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Historia del día en que los gremios aeronáuticos nos tomaron de rehenes.

El viernes 5 de julio llegué a Aeroparque pasadas las 7 de la mañana para abordar el vuelo AR1502 que despegaba a las 8:25 de la mañana con destino a la ciudad de Córdoba. Iba a ser una jornada de trabajo en la ciudad del fernet pero de repente y sin previo aviso hubo que modificar la agenda una, dos, y la verdad no se cuántas veces.

Si bien mi vuelo figuraba en horario la gente en la sala de embarque se agolpaba sobre las pantallas de información en las que de a poco empezaban a aparecer las cancelaciones. Cada vez que el personal de las líneas aéreas anunciaba por los parlantes que el vuelo X había sido cancelado, los pasajeros afectados parecían recibir un golpe en la boca del estómago: suspiros, caras de sorpresa mezclada con decepción y algún que otro resoplido eran la regla general. No era la niebla ni una tormenta descomunal que impedía la salida de los aviones. Esta vez la famosa “meteo” no tenía nada que ver, sino que las cancelaciones y demoras se debían pura y exclusivamente a actividad gremial.

Pero ojo, no se trató de un paro en reclamo por recomposición salarial, ni tampoco de una huelga presionando a las empresas y el gobierno para que garanticen la seguridad operacional de la industria aeronáutica argentina. El motivo del caos que se vivía en Aeroparque era una “Asamblea Informativa” que el mismo 5 de julio APLA (el sindicato de los pilotos) anunciaba con el siguiente comunicado:

De esta forma APLA dejó en tierra a una buena cantidad de pasajeros porque sus pilotos estaban ocupados informándose sobre la situación de la industria aerocomercial argentina (o en todo caso la visión del sindicato sobre la misma). Si bien la asamblea finalizó a las 8 de la mañana, las operaciones no se reanudaron en ese momento ya que pegadito a la asamblea de APLA comenzó la de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, sindicado que agrupa a los tripulantes de cabina. La cuestión es obvia: sin pilotos y TCPs el avión no puede salir.

Hagamos un paréntensis acá para hablar de los gremios, su rol en la sociedad y en fin, su importancia. Es una realidad innegable que el mundo en el que vivimos (y trabajamos) hoy es producto de la acción de los sindicatos. La historia demuestra con sobrados ejemplos que sin estas organizaciones que balancean el poder del empresariado, los trabajadores pocos derechos tendríamos, y más que colaboradores de una empresa seríamos sus esclavos. Leamos sino un poco sobre la revolución industrial y cómo eran las jornadas y condiciones laborales en aquellos tiempos. Y aún hoy en día hay mucho que hacer, tanto negociando con las empresas como con los gobiernos, ya sea para seguir encontrando mejoras como para mantener las condiciones actuales, a la vez que se mejora la productividad.  Hasta aquí la función de un gremio en una sociedad, para cuya consecución tiene diferentes herramientas, incluído el derecho de huelga que es válido, genuino y legal.

El problema viene cuando con estos ideales se mezclan la política y mezquinos intereses individuales y/o grupales, punto en el que una organización que está pensada y creada para defender los derechos de un grupo amplio de trabajadores pasa a accionar en beneficio de lo que a algunos pocos les importa. Y ese parecería ser el caso de estas asambleas repentinas que, según los comunicados, apuntan a informar a los afiliados, pero cuyo objetivo claro y real fue joderle la vida a miles de pasajeros, ser la noticia del día y meterle presión al gobierno. Porque, vamos muchachos! ¿Informar a los pilotos? En pleno siglo XXI, la era de las comunicaciones, organizar una juntada en un horario pico de un viernes previo a un fin de semana cuasi largo solamente para informar algo parece un chiste de mal gusto, y no se lo cree nadie. Los volantes y carteleras existen desde que se creó la imprenta, pero ponele que hoy en día nadie los lee. Están internet, particularmente redes sociales, intranet, whatsaap, blogs, podcasts… Hasta asambleas presenciales organizadas en turnos para que participen aquellos pilotos que en ese momento no deban estar al mando de un avión; y que a la vez los que están volando tengan la oportunidad de asistir en otro turno y no perderse la información. Formas ingeniosas de informar a los afiliados de forma confiable y sin joder al pasajero hay. Sólo hace falta un poquito de ingenio, y, por supuesto, la intención de no joder a nadie.

