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Butler´s Barracks: Un sitio histórico de Canadá convertido en parque.

Niagara on the Lake es un pueblo pequeño y muy caminable (en los meses de verano, claro) a orillas del Lago Ontario, justo en la desembocadura del río Niagara que le da el nombre. Hacia el este del pintoresco centro histórico, prácticamente lindero al Fuerte George del que ya hablamos en este otro post, hay un amplio espacio de unas 2 hectáreas de parque al aire libre.

Al Sitio Histórico Nacional Barracas de Butler hoy en día se accede desde el Veterans Memorial Park, y cuenta con una serie de largos senderos por los que se puede realizar una caminata realmente placentera, a la sombra de los árboles (en ocasiones) y respirando aire puro y sobre todo, tranquilidad.

Pero esto no siempre fue así, ya que las Butler’s Barracks (bautizadas así en honor al heróico soldado de la Revolución Americana que fundara el pueblo de Niagara on the Lake) tienen historia militar desde sus orígenes, y por tanto supieron estar muy ajetreadas. Construido a partir de 1814, fuera del alcance de los cañones estadounidenses apostados del otro lado del río (y luego de que tales armas destruyeran el Fort George el año anterior), el complejo se convirtió en el principal centro militar británico para la defensa de la península de Niágara.

Con Canadá erigido en un país independiente las Butler’s Barakcs devinieron en un campo de entrenamiento militar para voluntarios. Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914 estos entrenamientos se volvieron más intensivos ya que los hombres que aquí se ejercitaban serían destinados al frente europeo. Lo mismo sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, momento en que las instalaciones se expandieron para convertirse en una instalación militar con todas las letras.

Así que durante largos años estos campos donde hoy se puede disfrutar de salir a hacer algo de ejercicio escuchando música con los auriculares, estuvieron repletos de tiendas de campaña llenas de hombres jóvenes que se entrenaban para la guerra, incluido el Primer Batallón de Paracaidistas de Canadá. Formado en 1942, el célebre grupo que se unió a la 6ta División Aérea de Inglaterra y estuvo estacionado aquí en 1945 esperando su transferencia al Teatro de Guerra japonés, hasta que fue desarticulado en septiembre de aquél año con el fin de las hostilidades. Este batallón lleva aún el orgullo de no haber perdido nunca una batalla.

El campo militar se mantuvo en actividad hasta 1966, época en que las necesidades de defensa del país cambiaron. Hoy en día es un sitio histórico nacional en el que aún se mantienen en pie varias de las estructuras levantadas en su momento para albergar a los soldados.

Además durante el trayecto uno se encuentra con cartelería explicando lo que sucedió en aquél lugar, y en ocasiones unas muy interesantes transparencias a través de las cuales uno ve el terreno actual, pero superponiendo imágenes de lo que habrá sido la vida allí hace casi un siglo atrás, como en el caso de esta pareja que se despide a la vera de los rieles instalados para que el ferrocarril militar transportara a los milicianos hacia los campos de batalla europeos en los años ’40. La pareja representada es real, y no se volverían a ver por casi 5 años, hasta que finalmente se casaron en 1946.

Pero no todo es guerra en la historia de las Butler’s Barracks, sino que también hay lugar para la amistad y camadería. Así es que en agosto de 1955 se desarrolló en estos terrenos el octavo Jamboree Mundial Scout, la mayor reunión internacional que el movimiento Scout desarrolla usualmente cada 4 años para afianzar vínculos de amistad entre jóvenes de todo el planeta. En aquella oportunidad participaron unos 11000 scouts llegados de 71 países diferentes.

Pero como les decía, hoy en día todo es tranquilidad y paz en Butler’s Barracks, salvo cuando se organiza allí algún concierto de importancia, o cuando uno se topa con llamativos carteles alertando sobre la presencia de plantas venenosas.

Igualmente no es para preocuparse más que cuando uno va de camping a un lugar agreste,  o de trekking. Simplemente hay que evitar tocar la hiedra venenosa, que se reconoce por su tres hojas (la del centro más grande) con bayas blancas. Y particularmente aquí bastará con mantenerse en los senderos y en los sectores donde el pasto no está muy alto y permite ver lo que se está pisando.

Así se puede pasar un hermoso día al aire libre, disfrutando de un lugar histórico por el que tantos soldados han pasado, pero ahora, con un mate en la mano.

 

Fort George, la fortificación militar de Niágara on the Lake, Canadá.

Hoy en día cuando uno llega a Niagara on the Lake se encuentra con un muy tranquilo y pintoresco pueblo canadiense que es casi una villa veraniega a orillas del lago Ontario, pero esto no siempre fue así. En una época en la que no existían aviones y el comercio se desarrollaba principalmente por barco, el sistema de los Grandes Lagos era una vía de comunicación fundamental para llegar desde el Océano hasta el interior de Norteamérica, y por tanto este poblado, en la boca del río Niágara que conecta el lago Erie con el Ontario, gozaba de una ubicación estratégica.

Los cañones apuntaban hacia el Fuerte Niágara, ubicado del otro lado del río y controlado por los estadounidenses.

