Una breve pasada por la ciudad de la laguna: Lobos

Ubicada a unos 100 kilómetros de distancia desde la capital federal la ciudad de Lobos se alza a la vera de la laguna que le da nombre y cuenta con una población de aproximadamente 44600 habitantes según el censo de 2010.

Hasta allí llegamos una tarde provenientes de Navarro, siguiendo las huellas del gaucho Juan Moreira, que oriundo de área navarrense había llegado hasta este lugar escapando de las autoridades. Fue en la pulpería La Estrella (ubicada en lo que hoy es el Sanatorio Lobos) donde Moreira fue rodeado por los efectivos de la Policía de Buenos Aires que lo perseguían, y en la batalla que se libró finalmente murió luego de luchar incansablemente.

Sin programa definido más que atar el último cabo de la historia de Moreira llegamos a Lobos y aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad, cuya fecha de fundación es el 2 de junio de 1802, aunque su historia comienza mucho antes. Fue en 1779 que en las inmediaciones de la laguna se instaló el Fortín de San Pedro de Lobos, tomando supuestamente su nombre por el hecho de que en el espejo de agua vivían gran cantidad de nutrias, conocidas como “lobos de agua”. El objeto del fortín era defender la línea de fronteras frente a las avanzadas de los malones indígenas que asediaban y robaban principalemente el ganado. Con la construcción de la iglesia por parte de Juan Salgado y su esposa se da comienzo al pueblo que luego se convertiría en la ciudad que hoy conocermos.

Un lugar de descanso obligado es por supuesto la plaza principal, originalmente llamada Buenos Aires, que en conmemoración del primer centenario de la Revolución de Mayo fue rebautizada como 1810. Frente a ella encontramos un edificio que es testigo de la historia completa de Lobos: la iglesia Nuestra Señora del Carmen cuyo primer documento oficial es un acta de defunción. Si bien fue construída a principios del siglo XIX, la fisonomía actual corresponde a una restauración de 1906. En su interior, el altar mayor está completamente construido en mármol de carrara.

Si bien la visita particular que hicimos en Lobos fue la Casa Museo Natal de Perón, cuyo post podés leer haciendo click aquí, por supuesto que no podíamos irnos de la ciudad sin pasar por su estación de tren a hacer la correspondiente sesión fotográfica.

Inaugurada en 1871 la Estación Lobos pertenece a la Línea Sarmiento que, al establecer el servicio desde la estación terminal de Once, facilitó la conexión del pueblo con la gran ciudad permitiendo así no sólo el flujo ágil de pasajeros, sino también el transporte de las mercaderías producidas en Lobos. Dentro de sus instalaciones funciona la Biblioteca Popular Héroes de Malvinas.

El poco tiempo disponible y lo improvisado de nuestra escapada a Lobos no dejó espacio para seguir explorando la ciudad. Son muchas las cosas que quedaron por hacer, como caminar más tranquilamente su casco histórico, visitar la famosa laguna, y por supuesto, para los #avgeeks como yo, habrá que pasar por el aeroclub donde se realizan vuelos de bautismo. Por qué no, lo más intrépidos pueden vivir la experiencia de tirarse en paracaídas, ya que Lobos es considerada la capital nacional de esta actividad.

Lobos amerita una visita más exclusiva, incluyendo por supuesto asado con amigos. En cuanto vuelva el tiempo lindo, prometemos una segunda escapada, y muchos más posts!

Vuelta a Cachi: Hermoso pueblo colonial en los Valles Calchaquíes.

Todavía recuerdo como si fuera ayer mi primera visita al hermoso pueblo de Cachi. Habíamos salido de Cafayate y tomado la mítica Ruta 40, yo al volante del Fiat Palio. Transitamos con cuidado una ruta en bastantes malas condiciones producto del viento que formaba interminables “pianitos” y el agua. Era época de lluvias y a pesar de ir con cuidado, en dos oportunidades el auto quedó atascado en el barro y tuvo que ayudarnos un baqueano para salir de la situación.

Fue un viaje mágico en el que por momentos la ruta se convertía en un angosto camino de cornisa donde sólo entraba nuestro Palio, que iba rozando la vegetación del costado procurando mantenerse en el ripio. Y así de mágico era también el pueblo al que llegamos. Casi sin gente en sus calles adoquinadas, de veredas singularmente angostas y altas, Cachi se alzaba ante nosotros con sus casas de adobe, pintadas casi todas ellas de blanco, y con claro tinte colonial español.

