Archivo de la etiqueta: Análisis y Opinión

Hoy el mundo es un poco más pobre.

Casi como si él mismo hubiera elegido la fecha, el 25 de noviembre de 2016 quedará inscripto en la historia como el día en que Fidel Castro Ruz dejó este mundo. El cierre de un ciclo de exactos sesenta años que dio comienzo un día como ayer, pero de 1956, cuando un grupo de idealistas se embarcó en un yate en las costas de México con un proyecto que parecía una utopía, y puso proa hacia la que convertirían en la isla más famosa del mundo.

Dos años después el imposible se había convertido en realidad: Fidel y los suyos hacían su entrada triunfante en La Habana, luego de derrocar la dictadura de Batista.

Lejos estuvo la Revolución Cubana de ser un hito meramente nacional; por el contrario impactó en cada rincón del planeta y torció el curso de la historia. Tengo pleno convencimiento de que nada de esto habría sido posible sin la figura de Fidel Castro liderando la isla caribeña.

Estadista, revolucionario y libertador para unos; déspota, dictador y autoritario para otros, la única realidad que nadie puede negar es que fue un protagonista central del siglo XX y uno de los líderes mundiales con mayor influencia en toda la historia. Con más de 600 intentos de atentado contra su vida, debe ser la persona contra la que más se conspiró en el mundo; y sin embargo falleció por causas naturales, en una fecha emblemática. La mayor potencia del mundo no pudo doblegarlo ni a él, ni al pueblo que lideraba, ya fuera que lo intentaran mediante invasiones militares o con un bloqueo económico que al único que castiga dejándolo en la miseria es al pueblo cubano, y que aún permanece vigente a pesar de los últimos acercamientos con el gobierno de Obama. Ni siquiera la caída de la URSS decretó la desaparición del modelo que Castro lideró por años.

Claramente, se trató de un enorme y muy lúcido político, y un hombre fiel a sus ideales y convicciones, los cuales mantuvo hasta en los momento más difíciles. Mirando hacia adentro, hacia lo que son los políticos de nuestro país, donde de tanto en tanto cambian de partido político como de calzoncillo, no puedo evitar pensar lo mucho que nos hace falta en la Argentina un tipo como Fidel que mantenga una conducta a lo largo de su vida.

También me pregunto qué opinaría Ricardo Balbín, quién con motivo de la muerte de Perón se presentara en el funeral de su más acérrimo enemigo político para declarar “este viejo adversario despide a un amigo” al momento de rendir sus respetos, si pudiera presenciar las celebraciones a la muerte que llevan a cabo los exiliados cubanos en Florida, en una fenomenal muestra de la cantidad y calidad de valores morales que se han perdido.

Soy de los que creen que la riqueza del mundo no puede medirse sólo en metálico. La cultura, la lealtad a las convicciones y los valores son un capital mucho más importante que el dinero que, en definitiva como dice el dicho, va y viene. Fidel Castro fue de los líderes más cultos y completos que se hayan visto, y si bien la historia se encargará finalmente de juzgar sus actos, prima facie pareciera que en este sentido hoy el mundo es un poco más pobre.

Foto: Reunters (tomada de La Nación).

Anuncios

Contratación de Fletes Internacionales: Los riesgos de simplificar lo que hay que profesionalizar.

Hace unas semanas atrás La Nación publicó esta nota sobre una plataforma online para la cotización y contratación de fletes internacionales, al mejor estilo de las que ya funcionan exitosamente en el rubro del turismo. Según la nota, todo un avance en el transparentamiento de los precios del comercio exterior para evitar los manejos que realizan los agentes de carga de acuerdo al cliente, momento, poder de negociación, competencia, etcétera. En mi opinión personal, un intento de commoditizar un servicio que debiera ser todo lo contrario: de alto valor agregado.