Pero faltaba la jugada del millón: las asambleas de los dos gremios en lugar de superponerse y así minimizar el impacto a los pasajeros, se sucedieron cosa de dejar en tierra a la mayor cantidad de gente posible. Entonces muchachos no, a los usuarios no nos sirven las disculpas por los inconvenientes originados cuando las cosas fueron malintencionadas.

Y vuelvo al punto de la importancia de los gremios, su acción en la sociedad y su legitimidad. Cada uno podrá tener su opinión política, su visión sobre la política aerocomercial (o cualquier otra) de este u otro gobierno, y su idea sobre lo atinado o no de llevar adelante un paro. No voy a quejarme de cuando piden el aumento salarial que les corresponde, y mucho menos si dejan un avión en tierra porque consideran que no están dadas las condiciones de seguridad para operar. Al contrario, aplaudo y agradezco que así sea y que mantengan a la industria aérea como la más segura de las formas de transporte. Pero es imposible que me convenzan de que la única forma de comunicar efectivamente lo que los pilotos y tripulantes deban saber, sea frenar los vuelos de todo el país y arruinarles el fin de semana a miles de usuarios. En realidad, con medidas como esta lo único que logran es desacreditar la credibilidad del gremio ante la socidedad.

Una actitud muy triste y lamentable si pensamos que, al final de cuentas, todos ustedes no viven en realidad de las empresas que les pagan los salarios, sino de los pasajeros que día a día elijen a esas empresas para viajar, y pagan por ello, financiando así sus salarios. Esos mismos pasajeros a los que el viernes 5 de julio dejaron de a pié.

Hoy el mundo es un poco más pobre.

Casi como si él mismo hubiera elegido la fecha, el 25 de noviembre de 2016 quedará inscripto en la historia como el día en que Fidel Castro Ruz dejó este mundo. El cierre de un ciclo de exactos sesenta años que dio comienzo un día como ayer, pero de 1956, cuando un grupo de idealistas se embarcó en un yate en las costas de México con un proyecto que parecía una utopía, y puso proa hacia la que convertirían en la isla más famosa del mundo.

Dos años después el imposible se había convertido en realidad: Fidel y los suyos hacían su entrada triunfante en La Habana, luego de derrocar la dictadura de Batista.

Lejos estuvo la Revolución Cubana de ser un hito meramente nacional; por el contrario impactó en cada rincón del planeta y torció el curso de la historia. Tengo pleno convencimiento de que nada de esto habría sido posible sin la figura de Fidel Castro liderando la isla caribeña.

Estadista, revolucionario y libertador para unos; déspota, dictador y autoritario para otros, la única realidad que nadie puede negar es que fue un protagonista central del siglo XX y uno de los líderes mundiales con mayor influencia en toda la historia. Con más de 600 intentos de atentado contra su vida, debe ser la persona contra la que más se conspiró en el mundo; y sin embargo falleció por causas naturales, en una fecha emblemática. La mayor potencia del mundo no pudo doblegarlo ni a él, ni al pueblo que lideraba, ya fuera que lo intentaran mediante invasiones militares o con un bloqueo económico que al único que castiga dejándolo en la miseria es al pueblo cubano, y que aún permanece vigente a pesar de los últimos acercamientos con el gobierno de Obama. Ni siquiera la caída de la URSS decretó la desaparición del modelo que Castro lideró por años.

Claramente, se trató de un enorme y muy lúcido político, y un hombre fiel a sus ideales y convicciones, los cuales mantuvo hasta en los momento más difíciles. Mirando hacia adentro, hacia lo que son los políticos de nuestro país, donde de tanto en tanto cambian de partido político como de calzoncillo, no puedo evitar pensar lo mucho que nos hace falta en la Argentina un tipo como Fidel que mantenga una conducta a lo largo de su vida.