Aunque dicen que al volver a un lugar que nos fascinó en el pasado esas sensaciones nunca se repiten, Cachi era un punto obligado de mi nueva recorrida por el NOA. Y debo decir que quizá llegar al mediodía del primer fin de semana de vacaciones de invierno quizá no haya sido buena idea, ya que ya ante de entrar, el quedar embotellado en el camino de ingreso al pueblo por la increíble cantidad de micros estacionados por todos lados (que por otro lado se ven totalmente desubicados en esas pequeñas calles norteñas), me desilucionó un poco.

 

Más allá del fuerte contraste entre mis recuerdos y la nueva realidad, al pie del Nevado de Cachi el pueblo sigue conservando ese encanto especial. Originado en la distrubución de encomiendas que se dio en Salta en el año 1673 y e incluido luego en lo que se conoció como “La Hacienda de Cachi”, el por qué de su nombre sigue siendo un misterio. Mientras que la palabra quechua Cachi significa “sal”, y no se encuentra mucho sentido a tal denominación, otros dialectos podrían dar una explicación más factible. Para los diaguitas, por ejemplo, “kak” significaba piedra, mientras que “chi” era silencio. Pero lo cierto es que aún hoy no hay un acuerdo al respecto.

La Plaza 9 de Julio, cerrada con una baja medianera y cuyos accesos están demarcados por pintorescos arcos, constituye el centro de la actividad del pueblo. Frente a ella se encuentra el Museo Arqueológico, una casona del 1920 muy distinguible por su recova, en cuyo interior se puede visitar la muestra que ilustra los procesos sociales de la región, desde el poblamiento de América hasta la llegada de los españoles.

Entre el museo y la plaza, y cerrando la calle en una de sus extremos, la Iglesia San José data del siglo XVIII y en épocas de la Hacienda se la destinó a la catequesis y la enseñanza de la lengua española entre los campesinos de la finca. Su característica exterior más relevante es su fachada con tres campanas, que aunque típica del siglo ya nombrado fue restaurada en 1947. El interior cuenta con una larga nave de 35 metros y llamativos techos construidos con madera de cardón.

Un punto también casi obligado es el cementerio, al que se accede cruzando el Río Las Trancas para tomar el camino que sube hacia la derecha y desemboca en esta construcción elevada desde la cual se tiene una vista panorámica de todo el pueblo. Alumbradas por el sol, sus arcos blancos se ven nítidos desde la plaza central incluso, desde donde más que un cementerio el edificio parece un hotel de lujo. Según nos comentó el secretario de turismo, una experiencia asombrosa es subir hasta aquél “último hotel” por la noche (lo cual debe hacerse con mucha precaución) para contemplar el cielo estrellado. Importante llevar abrigo porque, si bien durante el día en Cachi se puede estar en mangas de remera aunque sea pleno invierno, por la noche refresca en serio.

Y para aquellos que suban al mirador de día, si se fijan hacia el lado opuesto al pueblo verán algo que no podrán creer. Imperdible para cualquier #avgeek que se precie, Cachi cuenta con una hermosa, muy cuidada y absolutamente intrigante pista de aterrizaje. en el medio de la nada. Por supuesto que no está en uso (o al menos eso creimos nosotros) así que la gente aprovecha para ir a andar en bicicleta, acelerar la moto, o como en mi caso, estacionar el auto en la cabecera como si fuera a despegar. Pero la verdad es que llama la atención el buen estado del pavimento, al que a todas luces se le hacen trabajos de mantenimiento, para un aeródromo sin actividad. Al respecto hay comentarios de todo tipo, desde que se la utiliza para la llegada de aviones sanitarios, hasta que es una pista ilegal para uso de los traficantes.

No lejos de allí, y camino a las cabañas donde nos alojamos nosotros, se encuentra el otro gran misterio de Cachi: el Ovnipuerto. Este aeropuerto para platos voladores no estuvo siempre allí; de hecho es relativamente nuevo. Construido en 2012 con piedras blancas dispuestas en forma de estrella de 36 puntas en un círculo de 48 metros de diámetro, es obra del suizo Werner Jaisli, quién dice haber seguido las instrucciones de extraterrestres que le encomendaron la misión telepáticamente, para poder aterrizar sus naves voladoras en la Tierra. Aunque un poco raro, hoy en día el ovnipuerto es una atracción más para los turistas que lleguen hasta este pueblo salteño.