Quienes trabajamos en comercio exterior hay algo que tenemos muy en claro: los errores salen caros; muy caros. Por lo tanto las operaciones deben estar bien planificadas, y en este rubro muchas veces aplica el famoso dicho “lo barato sale caro”. Personalmente creo que “buscar precio” únicamente, en comercio exterior es un grave error, y esta plataforma online, si bien tiene muy buenas intenciones, apunta justamente a eso. A diferencia de los pasajeros que pagaron diferentes tarifas para un mismo trayecto en avión, y a los que se les da el mismo menú, con la carga no sucede los mismo: a menudo la diferencia de tarifa responde a una diferencia abismal en el servicio que se le dará a cada uno, pasando por seguimiento activo, manejo de la información y la documentación, días libres o de crédito, tratamiento prioritario, y un largo listado de etcéteras.

El primer y más importante paso es siempre determinar el nivel de servicio que uno necesita, y a partir de allí buscar proveedores que puedan justamente darnos eso. Una vez que tengamos identificada una paleta de proveedores que puedan darnos lo que necesitamos sí podremos ir en busca del mejor precio dentro de la misma. Todo, por supuesto, dentro del marco presupuestario del que dispongamos: no será lo mismo lo que pueda destinar una multinacional con operaciones diarias, al budget que pueda tener disponible una PYME que embarca una vez por mes. Tampoco serán iguales las necesidades ni exigencias de una y otra.

Otra cosa importante a considerar será el respaldo que nos brinde el agente de cargas, especialmente en el exterior donde el importador / exportador depende de él casi exclusivamente, y, en particular, cómo se maneja a la hora de resolver problemas. Es casi un hecho que no existe operación de comercio exterior sin problemas, y sus costos relativos están siempre en manos del forwarder y el despachante, que puede minimizarlos o aumentarlos hasta niveles insospechados.

Este tipo de plataformas buscan resolver el problema de elegir el mejor precio para mover una caja de un punto A hasta un punto B, pero se olvidan que ese transporte es una porción muy pequeña del todo, que hay un montón de servicios adicionales que impactan sobre el costo total y por supuesto, no preveén ninguna eventualidad operativa cuando en la realidad las hay a diario, y su resolución es lo que realmente vale.

Si pensamos en el transporte marítimo, por ejemplo, símbolo mundial de la standarización por excelencia a través del famoso contenedor, la comparación de precios debería ser muy fácil y productiva. Sin embargo, el giro del buque determinará la terminal en que se operará, y el forwarder a su vez decide en qué fiscal consolidar. Esto no sólo afecta los costos directos, sino que también impacta sobre los procesos en cada punto, las demoras que pueda tener cada plazoleta por cuestiones de infraestructura, ubicación geográfica de las mismas, entre otras cosas que determinarán el verdadero costo de una operación, por lo que analizar únicamente los gastos de transporte termina siendo miope.

Cuánto más se complejiza la situación para un transporte aéreo, donde la standarización no funciona tan bien, debiendo diferenciarse el servicio en fuselaje angosto y ancho, el servicio en avión de pasajeros y en cargueros, y los diferentes tipos de cada uno con sus diferentes capacidades. Durante años he visto errores importantes a la hora de cotizar servicios aéreos manteniendo una fluida comunicación con el cliente, imagínense el desastre que puede llegar a derivar de una cotización surgida de un frío formulario enviado por la web. Lo más probable es que, de esta forma, quién pida una cotización pensando en bananas, reciba una oferta pensada para las peras. Y una vez activada una operación, los costos de modificarla para encauzarla suelen ser altos.

En definitiva, en mi opinión el concepto con el que se crea la plataforma es erróneo. A través de ella se quiere “simplificar” el proceso de compra de fletes. La realidad es que el comercio exterior es un proceso complejo, y lejos de simplificarlo, lo que hay que hacer es comprender esa complejidad a fondo y saber manejarla. Imagínense que se le pida a un ingeniero de la NASA simplificar el diseño, construcción y conducción del próximo transbordador espacial. Salvando los años luz que hay con este ejemplo exagerado, lo que hay que hacer en comercio exterior es buscar gente capaz de entender y conducir al “transbordador” y no intentar que cualquiera se siente a los controles y pueda manejarlos.

