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Berlin Tempelhof: Un aeropuerto histórico convertido en parque público.

A apenas 15 minutos en auto del centro de la ciudad de Berlín se levanta el que supo ser uno de los aeropuertos más importantes del mundo, y que hoy es uno de los parques al aire libre más grandes, superando incluso al Central Park de Nueva York.

Inaugurado oficialmente como aeropuerto en el año 1923, el Flughafen Berlin – Tempelhof funcionó como base de la aerolínea alemana Lufthansa desde que esta se fundó en 1926. Para esa época ya se trataba de una terminal aérea de gran importancia en Europa, y en 1936, ya con administración nazi y bajo la supervisión de Albert Speer, se construyó la enorme mole de cemento semicircular que conformó la nueva terminal de pasajeros, y que hasta que se levantara el Pentágono sería el edificio más grande del mundo.

Aun hoy en día, y a pesar de los intensos bombardeos que conviertieron a Berlin en ruinas durante la Segunda Guerra Mundial, este imponente edificio se mantiene intacto y es una de las pocas muestras de arquitectura claramente nacionalsocialista que aún se encuentran en pie. No solo eso, luego de la reunificación de Alemania el aeropuerto retomó las operaciones comerciales y funcionó hasta el 2008, cuando se decretó su cierre por las pérdidas millonarias que generaba: su cercanía al centro urbano impedía que se ampliaran sus pistas e instalaciones para adaptarlas al tamaño de las nuevas aeronaves como el B747, que no podían utilizarlas. De hecho si no dejó de operar antes fue por la presión (y las acciones judiciales) por parte de las aerolíneas que necesitaban un aeropuerto alternativo donde mudar sus vuelos, antes del cierre.

Fue así como el aeropuerto central de Berlín se convirtió a partir de 2010 en el Tempelhof Feld, el mayor parque público de la ciudad y, con sus 380 hectáreas de superficie, en uno de los más grandes del mundo. El ingreso es libre y gratuito, y así se accede a las antiguas pistas de aterrizaje, las calles de rodaje y el campo aledaño, como así también a la antigua señalización que permite unas fotos imposibles en cualquier aeropuerto en funcionamiento. Y para los fanáticos de la aviación, como yo, eso no tiene precio.

Claro que también están los que solamente van a hacer un poco de ejercicio.

O los que simplemente se juntan con los amigos a descansar y tomar una cerveza fría.

Pero quien llegue al Tempelhof Feld por primera vez no podrá evitar una sensación extraña: por un lado queda patente que se está entrando a las instalaciones de un aeropuerto, y al mismo tiempo es sabido que episodios históricos de relevancia mundial tuvieron lugar en estas pistas de aterrizaje, hoy en desuso.

Desde la fácilmente identificable torre de control, el 28 de junio de 1948 se dirigió el aterrizaje del primer avión que llegaba con suministros a Berlin Occidental, inaugurando una de las operaciones aéreas más importantes de la historia: El Puente Aéreo de Berlin.

Luego de la Guerra las potencias aliadas no solo se repartieron el territorio de Alemania, sino que también hicieron lo mismo con su capital: Berlin. Al poco tiempo los territorios berlineses controlados por los aliados occidentales pasaron a conformar la trizona (al mando de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia), mientras que del otro lado estaba Berlín Oriental controlada por la Unión Soviética. Fue el 20 de junio de 1948 cuando una reforma monetaria anunciada para Alemania Occidental desató la crisis. Ante el temor de las consecuencias que la introducción de una moneda fuerte traería en la capital alemana, la URSS decidió el bloqueo de los sumistros que llegaban a Berlin Oeste, en una jugada que pretendía que las potencias capitalistas abandonaran sus territorios berlineses.

La respuesta fue el abastecimiento de la ciudad por aire, en una seguidilla de vuelos que salían todos los días desde los aeropuertos de Alemania Occidental para aterrizar en Tempelhof. Durante 15 meses se transportaron unos 2 millones de tonaladas de mercaderías, y el pico se dió entre 15 y 16 de abril de 1949, cuando en el transcurso de 24 horas operaron nada más y nada menos que 1400 vuelos.

Con hechos tan abrumadores uno se pregunta si los jóvenes berlineses que hoy recorren el viejo aeropuerto haciendo ejercicio reflexionan sobre cómo habrá sido ese sinfin de aeronaves, aterrizando y despegando una detrás de otra. O en vez de pensar en la Guerra Fría, quizá estén más interesados por los misterios que guardan los sótanos de Tempelhof, donde durante la Segunda Guerra se ensamblaban los motores de los aviones bombarderos Stuka para la Luftwaffe.

O quizá no se pregunten nada de eso y simplemente quieran pasar un lindo día al aire libre.