Producto del turismo Cachi ha crecido mucho en los últimos años y el acceso por la RN40 se ha mejorado notablemente, siendo fácil de transitar, especialmente en meses de invierno que es la época seca. Caminar por sus calles coloniales disfrutando del paisaje y la arquitectura de época es una sensación realmente placentera. Sentarse en sus veredas de piedra a descansar bajo el calor del sol, de seguro que también lo es. Sólo tengo una recomendación para vos: no te lo pierdas!

Vuelos de ida y vuelta a San Luis: Reportes de los AR2482 y AR1487

Mis últimas vacaciones transcurrieron en la provincia de San Luis y para llegar hasta allí hubo que madrugar de verdad. Al menos en ese momento (marzo pasado) el único vuelo que llegaba por la mañana era el AR2484 que despegaba de Aeroparque a las 5:25 am. Lo se, es un horario horrible, que prácticamente no te deja dormir, pero a la vez tiene la ventaja de llegar temprano a destino, donde al menos se podrá aprovechar algo del día hasta que el sueño finalmente nos venza.

Normalmente si tengo que despachar equipaje trato de estar en el aeropuerto con la anticipación que corresponde, para el caso de vuelos de cabotaje como este, 2 horas antes del despegue. Pero claro, las partidas de madrugada siempre trastocan un poco los horarios, y más cuando el remisero se queda dormido y te pasa a buscar casi media hora más tarde de lo pactado…

Llegamos a Aeroparque a las 4:25, que es casi el tiempo con el que suelo llegar cuando no viajo por el día, sin equipaje. En el check in de “Destinos Norte” había bastante gente, pero por suerte corría bien, y estuvimos a tiempo.

Luego de pasar por los controles de seguridad sin demora, embarcamos por la puerta 11 desde donde los clásicos colectivos nos llevaron hasta la posición remota donde nos esperaba el Embraer 190 de Austral.

La gran virtud del E-190, a mi entender, es la comodidad para el pasajero. Con sus asientos anchos y mullidos en configuración 2-2 se convierte en un avión realmente confortable, y el pasajero no se siente tan apretado como normalmente pasa en la clase turista de los fuselajes angostos. A pesar de haber elegido otro asiento, en esta ocasión nos asignaron las salidas de emergencia, así que dispusimos de algo de espacio extra para las piernas, y por supuesto recibimos la charla de la TCA con instrucciones específicas, las cuales igualmente están convenientemente pegadas en la mesa rebatible.

El viaje es corto y a esa hora de la mañana cai rendido apenas nos despegamos del piso. Cuando aterrizamos en San Luis el día aún peleaba por ganarle a la noche. El aeropuerto puntano es muy pequeño y no cuenta con mangas. Descendimos por plataforma y retiramos los equipajes en una sala muy pequeña que sólo es apta para atender un vuelo a la vez.

Dos semanas después estábamos de vuelta en LUQ para abordar el vuelo de regreso a Buenos Aires. Ahora sí llegamos con tiempo de sobra, tanto que nos encontramos que en el stand de la rentadora aún no había nadie para devolver el auto alquilado. Esto es algo bastante común en los aeropuertos del interior, donde el personal trabaja en la ciudad y viene hasta aquí únicamente cuando llegan los vuelos. Por supuesto el muchacho llegó a tiempo e hicimos los papeles de devolución sin inconvenientes.

En esta ocasión el equipo asignado era un B737, con mayor capacidad que el E-190. Era domingo, y ese era el único vuelo del día, por lo que era mandatorio poner un avión más grande para atender el total de la demanda. De hecho, a diferencia del E-190 que nos trajo, el Boeing de vuelta voló casi full de pasajeros.