Por eso, mi recomendación a los exportadores e importadores argentinos: Señores, no simplifiquen; profesionalicen. Asesórense antes de salir al mercado externo, contraten profesionales especializados en lugar de pretender que el contador coordine las cargas internacionales, planifiquen antes de actuar. De esta forma se lleva las operaciones de comercio internacional a otro nivel, los procesos se hacen más eficientes, satisfacen necesidades reales e impactan positivamente en los costos de toda la cadena de suministro.

El camino para bajar los costos no es simplificar; sino profesionalizar. Y no hay que ver el proceso por partes, sino como un todo.

En Argentina actualmente hay mucha oferta de carreras relacionadas con la logística y el comercio exterior, y trabajando con gente de todos lados del mundo les puedo decir que los profesionales argentinos del rubro tienen muy buen nivel. Es hora de aprovecharlo. Bastante se ha hecho en estos años, pero aún falta muchísimo por hacer.

Las reservas que hay en el Banco Central: ¿Son pocas o muchas?

Hoy abrí el facebook y me encontré con una notificación de una amiga que me preguntaba sobre el tema del título de este post. Me había taggeado en esta publicación, donde Vanoli, presidente saliente del BCRA, indicaba que el gobierno de Cristina debaja más de 25 mil millones de pesos en las reservas, monto que le sonaba a “no tan poco”, en referencia a las publicaciones que vemos estos días donde se dice que las arcas del Central están vacías.

La verdad, es una pregunta que se me hace difícil responder. No soy ni economista ni contador, y mucho menos estoy al tanto del trasfondo real de la composición de las reservas: cuánto hay en SWAPs con China y en Letras del Tesoro, dónde y cómo están contabilizados, y no tengo idea de cuánto de ese valor es líquido y nos sirve para afrontar las obligaciones. Sin embargo, voy a tratar de usar mi formación en comercio internacional y mi sentido común para tratar de hacer una análisis coherente y valedero que nos de alguna idea de la situación.

En este punto, vale decir que un número suelto y frío no nos dice absolutamente nada. Como en casi todos los aspectos es necesario contextualizarlo. Es como cuando le preguntás a alguien cuánto gana, y te responde $10.000. ¿Es poco o mucho? Imposible responderlo de por sí. Lo primero que hacés es compararlo con tu propio sueldo. Un método algo más profesional es calcular el poder adquisitivo real de ese sueldo en la economía actual: ¿Cuánto comprás con ese sueldo hoy? ¿Cubris la canasta básica, podés salir a comer un fin de semana, ahorrás? Un análisis más complejo sería por ejemplo dolarizar ese sueldo y compararlo con el de quién cumple esa misma función en otros paises de la región, y del mundo. Como sea, para responder la pregunta, siempre terminás comparando el valor contra algo. Eso es lo que vamos a hacer ahora con los 25 mil palos de reservas.

Para decidir contra qué compararlo usemos el sentido común: ¿Para qué sirven las reservas? En primer lugar, para pagar las importaciones, ya que es el lugar del que salen los dólares que el BCRA entrega a los privados y estatales para que giren al exterior el pago de sus deudas. En segundo lugar, para afrontar las obligaciones externas del país, y en tercero sirve como “reserva” ante una corrida cambiaria: en la teoría, si todos los argentinos fuéramos al banco a cambiar nuestros pesos por dólares, las reservas deberían ser suficientes para que todos pudiéramos volvernos a casa con billetes verdes en el bolsillo.

De estos tres, el más fácilmente comparable, y el más lógico también porque es real aquí y ahora, es el de las importaciones. En ese sentido, según la web el BCRA tenía el 4 de diciembre reservas por 25030 millones de dólares, y las importaciones registradas en septiembre de 2015 (último dato disponible en el INDEC) fueron de 5546 millones de dólares, es decir que las reservas actuales alcanzan para cubrir 4,51 meses de importaciones (al nivel de septiembre). ¿Esto es poco, está bien, o es demasiado? Como no puedo responderlo en forma teórica, vamos a un comparativo de los últimos años, tomando como bases los años eleccionarios, y mayo de 2003, como año de asunción de Nestor Kirchner (ya que no encontré en el INDEC los datos de 2001 en plena crisis). Igualmente, el comparativo con 2003 es válido porque en ese momento aún el país estaba en el suelo.