 

Para llegar desde el centro y apreciar la imponente terminal de pasajeros habrá que tomar el subte U6 hasta la estación Platz der Luftbrücke (en español Plaza del Puente Aéreo). Sin embargo bajar aquí nos dejará algo lejos del acceso al parque, por lo cual deberemos caminar a lo largo del edifico unas cuadras. Sino, otra opción es seguir hasta la estación siguiente, Paradestrasse, o la que sigue Tempelhof, lugar a la que llegan también los trenes suburbanos S41, S42, S45 y S46.

Ya sea por disfrutar de un lindo día de sol, salir a correr, o para apreciar la arquitectura nazi o revivir partes importantes de la historia alemana (y del mundo), el paso por el antiguo aeropuerto de Tempelhof es una visita obligada cuando se está en Berlín.

Butler´s Barracks: Un sitio histórico de Canadá convertido en parque.

Niagara on the Lake es un pueblo pequeño y muy caminable (en los meses de verano, claro) a orillas del Lago Ontario, justo en la desembocadura del río Niagara que le da el nombre. Hacia el este del pintoresco centro histórico, prácticamente lindero al Fuerte George del que ya hablamos en este otro post, hay un amplio espacio de unas 2 hectáreas de parque al aire libre.

Al Sitio Histórico Nacional Barracas de Butler hoy en día se accede desde el Veterans Memorial Park, y cuenta con una serie de largos senderos por los que se puede realizar una caminata realmente placentera, a la sombra de los árboles (en ocasiones) y respirando aire puro y sobre todo, tranquilidad.

Pero esto no siempre fue así, ya que las Butler’s Barracks (bautizadas así en honor al heróico soldado de la Revolución Americana que fundara el pueblo de Niagara on the Lake) tienen historia militar desde sus orígenes, y por tanto supieron estar muy ajetreadas. Construido a partir de 1814, fuera del alcance de los cañones estadounidenses apostados del otro lado del río (y luego de que tales armas destruyeran el Fort George el año anterior), el complejo se convirtió en el principal centro militar británico para la defensa de la península de Niágara.

Con Canadá erigido en un país independiente las Butler’s Barakcs devinieron en un campo de entrenamiento militar para voluntarios. Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914 estos entrenamientos se volvieron más intensivos ya que los hombres que aquí se ejercitaban serían destinados al frente europeo. Lo mismo sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, momento en que las instalaciones se expandieron para convertirse en una instalación militar con todas las letras.

Así que durante largos años estos campos donde hoy se puede disfrutar de salir a hacer algo de ejercicio escuchando música con los auriculares, estuvieron repletos de tiendas de campaña llenas de hombres jóvenes que se entrenaban para la guerra, incluido el Primer Batallón de Paracaidistas de Canadá. Formado en 1942, el célebre grupo que se unió a la 6ta División Aérea de Inglaterra y estuvo estacionado aquí en 1945 esperando su transferencia al Teatro de Guerra japonés, hasta que fue desarticulado en septiembre de aquél año con el fin de las hostilidades. Este batallón lleva aún el orgullo de no haber perdido nunca una batalla.

El campo militar se mantuvo en actividad hasta 1966, época en que las necesidades de defensa del país cambiaron. Hoy en día es un sitio histórico nacional en el que aún se mantienen en pie varias de las estructuras levantadas en su momento para albergar a los soldados.

Además durante el trayecto uno se encuentra con cartelería explicando lo que sucedió en aquél lugar, y en ocasiones unas muy interesantes transparencias a través de las cuales uno ve el terreno actual, pero superponiendo imágenes de lo que habrá sido la vida allí hace casi un siglo atrás, como en el caso de esta pareja que se despide a la vera de los rieles instalados para que el ferrocarril militar transportara a los milicianos hacia los campos de batalla europeos en los años ’40. La pareja representada es real, y no se volverían a ver por casi 5 años, hasta que finalmente se casaron en 1946.

Pero no todo es guerra en la historia de las Butler’s Barracks, sino que también hay lugar para la amistad y camadería. Así es que en agosto de 1955 se desarrolló en estos terrenos el octavo Jamboree Mundial Scout, la mayor reunión internacional que el movimiento Scout desarrolla usualmente cada 4 años para afianzar vínculos de amistad entre jóvenes de todo el planeta. En aquella oportunidad participaron unos 11000 scouts llegados de 71 países diferentes.

Pero como les decía, hoy en día todo es tranquilidad y paz en Butler’s Barracks, salvo cuando se organiza allí algún concierto de importancia, o cuando uno se topa con llamativos carteles alertando sobre la presencia de plantas venenosas.

Igualmente no es para preocuparse más que cuando uno va de camping a un lugar agreste,  o de trekking. Simplemente hay que evitar tocar la hiedra venenosa, que se reconoce por su tres hojas (la del centro más grande) con bayas blancas. Y particularmente aquí bastará con mantenerse en los senderos y en los sectores donde el pasto no está muy alto y permite ver lo que se está pisando.

Así se puede pasar un hermoso día al aire libre, disfrutando de un lugar histórico por el que tantos soldados han pasado, pero ahora, con un mate en la mano.