También me pregunto qué opinaría Ricardo Balbín, quién con motivo de la muerte de Perón se presentara en el funeral de su más acérrimo enemigo político para declarar “este viejo adversario despide a un amigo” al momento de rendir sus respetos, si pudiera presenciar las celebraciones a la muerte que llevan a cabo los exiliados cubanos en Florida, en una fenomenal muestra de la cantidad y calidad de valores morales que se han perdido.

Soy de los que creen que la riqueza del mundo no puede medirse sólo en metálico. La cultura, la lealtad a las convicciones y los valores son un capital mucho más importante que el dinero que, en definitiva como dice el dicho, va y viene. Fidel Castro fue de los líderes más cultos y completos que se hayan visto, y si bien la historia se encargará finalmente de juzgar sus actos, prima facie pareciera que en este sentido hoy el mundo es un poco más pobre.

Foto: Reunters (tomada de La Nación).

Contratación de Fletes Internacionales: Los riesgos de simplificar lo que hay que profesionalizar.

Hace unas semanas atrás La Nación publicó esta nota sobre una plataforma online para la cotización y contratación de fletes internacionales, al mejor estilo de las que ya funcionan exitosamente en el rubro del turismo. Según la nota, todo un avance en el transparentamiento de los precios del comercio exterior para evitar los manejos que realizan los agentes de carga de acuerdo al cliente, momento, poder de negociación, competencia, etcétera. En mi opinión personal, un intento de commoditizar un servicio que debiera ser todo lo contrario: de alto valor agregado.

Quienes trabajamos en comercio exterior hay algo que tenemos muy en claro: los errores salen caros; muy caros. Por lo tanto las operaciones deben estar bien planificadas, y en este rubro muchas veces aplica el famoso dicho “lo barato sale caro”. Personalmente creo que “buscar precio” únicamente, en comercio exterior es un grave error, y esta plataforma online, si bien tiene muy buenas intenciones, apunta justamente a eso. A diferencia de los pasajeros que pagaron diferentes tarifas para un mismo trayecto en avión, y a los que se les da el mismo menú, con la carga no sucede los mismo: a menudo la diferencia de tarifa responde a una diferencia abismal en el servicio que se le dará a cada uno, pasando por seguimiento activo, manejo de la información y la documentación, días libres o de crédito, tratamiento prioritario, y un largo listado de etcéteras.

El primer y más importante paso es siempre determinar el nivel de servicio que uno necesita, y a partir de allí buscar proveedores que puedan justamente darnos eso. Una vez que tengamos identificada una paleta de proveedores que puedan darnos lo que necesitamos sí podremos ir en busca del mejor precio dentro de la misma. Todo, por supuesto, dentro del marco presupuestario del que dispongamos: no será lo mismo lo que pueda destinar una multinacional con operaciones diarias, al budget que pueda tener disponible una PYME que embarca una vez por mes. Tampoco serán iguales las necesidades ni exigencias de una y otra.

Otra cosa importante a considerar será el respaldo que nos brinde el agente de cargas, especialmente en el exterior donde el importador / exportador depende de él casi exclusivamente, y, en particular, cómo se maneja a la hora de resolver problemas. Es casi un hecho que no existe operación de comercio exterior sin problemas, y sus costos relativos están siempre en manos del forwarder y el despachante, que puede minimizarlos o aumentarlos hasta niveles insospechados.

Este tipo de plataformas buscan resolver el problema de elegir el mejor precio para mover una caja de un punto A hasta un punto B, pero se olvidan que ese transporte es una porción muy pequeña del todo, que hay un montón de servicios adicionales que impactan sobre el costo total y por supuesto, no preveén ninguna eventualidad operativa cuando en la realidad las hay a diario, y su resolución es lo que realmente vale.