Tenemos entonces el siguiente cuadro que elaboré con datos oficiales del BCRA, INDEC y Ministerio de Economía. El cuadro incluye no sólo las importaciones del mes de la colunma, sino también el valor promedio anual, que viene a ser quizá un valor más justo por estar anualizado.

Mayo 2003 Dic 2007 Dic 2011 Dic 2015
Nivel Reservas  USD    11.048,00  USD    45.192,00  USD    46.138,00  USD    25.030,00
PBI (*)  USD    80.449,00  USD  115.267,00  USD  111.253,00  USD  101.964,00
Importaciones (mes declarado)  USD      1.085,00  USD      3.881,00  USD      5.987,00  USD      5.546,00
Importaciones (promedio anual)  USD      1.154,00  USD      4.789,00  USD      6.161,00  USD      5.079,00
Indice PBI 14% 39% 41% 25%
Indice Impo mes declarado 10,18 11,64 7,71 4,51
Indice Impo promedio 9,57 9,44 7,49 4,93
(datos en millones de USD)
(*) PBI: El valor de Mayo 2003 corresponde al PBI del año 2002
(*) PBI: El valor de Diciembre 2015 corresponde al PBI Dic 2014 al cambio BNA.

Los índices de importación que calculé aca te muestran cuántos meses de operaciones pagan las reservas existentes en cada momento. En este gráfico se puede ver mucho mejor.

Reservas vs Impos

Mientras que a valores promedio, en 2003 cuando estábamos comenzando a salir del pleno de la crisis, las reservas pagaban casi 10 meses de importaciones,  ahora sólo pagan algo más de 4. Esto a simple vista mostraría un empeoramiento de la situación de las reservas en este período. ¿Qué pasó en el medio? Bueno, Argentina comenzó a crecer y por ende, a importar más, sin embargo el mes de mayor importación fue agosto de 2011 y las reservas en ese momento cubrían 6,56 meses de importaciones, es decir, más que hoy, con lo cual el resultado del índice no se explica por el aumento de las compras al exterior, sino por la baja de la caja del BCRA.

Por decisión del gobierno este dinero comenzó a utilizarse para pagar deuda externa, y por lo tanto habría que ver si, aunque el índice de importaciones de peor, en realidad no estamos en una mejor situación porque debemos menos. Bueno, según un informe sobre deuda externa privada del INDEC, la misma al 31 de marzo de este año ascendía a USD 66750 millones. Si bien no encontré un dato más actualizado, la serie muestra que ese valor no bajó de 60.000 millones nunca desde marzo de 2011, así que lo más probable es que lo que se debe actualmente sea más del doble del total de nuestras reservas. Considerando que el promedio de la deuda es de 1,8 años según ese informe, el monto que hoy tiene el Central no llegaría a cubrir la deuda a corto plazo (un año), dato que no parece nada bueno y que explica todas las formas de cepo cambiario que padecemos hoy en día. Otro punto central aquí está en que hay muchas divisas pendientes de girar por restricciones del BCRA, por lo que no sólo hay que cubrir las importaciones de los próximos meses, sino que venimos acumulando deuda de meses pasados que han quedado impagos, agravando aún más la situación.

Otra variable con el que no podemos equivocarnos nunca al comparar datos estadísticos nacionales, es el PBI. Qué proporción representa el nivel de reservas sobre el total de lo producido por Argentina en un año, y su evolución en el tiempo. Los datos surgen del mismo cuadro, pero presentan una deficiencia: no hay publicados datos actuales del PBI en divisa (la última actualización es del año 2012), así que tomé el último dato de PBI en pesos (que corresponde al año pasado) y lo dolaricé al tipo de cambio del BNA del 31/12/2014. La columna Dic 2015 compara las reservas actuales con el PBI del año pasado con un traspaso a dólares “made at home”, por lo tanto esta comparación hay que tomarla medio con pinzas, pero igualmente la diferencia es tan grosera, que creo yo que algún grado de representatividad tiene.

