Archivo de la categoría: Gran Bretaña

El Borough Market de Londres: Un mercado con 1000 años de historia.

Saliendo del Puente de Londres, justo a un costado de la Catedral de Southwark, unas casi imperceptibles escaleras bajarán al visitante hasta un angosto pasillo donde se amontonan mesas y puestos con comida callejera. Es quizá el mejor lugar para conseguir comida de todo el mundo y a buen precio en Londres, y con total seguridad, el más antiguo.

La historia del Borough Market se remonta a mediados de los años 990’s, cuando la calle conocida como Borough High Street era la principal arteria de ingreso a Londres desde el puente que lleva su nombre. No es de extrañar entonces que esta calle se llenara de mercaderes y comerciantes que pretendían vender sus productos a la gran cantidad de gente que transitaba por allí todos los días, llegando incluso a hacerle sombra (y por supuesto a crear ciertos conflictos) a los comerciantes que abastecían a la población dentro de las murallas de la ciudad.

Estamos hablando de tiempos remotos en los que no existía la refrigeración, por lo que mantener los víveres frescos era un verdadero desafío que se resolvía de una forma más que simple: la carne se llevaba hasta el mercado “en pie”, es decir viva, lo que por momentos lo convertía en caótico y peligroso: En cualquier momento podía haber alguna estampida, hecho que motivó la prohibición para los carniceros de ingresar al lugar con vacas, bueyes y otros animales “demasiado salvajes”.

Sin embargo, en algún momento a la ciudad le comenzó a molestar la congestión que los puestos creaban en el principal acceso sur de la ciudad, motivo por el cual el Parlamento clausuró el mercado, y poco después les permitió a los comerciantes instalarse en el predio actual, a un costado de la iglesia. Era el año 1756, y desde aquél momento el mercado más famoso de Londres funciona en el mismo lugar.

Hoy en día, y tras más de 10 siglos de historia, el Borough Market es un mercado tradicional y uno de los imperdibles en tu visita a Londres. Con más de 100 puestos, allí encontrarás gran cantidad de oferta alimenticia, tanto de productos frescos para cocinar en casa (como ser carnes, pescados, frutas y verduras); como así también comidas callejeras para degustar allí mismo.

Hay también panificados, productos de pastelería, vinos y chocolates. Pero, en mi opinión, lo más exquisito de todo eran los quesos.

Tan solo pasar por los puestos de queso y sentir el delicioso aroma es toda una experiencia. En la mayoría de ellos hay una o dos tablitas con trocitos para degustar; algo tan irresistible como peligroso, porque los sabores en aquél lugar son exquisitos y los precios están definidos en libras esterlinas…

Pero cómo resistirse a la tentación de pasear por los pasillos e ir probando un tipo de queso aquí, otra clase allá…

Más allá de mi fanatismo por el queso, las degustaciones son válidas en muchos de los locales que cuentan con productos elaborados. Chocolates y productos de panadería son otros de los más elegidos para pasar y probar.

El Borough Market funciona 6 días a la semana, de miércoles a sábado en modalidad full; mientras que los lunes y martes es un “mercado limitado”, lo que significa que no todos los puestos están abiertos. Los domingos es día de descanso para todo el mundo. El horario va de las 10 de la mañana hasta las 6 de las tarde, salvo los sábados donde la actividad se traslada una hora: de 8 am a 5 pm.

Para llegar hasta él habrá que tomar de referencia el London Bridge, al que se puede acceder en metro, tren y autobús. Ir en auto seguramente no sea la mejor idea, por dos motivos: En primer lugar el mercado no tiene estacionamiento, así que habrá que pagar estadía en alguno cercano. En segundo lugar se encuentra en la Congestion Charge Zone, la zona donde se cobra una tasa diaria de GBP 11.50 por circular en días de semana entre las 7 y las 18 hs.

Lo que sí es definitivamente una buena idea es ir con calzado cómodo para caminar un buen rato entre los puestos y descubrir los que más te gustan, y por supuesto, ir con la panza vacía para poder aprovechar alguno de los platos callejeros tradicionales, como los que te sirve este muchacho de abajo.

Y por supuesto, llevar algo de dinero en el bolsillo, porque seguro con algo te tentás!

Si querés pegarle un vistazo a los locales que podés encontrar antes de ir, lo más recomendable es ir a la página oficial del mercado y revisar allí. Y si ya lo visitaste, lo más recomendable es dejar tu comentario en este post!

A bordo del HMS Belfast: El buque museo de Londres.

Amarrado a orillas del río Támesis, a escasos metros del Tower Bridge, una embarcación llama la atención de todo visitante que esté paseando por Londres. Se trata del HMS Belfast, un poderoso destructor que, desde que fue botado en 1938, cumplió servicio en la marina real. Y sí, no es una réplica ni mucho menos, se trata de un buque de guerra real, que peleó batallas de verdad.

