Archivo por meses: febrero 2017

Subimos hasta el imponente Cristo Redentor, en Mendoza.

Hace algunas semanas atrás te conté sobre la excursión de alta montaña que hicimos en Mendoza y que nos llevó por los innumerables caracoles de Villavicencio. Luego de parar en Uspallata (y fuera de programa, en el Fortín Picheuta para esperarnos), el punto cumbre del paseo es, sin duda alguna, el ascenso hasta el famoso Cristo Redentor.

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Primer plano del Cristo Redentor de Mendoza

Ubicado a 4000 m.s.n.m., prácticamente en la frontera exacta entre Argentina y Chile, el Cristo es un monumento dedicado a la paz y la amistad internacional entre ambas naciones. El símbolo adquiere gran significado por el momento en que fue erigido en aquellos parajes: en mayo de 1902 los presidentes de Argentina y Chile firmaban los Pactos de Mayo dejando la determinación de la frontera bilateral en manos de los británicos y cerraban así un largo capítulo de confrontaciones y rumores de guerra en la zona más austral del continente.

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Vista de los valles de los Andes desde el Monumento al Cristo Redentor.

Son numerosas las placas emplazadas al pie del Cristo que recuerdan estos hechos y sus sucesivos aniversarios, pero esta de Rotary Club es una de las más significativas que encontré, con las palabras del obispo Jara en el discurso de inauguración del monumento.

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El Cristo es una parada obligada en el viaje mendocino y se puede visitar tanto con agencias de turismo que organizan la excursión como por cuenta propia, si uno tiene auto o alquiló uno, algo que puede ser altamente recomendable en Mendoza como te conté en este post. Eso sí, si lo hacés por agencia consultá bien y asegurate de que vayan a hacer el ascenso, ya que se de gente que fue y se quedó en Las Cuevas, sin subir.

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El pueblo de Las Cuevas, visto desde la camioneta, mientras ascendíamos camino al Cristo.

Hacerlo será toda una experiencia, ya que el camino de ripio es sinuoso y muy angosto, al punto de caber por momentos un sólo vehículo. En esos casos, por supuesto, el que sube (y por tanto hace el mayor esfuerzo) es el que tiene prioridad de paso.

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Si bien se dice que el Cristo está forjado con el bronce fundido de los cañones que utilizó el Ejército Libertador durante la guerra de la  independencia, eso no está del todo claro y pareciera ser más un mito que otra cosa. Lo que sí sabemos que no es un mito es que por este preciso lugar marchó la columna al mando del General Las Heras, cuando en 1817 cruzó la coordillera rumbo a Chile.

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Hay presencia tanto argentina como chilena en el lugar.

Si uno va a Mendoza con idea de subir al Cristo hay que tener en cuenta la fecha del viaje: durante el invierno la nieve cubre estos lugares y hace imposible el paso, así que la época más recomendable son los meses de verano. En mi caso, lo hice en marzo, y así estaba el paisaje:

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Otro punto a considerar es que se sube mucho, y que allí arriba, por más verano que sea, el viento corre con fuerza y la temperatura baja. Fundamental llevarse un abrigo, que si además es rompevientos, mucho mejor. Pero por más soleado que esté el día no subestimen el frío de la montaña a 4000 metros de altura.

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El viento es muy fuerte y baja considerablemente la temperatura, aún en días de mucho sol.

Y si se animan a desafiar el viento que viene con fuerza en contra y casi no te deja caminar, se pueden mandar a trepar por el costado del monumento hasta el monolito que marca el punto exacto de la frontera entre ambos países, y cuyo cartel indica Argentina de un lado, y Chile del otro.

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Allí mismo hay algunos puestos donde uno puede proveerse de un chocolate caliente y algo para comer, nada para despreciar con el frío de esas alturas. Y luego de calentar un poco el cuerpo, ya será hora de emprender el descenso hacia Las Cuevas.

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Del casi pueblo fantasma de Las Cuevas ya hablaremos en un próximo post. Siempre y cuando bajes del cristo con cuidado, porque dicen que es peligroso. aconcagua

Un imperdible de Mendoza, por lo imponente de la estatua, lo magnífico del paisaje, la historia del lugar y lo que representa para argentinos y chilenos.