Grafico % PBI Reservas

El gráfico muestra el porcentual que tendríamos al comparar las reservas con el PBI en cada momento y allí se ve que, si bien el índice está mucho mejor que en mayo 2003 cuando salíamos de la crisis, hoy estamos ahorrando apenas un poquito más de la mitad que en 2007 y 2011, en un contexto en donde el PBI viene además cayendo desde 2007. Hay que destacar en este punto que las importaciones en estos últimos cuatro años estuvieron cada vez más limitadas, y como explicado más arriba muchas de las autorizadas aún no fueron pagadas al exterior, por lo que esa variable no explica este retroceso en el índice.

Como ya dije, no soy economista ni estoy al tanto del día a día del manejo del Central, pero con algo de lógica y los datos que tenemos todos a mano en las webs oficiales intenté hacer algunas comparaciones lo más válidas posibles para entender la verdadera situación de las reservas. Algún lector economista o técnico que esté en el tema quizá pueda validar o corregir parte de este análisis (o todo), pero en principio creo que podemos decir que la situación de las reservas se ha deteriorado mucho en los últimos años y que, a primera vista, 25 mil palos verdes parecerieran ser un monto demasiado bajo para nuestro Banco Central, y para las obligaciones financieras que se nos vienen.

Con un dejo de sabor amargo, Argentina vivió otra fiesta de la democracia.

Lo que son las coincidencias, no? La última vez que un traspaso presidencial me provocó fuerte emoción fue el de Nestor Kirchner, cuando en 2003 asumió el enorme desafío de levantar un país quebrado y hacerlo andar. En esa oportunidad, quién le entregó los atributos fue Eduardo Duhalde, presidente interino elegido por la Asamblea Legislativa para la difícil tarea de “bombero de la Nación”. Esta asunción me mueve como aquella, porque el nuevo presidente afronta también grandes desafíos en un período que seguro no será uno más. Y como aquella vez, en esta vuelta le tocó nuevamente a un presidente interino entregar los atributos, aunque esta vez por suerte no fue consecuencia de un país en llamas, sino un mero capricho cristinista.

Es una verdadera pena que luego de 8 años de gobierno propio, Cristina Fernandez de Kirchner haya decidido darle la espalda al acto de traspaso presidencial, cuando éste en sí mismo es la más gráfica y pura representación de la democracia que tanto nos costó recuperar a los argentinos, y que tanto valoramos: la imagen de un presidente elegido por el pueblo entregándole el poder a otro presidente electo por el voto popular, una vez más, no pudo ser. Pensar que la causa fue un mero tecnicismo sería realmente ingenuo. Entiendo perfectamente que la política lamentablemente es de por sí sucia, y que con esta estrategia política Cristina se vuelve a casa fortalecida con el apoyo de una plaza llena, pero la verdad que es un egoísmo que no comparto, porque antes que la política y los personalismos están la Patria y sus instituciones, o al menos entiendo yo que deberían estarlo.

La realidad me golpea y me hace ver las cosas como son. Cristina se fue de la Rosada tal como se mantuvo en ella todo este tiempo: confrontando. Dirán algunos que es así porque es una autoritaria, argumentarán otros que esa era la única forma de enfrentar al poder económico de los medios masivos de comunicación. Pensando en lo que fueron estos doce años de kirchnerismo al poder, seguramente se haya ido así porque, simplemente, no supiera hacerlo de otro forma, al fin y al cabo ese fue el modus operandi que caracterizó a nuestro gobierno desde 2003. Y en honor a la verdad hay que decir que dió resultado, y que hoy Argentina ha salido adelante de una de las crisis más graves de las que tengamos memoria y por tanto, seguramente esa fue la estrategia correcta para esos tiempos difíciles. Pero sinceramente creo que este no era ni el momento ni el lugar para la confrontación, mucho menos para un mensaje de casi desprecio por las instituciones democráticas.

Nos faltó el símbolo, que es un detalle que hace a las grandes cosas, pero aún así el traspaso de mando fue una fiesta que todos los argentinos, de cualquier bandería política debemos aplaudir, porque es ni más ni menos que una reafirmación de nuestra vida democrática que nunca más debemos perder. Año a año, período a periódo, presidente a presidente, nuestro país irá consolidando su democracia en cada traspaso donde un funcionario elegido por el pueblo se haga cargo del liderazgo de la Nación. Y para brindar por eso no hace falta ser de derecha, ni de izquierda, ni de centro: simplemente hay que ser argentino.

