar los kioskos para imprimirse uno mismo los tickets de equipaje mediante un proceso que es largo, pero bastante claro. En la máquina se puede seleccionar el idioma que uno prefiera, haciendo las cosas más simples, salvo cuando el sistema pide escanear la visa: en el caso de los argentinos, nosotros tenemos dos visas, la de Estados Unidos y la de Canadá ¿Cuál es la que me pedía el sistema? Probé con la estadounidense, que me pareció la más lógica por ser mi próximo destino, y funcionó.

Una vez que adherí los stickers a mi equipaje (tarea con la que recibí la amable ayuda del staff de tierra de Air Canada Rouge) llegó el momento de despachar la valija… con el sistema automático! En ese momento no tenía idea, pero algo similar se estará implementando próximamente en Ezeiza, así que me vino bien para comentarlo en este post, y para irme entrenando.

La cuestión es bastante simple ya que simplemente tuve que apoyar la valija en el compartimiento. La máquina la pesó, leyó el código de barras del sticker y allí mismo me identificó como pasajero y cuál era mi destino. En el lector de la máquina pude leer que habían recibido mi equipaje con destino Miami, pero aún así, un poco en broma un poco en serio, me preguntaba si realmente había salido todo bien, o si acababa de enviar mi valija a.. Tokio, quizás?

Con pasaporte y boarding pass en mano (que lo imprime el mismo kiosko del sticker para el equipaje), sólo quedaba pasar por los controles de seguridad. Aquellos que estén inscriptos en el programa Global Entry del gobierno de Estados Unidos (sistema por el cual se aceleran los trámites de ingreso al país) tienen un acceso exclusivo al final del salón. El resto de los mortales tendremos que volver hacia las puertas de entrada a la terminal, donde está el acceso normal hacia los gates.

Allí dentro se hace el control de seguridad (laptops fuera del equipaje de mano y en una bandeja exclusiva) y se pasa a un enorme hall donde se realiza migraciones, pero no de salida de Canadá, sino de ingreso a Estados Unidos. Tal como es cuando se llega a un aeropuerto estadounidense, el primer paso es pasar por las máquinas que escanean la documentación y huella digital, nos sacan la foto y donde debemos contestar el cuestionario de rigor. Luego se pasa a la entrevista con el agente de la TSA.

La cola es importante y el proceso tiene una demora considerable, así que una recomendación a tener en cuenta cuando tengan que volar desde Canadá a Estados Unidos que que vayan con tiempo suficiente al aeropuerto, respeten las 3 horas antes del vuelo. Recuerden que en este caso hacen migraciones antes de partir y no al llegar, así que mejor que sobre el tiempo después; a llegar ajustados y terminar perdiendo el vuelo.

El cuestionario del agente de la TSA fue bastante standard pero algo más detallado que los que me ha tocado contestar las veces que llegué a Miami desde Argentina. Además de las clásicas preguntas sobre mi ocupación, motivo y duración del viaje, me consultó si llevaba plantas, y si tenía dinero por más de USD 10000. Contento con mis sendas negativas me selló el pasaporte y listo. Ya estaba oficialmente en Estados Unidos sin haber despegado los pies de suelo canadiense…

Como me sobraba tiempo y necesitaba preparar algunas cosas de trabajo para el día siguiente opté por usar la Priority Pass y acceder al salón vip, cuyo post pueden leer clickeando aquí. Quince minutos antes de la hora de abordaje me dirigí a la puerta F82 donde subí al A321 en el grupo 3. Esperé durante todo el abordaje, pero los dos asientos de al lado nunca se ocuparon…

Si bien todo se realizó en horario y el abordaje fue bastante rápido, el vuelo en sí salió con un importante retraso. Algo realmente raro, que nunca antes me había pasado, pero se trataba de un problema de papeles: así lo anunció el piloto cuando se dirigió a los pasajeros para disculparse e informarnos que había un problema de documentos que estaban solucionando. Quedó claro que no eran documentos del pasaje, sino del avión en sí.

Media hora más tarde de lo previsto comenzó el push back y nos dirigimos hacia la cabecera, donde hubo que esperar.

Estaba concurrida la cosa…

Mientras nos movíamos por la calle de rodaje los TCP aprovechaban el tiempo realizando la demo de seguridad, que se hace dos veces, en inglés primero y en francés después. Me llamó la atención (y causó gracia) la forma en que el jefe de servicio abordo anunció la repetición: “Bueno, ahora una vez más en francés y estamos listos para irnos”.

Al despegar se activa el servicio de internet y entretenimiento al que se puede acceder con los dispositivos personales (ya que el A321 no cuenta con pantallas propias). En el caso del celular hay que bajar previamente una app y cabe destacar que el entretenimiento es gratis e incluye películas argentinas. En el caso de internet hay que abonar extra. Yo igualmente aproveché para fotografiar a Toronto desde el aire (la imagen de arriba).

El viaje fue muy tranquilo, y el toque en Miami super suave. Eso sí, la media hora de retraso en el despegue la arrastramos y nunca la recuperamos. En Miami, como ya habíamos hecho migraciones en Toronto, desembarcamos diferente a lo que estoy acostumbrado: salimos por manga y nos mezclamos con la gente que esperaba para abordar en preembarque. Siguiendo los carteles llegamos al área de las cintas, donde me entró la tranquilidad al encontrar mi valija.

No había ido a parar a Tokio. Había llegado sana y salva al destino correcto…