Archivo de la etiqueta: Análisis y Opinión

Historia del día en que los gremios aeronáuticos nos tomaron de rehenes.

El viernes 5 de julio llegué a Aeroparque pasadas las 7 de la mañana para abordar el vuelo AR1502 que despegaba a las 8:25 de la mañana con destino a la ciudad de Córdoba. Iba a ser una jornada de trabajo en la ciudad del fernet pero de repente y sin previo aviso hubo que modificar la agenda una, dos, y la verdad no se cuántas veces.

Si bien mi vuelo figuraba en horario la gente en la sala de embarque se agolpaba sobre las pantallas de información en las que de a poco empezaban a aparecer las cancelaciones. Cada vez que el personal de las líneas aéreas anunciaba por los parlantes que el vuelo X había sido cancelado, los pasajeros afectados parecían recibir un golpe en la boca del estómago: suspiros, caras de sorpresa mezclada con decepción y algún que otro resoplido eran la regla general. No era la niebla ni una tormenta descomunal que impedía la salida de los aviones. Esta vez la famosa “meteo” no tenía nada que ver, sino que las cancelaciones y demoras se debían pura y exclusivamente a actividad gremial.

Pero ojo, no se trató de un paro en reclamo por recomposición salarial, ni tampoco de una huelga presionando a las empresas y el gobierno para que garanticen la seguridad operacional de la industria aeronáutica argentina. El motivo del caos que se vivía en Aeroparque era una “Asamblea Informativa” que el mismo 5 de julio APLA (el sindicato de los pilotos) anunciaba con el siguiente comunicado:

De esta forma APLA dejó en tierra a una buena cantidad de pasajeros porque sus pilotos estaban ocupados informándose sobre la situación de la industria aerocomercial argentina (o en todo caso la visión del sindicato sobre la misma). Si bien la asamblea finalizó a las 8 de la mañana, las operaciones no se reanudaron en ese momento ya que pegadito a la asamblea de APLA comenzó la de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, sindicado que agrupa a los tripulantes de cabina. La cuestión es obvia: sin pilotos y TCPs el avión no puede salir.

Hagamos un paréntensis acá para hablar de los gremios, su rol en la sociedad y en fin, su importancia. Es una realidad innegable que el mundo en el que vivimos (y trabajamos) hoy es producto de la acción de los sindicatos. La historia demuestra con sobrados ejemplos que sin estas organizaciones que balancean el poder del empresariado, los trabajadores pocos derechos tendríamos, y más que colaboradores de una empresa seríamos sus esclavos. Leamos sino un poco sobre la revolución industrial y cómo eran las jornadas y condiciones laborales en aquellos tiempos. Y aún hoy en día hay mucho que hacer, tanto negociando con las empresas como con los gobiernos, ya sea para seguir encontrando mejoras como para mantener las condiciones actuales, a la vez que se mejora la productividad.  Hasta aquí la función de un gremio en una sociedad, para cuya consecución tiene diferentes herramientas, incluído el derecho de huelga que es válido, genuino y legal.

El problema viene cuando con estos ideales se mezclan la política y mezquinos intereses individuales y/o grupales, punto en el que una organización que está pensada y creada para defender los derechos de un grupo amplio de trabajadores pasa a accionar en beneficio de lo que a algunos pocos les importa. Y ese parecería ser el caso de estas asambleas repentinas que, según los comunicados, apuntan a informar a los afiliados, pero cuyo objetivo claro y real fue joderle la vida a miles de pasajeros, ser la noticia del día y meterle presión al gobierno. Porque, vamos muchachos! ¿Informar a los pilotos? En pleno siglo XXI, la era de las comunicaciones, organizar una juntada en un horario pico de un viernes previo a un fin de semana cuasi largo solamente para informar algo parece un chiste de mal gusto, y no se lo cree nadie. Los volantes y carteleras existen desde que se creó la imprenta, pero ponele que hoy en día nadie los lee. Están internet, particularmente redes sociales, intranet, whatsaap, blogs, podcasts… Hasta asambleas presenciales organizadas en turnos para que participen aquellos pilotos que en ese momento no deban estar al mando de un avión; y que a la vez los que están volando tengan la oportunidad de asistir en otro turno y no perderse la información. Formas ingeniosas de informar a los afiliados de forma confiable y sin joder al pasajero hay. Sólo hace falta un poquito de ingenio, y, por supuesto, la intención de no joder a nadie.