Si pensamos en el transporte marítimo, por ejemplo, símbolo mundial de la standarización por excelencia a través del famoso contenedor, la comparación de precios debería ser muy fácil y productiva. Sin embargo, el giro del buque determinará la terminal en que se operará, y el forwarder a su vez decide en qué fiscal consolidar. Esto no sólo afecta los costos directos, sino que también impacta sobre los procesos en cada punto, las demoras que pueda tener cada plazoleta por cuestiones de infraestructura, ubicación geográfica de las mismas, entre otras cosas que determinarán el verdadero costo de una operación, por lo que analizar únicamente los gastos de transporte termina siendo miope.

Cuánto más se complejiza la situación para un transporte aéreo, donde la standarización no funciona tan bien, debiendo diferenciarse el servicio en fuselaje angosto y ancho, el servicio en avión de pasajeros y en cargueros, y los diferentes tipos de cada uno con sus diferentes capacidades. Durante años he visto errores importantes a la hora de cotizar servicios aéreos manteniendo una fluida comunicación con el cliente, imagínense el desastre que puede llegar a derivar de una cotización surgida de un frío formulario enviado por la web. Lo más probable es que, de esta forma, quién pida una cotización pensando en bananas, reciba una oferta pensada para las peras. Y una vez activada una operación, los costos de modificarla para encauzarla suelen ser altos.

En definitiva, en mi opinión el concepto con el que se crea la plataforma es erróneo. A través de ella se quiere “simplificar” el proceso de compra de fletes. La realidad es que el comercio exterior es un proceso complejo, y lejos de simplificarlo, lo que hay que hacer es comprender esa complejidad a fondo y saber manejarla. Imagínense que se le pida a un ingeniero de la NASA simplificar el diseño, construcción y conducción del próximo transbordador espacial. Salvando los años luz que hay con este ejemplo exagerado, lo que hay que hacer en comercio exterior es buscar gente capaz de entender y conducir al “transbordador” y no intentar que cualquiera se siente a los controles y pueda manejarlos.

Por eso, mi recomendación a los exportadores e importadores argentinos: Señores, no simplifiquen; profesionalicen. Asesórense antes de salir al mercado externo, contraten profesionales especializados en lugar de pretender que el contador coordine las cargas internacionales, planifiquen antes de actuar. De esta forma se lleva las operaciones de comercio internacional a otro nivel, los procesos se hacen más eficientes, satisfacen necesidades reales e impactan positivamente en los costos de toda la cadena de suministro.

El camino para bajar los costos no es simplificar; sino profesionalizar. Y no hay que ver el proceso por partes, sino como un todo.

En Argentina actualmente hay mucha oferta de carreras relacionadas con la logística y el comercio exterior, y trabajando con gente de todos lados del mundo les puedo decir que los profesionales argentinos del rubro tienen muy buen nivel. Es hora de aprovecharlo. Bastante se ha hecho en estos años, pero aún falta muchísimo por hacer.

Las reservas que hay en el Banco Central: ¿Son pocas o muchas?

Hoy abrí el facebook y me encontré con una notificación de una amiga que me preguntaba sobre el tema del título de este post. Me había taggeado en esta publicación, donde Vanoli, presidente saliente del BCRA, indicaba que el gobierno de Cristina debaja más de 25 mil millones de pesos en las reservas, monto que le sonaba a “no tan poco”, en referencia a las publicaciones que vemos estos días donde se dice que las arcas del Central están vacías.

La verdad, es una pregunta que se me hace difícil responder. No soy ni economista ni contador, y mucho menos estoy al tanto del trasfondo real de la composición de las reservas: cuánto hay en SWAPs con China y en Letras del Tesoro, dónde y cómo están contabilizados, y no tengo idea de cuánto de ese valor es líquido y nos sirve para afrontar las obligaciones. Sin embargo, voy a tratar de usar mi formación en comercio internacional y mi sentido común para tratar de hacer una análisis coherente y valedero que nos de alguna idea de la situación.