Un detalle importante a mencionar salió a relucir cuando hacíamos la entrega del equipaje en los mostradores de checkin. Allí resultó que la pareja que estaba delante nuestro se encontró con la sorpresa de que su pasaje no incluía el equipaje, por lo que debían pagar con recargo allí mismo, o bien rearmar todo a fin de poder llevarlo en cabina como equipaje acompañado, para lo cual existen restricciones en cuanto a dimensión y peso de los bultos. A pesar de que ya hace un tiempo que Aerolíneas Argentinas adoptó esta modalidad a fin de adaptarse a la nueva realidad del mercado, es evidente que hay gente que aún no tomó nota. Por eso vale la pena recordarlo en este párrafo: al emitir el pasaje revisen con atención las condiciones de equipaje incluidas en la tarifa. Es probable que se deba abonar aparte y en ese caso siempre es mejor hacerlo anticipadamente por internet, tanto porque es más barato como para evitarse dolores de cabeza al momento del embarque.

Como ya dijimos anteriormente, el Aeropuerto de San Luis es muy pequeño. Eso se ve en su hall y en la diversidad de servicios que tiene para el pasajero: apenas un bar en la punta que sólo está abierto algunas horas antes de la llegada de los vuelos. Una vez pasados los controles de seguridad no hay más nada, con excepción de los baños, así que si quieren comprar algo deben tenerlo en cuenta. (También tienen que recordar que no pueden pasar por los scanners con líquidos, así que lo que compren para tomar en el bar lo tienen que consumir antes de pasar por PSA). En cuanto a comodidad, si bien es pequeña la sala de embarque cuenta con asientos para casi la totalidad de los pasajeros de un B737, así que para el movimiento que tiene el aeropuerto está muy bien.

En el vuelo de regreso no me dormí, así que en la hora y media que dura pude disfrutar del servicio de abordo que es únicamente de bebidas. Recuerden que desde hace bastante Aerolíneas eliminó el serivicio de comidas a bordo para vuelos cortos. Al llegar a Aeroparque desembarcamos por manga, lo que hizo que nos mezcláramos con los pasajeros que aguardaban para abordar su vuelos en la sala de embarque. Siguiendo la cartelería de “Reclamo de Equipajes” se llega hasta las cintas y la salida.

Asi finalizaron las vacaciones en San Luis. Hay mucho material para compartir con todos ustedes sobre Merlo y Potrero de los Funes, las dos localidades en las que hicimos base durante 15 días. Estén atentos, que ya vendrán los posts!

El Parque Nacional Tikal: La impresionante ciudad maya de Guatemala.

Las leyendas sobre la “ciudad perdida” siempre habían estado en el saber popular guatemalteco pero fue en febrero de 1848 cuando el gobernador de Petén, Ambrosio Tut, notó lo que le parecieron cúpulas de edificios que sobresalían de la selva. Enseguida corrió a avisarle al corregidor y fue entonces que junto a Modesto Mendez descubrieron oficialmente a Tikal.

La Ciudad de las Voces (tal el significado de su nombre) había permanecido escondida por la selva durante siglos desde que los mayas la abandonaron abruptamente. Hoy sabemos que Tikal es el asentamiento preshispánico más extenso de Guatemala, y habiendo sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979, es uno de los puntos turísticos más importantes del país centroamericano, y un imperdible para todo aquél viajero que lo visite.

Ubicado en el municipio de las Flores, departamento de Petén, y a algo más de 500 km desde la Ciudad de Guatemala, el viaje hasta Tikal es largo pero vale la pena. Con una superficie de unos 576 km2, de los cuales se han investigado apenas 16, se trata del sitio arqueológico más grande del continente americano y es absolutamente fascinante. Aun cuando falta mucho por descubrir en este enorme predio y recorrerlo en su totalidad en un sólo día es imposible, puedo decir que nuestra recorrida no estuvo nada mal.

Iniciamos la caminata en el Centro de Visitantes desde donde nos dirigimos hacia la Gran Plaza, el corazón de la ciudad y punto en el que se levantan sus edificios más relevantes. Allí se encuentra el Templo del Gran Jaguar, que con sus 45 metros de altura está orientado hacia el oeste, de cara a la puesta del sol. Al frente, en el extremo opuesto de la plaza, se levanta el Templo II, también conocido como Templo de las Máscaras, construido cerca del año 700 por el gobernante Jasaw Chan K’awiil I, como monumento mortuorio para su esposa. A este templo se puede subir por una escalera instalada en su parte posterior para obtener una espectacular vista aérea de la Gran Plaza.