Lo que queda ahora es seguir construyendo el camino democrático que iniciamos en 1983 de la mano de Alfonsín, día a día, desde aquí hasta el final del período del Ingeniero Macri dentro de cuatro años, y así sucesivamente.  Con visiones distintas pero objetivos comunes, porque en la diversidad está la riqueza. Hoy hay kirchneristas y no kirchneristas temerosos de que un cambio de gobierno signifique un retroceso en lo que es políticas sociales y de derechos humanos, por ejemplo, y la causa de esto es simple: los argentinos increíblemente aún no hemos desarrollado Políticas de Estado. Aún no nos pusimos de acuerdo en hacia dónde queremos ir, qué metas vamos a mantener trascendiendo los gobiernos, más allá de las caras de turno. El primer discurso del Presidente Macri fue esperanzador: diálogo, respeto y construcción con más justicia social estuvieron entre sus promesas, y suena a una posibilidad de no tirar por la borda todo lo realizado por el mero hecho de que “lo hizo el otro partido”, sino a mantener y potenciar lo que se hizo bien, y a corregir lo que está mal. Espero sinceramente que no me (nos) defraude, y que el conjunto de la sociedad argentina sepa acompañar y controlar, en pos de un futuro más próspero para todos.

Desde aquí, mis felicitaciones y mejores augurios para el Presidente Macri. Que su presidencia sea exitosa significará un éxito para el país y su pueblo. ¡Y salud, argentinos! ¡Festejemos todos la democracia!

¿Por qué un celular cuesta tanto en Argentina? Un sinsentido llamado Tierra del Fuego

Todo el que haya viajado al exterior en los últimos años, por ejemplo a Europa, Estados Unidos o simplemente a Chile, sabe que los precios de los electrónicos en Argentina son una verdadera locura. Seguramente si tenés en mente comprar algo de este rubro y vas a viajar próximamente, te estés aguantando la ansiedad de tenerlo ya para comprarlo afuera y hacer una diferencia, o comprar un mejor modelo al mismo precio, todo gracias al régimen de equipaje que te expliqué en este otro post. ¡O incluso al revés! Si viajás, buscás algo para comprar, aunque no sea una necesidad imperante, sólo por el hecho de saber que lo vas a conseguir a un precio envidiable. Ahora, ¿por qué se da este fenómeno?

En el post anterior concluimos que un elemento comparable como el Samsung Galaxy S6 comprado en Argentina tiene una diferencia de USD 950 con el mismo producto comprado en Estados Unidos, es decir que acá te sale un 140% más caro que allá. Además refutamos que el flete de llegada al país y que los aranceles de aduana fueran suficientes para justificar tan astronómica diferencia en el precio. Entonces ¿qué es lo que pasa? ¿Quién se queda con nuestra plata?

Samsung S6 US

Samsung S6 AR

Comparación de precios del Samsung Galaxy S6 de 32 GB en Estados Unidos y en Argentina.

Sobre los niveles de remarcación de los empresarios locales no vamos a poder hablar porque nos faltan elementos, pero lo que sí sabemos con certeza es que la cadena logística dispuesta por Argentina como política económica es una verdadera locura. A esta altura ya todos saben que los celulares y otros electrónicos “nacionales” se “producen” en Tierra del Fuego, y el que no lo sabía de por sí lo habrá notado por el sticker la última vez que compró. Ahora bien, lo pongo todo entre comillas porque eso poco tiene de industria nacional. En realidad, como muchos saben y otros tantos sospechan, lo que se hace en el sur es únicamente ensamblar piezas, en general importadas. O sea que de valor agregado hay muy poco.

