Archivos Mensuales: abril 2019

Entramos en la hermosa Iglesia parroquial de Molinos.

Una de las construcciones más llamativas y características del pueblo de Molinos es su iglesia. De estilo cuzqueño, con dos cúpulas redondeadas coronándola y techo de cardón, la Parroquia San Pedro Nolasco se levanta hermosa e impecable, a pesar de tener ya sus buenos años. Sus ventanas, cuya disposición está cuidadosamente estudiada, se disponen de forma tal que la luz del sol ingresa durante todo el día; y aquella luminosidad se nota apenas uno ingresa.

Comenzó a ser levantada en el año 1659 cuando el capitán español Diego Díaz Gómez ordenó construir un oratorio en aquél lugar. En el 1692 se realizó la primera reforma, de la cual aún hoy se conserva el dintel de la puerta con la fecha inscripta. Sin embargo recién en 1760 el General Domingo Severo Isasmendi, último gobernador realista de Salta, llevaría a cabo las reformas que la convertirían en parroquia.

De hecho en el interior de la iglesia, empotrado en una de sus paredes, se encuentra la tumba  con el cuerpo momificado de este personaje central en la historia de Molinos, que nacido en la hacienda familiar ubicada justo en frente a la parroquia, murió en ese mismo lugar en 1837. Una placa lo recuerda como “Señor de la Encomienda de los Molinos y Gobernador Intendente de Salta 1809-10”.

Mientras que el atrio fue primeramente patio de evangelizaciones para luego pasar a transformarse en cementerio, el balcón de entrada se utilizaba para dar la misa los días de más público en los que la cantidad de gente no permitía oficiarla en el interior del edificio. La Pila Bautismal, de tiempos inmemoriales, aún puede observarse empotrada en la pared a la derecha de la entrada.

En el altar y el retablo se ven las reminiscencias cuzqueñas, con hermosas tallas en madera. La imagen de la Candelaria, en el centro del altar mayor, tiene pelo natural y una corona de plata. Para completar el retablo aparecen San Francisco, la Virgen del Valle y San Pedro Nolasco, patrono de la iglesia.

Visten las paredes de ambos lados distintas obras de arte. Los cuadros del Vía Crucis son ni más ni menos que tapices hechos por artesanos de la zona, mientras que por otro lado resalta el cuadro San Pedro Nolasco y los nuevos Cautivos de Ramón Chocobar, que impresiona de sólo mirarla.

En 1942 la iglesia fue declarada Monumento Histórico Nacional, y definitivamente vale una visita. La simpleza de su interior resalta su belleza, lo mismo que la iluminación nocturna que da una imagen que, decididamente, merece ser fotografiada.

Salimos a la ruta para manejar en medio del mar: Visitamos Los Cayos de Florida.

Al sur de La Florida, Los Cayos son un clásico destino turístico que bien vale la pena conocer si uno tiene algunos días extras en Miami. Se trata de un conjunto de islas (alrededor de 1700) que se extienden durante casi 200 km adentrándose en el Océano Atlántico en dirección a Cuba. Tanto es así que cuando uno se para en Key West, la última de las islas habitadas, se encuentra más cerca de la isla centroamericana que de Miami mismo.

Los Cayos se pueden visitar en auto gracias a la US 1 Overseas Highway que es una carretera que los une entre sí, a través de una serie de puentes que le dan una fisonomía inconfundible y crea un hermoso paisaje que estamos muy poco acostumbrados a ver. Así es como la carretera que atraviesa el mar, junto con las playas paradisíacas que ofrecen estas islas casi caribeñas (y digo casi solamente porque son parte del territorio norteamericano) invitan a alquilar un auto y salir a la ruta para disfrutar de unas vistas increíbles.

El recorrido desde Miami es largo y recorrer lo más de 250 kilómetros hasta Key West llevan algo más de 3 horas sin parar. Pero claro, cómo no parar cada tanto a admirarse con el color del mar en una ruta como esta? Por eso lo ideal es al menos hacerlo en dos días y dormir una noche en la última isla que incluso nos beneficiará con poder contemplar el atardecer desde esa remota locación. En mi caso disponía de un sólo día libre, y como quería hacer la ruta tranquilo, decidí llegar hasta el Bahía Honda State Park que sería mi destino, antes de dar media vuelta y volverme al hotel.

Definitivamente se trata de una ruta que no defrauda, y es emocionante poder recorrerla la mando del automóvil. Es increíble manejar literalmente por el medio del mar y tener agua tanto a un costado como al otro.

Imposible no preguntarse cómo la mano humana logró hacer posible esta obra de ingeniería, y no maravillarse por ello.

Durante el viaje hay muchas cosas por conocer o visitar. Hasta llegar a Bahía Honda uno pasa por varios cayos, como ser el Cayo Largo donde está el John Pennekamp Coral Reef State Park. Hay otros parques también, como el Curry Hammock State Park cercano a la ciudad de Marathon donde paré a almorzar justo en frente al vagón del Crane Point Hammock Museum & Nature Trails. En las diferentes islas hay también playas en las que se puede pasar el día si uno quiere, aunque claro, eso implicará agregar tiempo a la estadía rutera o bien, cortar el viaje en alguno de estos puntos.

A la vera de los puentes se puede incluso pescar, así que los que sean amantes de este deporte no olviden cargar las cañas en el auto. Eso sí, deberán prestar mucha atención a la especie que están sacando del agua, porque algunas están protegidas y su pesca es ilegal, con lo cual habrá que devolver esas presas al mar. El cartel es bien claro, si se está en duda, mejor dejar el pez en el agua y evitar problemas con la ley.

Los últimos kilómetros antes de llegar a nuestro destino son realmente hermosos. Recorrerlos implica atravesar el 7 Miles Brigde, el puente más extenso de la carretera, y que al momento de su construcción fuera el más largo del mundo. Con sus casi 11 kilómetros de extensión une Knight’s Key con Little Duck Key y se convierte en un puente interminable a la hora de cruzarlo, pero cuyo cruce se disfruta de forma especial.

Si bien internarse de esta forma en el agua podría poner nervioso a más de uno, la verdad es que no hay nada de qué preocuparse. En los diferentes cayos se levantan ciudades enteras, con todas las comodidades que puedan requerirse. Hay para parar a comer, hacer compras, quedarse a dormir y, por supuesto, abundan las estaciones de servicio donde cargar combustible.

La Ruta de los Cayos es un paseo que merece la pena ser vivido. Totalmente recomendable para quienes quieran salirse un poco de la rutina de compras desaforadas de Miami y de sus playas. En mi opinión, las playas de la ciudad no tienen nada que hacer frente a los paradisíacos paisajes de los Cayos, pero eso me lo dirán ustedes en sus comentarios. Así que ya saben, a cargar las cosas en el auto y a poner la trompa rumbo al mar, que la aventura no se termina allí donde el continente!