En este punto, vale decir que un número suelto y frío no nos dice absolutamente nada. Como en casi todos los aspectos es necesario contextualizarlo. Es como cuando le preguntás a alguien cuánto gana, y te responde $10.000. ¿Es poco o mucho? Imposible responderlo de por sí. Lo primero que hacés es compararlo con tu propio sueldo. Un método algo más profesional es calcular el poder adquisitivo real de ese sueldo en la economía actual: ¿Cuánto comprás con ese sueldo hoy? ¿Cubris la canasta básica, podés salir a comer un fin de semana, ahorrás? Un análisis más complejo sería por ejemplo dolarizar ese sueldo y compararlo con el de quién cumple esa misma función en otros paises de la región, y del mundo. Como sea, para responder la pregunta, siempre terminás comparando el valor contra algo. Eso es lo que vamos a hacer ahora con los 25 mil palos de reservas.

Para decidir contra qué compararlo usemos el sentido común: ¿Para qué sirven las reservas? En primer lugar, para pagar las importaciones, ya que es el lugar del que salen los dólares que el BCRA entrega a los privados y estatales para que giren al exterior el pago de sus deudas. En segundo lugar, para afrontar las obligaciones externas del país, y en tercero sirve como “reserva” ante una corrida cambiaria: en la teoría, si todos los argentinos fuéramos al banco a cambiar nuestros pesos por dólares, las reservas deberían ser suficientes para que todos pudiéramos volvernos a casa con billetes verdes en el bolsillo.

De estos tres, el más fácilmente comparable, y el más lógico también porque es real aquí y ahora, es el de las importaciones. En ese sentido, según la web el BCRA tenía el 4 de diciembre reservas por 25030 millones de dólares, y las importaciones registradas en septiembre de 2015 (último dato disponible en el INDEC) fueron de 5546 millones de dólares, es decir que las reservas actuales alcanzan para cubrir 4,51 meses de importaciones (al nivel de septiembre). ¿Esto es poco, está bien, o es demasiado? Como no puedo responderlo en forma teórica, vamos a un comparativo de los últimos años, tomando como bases los años eleccionarios, y mayo de 2003, como año de asunción de Nestor Kirchner (ya que no encontré en el INDEC los datos de 2001 en plena crisis). Igualmente, el comparativo con 2003 es válido porque en ese momento aún el país estaba en el suelo.

Tenemos entonces el siguiente cuadro que elaboré con datos oficiales del BCRA, INDEC y Ministerio de Economía. El cuadro incluye no sólo las importaciones del mes de la colunma, sino también el valor promedio anual, que viene a ser quizá un valor más justo por estar anualizado.

Mayo 2003 Dic 2007 Dic 2011 Dic 2015
Nivel Reservas  USD    11.048,00  USD    45.192,00  USD    46.138,00  USD    25.030,00
PBI (*)  USD    80.449,00  USD  115.267,00  USD  111.253,00  USD  101.964,00
Importaciones (mes declarado)  USD      1.085,00  USD      3.881,00  USD      5.987,00  USD      5.546,00
Importaciones (promedio anual)  USD      1.154,00  USD      4.789,00  USD      6.161,00  USD      5.079,00
Indice PBI 14% 39% 41% 25%
Indice Impo mes declarado 10,18 11,64 7,71 4,51
Indice Impo promedio 9,57 9,44 7,49 4,93
(datos en millones de USD)
(*) PBI: El valor de Mayo 2003 corresponde al PBI del año 2002
(*) PBI: El valor de Diciembre 2015 corresponde al PBI Dic 2014 al cambio BNA.

Los índices de importación que calculé aca te muestran cuántos meses de operaciones pagan las reservas existentes en cada momento. En este gráfico se puede ver mucho mejor.

Reservas vs Impos

Mientras que a valores promedio, en 2003 cuando estábamos comenzando a salir del pleno de la crisis, las reservas pagaban casi 10 meses de importaciones,  ahora sólo pagan algo más de 4. Esto a simple vista mostraría un empeoramiento de la situación de las reservas en este período. ¿Qué pasó en el medio? Bueno, Argentina comenzó a crecer y por ende, a importar más, sin embargo el mes de mayor importación fue agosto de 2011 y las reservas en ese momento cubrían 6,56 meses de importaciones, es decir, más que hoy, con lo cual el resultado del índice no se explica por el aumento de las compras al exterior, sino por la baja de la caja del BCRA.