Pero faltaba la jugada del millón: las asambleas de los dos gremios en lugar de superponerse y así minimizar el impacto a los pasajeros, se sucedieron cosa de dejar en tierra a la mayor cantidad de gente posible. Entonces muchachos no, a los usuarios no nos sirven las disculpas por los inconvenientes originados cuando las cosas fueron malintencionadas.

Y vuelvo al punto de la importancia de los gremios, su acción en la sociedad y su legitimidad. Cada uno podrá tener su opinión política, su visión sobre la política aerocomercial (o cualquier otra) de este u otro gobierno, y su idea sobre lo atinado o no de llevar adelante un paro. No voy a quejarme de cuando piden el aumento salarial que les corresponde, y mucho menos si dejan un avión en tierra porque consideran que no están dadas las condiciones de seguridad para operar. Al contrario, aplaudo y agradezco que así sea y que mantengan a la industria aérea como la más segura de las formas de transporte. Pero es imposible que me convenzan de que la única forma de comunicar efectivamente lo que los pilotos y tripulantes deban saber, sea frenar los vuelos de todo el país y arruinarles el fin de semana a miles de usuarios. En realidad, con medidas como esta lo único que logran es desacreditar la credibilidad del gremio ante la socidedad.

Una actitud muy triste y lamentable si pensamos que, al final de cuentas, todos ustedes no viven en realidad de las empresas que les pagan los salarios, sino de los pasajeros que día a día elijen a esas empresas para viajar, y pagan por ello, financiando así sus salarios. Esos mismos pasajeros a los que el viernes 5 de julio dejaron de a pié.

Hoy el mundo es un poco más pobre.

Casi como si él mismo hubiera elegido la fecha, el 25 de noviembre de 2016 quedará inscripto en la historia como el día en que Fidel Castro Ruz dejó este mundo. El cierre de un ciclo de exactos sesenta años que dio comienzo un día como ayer, pero de 1956, cuando un grupo de idealistas se embarcó en un yate en las costas de México con un proyecto que parecía una utopía, y puso proa hacia la que convertirían en la isla más famosa del mundo.

Dos años después el imposible se había convertido en realidad: Fidel y los suyos hacían su entrada triunfante en La Habana, luego de derrocar la dictadura de Batista.

Lejos estuvo la Revolución Cubana de ser un hito meramente nacional; por el contrario impactó en cada rincón del planeta y torció el curso de la historia. Tengo pleno convencimiento de que nada de esto habría sido posible sin la figura de Fidel Castro liderando la isla caribeña.

Estadista, revolucionario y libertador para unos; déspota, dictador y autoritario para otros, la única realidad que nadie puede negar es que fue un protagonista central del siglo XX y uno de los líderes mundiales con mayor influencia en toda la historia. Con más de 600 intentos de atentado contra su vida, debe ser la persona contra la que más se conspiró en el mundo; y sin embargo falleció por causas naturales, en una fecha emblemática. La mayor potencia del mundo no pudo doblegarlo ni a él, ni al pueblo que lideraba, ya fuera que lo intentaran mediante invasiones militares o con un bloqueo económico que al único que castiga dejándolo en la miseria es al pueblo cubano, y que aún permanece vigente a pesar de los últimos acercamientos con el gobierno de Obama. Ni siquiera la caída de la URSS decretó la desaparición del modelo que Castro lideró por años.

Claramente, se trató de un enorme y muy lúcido político, y un hombre fiel a sus ideales y convicciones, los cuales mantuvo hasta en los momento más difíciles. Mirando hacia adentro, hacia lo que son los políticos de nuestro país, donde de tanto en tanto cambian de partido político como de calzoncillo, no puedo evitar pensar lo mucho que nos hace falta en la Argentina un tipo como Fidel que mantenga una conducta a lo largo de su vida.

También me pregunto qué opinaría Ricardo Balbín, quién con motivo de la muerte de Perón se presentara en el funeral de su más acérrimo enemigo político para declarar “este viejo adversario despide a un amigo” al momento de rendir sus respetos, si pudiera presenciar las celebraciones a la muerte que llevan a cabo los exiliados cubanos en Florida, en una fenomenal muestra de la cantidad y calidad de valores morales que se han perdido.

Soy de los que creen que la riqueza del mundo no puede medirse sólo en metálico. La cultura, la lealtad a las convicciones y los valores son un capital mucho más importante que el dinero que, en definitiva como dice el dicho, va y viene. Fidel Castro fue de los líderes más cultos y completos que se hayan visto, y si bien la historia se encargará finalmente de juzgar sus actos, prima facie pareciera que en este sentido hoy el mundo es un poco más pobre.

Foto: Reunters (tomada de La Nación).