Si uno se aventura hacia atrás de este edificio rápidamente llegará al Templo del Sacerdote Jaguar, que se supone perteneciente a la última fase de construcción de la ciudad, allá por los alrededores del año 810. Alejándonos en dirección opuesta a la Gran Plaza por la Calzada Tozzer llegaremos finalmente al más cinematográfico de los edificios de Tikal. En un extremo de la metrópoli, el Templo IV, conocido también como el de la Serpiente Bicéfala, fue escenario de la película El Ogro. Sin embargo sería en 1977 cuando le llegaría la fama mundial. Con sus 70 metros de altura, el Templo IV es el más alto de la ciudad y esto permite tener una vista fascinante del resto de las construcciones, con sus cúpulas sobresaliendo de la espesura selvática. Esa misma vista es la que fascinó a George Lucas, y es la que puede admirarse en una de las escenas de Star Wars, Episodio IV (una de las tres películas originales de la trilogía). Quienes la hayan visto, quizá recuerden este escenario.

Por supuesto que los mayas practicaban aquí también sus actividades astronómicas, como ya había quedado patente cuando visitamos la ciudad de Chichén Itza, a cuyo post accedés haciendo click aquí. En el caso de Tikal encontramos a la Gran Pirámide, de aproximadamente 32 metros de altura y fácil acceso por sus escalinatas dispuestas en los cuatro lados. Junto con la Plataforma Este formaba un conjunto de observación astronómica.

También en esta ciudad el juego de pelota era una actividad importante y tenía lugar en la Plaza de los Siete Templos, en cuyo extremo norte había tres patios para practicarlo. Este grupo de estructuras debe su nombre a los siete templos alineados uno detrás del otro, de norte a sur, donde el central es el de mayores dimensiones.

Como  ya hemos dicho, recorrer la ciudad entera llevará más de un día, en particular porque hay puntos que están muy distantes de la Gran Plaza, por lo que llegar hasta ellos requerirá una larga caminata. Por eso, para los que estén interesados y dispongan del tiempo, lo mejor será dividir la visita en dos días. De disponer de sólo uno, como era nuestro caso, lo más recomendable es restringir la recorrida a los puntos mencionados en este post, que son los más interesantes.

Claro que por más restringida que sea la visita, siempre llevará del día completo y habrá que tener algunas precausiones. Fundamental un gorro para cubrir la cabeza, lentes oscuros y protector solar porque el sol pega realmente fuerte. Tampoco hay que olvidar el repelente de insectos y, por supuesto, agua, mucho agua. Si bien hay puntos donde comprar, siempre es bueno llevar una mochila con líquido e incluso, una vianda liviana.

Las ruinas de Tikal son un lugar para disfrutar. Se las puede andar e incluso a las que están habilitadas se puede subir. Una excursión imperdible que te hace volver siglos en el tiempo. ¡A no perderselá!

 

 

Historia del día en que los gremios aeronáuticos nos tomaron de rehenes.

El viernes 5 de julio llegué a Aeroparque pasadas las 7 de la mañana para abordar el vuelo AR1502 que despegaba a las 8:25 de la mañana con destino a la ciudad de Córdoba. Iba a ser una jornada de trabajo en la ciudad del fernet pero de repente y sin previo aviso hubo que modificar la agenda una, dos, y la verdad no se cuántas veces.

Si bien mi vuelo figuraba en horario la gente en la sala de embarque se agolpaba sobre las pantallas de información en las que de a poco empezaban a aparecer las cancelaciones. Cada vez que el personal de las líneas aéreas anunciaba por los parlantes que el vuelo X había sido cancelado, los pasajeros afectados parecían recibir un golpe en la boca del estómago: suspiros, caras de sorpresa mezclada con decepción y algún que otro resoplido eran la regla general. No era la niebla ni una tormenta descomunal que impedía la salida de los aviones. Esta vez la famosa “meteo” no tenía nada que ver, sino que las cancelaciones y demoras se debían pura y exclusivamente a actividad gremial.

Pero ojo, no se trató de un paro en reclamo por recomposición salarial, ni tampoco de una huelga presionando a las empresas y el gobierno para que garanticen la seguridad operacional de la industria aeronáutica argentina. El motivo del caos que se vivía en Aeroparque era una “Asamblea Informativa” que el mismo 5 de julio APLA (el sindicato de los pilotos) anunciaba con el siguiente comunicado:

De esta forma APLA dejó en tierra a una buena cantidad de pasajeros porque sus pilotos estaban ocupados informándose sobre la situación de la industria aerocomercial argentina (o en todo caso la visión del sindicato sobre la misma). Si bien la asamblea finalizó a las 8 de la mañana, las operaciones no se reanudaron en ese momento ya que pegadito a la asamblea de APLA comenzó la de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, sindicado que agrupa a los tripulantes de cabina. La cuestión es obvia: sin pilotos y TCPs el avión no puede salir.