Por decisión del gobierno este dinero comenzó a utilizarse para pagar deuda externa, y por lo tanto habría que ver si, aunque el índice de importaciones de peor, en realidad no estamos en una mejor situación porque debemos menos. Bueno, según un informe sobre deuda externa privada del INDEC, la misma al 31 de marzo de este año ascendía a USD 66750 millones. Si bien no encontré un dato más actualizado, la serie muestra que ese valor no bajó de 60.000 millones nunca desde marzo de 2011, así que lo más probable es que lo que se debe actualmente sea más del doble del total de nuestras reservas. Considerando que el promedio de la deuda es de 1,8 años según ese informe, el monto que hoy tiene el Central no llegaría a cubrir la deuda a corto plazo (un año), dato que no parece nada bueno y que explica todas las formas de cepo cambiario que padecemos hoy en día. Otro punto central aquí está en que hay muchas divisas pendientes de girar por restricciones del BCRA, por lo que no sólo hay que cubrir las importaciones de los próximos meses, sino que venimos acumulando deuda de meses pasados que han quedado impagos, agravando aún más la situación.

Otra variable con el que no podemos equivocarnos nunca al comparar datos estadísticos nacionales, es el PBI. Qué proporción representa el nivel de reservas sobre el total de lo producido por Argentina en un año, y su evolución en el tiempo. Los datos surgen del mismo cuadro, pero presentan una deficiencia: no hay publicados datos actuales del PBI en divisa (la última actualización es del año 2012), así que tomé el último dato de PBI en pesos (que corresponde al año pasado) y lo dolaricé al tipo de cambio del BNA del 31/12/2014. La columna Dic 2015 compara las reservas actuales con el PBI del año pasado con un traspaso a dólares “made at home”, por lo tanto esta comparación hay que tomarla medio con pinzas, pero igualmente la diferencia es tan grosera, que creo yo que algún grado de representatividad tiene.

Grafico % PBI Reservas

El gráfico muestra el porcentual que tendríamos al comparar las reservas con el PBI en cada momento y allí se ve que, si bien el índice está mucho mejor que en mayo 2003 cuando salíamos de la crisis, hoy estamos ahorrando apenas un poquito más de la mitad que en 2007 y 2011, en un contexto en donde el PBI viene además cayendo desde 2007. Hay que destacar en este punto que las importaciones en estos últimos cuatro años estuvieron cada vez más limitadas, y como explicado más arriba muchas de las autorizadas aún no fueron pagadas al exterior, por lo que esa variable no explica este retroceso en el índice.

Como ya dije, no soy economista ni estoy al tanto del día a día del manejo del Central, pero con algo de lógica y los datos que tenemos todos a mano en las webs oficiales intenté hacer algunas comparaciones lo más válidas posibles para entender la verdadera situación de las reservas. Algún lector economista o técnico que esté en el tema quizá pueda validar o corregir parte de este análisis (o todo), pero en principio creo que podemos decir que la situación de las reservas se ha deteriorado mucho en los últimos años y que, a primera vista, 25 mil palos verdes parecerieran ser un monto demasiado bajo para nuestro Banco Central, y para las obligaciones financieras que se nos vienen.

Con un dejo de sabor amargo, Argentina vivió otra fiesta de la democracia.

Lo que son las coincidencias, no? La última vez que un traspaso presidencial me provocó fuerte emoción fue el de Nestor Kirchner, cuando en 2003 asumió el enorme desafío de levantar un país quebrado y hacerlo andar. En esa oportunidad, quién le entregó los atributos fue Eduardo Duhalde, presidente interino elegido por la Asamblea Legislativa para la difícil tarea de “bombero de la Nación”. Esta asunción me mueve como aquella, porque el nuevo presidente afronta también grandes desafíos en un período que seguro no será uno más. Y como aquella vez, en esta vuelta le tocó nuevamente a un presidente interino entregar los atributos, aunque esta vez por suerte no fue consecuencia de un país en llamas, sino un mero capricho cristinista.

