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Paramos en El Peñón y almorzamos platos regionales.

El Peñón es un muy pequeño pueblo de unos 300 habitantes ubicado sobre la Ruta Provincial 43, en la provincia de Catamarca, a unos 60 km. de Antofagasta de la Sierra y 221 km. de Belén, ciudad desde la que partimos en una excursión increíble sobre la que pueden leer más en este otro post.

Muy prolija, la plaza principal de El Peñón se presenta desolada durante las duras horas del mediodía.

Se trata de un poblado caracterizado por las calles de tierra y las casas de adobe que está ubicado, literalmente, en el medio de la nada. O si se quiere, en el medio de la más intensa Naturaleza, lo que le da un marco fabuloso.

La vista desde el Mirador de la Virgen de El Peñón es sencillamente increíble.

Este es el lugar donde hicimos un alto para almorzar durante la travesía por la puna catamarqueña. Lo hicimos dos veces, ya que nos acercamos al Comedor Coquena tanto durante el viaje de ida hacia Antofagasta de la Sierra, como al día siguiente para el retorno, luego de haber visitado el eje central de aquella aventura: el impresionante Campo de Piedra Pómez, del que ya hablaremos más adelante en otro post.

Con las paredes decoradas con murales alusivos a la puna, el Comedor Coquena es una excelente opción para comer.

El Bar Comerdor Coquena es simple, sin lujos. Un típico comedor de la puna donde se respira un aire muy familiar, que se traduce en los niños jugando e interactuando con los turistas. Y donde se come a lo grande, porque los sabores regionales que probamos allí aún meses después se recuerdan en el paladar. Empanadas de llama y tortilla de quinoa son parte del exquisito menú que se puede degustar, pero mi recomendado es, sin lugar a dudas, el guiso de llama.

Guiso de llama, el plato estrella del Comedor Coquena y de la puna toda.

Un detalle a tener en cuenta es que en ese recóndito rincón de la puna no hay posnet, así que todo lo que se consume se abona en efectivo. Es importante no solo llevar billetes, sino también cambio (dependiendo del país desde el que estés leyendo este post, llamado también sencillo), porque a veces el tema del vuelto se complica.

Atendidos por expertos: el comedor Coquena se llevó el 1er Premio al Plato Principal.

En nuestro caso El Peñón fue solo un lugar de paso para almorzar y dar una vuelta por su plaza principal, en la que se destaca su pintoresca capilla con paredes de piedra, muy bien mantenida. Pero hay quienes hacen base en este lugar ya que está muy cercano a varios puntos importantes del circuito de la puna, en particular del Volcán Carachi Pampa, el Campo de Piedra Pómez y la Reserva de la Laguna Blanca. También desde aquí parten excursiones hacia el Volcán Galán, por lo que el pueblo cuenta con una pequeña infraestructura para albergar turistas.

Pequeña, modesta, pero muy prolija y pintoresca. Así es la iglesia de El Peñón, frente a la plaza principal.

Y por supuesto no puedo dejar de nombrar al Mirador de la Virgen, ubicado sobre la ruta a menos de 10 minutos del pueblo en auto, desde el que se tienen unas vistas magníficas de los alrededores, y una figura tallada en la piedra de la montaña que se asemeja a la imagen de la virgen.

Calles de tierra y casas de adobe, rodeadas de una belleza natural inigualable.

Un excelente lugar para hacer un alto en la ruta, comer algo, descansar de tanto ripio y reponer fuerzas para seguir descubriendo la increíble puna catamarqueña. Un lugar que hay que conocer, y al que algún día volveré.

Almuerzo de campo en El Nene de Keen.

El sábado amaneció lindo y como teníamos ganas de cambiar un poco de aire, empezamos a buscar dónde ir a comer fuera de la ciudad. Carlos Keen (polo gastronómico al norte de Buenos Aires del que podés leer en el link) es siempre un clásico, así que fue una de las opciones a revisar. Allí encontré justo lo que buscaba: un lugar donde pudiera comer parrilla al aire libre y con distancia social. Llamé, reserve para ese mismo día, y apenas una hora después estábamos ya en la ruta.

El Nene de Keen es un restaurante de campo que ofrece un menú fijo en modalidad de tenedor libre, es decir que pagás un precio fijo y comés hasta que no das más. Y cuando digo que es un restaurante de campo no es porque ellos se definan así, es porque en serio, es de campo…

Si bien tiene lugar adentro, en pandemia están utilizando el parque, donde hay un sector techado y luego mesas dispuestas a la sombra de una frondosa arboleda. Como corresponde a estas épocas, las mesas están separadas por una buena distancia, lo que evita el amontonamiento de gente. El único faltante que encontramos para  estos tiempos, fue que te provean de alcohol en la mesa, pero a esta altura del partido ya eso no nos es un problema porque voy con mi alcohol en gel portátil a todos lados.

El menú es fijo, pero super abundante. Si algo te puedo asegurar, es que no hay forma de que te vayas de este lugar con hambre. La entrada consta de una empanada de carne por persona, y una pequeña y exquisita picada. Todo acompañado con unas berenjenas en escabeche que no se quedan atrás.

Después llega la parte interesante. La parrillada no solo es sabrosa, sino que es de las más variadas que haya yo visto en cualquier restaurante. Un detalle no menor es que la sirven en brasero, por lo que la comida se mantiene siempre caliente. Y en cuanto al contenido, es realmente de lo mejor: chorizo, morcilla, chinchulín y riñones, como para ir arrancando con las achuras. Después hay una selección de carne de vaca y de cerdo. Todo en su punto. El asado se desprendía solo del hueso, que quedaba casi totalmente limpio sin esfuerzo.

Pero la cosa no termina ahí. Otro detalle de categoría: la parrillada incluye verduras: papa, calabaza y batata. Buena opción por si hay algún vegetariano sentado a la mesa, aunque conmigo está perdido porque las verduras azadas me gustan tanto como la carne. Para acompañar, elegimos papa fritas y ensalada mixta, aunque hay también otras opciones. De hecho, si sabía que el brasero iba a traerme papa, quizá hubiera cambiado las fritas por alguna de las otras alternativas.

Además de la parrillada (o como alternativa) también podés pedir pastas. Si todo esto todavía te parece poco, podés repetir. Pero dudo que puedas, porque es todo bastante abundante. Probablemente te sobre, pero tampoco por eso tenés que preocuparte: Lola se encarga.

 

El precio incluye una bebida sin alcohol grande cada dos personas, aunque también podés comprar vinos o extras pagando aparte. El postre, también incluido, tiene opciones clásicas: flan, budín de pan, casata (de 4 gustos) o, mi preferido, almendrado.

Después de comer llegará el momento de ralajarse y disfrutar del campo. Para eso hay unos livings de madera donde podés sentarte a descansar o tomar mate, amén de las sillas plegables que te hayas cargado en el auto. Los futboleros tienen a su disposición una canchita para organizar un picado si el sol no pega tan fuerte, y para los más chicos hay hamacas y algunos juegos de plaza. Si querés, también podés irte al pueblo y luego volver, porque a las 16:30 hs sale la merienda con tortas fritas.

La atención es impecable y tanto las instalaciones como el parque se mantienen muy limpios. Una excelente opción para salir de la rutina, visitar el campo y comer rico y mucho, a apenas un poco más de una hora de capital federal. Lo más recomendado es llamar y reservar, para lo que te dejo acá el link a la página web con los datos.

Y ahora sí, ya está todo listo. Buen provecho y a disfrutar!