Hagamos un paréntensis acá para hablar de los gremios, su rol en la sociedad y en fin, su importancia. Es una realidad innegable que el mundo en el que vivimos (y trabajamos) hoy es producto de la acción de los sindicatos. La historia demuestra con sobrados ejemplos que sin estas organizaciones que balancean el poder del empresariado, los trabajadores pocos derechos tendríamos, y más que colaboradores de una empresa seríamos sus esclavos. Leamos sino un poco sobre la revolución industrial y cómo eran las jornadas y condiciones laborales en aquellos tiempos. Y aún hoy en día hay mucho que hacer, tanto negociando con las empresas como con los gobiernos, ya sea para seguir encontrando mejoras como para mantener las condiciones actuales, a la vez que se mejora la productividad.  Hasta aquí la función de un gremio en una sociedad, para cuya consecución tiene diferentes herramientas, incluído el derecho de huelga que es válido, genuino y legal.

El problema viene cuando con estos ideales se mezclan la política y mezquinos intereses individuales y/o grupales, punto en el que una organización que está pensada y creada para defender los derechos de un grupo amplio de trabajadores pasa a accionar en beneficio de lo que a algunos pocos les importa. Y ese parecería ser el caso de estas asambleas repentinas que, según los comunicados, apuntan a informar a los afiliados, pero cuyo objetivo claro y real fue joderle la vida a miles de pasajeros, ser la noticia del día y meterle presión al gobierno. Porque, vamos muchachos! ¿Informar a los pilotos? En pleno siglo XXI, la era de las comunicaciones, organizar una juntada en un horario pico de un viernes previo a un fin de semana cuasi largo solamente para informar algo parece un chiste de mal gusto, y no se lo cree nadie. Los volantes y carteleras existen desde que se creó la imprenta, pero ponele que hoy en día nadie los lee. Están internet, particularmente redes sociales, intranet, whatsaap, blogs, podcasts… Hasta asambleas presenciales organizadas en turnos para que participen aquellos pilotos que en ese momento no deban estar al mando de un avión; y que a la vez los que están volando tengan la oportunidad de asistir en otro turno y no perderse la información. Formas ingeniosas de informar a los afiliados de forma confiable y sin joder al pasajero hay. Sólo hace falta un poquito de ingenio, y, por supuesto, la intención de no joder a nadie.

Pero faltaba la jugada del millón: las asambleas de los dos gremios en lugar de superponerse y así minimizar el impacto a los pasajeros, se sucedieron cosa de dejar en tierra a la mayor cantidad de gente posible. Entonces muchachos no, a los usuarios no nos sirven las disculpas por los inconvenientes originados cuando las cosas fueron malintencionadas.

Y vuelvo al punto de la importancia de los gremios, su acción en la sociedad y su legitimidad. Cada uno podrá tener su opinión política, su visión sobre la política aerocomercial (o cualquier otra) de este u otro gobierno, y su idea sobre lo atinado o no de llevar adelante un paro. No voy a quejarme de cuando piden el aumento salarial que les corresponde, y mucho menos si dejan un avión en tierra porque consideran que no están dadas las condiciones de seguridad para operar. Al contrario, aplaudo y agradezco que así sea y que mantengan a la industria aérea como la más segura de las formas de transporte. Pero es imposible que me convenzan de que la única forma de comunicar efectivamente lo que los pilotos y tripulantes deban saber, sea frenar los vuelos de todo el país y arruinarles el fin de semana a miles de usuarios. En realidad, con medidas como esta lo único que logran es desacreditar la credibilidad del gremio ante la socidedad.

Una actitud muy triste y lamentable si pensamos que, al final de cuentas, todos ustedes no viven en realidad de las empresas que les pagan los salarios, sino de los pasajeros que día a día elijen a esas empresas para viajar, y pagan por ello, financiando así sus salarios. Esos mismos pasajeros a los que el viernes 5 de julio dejaron de a pié.