Igual, ese no es el problema. El problema está aca:

BUE - RGA

Las piezas importadas llegan hasta Buenos Aires ya sea en buque o en avión, y luego tienen que viajar 2864 km. hasta Rio Grande, donde son ensambladas para luego ser distribuidas y vendidas como productos terminados, de los cuales el mayor mercado es, nada y más y nada menos, que Buenos Aires, a una distancia de 2864 km. de donde están ahora…

¿Suena lógico no? Sobre todo si mirás el mapa y ves la ubicación de Rio Grande. Imaginate al gerente local de una empresa de celulares explicándole a su CEO global cómo tiene que armar la logística nacional, y luego, mostrándosela en el mapa, y al tipo constentándole seguramente en inglés “Pero, los estás trayendo de nuevo al lugar exacto del que salieron!”…

No sólo eso, fijate ahora en la siguiente imagen que es un zoom de la anterior.

Cruce Ruta 3 a Chile

La RN 3 que une Buenos Aires con Ushuaia cruza la frontera hacia Chile y vuelve luego al territorio nacional. Es decir que tanto para enviar la mercadería hasta Tierra del Fuego como para volverla a traer al continente, no sólo tenés que pagar el flete, sino que además tenés que asumir los costos de los trámites aduaneros.

Cruce a TDF

El cruce del Estrecho de Magallanes se realiza con una barcaza que une las dos costas chilenas de Tierra del Fuego.

Considerá ahora no sólo la distancia que hay que transportar la mercadería (y lo insólito de hacerla ir y venir hasta la punta del continente), sino también el hecho de que la ruta allá en el sur durante el invierno se pone difícil. El hielo la hace resbaladiza y en no pocas oportunidades termina cerrada por la nieve, entonces un viaje cuyo tiempo de tránsito normal es de 4 o 5 días se te puede convertir fácilmente en 15 o 20. El dilema será entonces correr el riesgo de dejar a las fábricas sin insumos ante una eventualidad, u optar por volar la mercadería desde Buenos Aires, asumiendo un costo de transporte realmente alto.

Bueno, todo este infernal movimiento “anti-logístico” tiene un costo que se carga en el precio del producto obviamente, y que terminás pagando vos cada vez que comprás. A la pregunta entonces ¿es factible que un celular salga menos que lo que sale hoy en día? la respuesta es un “sí” determinante. Lo único que hace falta es poner en marcha un proceso más coherente y eficiente que reduzca los costos que tenemos que asumir los consumidores, porque en definitiva estamos pagando la ineficiencia de un sistema.

¿Qué sentido tiene entonces este extra costo?

Bueno, el área aduanera especial de Tierra del Fuego tiene beneficios impositivos para las empresas que se instalen allí con la intención de incentivar la actividad económica en una zona tan inhóspita y así mejorar el nivel de vida de sus habitantes. Ese es un objetivo loable sobre el que no podemos estar en contra. El problema está en que es totalmente ilógico tener un sistema nacional de producción en una punta del país, porque llegar a la otra punta será siempre muy caro. En todo caso sería más lógico regionalizarlo.

BUE - SGO

Lo que no queda claro es por qué se decidió llevar todo al extremo sur del país, cuando si es por favorecer el desarrollo regional, hay tantos otros lugares en los que trabajar, y que incluso son muchos mejores desde el punto de vista geográfico. Tucumán y Santiago del Estero son de las provincias más pobres del país, y están a 1246 y 1127 km. de la Capital Federal respectivamente, y para llegar hasta allí no hace falta salir del país, además de estar mucho más cerca que Rio Grande de otros mercados importantes, como ser Córdoba, Rosario y Mendoza, beneficiando a los consumidores de estas ciudades también con una sustancial mejora de costos.

BUE - TUC

Está claro que el hecho de que los productos se ensamblen en Tierra del Fuego no es el único motivo del alto precio que sufrimos los consumidores, pero no hay duda tampoco de que la logística es un factor determinante y que contribuye mucho en la construcción del precio, y que en este sentido el sistema sureño argentino es altamente ineficiente y falto de competitividad.

Desde los puntos de vista comercial y económico realmente no tiene sentido, así que si buscamos razones para este diseño de la producción nacional habrá que encontrarlas únicamente en la política. Desde la política surgirán por lo tanto también las mejoras que se le puedan hacer, que  como salta a la vista, son muchas y profundas. Mientras tanto, siempre es bueno que tengas al menos una idea de por qué estás pagando demás.