Trekking en Ushuaia: Ascenso al Glaciar Martial.

Cuando uno busca caminatas para realizar en la ciudad más austral del mundo el Glaciar Martial no puede faltar entre las opciones a revisar. Ubicado en las afueras de Ushuaia, con unos 1050 metros de altura sobre el nivel del mar, desde su mirador se puede apreciar una vista privilegiada del Beagle y de la ciudad.

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Si bien hasta este lugar se puede llegar en auto o taxi, tomando la calle Aldo Motter hacia la parte alta de la ciudad, que luego pasa a convertirse en Luis Fernando Martial, una buena opción si se tienen ganas y estado físico aceptable, será la de llegar caminando atravesando el bosque.

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Se trata de una muy linda caminata por entre la vegetación patagónica, casi tomando un atajo ya que se va cortando transversalmente la calle Martial que va ascendiendo haciendo curvas y contracurvas, por lo tanto se camina mucho menos que yendo por el asfalto. Eso sí, es un tramo cansador porque uno va en constante ascenso.

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Finalmente se llegará hasta la aerosilla, que no es ni más ni menos que el principio. Allí se tiene la opción de hacer el ascenso a pie, o pagar el ticket para subir en la aerosilla, alternativa que, por supuesto, luego de la caminata por el bosque, fue la que tomamos nosotros. La vista de la ciudad desde la estación de llegada es espectacular y te va dando una idea de lo que será verla desde el glaciar. Incluso con un poco de zoom se ven los techos azules  del aeropuerto Malvinas Argentinas y su pista casi sobre las aguas del Beagle.

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Una vez que te relajaste con la impresionante vista del paisaje y descansaste lo suficiente, será hora de volver a mirar hacia adelante, porque el sendero te espera. Allí hay varias opciones, como ser el sendero «del bosque», cada uno bien señalizado e indicando la dificultad. Pero por supuesto, nosotros vinimos para recorrer el sendero «Del Glaciar». Ahora sí, a atarse bien las botas de trekking, porque elegimos el más difícil.

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El primer tramo realmente te da mucha confianza. Es sencillo, caminando en terreno llano y disfrutando del paisaje que, aún en pleno verano, presenta mucho hielo.

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Pero luego lo simple se termina y la subida se empieza a poner difícil. El ritmo se desacelera, y si la condición física no es óptima seguramente haya que hacer algunas paradas intermedias para tomar algo de aire. Se pone difícil, pero en ningún modo imposible, así que es cuestión de no bajar los brazos, tomar aire cada vez que se necesite, y seguir subiendo, intentando mantener un ritmo lo más constante posible para no enfriarse en plena subida.

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Pasado el tramo complicado se llegará a un punto con menor pendiente, pero más peligroso, ya que aún en verano hay que caminar por encima de la nieve. Hay que tener mucho cuidado con dónde uno pisa, ya que puede haber grietas en el hielo que son un verdadero peligro, y además, caminar a través de la nieve que a su vez está en pendiente se hace difícil porque es fácil resbalar. Ese tramo es más descansado, pero hay que hacerlo con pie de plomo y prestando mucha atención, incluso cuando se va avanzando sobre las huellas de alguien que pasó antes.

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El último tramo vuelve a tener una pendiente pronunciada y por tanto, a hacerse duro, pero allí los que te cruzás que ya se vuelven suelen darte ánimo, avisándote que ya casi estás. Un último esfuerzo y llegás al fin del sendero. Hacia un lado el glaciar, una masa compacta de hielo que sigue subiendo por la ladera de la montaña; hacia el otro lado, el vacío y una vista impresionante de la ciudad de Ushuaia.

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Si te gustan la caminata y las vistas panorámicas tenés que visitar el Glaciar Martial cuando estés por Ushuaia. Habrá que revisar el clima y llevar ropa acorde. Fundamental el calzado de trekking, preferentemente impermeable; y abrigo, preferentemente con capucha para mitigar el viento que corre ahí arriba.

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Luego de un rato de disfrutar del paisaje y del logro de haber llegado, podés bajar y hacer alguno de los otros senderos, más tranquilos; o directamente volver a la ciudad a degustar un muy bien merecido chocolate caliente. Total, ya podés decir que llegaste al Martial!