De hecho es muy reconocido por su participación en la Segunda Guerra Mundial y en el Guerra de Corea. Particularmente sobre la primera podemos decir que tuvo un lugar en, quizá, la batalla más trascendental de la humanidad hasta el momento: la Batalla de Normandía cuyo primer día es conocido como Día D y marcó una bisagra en la historia mundial al imprimir el giro que los aliados necesitaban para finalmente derrotar a la Alemania nazi.

Con tan impresionante currículum, el HMS Belfast hoy en día es parte del Imperial War Museum, y tiene la particularidad de poderse recorrer casi en su totalidad. Es una muy interesante visita, tanto para grandes como para chicos, en la cual uno no solo se entera de los pormenores de la vida a bordo, sino que en cierto sentido, recorriendo los distintos pasadizos y habitáculos, hasta casi que se tiene la sensación de estar viviéndola en carne propia.

Claro que la visita tiene sus restricciones. Se trata de un barco real, y por tanto la movilidad para aquellos que no estamos acostumbrados, puede resultar un tanto difícil. Son numerosas las escalerillas que hay que subir y bajar (a veces uno no sabe cómo ponerse, si de frente o de espaldas), y en algunas ocasiones el espacio para moverse es extremadamente angosto. Así que es sabido, no es un museo apto para todo el mundo.

Pero quienes estén en condiciones de recorrerlo de seguro lo disfrutarán. Junto con la entrada (que conviene comprarla por internet porque es más barata que sacarla en el lugar) uno puede hacerse de una audioguía, una herramienta pràcticamente indispensable para saber dónde estamos parados. Afortunadamente, la audioguía está disponible en varios idiomas, entre ellos el español.

A medida que se va avanzando por el barco uno se va enterando de los detalles de la vida abordo, hechos históricos en los que participó el buque, como así de detalles técnicos con respecto a su navegación y equipamiento.

Estos detalles incluyen curiosidades interesante, como el hecho de que siempre hubiera a bordo un gato, para luchar contra las ratas; o como la vieja costumbre inglesa de entregar a cada hombre una ración diaria de ron “para levantar el espíritu”, que los marineros se tomaran ese sorbo “en honor a la Reina” y que en plena Guerra de Corea la tripulación del HMS Belfast haya consumido un total de 32000 litros de esta bebida alcohólica.

Pero no, no se ilusionen y corran a enrolarse en la Royal Navy: esta práctica se abolió en los años ’70 por el riesgo que implicaba el consumo de ron en hombres que debían manipular maquinaria pesada (llamativamente no hacen mención de tener que controlar el lanzamiento de torpedos, ni nada por el estilo).

En cuanto a la navegación, algo imponente es entrar en la sala del timón. Y digo imponente por el nivel de encierro: se trata de un pequeño cuarto al que no ingresa la luz del sol. Desde allí el timonel maniobra absolutamente a ciegas para evitar que el buque choque con algún obstáculo y llegue a destino.

Claro, lo hace siguiendo las órdenes impartidas por el capitán desde el puente. Definitivamente, eran órdenes que debían obedecerse al pie de la letra y de inmediato. Cualquier demora (o interpretación equivocada) podría terminar en tragedia.

Otra curiosidad es la del dentista abordo, que además actuaba como anestesista cuando había que operar a algún marinero, cosa que siempre se trataba de evitar porque hacerle embarcado, con el vaivén del océano, no solo hace más difícil el trabajo del cirujano, sino que lo convierte en realmente peligroso. Pero en ocasiones no podían esperar a tierra firme y la evacuación del enfermo en un helicóptero no era posible y, entonces, antes que dejarlo morir se asumía el riesgo de tomar el bisturí.

Párrafo aparte se merece la sala de municiones, seguramente la parte más emocionante de toda la visita porque, tratándose de un buque de guerra podríamos decir que es como su corazón, y además por supuesto es siempre el lugar más inaccesible al que se pueda aspirar. Y sí, en el HMS Belfast uno puede meterse allí y caminar entre réplicas de bombas (es decir, espero que fueran réplicas). Uno casi se siente un marinero de verdad, porque llegar hasta ahí es bajar y bajar por escalerillas y escotillas cada vez más angostas hasta desembocar en un cuarto donde el espacio para moverse es casi nulo.

Y por supuesto, un paseo por la cubierta es un obligado. Desde allí se aprecia el gran poder de fuego que tenía el HMS Belfast.

El buque permanece abierto al público todos los dìas entre las 10 y las 17 hs. Al momento de visitarlo, mi recomendación es ir con las entradas compradas por internet (link al sitio) y con tiempo. Si uno quiere profundizar más en cada detalle del barco tiene la posibilidad de hacerlo, y es muy probable que algunas de las salas te llamen la atención como para hacerlo, pero hay que considerar que entonces la visita se alarga.

 

 

 

Para recorrerlo en su totalidad habrá que disponer de no menos de dos horas, y en realidad mi recomendación es calcular tres. Pero por supuesto, es cuestión de gustos e intereses.