Siendo el río además la frontera entre Canadá y Estados Unidos, Niagara on the Lake tenía gran relevancia militar. Mucho más si se considera que en la ribera opuesta se levanta el Fuerte Niágara, construido por los franceses en 1679, ocupado por los británicos en 1759 y finalmente tomado por los estadounidenses (ya independientes) en 1796. Fue en ese momento, ante la amenaza que significaba semejante estructura militar al otro lado del río, que los británicos del lado canadiense levantaron el Fort George que, hoy en día, es un sitio histórico y principal atracción para visitar en Niagara on the Lake.

El pueblo es pequeño y super caminable, pero para quienes no quieran estar dando vueltas, la mejor forma de llegar hasta el fuerte será tomar la Byron Street (que es la primer calle paralela a la principal, en dirección al río) y bajar hacia el sureste hasta desembocar en el sitio. Allí se deberá pagar el ingreso, cuyo valor actualizado podés chequear en la página web oficial, y a modo de entrada te darán una moneda de época que deberás entregar al traspasar la empalizada que rodea el fuerte.

Ubicación del Fort George, al sureste del pueblo. Se accede por la primer paralela a Picton St en dirección al río.

El fuerte George (y el pueblo de Niagara en sí) fueron un escenario principal de la Guerra de 1812 que enfrentó a Estados Unidos y Gran Bretaña, pero que fue peleada en territorio canadiense (por aquella época, colonia británica). De hecho el fuerte tiene su propia batalla, en la que los americanos lo bombardearon hasta destruirlo casi por completo, abriendo la puerta para la posterior invasión y ocupación que duró desde mayo hasta diciembre de 1813. Por eso visitar Niagara on the Lake es respirar historia canadiense (y norteamericana), y una visita al sitio histórico es imprescindible.

En el fuerte hay mucho por recorrer y buena cantidad de actividades para realizar, con lo cual una excursión completa tomará al menos un par de horas. Igualmente, por supuesto se puede adaptar los intereses de cada uno, ya que la recorrida en sí es libre. Pero lo que recomiendo es averiguar cuándo se realizará la demostración de mosquetes, para no perderselá. El ver cómo se dispara un arma de aquella época es todo un espectáculo, y la graciosa explicación que te dan “los soldados” no tiene desperdicio.

Estruendosa demostración de disparo de mosquete.

Son varios los edificios que se pueden visitar y lo interesante es que en cada uno de ellos encontraremos un empleado (o varios) vestidos como soldados, quién te da una breve explicación de lo que estás viendo y responde todas las preguntas que tengas. Por eso, si bien la visita no es guiada, en sí lo es.

El comedor de los oficiales, siempre pulcro y listo para recibir los altos mandos del fuerte.

Con esto el fuerte parece tener vida y estar en actividad. Tanto que en la cocina hasta te encontrás a los soldados horneando unas galletitas típicas de la época, que te hacen probar.

Y hasta hay cuestiones interactivas. En las barracas, por ejemplo, además de entender cómo vivían los soldados y cómo era un día habitual (que arrancaba a las 5:30 de la mañana y se extendía hasta las 21 horas), nos pudimos calzar sobre la espalda las mochilas que utilizaban en servicio, y que pesaban unos 30 kilos. Si querés, también podés probarte un uniforme. Hay de todas las tallas!

En las barracas dormían los soldados con sus respectivas familias, todos juntos y sin intimidad.

Además de la cocina, las barracas y el edificio de los oficiales, también se pueden visitar el arsenal (totalmente construido a nuevo) y la cárcel (con su “agujero negro” a donde iban a parar los desertores y traidores). Además una de las barracas está adaptada y convertida en museo, donde uno puede explorar más sobre la Guerra de 1812.

Barriles de pólvora cuidadosamente guardados en el arsenal.

Pero quizá una de las vistas más interesantes (aunque nosotros no llegamos a comprender del todo su finalidad) es la que se obtiene desde afuera del fuerte, pero sin salir de él…

Detrás del arsenal se encuentra el túnel que lleva por debajo del suelo hasta más allá de la empalizada y desemboca en un punto por fuera de la fortificación, en el que se levantó una torreta de vigilancia que puede visitarse. Si vas con chicos, a no perderse la aventura de caminar por el pasaje subterráneo!

El fuerte dejó de prestar servicios como tal en 1824, cuando fue reemplazado por el Fuerte Mississauga, al otro extremo del pueblo y a donde los cañonazos norteamericanos no podían llegar. Al mismo tiempo la mayor parte de la actividad militar se mudó a las Barracas de Butler, que si bien están muy cercanas también evitaban el alcance de los bombardeos enemigos.

Hoy Fort George está reconstruido y convertido en un museo de historia viviente. Para todos aquellos que visiten Niagara on the Lake es casi una visita obligada. Si además, como yo, te gusta la historia y querés comprender un poco más de la actualidad canandiense y sus relaciones con los vecinos más poderosos del mundo, es un paseo que vas a disfrutar a pleno. Lo único malo (para los argentinos) es que todo está en inglés o en francés. Español no es una opción.

Toda la información necesaria para planificar tu visita la encontrás haciendo click aquí.

Te invito a conocerlo, y que dejes tu comentario contando tu experiencia!