Parada en el Fortín Picheuta, construído por orden de San Martín.

La corrida a toda velocidad que nos mandamos por las cerradas curvas de la Ruta Provincial 54 en Villavicencio para alcanzar al contingente que por un error administrativo nos había dejado plantados en el hostel te la conté en el post que podés leer clickeando acá. Allí también te conté que supuestamente la camioneta nos esperaba en Uspallata, pero como se nos habían adelantado tanto y ya hacía rato que no tenían nada más para hacer, la guía decidió agregar una parada fuera de programa a la excursión de Alta Montaña y esperarnos en el Fortín de Picheuta.

esperandonos

El contingente de turistas nos esperaba disfrutando de refrescarse en el agua del arroyo.

En realidad no hay mucho para ver, es un puente de arco construido con cantos rodados sobre el arroyo Picheuta por los españoles que cruzaban a Chile por ese lugar, llevándose con ellos lo que saqueaban a su paso, y evitando así perder sus botines en la corriente del arroyo; pero es esa clase de lugares que a mi me fascinan, porque allí mismo estuvo la historia.

En ese mismo lugar, en 1814 San Martín había mandado a construir una fortificación, que a lo lejos y separada por una tranquera cerrada aún se llega a ver (supongo yo que esa construcción que está ahí hoy en día es la misma que ordeno levantar el general). Allí una patrulla de soldados patriotas quedó apostada en enero de 1817, y fue atacada por una avanzada realista enviada desde Chile para investigar los movimientos del Ejército Libertador. En medio del combate, en plena inferioridad numérica, el sargento mayor Marqueli ordenó a dos hombres que fugaran hacia Uspallata para avisarle al General Las Heras, mientras el resto del grupo les cubría la retirada.

el-refugio

El fortín, mandado a construir por San Martín sabiendo que los españoles intentarían descubrir sus movimientos.

En la batalla 7 patriotas fueron apresados, mientras que otros 5 pudieron escaparse, también hacia Uspallata. Enterado de lo sucedido, el General Las Heras avanzó con sus fuerzas sobre Potrerillos, donde los enemigos se habían concentrado, y los venció, dejando libre el camino para el cruce de los Andes.

el-puente

No estuvimos mucho tiempo en el lugar, apenas lo necesario para bajar del auto, despedir a Rubén y sumarnos al contingente de la camioneta, pero la historia del lugar me encantó, y bien hubiera disfrutado mucho de quedarme un rato allí, con los pies dentro del agua y comiendo un buen sandwich de jamón y queso. ¡Ni hablar de cruzar la tranquera y entrar en el fortín, que no se si estará habilitado para visitas! La próxima, seguramente será!

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