Es una verdadera pena que luego de 8 años de gobierno propio, Cristina Fernandez de Kirchner haya decidido darle la espalda al acto de traspaso presidencial, cuando éste en sí mismo es la más gráfica y pura representación de la democracia que tanto nos costó recuperar a los argentinos, y que tanto valoramos: la imagen de un presidente elegido por el pueblo entregándole el poder a otro presidente electo por el voto popular, una vez más, no pudo ser. Pensar que la causa fue un mero tecnicismo sería realmente ingenuo. Entiendo perfectamente que la política lamentablemente es de por sí sucia, y que con esta estrategia política Cristina se vuelve a casa fortalecida con el apoyo de una plaza llena, pero la verdad que es un egoísmo que no comparto, porque antes que la política y los personalismos están la Patria y sus instituciones, o al menos entiendo yo que deberían estarlo.

La realidad me golpea y me hace ver las cosas como son. Cristina se fue de la Rosada tal como se mantuvo en ella todo este tiempo: confrontando. Dirán algunos que es así porque es una autoritaria, argumentarán otros que esa era la única forma de enfrentar al poder económico de los medios masivos de comunicación. Pensando en lo que fueron estos doce años de kirchnerismo al poder, seguramente se haya ido así porque, simplemente, no supiera hacerlo de otro forma, al fin y al cabo ese fue el modus operandi que caracterizó a nuestro gobierno desde 2003. Y en honor a la verdad hay que decir que dió resultado, y que hoy Argentina ha salido adelante de una de las crisis más graves de las que tengamos memoria y por tanto, seguramente esa fue la estrategia correcta para esos tiempos difíciles. Pero sinceramente creo que este no era ni el momento ni el lugar para la confrontación, mucho menos para un mensaje de casi desprecio por las instituciones democráticas.

Nos faltó el símbolo, que es un detalle que hace a las grandes cosas, pero aún así el traspaso de mando fue una fiesta que todos los argentinos, de cualquier bandería política debemos aplaudir, porque es ni más ni menos que una reafirmación de nuestra vida democrática que nunca más debemos perder. Año a año, período a periódo, presidente a presidente, nuestro país irá consolidando su democracia en cada traspaso donde un funcionario elegido por el pueblo se haga cargo del liderazgo de la Nación. Y para brindar por eso no hace falta ser de derecha, ni de izquierda, ni de centro: simplemente hay que ser argentino.

Lo que queda ahora es seguir construyendo el camino democrático que iniciamos en 1983 de la mano de Alfonsín, día a día, desde aquí hasta el final del período del Ingeniero Macri dentro de cuatro años, y así sucesivamente.  Con visiones distintas pero objetivos comunes, porque en la diversidad está la riqueza. Hoy hay kirchneristas y no kirchneristas temerosos de que un cambio de gobierno signifique un retroceso en lo que es políticas sociales y de derechos humanos, por ejemplo, y la causa de esto es simple: los argentinos increíblemente aún no hemos desarrollado Políticas de Estado. Aún no nos pusimos de acuerdo en hacia dónde queremos ir, qué metas vamos a mantener trascendiendo los gobiernos, más allá de las caras de turno. El primer discurso del Presidente Macri fue esperanzador: diálogo, respeto y construcción con más justicia social estuvieron entre sus promesas, y suena a una posibilidad de no tirar por la borda todo lo realizado por el mero hecho de que “lo hizo el otro partido”, sino a mantener y potenciar lo que se hizo bien, y a corregir lo que está mal. Espero sinceramente que no me (nos) defraude, y que el conjunto de la sociedad argentina sepa acompañar y controlar, en pos de un futuro más próspero para todos.

Desde aquí, mis felicitaciones y mejores augurios para el Presidente Macri. Que su presidencia sea exitosa significará un éxito para el país y su pueblo. ¡Y salud, argentinos! ¡Festejemos todos la democracia!